

A eso se le une la salida al mercado del fármaco Viagra (el cual aún no he probado) que será el éxito personal de Jamie (Gyllenhaal) y el que le otorgará ventaja con sus competidores farmaceuticos. La historia pues se centra en diferentes fases de una relación, desde la pasión inicial, pasando por fases de desajustes, ruptura y desenlace final con velitas y perdices.
Hay algo inusual en este film, y es la potente relación química y profesional de los protagonistas, que resultan estupendos cuando comparten plano, pero se emborronan a solas (al menos, así lo he notado yo) y que nos deja un resultado final de dificil valoración.

Como no, las escenas de cama (o de suelo más bien) están carnalmente pronunciadas, enseñando al límite de la censura y siendo un imán para el público, que siempre le va bien entre discursito y discursito algo de calor carnal.

Basada en la historia real del vendedor del famoso fármaco, que narró sus correrías en un libro y que ahora adaptan en tierras Hollywoodienses con ciertas garantías y suficiente encanto, para que engañarnos.
Si la intención del director Edward Zwick era asomarse sutilmente a "El último tango en París" como se ha llegado a oír, la comparativa resulta demasiado osada, pues aquí no hay mantequilla ni esclavitud sexual impersonal como en aquella obra del imprescindible Brando, sino que más bien hay una marcada complicidad actoral, salpicada de cierta pasión desenfrenada.
Película a fin de cuentas comercial, digerible y que bebe un poco de la tragicomedia al poseer un telón de fondo a merced de una enfermedad incurable que le otorga cierta profundidad ética, aunque todo se quede en la portada y no se atrevan con las consecuencias de dicha patología. No defraudará ni aburrirá, pero no significa nada en el mundo del arte cinematográfico, ni ahora ni después, eso os lo aseguro. No me iré sin anunciar que Anne Hathaway será la nueva Catwoman en el tercer Batman de Christopher Nolan, que con toda seguridad, merecerá la pena verlo.
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