A raíz de una pequeña discusión donde rompen el mando a distancia, se presenta en su casa inesperadamente un señor que dice les arreglará el problema. Casi sin darse cuenta, se verán encerrados dentro de dicha serie, todo en blanco y negro y protagonistas absolutos de la misma, sin que nadie repare que nunca habían estado allí (de hecho, serán los hijos de los Parker absorbiendo la identidad de éstos). Allí comenzarán a experimentar un mundo muy especial, donde las canastas siempre entran o los libros están todos en blanco y donde además nadie ve más allá de su pequeño pueblo (en realidad, nadie sabe que hay más mundo después de pleasantville). La entrada de David y Jennifer desestabilizará la armonía del pueblo y cada vez que alguien se salga de lo establecido se verá coloreado, convirtiéndose en un grupo de repudiados sociales y creando altercados del orden. Comenzará el sexo (divertido Paul walker), el arte (pesadisímo Jeff Daniels) o los juicios de valores entre grupos de color, una clara referencia de conflicto racial y opresión social.
A mi entender, 124 minutos son excesivos, y no sirven para desarrollar nada más en concreto, solo para dar vueltas sobre el mismo tema una y otra vez, que por bueno que sea, cansa.
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La recreación de los años 50 está conseguida |
Tal vez esté un poco sobrevalorada con el tiempo, y pese a conservar matices muy interesantes, acaba siendo simplona y sobre todo, conservadora. Del reparto de secuandarios destacaría un enorme William H. Macy, que logra una expresividad sobresaliente y acapara con sus maneras toda nuestra atención, enriqueciendo un personaje a priori simplón pero regalándonos momentos impagables de tristeza, bochorno, alegría y soledad a partes iguales, siendo el mejor del film para el que aquí escribe.

Personalemente el juego del color conviviendo en un film con el blanco y negro tiene sus minutos de gracia, pero se vuelve plúmbeo a los pocos minutos, una de cal... y otra de arena.
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