
Ya en 1984 impulsaría definitivamente su carrera al rodar la primera de una de las sagas más conocidas (que no buenas) del cine de terror de la década, como fue su "Pesadilla en Elm Street", de la que se filmarían infinidad de secuelas y series de TV.
La película que hoy traigo se sitúa entre medio de esas épocas, en la que aún ese joven Craven movía su cámara con una libertad e ingenuidad emocionantes, sin dejarse absorber por las vicisitudes de la industria ni las necesidades de terceros.
Su versión de "La cosa del pantano" está muy lejos de ser una pieza fundamental en la historia de este arte, pero sí contiene cierta bondad fílmica y nos deja una sensación placentera tras su visionado difícil de trasladar con palabras.
Un equipo científico está estudiando en los pantanos de Carolina del Sur nuevas fórmulas para optimizar recursos del ecosistema, pero un accidente mortal obliga a la señorita Alice Cable a desplazarse al lugar para comprobar el verdadero estado de la investigación.

Holland, bañado en su propia pócima y ardiendo a lo bonzo, acabará refugiándose en el pantano transformándose en una criatura muy singular, un monstruo mitad humano-mitad planta.

El personaje de "la Cosa" resulta empático e incluso entrañable, representando al héroe por accidente que siempre cae en gracia y levantando nuestra curiosidad por verle desplegando sus poderes (regeneración, curación a lo Dende, super inteligencia o super fuerza, aunque esto último parece que no siempre funciona...). La chica de turno que huye y huye y chilla y chilla, aquí pega puñetazos, patadas, dispara como una posesa y nos enseña las tetas, ¿Qué más le podemos pedir?
El villano es un "mad doctor" con careta al que creían muerto y que quiere potenciar su inteligencia con la fórmula (un acto de locura muy divertido) que además, provocará la mejor escena del film.
Todo esto, junto a un maquillaje apresurado, un desfile de disfraces inadecuados (el jabalí-humano final, sin palabras) y sus torpes incongruencias (ya se sabe, sales del agua seco, estás en un lugar y en un microsegundo en otro, etc...) convierten a esta versión de un cómic en la más chirriante de cuantas haya visto, pero también en una de las que más personalidad propia ofrece.
Si bien es cierto que copia algo de Frankenstein o incluso de King Kong, se desmarca como una aportación de estilo propio que satisfará al más neófito del género e incluso lo enamorará.
Sus diálogos crean verdadera indiferencia, su humor es sonrojante y ofrece un guión tan flojo que no debe obtener mayor reconocimiento que el cariño por una propuesta imposible de realizar con tan bajo presupuesto, pero estoy totalmente convencido que recibirá un homenaje "freak" algún día, por rezumar ese aire fresco y desenfadado que comento y defiendo (¿quizás en el Sitges de 2012, cuando cumple 30 años?).


Si lo que esperáis es eso, mezclado con tiros, soldados a cascoporro, pantanos y más pantanos y algún que otro momento inaudito, este es vuestro film, de lo contrario, huid que aún estáis a tiempo.
Su secuela, 7 años después, no parece seguir esta línea salvaje, sino más bien tomar un aire totalmente cómico. La veré con el tiempo, pero no hay prisa tampoco.
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