viernes, 13 de octubre de 2017

FESTIVAL DE SITGES 2017: DIA 8

El octavo día de festival amaneció con la fuerza y atrevimiento de "Errementari", una jugosa fábula vasca que nos llega apadrinada por Álex de la Iglesia, co-productor de la misma, y que a su vez significa el debut en la dirección del hasta ahora cortometrajista Paul Urkijo.
Confieso sin tapujos que desconocía del todo la  existencia de la leyenda del errementari (herrero en euskera), y quizás por esa razón me quedé completamente absorbido por su compleja maraña genérica y diversidad narrativa, su fresquísimo descaro cómico y esa enorme personalidad que posee, algo que agradecí acaloradamente.
Pero situémonos: en una región próxima a Álava, una década después de la 1ª Guerra Carlista (1843), un cargo del gobierno se persona para investigar un suceso en la herrería del pueblo. Allí habita casi como un ermitaño, en medio del bosque, un misterioso herrero llamado Patxi, considerado por los aldeanos como un asesino siniestro y solitario que incluso se relaciona con demonios. Accidentalmente, Usue, una niña huérfana del pueblo, se cuela en la herrería y destapará el increíble secreto que allí guardaba el herrero, para así cambiar definitivamente el devenir de la aldea.
Es de ley aplaudir, por encima de todo, su valiente capacidad para no obedecer los criterios establecidos por ningún género en concreto, pues merodea con desparpajo por varios de ellos sin llegar a someterse a ninguno. En ella encontraremos atractivos rasgos de un terror de cuento sombrío, fantasioso y distendido pero no por ello menos horripilante; también se percibe un estudiado tratamiento del entramado dramático, trasladando una fábula con niños de por medio, con la suficiente entereza e inteligencia como para que su peculiar y nada obvia moraleja tenga toda lógica, además de resultar muy adulta; y por último, pero no menos importante, es resaltar su excelente y nada convencional sentido del humor, casi diría que innovador, rebelde y muy sorprendente al que, por supuesto, acabé rindiéndome.



Agradezco muy efusivamente que no nos abrumaran con efectos digitales de postín, y que el estupendo trabajo de maquillaje, aunque quede forzosamente guiñolesco, tuviera una fuerte impronta personal. Incluso en su tercio final, en la bajada a las mismísimas puertas del infierno, los juegos de iluminación y recursos de fotografía den una sencilla pero emocionante sensación de irrealidad, como de imaginario juvenil sin límites. Todo un gozo cinéfilo de difícil comparación, pues es única en su especie.
Resaltar el magnífico plantel actoral, empezando por el herrero, sobrio y acertadísimo Kandido Uranga, el demoníaco e inolvidable Sartael (Eneko Sagardoy) hasta la jovencísima Usue (Uma Bracaglia), todo un descubrimiento a su edad. Un film muy especial que proyecta una fuerte sensación de novedad, con una atmósfera de ensoñación y un poso final tan agradable como humilde. Una fiesta para los sentidos que si bien no enamorará a los más puristas, que seguramente no querrán/sabrán ser cómplices, sí merece mucha atención, tanto por su fuerza visual como por su sabia y variada conjunción. Arriesgada y simpática, destaca por ser una de las mayores sorpresas nacionales de la edición del Sitges 2017.
(Redactado por el príncipe de Freedonia, Jesús Álvarez).

Tras el visionado de "November" (probablemente la candidata por Estonia a los Oscars 2018), abandoné la sala algo confuso, casi aturdido, con una extraña sensación de agotamiento psicológico por no haber comulgado del todo con su rarísimo discurso humorístico-folclórico, ubicado en parajes incómodamente inhóspitos, algunos casi de pesadilla.
Basada en el supuesto best-seller "Rehepapp", de Andrus Kivirähk, el film en mi opinión tiene un plus de complejidad fuera de sus fronteras, y al menos a mí, se me hizo cuesta arriba no sólo terminarla, sino también llegar a conectar con ella u obviamente entenderla del todo.
La historia de amor imposible entre una aldeana estonia y un joven que no la corresponde, todo dentro de un contexto mágico (ella recurre al ocultismo para conquistarlo), surrealista, en medio de un ambiente pagano y enfermizo, parece razonablemente atractivo. Si además se nos anuncia como una mezcla de comedia absurda, magia negra, hombres lobo y dueña un retorcido nihilismo, todo parece encajar.
Pero algo descarrila, quizás por su incomprensible arquitectura narrativa (funciona a trompicones), su empeño en ser diferente o sacrificando un maravilloso uso de la fotografía en blanco y negro para explicar demasiadas cosas mal iluminadas (una lástima) y sin explotar sus posibilidades del todo.



No se le puede negar una carga dramática muy peculiar, de un romanticismo patético, y una reflexión divertidísima sobre las almas en pena que vagan por el bosque, y que a veces se instalan en objetos o animales. Pero en mi opinión, todo ese conjunto funciona únicamente un rato, sobre todo su genial escena inicial, que auguraba una obra maestra, pero no se sostiene durante sus casi 2 horas de metraje, que nos parecen el doble llegando al final.


En resumen, una película compleja, singular, bizarra, divertida a ratos y extrañamente atractiva, pero sin duda agotadora y desquiciante, que irá muy a gusto del espectador, y que será tan odiada como adorada, sin escala de grises. Entenderé al que la considere una obra maestra, pero entenderé más al que la considere caprichosa y ensimismada de sí misma, más vacía de lo que aparenta.
(Redactado por Jesús Marx).

Shinobu Yaguchi es uno de esos directores de gran éxito en Japón pero cuasi desconocido fuera de sus fronteras, lo cual es muy de agradecer al Festival el hecho de haber traído su última película, Survival Family.
Yaguchi es un personaje por el que siento enormes simpatías, en todos sus films consigue algo muy poco corriente, ya sean mejores o peores, siempre te dejan un buen rollo y una sonrisa tonta de oreja a oreja más que agradable. Siempre es dado al humor ya sea de carácter absurdo (presente en sus primeros films como la delirante Waterboys (2001) o la excelente Swing Girls (2004)), a otras más amables y blancas, de su última etapa, como la entretenida Robo-G (2012) o la muy notable Wood Job! (2014).
Con Survival Family vuelve a incidir en el fuerte contraste entre la civilización actual y su locura tecnológica, a la cual dependemos y el viaje hacia un regreso a la forma de vida sencilla de nuestros abuelos, donde con mucho menos parecían ser más felices.
Survival Family parte de cómo un apagón tecnológico repentino pone patas arriba la civilización tal y como la conocemos, y en concreto la de una típica y desavenida familia japonesa. Un padre que pasa de todo y está absorbido por su trabajo, una madre ama de casa bastante torpe y unos hijos en plena edad del pavo y totalmente adictos a sus teléfonos móviles… que prácticamente nada en la gran ciudad funcione (cualquier sistema tecnológico, y eso incluye vehículos, aparatos del hogar, trenes…) provoca que la familia realice un viaje imposible en bici hasta el pequeño pueblo de sus abuelos. Se inicia un viaje por el que pasarán mil penalidades, a la vez que aprenden a convivir entre ellos mientras descubren otra manera de ver la vida, mucho más alegre y viva que la esclavitud de la gran ciudad.


Un film totalmente agradable y repleto de perlas irónicas, con unos personajes bien dibujados y simpáticos. Un punto en contra es su alargada duración (2 horas) para una historia, al fin y al cabo, no demasiado complicada. Su primer tramo en Tokyo se hace algo reiterativo hasta que la historia se encara hacia lo más jugoso e interesante: el viaje de la familia a través de Japón, donde se proporcionan momentos muy bellos a nivel visual (esos campos de arroz japoneses son tan cinematográficos…) y donde subyace la moraleja del film.
Para Yaguchi (como ya demostró en Wood Job!) es urgente un regreso a la forma de vida sencilla y primigenia propia de nuestros antepasados. Una vida más feliz y llena de la sabiduría que parece que no tienen las nuevas generaciones. Survival Family ha resultado ser una muy agradable sorpresa que se aleja algo en calidad a los mejores trabajos de Yaguchi pero que derrocha inteligencia, ternura y simpatía. Notable.
(Redactado por el incombustible Adrián Roldán)


Okja ha tenido más polémica de la que debiera debido a su condición de film salido de la mega poderosa Netflix. Parece que el debate de si estos productos han de ser considerados cine o no ha tapado las enormes virtudes de la película en sí.
Debates al margen, es evidente que el éxito no ha hecho decrecer ni por asomo a Bong Joon-Ho ni su mala baba habitual ni sus afiladas críticas sociales. Tras disfrutar de classics como Memories of murder (2003) o The Host (2006), enormes eran las ganas de disfrutar de un nuevo trabajo de Joon-Ho tras la más que recomendable Snowpiercer (2013).
Okja es muy especial y vuelve a demostrar la tremenda habilidad de su director para mezclar géneros sin ton ni son; de la comedia al cine familiar, de la brutal critica capitalista hasta la "grotesquidad" del cine de terror. Es un retrato del mundo en el que vivimos: un mundo dominado por las mega corporaciones y la producción en masa. No hay nadie que se salve en la historia. Desde los dirigentes de las macroempresas de alimentación convertidos en seres desalmados hasta los activistas de pacotilla que sólo comen vegetales (lo único que parece no sentir dolor), o los ecologistas del nuevo milenio convertidos en auténticos farsantes y estrellas de la TV. De entre todo esto sólo queda la autenticidad e inocente relación entre una niña y su mascota, en un idílico paraje boscoso perdido en medio de Corea. 
Técnicamente, el film es impecable, y esa criatura tan entrañable (ese súper cerdo) es un prodigio de los efectos especiales que hace que empatizemos a la perfección con una criatura digital. Las interpretaciones se encuentran a un alto nivel con una descomunal Tilda Swinton a la cabeza y un Jake Gyllenhaal totalmente desbocado y en la que es la interpretacion mas difícil de aguantar por su histrionismo. La joven coreana Ahn Seo Hyun realiza un muy buen trabajo como niña perdida en medio de una odisea para salvar a Okja de convertirse en salchichas de consumo público.


Okja es una obra necesaria en estos días, que aúna espectáculo y una tremenda critica social, de muy fácil visionado y repleta de momentos excelentes, además no abandona cierta excentricidad en los comportamientos de los personajes (marca del director). Las persecuciones por la ciudad con Okja, la niña y los activistas son excelentes, y contiene momentos insólitos bajo su halo de cine familiar por su tono grotesco.
Un trabajo muy notable y que conforma una nueva joyita dentro de una de las filmografías más destacables y coherentes del cine reciente. Mi favorita de este año.
(Redactado por el galán de este blog, Adrián Roldán)

Como hemos visto en el análisis a la filmografía de Shunji Iwai que hemos realizado en este humilde blog, el pasado agosto de 2017 se estrenó en Japón un remake en formato anime de la primera obra de éxito del gran director japonés: Fireworks. El film original, pese a ser una TV-Movie poseía encanto, ternura y mucha naturalidad en sus jóvenes interpretes, además de un original planteamiento: ¿si hubieras hecho las cosas de otra manera, el resultado habría sido el mismo o habría cambiado?.
Esta versión animada de Fireworks recoge gran parte de las escenas y momentos que poseía la original, aunque finalmente la historia se dirige hacia terrenos diferentes debido a su orientación más abiertamente fantástica. El film, quizás por aprovecharse del efecto Your name (2016), contiene un elemento fantástico que se suma a esta historia de amor adolescente, a priori, imposible en la forma de una bola extraña con la que el protagonista puede viajar atrás en el tiempo y corregir ciertas decisiones.
Fireworks ha resultado ser un trabajo curioso, competente y digno de ver pero no memorable, ni tampoco una película que perdure en la memoria. Pese a sus 90 minutos, se siente demasiado alargado y reiterativo, y sus viajes en el tiempo no están tampoco bien aprovechados en la historia como para resultarte apasionantes o interesantes (al tercer viaje ya empezaba a estar hastiado).
Al film original le sobraban y bastaban 45 minutos para emocionarte, hecho que no llega a conseguir en ningún momento esta nueva versión. El romance se antoja algo soso y poco conmovedor y los momentos de humor, algo sonrojantes, no ayudan excesivamente.


Si bien, Fireworks goza de una idea original, (aunque que esté más o menos bien llevada, ya es otro cantar), una animación que cuando se dedica a plasmar los paisajes y ambientes de los personajes resulta preciosa y un clímax final conmovedor con la canción original que aparecía en el film de Iwai retumbando por los altavoces. No pasará a la historia pero bien vale un visionado.
Por otro lado, me resulta gracioso la sexualizacion extrema a la que están llegando los films anime actuales con sus personajes femeninos, no sólo de una school girl de 14 años, sino de las enormes y exageradas voluptuosidades de la profesora de instituto.
Yo por mí encantado, aunque acaba desviando la atención de lo que debería ser más importante e interesante, su historia. Como curiosidad, la actriz que pone voz al personaje de Nazuna es la belleza adolescente Suzu Hirose (y también buena intérprete) a la que hemos visto en Nuestra hermana pequeña (2015) o Rage (2016).
(Redactado por Adrián Roldán)
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