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martes, 13 de noviembre de 2018

ATERRADOS (2017)

Las críticas previas anunciaban "Aterrados" como “el film que ha hecho renacer el cine de terror argentino”, entre otras lindezas del estilo. Pues bien, no puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación, ya que ha resultado ser una muestra más bien justita del subgénero fantasmagórico, con muchos tics a "Expediente Warren", el Japan Horror y la comedia argentina más descafeinada.
La película presentaba, a priori, todos los elementos para salir airosa, véase: un prólogo espeluznante y efectivo, una buena ambientación con todo un vecindario siendo aterrorizado por presencias y maldiciones fantasmales, más unos para-psicólogos que intentan detener dicha amenaza espectral.
Su punto fuerte (que entre en materia desde el minuto uno) es, a su vez, su punto débil, ya que nos encontramos con una película forzada, que no dedica el tiempo suficiente para calentar a la audiencia, ni prepara un ambiente certero de terror ni se detiene a crear unos personajes mínimamente bien construidos.
Todo aquí parece artificial, desde esos para-psicólogos de postín que no se los cree nadie, y claramente deudores de la ola Warren, hasta esos golpes de humor -a la argentina- que no paran de sacarte de la cinta (el momento cadáver del niño en la cocina es totalmente risible).
A su favor podemos argumentar que "Aterrados" funciona como una montaña rusa de emociones,y golpes de efecto más o menos constantes, un tren de la bruja de apenas 85 minutos con criaturas extrañas, fantasmas, sustos y sangre.



Consigue varios momentos truculentos como el mencionado prólogo, las visitas nocturnas del extraño ente al vecino, o su descontrolada pero certera recta final. Muy a nuestro pesar, "Aterrados" no cambiará ni la historia del género de su país ni la de ningún otro, siendo simplemente una obra digna pero en todo momento falseada y blood free.
Su director, Demián Rugna, lo dijo en la presentación : -“Llevaba 9 años con esta historia bajo el brazo y nadie la quería, hasta que cuando por fin me la ofrecieron, la realicé, pero casi sin ganas”. Lamentablemente, se ha notado.

Adrián Roldán

domingo, 28 de octubre de 2018

CLIMAX (2018)

La sorpresa de la jornada, e incluso del festival de Sitges 2018 (llevándose finalmente el premio como mejor película), se vivió la medianoche del viernes al sábado, en un abarrotado auditorio del Hotel Melià. Los afortunados allí presentes vivimos una experiencia inolvidable, un ritual cinematográfico solo posible compartiendo pantalla, silencio y oscuridad junto a una multitud, sumándonos todos a la orgía lisérgica que concibió Gaspar Noé.
"Climax" se venía anunciando como una especie de prolongación de su previa "Enter the Void (2009)", donde drogas, música, muerte y sexo colisionan para formar una locura sensorial, muy aplaudida por un sector pero vilipendiada por otros tantos, sin duda más conservadores.
Lo cierto es que su nuevo trabajo nos vuelve a hablar de eso, en efecto, pero con el añadido de sufrir tal mutación fílmica que de algún modo la película cobra vida propia, pues palpita y retumba de distinta manera en cada uno de nosotros, sacándonos de nuestra zona de confort, fagocitándonos, molestándonos, fascinándonos.
Sin apenas guion, mucha libertad creativa y con cierta premura por llegar a tiempo a Cannes, Noé concibió el film (su primer "Rated"), como una impactante pesadilla visual, donde el LSD y el alcohol extraen nuestras pulsiones más primarias hasta casi volver a la etapa primate, convirtiendo la fiesta con bailarines de inicio en una intensa bacanal, orgánica y pasional, repleta de onirismo surreal y demencia gestual, propiciando un género cinematográfico propio, intuyo que quizás nuevo, denominado ya por algunos como danza thriller.


Todo acontece en el interior de un edificio abandonado, antes una antigua escuela, en un gélido paraje sin concretar, a mitad de los 90. Un grupo de bailarines, casi todos franceses, celebran, bailan, aúllan, ríen, festejan, conversan y beben sangría por, en principio, haber sido seleccionados por una prestigiosa coreógrafa. Lentamente, las sensaciones cambian. Al parecer alguien ha echado algo en la bebida ocasionando un progresivo delirio global, alucinatorio y peligroso, que convierte el lugar en un infierno sensitivo, donde hay cabida para el humor (sin censuras), la violencia, el sexo e incluso la muerte.



Filmada con nervio y en todo momento explorando sus propios límites, el franco-argentino nos subyuga con un viaje tan brutal como hipnótico e inusual, que no todos querrán hacer (imagino a mucho público incómodo e indignado), exponiéndonos a una tortura algo mareante y repetitiva pero cautivadora, tribal e intensa como pocas. Un trippy jamás antes rodado, del cual salgo agotado pero fascinado, maravillado por su enérgica anarquía conceptual.
Personalmente creo que la obra de Gaspar Noé solo puede tener un recorrido lógico cuando es exhibida en salas (algo parecido a "The Rocky Horror Picture Show"), y que pronto la etiquetarán como cinta de culto, pero jamás podrá satisfacer a nivel doméstico, pues ni está planteada para eso ni embriagará a nadie en una pequeña pantalla.

viernes, 23 de marzo de 2012

DETRÁS DE LAS PAREDES (2011)

El asunto de las casas encantadas suscita siempre en mí una curiosidad irrefrenable. Una sensación de esperanzadora ilusión por ver si se vuelve a repetir una maravilla tipo "El Resplandor", "El exorcista" o incluso "Poltergeist", que convirtieron nuestros hogares en el centro del terror y provocaron pesadillas a millones de espectadores.
El director irlandés Jim Sheridan poseía credenciales de sobra ("Mi pie Izquierdo"(1989), "En el nombre del padre" (1993)) para levantar ciertas expectativas hacía este proyecto, y si además le sumamos la figura del siempre solvente Daniel Craig, el menú estaba servido.
La otra cara de la moneda viene cuando el séquito de guionistas y/o productores (o vete a saber quién) no tienen tanto potencial y desajustan las enormes posibilidades del film hacía derroteros más comerciales, convirtiéndolo en un cúmulo de tópicos "funcionales" y demás limitaciones creativas.
La historia es la siguiente: Will Atenton (Craig) abandona su cargo como director editorial con el fin de dedicarse mucho más a su familia y poder así escribir su propia novela.
Su mujer Libby (Rachel Weisz, que ni fu ni fa) y sus dos encantadoras hijas -sin recochineo- están eufóricas por la tardía decisión de su padre de pasar más tiempo con ellas, coincidiendo además, con la compra de su nueva casa en las afueras de Nueva York.
Pronto descubrirán que esa casa fue el escenario de un horrible crimen 5 años antes, y del que, por supuesto, nadie quiere contar nada, ni tan siquiera su escurridiza vecina (una destrempante Naomi Watts). Los extraños sucesos se van acumulando hasta convertirse en la obsesión de Will, que descubrirá algo con lo que jamás creyó toparse, una fatídica visión distorsionada de su propia realidad. Si bien nos ofrece unos minutos iniciales sostenibles, en realidad es un planteamiento muy gastado en el cine; lo del escritor que se encierra en casa para acabar su novela y que descubre que su nuevo hogar está marcado por un suceso horrible, y por ende, les hace la vida imposible a su familia y lo vuelve loco a él.
Todo parece que iba con el piloto automático hasta que nos regala una sorpresa muy agradable (que tampoco excesivamente original) por el meridiano de la cinta, suficiente como para levantarnos el ánimo y que sigamos con ella hasta el final, el cual podría haber sido bastante más redondo, todo sea dicho.
En esencia, en un film prefabricado y de temporada, con ingredientes solventes (buen director, buen actor principal, fotografía apañada, bien montada...) pero desaprovechadísima, y con un sabor final menos convincente de lo que podría esperarse de ella. Su ausencia de magnitud fílmica hace que la olvidemos pronto, y tras analizarla, descubrimos que le falta espíritu, personalidad y convicción, algo de libertad creativa y sobre todo, atmósfera, que no se consigue en ningún momento.


Si bien puede que sea la película más floja de Sheridan hasta la fecha (y eso que hizo sus pinitos con el insufrible 50 Cent), no merece descalificativo alguno, por lo menos grave, debido a su bienintencionada idea de convertirse en una mezcla entre "Ghost" (hay muchos paralelismos) y la anteriormente mencionada "El Resplandor", salvando las distancias con esta última, evidentemente.
Filmada en Canadá (abaratando costes) y pasando sin pena ni gloria por la taquilla mundial, puedo asegurar que se verá forzosamente arrinconada por el mundillo cinéfilo, que no la repudiará por nada en concreto, pero si la culpará de no ser todo lo buena que podría haber sido por el tándem Sheridan-Craig, aquí simplemente cumpliendo con sus respectivos contratos, sin poner nada de alma.
De hecho, el film propició la relación fuera del set entre Daniel y Rachel, que poco después, se unieron en sagrado matrimonio, hecho que el propio actor de James Bond dejó bien claro en unas declaraciones.
- La película no ha funcionado demasiado bien, pero yo he conocido a mi esposa y por eso ya ha valido la pena -.
Dicho y hecho, confesado por el propio Daniel.


La película es disfrutable siempre y cuando nos sentemos a verla sin esperar nada del otro mundo, con la suficiente paciencia como para saber apreciar un film menor con tintes de terror (da muy poco miedo, tranquilos) y con un desenlace más azucarado del recomendado, lo que valdrá para convencer a los más asustadizos para acercarse a verla y a las más románticas a degustar un producto cercano a Ghost.
Si alguien le puede sacar más jugo a esta historia, tened por seguro que no seré yo.

martes, 11 de octubre de 2011

MIENTRAS DUERMES (2011)

Jaume Balagueró firma con esta "Mientras Duermes" un antes y un después en su trayectoria cinematográfica sin ningún género de dudas. La línea ascendente del director catalán entusiasma cada vez más y ya es un referente en lo que concierne al género del terror nacional, que se enriquece en esta ocasión de su mejor obra hasta el momento.
Un personaje cercano de nuestro Eixample es el responsable de ponernos los pelos de punta sin necesidad de recurrir a zombies, niñas poseídas o infectados, tan sólo con su mera presencia nos paraliza y nos hace sentir vulnerables, sintiendo el terror más próximo que podamos imaginar.
Estamos en un bloque de pisos del centro de Barcelona donde César, el portero, tiene un intachable comportamiento con los vecinos, a los que ayuda y atiende con sumo respeto. En cierta medida interviene en sus vidas, a veces para solucionarte un problema doméstico y otras para hacer de psicólogo para alguna que otra maruja solitaria. Lo que los vecinos ignoran es que César, pese a sentir pleno amor por su puesto de trabajo, se encuentra en una profunda depresión que plantea incluso la opción del suicidio. La obsesión por su vecina Clara es el único motivo que le mantiene con vida, y se hace evidente cuando descubrimos que cada noche se esconde debajo de su cama y espera tranquilamente a que ella se quede dormida. Seguidamente, aplica cloroformo a la joven y duermen juntos día tras día sin que ella acabe de entender a qué se deben esos dolores de cabeza tan insufribles que padece a la mañana siguiente. La extrema obcecación por su vecina va empeorando hasta entrar en un terreno muy peligroso, donde la locura se adueña de César y sus actos cada vez van más lejos, llegando incluso al asesinato.Siente una extraña sensación placentera cuando hace daño a los demás, y el comportamiento de la alegre Clara es un claro reto, ya que incluso en sus peores días, no pierde su sonrisa.
El macabro juego de César acaba de empezar y tiene en su poder las llaves de todo el vecindario...
Estoy obligado a confesar que la soberbia interpretación de Luis Tosar en el papel de César nos ha robado el aliento, demostrando una vez más (y van muchas ya) su excelente labor actoral, sólo al alcance de unos pocos. Su inmersión en la difícil psicología del portero es incomparable, logrando la insólita reacción en el público de creérnoslo pasados tan sólo unos minutos, y de incluso empatizar con un individuo tan enfermizo.


La película se mantiene claramente sobre esta perversa figura de César, pero está secundado por una actriz muy adecuada como es Marta Etura, también formidable. De hecho, el contraste entre psicologías de uno y de otro es fundamental para entender la historia y sus matices, consiguiendo un equilibrio entre lo perverso (las miradas de César a Clara) y lo dulce (la deliciosa sonrisa de la joven) muy complejo de ver en nuestro cine, algo así como un monstruo adorando en silencio a su amor imposible.
El film mantiene un suspense de principio a fin, moviéndose en el terreno del thriller (muy psicológico) y jugando con personajes excelentemente dibujados. Tan sólo pequeñas subtramas quedan algo desdibujadas (mucho me temo que a propósito), como la madre hospitalizada de nuestro calculador protagonista o su interesante pasado en otras fincas, que nos pone los dientes largos sin detallar ni rastrear un poco más en aquellos anteriores trabajos.
En cualquier caso, excelentes escenas como la inesperada visita del novio de Clara mientras él está escondido, los continuos chantajes con la niña malcriada o la chorreante escena en la bañera son desde ya, fotogramas imborrables en la retina del que aquí escribe. Como ya hiciera en las dos partes de Rec, Jaume mete al espectador en lugares claustrofóbicos donde el suspense cautiva al público, incapaz de moverse de su butaca. Aquí la cámara nos lleva debajo de la cama de Clara y nos posiciona al lado del obsesionado portero, cuyos propósitos entendemos sólo al final, gracias a un pletórico clímax argumental. Su principal baza es sin duda la fuerza de Tosar, pero también ahí radica su debilidad, ya que al apoyarse tanto en el excelente actor, a veces peca de narración repetitiva, como si se tratara de las dos caras de la misma moneda.
En resumen, una muy recomendable cinta de terror que agradará a todo tipo de público y que sobrecogerá a los más sensibles gracias a una realización muy destacable. Un verdadero lujo haber asistido a su estreno en Sitges y de tener las palmas aún enrojecidas de aplaudir.
Pasen y vean, no se arrepentirán....

viernes, 17 de junio de 2011

CISNE NEGRO (2010)

Nina Sayers (Natalie Portman) es una bailarina de ballet de una compañía de Nueva York.
El director Thomas Leroy (Vincent Cassel), tras anunciar la retirada de su estrella principal Beth Macintyre (Winona Ryder), buscará una nueva bailarina para el papel principal de la nueva adaptación que está preparando del clásico El lago de los cisnes.
La obsesión de Nina por alcanzar la perfección, y poder por fin llegar a ser la estrella por lo que lleva luchando toda su vida, harán que más que nunca viva solo por y para el ballet con tal de conseguir ser la elegida.
Las exigencias de interpretar a la vez el papel del cisne blanco, todo sensibilidad, fragilidad y dulzura, y a su némesis, el cisne negro, imagen del descontrol, sensualidad y la encarnación del mal, harán que se obsesione hasta límites insospechados con su trabajo. Darren Aronofsky es por fortuna uno de esos directores que se salen del esquema típico Hollywoodiense que impera hoy en día, y sus trabajos, por contados, se convierten en regalos para el espectador que huye de los tópicos actuales, siendo Cisne negro otro excelente acierto del director. El uso de los personajes agónicos, obsesivos y torturados es una constante en su carrera, y si hacemos un rápido repaso en su corta pero importante filmografía veremos que a que me refiero: Pi, fe en el caos (1998), de la que Cisne negro toma ciertas pinceladas, Requiem por un sueño (2000), La fuente de la vida (2006) y El luchador (2008). Todas ellas tienen en su personaje principal a alguien con fuertes problemas (ya sean mentales, sociales o adicciones varias), y el caso de El cisne negro no es una excepción. El gran trabajo del director hace que desde la primera escena en que asistimos a un ensayo, disfrutemos con el uso que hace de la cámara para acompañar a los bailarines, y a lo largo de toda la película sabe plasmar los duros entresijos y sacrificios que exige una vida dedicada al ballet, logrando transformar con su cámara la armonía y belleza de la danza en pura angustia, dolor e incomodidad, para luego iniciar con maestría su juego de oscuros reflejos y dudas con las que nos enfrentará a medida que va avanzando la película. Natalie Portman destaca por encima de todos bordando su actuación desde el primer fotograma, haciendo creíble el personaje obsesivo y delicado a la vez, de una bailarina sobreprotegida por su madre. Portman hace el papel de su vida, con una figura frágil y que trasmite un gran dolor en sus esfuerzos por lograr lo que le exige el director de la compañía. 
Vincent Cassell, en su papel de director, sabe transmitir la dureza y exigencia hacia sus bailarinas. Él más que nadie reconoce las virtudes de Nina, su técnica y control que le sirven para bordar su papel como cisne blanco, pero es el primero en señalarle que precisamente ese control le impiden ser el cisne negro, exigiéndole que libere la sensualidad y el poder de seducción que tiene reprimidos con frases como: "Perfection is not just about control; it’s also about letting go".
El resto del reparto está también a un gran nivel, a destacar el fantástico el papel de Barbara Hershey (la madre de Nina) que logra hacerse odiar en su interpretación de una madre posesiva, bailarina frustada en su juventud y que trata a su hija como si una niña pequeña se tratara, con una relación totalmente enfermiza, o Mila Kunis en su papel como Lily, una bailarina con menos talento que Nina pero mucho más natural que ella, logrando una notable interpretación. Mientras Winona Ryder en su papel como veterana bailarina no llega a dar la talla y no te crees el personaje que interpreta.
Se le pueden encontrar muchas influencias, yo destacaría por encima de todas a La pianista de Haneke con esa relación enfermiza madre e hija con las mismas fobias y también algo de la conocidísima Mulholland drive de Linch.
Como resultado tenemos una película que atrapa y no te suelta, combinando perfectamente las escenas sobre el escenario y fuera de ellas, con imágenes duras e incómodas y otras bellas y sensibles, una dualidad que va acentuándose a medida que pasan los minutos, logrando un film que dificilmente pueda dejar a nadie indiferente, a mí me ha encantado y dificilmente podré olvidar la actuación de Portman, entregada como nunca.

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