domingo, 4 de marzo de 2012

CANDILEJAS (1952)

Tras presenciar "Candilejas", el antepenúltimo trabajo del excepcional Charles Chaplin, a uno no le queda más remedio que aceptar su absoluta genialidad y comprobar que tanto su monumental aportación al cine mudo como sus films jugando con el sonoro (por mucho que algunos dudaran de él), son de un calibre superior, de una poesía cinematográfica repleta de belleza y un milimétrico cuidado argumental que sin duda, la elevan merecidamente a la categoría de clásico.
Un lustro después de regalarnos su excelente Monsieur Verdoux, el otoñal Chaplin se volcaba de nuevo en un proyecto con dinero americano (ya seria el último), pero esta vez dentro de un marco más personal, casi biográfico, abordando un tema que conocía a la perfección, el inevitable declive profesional del cómico vodevilesco.
Calvero (Chaplin), es un viejo clown del music hall que malvive sin ofertas de trabajo y anhela su época gloriosa mientras se sumerge en el alcohol.
Un día, salva de la muerte a su joven vecina Thereza (Claire Boom), una bailarina teatral frustrada que trataba de suicidarse ahogándose con gas.
A raíz de dicho suceso comenzarán una relación simbiótica, platónica e imposible en la que ella conocerá los entresijos del mundo teatral y saldrá adelante con más fuerza que nunca y nuestro adorado Calvero se reencontrará con nuevas ofertas que le permitirán una dulce y honrosa despedida.
Chaplin lo controla todo de nuevo en Candilejas, dirección, producción, guión, música y sobre todo, tiene el absoluto protagonismo del film, consiguiendo de esta manera impregnar de su genialidad todos los puntos importantes del mismo, incluso llevándose un Oscar por su creación instrumental, de auténtico placer auditivo.
Es difícil destacar un apartado por encima de otro, debido a que ofrece una textura formidable de un blanco y negro insuperable, un guión excepcional donde no sobra ni una coma (sobre todo en su primera mitad), y unas interpretaciones perfectas, que nos ponen la piel de gallina de principio a fin (esa función entre Chaplin y Buster Keaton de los últimos minutos es de un valor cinematográfico incalculable).


La gran cantidad de estímulos emocionales que nos regala el film se palpan gracias a las soberbias capacidades humanas del maestro Chaplin, capaz de representar la tristeza como nadie y de sacarnos una sonrisa desde lo más profundo de su melancólica existencia.
Si nos sentamos delante de Candilejas viviremos momentos cómicos de enorme talento escénico (esa representación "Grouchiana" entre ambos en el sueño de Calvero o la antes citada unión con Keaton), de profunda soledad (sin ápice de frivolidad como estamos acostumbrados en el grueso del cine actual) o una lección magistral en su construcción de guión, que ofrece incesantes líneas para el recuerdo.
En un momento del film, por poner unos ejemplos, Calvero llega a confesar: - La vida ha dejado de ser un chiste, no le veo la gracia"-, lo que resume espléndidamente el proceso depresivo de nuestro protagonista, o el comentario -¡estaria ridículo a la luz!.- en respuesta a la pregunta -¿Calvero, qué haces en la oscuridad?-, que nos deja clara su profunda soledad personal.

Diálogos sin desperdicio en un sueño delirante de Calvero
Dos genios compartiendo camerino, Buster Keaton y Charles Chaplin

Si trato de detectar algunas fisuras en su conjunto, podría resaltar negativamente un estirado metraje (le sobran 15 minutos), ciertas representaciones de ballet musical aburridísimas, o ese (a ratos) crispante egocentrismo tan propio de Chaplin que sólo perdonan los más defensores del genio.
Sin duda, y pese a esas nimiedades negativas, me declaro un admirador de esta Candilejas (que para los que no sepan su significado, son las líneas de luces en el proscenio del teatro), y deseo compartir mi entusiasmo con todo aquél que sabiamente se decida a verla, pues me aventuro a adelantar que nadie lo lamentará, ni tan siquiera el más escéptico a este tipo de cine.
Una muestra irrefutable de las aptitudes inmensas de un hombre que supo dar lo mejor de sí mismo en el amplio panorama de la cinematografía mundial, llegando a lo más alto también con el cine sonoro. Un cineasta tan espléndido como perfeccionista, aunque a veces eso le convirtiera en prisionero de su propia tiranía, según palabras de Marlon Brando, pero esa es ya otra historia....

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