jueves, 19 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 9

El bullying es un tema muy corriente en el cine adolescente japonés. A silent voice le da una vuelta de tuerca al tema plasmando la problemática estudiantil desde una óptica a la que no estamos tan acostumbrados, la del acosador.
La historia gira en torno a Shôko Nishimiya, una estudiante de primaria que es sorda y que al cambiarse de colegio comienza a sentir el bullying de sus nuevos compañeros. Uno de los principales responsables es Ishida Shôya, quien termina por forzar que Nishimiya se cambie de escuela. Años después, Ishida busca la redención de sus malas acciones.
A silent voice es un film precioso que habla sobre la redención y la culpa. Una película que se beneficia de una animación excelente y una narración apasionante... que desgraciadamente va diluyéndose a medida que pasa el metraje. Pero, le pese a quien le pese, la primera hora es excelente. La narración, el estilo de animación tan sutil y original, desde esos títulos de crédito con My generation, el inicio del acoso y cómo el acosador acaba recibiendo su misma medicina y ya unos años más tarde se ve carcomido por la culpa e intenta recibir el perdón de la persona a la cual hizo la vida imposible. Un punto de partida apasionante y excelentemente llevado.


Desgraciadamente no podemos decir lo mismo de la segunda hora de metraje, en donde si bien aunque la historia se siga con agrado, ésta va cayendo en los mayores tópicos del anime más reciente, con melodrama exagerado, personajes que se unen a la causa y que aportan más bien poco a la trama (la chica de turno que intenta ganarse el amor del protagonista y fastidiar a la otra es un tópico que aparece en el 99% de los animes recientes...), e interminables momentos de conversaciones y discusiones entre el grupo de amigos. Una lástima, aunque el resultado final es bien notable, con una propuesta original y que se diferencia de otros productos comerciales. Aunque aléjense aquellos sensibles al exceso de azúcar.
(Redactado por el sensible pero apuesto Adrián Roldán)


Los responsables del documental "Caniba", el británico Lucien Castaing-Taylor y la suiza Verena Paravel, estuvieron presentes en la Sala Tramuntana y nos hicieron una breve introducción, de manera excepcional, pues casi nunca se prestan a tales menesteres. Su nuevo trabajo prometía emociones fuertes y hacernos pasar por una experiencia estomagante, y de algún modo lo fue, pero no de la manera que supongo ellos esperaban...
El documental explora y trata de analizar la mente de un criminal antropófago, y se atreve a aproximarse a una figura imposible de olvidar, la del japonés Issei Sagawa (y de paso a su hermano Jun, otra pieza de museo). Issei, mientras estudiaba literatura en la Sorbona parisina en los años 80, se encaprichó de Renée Hartevelt, una hermosa compañera holandesa que, pese a dejarle bien claro que no estaba interesada en él, accedió a cenar en su casa el 11 de junio de 1981.
Tal cortesía fue letal, ya que tras asestarle un golpe en la cabeza con un martillo, Issei la hizo picadillo, la exploró post-mortem (me ahorro detalles, obviamente) y se la zampó poco a poco, lo que le provocaba una enfermiza y reconfortante sensación de proximidad amorosa, idílica y retorcidamente romántica.
Lucien y Verena, culpables de todo esto.
No fue difícil detenerle y condenarle, pero por un malabarismo legal incomprensible, Issei vive ahora tan tranquilo en Tokyo junto a su hermano Jun, que a su vez merecería otro documental para él solito, ya puestos.
El menor de los Sagawa, de ahora 68 años, consciente ya de su repulsiva condición, nos relata sin despeinarse cómo fue todo aquéllo, qué le impulsó y por qué ya no lo volvería a hacer, pese a no poder evitar pensar en atrocidades día sí, día también (algunas, según relata, inconfesables por su extrema crueldad).
Sin duda la concepción del documental es más que sugerente, morbosa y llamativa, y aunque nos provoque rechazo social en mayor o menor medida, todos queremos indagar y saber un poco más sobre el enajenado nipón (o eso creo).

El desafortunado manga

Lo que sucede es que el tándem de hipsters Lucien &Verena filman acorde con el asunto, o sea, incómodamente. Planos detalle o primerísimos primer planos desenfocados y movidos sobre la tez del protagonista, silencios prolongadísimos, secuencias en vacío y trucos desesperantes explorando espacios nos sitúan entre la pequeña línea del aburrimiento y el hastío el 95% del metraje, provocando el murmullo en el público, nervioso por ver que no pasa ni dicen nada en pantalla.
Bromeando con amigos... ¿increíble eh?.
Puedo llegar a comprender que la pareja de "auteurs" huya de lo políticamente correcto como objetivo de su autoría, incluso que pretendan romper todo tipo de convencionalismos formales, no caer en lo cómodo y lanzarnos un nuevo reto fílmico, pero el resultado no es otro que un efecto somnífero, casi narcótico en la audiencia (y mucho abandono de sala).
La historia de uno de los más célebres antropófagos confesos es fascinante, no lo pongo en duda, y se agradecen esos pequeños momentos WTF que contiene el film (un repaso al manga creado por el mismo Issei relatando lo acontecido (¡ver para creer!), secuencias pornográficas o incomprensibles parafilias), pero en conjunto se trata de un trabajo muy irregular, por momentos insoportable y que desborda cierta pedantería en su puesta en escena, más caprichosa y experimental que funcional.
Me quedo con el temerario intento de arrojar algo de luz sobre el comportamiento caníbal en el ser humano, lo que ha supuesto acercarse de la manera más desprejuiciada posible a tan complejo sujeto y la reflexión final sobre el verdadero sufrimiento de una mente tronada, tan compleja y dañada que se autodestruye día a día, tratando de controlarse.
(Redactado por el nuevo Pérez-Reverte, Jesús Álvarez).
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