jueves, 19 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 9

El bullying es un tema muy corriente en el cine adolescente japonés. A silent voice le da una vuelta de tuerca al tema plasmando la problemática estudiantil desde una óptica a la que no estamos tan acostumbrados, la del acosador.
La historia gira en torno a Shôko Nishimiya, una estudiante de primaria que es sorda y que al cambiarse de colegio comienza a sentir el bullying de sus nuevos compañeros. Uno de los principales responsables es Ishida Shôya, quien termina por forzar que Nishimiya se cambie de escuela. Años después, Ishida busca la redención de sus malas acciones.
A silent voice es un film precioso que habla sobre la redención y la culpa. Una película que se beneficia de una animación excelente y una narración apasionante... que desgraciadamente va diluyéndose a medida que pasa el metraje. Pero, le pese a quien le pese, la primera hora es excelente. La narración, el estilo de animación tan sutil y original, desde esos títulos de crédito con My generation, el inicio del acoso y cómo el acosador acaba recibiendo su misma medicina y ya unos años más tarde se ve carcomido por la culpa e intenta recibir el perdón de la persona a la cual hizo la vida imposible. Un punto de partida apasionante y excelentemente llevado.


Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de la segunda hora de metraje, en donde si bien aunque la historia se siga con agrado, ésta va cayendo en los mayores tópicos del anime más reciente, con melodrama exagerado, personajes que se unen a la causa y que aportan más bien poco a la trama (la chica de turno que intenta ganarse el amor del protagonista y fastidiar a la otra es un tópico que aparece en el 99% de los animes recientes...), e interminables momentos de conversaciones y discusiones entre el grupo de amigos. Una lástima, aunque el resultado final es bien notable, con una propuesta original y que se diferencia de otros productos comerciales. Aunque aléjense aquellos sensibles al exceso de azúcar.
(Redactado por el sensible pero apuesto Adrián Roldán)

viernes, 13 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 8

El octavo día de festival amaneció con la fuerza y atrevimiento de "Errementari", una jugosa fábula vasca que nos llega apadrinada por Álex de la Iglesia, co-productor de la misma, y que a su vez significa el debut en la dirección del hasta ahora cortometrajista Paul Urkijo.
Confieso sin tapujos que desconocía del todo la  existencia de la leyenda del errementari (herrero en euskera), y quizás por esa razón me quedé completamente absorbido por su compleja maraña genérica y diversidad narrativa, su fresquísimo descaro cómico y esa enorme personalidad que posee, algo que agradecí acaloradamente.
Pero situémonos: en una región próxima a Álava, una década después de la 1ª Guerra Carlista (1843), un cargo del gobierno se persona para investigar un suceso en la herrería del pueblo. Allí habita casi como un ermitaño, en medio del bosque, un misterioso herrero llamado Patxi, considerado por los aldeanos como un asesino siniestro y solitario que incluso se relaciona con demonios. Accidentalmente, Usue, una niña huérfana del pueblo, se cuela en la herrería y destapará el increíble secreto que allí guardaba el herrero, para así cambiar definitivamente el devenir de la aldea.
Es de ley aplaudir, por encima de todo, su valiente capacidad para no obedecer los criterios establecidos por ningún género en concreto, pues merodea con desparpajo por varios de ellos sin llegar a someterse a ninguno. En ella encontraremos atractivos rasgos de un terror de cuento sombrío, fantasioso y distendido pero no por ello menos horripilante; también se percibe un estudiado tratamiento del entramado dramático, trasladando una fábula con niños de por medio, con la suficiente entereza e inteligencia como para que su peculiar y nada obvia moraleja tenga toda lógica, además de resultar muy adulta; y por último, pero no menos importante, es resaltar su excelente y nada convencional sentido del humor, casi diría que innovador, rebelde y muy sorprendente al que, por supuesto, acabé rindiéndome.



Agradezco muy efusivamente que no nos abrumaran con efectos digitales de postín, y que el estupendo trabajo de maquillaje, aunque quede forzosamente guiñolesco, tuviera una fuerte impronta personal. Incluso en su tercio final, en la bajada a las mismísimas puertas del infierno, los juegos de iluminación y recursos de fotografía den una sencilla pero emocionante sensación de irrealidad, como de imaginario juvenil sin límites. Todo un gozo cinéfilo de difícil comparación, pues es única en su especie.
Resaltar el magnífico plantel actoral, empezando por el herrero, sobrio y acertadísimo Kandido Uranga, el demoníaco e inolvidable Sartael (Eneko Sagardoy) hasta la jovencísima Usue (Uma Bracaglia), todo un descubrimiento a su edad. Un film muy especial que proyecta una fuerte sensación de novedad, con una atmósfera de ensoñación y un poso final tan agradable como humilde. Una fiesta para los sentidos que si bien no enamorará a los más puristas, que seguramente no querrán/sabrán ser cómplices, sí merece mucha atención, tanto por su fuerza visual como por su sabia y variada conjunción. Arriesgada y simpática, destaca por ser una de las mayores sorpresas nacionales de la edición del Sitges 2017.
(Redactado por el príncipe de Freedonia, Jesús Álvarez).

Tras el visionado de "November" (probablemente la candidata por Estonia a los Oscars 2018), abandoné la sala algo confuso, casi aturdido, con una extraña sensación de agotamiento psicológico por no haber comulgado del todo con su rarísimo discurso humorístico-folclórico, ubicado en parajes incómodamente inhóspitos, algunos casi de pesadilla.
Basada en el supuesto best-seller "Rehepapp", de Andrus Kivirähk, el film en mi opinión tiene un plus de complejidad fuera de sus fronteras, y al menos a mí, se me hizo cuesta arriba no sólo terminarla, sino también llegar a conectar con ella u obviamente entenderla del todo.
La historia de amor imposible entre una aldeana estonia y un joven que no la corresponde, todo dentro de un contexto mágico (ella recurre al ocultismo para conquistarlo), surrealista, en medio de un ambiente pagano y enfermizo, parece razonablemente atractivo. Si además se nos anuncia como una mezcla de comedia absurda, magia negra, hombres lobo y dueña un retorcido nihilismo, todo parece encajar.
Pero algo descarrila, quizás por su incomprensible arquitectura narrativa (funciona a trompicones), su empeño en ser diferente o sacrificando un maravilloso uso de la fotografía en blanco y negro para explicar demasiadas cosas mal iluminadas (una lástima) y sin explotar sus posibilidades del todo.



No se le puede negar una carga dramática muy peculiar, de un romanticismo patético, y una reflexión divertidísima sobre las almas en pena que vagan por el bosque, y que a veces se instalan en objetos o animales. Pero en mi opinión, todo ese conjunto funciona únicamente un rato, sobre todo su genial escena inicial, que auguraba una obra maestra, pero no se sostiene durante sus casi 2 horas de metraje, que nos parecen el doble llegando al final.


En resumen, una película compleja, singular, bizarra, divertida a ratos y extrañamente atractiva, pero sin duda agotadora y desquiciante, que irá muy a gusto del espectador, y que será tan odiada como adorada, sin escala de grises. Entenderé al que la considere una obra maestra, pero entenderé más al que la considere caprichosa y ensimismada de sí misma, más vacía de lo que aparenta.
(Redactado por Jesús Marx).

Shinobu Yaguchi es uno de esos directores de gran éxito en Japón pero cuasi desconocido fuera de sus fronteras, lo cual es muy de agradecer al Festival el hecho de haber traído su última película, Survival Family.
Yaguchi es un personaje por el que siento enormes simpatías, en todos sus films consigue algo muy poco corriente, ya sean mejores o peores, siempre te dejan un buen rollo y una sonrisa tonta de oreja a oreja más que agradable. Siempre es dado al humor ya sea de carácter absurdo (presente en sus primeros films como la delirante Waterboys (2001) o la excelente Swing Girls (2004)), a otras más amables y blancas, de su última etapa, como la entretenida Robo-G (2012) o la muy notable Wood Job! (2014).
Con Survival Family vuelve a incidir en el fuerte contraste entre la civilización actual y su locura tecnológica, a la cual dependemos y el viaje hacia un regreso a la forma de vida sencilla de nuestros abuelos, donde con mucho menos parecían ser más felices.
Survival Family parte de cómo un apagón tecnológico repentino pone patas arriba la civilización tal y como la conocemos, y en concreto la de una típica y desavenida familia japonesa. Un padre que pasa de todo y está absorbido por su trabajo, una madre ama de casa bastante torpe y unos hijos en plena edad del pavo y totalmente adictos a sus teléfonos móviles… que prácticamente nada en la gran ciudad funcione (cualquier sistema tecnológico, y eso incluye vehículos, aparatos del hogar, trenes…) provoca que la familia realice un viaje imposible en bici hasta el pequeño pueblo de sus abuelos. Se inicia un viaje por el que pasarán mil penalidades, a la vez que aprenden a convivir entre ellos mientras descubren otra manera de ver la vida, mucho más alegre y viva que la esclavitud de la gran ciudad.


Un film totalmente agradable y repleto de perlas irónicas, con unos personajes bien dibujados y simpáticos. Un punto en contra es su alargada duración (2 horas) para una historia, al fin y al cabo, no demasiado complicada. Su primer tramo en Tokyo se hace algo reiterativo hasta que la historia se encara hacia lo más jugoso e interesante: el viaje de la familia a través de Japón, donde se proporcionan momentos muy bellos a nivel visual (esos campos de arroz japoneses son tan cinematográficos…) y donde subyace la moraleja del film.
Para Yaguchi (como ya demostró en Wood Job!) es urgente un regreso a la forma de vida sencilla y primigenia propia de nuestros antepasados. Una vida más feliz y llena de la sabiduría que parece que no tienen las nuevas generaciones. Survival Family ha resultado ser una muy agradable sorpresa que se aleja algo en calidad a los mejores trabajos de Yaguchi pero que derrocha inteligencia, ternura y simpatía. Notable.
(Redactado por el incombustible Adrián Roldán)


Okja ha tenido más polémica de la que debiera debido a su condición de film salido de la mega poderosa Netflix. Parece que el debate de si estos productos han de ser considerados cine o no ha tapado las enormes virtudes de la película en sí.
Debates al margen, es evidente que el éxito no ha hecho decrecer ni por asomo a Bong Joon-Ho ni su mala baba habitual ni sus afiladas críticas sociales. Tras disfrutar de classics como Memories of murder (2003) o The Host (2006), enormes eran las ganas de disfrutar de un nuevo trabajo de Joon-Ho tras la más que recomendable Snowpiercer (2013).
Okja es muy especial y vuelve a demostrar la tremenda habilidad de su director para mezclar géneros sin ton ni son; de la comedia al cine familiar, de la brutal critica capitalista hasta la "grotesquidad" del cine de terror. Es un retrato del mundo en el que vivimos: un mundo dominado por las mega corporaciones y la producción en masa. No hay nadie que se salve en la historia. Desde los dirigentes de las macroempresas de alimentación convertidos en seres desalmados hasta los activistas de pacotilla que sólo comen vegetales (lo único que parece no sentir dolor), o los ecologistas del nuevo milenio convertidos en auténticos farsantes y estrellas de la TV. De entre todo esto sólo queda la autenticidad e inocente relación entre una niña y su mascota, en un idílico paraje boscoso perdido en medio de Corea. 
Técnicamente, el film es impecable, y esa criatura tan entrañable (ese súper cerdo) es un prodigio de los efectos especiales que hace que empatizemos a la perfección con una criatura digital. Las interpretaciones se encuentran a un alto nivel con una descomunal Tilda Swinton a la cabeza y un Jake Gyllenhaal totalmente desbocado y en la que es la interpretacion mas difícil de aguantar por su histrionismo. La joven coreana Ahn Seo Hyun realiza un muy buen trabajo como niña perdida en medio de una odisea para salvar a Okja de convertirse en salchichas de consumo público.


Okja es una obra necesaria en estos días, que aúna espectáculo y una tremenda critica social, de muy fácil visionado y repleta de momentos excelentes, además no abandona cierta excentricidad en los comportamientos de los personajes (marca del director). Las persecuciones por la ciudad con Okja, la niña y los activistas son excelentes, y contiene momentos insólitos bajo su halo de cine familiar por su tono grotesco.
Un trabajo muy notable y que conforma una nueva joyita dentro de una de las filmografías más destacables y coherentes del cine reciente. Mi favorita de este año.
(Redactado por el galán de este blog, Adrián Roldán)

Como hemos visto en el análisis a la filmografía de Shunji Iwai que hemos realizado en este humilde blog, el pasado agosto de 2017 se estrenó en Japón un remake en formato anime de la primera obra de éxito del gran director japonés: Fireworks. El film original, pese a ser una TV-Movie poseía encanto, ternura y mucha naturalidad en sus jóvenes interpretes, además de un original planteamiento: ¿si hubieras hecho las cosas de otra manera, el resultado habría sido el mismo o habría cambiado?.
Esta versión animada de Fireworks recoge gran parte de las escenas y momentos que poseía la original, aunque finalmente la historia se dirige hacia terrenos diferentes debido a su orientación más abiertamente fantástica. El film, quizás por aprovecharse del efecto Your name (2016), contiene un elemento fantástico que se suma a esta historia de amor adolescente, a priori, imposible en la forma de una bola extraña con la que el protagonista puede viajar atrás en el tiempo y corregir ciertas decisiones.
Fireworks ha resultado ser un trabajo curioso, competente y digno de ver pero no memorable, ni tampoco una película que perdure en la memoria. Pese a sus 90 minutos, se siente demasiado alargado y reiterativo, y sus viajes en el tiempo no están tampoco bien aprovechados en la historia como para resultarte apasionantes o interesantes (al tercer viaje ya empezaba a estar hastiado).
Al film original le sobraban y bastaban 45 minutos para emocionarte, hecho que no llega a conseguir en ningún momento esta nueva versión. El romance se antoja algo soso y poco conmovedor y los momentos de humor, algo sonrojantes, no ayudan excesivamente.


Si bien, Fireworks goza de una idea original, (aunque que esté más o menos bien llevada, ya es otro cantar), una animación que cuando se dedica a plasmar los paisajes y ambientes de los personajes resulta preciosa y un clímax final conmovedor con la canción original que aparecía en el film de Iwai retumbando por los altavoces. No pasará a la historia pero bien vale un visionado.
Por otro lado, me resulta gracioso la sexualizacion extrema a la que están llegando los films anime actuales con sus personajes femeninos, no sólo de una school girl de 14 años, sino de las enormes y exageradas voluptuosidades de la profesora de instituto.
Yo por mí encantado, aunque acaba desviando la atención de lo que debería ser más importante e interesante, su historia. Como curiosidad, la actriz que pone voz al personaje de Nazuna es la belleza adolescente Suzu Hirose (y también buena intérprete) a la que hemos visto en Nuestra hermana pequeña (2015) o Rage (2016).
(Redactado por Adrián Roldán)

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 7

Es el turno de abordar una de las proyecciones más contundentes y angustiosas de la semana, la co-producción franco-británica "A prayer before dawn", del parisino Jean-Stéphane Sauvaire. En su búsqueda continua de plasmar realidades incómodas, el francés apunta ahora su objetivo hacia la figura de Billy Moore, un británico que luchó por sobrevivir en una infernal cárcel tailandesa, tratando de canalizar su horror personal a través de la práctica del deporte, en este caso el boxeo.
Despojada de cualquier lubricación comercial, el film literalmente nos sumerge en su aterradora realidad, llena de injusticias, torturas psicológicas, violencia y muertes. Un auténtico descenso a los infiernos en una lucha por salir vivo de la que seguramente sea la peor prisión del mundo, donde las leyes internas son escalofriantes (el suicidio es algo habitual), se comparte celda (por así llamarlas) con medio centenar de peligrosos presos amontonados y apenas existe higiene. Un verdadero calvario al que Moore, encarcelado por posesión de drogas, tuvo que hacer frente.
Un drama intenso, incómodo y durísimo, como pocos he visto, tratando con mucho rigor sus experiencias y sin recurrir a ningún tratamiento suavizador, recreando escenas que se sienten desde la butaca como un auténtico puñetazo al estómago, compartiendo las atroces vivencias que allí sucedieron.
Con los diálogos justos y unas potentes imágenes, "A prayer before dawn" no está en absoluto diseñada para tener apenas recorrido comercial, sino casi como un grito de socorro usando su cine como herramienta para reclamar derechos humanos básicos, señalar el abuso de autoridad y hacernos reflexionar sobre el poco valor que tiene tu vida en lugares como ese.


Sauvaire es completamente coherente con la elección de su puesta en escena, siendo agresiva y sin concesiones, por momentos mareante, a veces molesta, con el claro objetivo de conseguir meternos en esa atmósfera opresiva y frustrante, llena de sangre, odio e inmundicia, tanto social como física, que allí se respira. Recurre acertadamente a no subtitular la mayoría de diálogos en tailandés en el interior de la cárcel, para así estar obligados a compartir el miedo y soledad de Moore en toda su aspereza y no cometer el error de musicalizarla como si del típico film de prisiones se tratase, dándole un tratamiento sobrio e incluso rácano al apartado sonoro.


Un trabajo difícil, realista, con cierta esencia documental, donde las escenas de lucha están en un segundo plano, y que sin duda no será plato de buen gusto para muchos, aunque lo será, y con la etiqueta de cinta de culto, para otros.
(Redactado por el apolíneo Jesús Álvarez).

La vida de Jeffrey Dahmer, conocido en EEUU como "El carnicero (o caníbal) de Milwaukee", ha dado lugar a diversos documentales, películas, libros e incluso una novela gráfica, y es uno de los asesinos en serie más despiadados y tristemente famosos de la historia reciente.
Dahmer, prematuramente alcohólico, de sexualidad reprimida y del todo inadaptado, asesinó, troceó, violó, y a veces se merendó, al menos 17 hombres (la mayoría jovencitos), entre 1978 y 1991. Sentía un incontrolable impulso de consumir carne joven, pues eso le provocaba sus mejores erecciones, y después hervía sus cráneos para coleccionarlos en forma de cuencos, para sentirse más cerca de sus "favoritos".
Condenado a 15 cadenas perpetuas e irónicamente asesinado por un preso mientras cumplía su pena con tan sólo 34 años, Jeffrey Dahmer sigue siendo un caso a estudiar a día de hoy, provocando naturalmente la repulsa del mundo entero pero también fascinando a otros tantos, atraídos por este sociópata de tan desquiciado cerebro.
Ahí es cuando aparece el dibujante Derf Backderf, ex-compañero de Jeffrey durante la escuela e instituto, que poco tiempo después de la muerte del citado carnicero, creó una novela gráfica sobre sus años de estudiante, consiguiendo muy buena acogida crítico-comercial y dando lugar, en este 2017, a su traslación cinematográfica de la mano de Marc Meyers, que nos presentó el film él mismo en el marco del Festival.
Si bien la figura de Dahmer ya había tenido una adaptación previa protagonizada por Jeremy Renner en 2002 titulada "Dahmer, el carnicero de Milwaukee", ésta no consiguió sino repasar de manera burda y con brocha gorda ciertos episodios aislados de sus homicidios, señalando tan sólo algunas ideas simplistas sobre su psicológia y quedándose en la mera anécdota de lo escabroso, siendo un film mediocre y sin mayor interés.
La nueva versión, obviamente comprendida en los años de instituto que repasa la novela, seduce más por su amplia perspectiva psicológica, siempre tratando de enfocar su trastocado comportamiento social con cierto respeto y humor, pero a la vez con sentido de la responsabilidad crítica, esquivando aspectos excesivos y sugiriendo más que mostrando (como en la acertada y enigmática secuencia del coche, con Jeff y sus manos manchadas de "pintura"). Lamentablemente el patetismo del personaje se adueña del film allá por su meridiano, y acaso ahí se debilita, pues se detiene demasiado en subrayar algo que, por repetirlo, nos termina agotando.

La novela original

Podríamos decir que la película funciona razonablemente bien debido a que ya sabemos de antemano quién es el personaje, pues de lo contrario, sólo se apreciará un film más sobre nerds de instituto haciendo sus mongolidades y palpitando sexo.
Se agradece el esfuerzo del cineasta al frente por rodar en la verdadera casa de Dahmer, su barrio real y retratar lo más rigurosamente posible su situación familiar (su madre salida de un manicomio, padres al borde del divorcio...), incluso el uso de la música acorde a sus gustos originales, pero la película no alcanza mayor entidad que la de ser una adaptación curiosa y medianamente entretenida de una novela gráfica, restándole cierta personalidad y por supuesto, originalidad.


(Redactado por la mente más despierta del blog, Jesús Álvarez).


En 2012, la ópera prima de un joven director dio el taquillazo en los cines coreanos con una propuesta que daba una nueva vuelta de tuerca al thriller del país del soju.
Confession of murder se apartaba de la seriedad y crítica social de Memories of murder o del gore sucio e incómodo de The Chaser (por citar los referentes máximos de la mayoría de thrillers coreanos), por ofrecer directamente un espectáculo pop paródico e imposible, y que él mismo parecía burlarse de los patrones y giros rocambolescos de guión de sus predecesoras y pálidas imitaciones. Confession of murder, pese a no ser un film memorable, se antojaba entretenido y descerebrado. La casualidad dio que pudiéramos coincidir dos veces en el mismo día con su director,  Jung Byung-Gil, ya que no solamente para matar el rato asistimos a la proyección en Brigadoon de la ópera prima de Byung-Gil, sino que a la noche el director hizo de nuevo acto de presencia para la proyección de La villana, la última sensación del cine coreano.
La villana explota con creces el gusto de su director por las escenas de acción. El film venía precedido de excelentes comentarios debido precisamente a eso. Con ecos de Nikita y el thriller de acción más seco de Corea, La villana es un film que si bien alucina con sus set pieces de acción (su inicio en primera persona es un arranque impresionante), es una película que se antoja alargada en exceso, con una trama romántica y lacrimógena mezclada con venganzas varias y con muchos altibajos. Está excelentemente rodada, con una interpretación descomunal de Kim Ok-Bin, que para quien sigue el cine coreano desde hace muchos años era la fantasma adolescente de Whispering Corridors: Voice (2005) o la sexual vampira de Thirst (2008).


Como hemos dicho, se beneficia de sus escenas de acción (3 ó 4 verdaderamente memorables), las cuales están rodadas con un pulso y una magia alucinante con la cámara, atravesando recovecos imposibles (¿alguien me puede decir como han filmado la lucha en motos?).
El resto: una organización que entrena asesinas (todas bastante atractivas, claro), el amante resucitado, el love-affair de la protagonista con su vecino y la venganza por encontrar al asesino de su padre… son tramas más bien poco interesantes, simpáticas pero en exceso alargadas. Pese a todo, La villana es un film espectacular, salvaje y adrenalítico en sus escenas de acción, y que bien vale la pena un visionado.
(Redactado por el responsable de todo lo bueno que le pase a este blog, Adrián Roldán)


Entre 1989 y 1990, un escurridizo asesino en serie se las ingenió para acabar con la vida de 10 mujeres a pesar del acoso policial al que se vio sometido, en especial por parte del insistente detective Choi Hyung Gu (Jung Jae-young) al cargo del caso, quien a punto estuvo de atraparle antes de que desapareciera definitivamente todo rastro de él. Han pasado más de 15 años desde entonces y los crímenes ya han prescrito según la ley coreana. De forma sorprendente hará aparición Lee Doo Suk (Park Si-hoo) quien confiesa ser el autor material de los asesinatos aprovechando la presentación de un libro que ha escrito donde explica con todo lujo de detalles lo acontecido al respecto del caso, convirtiéndose al instante en un éxito de ventas sin precedentes. Esta situación creará un enorme revuelo en la sociedad, por un lado los familiares de algunas de las víctimas que verán la oportunidad de vengarse del asesino que les arrebató a sus seres queridos; la obsesión casi enfermiza para tomarse la justicia por su mano del detective Choi, al revivir toda la frustración que le dejó el no poder atraparle nunca, así como la interesante reacción de los medios de comunicación y el público en general, con todo un debate alrededor de si es lícito que un asesino confeso pueda campar a sus anchas y goce de total impunidad.
Uno de los mejores momentos en la escena inicial...
Asesino y policía cara a cara...
El arranque no puede ser más prometedor, con un inicio de auténtico vértigo mediante una secuencia que recuerda algunos de los brillantes momentos de un filme como Memories of murder (2003), con 10 minutos magistrales bajo una tenaz lluvia en los que asistiremos a una intensa, desesperada y adrenalítica persecución entre Choi y el misterioso asesino enmascarado. Sin embargo ese tono tan oscuro y espléndidamente filmado (las escenas con cámara subjetiva son realmente notables), entramos en un relato con tramos rodados de forma mucho más convencionales, y que acusa algún altibajo narrativo también. Afortunadamente gracias a ciertos giros sorpresivos del guion logran mantener el suficiente interés para seguir su desarrollo sin problema (debo evitar algunos comentarios que haría al respecto para completar mi análisis, por no desvelar algunas de sus mejores armas). Otro punto que no termina de funcionar son las puntuales persecuciones al volante que cada cierto tiempo toman el control de la película, tan y tan pasadas de vueltas que terminan por desequilibrar una película que podía haber dado para bastante más de haber seguido fiel a sus primeros pasos. Estos momentos de acción desenfrenada son más propios de una saga tipo Fast&Furious (auténticas fantasmadas, pero bastante bien rodadas aquí también, todo hay que reconocerlo) que no del teórico thriller que tenemos entre manos.
Una de esas persecuciones totalmente desfasadas...
La prensa acosando sin ninguna sensibilidad...
La película en términos generales es resultona y funcional, utiliza la historia de fondo del asesino en serie, que tan bien ha funcionado en otras producciones coreanas, para atacar la falta de sensibilidad de la sociedad en general y el sensacionalismo desmesurado que impera en los medios de comunicación, que hacen del "todo vale" su único principio con tal de lograr unas buenas audiencias. De esta forma, sorprende ver auténticos clubs de fans que se desviven por seguir al arrepentido asesino allí donde va, animándole y montando shows como si de una mediática estrella de rock adolescente se tratara. Obviando su turbio pasado, la sangre inocente que mancha sus manos, simplemente por su belleza y carisma. Tampoco se quedan atrás los medios de comunicación, como ya retratara el genial Billy Wilder en El gran carnaval (Ace in the Hole, 1951), que aquí no tienen inconveniente en prestarse al juego del asesino con tal de salir ganando.
El punto de partida es interesante, atisbamos un prometedor duelo particular entre Choi y Lee con muchas cuentas pendientes que saldar, y ambos actores ofrecen un más que correcto papel para hacer creíbles sus respectivos roles. Sin embargo, el hecho de que varios personajes secundarios están poco logrados (algunos de los familiares de las víctimas, por ejemplo) dejan algo huérfana a la cinta en este sentido y junto algunas ligerezas de su guion, no permiten que alcance cotas mayores. Con todo, resulta una propuesta apreciable para pasar un buen rato, pero que por su falta de una mayor consistencia poco después de terminarla puede resultarnos olvidadiza, tendremos que esperar otra ocasión para descubrir otro de esos thrillers coreanos que nos pongan la piel de gallina como The Chaser o I saw the devil, seguiremos buscando...
(Redactado por el único que pone un poco de orden en este blog, Marc Ventura)

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 6

Xavier Gens, responsable de la "inolvidable" Frontier(s), ha presentado este año su quinto largometraje, por primera vez en co-producción hispano-francesa, adaptando la primera y exitosa novela del catalán Albert Sánchez Piñol, "La pell freda".
La trama de la misma nos sitúa a principios del siglo XX, donde un joven guerrillero irlandés, huyendo de la realidad de su país, acepta un solitario trabajo como oficial atmosférico en un islote frío y remoto en mitad del océano. El único habitante del lugar malvive en su viejo pero casi infranqueable faro, donde parece haberse recluido totalmente y ya roza la locura. El oficial, pocos días después de estar en su pequeña cabaña no muy lejos del faro, descubre que no están solos, pues unos seres de origen desconocido salen de noche con letales intenciones. Ambos estarán forzados a entenderse para seguir vivos, pues la amenaza es cada día más grande y la munición va mermando.
Ignoro si la adaptación rodada por el francés es fidedigna o no al original, pues no he leído el trabajo de Sánchez Piñol, pero imagino que a grandes rasgos el discurso narrativo y su concepción en general irán de la mano, aunque obviamente mis impresiones se verán reducidas a mi experiencia cinematográfica. Dicho esto, y entrando a valorar la cinta, admito que lo prometedor del inicio es de largo lo mejor de la misma. La llegada a la isla, la presentación de los dos personajes y lo rápido que se siente la atmósfera (rodada entre Lanzarote e Islandia), es muy esperanzador, a la vez que despierta realmente nuestra atención.
Sus abstractas semejanzas con el mito de Drácula la convierten en previsible llegados al cuerpo argumental, pero aún seguimos atentos al devenir de su aventura costera, ya salpicada de un poco de terror suave, algo de suspense y un humor con personalidad, muy necesario.


Quizás sea por ese inapropiado y aborrecible uso del CGI en su afán de crear decenas de seres (más adorables casi que los protagonistas), inventarse una pequeña historia de atracción sexual extravagante y el hecho de insistir una y otra vez en las pesadas secuencias de asedio, que el film se desinfla hasta cansar, y nos salimos de ella con frustración, agotados de no ver un desenlace en  mejores condiciones.
Cierto es que no se trata en absoluto de una película de carcasa vacía, ya que de ella se pueden extraer valiosos mensajes de toda índole (desde el viaje personal de su acertado protagonista, el miedo al diferente, los prejuicios sociales o lo intrínseco a la soledad), pero como experiencia cinematográfica se queda algo justa, resultando en sí un trabajo digno y con cierta riqueza formal, pero lejos de ser lo que prometía.
(Redactado por el Messi del teclado, Jesús Álvarez).


Desde Corea nos llegaba una interesante propuesta de la mano del director Cho Sun-Ho, firmando aquí su primer largometraje como director, ya que hasta ahora solo había ejercido como guionista en sus trabajos previos. A day nos presenta una historia con bucles temporales, muy en la línea de Código fuente (2011), donde el protagonista despertaba en un tren y tenía unos breves minutos para evitar que volara por los aires, y cada vez que no lo lograba volvía a despertar en el mismo instante inicial pero con la ventaja de las experiencias previas para solucionar el problema. Aunque por otro lado encierra semejanzas con otro de los clásicos de bucles temporales como es Atrapado en el tiempo (1993), en lo que se refiere a como debe afrontar ese día el personaje encarnado por Bill Murray para romper con el infierno de revivir ese interminable día de la marmota.
De forma más o menos paralela, Jun-young, un eminente médico, regresa en un vuelo hasta Seúl el mismo día del aniversario de su hija, cuya relación ha descuidado durante años por culpa de su fulgurante carrera. Poco después, mientras va en coche para reunirse con ella, ve un taxi estrellado en el carril contrario y su condición de médico le fuerza a detenerse para atender a los posibles heridos. Sin embargo, la tragedia llega al percatarse que una de las víctimas es su propia hija que ha sido atropellada en el choque.


En ese momento despertará de nuevo en el avión creyendo que todo ha sido una terrible pesadilla, pero poco a poco entenderá que esa extraña sensación de dejà vu que está teniendo, en realidad se debe a que está viviendo de nuevo el mismo fatídico día en el que muere su hija. Jun-young deberá intentar por todos los medios llegar a tiempo para evitar el mortal atropello, pero esta aciaga e interminable jornada le deparará más de una sorpresa.
Como ya es habitual en los thrillers que nos llegan desde la prolífica Corea del Sur, el ritmo, acabado y nivel técnico de A day es impecable. Si bien es fácil pensar en su arranque que entendemos el juego, que es fácil preveer como va a seguir la historia y que llegados a la media hora parece que ya ha agotado todas sus posibilidades, nos sorprende al reformularse y empezar a partir de allí la parte más original al sumar elementos de venganzas típicos del país y otras bazas que mejor no revelar para mantener la incógnita a todos aquellos que quieran verla.
Todo ello consigue mantener nuestra atención ante este entretenido juego, con una carga emocional sin demasiados excesos ni estridencias -afortunadamente-, que termina resultando efectiva y la mar de entretenida. De la película se puede sacar una lectura a favor de la unidad familiar y de dar prioridad a estar con nuestros seres queridos en detrimiento de una mayor proyección laboral o egoísmos personales (recordemos que Corea del sur es uno de los países que más ha crecido en cuanto a competitividad estos últimos años a nivel mundial, pero con un mayor nivel de infelicidad entre los más jóvenes forzados a intentar ser los mejores aun teniendo que sacrificar todo lo demás).
(Redactado por el sacrificado Marc Ventura, mientras sus compañeros duermen).

El género carcelario fue uno de los predilectos dentro de la sesiones grindhouse de los 70. La entretenidísima "Brawl in cell block 99" parece seguir ese tono desprejuiciado de aquellos films. Un impecable Vince Vaughn interpreta a Bradley, un ex-boxeador con un matrimonio a punto de romperse que pierde su empleo como mecánico de coches. Debido a esta sensación pesimista, acaba decidiendo que su mejor opción es trabajar para un viejo amigo como traficante de drogas, pero finalmente es atrapado por la policía y condenado a prisión.
El film, dirigido por S. Craig Zahler (Bone Tomahawk), es tremendamente disfrutable pese a que su larga duración pueda jugar en su contra. Con el afán totalmente respetable de contar las motivaciones y situación familiar del personaje de Vaughn con detalle, la historia propiamente dicha en prisión no se aborda hasta pasada la hora de metraje. Se trata de un primer tramo que una vez visto el conjunto completo encuentras necesario para el devenir de la historia, aunque no se evita cierta sensación de que ésta tarde en arrancar.
Pero una vez Bradley entra en prisión, el film se convierte en un despliegue impecable de diversión a raudales con un Vaughn totalmente agobiado, soltando frases irónicas sin ton ni son y repartiendo “tullinas” a diestro y siniestro, con caras aplastadas, brazos torcidos entre otros golpes corporales verdaderamente dolorosos. Si encima se complementa con las presencias de Udo Kier y Don Johnson, ya sólo te queda coger un par de cervezas con nachos y a disfrutar del espectáculo. La ambientación y diseño de producción está muy bien llevado en general y en especial en la prisión de máxima seguridad donde acaba cayendo Bradley con unos pasillos y celdas realmente agobiantes y disgusting.


Brawl in cell block 99 es una cinta que muy posiblemente se le pondrá la etiqueta de “culto” en un futuro cercano (si no se ha hecho ya). Un film muy disfrutable, con un Vince Vaughn en su salsa, violencia exagerada y una historia bien plasmada, pese a que adolezca de un exceso de metraje. Muy notable.
(Redactado por Klaus Kinski)


El asturiano Yayo Herrero nos adentra con su cámara en un bosque plagado de minas en plena Bosnia-Herzegovina, de la mano de Alex y Selma (alemán él, natural de allí ella), una pareja al que su coche les ha dejado tirados en pleno follaje, mientras iban... camino al aeropuerto.
La chica, sensible por haber sufrido una pérdida reciente, se aferra con mucha fe a su amuleto hamajlija, de origen musulmán, en consonancia con sus creencias religiosas, que asegura la protegerá de cualquier mal. Sin embargo, algo se esconde en el bosque, una presencia enigmática que parece perseguirles. Sea como sea, con la ayuda de dos inquietantes montañeros bosnios tratarán de salir de ese infierno infestado de trampas, aunque quizás sea para meterse en otro asunto peor.
"The Maus" es uno de esos casos en los que el pasado cortometrajista del director aún se percibe en su obra, siendo más bien una curiosa idea (los vestigios bélicos de la zona manifestándose como si de un ser se tratase), pero que se percibe en exceso estirada, un mediometraje alargado que flaquea y se derrumba por el cúmulo de minutos.
De entrada no creo que nadie tenga que atravesar ese bosque para ir al aeropuerto, y menos adentrarse en él sabiendo que está repleto de bombas anti-persona. Y ya puestos, tampoco le veo mucho sentido al problema con su vehículo, atrapado de forma estúpida en el camino, dando lugar a una premisa inicial metida con calzador, por no decir absurda.


Aceptando las cosas como vienen de todas formas, el film tarda poquísimo en quedarse estancado, casi sin ideas y las pocas que lanza, mal resueltas, pues ningún personaje razona o actúa como debería, sobre todo los dos rudos indeseables de la zona, que terminan incluso dominando como nadie la lengua de Shakespeare.
Un sobresalto en su guión hace que retomemos el interés, pero se tratará otra vez de una falsa alarma, pues lo que se antojaba como una experiencia de pesadilla, acaba por ser un discurso moralista, que respeta integridades, religiones, y terminar por ser, incluso, dogmático. Un incordio sin mayor interés, con un personaje central masculino muy molesto, aborrecible y de paso, abucheado en la sala tras su proyección.
Una película sin alma ni corazón, que nos propone un juego de lo más aburrido y soso, y al que no nos interesa sentarnos a jugar.
(Redactado por el apuesto Jesús Álvarez).

Para los asiduos al blog, habréis visto el análisis a la filmografía de un director único como Shunji Iwai. En este Festival de Sitges 2017 hemos tenido la suerte de que proyectaran su última obra cinematográfica, A bride for rip van winkle (2016).
Este mastodonte de 3 horas tiene como protagonista absoluta a Nanami, miembro del personal docente de un instituto, que conoce a Tetsuya a través de SMS y decide casarse con él. Pero Nanami no tiene muchos parientes, por lo que recurre a la agencia Nandemo-Ya, llevada por Amuro.
Ella le pedirá que envíe gente a su boda con el objetivo de fingir que son parientes suyos. Al inicio de su matrimonio, Nanami pillará a Tetsuya teniendo una aventura, pero su suegra Kayako, insiste que es Nanami quien la tiene. Debido a ello, Nanami se verá obligada a abandonar su hogar. Amuro ofrecerá entonces a Nanami, que se encuentra en problemas, extraños trabajos a tiempo parcial.
A bride for Rip Van Winkle nos devuelve al Iwai más cruel y desolador, ése que analiza sin tapujos la sociedad japonesa actual así como la parte más oscura de las relaciones humanas. El tema principal del film se basa en el papel de la mujer dentro de la sociedad japonesa, un papel basado en las apariencias, en el obligatorio cuidado del esposo y en el cumplimiento de sus deberes sociales. Imagen y conceptos que Iwai analiza en nada más y nada menos que 3 horas de metraje.
Lo primero que podemos decir es que los planteamientos en los que se basa son más que interesantes y apasionantes. El recorrido vital del personaje de Nanami, de mujer que busca ser convencional pero que poco a poco se irá liberando de sus ataduras sociales hasta convertirse en un ser independiente y dueña de su destino, es el esqueleto por el que recorre el film.
En ese sentido, la obra es implacable y cruel con su protagonista, y en definitiva Iwai nos deja con el regusto de que no tiene ninguna esperanza en las relaciones y de qué forma la frialdad y el desapego es dueño de la sociedad de este nuevo siglo. Nanami conoce al que será su futuro marido a través de Internet y la ironía de que la muchacha debe acudir a una agencia de actores para que finjan ser sus familiares en la ceremonia está cargada de un conmovedor patetismo. Más aún cuando descubre que su recién marido tiene una amante, y por presiones familiares o por no resultar ser la buena esposa que se le exige, acaba siendo abandonada en plena calle, en la que es la escena más memorable y puramente Iwai del film.
Más tarde comenzará una serie de extraños trabajos en lo que resultará un viaje a la búsqueda de sí misma. Finalmente conocerá a Mashiro (quien resulta ser una actriz porno) con quien compartirá una extraña y solitaria mansión e iniciará una curiosa relación amorosa y homosexual llena de sutilidad y con destino trágico. Es en este tramo final en la mansión donde el film alcanza sus mejores momentos, con la pareja de féminas compartiendo momentos llenos de sensibilidad y amargura.
El problema con A bride for Rip Van Winkle es que resulta una sucesión de pequeños momentos interesantes pero que pecan de confusos y algo desordenados e inmersos en un metraje en definitiva excesivo.


A Bride for Rip Van Winkle supone el regreso de Shunji Iwai al cine de ficción con una obra muy interesante a nivel de contenido y planteamientos, como son el papel de la mujer en la sociedad japonesa y la parte más oscura de las relaciones sentimentales, pero es una obra que peca de exceso de metraje y cierta desorganización y confusión. Pese a todo, es un film bien curioso, distinto, que lleva indiscutiblemente el sello de su director y que alcanza momentos conmovedores gracias a su protagonista femenina a la búsqueda de su lugar en el mundo.
(Crítica aporreada por Adrián Roldán)

jueves, 12 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DÍA 5

Cada año, gracias a la inabarcable oferta del festival de Sitges (casi 300 trabajos audiovisuales de diferente índole), se hallan pequeñas gemas de autor, películas muy pequeñas, a veces diminutas, que sin embargo consiguen instalarse en tu cabeza y parasitar tus pensamientos durante un tiempo, si tienes la suerte de encontrarlas. De muchas de ellas ya nunca vuelves a oír hablar; de muchos autores ya no sabes nada más; y aunque el cine es libre, abierto, tolerante e infinito en sus posibilidades, en ocasiones también resulta implacable y desmoralizador.
En mi caso, y tras varios días de haber visionado "Dhogs", la ópera prima de Andrés Goteira, financiada por crowdfunding, rodada en gallego y de presupuesto muy modesto, creo tener la certeza de haber topado con una de esas joyas escondidas, un rara avis que activa las mentes y sacude tu intelecto, además de provocar una enorme diversidad de reacciones. Y eso, con el uso de tan sólo unos pocos elementos a su alcance.
Presencié como la gran mayoría de la sala rebuznaba lo lenta y mala que había sido, la pérdida de tiempo que les había supuesto y la tomadura de pelo que, en principio, creían haber vivido. No puedo estar más en desacuerdo. Me sentí frustrado al comprobar como muchos depositaban sus votos en la casilla del 1 a la salida, en caliente y quizás desbordados por el reto mental al que habían sido sometidos, ya que sin duda, el viaje que propone Goteira no tenía intención de ser placentero y plácido, sino más bien todo lo contrario.
Dividida en 3 enigmáticos capítulos (Taxi, Perros y Dhogs), con cierto sabor surrealista todos ellos y entrelazados de manera magistral, Dhogs cuenta sucesos extraordinarios de gente ordinaria. Un taxista, un ejecutivo desmotivado, una mujer solitaria, un cazador al borde del desquicio o un joven impulsivo y desequilibrado entre otros, componen este relato de ritmo pausado y crípticas intenciones, donde el espectador se bate en duelo contra la lógica, lo ingrato que supone la incoherencia y el reto de tratar de encajar las piezas, algo que puede desesperar a alguno si no se enfoca correctamente.


Yo en ella vi un peculiar y complejo juego de espejos, dando al público lo que siempre ansía dentro de un festival como éste (es decir, sexo, carnaza, locura, violencia y humor) pero desde un ángulo de perversa ironía, arrojándonos sutilmente (o no tanto), casi como si de un ritual de ofrenda se tratase, todos esos ingredientes a la cara como el que alimenta a un león en una jaula. Tratando de hacernos ver hasta dónde llega la simpleza de nuestra mirada como espectadores y con qué poco se nos satisface.
En "Dhogs" hay un poco de LynchDupieuxCarax o Warmerdam, quizás no buscado de un modo intencionado sino más casual, pero por fortuna contiene trazas de pura esencia autoral, obviamente no apta para todos los paladares, pero por supuesto ya se ha ganado la de unos pocos.
Que un film tan pequeño logre hacernos ir tan lejos, que se convierta en un rompecabezas casi imposible de descifrar y que además tenga una puesta en escena sin petulancias (lo que agradezco enormemente), merece como mínimo un respeto; y si además, tanto los diálogos como las secuencias están repletas de un extraño clima tan surrealista como fascinante, la convierten en una chiquitita joya a reivindicar, que debería levantar mucha más atención de la que seguro provocará. Aunque de algún modo, ella ya es perfectamente consciente de su condición y sabe que su trayectoria vital será breve, lamentablemente (o no, y ocurre el milagro).
(Redactado por el incansable Jesús Álvarez).

La proyección de The Farthest contó con la presencia de Emer Reynolds, su directora y guionista de origen irlandés, que comentó a grandes trazos lo que significó el proyecto de las sondas Voyager, así como el sueño que fue para ella poder rodarla y ver todo el recorrido que está teniendo. La película ya ha sido proyectada con muy buena acogida en The Tribeca Film Festival, Festival Parisciencie, Edinburgh International Film Festival, entre otros.
Aprovechando que se celebra el 40 aniversario del lanzamiento de las sondas Voyager 1 y 2 en su investigación en Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, y de sus lunas; el documental de corte científico repasa desde la concepción del proyecto a nivel teórico hasta nuestros días, ya que ambas sondas siguen viajando por el espacio. En el año 1977 el presidente de Estados Unidos era Jimmy Carter, pero quien dio luz verde en una primera instancia al proyecto fue Richard Nixon, aunque el escándalo del Watergate le impidió seguir al mando cuando las sondas fueron lanzadas. El montaje nos presenta a los protagonistas del proyecto, con entrevistas actuales donde repasan toda la concepción y desarrollo de una misión que duró más de una década desde su lanzamiento, así como el inserto de vídeos de esos años e imágenes de archivo de ambas Voyager que nunca habían sido vistas.

El documental brilla, tanto des del punto de vista de montaje y técnico, como por una narración que emana una emotividad gracias a sus imágenes,  pero también por la grandiosidad de ese viaje y por cómo el espectador va viendo como su lugar en el Universo es insignificante y meramente anecdótico.
Las imágenes de archivo desvelan una pasión por el desarrollo y descubrimientos que fueron llegando a lo largo del tiempo por parte de la comunidad científica y los periodistas, que casi nos remite a la ilusión de los niños cuando descubren por primera vez el mundo que les rodea; y es que la misión de las Voyager significó eso para la humanidad, poder conocer los planetas exteriores del Sistema Solar, de los que hasta ese momento sólo se sabía que existían por la observación a través de los telescopios.


Además de los componentes del equipo que estuvo encargado de la misión, el documental cuenta con intervenciones del mítico Carl Sagan o su hijo, quien puso su voz en uno de los mensajes grabados en los discos de oro que contienen información sobre la Tierra y la humanidad, que ambas Voyager cargan en su interior. Si bien la probabilidad de que alguna vida extraterrestre llegue a encontrarlas nunca es más bien remota, las Voyager se han convertido en el primer y único invento del hombre hasta la actualidad que ha logrado escapar de nuestro Sistema Solar y entrar en el espacio interestelar.
Una película didáctica pero poética y a la vez entrañable, lo que no suele ser muy habitual en este tipo de documentales. Muy recomendable.
(Redactado por Marc Ventura).

Como ya sabéis, William Friedkin ha venido al Festival de Sitges 2017, y entre otros menesteres seguro que más apetecibles para él, también aprovecha y conmemora el 45º aniversario de su obra cumbre "El Exorcista". Casualidades o no, otros cineastas de más discreto renombre muestran sus trabajos sobre la temática de las posesiones demoníacas y sus rituales de curación, ya sea porque sigue siendo un subgénero fértil en sí mismo o porque la figura del cura que exorciza siempre estará presente hasta el fin de nuestros días.
Sea como sea, entran en parrilla varios films de corte similar y hoy hemos presenciado uno de los más relevantes. Se trata de "El Habitante", del uruguayo Guillermo Amoedo, colaborador habitual del omnipresente Eli Roth y que nos avanzaba en su intervención que era la première mundial, ni él mismo había visto el resultado final, pues apenas habían terminado la post-producción hacía unas horas.
Tras visionarla, pienso que adolece de un serio tropiezo desde la base de marketing, y es el hecho de anticiparnos, ya desde su propia sinopsis comercial, que la niña atrapada en el sótano de la casa (mientras 2 ladronas aficionadas entran a robar), está de hecho, endemoniada.
Ese giro argumental, a ciegas, hubiera tenido muchísima más gracia que la de saberlo ya con anterioridad, pues nuestro interés por el robo y sus pormenores pasan desde un principio a un tercer plano, y sólo queremos que bajen al sótano a comprobar cómo es ese dichoso demonio.


Así, en su media hora inicial (casi como un prólogo) el film nace ya debilitado, y rápido detectamos carencia de medios, un trabajo de fotografía televisivo y diálogos someros, amén de unos intérpretes desacertados, que no malos.
El transcurrir de los acontecimientos venideros no nos depara tampoco ninguna sorpresa valiosa, aunque sí posee cierto ritmo narrativo, detalles muy acertados o momentos curiosos (la secuencia de la hermana pequeña en la bañera, algunos tics de la poseída o su empeño en confundirnos en su último tercio). No se trata de una película insignificante, pero sí irrelevante, pues su aportación tanto al terror como al subgénero al que hace referencia no es útil y la textura de telefilm frena el discurso propuesto. Mención especial, y con esto acabo, al inapropiado minuto final. Sonrojante es quedarse muy corto. Amén.
(Teclado aporreado por Jesús Álvarez).

Curvature es una pequeña película de bajo presupuesto que explota un tema tan interesante como peligroso: el de los viajes espacio temporales. Su atractivo es innegable y a poco que la película sepa jugar mínimamente bien los típicos elementos del género y no caer en incoherencias demasiado evidentes, los espectadores del festival siempre están receptivos a estas propuestas. Esta producción británica plantea la historia desde un punto de vista científico "serio", donde existe un proyecto científico que investiga la posibilidad de viajar en el tiempo, quedando fuera de juego tramas estilo Terminator, por mentar una de las más conocidas.
El arranque nos presenta a Helen, quien acaba de perder a su pareja el Dr. Wells, pionero de un experimento para lograr desarrollar una tecnología experimental que permitiera viajar en el tiempo. Aun con las secuelas por la reciente pérdida, una mañana se despierta desconcertada al darse cuenta que ha pasado una semana y no sabe qué ha pasado en todo ese tiempo. Si el shock por asimilar lo que está pasando no fuera suficiente, recibe una misteriosa llamada que le alerta de que en pocos segundos van a venir a capturarla y la ayuda a dar esquinazo a su persistente perseguidor. Helen no da crédito a la voz que ha oído por teléfono, ¿era ella misma?


A partir de aquí el desarrollo intenta mantener el misterio de si realmente ha existido tal viaje espacial o todo puede ser fruto de la imaginación de una mente que no atraviesa su mejor momento, y en líneas generales se puede decir que más o menos cumple su propósito siendo una película entretenida, donde han logrado que el planteamiento, desarrollo y la dosificación de pistas no hagan que las carencias de grandes efectos especiales o escenarios potentes sean un inconveniente.


No obstante, lo que realmente llega a lastrar la película son sus personajes, todos ellos nos trasmiten muy poco o nada, falta intensidad dramática y sobra algo de sensiblería, lo que hace que nuestra implicación en su devenir, ya sean los buenos o los malos de la función, sea más bien nula. Otro punto que juega en su contra es el innecesario subrayado para que todo quede claro al terminar su visionado. La típica historia con algunas ideas interesantes, que se deja ver, no supone una pérdida de tiempo, pero que está bastante lejos de poder perdurar en la memoria colectiva mucho tiempo.
Como curiosidad, decir que la película regala un par de guiños cinéfilos relacionados con los viajes temporales, como son la presencia de la ya veterana Linda Hamilton en un pequeño papel (demasiado pequeño) o que el impulsor del proyecto se llama Wells, como H.G.Wells, quien escribió La máquina del tiempo en 1895.
(Redactado por Marc Ventura).
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...