domingo, 18 de noviembre de 2018

DEADTECTIVES (2018)

La primera piedra en el camino de este festival 2018 ha resultado ser la endeble ópera prima de un tal Tony West, cineasta con nombre de rapero cool, que nos arroja su híbrida y desafortunada propuesta, a medio camino entre "Cazafantasmas" y un mal episodio de Scooby-Doo.
Intrascendente, sin ideas y repleta de bobadas, "Deadtectives" (no sé si me gusta o no el título todavía), sigue a los responsables de un programa televisivo que ridiculiza lo paranormal solo por tener audiencia (de hecho existe uno en realidad, titulado "buscadores de fantasmas", que seguramente inspiró a West a cocinar este invento), pero al ver que peligra su show, acceden a ir a una mansión encantada en un remoto lugar de México. Los fantasmas que allí habitan, como era de prever, no son una farsa como hasta ahora.
Pues bien, contado esto, contado todo, pues es una mera excusa argumental para amontonar bromas frenéticamente, algunas lógicamente bien encajadas, pues el tema lo permite, pero en líneas generales bastante lamentables, pura diversión banal, pólvora mojada, sin ingenio ni cerebro.
Con un protagonista sobreactuado más su novia de regalo y un par de amigos cortos de entendederas dentro del pack, tenemos un cóctel que parece más bien el episodio piloto de una serie adocenada de aire británico, sin mayor recorrido y que a buen seguro funcionó mejor en la mesa de guionistas que en pantalla.


Sin embargo, en mi afán de rescatar lo positivo de casi cualquier proyecto, trataré de extraer aspectos más acertados, como por ejemplo el diseño sorprendentemente espeluznante del fantasma de la muerte, los juegos idiomáticos constantes entre inglés/español o el tratamiento, desentonado pero en cierto modo respetable, de filmar correctamente el género sin que éste horrorice, rebajando tensiones y banalizando lo tétrico, tarea nada sencilla. No es un insulto a nadie, pero acaba siendo prescindible, casquería de festival

viernes, 16 de noviembre de 2018

OPERATION RED SEA (2018)

Hace 2 años, Dante Lam emocionó a un servidor con "Operation Mekong (2016)" y su despliegue de set-pieces de acción imposible, frenética y de ciencia ficción, pero al parecer no tuvo suficiente hemoglobina derramada en el celuloide.
La nueva locura de Lam, "Operation Red Sea" multiplica por 100 los tics y gusto por la acción por parte del director. Una película que no mantiene conexión con la anterior más allá del título y parte del cast. En China, el éxito ha sido abrumador, convirtiéndose en la segunda película más taquillera de la historia del país.
El corazón de la trama narra cómo la Marina del Ejército Popular de Liberación lanza una operación de rescate para salvar a un rehén en Ihwea y desata, en consecuencia, una batalla feroz con rebeldes y terroristas.
"Operation Red Sea" (Hong hai hang dong, 2018) es una experiencia alucinante en todos los sentidos. El despliegue de burradas que van pasando por delante de nuestros ojos es tal que no puedes evitar pasártelo en grande. Set-pieces de acción rodadas magistralmente con un grado de tensión casi insoportable y sobre todo con un nivel de gore que ni Peter Jackson en sus inicios. No se hacen concesiones; soldados enemigos, civiles y niños son atrapados por las balas y las bombas siendo despedazados y desmembrados. Todo un festival sanguinolento que se complementa con una exaltación del ejército chino y un patriotismo que acaba por resultar divertidísimo por delirante.



Un film en definitiva de excelente factura técnica y buen manejo de la tensión, y que si uno se la toma medio en broma, se convertirá en una fiesta inolvidable. Bravo de nuevo por Dante Lam, pero a ver cómo es capaz de superar esta carnicería.
Por cierto, hay que tenerlos muy cuadrados para seleccionar a "Operation Red Sea" como la representante china en los próximos Oscars de Hollywood.

Adrián Roldán

jueves, 15 de noviembre de 2018

SANTO CONTRA EL DOCTOR MUERTE (1973)

A pesar de la fama y el larguísimo recorrido (cuasi interminable) de esta mítica saga, la proyección de "Santo contra el doctor muerte" era mi primera aproximación al orondo y entrañable enmascarado de plata. Dentro del Festival de Sitges, la pequeña y humilde sala Brigadoon es el último refugio del cinéfilo, un lugar que resucita joyitas escondidas y muy raras de encontrar para el aficionado.
Grandes momentos he vivido en esta sala, donde destaco el visionado de las obras más bizarras de Jesús Franco, la cita anual obligada con algún documental sobre el splatter italiano o la inolvidable sesión de "Rape Zombie" 2 y 3.
En esta ocasión, y con motivo del homenaje a la estupenda Helga Liné, se proyectó la cinta que nos ocupa, uno de los films clave de la saga del luchador mexicano. Ya la sinopsis es demencial: unos ladrones entran en un museo y causan daños en el cuadro Los Borrachos de Velázquez. Se le encarga la restauración de la obra al doctor Mann, sin saber que es precisamente uno de los criminales.
Lo que Mann hará será sustituir el cuadro por una réplica. Además, tiene a varias mujeres en su lozanía secuestradas en un castillo.
Aprovechando que el mítico wrestler y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto con al detective Paul.
Con más de 50 títulos en su haber, la saga del Santo es una de las más largas de la historia del cine, y abarca desde la seminal "Santo contra Cerebro del Mal (1958)" hasta ya entrados los primeros años 2000. ¡Cuál ha sido mi sorpresa durante el visionado del presente film!.
Lejos de encontrarme con una cinta aburrida y cutre de serie Z (así es la fama que arrastra la franquicia), "Santo contra el doctor muerte" (la entrega nº 42), ha resultado a la postre una filmación divertidísima y deliciosamente naif.


A pesar de que su extenso metraje para un proyecto de estas características (cuasi 100 minutazos) se haga muy cuesta arriba, la película es un despliegue pulp con mad doctors, enemigos imposibles, bases secretas subterráneas, compuertas, trampas mortales, muchas jovenzuelas luciendo palmito y un superhéroe permanentemente enmascarado y que es todo un galán con las féminas pero duro de pelar cuando se le requiere. Además, Liné (la verdadera protagonista), rezuma atractivo y buen hacer como espía y no somos excesivamente torturados con interminables batallas insípidas de lucha libre mexicana con Santo mostrando sus pectorales. En definitiva, una muy divertida muestra de Serie B que nos invita a seguir rastreando la saga.

Adrián Roldán

miércoles, 14 de noviembre de 2018

INUYASHIKI (2018)

Muchos conocimos a Shinsuke Sato gracias al enorme revuelo que montó la festiva proyección de "I am a hero" en 2015, la adaptación del célebre manga de zombis de Kengo Hanazawa.
Desde entonces, al director le han llovido nuevos proyectos relacionados con los live-actions de animes y mangas varios, desde la nueva "Death Note: El nuevo mundo (2016)" a la esperada adaptación de "Bleach (2018)".
El film que nos ocupa hoy, "Inuyashiki", se posiciona como el trabajo más destacable hasta el momento del director japonés, adaptando el manga de Hiroya Oku, creador de Gantz. De entre el ingente aluvión de este tipo de cine que asalta Japón desde hace años (algo parecido a la invasión Marvel en Occidente), "Inuyashiki" está un escalón por encima de estas adaptaciones, por lo general algo chapuceras, aunque entretenidas.
El citado Inuyashiki, un hombre de mediana edad, y Hiro, un adolescente corriente, son atrapados por un extraño rayo gracias al cual adquieren poderes especiales. Cada uno de ellos usará ese extraño poder de manera muy diferente.
La película destaca por presentar a un personaje inolvidable, un hombre cincuentón cuya vida no puede ser peor, con una familia que lo desprecia y un trabajo terrible, hasta que de un día para otro, se convierte en un cyborg con capacidades asombrosas.
Por otro lado tenemos a Hiro, el típico outsider teenager del cine japonés, de padres separados y objeto de bullying en la escuela, que cuyo odio y rabia irán convirtiéndolo, poco a poco, en un villano. Destaca un intento por dar tridimensionalidad a los dos antagonistas, dándole a cada uno un trasfondo y una razón de ser bastante coherente.



Se rodea todo el metraje de un halo épico (y dramático) muy conseguido, manteniendo las vidas y desarrollo de la pareja protagonista en paralelo la mayor parte del tiempo, hasta estallar en el clímax: una sorprendente matanza de “inocentes” en el centro de Shibuya con posterior batalla robótica llena de espectacularidad, donde destacan unos  efectos especiales sobresalientes. 
Inuyashiki, así, se erige como un film muy entretenido a pesar de sus giros dramáticos y tragedias personales exageradas (un tic del cine japonés que al ya acostumbrado no le molestará), pero decididamente espectacular, a la vez que reinterpreta el género superheróico tanto japonés como occidental a los nuevos tiempos. Notable.

Adrián Roldán

martes, 13 de noviembre de 2018

ATERRADOS (2017)

Las críticas previas anunciaban "Aterrados" como “el film que ha hecho renacer el cine de terror argentino”, entre otras lindezas del estilo. Pues bien, no puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación, ya que ha resultado ser una muestra más bien justita del subgénero fantasmagórico, con muchos tics a "Expediente Warren", el Japan Horror y la comedia argentina más descafeinada.
La película presentaba, a priori, todos los elementos para salir airosa, véase: un prólogo espeluznante y efectivo, una buena ambientación con todo un vecindario siendo aterrorizado por presencias y maldiciones fantasmales, más unos para-psicólogos que intentan detener dicha amenaza espectral.
Su punto fuerte (que entre en materia desde el minuto uno) es, a su vez, su punto débil, ya que nos encontramos con una película forzada, que no dedica el tiempo suficiente para calentar a la audiencia, ni prepara un ambiente certero de terror ni se detiene a crear unos personajes mínimamente bien construidos.
Todo aquí parece artificial, desde esos para-psicólogos de postín que no se los cree nadie, y claramente deudores de la ola Warren, hasta esos golpes de humor -a la argentina- que no paran de sacarte de la cinta (el momento cadáver del niño en la cocina es totalmente risible).
A su favor podemos argumentar que "Aterrados" funciona como una montaña rusa de emociones,y golpes de efecto más o menos constantes, un tren de la bruja de apenas 85 minutos con criaturas extrañas, fantasmas, sustos y sangre.



Consigue varios momentos truculentos como el mencionado prólogo, las visitas nocturnas del extraño ente al vecino, o su descontrolada pero certera recta final. Muy a nuestro pesar, "Aterrados" no cambiará ni la historia del género de su país ni la de ningún otro, siendo simplemente una obra digna pero en todo momento falseada y blood free.
Su director, Demián Rugna, lo dijo en la presentación : -“Llevaba 9 años con esta historia bajo el brazo y nadie la quería, hasta que cuando por fin me la ofrecieron, la realicé, pero casi sin ganas”. Lamentablemente, se ha notado.

Adrián Roldán

lunes, 12 de noviembre de 2018

AFTER MY DEATH (2017)

En una cinematografía coreana cada vez más comercializada y algo repetitiva (aunque cada año localicemos 4 o 5 joyitas interesantes), se agradece una aproximación a lo mejor que ofrece el cine independiente, cada vez más oculto, del país del soju.
"After my death (Choe Manheun Sonyeo, 2017)" venía precedida por varios premios de gran importancia en festivales coreanos, y ha sorprendido gratamente a un servidor, encontrándose con toda una experiencia, incómoda y por momentos inquietante, pero muy interesante.
Una chica de instituto muere una noche, y al día siguiente la policía empieza a investigar los pormenores del trágico suceso. Una compañera de clase es sospechosa de haberla estado molestando y sale a la luz un posible bullying en clase. Mientras, la madre sufre buscando respuestas y el instituto intenta hacer todo lo posible por volver a la normalidad y salir adelante. El arranque del film engancha de primeras con la policía investigando el supuesto suicidio y a los posibles sospechosos de ello, que bien podrían encontrarse, fácilmente, en su propia clase.
Ahí es cuando asistimos a un cúmulo de pistas falsas, caminos que no llevan a ninguna parte y un misterio que parece crecer cada vez más a medida que nuevos descubrimientos se van conociendo. Una película que como ya afrontaron con gran acierto clásicos del reciente cine coreano como "Princesa (2013)" o "Un monstruo en mi puerta (2014)", se adentran en la parte más oscura y violenta de la difícil etapa del adolescente.



"After my death", a pesar de su calidad, se queda un escalón por debajo de las previas mencionadas, pero es capaz de introducirnos durante un par de horas en una atmósfera rara, agónica y asfixiante, con sorprendentes momentos inquietantes de violencia psicológica y física, además de un final, que a pesar de la primera reacción de insatisfacción que pueda provocar por abstracta, es coherente y acertada, generando más preguntas que respuestas. Una obra que va creciendo con el tiempo y la distancia. Ciertamente interesante.

Adrián Roldán

domingo, 11 de noviembre de 2018

THE OUTLAWS (2017)

"The outlaws" ha sido una de las sorpresas coreanas del 2018, gracias a una trama que combina el sobado y repetitivo thriller coreano con el policíaco, y todo aderezado con grandes dosis de humor. Estamos ante un film sin pretensiones, cuyo único objetivo, que no es poco, es hacer pasar un buen rato al espectador.
La historia sigue a Jang Chen, recién llegado de China, que trabaja como prestamista en una sórdida zona de Chinatown, Seúl. A su vez, Ma Suk-Do hace lo propio, pero como detective en la misma área. Él trata de mantener la paz, mientras dos pandillas chino-coreanas se enfrentan por el poder.
La factura técnica de esta "The outlaws" es sencillamente impecable, además de contar con una dirección en lo concerniente al ritmo del todo imparable, donde no se escatiman esfuerzos por ofrecer algún momento truculento, totalmente marca de la casa.
Pero el alma del presente film no es otro que Ma Dong Seok, actor que había aparecido en innumerables producciones (siempre como secundario), pero que tras su carismática participación en aquella adrenalínica "Train to Busan (2016)",  se encuentra en un momento muy dulce en su carrera; y no es para menos, aunque de algún modo se esté convirtiendo en una suerte de Bud Spencer a la coreana.
Su personaje, el teniente de policía de dudosos métodos, cascarrabias y que a la mínima reparte cachetadas a los delincuentes, se desvela realmente divertido. Una interpretación que hace que un film, a priori mil veces visto, haga que eleve el nivel hacia convertirlo en un producto notable, digno de verse.



"The outlaws" es una cinta de acción destacable y muy entretenida, de ritmo endiablado y con ajustadas (y realmente acertadas) dosis de humor, diversión y drama, tan característico en el cine contemporáneo coreano.

Adrián Roldán

sábado, 10 de noviembre de 2018

ONE CUT OF THE DEAD (2018)

"One cut of the dead" se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año, y ni sus creadores se lo acaban de creer. Nacida a partir del trabajo de unos estudiantes de cine en Japón, con apenas 27.000 dólares de presupuesto pero con mucho ingenio, pasión y amor; y eso se nota.
De estrenarse en solo 3 cines en territorio nipón y gracias al boca a boca, el fenómeno ha ido creciendo, hasta que meses después, el film aún esté colocado en el Top 10 nacional, con cerca de diez millones de dólares recaudados además de triunfar por cada festival donde se exhibe.
¿Es pues "One cut of the dead" merecedora de tanto revuelo?. Decididamente sí.
Era muy esperado la llegada de este film al certamen de Sitges y así se ha hecho notar en su primera proyección, en una Sala Tramuntana llena hasta la bandera, con casi todo el cast presente. Sin duda, dicha proyección se ha convertido en uno de los momentos más mágicos y emocionantes que he podido vivir en los 13 años que llevo asistiendo al festival catalán.
El proyecto se basa en la grabación de una película de Serie B sobre muertos vivientes, hasta que ésta se ve interrumpida por un auténtico apocalipsis zombi.
A todo aquel que se acerque a tan encantador film, cuanto menos sepa, mejor, porque su original guión es una de sus grandes bazas. Una obra que abre con un plano secuencia totalmente amateur algo discutible y que hace que empieces a dudar y preguntarte: ¿Pero qué estoy viendo?. Hasta que aparecen los zombis, claro, y el rodaje se convierte en un desmadre. No os digo nada más.
"One cut of the dead" rezuma amor por el cine por los cuatro costados. Y no solo amor, también pasión y cariño por el proyecto que se está levantando, con unos actores entregados y una merecida reivindicación del trabajo de todos los que están tras las cámaras y que se dejan la piel por su proyecto.



Un largometraje que se pasa en un suspiro, cuyos personajes son verdaderamente entrañables, de humor sano, muy gamberro, y unos giros de guión verdaderamente originales, que dan una nueva vuelta de tuerca al tan hastiado cine de no-muertos. Muy bien. Desde ya, mi favorita del año.
Aparecen los créditos finales, las luces de la sala Tramuntana se encienden y nos devuelven a la realidad. La sala estalla en aplausos y se pone en pie, girándose hacia los responsables allí presentes, que emocionados, se levantan con lágrimas en los ojos, agradeciendo la acogida. Cinco minutos de standing ovation y todos tan felices. Porque amamos el cine.

Adrián Roldán

viernes, 9 de noviembre de 2018

MANDY (2018)

Había mucha expectación tras los primeros avances de "Mandy", presentando una idea de base insuperable como es ver a un cada vez más desbocado Nicolas Cage, ensangrentado y moto-sierra en mano, enfrentándose a una secta pseudo-católica y demás criaturas del averno. Y así lo demostraba una kilométrica cola que daba la vuelta al Auditori Melià siendo poco más de las 8 y media de la mañana.
El resultado final seguro que no era lo que esperaban exactamente muchos de los espectadores. Red (Cage) es un leñador que vive alejado del mundo junto al amor de su vida, Mandy; un día, mientras da un paseo abstraída, se cruza sin saberlo con el líder de una secta que desarrolla una obsesión por ella. Decidido a poseerla a cualquier precio, él y su grupo de secuaces invocan a una banda de motoristas venidos del infierno que la raptan, y en el proceso, hacen añicos la vida de Red. Con la obvia intención de vengarse y equipado con toda clase de artilugios, pone en marcha una matanza que deja cuerpos, sangre y vísceras allá por donde pasa.
El film está dirigido de manera muy personal por Panos Cosmatos, quien te introduce en una experiencia visual única y original que espantará o se adorará a partes iguales.Un estilo visual surrealista, un viaje lisérgico donde predominan ambientes con filtros rojos muy marcados y la sempiterna banda sonora a ritmo de una estruendosa guitarra eléctrica compuesta por el tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson.
La obra se compone de dos partes muy diferenciadas. Una primera hora hipnótica, densa y lenta, situada mayoritariamente en una cabaña, donde Cage y su compañera son asaltados por la secta de tarados cristianos, ya que el líder de ésta, como he avanzado, dice sentirse maravillado y deslumbrado por la mujer del gran Nicolas.


Una primera mitad que cabalga pues entre la fascinación y el hastío con un tempo inesperado para el que se ansiaba una fiesta gore con Cage masacrando villanos desde el minuto uno. En la segunda hora vemos la tan deseada venganza, donde los “Jesus Freaks” son masacrados. Es destacable la desagradable presencia de una especie de cenobitas motoristas del infierno que harán pasar un mal rato a nuestro anti-héroe.


Nic Cage sigue dándolo todo a nivel interpretativo, a pesar de encadenar bastantes filmes de muy dudosa calidad, y ofrece una interpretación intensa y pasada de vueltas (la escena del lavabo es gloriosa en ese sentido, con una botella de vodka engullida como si fuera agua).
"Mandy" es irregular pero fascinante en su forma y estilo visual; logra trasladarte a un mundo tenebroso y al infierno de una forma literal gracias al poder de sus imágenes y la maquiavélica e inolvidable banda sonora, que funciona como una invocación al mismísimo demonio.
El resultado en definitiva es curioso, hipnótico y cansino a partes iguales. La historia está mil veces vista y se antoja repetitiva, pero es en el poder de sus imágenes donde esta "Mandy" merece una oportunidad. Recomendable.

Adrián Roldán

jueves, 8 de noviembre de 2018

VALLEY OF SHADOWS (2017)

"Valley of Shadows" (Skyggenes Dal), primer largometraje de Jonas Gulbrandsen, es una extraña aportación noruega al mundo del fantástico, tímidamente cautivador y ¿sobre?cargado de imágenes sugerentes, casi gélidas, donde no todo funciona pero que sí logra impregnarnos de una atmósfera de ensoñación, que juguetea con lo esotérico, y aportando al género algo más sobre ese desconocido pero apasionante subcultura escandinava sobre lo mágico y eterno.
Estamos ante una pequeña historia de un niño de apenas 6 años, Aslak, que vive junto a su madre en una zona remota de Noruega. Una trágica noticia que conmociona a la mujer, de inmediato precipita al introvertido joven a tratar de entender lo sucedido y embarcarlo en un viaje de crecimiento personal, en solitario, tanto físico como espiritual, a través del impresionante entorno natural noruego, percibiendo desde la óptica intacta de un niño los misterios y realidades del mundo que le rodea.
Lo subjetivo se distorsiona aquí con la realidad de forma severa, a niveles casi metafísicos, dentro de un film que tiene su principal baza en el enclave donde todo sucede, pues la fuerza de la Naturaleza otorga, por sí sola, un enorme poderío visual. Reminiscencias culturales autóctonas (que a buen seguro se me/nos escapan), junto a otras fuentes más manidas como la licantropía o el imaginario infantil se dan la mano dentro de un contexto que bebe de lo gótico y lo terrorífico, pero sobre todo de lo sensorial, convirtiéndose en una experiencia cercana a lo íntimo.


Razonablemente interesante, el filme sin embargo cae a menudo en el tedio por su fuerte apuesta de un ritmo en exceso onírico y pausado, afectado de demasiada intencionalidad emotiva. Sin el menor género de dudas, se trata de un diminuto proyecto repleto de valores, capas psicológicas y diferentes lecturas acerca de la transición generacional, el crecimiento espiritual o la difícil aceptación de una pérdida, además de servir como terapia al autor, en mayor o menor grado.


A pesar de que el fondo y la forma son coherentes entre sí (cosa que aplaudo), llegan también a provocar, al mismo tiempo, dos caras de una misma moneda. Lo que sirve a Gulbrandsen como escenario de su triste y educativa narración, nos adormila y a veces anestesia, a poco que desconectemos un minuto (que sucede). Su apagada puesta en escena, silenciosa y contemplativa, aunque bella y visualmente agradable, acaba por resultar narcotizante, y la omnipresencia del niño protagonista, expresión paroxística del ario de ojos azules y pelo dorado, enfría más si cabe la obra.
No resulta encomiable pero aporta un poco de aire nuevo al cine fantástico con sello de autor, además de indagar en conceptos complejos del ser humano, explorando campos de difícil transitar. Eso siempre se agradece, aunque el espectador no se enamore.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

EDERLEZI RISING (2018)

Atraídos por una siempre atractiva premisa de ciencia ficción espacial y bastante a ciegas por ser una ópera prima, nos decidimos a entrar en "Ederlezi Rising", del serbio Lazar Bodroza. Se nos anuncia, minutos antes de proyectarse, que el film contiene una suerte de relación decididamente tórrida entre un humano y una androide con I.A. (encarnada por la actriz porno estadounidense Stoya), algo que incrementa, como es natural, nuestro interés inicial.
Situados en el año 2148, y sin apenas recursos en nuestro planeta, algunas grandes compañías se dedican a colonizar nuevos mundos. Es el caso de la avanzada corporación soviética Ederlezi, que envía a Milutín, un astronauta yugoslavo, de viaje a Alfa Centauri para instaurar conceptos ideológico-políticos allí.
Nimani, una robot humanoide de avanzadísima tecnología, le "asistirá" en sus necesidades durante el largo trayecto, siguiendo en todo momento las reglas establecidas por un complejo software empresarial. Cuando un cada vez más inestable Milutín trate de desconfigurarla con afán de humanizarla, todo se complica y el viaje toma un rumbo inesperado.
La película de Bodroza, muy blandita y sin apenas ritmo, se queda muy lejos de alcanzar sus propósitos, tanto formales como filosóficos, dentro de un contexto que ni funciona ni interesa, y mucho menos convence.
El 95% de la cinta transcurre en el interior de una supuesta nave con intención de alcanzar nuestro sistema solar vecino, Alfa Centauri (situado a más de 4 años/luz, nada menos), pero ya tardan más de 6 meses en llegar a Saturno, por lo que perdemos cualquier rigor de temporalidad realista. Además de mostrar el interior de la astronave como si de un sótano de discoteca se tratase, con un panel de risa y amplios espacios del todo innecesarios. Un desastre conceptual inválido y grotesco, a todas luces erróneo.


Más allá de estas florituras cosmológicas, más o menos relevantes, la historia no ofrece mucho más que un romance poco estimulante (y muy poco tórrido he de decir), entre un inestable, impredecible y poco fiable astronauta ¿o ingeniero? altamente traumatizado y su cyborg customizado acorde a sus predecibles y peligrosos impulsos. Algo incomprensible como decisión empresarial, pues está destinado al desastre.
La supuesta "humanización del androide", leitmotiv sin sutileza alguna, apenas aporta matices ni invita tan siquiera a la reflexión, pues el film se ve superado por el asunto que trata, sin éxito, de abordar.
Únicamente algunos recursos de iluminación y la reconfortante presencia de Stoya (de madre serbia y ex de Marilyn Manson), dan lumbre a tan oscuro proyecto, y pese a que sus esfuerzos caen en saco roto, es ella la única que se graba en nuestra retina al terminar la proyección, y no solo por su marcada sexualidad, sino por impregnar de cierta elegancia un producto menor.

martes, 6 de noviembre de 2018

THE NIGHT COMES FOR US (2018)

Ver una cinta de hostias orientales es una tradición Gareth Evans creó una de las obras definitivas del cine de acción mostrando un ritmo desenfrenado, una violencia descarnada y unas luchas de artes marciales que quitaban el hipo. Después vino Timo Tjahjanto, un director procedente del género de terror más “disgusting” (VHS 2, Macabre...), agarró a la estrella de The Raid, Iko Iwais, y nos lo hizo pasar pipa a todos hace dos años con "Headshot (2016)", una nueva muestra de acción y hostias sin concesiones.
inapelable en el Festival, y "The night comes for us" no la iba a dejar escapar. La dupla de films de "The Raid" causaron una pequeña revolución en 2011 y 2014, respectivamente. Desde Indonesia, el inglés
Pero si Headshot era un producto que podríamos considerar de videoclub, pese a sus grandes aciertos, Tjahjanto se supera a sí mismo con una de las obras definitivas del género.
"The night comes for us (2018)" cuenta la historia de Ito, un hombre que trabajaba para la mafia, el cuál tendrá que proteger a una joven y escapar de su anterior banda criminal, en una violenta batalla en las calles de Jakarta.
Producida por Netflix, la cual permitió al director total libertad para hacer las burradas que quisiera, el film es un espectáculo alucinante que no da tregua. Da igual que la historia sea más fina que el papel de fumar, que ya ni recuerdas por qué están luchando ni el por qué de tantas muertes, y que hay personajes que vienen y van solo con la excusa de ofrecer alguna escena de acción más, la película te quita el aliento.



"The night comes for us" es la culminación del género, una obra que aglutina el silat (las artes marciales indonesas), el cine de acción de Hong Kong, las artes marciales chinas y el gore cartoon de "La historia de Ricky (1991)". 
Las escenas de acción, salvajes y sanguinolentas a más no poder, son un festival de la carne hecha trizas, donde cualquier objeto puede ser usado para matar, un espectáculo cartoon pero no necesariamente cómico que nos shockea a cada segundo y que no deja de superarse. Un film que pese a sus dos horas largas de duración no da respiro desde el minuto uno, a pesar de algún pequeño bajón de ritmo en su meridiano.
Iko Iwais vuelve a demostrar sus habilidades, aunque cambiando a un registro algo más oscuro, cosa que se agradece, y Timo Tjahjanto ofrece una clase magistral de dirección realizando varias acciones en paralelo y sin perder en ningún momento el pulso o el ritmo. 
"The night comes for us" es de obligado visionado para los amantes de las tullinas sin complejos, del gore salvaje y de la acción desenfrenada. Inolvidable.

Adrián Roldán.

lunes, 5 de noviembre de 2018

LEGEND OF THE DEMON CAT (2017)

Atraído más por la comodidad horaria que por un interés específico, me acomodo en la butaca del Retiro para tratar de deleitarme con "Legend of the Demon Cat (Kuukai, 2017)", una co-producción chino-japonesa de corte histórica y generoso metraje, la cual incorpora elementos fantásticos y que, salvando las obvias distancias estético-culturales, se decía era deudora del estilo Sherlock Holmes.
Pues bien, lo cierto es que una vez dejas de asombrarte por la sugerente aunque inocua y muy estudiada belleza de sus encuadres, todos impecables hasta el delirio, sus milimétricas vestimentas de época o su clásico dinamismo teatral (los actores se mueven rígidos, casi como si estuviesen en un tablero), y pensamos en despojar la película de sus aparentemente fabulosos aspectos formales, descubrimos que nos queda un relato algo raquítico, seguro basado en alguna leyenda milenaria intocable por esos lares, pero carente de mayor entidad más allá de jugar a enseñar valores de parvulario.
Impacta comprobar como, en una impecable paleta de colorido visual tan de quirófano, incomprensiblemente añaden un gato negro digital, el demoníaco del título, que más bien nos recuerda al de la serie Sabrina, aquél minino deslenguado de nombre Salem. Ese hecho, por tonto que parezca, nos saca de la película a cada momento, pues la trama gira entorno al pequeño felino, que a causa de unos sucesos muy, pero que muy extraños, acaba siendo poseído por el único testigo de un misterioso asesinato.



A lo largo de sus más de dos horas de relato, por momentos muy cuesta arriba, descabalgué de la película varias veces, pues aunque sí contenga minutos de interés debido a que abre una investigación por un homicidio, los Holmes y Watson asiáticos de postín (aquí un monje japonés y una suerte de poeta pelmazo), nunca llegan a conectar con el espectador, que jamás es cómplice de la trama.
Es más, vivimos la pseudo-aventura desde la lejanía, sin apenas aclararnos con lo que allí acontece, solo boquiabiertos por su espectacular belleza formal, pues el tejido conceptual es tal, que ocasiona un verdadero caos narrativo, desembocando en un popurrí de datos cruzados solo al alcance de las mentes más despiertas. No parece ser mi caso. Y menos en la sobremesa.


Así pues, estamos ante un proyecto con un envoltorio precioso que, a pesar de la densidad intelectual de la que alardea, se siente más como un quiero y no puedo, un producto que peca de ambicioso y se trastabilla en el intento. Más aburrida que conseguida y mucho más vacía de lo que parece, pese a tener un concept art realmente soberbio
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