El director Thomas Leroy (Vincent Cassel), tras anunciar la retirada de su estrella principal Beth Macintyre (Winona Ryder), buscará una nueva bailarina para el papel principal de la nueva adaptación que está preparando del clásico El lago de los cisnes.
La obsesión de Nina por alcanzar la perfección, y poder por fin llegar a ser la estrella por lo que lleva luchando toda su vida, harán que más que nunca viva solo por y para el ballet con tal de conseguir ser la elegida.
Las exigencias de interpretar a la vez el papel del cisne blanco, todo sensibilidad, fragilidad y dulzura, y a su némesis, el cisne negro, imagen del descontrol, sensualidad y la encarnación del mal, harán que se obsesione hasta límites insospechados con su trabajo.



Vincent Cassell, en su papel de director, sabe transmitir la dureza y exigencia hacia sus bailarinas. Él más que nadie reconoce las virtudes de Nina, su técnica y control que le sirven para bordar su papel como cisne blanco, pero es el primero en señalarle que precisamente ese control le impiden ser el cisne negro, exigiéndole que libere la sensualidad y el poder de seducción que tiene reprimidos con frases como: "Perfection is not just about control; it’s also about letting go".

El resto del reparto está también a un gran nivel, a destacar el fantástico el papel de Barbara Hershey (la madre de Nina) que logra hacerse odiar en su interpretación de una madre posesiva, bailarina frustada en su juventud y que trata a su hija como si una niña pequeña se tratara, con una relación totalmente enfermiza, o Mila Kunis en su papel como Lily, una bailarina con menos talento que Nina pero mucho más natural que ella, logrando una notable interpretación. Mientras Winona Ryder en su papel como veterana bailarina no llega a dar la talla y no te crees el personaje que interpreta.

Se le pueden encontrar muchas influencias, yo destacaría por encima de todas a La pianista de Haneke con esa relación enfermiza madre e hija con las mismas fobias y también algo de la conocidísima Mulholland drive de Linch.
Como resultado tenemos una película que atrapa y no te suelta, combinando perfectamente las escenas sobre el escenario y fuera de ellas, con imágenes duras e incómodas y otras bellas y sensibles, una dualidad que va acentuándose a medida que pasan los minutos, logrando un film que dificilmente pueda dejar a nadie indiferente, a mí me ha encantado y dificilmente podré olvidar la actuación de Portman, entregada como nunca.
Comprendo tu razonamiento, y en parte lo comparto. De todas formas, a mi no me ha parecido tan fascinante, y encuentro desmesurada la puntuación. La interpretación de Portman es brillante, cierto, pero no sé hasta qué punto la cámara tiene más mérito que ella misma. Los planos tan y tan cortos incomodan al cabo de unos minutos, y aunque sea toda la intención del director, se hace un pelín mareante. La música está perfectamente montada, creando una ambientación de lo más insana, y sus luchas internas (incluida la aparición del cisne negro) son de quitarse el sombrero, además, hay tiempo para la torridez, y eso siempre lo agradezco. Lo peor para mi: la Rider (ella y su personaje, ambos) y quizás, una sensación de pedantería en algunos momentos, o al menos esa fue mi sensación. Yo le pondría un 7,3.
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