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viernes, 16 de noviembre de 2018

OPERATION RED SEA (2018)

Hace 2 años, Dante Lam emocionó a un servidor con "Operation Mekong (2016)" y su despliegue de set-pieces de acción imposible, frenética y de ciencia ficción, pero al parecer no tuvo suficiente hemoglobina derramada en el celuloide.
La nueva locura de Lam, "Operation Red Sea" multiplica por 100 los tics y gusto por la acción por parte del director. Una película que no mantiene conexión con la anterior más allá del título y parte del cast. En China, el éxito ha sido abrumador, convirtiéndose en la segunda película más taquillera de la historia del país.
El corazón de la trama narra cómo la Marina del Ejército Popular de Liberación lanza una operación de rescate para salvar a un rehén en Ihwea y desata, en consecuencia, una batalla feroz con rebeldes y terroristas.
"Operation Red Sea" (Hong hai hang dong, 2018) es una experiencia alucinante en todos los sentidos. El despliegue de burradas que van pasando por delante de nuestros ojos es tal que no puedes evitar pasártelo en grande. Set-pieces de acción rodadas magistralmente con un grado de tensión casi insoportable y sobre todo con un nivel de gore que ni Peter Jackson en sus inicios. No se hacen concesiones; soldados enemigos, civiles y niños son atrapados por las balas y las bombas siendo despedazados y desmembrados. Todo un festival sanguinolento que se complementa con una exaltación del ejército chino y un patriotismo que acaba por resultar divertidísimo por delirante.



Un film en definitiva de excelente factura técnica y buen manejo de la tensión, y que si uno se la toma medio en broma, se convertirá en una fiesta inolvidable. Bravo de nuevo por Dante Lam, pero a ver cómo es capaz de superar esta carnicería.
Por cierto, hay que tenerlos muy cuadrados para seleccionar a "Operation Red Sea" como la representante china en los próximos Oscars de Hollywood.

Adrián Roldán

lunes, 21 de mayo de 2012

LA AMERICANIZACIÓN DE EMILY (1964)

En primer lugar, y antes de deshacerme en elogios hacia este film tan estimable (y desconocido), me gustaría aclarar el origen de su título, pues no tiene desperdicio alguno. Se entiende (según la novela homónima de William Bradford Huie en la que se basa la película), que en épocas de guerra, una mujer europea acepta "americanizarse" en el momento que intercambia favores sexuales a los altos mandos del ejército yanki para obtener diferentes comodidades como pueden ser ropas, alimentos o viajes (en ningún momento dinero), por lo que no sería estrictamente el ejercicio de la prostitución, sino un jocoso intercambio de favores de mutuo acuerdo.
Así se las gasta el director canadiense Arthur Hiller (no hay ironía alguna con Hitler que yo sepa) para explicarnos su peculiar versión del conflicto bélico, concretamente de la Segunda Guerra Mundial.
El oficial de la Marina Charles Madison (un genial James Garner) desempeña las funciones de "ladrón de perros" a su almirante en jefe, o lo que es lo mismo, le procura todas sus necesidades y peticiones como el mejor sirviente posible (incluido el hacerle masajes personalmente, servirle las copas, conseguirle alcohol y como no, ofrecerle mujeres).
En su estancia en Inglaterra, Charles se quedará prendado de una viuda llamada Emily (Julie Andrews en su única aparición en pantalla en blanco y negro ), quién confiesa haber perdido en la guerra a su marido, a su hermano y a su padre. Emily se verá fascinada y disgustada a partes iguales por el carácter del americano, quién menosprecia la valentía y defiende su cobardía a ultranza, esgrimiendo que así no habría guerra alguna ni falsos héroes caídos en combate. La incipiente inestabilidad mental de su Almirante en Jefe (un Melvyn Douglas muy adecuado y locuaz) provocará que sus peticiones y órdenes sean cada vez más extrañas, enviando a nuestro miedoso protagonista a filmar una película documental nada más y nada menos que a la playa de Omaha, en pleno desembarco de Normandía, con objeto de registrar quién es el primer caído en lo que puede ser la hazaña naval más importante de todos los tiempos.
Comenzará así una historia de amor muy poco convencional entre una británica y un americano (las discusiones entre ellos son antológicas) que tratarán de salvar sus diferencias éticas mientras ahí fuera se libra la mayor de las Guerras, dando lugar a situaciones de auténtico delirio y repletas de sátira política y social.


La película, estrenada en medio mundo en 1964, no pasó la despreciable censura española (para mí, lo más execrable del mundo del cine) y no llegó a estrenarse hasta pasados 20 años, allá por 1984.
Lo cierto es que esta sutil comedia antibelicista merece toda mi admiración y respeto, pues se ha convertido con honores, en una de mis favoritas sátiras al más puro estilo Lubitsch o Wilder.
Sus dos espléndidas horas de excelentes diálogos y lujosas interpretaciones la convierten en una obra maestra a redescubrir, y no solo por ofrecer un guión tremendamente inteligente y un desarrollo de lo más delirante, sino por su retórica elocuencia en contra de la Guerra y su admirable destreza para plasmarlo con una elegancia sin igual. Su peculiar manera de explicar la historia es un punto fuerte a destacar, ya que es capaz de hablar de la colonización americana con un humor negro muy certero (los yankis repartiendo chocolate como si los demás fueran inferiores), o de las formas de prostitución encubierta (memorables las escenas sexuales del comandante Bus, interpretado por un James Coburn espléndido). De obligada mención también son las secuencias en el aeropuerto (nada que envidiar a Casablanca) o la lúcida reflexión antibelicista de Charles en el jardín de la madre de Emily, enmudeciendo tanto a la señora como al respetable.
Capaz de mostrar en pantalla como un soldado vomita sin parar mientras escucha el sermón militar (buenísimo) o de explicar la pasada promiscuidad de Emily como un "exceso de ternura", el film de Hiller (aún con vida a día de hoy, con 88 años) es un prodigio cinematográfico injustamente menospreciado, con una calidad técnica sólida (fue nominada ese mismo año en los apartados de mejor fotografía y mejor dirección artística) y un acabado global de sobrada elegancia, sin pedanterías ni finales felices.


Despertando mi ojo más crítico, quizás se le pueda achacar que hinca mucho el diente pero no envenena, que sugiere mucho sexualmente pero nada enseña (también se le puede considerar un acierto a este punto, según se vea) o que en determinados momentos parece no saber hacia dónde va, como si el montaje no fuera del todo exacto.
Recomendable 100%  y endiabladamente divertida, este películón no desmerece en absoluto al lado de grandes joyas como Ser o no ser (Lubitsch,1942) o Uno, dos, tres (Wilder,1961), todos prodigiosos alegatos en contra de lo absurdas que son las Guerras.

domingo, 29 de enero de 2012

DESAPARECIDO EN COMBATE (1984)

La guerra de Vietnam sumió al pueblo americano en una época de frustración derrotista que afectó sensiblemente no sólo a los que consiguieron volver con vida tras combatir en aquél infierno tan adverso, sino en cierto modo a toda una nación, que vio como su Gobierno no era transparente con los acontecimientos que allí sucedieron. Las innumerables bajas (casi 60,000 muertos americanos) obviamente no han sido nunca del todo digeridas en los Estados Unidos, y de alguna manera necesitan redimirse con la ayuda de películas repletas de honrosas victorias y transmitiendo una y otra vez una sensación de justicia final con un irritante mensaje patriótico que tanto les reconforta a ellos pero que acaba por molestarnos en mayor o menor medida al resto.
El título que os sugiero hoy es un claro ejemplo de esa clase de cine, de una calaña concreta (belicismo testosterónico) que pobló los videoclubs en los años ochenta y que hoy en día, ya enteramente desfasados, tan sólo se pueden mirar desde una óptica nostálgica, recordando una época en la que Chuck Norris era el más "cool" del planeta, o al menos eso pensaba yo con apenas 10 años. Tras revisionarla hace pocos días, mi sensación cambió notablemente, aunque una parte de mi (maldita nostalgia) sigue pensando que formó parte de mi enseñanza cinéfila y frena mis instintos más críticos, aunque trataré de ser lo más justo posible en mi valoración adulta.
El coronel Braddock (como no, un Chuck Norris de acero) estuvo prisionero durante 8 meses en Vietnam, pero consiguió escapar. Siete años después, ya en Estados Unidos, aún tiene pesadillas de Guerra, secuelas imposibles de aliviar y sigue siendo incapaz de reconducir su vida tras pasar por aquél infernal campo de prisioneros. Convencido que aún quedan soldados americanos retenidos allí (la Guerra ya terminó), vuelve a la ciudad de Saigón (hoy llamada Ho Chi Minh, la ciudad más grande de Vietnam) en un viaje con representación gubernamental americana para recuperar a sus compatriotas, pero los militares Vietnamitas dicen no saber nada de esos campos y mucho menos de sus soldados.
Tras sonsacarle información bajo amenazas a un general enemigo, el coronel Braddock decide tomarse la justicia por su mano y viajar a Bangkok, donde se encontrará con su ex-compañero Tucker, que mientras tanto se divierte de lo lindo de prostíbulo en prostíbulo.
A su manera, consigue una lancha super blindada, montones de munición, un helicóptero de guerra y una embarcación lo suficientemente grande como para volver a Vietnam, a sacar a sus "muchachos" de allí, no sin encontrase con alguna que otra sorpresa.


A partir de ahí, pues lo que ya podéis ver en la portada, tiroteos, explosiones y bravuconadas varias del fortachón de pelo lacio y barba frondosa que satisfarán al impresionable amante de lo bélico pero que agonizará al pacifista más redomado.
Constituyó la primera colaboración entre la productora Cannon y el rudo Chuck Norris, con un enorme a la vez que incomprensible exitazo de taquilla, que provocaría dos secuelas más para colmo del cinéfilo. De hecho, las dos primeras entregas se filmaron seguidas (ya se sabe, abaratar gastos en suelo filipino, mismos actores, ahorro en los desplazamientos...) y tras verse el resultado, se optó por estrenar primero la segunda parte, que era mejor y mucho más interesante.
A que te liquido de un soplido....
Fue así como esta "Desaparecido en Combate" vio la luz en primer lugar para luego estrenarse su secuela, recalentada como una precuela, debido a que narra el infierno vivido por Braddock en sus 8 meses de sufrimiento.
En el film, recuperan algunos flashbacks de aquélla en momentos concretos, se dan a entender viejas rencillas a través de perturbadoras miradas (terribles interpretaciones) y acaban por meter al espectador en un viaje cinematográfico con piloto automático, con un único trayecto posible, unirse a la terquedad intelectual del peludo karateka.
Entrar en su juego es fácil si estamos dispuestos a creernos su enfoque distorsionado. Los americanos representan aquí la justicia, el compañerismo y la inteligencia bélica. Por contra, los pueblos asiáticos sólo saben mentir, irse de putas o vivir como ratas (da igual que esté en Tailandia o Vietnam, todo es una cloaca de perdedores), por lo que una vez digerido este punto, podemos disfrutar sus hazañas como yo lo hice en su día.

Si bien es cierto que conserva un metraje entretenido y a veces incluso, estimulante, se pierde ella misma en un tumulto de despropósitos sin remedio. Una música de tonos mantenidos que provoca por igual suspense y desesperación al espectador, un concepto de la acción demasiado simplón y un guión que no destaca por su originalidad que se diga, convierten a esta cinta en un pasatiempos fílmico sin pretensión alguna y en verdadero ejemplo de lo que se ofrecía en las estanterías de los videoclubs de la época.
En medio de eternos forcejeos machotes y puñetazos por doquier, encontraremos algunas cámaras muy bien colocadas en según qué escenas (en persecuciones, cerca de los ríos o en el corazón de la jungla), denotando un sorprendente oficio en las maneras de algunos responsables y elevando la calidad del producto hasta hacerlo fácilmente consumible.
Su carácter comercial y rigurosamente patriótico necesitaba una cara conocida que representara el potencial americano, y ahí estaba el bueno de Norris. Con las mismas capacidades interpretativas que un bloque de hormigón y unas cuantas demostraciones marciales del rubio karateka, tan sólo hacían falta unas limitadas líneas de diálogo contundentes como esta:
- ¡No debió matar a esa pobre gente en Bangkok! (Chuck dirigiéndose a un entrometido militar vietnamita que lo quiere matar)
- La guerra no perdona, argumenta el asiático.
- ¡Sí, la guerra no perdona! sentencia Norris mientras lo acuchilla casi piadosamente.
No entraré en delatar las decenas de incongruencias presentes en el film (esa camisa de flores de Tucker mientras un Chuck Norris de 44 tacos va de camuflaje... ¡por favor!), pero cuesta creerse que las balas enemigas aquí no funcionen y malgasten sus energías tontamente, ya que serán tiroteados por los buenos a la primera de cambio y caerán desde torres bien altas o volarán por los aires incluso antes de saber que hay una granada.
Apreciaciones quisquillosas aparte, el film es pasto de los tópicos y un desfile de las mayores fantochadas posibles (Norris ahuyentando a macarras tailandeses con bufidos), en medio de una aventura caduca en nuestros días pero que milagrosamente conserva aspectos paladeables, como una peculiar atmósfera de cine filipino de calidad. Difícil recomendación pues, pero para gustos...

sábado, 30 de julio de 2011

SAHARA (1943)

Zoltan Korda rodó esta película en el año 1943, en plena II Guerra Mundial.
Se nota que fue creada en parte por la necesidad de transmitir un mensaje propagandístico positivo y pro-aliado, pero a pesar de ello, la película no cae en centrarse unicamente en ese cometido y nos regala 90 minutos entretenidísimos del mejor cine de aventuras.
Nos sitúa en 1942 en el Norte de África, donde la ciudad de Tobruk ha caído en manos de los alemanes y los aliados reciben la orden de retirarse. El sargento Joe Gunn (Humphrey Bogart) al mando de un tanque americano se encuentra con que la única ruta de escapatoria implica atravesar el desierto del Sahara y hacia allí se dirige. Durante su trayecto recojerá a seis soldados británicos aislados, a Tambul un cabo sudanés y a su prisonero italiano, Giuseppe.
Pronto la necesidad de encontrar agua se convierte en la prioridad principal para el grupo y finalmente en el pozo de Bir Acroma, casi seco del todo, logran abastecerse del tesoro más preciado en medio de ese infernal desierto.
Por otro lado, un batallón alemán con más de 500 hombres se encuentra también atravesando el desierto y con una necesidad acuciante de agua, ya que todos los pozos de su ruta están secos, por lo que como última opción se dirigen a Bir Acroma, donde para su sorpresa se encuentran con una resistencia inesperada. El Sargento Gunn intentará mantener sea como sea el pozo hasta la llegada de refuerzos británicos.
Estamos ante una obra con un ritmo trepidante que nos mantiene enganchados en todo momento, con un guión sencillo pero tremendamente efectivo (a pesar, repito que tiene un tono propagandísitico donde se exalta a los aliados y se intenta degradar bastante a los alemanes), ayudado por la gran fotografía del desierto a cargo de Rudolph Maté que logra transmitirnos tanto la desolación del paisaje del Sahara, como la sed y penurias que están pasando todos sus protagonistas. 
Humphrey Bogart tiene una gran actuación aquí en un papel que le viene como anillo al dedo, conduciendo a su querida "Lulabelle" (nombre del tanque), al que trata igual que a muchas de sus femmes fatales de las películas de cine negro, llamándola "nena", diciéndole lo bien que se está portando, o como la quiere. Asimismo destaca J. Carroll Naish en su papel como Giuseppe, logrando una tierna actuación (genial la escena en que es abandonado en medio del desierto y su súplica).
Me ha gustado mucho que al final, el conflicto quede reducido a conseguir agua por ambos bandos, algo tan elemental y carente de valor en muchos casos, que da que pensar si no es una crítica a la estupidez propia de la mismísima guerra y sus fines.
Recomendadísima, sin ninguna duda, un clásico que vi hará como 25 años y del que solo recordaba unas pocas imágenes (el soldado llenando un cazo mientras gotea agua en el fondo del pozo, los aliados atrincherados como pueden e incluso el sorprendente final que me quedó grabado en la retina y del que no voy a soltar prenda... hay que verla).

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