sábado, 4 de junio de 2011

MEMORIES OF MURDER (CRÓNICA DE UN ASESINO EN SERIE) (2003)

En el año 1986, en una zona rural de Corea de la provincia de Gyunggi, aparece una joven muerta y salvajemente violada.
Lo que nadie espera es que estos crímenes se vayan repitiendo con el paso del tiempo con el mismo modus operanti, desconcertando a una policía que no está para nada habituada a tratar con este tipo de atrocidades, sino más bien a tener la tranquila existencia típica de un pueblo.
Se creará un cuerpo de investigación especial con la misión de atrapar al asesino, liderados por Park Doo-man (gran acutación de Song Kang-ho), pero los acontecimientos les superarán y desarmarán al no tener ninguna experiencia previa con un criminal tan diferente de su día a día. Poco a poco parecen aceptar lo que tanto se temen: entre ellos habita un temible psico-killer que caza chicas.
La impotencia del cuerpo policial les llevará a buscar como sea un culpable a quien poder cargar el muerto, falsificando pistas, forzando confesiones imposibles y usando torturas si es necesario.
Desde la capital, Seúl, será enviado el detective Seo Tae-yoon (Kim Sang-kyung), quien a priori tiene más experiencia para afrontar una investigación tan complicada como esta. Sin embargo para desesperación de todos ellos, con el paso del tiempo la resolución del caso parecerá cada vez más lejana por culpa del escurridizo asesino...
Estamos ante una de mis películas preferidas del cine coreano, casi podríamos decir que fue mi bautismo en el 2003. Confieso que entonces me dejó alucinado el buen cine que se hacía en un país del que solo conocía algunas de las famosas producciones de Kim Ki-duk, y que la revisión que acabo de hacerle no ha cambiado mi opinión al respecto.
A priori todo parece indicar que tenemos una típica película de asesino en serie e investigación policial de por medio y que va a ser una más, pero no es así.

La naturalidad y manera de interpretar que tienen los coreanos le va como anillo al dedo a esta película (muy bien todo el reparto, destacando el detective Park y el chaval retardado, que lo borda) y logran que nos sumerjamos sin darnos cuenta en una historia dura, que no puede dejar a nadie indiferente.
El guión está perfectamente trazado y sabe en todo momento mantenernos en una tensión constante, así como describir las limitaciones de esa época. Como les es imposible identificar al asesino, los presuntos culpables que son inocentes hasta la médula, no hacen otra cosa que demostrar el caótico momento que viven los agentes que van de un lado a otro sin saber exactamente qué buscan.
No hay medios técnicos ni humanos para hacer frente a este depredador (las escenas de los crímenes pisoteadas por todo el mundo son un claro ejemplo de desorganización y falta de planificación, o el no poder efectuar una mera prueba de ADN en todo el país y tener que enviar la muestra a los Estados Unidos), por lo que es comprensible la gran dificultad de que la investigación avance de una manera lógica y coherente.
La sala de interrogatorios, parece un sótano triste y desangelado, para nada la típica sala aséptica a la que estamos acostumbrados en producciones americanas, y allí veremos algunas de las escenas más curiosas de la película, intentando convencer a inocentes de que confiesen que son culpables.
Por supuesto que hay imágenes impactantes, cómo no, y consiguen darte de lleno, pero sin necesidad de mostrar un exceso de violencia explícita, sino más bien jugando con planos en que se respira la tensión del momento, la violencia latente y el miedo de todos ellos.
Una grandísima película basada en hechos reales ocurridos en esa época en Corea y que de verdad se merece que le deis una oportunidad, seguro que os sorprende gratamente. Su director, Bong Joon-ho, hace un par de años nos ha vuelto a impresionar con otra película que guarda ciertos paralelismos con esta, Mother (2009) y que también es una acertada elección si buscáis un film como el que tenemos entre manos.

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