miércoles, 22 de agosto de 2018

GOLDFACE (1967)


"Nadie podía salvar a la humanidad en peligro excepto él. Ni todo un ejército podía contra su voluntad y su fuerza. Por eso era llamado... el fantástico Superman". Estas contundentes frases adornaban los fotocromos y marquesinas de los cines la Navidad de 1967, cuando "Goldface, el fantástico Superman" llegaba a las pantallas italianas.
Ni que decir tiene que su éxito en salas fue directamente proporcional a su calidad, y pasó al sistema doméstico al poco después (me refiero al moribundo VHS), donde sí tuvo un poco más de repercusión.
Lo insólito de la idea fue en primer lugar aprovechar el tirón sobre superhéroes italianos de andar por casa mezclado con la figura del wrestler mexicano "El Santo", y fusionarlo todo con la del mago Mandrake, un cómic de 1934 creado por el autor de The Phantom.
Como resultado, un pastiche difícilmente soportable que  
no solo acusa una pobre dirección (a todos los niveles), sino también una preocupante cutrez general, parece hecha con prisas y no se percibe demasiado cariño en su realización, simplemente se limitaron a cumplir plazos y contratos.
A la ya clásica producción hispano-italiana, esta vez se sumó a la fiesta Venezuela, llevándose la acción a su terreno e implantando características "culturales" de cosecha propia, tanto de localizaciones (fue rodada íntegra en Caracas), como sociales (la lucha libre), además de aportar al protagonista casanova Robert Anthony, o mejor dicho, Espartaco Santoni (1932-1998), muy conocido en España y no solo por sus 8 matrimonios.

Combates al más puro estilo "El Santo", o sea, interminables y teatrales, muy aburridas
El musculoso Lothar, un africano leal y bondadoso, pero bobalicón
Lo más curioso e injusto de todo es que bajo esa "cara de oro", arriesgando su integridad en varias escenas peligrosas (cuentan que había barracudas en el mar en una de ellas) y realizando acrobacias de todo tipo, no estaba el bueno de Santoni, sino su fornido stunt, el todoterreno Attilio Severini, aquí además reservándose un papel bajo el seudónimo de Big Matthews. Él merece muchos más aplausos que nadie, pues se implica como ninguno e incluso pone en riesgo su vida por la película.
En su lucha contra la organización Cobra, que coordina con destreza chantajes millonarios a empresas, Goldface saca tiempo entre combate y combate para poner orden, ligarse a todo ser viviente y además pasearse con su ridículo atuendo (esta vez sí lo es) apalizando esbirros torpones.
El luchador dorado se oculta tras la figura de un respetado científico, el doctor Vilar, el cual ayuda a empobrecer si cabe la poca trama que hay, y en vez de sumar carisma como viene siendo costumbre, más bien resta, dibujando un personaje plano y sin interés.
Acompañado por su inseparable amigo Lothar (también Kotar, Lothair...una mole africana devora-cacahuetes que encarna, y nunca mejor dicho, el wrestler de origen cubano "El Gran Lotario", casado además con la hermana de Santoni), finalmente se verán las caras contra "el Cobra", una suerte de villano hiper-ególatra y despiadado que habla de sí mismo en tercera persona, se cree casi una deidad y dice nacer uno como él cada milenio. Su atuendo al final de la película es casi genial, y es una verdadera pena que no recayese gran parte de los minutos sobre su persona, pues como enemigo estaba muy por encima del resto de personajes.

Calentando mofletes por doquier, el héroe se lleva a las féminas de calle además
Goldface, juzgad vosotros mismos
Fotocromo promocional italiano
Goldface, el fantástico superman, no es más que un producto caprichoso sin mayor entidad, rodada por realizadores mediocres con el piloto automático y con todo el paquete al completo, o sea, mal montada, filmada, sonorizada (un horror), interpretada y pensada. Es decir, muy fallida. Aún así, y más allá de su obvia condición de cine Z, contiene trazas de diversión y casi todas gracias a los diálogos, sobre todo cuando son subidas de tono.
Frases como: "me pregunto si será tan bruto haciendo el amor", pronunciada por una periodista germana algo acalorada que presencia un combate en directo, o "Ahora no puedo que tengo que entrenar, pero te pondré en mi lista de espera", dicha por el propio Goldface ante una insinuación, son ejemplos del humor que puntualmente despliega el film. Por desgracia, no es suficiente como para tenerla en consideración y se cae por su propio peso. Tan sólo queda ya como un mero documento fílmico de antiguas leyendas del wrestling venezolano, y eso si a alguien le importa....
Como curiosidad, destacar que el fiel compañero del antes citado mago Mandrake, se llamaba Lothar, y su archienemigo obviamente, La Cobra. Originalidad por los suelos también, en fin...

PD: Debido a la pésima calidad de la copia existente, un mal transfer de VHS, no he podido seleccionar capturas como siempre me gusta hacer, pero nos hacemos una idea con las imágenes que he escogido online.

lunes, 20 de agosto de 2018

FLASHMAN CONTRA EL HOMBRE INVISIBLE (1967)

Es el turno de abordar uno de los títulos italianos sobre encapuchados estrafalarios más divertidos de cuantos se llegaron a filmar a finales de la década de los 60.
Plenamente consciente de sus referentes tebeísticos y por fortuna bastante desmadrado, "Flashman contra el hombre invisible" se convierte en todo un disfrute sensitivo a muchos niveles, una especie de hermano menor alocado de la formidable Diabolik de Mario Bava que termina por ser una comedia ejemplar para el subgénero al que obedece, el fumetti neri.
Estrenada en la primavera de 1967, sin duda el año con mayor número de producciones sobre justicieros playboy con capa y antifaz, Flashman está considerado por algunas fuentes como el primer superhéroe del cine italiano, mezcla disparatada de los iconos de DC Superman y Batman, obvios referentes, pero pasados por el siempre bienvenido túrmix transalpino.
Echando más leña al fuego, se atreve además a ser una versión de la novela de H.G.Wells "The Invisible Man", dándole dos vueltas de tuerca y llevándose la trama al puro gag, conjugando elementos con la suficiente habilidad y tino como para resultar endemoniadamente entretenida.
En un laboratorio de Londres, el profesor Philips logra al fin la pócima de la invisibilidad, para segundos después ser asesinado a sangre fría por un gánster de poca monta llamado Kid. El objetivo del criminal es robar en el banco de Irlanda sin ser visto, pero allí también lleva a cabo sus diabluras la encantadora Alika, una ladrona que junto a su séquito de hermosas (pero implacables) cómplices, metían mano en la caja de forma habitual.

Su carta de presentación
Alika, con su "atuendo carcelario", notando la pantorrilla del hombre invisible....
El intrépido Flashman (un Lord de sangre azul llamado Alex Burman que combate el crimen por aburrimiento), se sumará a la fiesta y tratará de evitar que ambos frentes se salgan con la suya, primero con el robo a la entidad bancaria y después con un objetivo aún más ambicioso, un maharajá conocido por ser el hombre más rico del mundo, que se encuentra de viaje en Beirut y al que pretenden arrebatarle su inmensa fortuna.
El mayor acierto de Guglielmo Loy (J. Lee Donan para la ocasión), fue conseguir que su película tuviese en todo momento una agradable sensación de transparencia, pues es del todo honesta y se regodea en el humor hasta las últimas consecuencias, exagerando los tópicos y destapando con gracia las costuras de modelos previos. Aquí nadie quiere ni dominar ni destruir el planeta, solo forrarse; el héroe, además de ser un caprichoso millonario con mayordomo y demás lujos, es directamente de la realeza (¡¡esa llamada a la mismísima Reina Isabel!!); va acompañado de una mujer, en efecto, pero es su hermana menor yé-yé, y sus habilidades van en función de la hazaña que toque superar, sumando destrezas a medida que avanza la trama.

¿Quién? ¿Yo?
Siempre tan gentil, Flashman trata de hacer el bien
Otro punto inesperadamente divertido son los trucajes, pues pese a verse casi siempre el recurso, ya sean cables, hilos de pescar, trampas de encuadre, maquetas o muñecos, bien mirado resulta coherente tanto con el tono como con el propósito de la cinta. En esta ocasión, el disfraz con chaleco antibalas incluido recayó en un aplicado Paolo Gozlino (Paul Stevens 1929-1992), coreógrafo de baile y habitual en programas de televisión que sin ser nada del otro mundo, supo convertir sus limitaciones interpretativas en pequeños aciertos, poniendo al servicio del personaje su inexpresiva cara y sus ojos azules con tal de parecer inalterable ante las adversidades.
Al tratarse de una co-producción franco-italiana, el desmelene llevó consigo algunos ingredientes galos. La citada Alika (la ex-modelo belga Claudie Lange), con menos minutos que su compañero enmascarado, sin duda era un personaje más interesante, maquiavélica y perspicaz, además de aportar belleza al entuerto. El detective Baxter por contra, una suerte de Poirot enloquecido, lo encarna el francés Jacques Ary (1919-1974), tan exagerado y sobreactuado que extenúa, pero que acaba por ser inolvidable.
Remarcable pues como comedia que logra conjugar elementos multigénero (incluso el slapstick), que comprende muy bien el terreno que pisa y que pese a ser esclava de su propia naturaleza como producto de temporada de serie-B, consigue ser asombrosamente amena. En definitiva, que supo como ninguna extraer el espíritu cómico de este tipo de producciones, y yo que lo celebro.

jueves, 16 de agosto de 2018

MISTER-X (1967)

El cineasta toscano Piero Vivarelli (1927-2010) se sumó a la moda de películas inspiradas en cómics italianos para dirigir dos sucesivos proyectos, Mister-X en 1967 y la más popularizada Satanik un año después, ambas ciertamente irregulares, pero no por eso del todo desdeñables.
A raíz de la publicación de historietas impresas de carácter sexy-violento como DiabolikKriminal a mediados de los 60, brotaron decenas de imitaciones y/o variantes de la figura del antihéroe enmascarado enfundando leotardos, pero no tantas fueron llevadas a la pantalla como sabemos, y menos con un mínimo de interés.
En el caso del fumetto "Mister X", de Bolzoni y Caminito, gozó de cierta repercusión en su periplo inicial en papel y eso despertó el interés comercial por llevarlo al celuloide. Vivarelli (o Donald Murray, como se prefiera), militante comunista tras la Segunda Guerra Mundial, se unió a la fiesta sin remilgos, entendiendo que se trataba de una producción sobre espías más, pero esta vez con disfraces.
Un ejemplar en francés del cómic de base
Anunciado como "Un fumetto giallo", lo cierto es que esta coproducción hispano-italiana no obtuvo ni el impacto ni la recaudación pretendida en su día, y tampoco con su "más difícil todavía", la coetánea versión televisiva (de la que solo se acuerda YouTube), o incluso el recurso definitivo, el personaje de Mister X anunciando detergentes Dixan. En fin, todas relegadas al ostracismo con honores.
Volviendo a su versión fílmica, "Avenger X" como se le conoce internacionalmente, presenta al millonario Bob Rockson, ocho veces campeón del mundo de golf, retirado ya de su andadura "criminal" siendo Mister X, al que ahora se le acusa de un asesinato que no ha cometido, pues alguien ha suplantado su ya de por sí enmascarada identidad.
Unos créditos esperanzadores
Por contra, George Lamar, presidente de una importante empresa química, trafica con drogas y hace tratos con la mafia para robustecer su economía, y claro, borra del mapa a quien intente destapar su trama, aunque  se trate de una más de entre su grupo de sinuosas amantes. La horma de su zapato será, como seguro estaréis suponiendo, nuestro espigado y sagaz bandido, al que haciendo un esfuerzo muy importante, compararemos con Arsène Lupin.
Mister X de paisano tomando té...
La acción se trasladará a la isla de Capri, donde Mister X (el recientemente fallecido Pier Paolo Capponi, popular por intervenir en varios giallos, aquí más cool como Norman Clark) y su fiancée Timmy se colarán en la mansión que allí posee el magnate para chafarle los planes y de paso volverse a sentir importante, porque de eso se trataba, de desplegar toda su egolatría y aires de aristócrata pasado de rosca.
El forense fake, de lo mejorcito
Lo más negativo de la cinta, por encima incluso de lo aburrida que llega a ser en muchos segmentos, es la falta absoluta de empatía que se siente hacia el hombre X, llegando casi al repudio. Si bien su personaje tiene puntos interesantes, como que sea un maestro del disfraz (el mayor acierto de todos), demuestre una crueldad sin límites o juguetee con el nihilismo, el problema venía ya de base.
Le falta tanto encanto y hay tan poco carisma en Capponi, que todo se hace plano y monótono. Con solo decir que pasan 40 minutos hasta poder verle en mallas o que la presencia de Helga Liné sea casi anecdótica (aquí como "miembra" del harén del magnate), son claros síntomas.

Nuestro amigo X, a punto de usar cigarrillos gadget para trepar un muro (...)
Tampoco ayuda el obsesivo empeño del cineasta en mostrar planos entre objetos (esculturas, helicópteros, árboles...), pues parece más un ejercicio de embeleso personal que una herramienta para enriquecer la obra, llegando a hastiar en algunos puntos concretos.
Dos ejemplos del empeño por encuadrar del director
La escasez de violencia, sexo o sentido del humor adolecen todavía más su visionado, y tan solo pequeños destellos de entre toda esta maleza fílmica recompensan nuestro tiempo. De entre ellos, los citados disfraces de X, como la máscara a lo Misión Imposible o el delirante momento como forense, secuencias más o menos originales (el intercambio del funicular o la horripilante muerte en la lancha), algunas frases lapidarias o el desfile de bellezas que conlleva, además de un par de localizaciones míticas.
Sea como sea, este flojo fumetto nero (uno de los más difíciles de encontrar en condiciones óptimas) con un protagonista tan remilgado, escuchimizado y sosaina como éste, no constará entre los mejores de su género, pero sí aporta su granito de arena a tan entrañable movimiento sobre enmascarados. O al menos a mí me lo parece.

lunes, 13 de agosto de 2018

ASALTO A LA CORONA DE INGLATERRA (1967)

Del medio centenar de cintas italianas de índole fumetti comprendidas en la década de los 60, un proyecto en particular consiguió desmarcarse del resto con ciertos honores, y no solo por su descaradísimo, casi obsceno oportunismo, sino por saber rizar el rizo y caricaturizar lo ya previamente caricaturizado, extrayendo con un gran sentido del humor todo el jugo posible a este tipo de producciones protagonizadas por héroes baratos con mallas, y llegando a popularizarse de manera tan sorprendente como inesperada. Me estoy refiriendo, cómo no, a la divertida "Asalto a la corona de Inglaterra".
Honesta y conocedora de sus limitaciones pero también de sus libertades, la película de Sergio Grieco aka Terence Hathaway (1917-1982), se puede entender mucho mejor si tenemos en cuenta las previas incursiones del cineasta italiano en el entrañable subgénero del Eurospy, (con James Bonds de oferta), compartiendo un par de ellas con el mismo actor protagonista, el americano de rasgos angulosos instalado en Italia y con experiencia en Peplums, Roger Browne.
Así pues, con la esencia todavía palpable de sus dos últimas películas con espías conjuntas (ambas en 1966), pero sumándose ahora a la moda de lo superheróico, Grieco y Browne unieron esfuerzos para concebir un film de mixtura caprichosa, un cóctel de subgéneros extintos y efímeros, que coincidieron accidentalmente en el tiempo, y que desembocó en un spoof de irresistible encanto pulp.
Riéndose descaradamente de la mucho más sobria y antipática "Superargo, el hombre enmascarado", nos presentan aquí a Argo-Man, un ¿justiciero? embutido en una elástica amarilla con poderes extrasensoriales e innumerables habilidades que tiene como alter-ego a un inglés multimillonaro de modales exquisitos, el criminólogo Sir Reginald Hoover, que viene con todo el pack (mansión a medida, coleccionista de obras de arte, gadgets high-tech, irresistible playboy, fuma en pipa, servidumbre cómplice...).

Sir Reginald muy bien acompañado (o viceversa)
Poderes telequinéticos como entrante
Tras una serie de inexplicables robos que están volviendo loco tanto a Scotland Yard como a la policía francesa, éstos unen fuerzas para desenmascarar a la bella Jenabell (Dominique Boschero) y así evitar que robe un gigantesco diamante que podría desencadenar una guerra nuclear y ésta se autoproclame "reina del mundo". Como es fácil suponer, será fundamental la ayuda de Sir Hoover primero (en tareas de especialista en crímenes), y Argoman después para, no solo beneficiarse a la malvada villana, sino de paso evitar males mayores.
No sirve de mucho remarcar el evidente espíritu B que desprende el film, ni las consabidas limitaciones tanto técnicas como económicas del proyecto, por lo que obviaré aspectos de carencias de recursos y/o presupuesto, y más que la forma (que también), me interesa el fondo. Me encanta la idea de que un mismo personaje se dedique a su vez a delinquir y luego a investigar quién delinque, que la villana utilice sus encantos sexuales con la misma libertad que su equivalente masculino, que la trama contenga retazos de naturalezas variopintas (una delirante y maquilladísima mad doctor que replica mandatarios, el robot asesino más torpe de la historia, mamporros all'italiana o un adorable erotismo camp), y que sepa reírse de sí misma a la vez que estructurar medianamente bien una trama sin duda alocada, entretenida y sobre todo, muy divertida si se le sabe poner la lente precisa.

Jenabell clonando a sus huéspedes para dominar el mundo
Difícil no fascinarse de semejante tecnología
Argoman no solo parece poder controlar con su mente toda clase de tecnologías y jugar con su telequinesis a placer, sino que además presenta una fuerza sobrehumana y una inteligencia superior; pero tiene un punto débil, su kriptonita personal, y es que aunque sutil, en la cinta se nos muestra culebreando la censura con maestría. Al parecer, cuando Sir Reginald Hoover mantiene relaciones y se "desfoga", necesita una serie de horas para "revitalizarse" y así poder volver a ser Argoman, lo que conllevará que le apalicen en un furgón, todo sea dicho de paso.

Argoman pavoneándose
Pistolón a traición
Como curiosidad, la película tuvo un baile de títulos importante, todo por tratar de rentabilizarla en cada país como fuera necesario. El original italiano fue "Come rubare la corona d'Inghilterra" (Cómo robar la corona de Inglaterra), pero también se la conoce por "Argoman, the fantastic Superman", "Superman le diabolique", "Superman diabolico", "Fantastic Argoman" o incluso "Superman contre les robots".... sea como sea, se trata de un film discreto pero entrañable, divertido e incluso mítico en diminutos círculos, que la proyectan como cinta de culto en pequeños festivales, aunque sea para paladares muy concretos.

sábado, 11 de agosto de 2018

DRAGON BALL Z: LA RESURRECCIÓN DE "F" (2015)

Tadayoshi Yamamuro llevaba colaborando en el dibujo, desarrollo y contenido de Dragon Ball (DB) desde sus inicios en el anime, allá por 1986. Ha trabajado en todas las sagas, canónicas o no, además de en un gran número de películas y OVAS a lo largo de los años, siendo pues parte fundamental del éxito animado de la franquicia.
Ya en 2015, tras el aclamado y "tsunámico" resurgir de la serie, tanto televisiva como del propio manga (aunque sea con el pincel de un imitador con talento como Toyotaro), Yamamuro dirige al fin su primer largo y lo hace con un título cuanto menos singular en la historia de DB, "La Resurrección de F".
Esto merece un poco de contextualización: el tema musical titulado "F" (obviamente haciendo referencia a Freezer), del grupo metal nipón "Maximum the Hormone", al parecer llamó tanto la atención del sensei Toriyama allá por 2008 que acabó germinando no sólo en la idea de resucitar al villano de villanos para una futura entrega, sino en convertirle de nuevo en un personaje muy relevante para el devenir de la misma, además con transformación power-up incluida.
Todo sumado a que la implicación de Toriyama fue más notable que nunca y que el realizador escogido sabía perfectamente el terreno que pisaba, el resultado fue más interesante e inteligente de lo que cabía esperar. De entrada, La resurrección de F respeta la línea argumental correcta, combina con habilidad los requisitos establecidos para una producción de este estilo (véase, villano poderoso, humor, combates, muchos personajes, alguna sorpresa y final a gusto de la audiencia), además de permitirse innovar en varios aspectos de la fórmula, sabiendo pues distanciarse del resto de producciones calcadas en fondo y forma.
Argumentalmente se nos presenta al insignificante Sorbet, miembro del equipo administrativo del ejército extinto de Freezer, resucitando a su emperador mediante las bolas terrestres y con la inestimable ayuda de Pilaf y su pandilla (además sin hacer mucho ruido, conscientes de que pueden ser fácilmente liquidados allí).
Freezer, recuperado gracias a las últimas tecnologías, pues estaba literalmente troceado y fulminado por Trunks, planea entrenarse por primera vez en su existencia y así volver fortalecido tiempo después.

Sorbet y Tagoma, invocando a Shenron
Freezer resucitado, el villano por antonomasia
Su regreso, acompañado de un millar de soldados de pacotilla, no hará más que provocar un episodio casi de corte honorífico, como un sparring de lujo para comprobar los progresos de Gokuh y Vegeta, entrenados ahora por Whiss, y que a la postre, será el leitmotiv de esta historia.
El propio Whiss, en un momento de la película, repasa sendos puntos débiles de la pareja saiyan. Mientras que Gokuh peca de tranquilidad y exceso de confianza, Vegeta está en constante tensión, algo que limita sus progresos. Precisamente en este punto radica el significado de la propuesta, pues aunque la visita e intento de venganza del villano sea bienvenida por todos nosotros (F es siempre F), este lío no es más que una lección para su nuevo entrenamiento, aprender a equilibrar emociones y saber ser más o menos despiadado (primero Vegeta apiadándose y luego un Gokuh resolutivo).

Un ejército tan numeroso como debilitado
Conteniendo la primera avalancha entre todos
Las virtudes superan a los defectos en esta nueva entrega. En lo referente a su forma, ofrece dibujos de muy alta calidad, notables sombreados y un meticuloso mimo por las transiciones (esos magníficos zooms), acompañados de un excelente e innovador trabajo sonoro (incluir un tema metal no es baladí). Por contra, algunos momentos de alborotado combate a lo gameplay o los inevitables tics nipones (asumidos ya por los fans) no empañan demasiado el resultado final.
Podríamos decir, por ejemplo, que el propio Freezer no había estado nunca antes tan bien trazado en pantalla, y que protagoniza probablemente la secuencia de mayor impacto del film, su llegada a la Tierra.
En lo relativo al fondo, se agradece el control sobre los tiempos y las pausas, con un prólogo acertado y unos 25 minutos iniciales sin la presencia de Gokuh. Muestra respeto por la formulación establecida (e imagino exigida) por la productora, pero sabe serpentear con éxito ese corsé y enriquecer la trama con ingredientes interesantes, tales como desviar la atención hacia el aprendizaje más que al enfrentamiento puro, remarcar psicologías en los 3 principales personajes o recuperar esencias perdidas (ese Krilyn sin pelo, humor revisado y más compensado, ya que últimamente era en exceso infantil, o la sana evocación del espíritu de lo sucedido en Namek, en todos los sentidos posibles).

Golden Freezer, el power-up más brillante
Vegeta Blue disfrutando de lo lindo
Art original de Tori para el proyecto
Para más inri, está repleta de guiños curiosos. Gokuh replicando ante Freezer el mítico puñetazo de una pulgada de Bruce Lee, Gohan con un chándal sospechosamente similar a otro del maestro Toriyama, la estimable presencia del patrullero Jaco o (y esto ya es más personal) el entrañable enfado de Shenron al no ser tratado lingüísticamente con el respeto que merece.
Así pues, celebro que Yamamuro haya estado al timón, pues ha colaborado dando un empujón hacia delante ofreciendo al fan una historia razonablemente bien estructurada (la versión TV con mucho más metraje ayuda a enlazar con la serie además), devolviendo la confianza perdida en este tipo de aportaciones del anime y cuidando aspectos técnicos que, como ya sabemos todos, se descuidan muy a menudo.
Para concluir, repasaré el significado de los nombres como de costumbre. En el rincón de los villanos, tenemos a Sorbet (de sorbete), Tagoma (de "tamago", o huevo), Shisami (anagrama de Sashimi), y por el otro lado tenemos al citado Jaco, que debe su nombre al Jakoten, una delicada pasta hecha de pescado.

domingo, 18 de marzo de 2018

BANDAGE (2010)

Tras la agradable Halfway (2009), Bandage (2010) fue otro de los proyectos en los que Shunji Iwai ejerció tareas y no solamente de producción, sino también como guionista. Bandage es una aproximación muy personal a la música en general y a una etapa muy concreta del género rock en Japón, la explosión del género que se vivió a principios de los años 90 en el país del sushi.
El film sigue la subida al estrellato de la banda de rock alternativa Lands, donde sus miembros pondrán su amistad a prueba cuando vean las interioridades de la industria discográfica y las desventajas del éxito masivo.
A las riendas de la dirección se encuentra Takeshi Kobayashi, que quien sea un conocedor de la filmografía de Shunji Iwai (o haya seguido con atención el especial que le hemos dedicado a este director en nuestro humilde blog), le sonará su nombre.
Kobayashi es compositor habitual de las bandas sonoras de los trabajos más importantes de Iwai desde Swallowtail Butterfly (1996) a Todo sobre Lily (2001). Kobayashi, al igual que Iwai, vivió de primera mano y desde dentro esta etapa de esplendor del rock 90's en Japón, por lo que son los más indicados para llevar adelante dicho proyecto, impregnando el metraje de furia y nihilismo punk además de acercarse de forma honesta y dolorosa a las interioridades del mundo de la música, relatando con acierto la vida de un grupo como Lands, con todas sus etapas: sus inicios sencillos e idealistas, el éxito, las presiones, los cambios de imagen y finalmente la autodestrucción.
Kobayashi opta en esta ocasión por un estética sucia, con una imagen con grano y con mucha cámara en mano, lo que casa bien con el tono underground e independiente del film.

Asako es fan del grupo rock Lands, a quienes, por azares del destino, acaba conociendo.
Natsu es el cantante de Lands y lucha con ahínco para conseguir el éxito
Asako acaba ayudando en el seno de la banda, y entre ella y Natsu florece una conexión especial
Finalmente el éxito masivo llega, y con él las presiones y discusiones
Natsu entra en una espiral de autodestrucción
Sin duda, el corazón y alma del film reside en la pareja protagónica de Natsu y Asako. Natsu es el cantante de la banda Lands y como siguen los cánones y tópicos de la rock star cinematográfica, bebe, se droga y está siempre enfadado, aunque debajo esconda un alma torturada y sensible, y que parece haber encontrado en Asako, (una fan school-girl de Lands que acaba como ayudante de la banda por azares del destino) un alma gemela.
Una relación que se aleja del habitual romanticismo de productos para teenagers y que destaca por su naturalidad y tragedia soft por encima de los guitarrazos, éxitos rock/pop y discusiones de banda. Natsu, interpretado por el cantante Jin Akanishi, realiza un buen trabajo aunque provoque cierto rechazo su repetición de tópicos de estrellita rock estando borracho a cada minuto, pero su personaje autodestructivo aunque con un talento que desperdicia a cada momento resulta interesante. Asako, por otro lado, es interpretada bien eficientemente por Kii Kitano, a quien ya vimos en la simpática Halfway (2009).
Es de agradecer para el fan la recuperación de Ayumi Ito, actriz habitual de Shunji Iwai (aparecía en Swallowtail Butterfly y Todo sobre Lily) y que aquí interpreta a una mánager musical de mucho carácter.
Así, Bandage supone una obra más que interesante y recomendable, aunque no brillante. Para el amante de la música, relata con acierto esa etapa de esplendor musical que se vivió a principios de los 90 con el género grunge invadiendo el mundo. El track list está más que correcto y ver las interioridades de una discográfica y cómo intentan chupar la sangre del grupo de éxito del momento es interesante por lo poco habitual que resulta en el cine japonés. Aunque por muy trabajados e interesantes que resulten los personajes de Natsu y Asako, no se puede decir lo mismo de los compañeros de banda de Lands, resultando poco interesantes, pobremente trabajados y que resultan cansinos verlos discutir una y otra vez. Pese a todo, Bandage (2010) es un film recomendable y cuyo corazón, la curiosa y dramática relación entre sus dos protagonistas, resulta lo más destacable de esta aproximación al aluvión rock japonés.

jueves, 26 de octubre de 2017

FIREWORKS: SHOULD WE SEE IT FROM THE SIDE OR FROM THE BOTTOM? (2017)

Estos últimos años el anime se encuentra más fuerte que nunca. Sólo hace falta ver el exitazo de Your name (2016), siendo ya el film japonés más taquillero de la historia.
Parece que el éxito de la obra de Makoto Shinkai ha contagiado a futuros proyectos similares, con tal de ganarse un pedazo de taquilla con historias de amores juveniles imposibles afectados por circunstancias de carácter fantástico. Para finales de 2016, saltó la noticia de que se estaba trabajando en un remake en formato anime de uno de los trabajos de Shunji Iwai. El film en cuestión era Fireworks, el primero de Iwai que generó cierto ruido y aprobación crítica.
El original, pese a ser una TV-Movie, poseía encanto, ternura y mucha naturalidad en sus jóvenes interpretes, además de plantear interesantes conflictos: si hubieras hecho las cosas de otra manera, ¿el resultado habría sido el mismo o habría cambiado?.
Sin duda, esta tierna historia merecía explotarse con un mayor presupuesto además de mayores medios, y tras el acierto que supuso trasladar los personajes de Hana y Alice al formato animado con la entrañable The case of Hana & Alice (2015), por qué no hacer lo mismo con Fireworks.
Los encargados del proyecto serían Nobuyuki Takeuchi y Akiyuki Shinbo. El propio Shunji Iwai se encargaría de adaptar y expandir las posibilidades del guión original. Finalmente Fireworks: should we see it from the side or from the bottom? llegó a las pantallas japonesas el pasado mes de agosto sin hacer demasiado ruido en taquilla ya que según parece, no ha levantado demasiado interés. Veremos por qué.
Cartel del film original de 1993
Nazuna está triste porque le obligan a cambiar de escuela. La niña planea fugarse junto a su compañero Norimichi, pero su madre los pilla y la arrastra a casa. Todo podría haber acabado allí, pero el hallazgo de una misteriosa esfera luminosa abre un portal en el tiempo, haciendo posible que la historia tenga otro final...
Esta nueva Fireworks recoge gran parte de las escenas y momentos que poseía la original, aunque finalmente la historia acaba yéndose hacia otros terrenos por su orientación más abiertamente fantástica, quizás afectada por el efecto Your name (2016). Este elemento fantástico,que se suma a esta historia de amor adolescente, a priori imposible, se representa en una pequeña bola de metal y colores chillones con la que el protagonista puede viajar atrás en el tiempo y corregir ciertas decisiones. El resultado final de Fireworks es curioso, competente y merecedor de un visionado, pero no resulta memorable ni creo perdure en la memoria del aficionado.
Pese a sus acotados 90 minutos, se siente demasiado alargada y reiterativa. Una idea siempre tan fascinante como la de los viajes en el tiempo no está tampoco bien aprovechada en la historia, pues no resulta apasionante ni interesante, más bien al contrario, al tercer viajecito en el tiempo uno acaba bastante hastiado por la poca gracia con la que lo hacen (el momento cancioncilla por partida doble es toda una prueba a la paciencia).
Al original le sobraba y bastaba con 45 minutos para emocionarte y conmoverte con los mínimos elementos, hecho que no llega a conseguir en ningún momento esta nueva versión.


No llegas a empatizar totalmente con su pareja protagonista y su romance se antoja algo soso y poco conmovedor. Si encima somos abordados cada dos por tres por momentos de humor algo sonrojantes, el resultado final acaba afectado. Ahora bien, Fireworks goza de una idea original, si (aunque que esté más o menos bien llevada ya es otro cantar), una animación que cuando se dedica a plasmar los paisajes y ambientes de los personajes resulta preciosa y un clímax final verdaderamente conmovedor con la canción original del film de Iwai, Forever friends cantada por Seiko Matsuda, retumbando por los altavoces.
Además, quizás conscientes sus creadores del aburrimiento general de la historia, somos abordados cada poco por una sexualización extrema (en el dibujo) de los personajes femeninos, ya sea del personaje protagonista de Nazuna, una school girl de 14 años o por las enormes voluptuosidades de la profesora de instituto. Son elementos, al menos, intencionados o no, graciosos y distraídos (para el público masculino).


Fireworks es un film que no pasará a la historia del anime pero bien vale un visionado, proporciona momentos simpáticos, una animación en ocasiones de carácter muy bello y un clímax final que yo como romántico ocasional que soy llegó a conmoverme. Aunque peque de una historia mal conducida y poco aprovechada y una sensación de desgana general. No apta para diabéticos emocionales. Goza de exceso de azúcar. Esperemos que si Shunji Iwai piensa adaptar, en un futuro, al formato animado otra de sus historias, sea de una mejor manera.
Dato para el aficionado: la voz del personaje de Nazuna procede de la belleza adolescente y joven promesa Suzu Hirose (y buena intérprete), a quien hemos podido ver en Nuestra hermana pequeña (2015) o Rage (2016). Y más curiosidades de producción: la actriz Takako Matsu es quien pone voz al personaje de la madre de Nazuna. Matsu aparecía en el clásico de Iwai, Historia de Abril (1998) y a la actriz la hemos podido ver en numerosas obras como Confessions (2010). Y para finalizar, por lo visto, la creación del film finalizó 12 días antes del estreno oficial en Japón este agosto.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...