
No hay manera humana de resumir tamaña obra en pocas líneas, ya que es un juego intrigante de luces, telarañas, monstruos y personajes peculiares. El comienzo de la historia tiene su encanto, siguiendo las pistas leídas por la protagonista en el libro encantado y descubriendo sus peculiaridades a medida que avanza con sus descubrimientos (ese comedor inundado está logrado), pero en cuanto le pasa el testigo al hermanito con traje de pana ya toca fondo, aburriendo al personal de manera indiscriminada, sin piedad ni compasión.
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Las manos del propio Dario |
No hay moralejas, ni mensajes ni chicha; tan sólo un arrogante trabajo italiano con aires de cambiar el género, y que ha envejecido fatal. Bajo mi criterio, acertó en sus películas Suspiria y Rojo Oscuro, pero quiso dignificar su rúbrica cayendo en la pesada insistencia de multiplicar sus productos.
A nivel artístico el resultado es deplorable, teniendo la perpetua sensación de estar viendo aquellos vídeos fingidos para aprender inglés donde un hombre le pregunta en el ascensor a una chica...-Good Morning! How do you do!- en perfecta pronunciación para que todos le entendamos.

Anecdóticamente diré que todas las manos que se ven en el film (ejemplo foto) son del propio Dario, que tal vez sea fruto del recorte económico propio de cualquier época.

Argento siempre rueda en inglés y situa las historias en Estados Unidos (casi todas), síntoma indiscutible de habilidad para vender sus productos al extranjero, traicionando sus orígenes y siendo pues, pasto de los negocios. Todo y con eso, representa un estimulante trabajo de tres cineastas italianos con estilos propios, desmarcándose del cine de terror que ponderaba en aquellas épocas, y de admirable creación.
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