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jueves, 16 de agosto de 2018

MISTER-X (1967)

El cineasta toscano Piero Vivarelli (1927-2010) se sumó a la moda de películas inspiradas en cómics italianos para dirigir dos sucesivos proyectos, Mister-X en 1967 y la más popularizada Satanik un año después, ambas ciertamente irregulares, pero no por eso del todo desdeñables.
A raíz de la publicación de historietas impresas de carácter sexy-violento como DiabolikKriminal a mediados de los 60, brotaron decenas de imitaciones y/o variantes de la figura del antihéroe enmascarado enfundando leotardos, pero no tantas fueron llevadas a la pantalla como sabemos, y menos con un mínimo de interés.
En el caso del fumetto "Mister X", de Bolzoni y Caminito, gozó de cierta repercusión en su periplo inicial en papel y eso despertó el interés comercial por llevarlo al celuloide. Vivarelli (o Donald Murray, como se prefiera), militante comunista tras la Segunda Guerra Mundial, se unió a la fiesta sin remilgos, entendiendo que se trataba de una producción sobre espías más, pero esta vez con disfraces.
Un ejemplar en francés del cómic de base
Anunciado como "Un fumetto giallo", lo cierto es que esta coproducción hispano-italiana no obtuvo ni el impacto ni la recaudación pretendida en su día, y tampoco con su "más difícil todavía", la coetánea versión televisiva (de la que solo se acuerda YouTube), o incluso el recurso definitivo, el personaje de Mister X anunciando detergentes Dixan. En fin, todas relegadas al ostracismo con honores.
Volviendo a su versión fílmica, "Avenger X" como se le conoce internacionalmente, presenta al millonario Bob Rockson, ocho veces campeón del mundo de golf, retirado ya de su andadura "criminal" siendo Mister X, al que ahora se le acusa de un asesinato que no ha cometido, pues alguien ha suplantado su ya de por sí enmascarada identidad.
Unos créditos esperanzadores
Por contra, George Lamar, presidente de una importante empresa química, trafica con drogas y hace tratos con la mafia para robustecer su economía, y claro, borra del mapa a quien intente destapar su trama, aunque  se trate de una más de entre su grupo de sinuosas amantes. La horma de su zapato será, como seguro estaréis suponiendo, nuestro espigado y sagaz bandido, al que haciendo un esfuerzo muy importante, compararemos con Arsène Lupin.
Mister X de paisano tomando té...
La acción se trasladará a la isla de Capri, donde Mister X (el recientemente fallecido Pier Paolo Capponi, popular por intervenir en varios giallos, aquí más cool como Norman Clark) y su fiancée Timmy se colarán en la mansión que allí posee el magnate para chafarle los planes y de paso volverse a sentir importante, porque de eso se trataba, de desplegar toda su egolatría y aires de aristócrata pasado de rosca.
El forense fake, de lo mejorcito
Lo más negativo de la cinta, por encima incluso de lo aburrida que llega a ser en muchos segmentos, es la falta absoluta de empatía que se siente hacia el hombre X, llegando casi al repudio. Si bien su personaje tiene puntos interesantes, como que sea un maestro del disfraz (el mayor acierto de todos), demuestre una crueldad sin límites o juguetee con el nihilismo, el problema venía ya de base.
Le falta tanto encanto y hay tan poco carisma en Capponi, que todo se hace plano y monótono. Con solo decir que pasan 40 minutos hasta poder verle en mallas o que la presencia de Helga Liné sea casi anecdótica (aquí como "miembra" del harén del magnate), son claros síntomas.

Nuestro amigo X, a punto de usar cigarrillos gadget para trepar un muro (...)
Tampoco ayuda el obsesivo empeño del cineasta en mostrar planos entre objetos (esculturas, helicópteros, árboles...), pues parece más un ejercicio de embeleso personal que una herramienta para enriquecer la obra, llegando a hastiar en algunos puntos concretos.
Dos ejemplos del empeño por encuadrar del director
La escasez de violencia, sexo o sentido del humor adolecen todavía más su visionado, y tan solo pequeños destellos de entre toda esta maleza fílmica recompensan nuestro tiempo. De entre ellos, los citados disfraces de X, como la máscara a lo Misión Imposible o el delirante momento como forense, secuencias más o menos originales (el intercambio del funicular o la horripilante muerte en la lancha), algunas frases lapidarias o el desfile de bellezas que conlleva, además de un par de localizaciones míticas.
Sea como sea, este flojo fumetto nero (uno de los más difíciles de encontrar en condiciones óptimas) con un protagonista tan remilgado, escuchimizado y sosaina como éste, no constará entre los mejores de su género, pero sí aporta su granito de arena a tan entrañable movimiento sobre enmascarados. O al menos a mí me lo parece.

lunes, 13 de agosto de 2018

ASALTO A LA CORONA DE INGLATERRA (1967)

Del medio centenar de cintas italianas de índole fumetti comprendidas en la década de los 60, un proyecto en particular consiguió desmarcarse del resto con ciertos honores, y no solo por su descaradísimo, casi obsceno oportunismo, sino por saber rizar el rizo y caricaturizar lo ya previamente caricaturizado, extrayendo con un gran sentido del humor todo el jugo posible a este tipo de producciones protagonizadas por héroes baratos con mallas, y llegando a popularizarse de manera tan sorprendente como inesperada. Me estoy refiriendo, cómo no, a la divertida "Asalto a la corona de Inglaterra".
Honesta y conocedora de sus limitaciones pero también de sus libertades, la película de Sergio Grieco aka Terence Hathaway (1917-1982), se puede entender mucho mejor si tenemos en cuenta las previas incursiones del cineasta italiano en el entrañable subgénero del Eurospy, (con James Bonds de oferta), compartiendo un par de ellas con el mismo actor protagonista, el americano de rasgos angulosos instalado en Italia y con experiencia en Peplums, Roger Browne.
Así pues, con la esencia todavía palpable de sus dos últimas películas con espías conjuntas (ambas en 1966), pero sumándose ahora a la moda de lo superheróico, Grieco y Browne unieron esfuerzos para concebir un film de mixtura caprichosa, un cóctel de subgéneros extintos y efímeros, que coincidieron accidentalmente en el tiempo, y que desembocó en un spoof de irresistible encanto pulp.
Riéndose descaradamente de la mucho más sobria y antipática "Superargo, el hombre enmascarado", nos presentan aquí a Argo-Man, un ¿justiciero? embutido en una elástica amarilla con poderes extrasensoriales e innumerables habilidades que tiene como alter-ego a un inglés multimillonaro de modales exquisitos, el criminólogo Sir Reginald Hoover, que viene con todo el pack (mansión a medida, coleccionista de obras de arte, gadgets high-tech, irresistible playboy, fuma en pipa, servidumbre cómplice...).

Sir Reginald muy bien acompañado (o viceversa)
Poderes telequinéticos como entrante
Tras una serie de inexplicables robos que están volviendo loco tanto a Scotland Yard como a la policía francesa, éstos unen fuerzas para desenmascarar a la bella Jenabell (Dominique Boschero) y así evitar que robe un gigantesco diamante que podría desencadenar una guerra nuclear y ésta se autoproclame "reina del mundo". Como es fácil suponer, será fundamental la ayuda de Sir Hoover primero (en tareas de especialista en crímenes), y Argoman después para, no solo beneficiarse a la malvada villana, sino de paso evitar males mayores.
No sirve de mucho remarcar el evidente espíritu B que desprende el film, ni las consabidas limitaciones tanto técnicas como económicas del proyecto, por lo que obviaré aspectos de carencias de recursos y/o presupuesto, y más que la forma (que también), me interesa el fondo. Me encanta la idea de que un mismo personaje se dedique a su vez a delinquir y luego a investigar quién delinque, que la villana utilice sus encantos sexuales con la misma libertad que su equivalente masculino, que la trama contenga retazos de naturalezas variopintas (una delirante y maquilladísima mad doctor que replica mandatarios, el robot asesino más torpe de la historia, mamporros all'italiana o un adorable erotismo camp), y que sepa reírse de sí misma a la vez que estructurar medianamente bien una trama sin duda alocada, entretenida y sobre todo, muy divertida si se le sabe poner la lente precisa.

Jenabell clonando a sus huéspedes para dominar el mundo
Difícil no fascinarse de semejante tecnología
Argoman no solo parece poder controlar con su mente toda clase de tecnologías y jugar con su telequinesis a placer, sino que además presenta una fuerza sobrehumana y una inteligencia superior; pero tiene un punto débil, su kriptonita personal, y es que aunque sutil, en la cinta se nos muestra culebreando la censura con maestría. Al parecer, cuando Sir Reginald Hoover mantiene relaciones y se "desfoga", necesita una serie de horas para "revitalizarse" y así poder volver a ser Argoman, lo que conllevará que le apalicen en un furgón, todo sea dicho de paso.

Argoman pavoneándose
Pistolón a traición
Como curiosidad, la película tuvo un baile de títulos importante, todo por tratar de rentabilizarla en cada país como fuera necesario. El original italiano fue "Come rubare la corona d'Inghilterra" (Cómo robar la corona de Inglaterra), pero también se la conoce por "Argoman, the fantastic Superman", "Superman le diabolique", "Superman diabolico", "Fantastic Argoman" o incluso "Superman contre les robots".... sea como sea, se trata de un film discreto pero entrañable, divertido e incluso mítico en diminutos círculos, que la proyectan como cinta de culto en pequeños festivales, aunque sea para paladares muy concretos.

domingo, 14 de mayo de 2017

THE GOLDEN BAT / IL RITORNO DI DIAVOLIK (1966)

En las navidades de 1966, la Toei estrenaba en tierras niponas "The Golden Bat", adaptación a imagen real del calavérico y carcajeante superhéroe "Ōgon Batto", conocido en nuestro país (es un decir) como "Fantasmagórico", aunque seria más preciso llamarlo "Murciélago dorado".
Obra del tándem entre Ichiro Suzuki y Takeo Nagamatsu en 1930, propició incluso un manga de relativo éxito por parte del tal Daiji Kazumine, además de ser considerado el primer superhéroe japonés de la historia, precediendo a personajes mucho más conocidos como Superman o Batman, que datan de casi una década después.
El film asume sin rubor su condición de puro tokusatsu de ciencia ficción enfocado al entretenimiento familiar, y plantea una trama genuinamente japonesa, repleta de deliciosa locura, villanos imposibles, híbridos culturales y esa arrebatadora e irresistible ingenuidad que impregna las citadas cintas japonesas de género.
Por un lado se nos presenta a un villano de felpa llamado Nazo, autodenominado "el Amo del Universo", que ha desviado la órbita del cometa Ícarus para que impacte con nuestro planeta en apenas 10 días, lo que sería el fin de la Humanidad. Por el otro, a un peculiar equipo de científicos de las Naciones Unidas capitaneado por el Doctor Yamatone (el incansable Sonny Chiba) que ha ideado un potente artefacto láser para destruir el satélite antes de la colisión, aunque precisan de un mineral concreto que sólo se encuentra en una isla remota.

El súper dispositivo láser, inútil sin el mineral adecuado
El Dr. Yamatone junto al grupo de cintíficos y la pequeña Emily, una fácil presa para Nazo.
La expedición se pone en marcha y descubren que no sólo se trataba de un islote con los últimos vestigios de la famosa Atlántida en cartón piedra, sino que allí habitaba, dentro de un sarcófago, un misterioso ser momificado desde hacía 10.000 años ¡nada menos!, que tras ser hidratado adecuadamente, despierta y se convierte en un murciélago de 1,80 que pone orden con su bastón de la justicia entre carcajada y carcajada (...).
Las fuerzas del bien contarán de ahora en adelante con la ayuda del héroe con cabeza de calavera y cuerpo dorado para tratar de evitar que el malvado Nazo se salga con la suya junto a su grupo de secuaces (en los que por cierto, es de ley destacar que hay una suerte de hombre lobo, una apetecible señorita con malas artes y un desquiciado a lo Joker).

Nazo y su trío de secuaces implacables...Keloid, Piraña y Chacal
Nuestro héroe usando su bastón de la justicia
En contra de lo que os pueda sugerir, estamos sorprendentemente ante una pequeña obra maestra del géneroque no sólo define y conjuga los ingredientes básicos de la nueva cultura nipona de la época (aportando elementos occidentales a los ya típicamente japoneses), sino que emerge con identidad propia y es un ejemplo perfecto de pasatiempo pulp, tremendamente divertido y del todo delirante. Sin duda una pieza a reivindicar con premura en nuestros lares.
En apenas 73 minutos, el director Hajime Sato (responsable de la también curiosa e interesante "Goke, Body Snatcher from Hell") nos recompensa con alienígenas de trapo con ínfulas, gadgets de feria, meteoritos destructores, rayos láser (o no), poderes imposibles, civilizaciones antiguas, submarinos voladores, cámaras de duplicado de humanos, maquetas de Tokyo y un superhéroe híbrido entre un vampiro y una momia. Creo que más no se le puede pedir.

El arte de la transformación, un arma inesperada de Piraña
Ogon Batto, la mezcla definitiva entre un vampiro, una momia y Bruce Lee
No es tampoco ninguna sorpresa desvelar que se trata de una producción tan humilde como simpática, sin mayores pretensiones, con efectos de post-producción insólitos pero agradablemente gamberros, y un conglomerado ideológico sin ton ni son, siendo un picoteo cultural casi al azar, sin conexiones demasiado coherentes. Ni falta que les hace.
Su condición de film-cómic llevado a la gran pantalla fue reclamo suficiente como para llamar la atención del mercado internacional, que se la apropió dos años más tarde para convertirla en "The Golden Bat", cambiándole incluso el nombre a los actores, todos directamente anglófonos.

La secuencia final, como no, de destrucción en Tokyo. Esta vez con una perforadora alienígena
¡Ah sí, con cara de calamar!
Lo más sonado sin embargo fue su estreno en Italia, país ya plenamente sumido en la fiebre de los fumetto, y que se tomaron la licencia de reconvertirla sin ningún tipo de vergüenza en una falsa secuela de "Diavolik" (esta vez con "v", por eso de los derechos), aprovechándose también de las obvias semejanzas de su protagonista con el tan de moda Kriminal y su rostro de calavera.
Así se rebautizó como "Il ritorno di Diavolik" (siendo previa incluso a "Danger: Diabolik"), convirtiéndose de paso en el caso más exótico, desvergonzado y por qué no, también extraordinario, de todos los "fumettos" que existen.
Actualmente hay dos versiones del film en DVD, la edición americana y la italiana, ambas parejas en lo que a calidades se refiere e insuficientes en material adicional, como es costumbre.

domingo, 12 de febrero de 2017

GODZILLA VS SPACEGODZILLA (1994)

Debemos dejar claras varias cosas. Esta nueva Serie Heisei (1984-1995) en donde Godzilla volvía a las pantallas japonesas con toda su gloria y adecuadamente modernizado, goza en general de un muy buen nivel y es una de las etapas más destacables de la larga saga del saurio radiactivo. Pero esconde varios problemas: el primero de ellos es que entre las 7 entregas de esta etapa se sigue una línea de continuidad total una con otra, comparte mismos actores y equipo técnico por lo que a veces da la sensación de ser una serie de televisión.
Este es un aspecto que si bien tenía sus ventajas, desde Godzilla vs Mechagodzilla (1993) se hace más evidente un ligero cansancio y agotamiento de ideas. Pero si en la anterior entrega se sustituía ese cansancio por un grado de diversión sin limites, en Godzilla vs SpaceGodzilla (1994) ya no hay nada que hacer, el castillo de naipes se cae de la peor forma posible. La entrega la cual hoy analizamos, es el punto más bajo de esta etapa Heisei y una de las más flojas de toda la saga Godzilla.
En el film, el organismo de lucha contra Godzilla encarga la construcción de Mogera, un robot gigante que tiene como objetivo contrarrestar los ataques del saurio. Sin embargo, la llegada a la Tierra de un poderoso "Godzilla Espacial" se convierte en una amenaza superior al "Godzilla original". Cuando el Godzilla espacial secuestra al Hijo de Godzilla, Mogera y Godzilla original se alían para vencer al villano.
Prácticamente todo en esta entrega resulta un despropósito, empezando por su look dejado y televisivo, algo inaudito teniendo en cuenta lo cuidadas técnicamente que habían sido las anteriores entregas desde 1984. Uno de sus males reside en la dirección de este artefacto, Kensho Yamashita, director japonés sin ninguna experiencia previa en el Kaiju y más dado a realizar producciones de carácter juvenil; y eso se nota. Además enfrentándose a un guión que tuvo mil re-escrituras y problemas. Akira Ifukube, el eterno hacedor de bandas sonoras de la saga, vio el panorama y abandonó el proyecto.
Técnicamente, el film es sorprendentemente, más pobre que anteriores entregas denotando a su vez el cansancio de Koichi Kawakita (responsable de efectos especiales en la saga), si bien contienen algunos mattes shots de Godzilla arrasando y causando destrucción muy destacables.
Space Godzilla, como villano, era una buena idea por enfrentar a Godzilla contra un homólogo desproporcionado y venido del espacio, pero apenas aprovechan y profundizan en el monstruo, quedando en un mamotreto poderoso y sin interés, un enemigo más que Godzilla vencerá sin mayor dificultad.
Space Godzilla crea a su alrededor una especie de monolitos de cristal que sirven a su vez de fuentes de poder para la criatura, las apariciones de estos monolitos en plena ciudad son un simpático guiño al film de ciencia ficción The monolith monsters (1957).
La explicación del origen de Space Godzilla debería figurar como una de las más ridículas y rebuscadas explicaciones científicas de la historia: las células de Godzilla absorbidas por Biollante y luego llevadas por Mothra al espacio, entraron en un agujero negro para más tarde salir por un agujero blanco, y la energía resultante hizo crear al monstruo que contemplamos en el film. Es poesía pura. El guionista se lució.

Space Godzilla es el nuevo enemigo a batir. Mucho ruido y pocas nueces.
Más horripilante resulta este momento
No falta la inocente "love scene" frente a un bello atardecer
Unos se enamoran en una isla desierta y otros huyen despavoridos de un monstruo gigante
Batalla en plena ciudad
Otro de los puntos más negativos de esta entrega es Baby Godzilla. La continuidad que muestra la saga Heisei obliga a que en este film, Baby, aparezca más crecidito, pero se podían haber hecho cosas mejores, mucho mejores que mostrar a un Minya 2.0. Un peluche de ojos saltones salido de cualquier serie infantil de tres al cuarto y que provoca los momentos mas vergonzosos de la cinta.
Si llevamos una serie de entregas de temática mucho más seria y hasta violenta, no toca a estas alturas rememorar los peores momentos de Godzilla y su hijo en los años 60.
La trama humana tampoco tiene el menor interés. Miki Sagusa, la telépata presente como personaje secundario en todas las entregas de la Serie Heisei desde Godzilla contra Biollante (1989), aparece como protagonista en Godzilla vs Space Godzilla (quizás por la popularidad del personaje) pero demuestra ir bastante justita a nivel interpretativo; el papel le va demasiado grande.
Tampoco ayudan los anodinos personajes que la rodean y la trama en la que una organización la secuestra para aprovecharse de sus poderes telepáticos contra Godzilla, pues es un despropósito aburrido hasta el hartazgo. La escena en que Miki está secuestrada y atada con correas a una cama de hospital y ésta mueve con sus poderes su propia cama es para darle un collejón al guionista. Y para colmo, esas visiones "chupiguays" donde a Miki se le aparecen las gemelas guardianas de Mothra montadas en una mariposa en miniatura realizada con la peor animación posible, rodeadas de un manto dorado que ni Cenicienta mandando mensajes inconexos y ridículos es de vergüenza ajena.
Si en la anterior entrega teníamos a MechaGodzilla, en ésta tenemos al robot gigante Moguera, robot que ya aparecía de manera más simpática y desproporcionada en el film The Mysterians (1956) de Ishiro Honda, y que se recupera en esta entrega al servicio de las fuerzas del bien.
Encima, Godzilla vuelve a mirarse como esa criatura bonachona pero que no duda en pisotear Tokyo en total sintonía con sus tiempos de héroe monstruoso en los años 70. El film además, hecha mano de stock shots de anteriores entregas para ahorrarse unos cuartos en materia de maquetas y escenas con monstruos (detecté clips de Godzilla contra Biollante (1989), Godzilla contra Mothra (1992) y Godzilla vs MechaGodzilla (1993)).
Godzilla vs SpaceGodzilla (1994) es un film muy pobre y sorprende porque se había conseguido una linea seria, moderna y espectacular en la saga que no parece corresponderse en absoluto con este engendro. Risible, absurda, aburrida y plena de despropósitos, aunque a su favor debo decir que contiene alguna que otra secuencia de destrucción muy bien resuelta, un enemigo atractivo (aunque poco aprovechado) y no abandona ese nivel de inocencia simpático que los japoneses son capaces de dar a producciones de este tipo. Pese al descalabro, el film no funcionó nada mal en taquilla con 3,2 millones de espectadores. 

martes, 7 de febrero de 2017

GEHARA: THE DARK & LONG HAIR MONSTER (2009)

Tras el fracaso estrepitoso de Godzilla: Final Wars (2004) y la floja aceptación de Gamera: The brave (2006), el kaiju-eiga pareció verse abocado a la extinción. Únicamente, gracias a una nueva generación de directores enamorados del kaiju, los robots y las ultra series, se lograron producir nuevos films del género, eso sí, de bajo o nulo presupuesto.
Productos destinados al mercado del vídeo y mayoritariamente con propuestas alocadas o nostálgicas, donde se explotaba el lado humorístico más que intentar enfrentarse a una temática seria. Death Kappa (2010) o The monster X strikes back: attack the G8 summit (2008) son ejemplos de films kaiju de esta última época. La película que nos ocupa, Gehara: The dark & long hair monster (2009), es un mediometraje para televisión y la ópera prima de Kiyotaka Kaguchi, director que se ha especializado en las nuevas series de Ultraman X o Ultraman Ginga, y que este año estrena un nuevo film del superhéroe bionico, Ultraman X, Gekijôban Urutoraman Ôbu Kizuna no chikara, okarishimasu! (2017).
Gehara recorre en 25 minutos todos los tópicos del kaiju eiga clásico, con mucho humor y sano divertimento. Una criatura gigantesca de larga melena surge de los mares dispuesta a destruir todo lo que se encuentre por delante, así que el gobierno japonés tendrá que idear un plan para acabar con la bestia.
Gehara, el kaiju melenudo
El delicioso guiño a Los monstruos invaden la Tierra (1965)
Como he apuntado, el film recorre con mucho humor y cariño los tópicos del género: la criatura que surge de los mares del Pacífico, el santuario de rigor perdido en el bosque con los monjes rindiendo culto a la bestia, la relación del monstruo como parte de la naturaleza...
También los personajes son tópicos de estas producciones: los políticos preocupados, los militares, el periodista que se desvive por la noticia... Para más cachondeo, el diseño de la bestia es peculiar y original, y me hace especial gracia que sea una versión monstruosa y deforme de la fantasma Sadako de The Ring (1998) (con la fiebre del J-Horror de aquellos años, sólo faltaba presentar a una melenuda monstruosa y agigantada).
No falta tampoco el plan ridículo y estrafalario del gobierno japonés para vencer a la bestia. Esta vez idean un enorme ventilador que hará que se despeine, dejando a la vista su punto débil. Como tampoco se prescinde del final melancólico, en el que acabas sintiendo lástima por la bestia, ni de la banda sonora, que imita a las magníficas marchas militares de Akira Ifukube en la saga clásica de Godzilla.
Por lo que se puede ver, su ritmo ágil hace que el mediometraje pase en un suspiro, y encima echándote unas buenas risas. Además, los efectos especiales cumplen sobradamente en un film de estas características, con un agradable toque retro. Y el giro final, cuando parece que todo ha acabado, es un delicioso homenaje a Los monstruos invaden la tierra (1965). Divertidísimo, y encima anuncia secuela.


Gehara: The dark & long hair monster (2009) es un mediometraje curioso, difícil de conseguir pero que resulta un homenaje lleno de cariño y muchísimo humor a un género que sigue influenciando a nuevos directores, 50 ó 60 años después. Recomendable.

viernes, 27 de enero de 2017

GODZILLA CONTRA BIOLLANTE (1989)

El regreso de Godzilla a las pantallas cinematográficas en 1984 tras 9 años de descanso resultó ser un buen éxito en la taquilla japonesa, que hizo que la bestia volviera a su merecido trono. Si bien para la siguiente entrega habríamos de esperar 5 años.
Para la nueva propuesta de la saga, Toho pensó una estrategia novedosa para involucrar a los fans. Se animó a que éstos enviaran sus propios guiones para escoger uno que fuera la base argumental de la nueva entrega.
Para el concurso, se presentaron nada más y nada menos que 5000 guiones diferentes, algunos incluso se utilizaron para otros films que no tenían nada que ver con la saga. En uno de ellos, se planteaba el enfrentamiento de Godzilla contra un superordenador. Esta historia se convirtió en el film japonés Gunhed (1989).
Un guión en donde se relataba una historia delicada y poética sobre un científico el cual pierde a su hija y ésta se reencarna en una especie de flor monstruosa llamó la atención a Toho. El guión fue escrito curiosamente por un dentista japonés llamado Shinichiro Kobayashi. Esta historia se convirtió en Godzilla contra Biollante (1989).
Godzilla contra Biollante fué quizás el film que acabó por modernizar al personaje a las nuevas generaciones con una propuesta que incorporaba muchas influencias del cine ochentero y norteamericano de la época. Todo se lo debemos al recién llegado a la saga, Kazuki Omori, el cual junto a esta entrega y la siguiente, Godzilla contra King Guidorah (1991), logró renovar totalmente la franquicia.
El film incorpora conceptos como el de la manipulación genética o el espionaje industrial, además Biollante no tiene nada que ver con ningún enemigo al que se haya enfrentado Godzilla con anterioridad. Un monstruo orgánico y tentacular que vendría a ser una mezcla entre La Cosa (1982) y la planta de La pequeña tienda de los horrores (1986), inicialmente apareciendo como una rosa desproporcionada y luego evolucionando a una enormidad monstruosa con cabeza de cocodrilo. Lo más interesante de esta bestia es (aparte de su poquísima presencia en pantalla), su origen genético/espiritual, ya que el científico derrumbado por la muerte de su hija mezcla el ADN de ésta con una rosa y con células de Godzilla, naciendo la criatura vegetal. 


Los poderes telepáticos tienen un papel importante en este film
Godzilla es el protagonista absoluto del film (de nuevo) así como las estrategias militares para derrotarlo. Otro elemento interesante es la absoluta continuidad respecto a la anterior entrega, ya que el film empieza al día siguiente del final de Godzilla (1984), con la reconstrucción de Tokyo. Además se respeta que Godzilla aún continúe atrapado en el volcán.
Esta continuidad entre las entregas será una particularidad de esta Serie Heisei (1984-1995), hasta el punto que casi parecerá una serie de televisión.
Otro que se estrena en la saga es el encargado de los efectos especiales Koichi Kawakita, el cual con esta entrega se erige como el auténtico sucesor de Eiji Tsuburaya. El trabajo que Kawakita realiza en este film, y que realizará hasta el año 1995, es para quitarse el sombrero, con un nivel técnico en las escenas de destrucción impresionante (con planos desde el suelo o aéreos). Además el diseño de Godzilla se remodeló a un aspecto musculoso, totalmente animal y asalvajado, que se ha convertido en el diseño más famoso y recordado de la bestia japonesa, añadiendo animatronics para las escenas donde sólo aparece la cabeza de la bestia de un nivel perfecto.
Godzilla contra Biollante (1989) es la entrega técnicamente más lograda hasta el momento. Las dos batallas del film están rodadas magníficamente, atrás han quedado las luchas de sumo ridículas de los años 70, aquí los monstruos luchan como animales de verdad.
Otro punto interesante es la inclusión de la telepatía con la aparición de un personaje femenino llamado Miki Sagusa, la cual tiene poderes telequinéticos y es capaz de saber donde está Godzilla. El personaje, carismático, aparecerá como secundario en el resto de entregas hasta 1995. Sin duda, fantástica la escena en donde todos los niños telequinéticos enseñan lo que han soñado en forma de dibujo y todos ellos son Godzilla. 



Por otro lado hay ciertos aspectos del film que rechinan. No contentos con tener un Súper-X en Godzilla (1984), en ésta tenemos al Súper-X 2, más y mejor que el anterior aunque técnicamente deje mucho que desear. Además con demasiadas subtramas: espionaje industrial, puñaladas entre gobiernos de diferentes países, persecuciones, tramas científicas, telepatía y los monstruos gigantes... El conjunto se hace largo y por momentos bastante poco interesante, hasta que aparece Godzilla. Tampoco era necesario que la banda sonora fuera tan molestamente parecida a John Williams, ya que por momentos parece que estés viendo un film de un Spielberg japonés, aunque se quisiera acercar al cine ochentero del momento, el resultado rechina. Y sencillamente horripilante el momento final, en donde aparece la cara de la hija muerta del científico flotando en los cielos. 


Godzilla contra Biollante es un film que merece más atención de la que obtuvo, una cinta que moderniza totalmente la saga con planteamientos novedosos, aunque con las ansias de querer abarcar mil conceptos diferentes se vuelva algo irregular y caótico en su primera mitad (pero imbatible en sus momentos monstruosos).
La taquilla del film en Japón fue bastante floja, con únicamente 2 millones de espectadores, por lo que la Toho decidió recuperar a los monstruos más famosos de la saga (King Guidorah y Mothra) y dejarse de modernidades.
Por cierto, Godzilla contra Biollante se estrenó en video y LaserDisc en EEUU en 1992 y fue el primer film de la saga en llegar intacto (sin remontajes ni doblajes extraños).

(Redactado por Adrián Roldán)
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