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lunes, 13 de marzo de 2017

SHIN GODZILLA (2016)

Godzilla (2014), la nueva versión americana del saurio radiactivo dirigida por Gareth Edwards, pese a que levantó cierta polvareda por las escasas apariciones de su monstruo protagonista y otros evidentes errores sí que fue un film que estaba por encima de la media, personal y más en la línea de los clásicos japoneses. Su éxito a nivel mundial provocó que la Toho anunciara, para sorpresa de muchos, que ellos también iban a hacer una nueva entrega de Godzilla. Un film que no tuviera nada que ver con el universo abierto por la última entrega americana. Esto supondría la primera entrega japonesa del monstruo desde el fracaso de Godzilla: Final Wars (2004). Godzilla, por fin, volvía a casa.
La primera gran noticia fue cuando se anunció quien iba a encargarse del proyecto. Nada más y nada menos que Hideaki Anno y Shinji Higuchi. Higuchi, maestro de los efectos especiales y responsable de los efectos revolucionarios de la trilogía de los 90 de Gamera, un hombre que ha sabido darle una nueva óptica y modernización a los efectos tradicionales del género. Además de ser uno de los creadores (junto a Anno) de Gainax y una de las cabezas pensantes en Evangelion. Como director es responsable, entre otras, de la dupla de films de Ataque a los titanes (2015), de resultados desiguales. Hideaki Anno es un caso aparte, una figura única e increíblemente personal. Responsable de Neon Genesis Evangelion (1995) serie anime sobre el que se han vertido ríos de tinta y que supuso un antes y un después en el mundo de la animación japonesa, una serie inagotable y fascinante (The end of Evangelion (1997), film que remataba la trama de la serie, es toda una obra maestra). Sus trabajos tienen un estilo muy peculiar y marcado. Ha dirigido films de imagen real como la interesantísima Ritual (2000). La Toho le propuso el proyecto de Shin Godzilla a Hideaki Anno justo cuando éste estaba pasando por una de sus depresiones tras acabar con Evangelion 3.33 You are not redo (2012), pese a que rechazó inicialmente la oferta, la acabó aceptando al enterarse de que su amigo (desde los años 80) Shinji Higuchi también estaba dentro del proyecto. En palabras de Anno: “encargarse de Shin Godzilla y dejar temporalmente Evangelion, me salvó”. Con estos dos directores al frente, la nueva entrega de Godzilla iba a ser cuanto menos interesante y diferente a lo acostumbrado.
Un servidor pudo ver Shin Godzilla en el último Festival de Sitges, en pleno Auditori Melià (con la impresionante calidad de imagen y sonido que eso supone). Admitámoslo, se convirtió en una de las sesiones cinematográficas mas orgásmicas que he podido vivir. Un fan de Godzilla, de un género tan minoritario y que de repente ve una cola interminable de gente para asistir a la última producción japonesa del saurio radiactivo es cuanto menos emocionante y más al ver que hasta había gente sentada en los pasillos de la sala. Espectacular. El ambiente ayudó, por supuesto.
Entrando en materia, Shin Godzilla me ha roto todos los esquemas. Esta nueva entrega supone muchas particularidades. Un film (por primera vez en la saga) que es un completo reboot que no tiene en cuenta ninguna de sus entregas previas. Japón se enfrenta a la amenaza de Godzilla por primera vez y en la actualidad. Shin Godzilla rompe con los patrones del género y los renueva totalmente en una estrategia arriesgada. Este Godzilla no tiene nada que ver con los anteriores, hecho que espantará o se amará por igual.
La trama se inicia con una misteriosa erupción submarina la cual pone en alerta al gobierno japonés quien ve impotente como de la bahía de Tokio aparece una criatura grotesca que empieza a destruirlo todo.
Algo se avista en la bahía de Tokyo
¿Los dirigentes estarán a la altura?
La criatura toma tierra y siembra el terror
Godzilla va evolucionando
Uno de los puntos más destacables de la presente cinta es que recupera a Godzilla (y de forma más explícita que nunca) como metáfora y simbolismo para retratar los problemas del Japón actual y de su gobierno. La tragedia de Fukushima en 2011 y la pobre respuesta del gobierno para resolver el desastre sirven de contexto para Shin Godzilla al igual que las bombas de Hiroshima lo hicieron para la original Japón bajo el terror del monstruo (1954). Dicha propuesta hace que el film sea el más político y burocrático de la saga y con mucha diferencia. Parte de culpa de la óptica tan singular del film es obra de Hideaki Anno quien imprime a la presente entrega de sus habituales obsesiones y estilo. Inicialmente, Shin Godzilla incluía una love story entre dos personajes abandonados en medio del desastre. Dicha parte ciudadana fue cortada por lo sano por Anno quien hizo un mayor énfasis en la ambientación de despacho.
La parte política es el aspecto más arriesgado y peliagudo del film ya que se tiene que poner mucho de tu parte para aceptar si entras o no en el juego que propone el film. Una propuesta que provocará fascinación o rechazo a partes iguales y ya explorada en el Godzilla de 1984 pero llevada, en esta ocasión, al límite. Todo esto hace que un 80% del film está narrado entre pasillos y despachos, con docenas de personajes diferentes disparando diálogos a velocidad de vértigo, a mil planos por segundo e intertítulos por doquier… De hecho, Hideaki Anno, influenciado por los diálogos de films como La red social (2010), amenazaba a los actores que o recitaban sus frases más rápido de lo normal o se vería obligado a cortar sus escenas. Un estilo narrativo que el que esté acostumbrado al estilo de Anno aceptará sin demasiados problemas, aunque agobiará al público en general. Dicha parte política sirve para que el film critique e ironice sin tapujos a la inoperancia del gobierno japonés engullido por la lentitud de la burocracia y repleta de viejos dinosaurios acomodados que mantienen en la sombra a un equipo joven y renovador a los cuales no se les da ninguna oportunidad. Esta crítica provoca que se plasmen momentos calcados a la realidad de 2011 como el del primer ministro japonés anunciando a los medios que la bestia gigantesca no tomará tierra cuando a la vez el monstruo está destruyendo la ciudad. Un aire paródico que rodea tanto a las decisiones políticas como al aspecto de chichinabo de la primera forma de Godzilla y que ocupan la primera parte del film. Una vez llegamos al epicentro del metraje nos adentramos en terrenos cada vez más serios y donde se tratan conceptos fascinantes: pesadillas del pasado, el espíritu del intervencionismo americano, la dependencia de Japón frente a los EEUU... Fukushima, Hiroshima y la posibilidad de la caída de una tercera bomba atómica en Tokyo son temas que aborda el film y resultan apasionantes dejando frases demoledoras en este sentido: “La confianza y orgullo del gobierno imperial japonés provocó la muerte de miles de personas en la II Guerra Mundial”.
Godzilla en este film se aparta de todo lo visto anteriormente (y tras 30 películas se agradece), ya que el monstruo no solo demuestra tener nuevos poderes destructivos (ahora sus rayos radiactivos también le salen de su espalda) sino que va evolucionando a lo largo de la película adoptando diversas formas. Que el monstruo evolucione (idea una vez más de Hideaki Anno) provocó los rechazos iniciales de la Toho. Godzilla, fruto una vez más de la contaminación radiactiva, es plasmado de una forma muy interesante ya que es una criatura que va mutando dependiendo de la situación a la que se enfrente. Desde una primera forma submarina (la cual únicamente vislumbramos su cola) a una criatura grotesca con cabeza de anguila y con dos patas hasta pasar a una versión reducida del saurio radiactivo con una piel casi en carne viva, similar a un feto recién nacido hasta finalmente acabar al Godzilla que todos conocemos (es el más grande de la saga con 118 metros de altura). Y aun se deja la puerta abierta a que ésta puede que no sea su última evolución (¿alguien comenta que puede desarrollar alas?)
Godzilla en su fase final, indestructible
Nada funciona contra la bestia
Godzilla reduce la ciudad a cenizas

Los jovenzuelos piensan un plan que puede funcionar
Rascacielos sobre el monstruo
¿Y ahora qué?
El diseño de Godzilla en esta ocasión es radical, monstruoso, demoniaco e irreal. Diseño que ha causado disgusto o fervor a partes iguales y que mira directamente a los orígenes del saurio radiactivo y a una de las primeras ideas de Ishiro Honda y Eiji Tsuburaya en el que se propuso que el cuerpo del monstruo estuviera plagado de cicatrices producidas por la bomba atómica además de un cuello alargado y de una cabeza pequeña como si fuera un hongo atómico para rememorar explícitamente la amenaza de la gran bomba. Primeros bocetos desechados en 1954 pero recuperados en toda su gloria en 2016. Godzilla es representado como un ángel de la destrucción caído en nuestra civilización. Un castigo divino indestructible que surge por los pecados de una sociedad frente a su uso de las energías atómicas y destructoras con el medio ambiente. Un sentido que dota de gran fuerza a la figura del saurio (hay un momento glorioso en el que hay manifestaciones a favor de Godzilla y su justicia divina y destructora). Una seriedad y poder indestructible que no se le poseía desde quizás los albores de la serie en 1954, cosa que se agradece.
Otro motivo que rompe más que nunca con el género es que por primera vez en la historia, Godzilla no es un hombre disfrazado, sino una creación digital realizada de forma impecable. En este sentido los efectos especiales superan todo lo visto anteriormente en la saga llegando a momentos espectaculares (pese a las escenas paródicas, algo risibles, aunque grotescas, de la primera versión de Godzilla atacando la ciudad). La visión de la destrucción en este film consigue que cada plano con los monstruos sea impecable e inéditos en la saga. Desde las primeras escenas de destrucción (calcadas al tsunami de Fukushima), hasta pasar al ataque del Godzilla adulto en Tokyo con las fuerzas de defensa atacando al monstruo con una constante obsesión de retratar la enormidad del monstruo. Punto y aparte es hablar de la escena nocturna del film en Tokyo, absolutamente GLORIOSA y en la que es sin duda la culminación de Godzilla como dios de la destrucción y a 62 años de películas. Godzilla desplegando su aliento radiactivo sobre Tokyo destruyéndolo todo a su paso es el momento álgido del film y de la saga del saurio. La vieja guardia política muere abrasada por Godzilla lo que provoca que la sangre fresca se encargue de solucionar la crisis. Así, el clímax final con el ataque definitivo hacia Godzilla es brillante, descerebrado y divertidísimo con rascacielos cayendo sobre la bestia. Como curiosidad, la manera en que congelan a Godzilla es calcada a cómo apagaron el reactor nuclear de Fukushima. Finalmente Godzilla acaba congelado, como una estatua en medio de Tokyo, como recuerdo de un problema que aun persiste, cual reactor nuclear en Fukushima cuyo peligro es aun latente pese a la censura informativa al respecto del gobierno japonés.
Realidad y ficción se funden





A nivel interpretativo ningún actor sobresale excesivamente por encima del resto debido al tratamiento coral del film. Pero podemos destacar a Hiroki Hasegawa como joven político que se enfrenta a la crisis. Satomi Ishihara, interpreta a la representante de EEUU en Japón con un inglés macarrónico y aspiraciones políticas de ciencia ficción (aunque con espectaculares y agradecidos atributos físicos). La música mezcla temas originales de Akira Ifukube (que siempre funcionan como un tiro y resultan emocionantes para el fan), magnificas partituras solemnes con coros angelicales además de otros temas rockeros o electrónicos convirtiéndose en un batiburrillo algo confuso pero estimulante.
El film no esconde guiños a la saga. Los primeros segundos del film son calcados a Japón bajo el terror del monstruo (1954). El logo clásico y original de la Toho que podemos ver al inicio se rehízo para la ocasión. Y se cogen directamente sonidos y scores musicales de la saga dándole un tono extraño y retro. La tercera evolución de Godzilla (en la que es la versión reducida del monstruo) toma el rugido original de Japón bajo el terror del monstruo (1954) además de modernizar la escena del primer ataque de la bestia a Tokyo (incluso con la misma música y el mismo plano de gente aterrada!!!).
Y llegamos a uno de las aspectos más fascinantes del film y es el personaje del científico Goro Maki (mismo nombre que el periodista de Godzilla de 1984). Personaje que no aparece en todo el film y que parece haberse suicidado al inicio del metraje. Y aquí lanzo una de las teorías del film: ¿El sacrificio/suicidio de Goro Maki es el detonante de la aparición de Godzilla? ¿És el científico uno de los organismos de los que forma parte Godzilla?
Otra caso aparte es el último y misterioso plano del film donde podemos ver como de la cola de Godzilla surgen criaturas extrañas con apariencia humanoide. La posible teoría es que si Godzilla va evolucionando a partir del ambiente en el que se tiene que enfrentar y una vez vencido por la humanidad parece que el monstruo puede evolucionar a un ejército de pequeñas criaturas humanoides. Un concepto muy interesante y que espero exploren en futuras entregas.
El misterioso último plano del film
Los aspectos negativos del film por supuesto varían en la forma en que entres o no en el juego que proponen Anno e Iguchi. El nivel de información es abrumador y el ritmo del film agobiante para el espectador no preparado por lo que su visionado puede tornarse excesivo y agotador.
En resumen, Shin Godzilla (2016) supone una sorprendente modernización del monstruo y que rompe y renueva los patrones clásicos del género con un ritmo abrumador desde el minuto 1, recuperando poder crítico y metafórico frente a la situación política del Japón actual presentando a un Godzilla totalmente renovado y que vuelve a infundir terror. Una propuesta arriesgada no exenta de puro espectáculo destructivo, critica y parodia política. Un film único, más japonés que nunca.

Shin Godzilla (2016) ha conectado a la perfección con el público japonés siendo el taquillazo del verano en su país y que con aproximadamente 5,7 millones de espectadores (cifra que no se alcanzaba desde 1964 con Ghidorah, el dragón de tres cabezas) se ha convertido en el film más taquillero de la saga, con 80 millones de dólares. Datos espectaculares. Además de haberse vendido a una cifra récord de más de 100 países a lo largo del mundo es la primera película de Godzilla en los últimos 37 años en estrenarse en cines españoles (aunque de forma muy limitada), desde 1980 con Galien el monstruo de las galaxias ataca la Tierra
En los últimos premios cinematográficos japoneses ha salido claramente vencedora llevándose 7 premios incluyendo los más importantes en un certamen de estas características; “Mejor director” para Anno e Iguchi y “Mejor película”. ¿Cuál es el futuro de Godzilla tras esto? Para el presente año nos espera una versión anime de Godzilla (por primera vez en la historia) ambientada en un futuro apocalíptico. Un proyecto la mar de interesante. Tenemos Godzilla para rato y si Toho lo mima correctamente como lo está haciendo estos últimos años, nosotros, los fans, encantados.

lunes, 6 de marzo de 2017

GODZILLA (2014)

Tras el fracaso de Godzilla: Final Wars (2004), la serie Godzilla se detuvo en seco y el saurio radiactivo pareció volver a las profundidades del océano porque nada más se supo de él. Malos años para el fan de Godzilla. El Kaiju parecía volatilizado. Para colmo de males, la Toho destruyó las famosas y enormes piscinas que se habían usado para el rodaje de infinidad de Kaiju Eiga para tristeza de los técnicos en efectos especiales que se vieron sin esperanza de volver a participar en un film de dicho género. Yoshimitsu Banno, director del film más extraño, amado u odiado de la saga, Hedorah, la burbuja tóxica (1971) batalló durante años para realizar una versión de Godzilla en 3D para cines IMAX donde la bestia atacaría Las Vegas pero el proyecto no llegó a buen puerto. Pero para 2012 algo empezó a fraguarse…
Pacific rim (2013) impactó en nuestras pantallas con una muy personal y espectacular homenaje al Kaiju y a los films y series Mecha de los 70. Film irregular pero espectacular que salía a flote básicamente por la enorme pasión que le imprimió Guillermo del Toro a su proyecto. Pese a que no fue un éxito de taquilla aplastante (412 millones de dólares) parece que animó a un resurgir del cine de monstruos gigantes. No solo Legendary Pictures se ha propuesto crear un Monsterverse (en la línea de Marvel) con King Kong, Godzilla y otras criaturas sino que se ha contagiado a Japón originando un resurgimiento del Kaiju Eiga glorioso.
Años de negociación con Toho, de reescrituras de guión para finalmente estrenarse en cines una nueva versión americana de Godzilla tras el fiasco de la versión despersonalizada de Roland Emmerich de 1998. Esta vez, la mirada estaría puesta en algo mucho más acorde con el espíritu de las películas japonesas. Un director interesante como Gareth Edwards (director de la curiosa Monsters (2010)), se pone a los mandos del film. Los primeros avances de la película despertaron en mí enormes sensaciones: un reparto genial con Bryan Cranston a la cabeza, un tratamiento espectacular de la destrucción, un Godzilla totalmente en línea con el espíritu japonés… Pero para mi sorpresa el film fue por caminos diferentes (y no mejores) que lo que se prometía en los trailers. Pese a todo, es un film que sobresale de la media gracias y precisamente, a Gareth Edwards, pero de eso hablaremos más adelante.

Los créditos iniciales son fantásticos. Godzilla contra el ejército americano
Bryan Cranston te engancha bien en el film
En el film se preocupan más por los MUTOS que por Godzilla. En la foto, un guiño a la tragedia del 11-S
Muerto el padre, tenemos que aguantar al sosainas del hijo soldado
La presentación de Godzilla es inmejorable
Uno de los mayores enemigos de esta entrega es el guion. La sensación es la de ver 2 o 3 películas diferentes insertadas bastante torpemente en 1. A su favor; la media hora inicial del film te agarra por el cuello y te mantiene en tensión. El concepto de utilizar hechos históricos bien conocidos e insertarlos en la trama me parece fascinante. Los créditos iniciales son fantásticos con un Godzilla paseándose por el Pacífico entre islas paradisiacas y los americanos lanzando la famosa Bomba H sobre él, aunque podrían haber profundizado más en este concepto (algo a trabajar en futuras secuelas). El inicio en esa pseudo central de Fukushima donde vemos como la vida de Bryan Cranston se derrumba frente a sus ojos debido a una fuga radiactiva es potente dramáticamente. 15 años después su hijo hace una suerte de enfrentamiento y reconciliación con el pasado al irlo a buscar a Japón, donde ahora es un hombre torturado que busca incansablemente la verdad detrás de la muerte de su esposa. En todo este recorrido, te sientes atrapado por las imágenes y por la historia que se cuenta y en donde Bryan Cranston realiza una interpretación fantástica y muy sentida. Empatizas perfectamente con su drama y estás encantado de tener a un actor como éste en un film de estas características hasta que se produce el primer y grandísimo error de este film: Gareth Edwards te hace un Psicosis con Bryan Cranston. Claro que puedes tener la valentía de cargarte al personaje, que parecía ser el principal, en tu película pero no de la forma tan torpe en que se realiza. No, cuando tú como espectador estabas al 100% con dicho personaje hasta que en cuestión de un segundo lo ves siendo metido en una bolsa para cadáveres.
Y salimos perdiendo claramente, porque el papel protagónico pasa a su hijo, un Aaron Taylor Johnson (muy carismático en films como Kick Ass (2010)) que parece estar en otra película, más sosainas imposible y que es imposible creérselo como G.I. Joe. Dicho personaje, hace que desconectes por completo del film. Su historia o el cúmulo de casualidades en el que se ve metido no interesa para nada y es muy difícil empatizar con él. Con dicho personaje a los mandos del cast solo queda desear que aparezca Godzilla y nos alegre el film pero el saurio no aparece hasta el minuto 54. No hay ningún problema con esto si anteriormente se ha creado una trama potente que te mantenga en tensión en torno a la figura de Godzilla… pero no es el caso, el saurio no se menciona hasta pasados los 45 minutos del inicio del film. Una lástima que Godzilla aparezca como actor secundario en su propia película. En su lugar todo el protagonismo recae en las bestias gigantescas llamadas MUTOS, unas bestias insectoides mezcla de Mothra, Rodan y la criatura de Monstruoso (2008). Unas criaturas simpáticas pero que tampoco interesan demasiado. El resto del cast, pese a ser buenos actores, tampoco crean en ti un cierto interés; Juliette Binoche es un cameo de lujo que sólo aparece 5 minutos y Ken Watanabe se pasa todo el film poniendo caras de estupor (aunque me encanta el detalle que se apellide “Doctor Serizawa”)
El film contiene planos impecables
La cara de Watanabe durante el film no cambia


Los soldados cayendo sobre San Francisco. Una escena magnífica
Los MUTO no son nada para Godzilla
El saurio, de vuelta a los mares y vitoreado como un héroe 
Así, éste Godzilla (2014) intenta tener la solemnidad y profundidad que tenía Japón bajo el terror del monstruo (1954) representando a las bestias como fenómenos naturales a la vez que se comparan sus apariciones con desastres recientes: Fukushima, el tsunami de Tailandia o el 11-S. Se menciona Hiroshima de forma algo torpe… E intenta mezclar dicha seriedad con el lado más entretenido y pasatista de un blockbuster con batallas entre monstruos. A pesar de sus intenciones no cumple ni con el lado profundo (superficial y poco atrevido) ni con el lado más espectacular. El film propone jugar con las expectativas del espectador constantemente dejándote a medias en las grandes apariciones de los monstruos hasta desembocar en una batalla final que se preveía orgásmica. Así, la primera gran aparición de Godzilla es cortada bruscamente y se soluciona a través de un noticiario o una oportuna puerta que se cierra justo cuando Godzilla y el MUTO se van a enfrentar al minuto 90. Dichas intenciones, aunque arriesgadas aumenta tu nerviosismo, sí, pero quieres que pase algo interesante en pantalla de una vez. Ya que ninguno de los actores resultan carismáticos ni te importan, sólo te queda esperar ver a los monstruos gigantes provocando destrucción o luchando entre ellos pero no sucede nada explícito en este sentido hasta el final del film. Cuando acaba, la sensación que te queda es amarga pese a sus muchos aciertos.
Porque si el film se salva es básicamente por la inventiva y pericia de Gareth Edwards. Edwards, pese a tener algún que otro tic de Spielberg, se enfrenta al presente film como si de un film de bajo presupuesto se tratara, centrándose en los personajes y economizando efectos especiales y apariciones monstruosas. La mayoría de escenas con los monstruos están hechas con una pericia visual muy marcada y llamativa, con una preparación del pre-desastre y un uso del suspense espectacular. Así, consigue que por lo menos una docena de planos se te queden grabados en la mente: el tsunami en Hawaii, el desastre en el aeropuerto, los aviones cayendo como plomos en el mar, Godzilla en el puente de San Francisco, los paracaidistas lanzándose al vacío… (una escena ya mítica), cuando Godzilla muestra su aliento radiactivo o el saurio y el personaje de Aaron Taylor Johnson mirándose (unos segundos magníficos).
Lástima que Godzilla aparezca tan poco y de forma tan poco clara. Por lo menos, todas las escenas en las que aparece son fantásticas y es un placer verlo con un aspecto en sintonía con los clásicos tal y como se prometía. Eso sí, no esperemos encontrarnos con un Godzilla destructor y malvado aquí el saurio se presenta como un anti héroe, un monstruo que representa el orden natural de las cosas (un poco Gamera en realidad) y que se la bufa que hayan personas por ahí. El concepto del film, en el que los seres humanos somos hormigas frente al orden de la naturaleza está conseguido en ese sentido. Aunque mucha gente le rechine la escena final de Godzilla retirándose al mar como un héroe, me parece todo un guiño acertado y simpático a los films japoneses.
Este Godzilla (2014) se antoja superior y más arriesgado que el perpetrado por Roland Emmerich en 1998, por lo menos más en sintonía con los originales japoneses, la lástima es que sus fallos acaban pesando más que sus numerosos aciertos. Consigue excelentes momentos, algunos de ellos inéditos en un blockbuster de estas características, gracias a la pericia de Gareth Edwards como director pero los pobres personajes protagonistas, el ritmo a veces lento y las pocas apariciones de los monstruos hace que el resultado sea algo amargo. No obstante es un reboot destacable y que bien vale un visionado.
El film provocó gran expectación y el primer fin de semana de estreno recaudó 200 millones de doláres en todo el mundo (impresionante) aunque se fue desinflando poco a poco hasta llegar a unos muy correctos 520 millones. En Japón obtuvo un éxito potente obteniendo 2,5 millones de espectadores. Dicho éxito ha provocado que se plantee una trilogía americana con el personaje. Godzilla: King of the monsters llegará en 2019 incorporando al film a Mothra, Rodan y Ghidorah y esperemos que para 2020 llegue el esperado nuevo enfrentamiento entre Godzilla y King Kong. Mientras en Japón se han atrevido a sacar una nueva entrega que no tiene nada que ver con las americanas y que ha supuesto un enorme éxito para el saurio radiactivo. Buenos años para ser fan de Godzilla.

domingo, 5 de marzo de 2017

GODZILLA: FINAL WARS (2004)

Llegó la fecha señalada, 2004, año donde se cumplía el 50 aniversario de la bestia radiactiva desde su primera aparición en el clásico Japón bajo el terror del monstruo (1954). 50 años de batallas y destrucción en el que el personaje había pasado por buenos y malos momentos. La Serie Millenium no estaba pasando por un gran momento precisamente, salvo la obra maestra de Shusuke Kaneko que fue GMK (2001), el resto de entregas resultaban sosas y repetitivas, y por mucho adelanto en los efectos especiales que hubiera, no compensaba.
La Toho decidió aprovechar el aniversario para crear algo realmente especial que sirviera como homenaje a estos 50 años de películas, pero añadiéndole el toque moderno y rompedor que había aportado Shusuke Kaneko varios años antes. Ryuhei Kitamura fue el elegido. Director del film de culto Versus (2000) o del clásico moderno Azumi (2003), un hombre de estilo juvenil y que imprime a sus films un halo novedoso y adrenalítico.
Quizás no el estilo adecuado para Godzilla pero que podría dar aires nuevos. El rodaje se inició y con varios datos sorprendentes: Godzilla. Final Wars iba a convertirse en el film japonés más caro hasta el momento. Y no solo eso, sino que el film sería un homenaje a la serie clásica de Godzilla apareciendo más de una docena de monstruos diferentes, batiendo el récord de Invasión extraterrestre (1968) además de un enemigo final llamado Monster X cuya identidad se mantuvo en secreto.
Godzilla: Final Wars (2004) nos traslada a un futuro cercano donde sin previo aviso el mundo entero es atacado por bestias gigantescas. Detrás de todo están los habitantes del planeta X. Godzilla es la única esperanza. Como hemos comentado, esta entrega es prácticamente un remake de Invasión extraterrestre (1968) pero incrementándole todavía más el número de monstruos. Esta condición de remake sirve para homenajear a Ishiro Honda, la serie clásica y la locura y diversión de los films de los años 60 y 70. Así aparecen prácticamente todos los Kaijus aparecidos en la saga clásica de Godzilla (incluso algunos poco conocidos o maltratados y que aquí tienen su momento bien merecido de gloria como Hedorah, Galien o Ebirah) aunque como freak de la serie que soy se echa en falta a Megalon y Jet Jaguar.
El film es todo un despliegue de acción, destrucción y batallas por doquier. Rodan ataca Nueva York, Anguirus Bangkok… e incluso (en la que es la mayor coña de la película) aparece el Godzilla americano causando estragos en Sidney. Los créditos iniciales del film son una delicia en donde van apareciendo pequeños clips de films de Godzilla desde 1954 hasta el presente. El problema de esta entrega viene por el lado humano. Hay mucha influencia de Matrix en Final Wars, y eso acaba resultando muy cargante y molesto llegando a momentos algo ridículos, exagerados e innecesarios.
La acción humana excede los momentos Kaiju siendo una sucesión de batallitas cuerpo a cuerpo, algunas distraídas y otras no tanto, siendo el punto más flojo de esta entrega. Además las 2 horas de duración resultan desproporcionadas para un producto de estas características haciendo que acabes realmente agotado tras el visionado. Los personajes, totalmente sosos, planos y cargantes es un punto en contra de esta entrega a excepción de la incorporación extranjera a la saga, esa mole imperturbable que es Don Frye, quien a lo Steven Seagal no deja de soltar mamporros y frases lapidarias katana en mano. La chulería y aire paródico de este personaje encaja muy bien con el clima de locura y diversión de esta entrega al igual que el jefe de los habitantes del Planeta X, totalmente sobreactuado y descontrolado.
Monstruos gigantes atacan las principales ciudades del mundo

Una de las escenas con sabor a Matrix más pobres del film
Godzilla, la arma más poderosa de la Tierra
Minya atento a cualquier percance en la carretera
Godzilla japonés vs Godzilla americano

Don Frye repartiendo tullinas katana en mano

Godzilla contra el Monstruo X
Arreglado el entuerto, Godzilla e hijo se retiran
El film técnicamente llega a límites espectaculares para una producción japonesa de Godzilla. Los disfraces, los variados momentos de destrucción y en especial, las batallas. Godzilla tarda en aparecer (1 hora de metraje) y para la ocasión tiene un diseño remodelado al tono clásico muy acertado. La lástima es que dichos enfrentamientos entre kaijus pasan volando y no salen del gag del momento cuando por el contrario tenemos largas luchas y conversaciones entre los personajes humanos casi en paralelo. ¡No! ¡Tú lo que quieres es ver a los kaiju dándose mamporros! En la que es la mayor coña de la película, el Godzilla japonés se ventila en 2 segundos al inefable Godzilla americano de Roland Emmerich dejando claro la supremacía de la bestia japonesa. Llegado el final, en un escenario apocalíptico en pleno Tokyo absolutamente devastado aparece el esperado Monstruo X que resulta ser un enemigo bastante decepcionante y de marcado carácter Z además realizando una exhibición de llaves de karate bastante risible. Aunque no falta la sorpresa final porque el Monstruo X acaba metamorfoseándose en una versión modernizada de King Ghidorah.
Godzilla: Final Wars (2004) se plantea así como un homenaje 100% a la serie clásica y concretamente a la etapa sesentera del personaje incluyendo en consecuencia todos sus pros y sus contras. No os esperéis seriedad en esta entrega, no, esperaos a ver científicos, soldados, extraterrestres invasores, naves espaciales, rayos por doquier… (¡Incluso regresa Minya, ¡el terrible hijo sesentero de Godzilla!) Y por supuesto la locura y humor de las batallas entre kaijus con saltos imposibles, llaves de karate y demás. Todo eso lo encontrareis aquí. Es el punto más conflictivo de esta entrega, si entras en el juego te supondrá un gran divertimento.
En resumen, Final Wars es un film entretenido y completamente descerebrado, no tan terrible como se criticó en su momento (el hype con esta entrega era bastante grande) y que supone una recompensa para el fan de toda la vida, eso sí, lastrada por la estética Matrix y las numerosas escenas con los personajes humanos, muy faltos de interés, esa banda sonora de carácter electrónico tan extraña como inadecuada o la sensación de agotamiento que te produce aguantarla hasta el final. No obstante consigue momentos y planos muy potentes como Mothra y Galien luchando en un Tokyo destruido, Godzilla con el Monte Fuji al fondo o la espectacular escena de los héroes humanos luchando contra Ebirah.
Foto de rodaje
Foto de familia con todos los monstruos del film
Como he dicho las expectativas con esta entrega eran altas y se planeaba realizar nuevos films que se ambientaran en este universo futurista pero llegó el estreno y las críticas fueron pésimas y el resultado en taquilla, apenas 1 millón de espectadores, uno de los más bajos resultados de la historia de Godzilla. Teniendo en cuenta que en su momento fue el film japonés más caro de la historia, la hostia fue monumental. Tras esto Godzilla desapareció de las pantallas cinematográficas durante unos 10 años que se hicieron muy largos.
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