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lunes, 3 de diciembre de 2018

NOVEMBER (2017)

Tras el visionado de "November" (pre-candidata por Estonia a los Oscars 2018), abandoné la sala algo confuso, casi aturdido, con una extraña sensación de agotamiento psicológico por no haber comulgado del todo con su rarísimo discurso humorístico-folclórico, ubicado en parajes incómodamente inhóspitos, algunos casi de pesadilla.
Basada en el supuesto best-seller "Rehepapp", de Andrus Kivirähk, el film en mi opinión tiene un plus de complejidad fuera de sus fronteras, y al menos a mí, se me hizo cuesta arriba no sólo terminarla, sino también llegar a conectar con ella u obviamente entenderla del todo.
La historia de amor imposible entre una aldeana estonia y un joven que no la corresponde, todo dentro de un contexto mágico (ella recurre al ocultismo para conquistarlo), surrealista, en medio de un ambiente pagano y enfermizo, parece razonablemente atractivo. Si además se nos anuncia como una mezcla de comedia absurda, magia negra, hombres lobo y dueña un retorcido nihilismo, todo parece encajar.
Pero algo descarrila, quizás por su incomprensible arquitectura narrativa (funciona más bien a trompicones), su empeño en ser diferente o sacrificando un maravilloso uso de la fotografía en blanco y negro para explicar demasiadas cosas mal iluminadas (una lástima) y sin explotar del todo un sinfín de posibilidades.



No se le puede negar una carga dramática muy peculiar, de un romanticismo patético, y una reflexión divertidísima sobre las almas en pena que vagan por el bosque, y que a veces se instalan en objetos o animales. Todo ese conjunto de factores funciona, pero solo un rato, concretamente en su genial escena inicial, que nos auguraba quizás una obra maestra, ya que finalmente no se sostiene durante sus casi 2 horas de metraje (que nos parecen el doble en su tramo final).


En resumen, una película compleja, singular, bizarra, divertida a ratos y extrañamente atractiva, pero sin duda agotadora y desquiciante, que irá muy a gusto del espectador, y que será tan odiada como adorada, sin escala de grises. Entenderé al que la considere una obra maestra, pero empatizo más con el que la considere caprichosa y ensimismada de sí misma, más vacía de lo que aparenta.

lunes, 26 de noviembre de 2018

DHOGS (2017)

Cada año, gracias a la inabarcable oferta del festival de Sitges (casi 300 trabajos audiovisuales de diferente índole), se hallan pequeñas gemas de autor, películas muy pequeñas, a veces diminutas, que sin embargo consiguen instalarse en tu cabeza y parasitar tus pensamientos durante un tiempo, si tienes la suerte de encontrarlas. De muchas de ellas ya nunca vuelves a oír hablar; de muchos autores ya no sabes nada más; y aunque el cine es libre, abierto, tolerante e infinito en sus posibilidades, en ocasiones también resulta implacable y desmoralizador.
En mi caso, y tras haber visionado "Dhogs", la ópera prima de Andrés Goteira, financiada por crowdfunding, rodada en gallego y de presupuesto muy modesto, creo tener la certeza de haber topado con una de esas joyas escondidas, un rara avis que activa las mentes y sacude tu intelecto, además de provocar una enorme diversidad de reacciones. Y eso, con el uso de tan sólo unos pocos elementos a su alcance.
Presencié como la gran mayoría de la sala rebuznaba lo lenta y mala que había sido, la pérdida de tiempo que les había supuesto y la tomadura de pelo que, en principio, creían haber vivido. No puedo estar más en desacuerdo. Me sentí frustrado al comprobar como muchos depositaban sus votos en la casilla del 1 a la salida, en caliente y quizás desbordados por el reto mental al que habían sido sometidos, ya que sin duda, el viaje que propone Goteira no tenía intención de ser placentero y plácido, sino más bien todo lo contrario.
Dividida en 3 enigmáticos capítulos (Taxi, Perros y Dhogs), con cierto sabor surrealista todos ellos y entrelazados de manera magistral, "Dhogs" cuenta sucesos extraordinarios de gente ordinaria. Un taxista, un ejecutivo desmotivado, una mujer solitaria, un cazador al borde del desquicio o un joven impulsivo y desequilibrado entre otros, componen este relato de ritmo pausado y crípticas intenciones, donde el espectador se bate en duelo contra la lógica, lo ingrato que supone la incoherencia y el reto de tratar de encajar las piezas, algo que puede desesperar a alguno si no se enfoca correctamente.


Yo en ella vi un peculiar y complejo juego de espejos, dando al público lo que siempre ansía dentro de un festival como éste (es decir, sexo, carnaza, locura, violencia y humor) pero desde un ángulo de perversa ironía, arrojándonos sutilmente (o no tanto), casi como si de un ritual de ofrenda se tratase, todos esos ingredientes a la cara como el que alimenta a un león en una jaula. Tratando de hacernos ver hasta dónde llega la simpleza de nuestra mirada como espectadores y con qué poco se nos satisface.
En "Dhogs" hay un poco de Lynch, Dupieux, Carax o Warmerdam, quizás no buscado de un modo intencionado sino más casual, pero por fortuna contiene trazas de pura esencia autoral, obviamente no apta para todos los paladares, pero por supuesto ya se ha ganado la de unos pocos.
Que un film tan pequeño logre hacernos ir tan lejos, que se convierta en un rompecabezas casi imposible de descifrar y que además tenga una puesta en escena sin petulancias (lo que agradezco enormemente), merece como mínimo un respeto; y si además, tanto los diálogos como las secuencias están repletas de un extraño clima tan surrealista como fascinante, la convierten en una chiquitita joya a reivindicar, que debería levantar mucha más atención de la que seguro provocará. Aunque de algún modo, ella ya es perfectamente consciente de su condición y sabe que su trayectoria vital será breve, lamentablemente (o no, y ocurre el milagro).

miércoles, 30 de julio de 2014

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS PORNOMARAVILLAS (1976)

La mítica novela infantil de Lewis Carroll "Alicia en el país de las Maravillas" ha sido llevada al cine en más de una veintena de ocasiones, con mayor o menor acierto. Desde el cine mudo de principios del siglo pasado, hasta la reciente versión 3D del venido a menos Tim Burton en 2010, la fantástica historia de Alicia en un mundo de ensueño ha servido a muchos directores y/o productores como perfecto anzuelo comercial para que padres y niños, gracias a su temática familiar, puedan disfrutarla juntos.
No es de extrañar pues que, tras adaptarse en todos los formatos posibles (mención especial a la entrañable versión de Disney de 1951 o a la más célebre de Norman Z. McCleod en 1933), era cuestión de tiempo que la puritana novela de Carroll diera el salto a géneros más arriesgados, como el musical o el cine reservado "sólo para adultos".
Lo que nadie se imaginaba (salvo Bill Osco, el money man más listo de la clase), era que llegarían de la mano en un mismo film, de extrañísima naturaleza y arriesgada concepción, hoy ya  todo un pionero de un subgénero que no cuajó en demasía, el denominado "X-Rated Musical Comedy" (una mezcla imposible de porno hard, comedia y coreografías musicales).
Así pues, en diciembre de 1976 se estrenaba en algunos cines de EEUU el film "Alicia en el país de las pornomaravillas", sorprendentemente distribuida por una major (la FOX) y con la adorable playmate Kristine DeBell como infalible reclamo (fue portada de Playboy en abril del 76), ¿interpretando? a la jugosa Alicia.

Kristine DeBell, la Alicia más despendolada de todas las versiones
Mr. Rabbit, el ser que acude a buscar a Alicia para que despierte de su letargo sexual
Como es lógico, la trama es una farsa en tono paródico del original, donde una mojigata Alicia, bibliotecaria calienta braguetas donde las haya, viaja al mundo de fantasía de Wonderland para iniciarse en el estimulante universo del sexo, ya que es incapaz de atender a su pretendiente en la vida real. Allí aprenderá los entresijos del placer oral (aunque sospechamos que venía aprendida), los cariños lésbicos, el vouyerismo o el deseo interracial, todo dentro de un contexto calenturiento aunque infantil, algo así como una ingenuidad cachonda, para entendernos.
Aderezada con escenografías musicales ocasionales (unas 8 escuetas funciones, algunas casi divertidas), el film juega en un terreno desconocido para el espectador "entendido", pues se trata de una cinta hardcore, pero que apenas enseña sus cartas hasta pasado bastante metraje, por lo que nuestro júbilo posterior se experimenta con mayor intensidad o nuestra impaciencia nos obliga a acudir al mando a distancia.

Alicia será lamida para no coger frío....entre bailes felinos claro
El primer gran reto, la expresión oral....
Sus dosis de surrealismo también resultan altamente curiosas, como podemos descubrir en ese juicio provocado por Sus Extrañas Majestades al final del film o diversas escenas propias de mentes ahumadas, que mezcladas con un ritmo alocado, su follonera pero jocosa narrativa, algunas temeridades de guión (ese capítulo incestuoso o su imposible mixtura entre cursilería y porno duro) sumado a un montaje delirante con jump shots a lo Benny Hill incluido, me obligan a apreciar positivamente la película debido a la absoluta rareza de su concepción....y también por los encantos de Kristine, no os voy a engañar.
Os aseguro que estamos ante un film de una raza desconocida, un rara avis alucinógeno que marca un antes y un después en el cine pornográfico sonoro, y aunque su puesta en escena sea lo más parecido a irse de picnic un domingo, las pretensiones eróticas se alcanzan en todo momento, sin rastro del machismo propio de estas cintas y rodada con la sensibilidad idónea, además de ofrecer cuerpos bonitos y sin recauchutar, amén de momentos obviamente al rojo vivo.

La hipnótica coreografía de los naipes, un perfecto interludio erótico-festivo
Siempre al borde de la parodia más desmadrada
¿A quién te tienes que tirar para salir de la película?....no creo que tengas problemas por eso.
La portada ibérica del VHS, una joyita
Considerada una pieza clave en la época dorada del porno, el film tuvo que soportar muchos tijeretazos hasta 2007, cuando por fin, fue editada en versión digital tal y como se creó en su día. Su distribución más importante fue sin duda en VHS, donde está considerada la película pornográfica más rentable de la historia (aunque eso sea dificilísimo ya de comprobar).
Existen 4 versiones; la versión "cortada", con los 16 minutos más explícitos censurados (es decir, la mayor tontería del mundo); la edición "R-Rated", con 10 minutos recortados (otra soplapollez); la "X-Rated" con 7 minutos menos de metraje (esta vez sólo de historia, por lo que es la mejor) y la versión de 88 minutos uncut, ambas últimas sólo disponibles en la excelente remasterización en DVD a cargo de Subversive Films.
Hipnótica, sensual y más atrevida de lo que aparenta, "Alicia en el país de las pornomaravillas" se desmarca pues del grueso impersonal y sin gracia del género al que pertenece, para consolidarse como una película pornográfica con personalidad, que aguanta el paso del tiempo honrosamente y no resulta en ningún momento ofensiva o de mal gusto. Seguro que el propio Lewis Carroll, tuviera las inclinaciones sexuales que tuviera, se sentiría entre abochornado y orgulloso de que pusieran un poco de sal y pimienta a su novela, ya que le ha sentado ciertamente bien.

http://www.imdb.com/title/tt0074113/?ref_=nm_flmg_act_41

sábado, 1 de diciembre de 2012

HOLY MOTORS (2012)

Resulta innegable que Holy Motors suscita reacciones bien contrarias a su paso. También es cierto que invita a un gran número de espectadores a quedarse irresistiblemente atrapados por su naturaleza surrealista hasta el límite de venerarla, aunque para eso, deba renunciar al grueso de público menos receptivo, que la considerará un mero ejercicio egocéntrico fruto de un cineasta embriagado de su propia sombra. Holy Motors, el ansiado quinto film de Leos Carax (recordemos, un anagrama de su verdadero nombre Alex Oscar) provoca gran cantidad de estímulos diferentes debido en buena medida a su estructura poliédrica y su disparidad conceptual, hechos que la apartan comercialmente de una mayor recepción popular.
Intencionadamente indómita e insolente como su autor, Holy Motors consigue desmarcarse dentro del panorama cinematográfico actual por transmitir un espíritu de liberación sensitiva, siendo una verdadera experiencia fílmica de gran sugerencia visual.
La película narra una jornada laboral en la vida de Oscar (un inconmensurable Denis Lavant), un tipo de mediana edad al que, de buena mañana, recogen en una blanca y lujosa limusina. Su chófer y a su vez secretaria personal, le proporciona entonces los denominados "eventos" para ese día, compuestos por una docena de actos de auténtica metamorfosis personal, donde Oscar deberá interpretar vidas distintas dentro de un juego surrealista y multicultural.
Carax filma de esta manera su 'tour de force' más personal, una montaña rusa con tintes autobiográficos donde, a su peculiar manera, nos cuenta sus éxitos y fracasos de otrora. De entrada, el personaje de Oscar comienza su andadura por Paris disfrazándose de viejecita encorvada que pide limosna en un puente, en clara alusión a la estrepitosa bancarrota de su film maldito, "Los amantes del Pont-Neuf"(Les amants du Pont-Neuf, 1991), que provocó un punto de inflexión en su carrera cinematográfica, ganándose así el rechazo del gremio para sus futuros proyectos.
Seguidamente, Oscar se enfunda un traje de "motion capture" para algún tipo de plataforma informática sin determinar, y nos sorprende con unas habilidades marciales dignas de un ninja. Acto seguido, y aún con intenciones infográficas, se aparea con una apetecible contorsionista en una escena de gran atractivo formal, mostrando un palpitante erotismo como ya hiciera en su film finisecular "Pola X".


La caída en barrena de su carrera se nos muestra aquí a través del personaje de Monsieur Merde (señor mierda), a quien ya pudimos "disfrutar" en aquél inolvidable capítulo dentro del film multiautoral "Tokyo"de 2008, y que representa la amoralidad personificada, un ser sin escrúpulos ni ética que sale de las alcantarillas tan solo para provocar el caos más absoluto (o lo que es lo mismo, un comportamiento digno de un -enfant terrible-, tal y como se ha tildado a Carax en más de una ocasión). El señor mierda no desaprovecha la oportunidad para secuestrar a una modelo / maniquí, inexpresiva y huera (Eva Mendes, contenida como nunca) a la que utiliza como un símbolo de una sociedad paralizada y adormecida, sin principios ni ideales, y que se deja manipular sin cuestionarse nada, de una obediencia indigna de una cultura presuntamente avanzada.


Tras un tiempo de reflexión intelectual en la vida del autor (plasmado en el film como un concierto virtuoso de acordeones dentro de una iglesia, donde debería reinar el silencio), Carax muta de piel (esa secuencia del auto-asesinato), se reinventa profesionalmente, se deshace de sus enemigos (matando al banquero) y resurge de sus cenizas más vivo que nunca (ese anciano que muere y revive).
En contraposición al énfasis provocativo del film, Leos no renuncia a plasmar momentos de mayor convencionalismo social, como cuando recoge a su propia hija de la fiesta (que aprovecha para regalarle sus principios morales) o cuando comparte momentos divertidos con su inestimable compañera de viaje, a la que habla como si fuera su propia consciencia.
El encuentro fortuito con Eva (Kylie Minogue) en el último tercio del film, augura ya un futuro incierto en la carrera de Carax, ya que por un lado desprende cierta condolencia personal (su mujer en la vida real falleció durante el rodaje) y por otro, cierta liberación emocional para dar pie a una nueva interpretación de su vida.


A mi juicio, el esfuerzo evocado por parte de Leos Carax en esta obra maestra titulada Holy Motors es encomiable, y consigue traducir ese grito de auxilio de un autor incomprendido en una voz de mayor afinidad comercial de manera formidable. Una manera tan primitiva (secuencias intercaladas de los orígenes del cine) como actual (ese momento motion capture) de plasmar imágenes en movimiento, sin ataduras ni límites preconcebidos y que ojalá suscite, y eso espero, otras producciones de similar naturaleza, por el bien del cine en común.

jueves, 20 de septiembre de 2012

LA CABINA (1972)

Reconocido mediometraje español emitido directamente por televisión en el ya lejano 13 de diciembre del 72 (recordemos, se nos castigaba con dos únicos y "rígidos" canales), cuyo significativo y más que astuto mensaje aún sería lamentablemente extrapolable a nuestros días, incluso habiendo pasado ya casi 40 años de incesantes cambios en el país.
Un hombre madrileño de clase media (interpretado por el gran José Luis López Vázquez) se queda encerrado dentro de una cabina telefónica que recientemente han colocado cerca de su casa. Lo que en principio parece una anécdota sin importancia en la vida de este ejemplar caballero, se va agravando a medida que pasan los minutos y nadie es capaz de sacarlo (lo intentan policías, vecinos, niños, bomberos...), hasta que los mismos responsables de su instalación (¿Telefónica?), vienen a "rescatarlo".
Su desesperación será máxima cuando observe atónito como lo montan encima de su camioneta con cabina y todo, y lo trasladan a muchos kilómetros de ahí, a las afueras de la capital, sin explicación alguna.
No conocerá su destino hasta el fin del angustioso trayecto, y creedme si os digo que no podía haber sido más trágico (y agónico, porqué no decirlo).
De la mano del cineasta guipuzcoano Antonio Mercero (co-autor junto a José Luis Garci aquí también del guión), nos adentraremos en una historia (no por corta, menos cautivadora), que abraza sin pudor varios registros cinematográficos con un oficio y maña destacables. Contiene acertados toques de humor (ese gorrón que se come las pastas, comentarios fuera de cámara casi inaudibles...), de surrealismo (su propia esencia), de intriga (sabemos tanto como él o menos) o incluso de terror (en su vertiente más claustrofóbica, con incluso algunos momentos realmente angustiosos), que se combinan magistralmente ofreciendo una breve pero inmensa aportación al cine español, incisivamente necesaria en aquellos años, si se me permite.
La lectura que uno extrae del film (35 minutos que pasan volando), es casi unánime, ya que constata claramente el poder que ejercen ciertas entidades (empresas, sociedades,etc...) sobre el impotente y afectado individuo, privándonos de voz (una vez dentro, no se le vuelve a oír), de libertad y por supuesto, de nuestro poder de decisión.
Los últimos 10 minutos del mediometraje, en mi opinión, son lo mejor del asunto, con un desenlace muy magnético y un final en absoluto convencional (raro de ver incluso en nuestros días), tremendamente valiente y sobre todo, terriblemente cínico.
De todas maneras, será cuando perdamos de vista al misterioso helicóptero que nos vigila durante todo el trayecto por carretera (en forma de alegórica esperanza), cuando nuestro hombre tenga la obligada entereza de afrontar por fin su triste realidad, que evidentemente, no pienso desvelar por el bien del espectador.
Perfectamente acompañada musicalmente (de los nervios estamos al final), y muy bien construida técnicamente (entendiendo la época), tan sólo se le pueden achacar algunos puntos menos geniales, como esas imágenes reiterativas (el flashback de su hijo con la pelota), cierta falta de espontaneidad global (pese a que López Vázquez esté genial) o un tratamiento demasiado epidérmico de su personaje central (aunque quizás esa sea la intención, dibujar a un ciudadano lo más "estandarizado" posible).
En cualquier caso, "La Cabina" de Mercero ofrece un planteamiento de lo más original que abre un debate infinito y que sorprende por su esencia desazonada, y que además, contribuye a la causa con un final memorable donde los haya (ha sido galardonada nacional e internacionalmente durante años, consiguiendo un Emmy y dejando prestada la "cabina" original a un museo neoyorkino como simbolismo de las artes escénicas españolas).
Tres años después, el tándem Mercero-López Vázquez repetirían experiencia con el largo "Manchas de sangre en un coche nuevo", que recuperaba el espíritu crítico de ésta y su interesante concepto de la conciencia adulta, pero que según parece (no he tenido el placer todavía) no tuvo la misma resonancia.
Como dato curioso, mentar que Telefónica modificó meses después su diseño de las cabinas, ya que la gente ponía el pie en la puerta para no quedarse encerrada. El poder del cine, amigos.

 

martes, 10 de enero de 2012

ARREBATO (1980)

El recientemente fallecido cineasta donostiarra Iván Zulueta tuvo una intensa vida dedicada al mundo del arte, en cualquiera de sus formas y posibilidades, aunque siempre desde un enfoque vanguardista. Dedicó parte de su carrera a la creación de carteles de cine y a la realización de cortometrajes, donde obtuvo cierto reconocimiento nacional e incluso internacional. Heroinómano y aburguesado (su padre era banquero y director del festival de cine de San Sebastián), en su trayectoria cinematográfica tan sólo constan 3 largometrajes (uno de ellos ni tan siquiera lleva su firma), todos dotados de una atípica personalidad fílmica y un tono de amoralidad insólito en aquella época.
Su obra más conocida es "Arrebato", un film de carácter experimental que hemos recuperado gracias a la edición en DVD (estuvo 30 años maldita) y que merece un punto y aparte en nuestro espacio blogero.
Narra la historia de José Sirgado (interpretado por Eusebio Poncela), un cineasta en horas bajas que no consigue salir de una crisis creativa, y que en el terreno personal no logra consolidar su ruptura con Ana (Cecilia Roth), una drogadicta que se niega a aceptar la realidad de su relación.
José recibirá noticias de un inquietante desconocido, adicto al Super 8 y que vive obsesionado por descubrir la verdadera esencia del cine, rodando cosas abstractas y proyectándolas sin parar. La pasión por el cine de este individuo (encarnado por Will More) le servirá a José para recuperar parte de su inspiración, aunque las cosas se les acaben yendo de las manos.


En primer lugar me gustaría dejar una cosa clara acerca del film de Zulueta, y es que resulta del todo inclasificable. Tratar de darle sentido a todo su contenido sería un esfuerzo inútil y explicar la complejidad de su puesta en escena sería caer en el error de intentar etiquetarla. En esencia, estamos ante una película experimental, de autor, repleta de delirios egocéntricos y demás desvaríos intelectuales, sólo apreciable para verdaderos puristas de insólitos ejercicios visuales (al parecer, no pertenezco a ese selecto grupo de gourmets). Engloba diferentes géneros cinematográficos dentro de su metraje, pero tal vez el drama encabeza el propósito real de su proyección, con unos personajes autodestructivos y perturbadores que tratan temas como las drogas, el sexo, las obsesiones extremas o la muerte desde un punto de vista amoral, sin ápice de inclinación formal hacia ningún juicio preestablecido.
Su visionado es realmente indigesto y extraño, hipnótico por momentos y autocomplaciente en según que minutos, lo que acaba por ser un plato poco (o nada) recomendable para el espectador menos entregado a los debatibles encantos del llamado cine de culto.
La historia del trío principal está repleta de situaciones anómalas, casi inexplicables y capaces de descolocar al más racional, ya que uno de sus cometidos es tratar de desmoronar toda nuestra lógica e intentar absorvernos con sus imágenes, como el desquiciado que hay en pantalla filmando en Super 8.


Los actores realizan unas interpretaciones en caída libre, asumiendo que cualquier aporte desquiciante va a ser bien recibido y aplaudido, porque dentro de su ideal artístico, cualquier acto de locura será válido. Suponiendo que estuviéramos dentro del reducidísimo grupo de defensores de dicha película, podríamos encontrar en ella unas buenas dosis de estilismo narrativo anticomercial, una abrumadora síntesis humana que escapa de la pantalla y diversos excesos de naturaleza bien diferente a lo que estamos acostumbrados a encontrarnos. Originalmente tenía una duración de 180 minutos (se quedó finalmente en 105), lo que se convertiría en un buen castigo psicológico del que nadie saldría cuerdo, llegando casi a considerarse tortura.
Tildada como obra maestra por algunos (Aguilar se deshace en elogios hacia ella), para mí ha representado un film harto anodino, sobrevalorado y engañoso, del que, eso sí, nadie saldrá indiferente. O lo amas o lo odias, no existe término medio en este caso.
Imposible pues recomendársela a nadie, sería quizás la opción menos aconsejable para una tarde cinéfila de garantías que hayamos colgado en el blog, pero sí resultará una elección perfecta para ese tipo de público inconformista y transgresor que busquen imágenes de extraño poder visual y fuerte aturdimiento psíquico.
Personalmente, pertenezco al grueso de público que la siente pretenciosa y aburrida, pero mi castigado cerebro puede llegar a entender el otro lado de la moneda, y comprender que mantiene un encanto sociológico muy peculiar, raro de ver en nuestro cine, no me cabe la menor duda al respecto.

jueves, 20 de octubre de 2011

RUBBER (2010)

Inclasificable film francés del 2010 donde por primera vez en la historia del cine (al menos que yo sepa), el protagonista es nada más y nada menos que un neumático. Dicho neumático se llama Robert, y un día se despierta para comenzar un viaje que le llevará a descubrir su verdadera naturaleza, sus límites (es capaz de aplastar un alacrán pero no logra destruir una botella...) sus virtudes (poderes telepáticos revienta cabezas) y sus gustos personales (programas en la TV de coches, chicas desnudas....¿sigo?).
Mientras tanto, un grupo de afortunados personajes siguen sus aventuras a través de prismáticos, como si de una película en directo se tratase, todos engañados por un farsante que sólo busca el negocio, caiga quién caiga.
Esta absurdez surrealista consigue lo imposible; ser muy entretenida y mantener al descolocado espectador atento a la próxima secuencia, como buscando desesperadamente entender algo del conjunto de sinsentidos que representa esta cinta. Lo primero que nos dicen al comenzar el film es que algunas grandes producciones cinematográficas se basan en hechos sin razón (no reason), y que porqué no contemplar el extremo del asunto, con un protagonista imposible con problemas aún más imposibles. La propuesta es del todo singular, muy atrevida y demostrando una inteligencia muy aguda, sin olvidar un encanto underground muy entrañable. El seguimiento que el perplejo público le hace al neumático mientras se ducha, se baña o se mira al espejo son muy significativos, convenciéndonos de la fuerza y arrebato que tiene el soporte audiovisual en nosotros, colándonos cualquier cosa que rezume cine aunque sea con argumentos inconcebibles. Una lección de aborregamiento global que nos tiene que enseñar a despertar en nosotros un espíritu crítico, sabiendo escoger cine de cierta personalidad y calidad, esquivando el fast-food cinematográfico. Para más inri, el film desprende grandes dosis de explosiones cerebrales y asquerosidades varias, acercándose a un género nada comercial como es el gore, haciéndola aún más indigesta de lo que ya resulta.                         Extraña, jocosa y crítica, esta sátira del cine dentro del cine encantará a unos pocos y cabreará a muchos otros, pero obsequia innegables capacidades para alejarse de lo estándar, y alejarse muchísimo. Escenas como el envenenamiento global al público (de todas las edades y razas además) digno de un séquito zombie, el personaje del sheriff que es el único que sabe que todo es una farsa y las muertes sangrientas son, en conjunto, una fórmula tremendamente arriesgada que no será una maravilla del séptimo arte, pero que inyecta una desbordante personalidad al resultado final. Y yo me quedo con eso. El apartado técnico no destaca para bien pero no es insufrible como cabría esperar, ni sus interpretaciones son malas en absoluto, pero sí se nota una desidia a la hora de poner los puntos sobre las ies, ya que bajo ese techo de incongruencias argumentales, aquí todo vale.



Casi un mediometraje (78 minutitos), se proyectó en el festival de Sitges del pasado año 2010, entrando incluso a concurso. Algo inaudito una vez presenciado su metraje.
No pienso pues recomendar este film, pero si le he encontrado un potencial interesante y he salido escaldado de su visionado, que me imagino es lo que su director pretendía. En resumen, una bobada inteligente, si es que eso es posible.

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