John McReedy (un Spencer Tracy fabuloso), es un hombre manco y educado que se baja del tren en un alejado pueblo al oeste de los Estados Unidos para encontrar al padre de un ex-combatiente amigo suyo (un japonés llamado Komako) y entregarle la medalla que su hijo no pudo darle, pero descubrirá que todos son extremadamente hostiles y maleducados, haciéndole su estancia agobiante.
John pronto descubrirá que ese recibimiento es debido a un tema escabroso que todos intentan ocultar, y hasta aquí puedo leer.
La película es, ya de inicio, irónica e inteligente, con diálogos impresionantes e interpretaciones muy creíbles, haciéndote rápidamente con la historia y su excelente protagonista. No hay paja ni excesos de explicaciones innecesarias, detalle que se agradece, y el compendio general es muy notable, tal vez acompañada negativamente de silencios alargados o escenas donde ves crecer la hierba.
El reparto hace un trabajo muy teatral, adecuado para este panorama, en un pueblo chiquitín, una docena de personas y poco tiempo para contarnos esa historia tan bien narrada y rodada.
Muy recomendable para esos momentos donde sabes que caerás de sueño o no te apetece alargarte con espesas películas con excesivos datos. Un filme pequeño pero a su vez enorme, y eso de muy pocos se puede decir.La película es, ya de inicio, irónica e inteligente, con diálogos impresionantes e interpretaciones muy creíbles, haciéndote rápidamente con la historia y su excelente protagonista. No hay paja ni excesos de explicaciones innecesarias, detalle que se agradece, y el compendio general es muy notable, tal vez acompañada negativamente de silencios alargados o escenas donde ves crecer la hierba.
El reparto hace un trabajo muy teatral, adecuado para este panorama, en un pueblo chiquitín, una docena de personas y poco tiempo para contarnos esa historia tan bien narrada y rodada.
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