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viernes, 24 de agosto de 2012

SHERLOCK HOLMES DESAFÍA A LA MUERTE (1943)

Sexto episodio de la famosa serie de films sobre el agudo Sherlock Holmes y su respetable acompañante Dr.Watson, interpretados como ya sabemos, por el funcional tándem Rathbone-Bruce.
Como es costumbre, su duración es de apenas 70 minutos y mantiene cierta estética televisiva, (al igual que el resto de entregas) aunque aquí la ambientación es más cercana al terror, y eso, a priori, le hacía ganar interés.
En esta ocasión, El Dr. Watson está dirigiendo una residencia para atender a soldados convalecientes de la Segunda Guerra Mundial (se toca el tema con obligada sutileza, ya que aún no se había acabado el conflicto bélico en la fecha de su estreno).
Dicha residencia hospitalaria está situada dentro de la tétrica mansión Musgrave, cuya fama asusta mucho a los lugareños (no se entiende muy bien el por qué de esta extraña elección), pero que aparentemente, no son más que un cúmulo de viejas y obsoletas leyendas.
Tras el enigmático y (casi de chiste) apuñalamiento de su ayudante el Dr. Sexton en la oscuridad de la noche, el fiel Watson acudirá de nuevo a Londres en busca de Sherlock Holmes para que le ayude a desvelar el misterio.
A su llegada, Scotland Yard ya investiga un nuevo caso de violencia en la mansión Musgrave, y se sucederán sendas investigaciones paralelas entre nuestra pareja detectivesca y el despistado inspector Lestrade.
Cabe destacar que, sobre el papel, este "Desafiando a la muerte" quizás era el episodio más atrayente y terrorífico de los 14 que conforman la saga, pero una vez trasladado en pantalla, ha sido un casi decepcionante y rutinario ejercicio de intriga bastante desaprovechado.
Su punto fuerte es, sin duda, conseguir que Sherlock Holmes investigue su caso en medio de una atmósfera cercana al terror, con ingredientes tan utilizados como un sótano oculto, mayordomos sospechosos o pasadizos secretos que conducen a lugares tenebrosos.
Es en realidad, una adaptación bastante fiel del original de Conan Doyle "El ritual de los Musgrave", que según cuentan (no he tenido el placer) añade incluso más estímulos de horror que su homónima recreación cinematográfica.


Actuaciones teatrales (gestos exagerados y a veces caducos), chistes inofensivos y situaciones de interior hasta cansar es lo que propone este sexto episodio, que por lo menos a mí, me ha creado más indiferencia de la esperada. Con la "discutible" intención de liar al espectador además, aparecen una docena de posibles sospechosos en escena, apabullándonos de posibilidades y convirtiéndonos en prófugos de su bienintencionado encanto.
Si bien es cierto que desde una óptica nostálgica y más piadosa, el film puede considerarse como una obra más bien estimable, mucho me temo que el nuevo cinéfilo no la considerará relevante ni causará en él ningún efecto más allá del cariño.
En definitiva, un capítulo más en las aventuras de Sherlock Holmes que, aún siendo entretenida y a veces peculiar (esa partida de ajedrez humana), está por debajo de las posibilidades que ofrecía visto el guión original.
Punto esclarecedor: No me he equivocado con el título, ya que recibió ambas cabeceras (Sherlock Holmes desafía a la muerte y Desafiando a la muerte).

 

sábado, 28 de abril de 2012

EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE (1985)

El personaje de Sherlock Holmes, nacido de la pluma de Sir Arthur Conan Doyle, siempre se ha mostrado en pantalla (y en las novelas originales) como un inestable pero inteligente adulto con capacidades deductivas inigualables. Pero...¿os habéis preguntado alguna vez cómo pudo ser su adolescencia?, ¿cómo empezó todo? y..¿de qué manera llegaron a conocerse el Dr.Watson y él?
Apoyándose en esa idea de base, el cineasta Barry Levinson y el guionista Chris Columbus se dejaron convencer por el gran Steven Spielberg (aquí como productor ejecutivo) para capitanear las aventuras de un joven Sherlock Holmes compartiendo escuela con su inseparable Watson (en realidad, se conocen ya de adultos según Doyle, pero permitámosles esas licencias por el bien del cine).
Un chico inseguro de nombre J.Watson (Alan Cox, posible inspirador involuntario de Harry Potter) llega procedente del norte para estudiar en una prestigiosa escuela de Londres. Allí conocerá al que, años después, se convertirá en la persona más influyente en su vida, el inigualable Sherlock Holmes.
Éste, ya destacaba por sus enormes capacidades intelectuales y excelentes resultados académicos, pero cualquier moneda tiene dos caras y no todo el mundo en la escuela le tenía el mismo aprecio y consideración. Una serie de asesinatos recientes en la ciudad llaman la atención del joven Holmes, cuyo olfato para los casos más complejos estaba ya en proceso de maduración (incluso le retaban a resolver algunos dentro del recinto, con apuestas del profesorado incluidas).
Para Holmes, existe una relación entre esos asesinatos, que de maneras bien poco ortodoxas (la gente se suicida sospechosamente), le sugieren una extraña conexión criminal, como un minucioso plan oculto que aún está por desvelar.
Es ahí cuando Sherlock y Watson se unen para esclarecer un misterioso caso que acabará siendo mortalmente peligroso y mucho más cercano de lo que en un principio podían imaginar.


Esta aventura juvenil contiene todos los ingredientes para que su visionado sea de lo más placentero, actores capaces, diálogos ingeniosos, un buen guión (convincente tanto para el fan como para el primerizo) y una excelente banda sonora, que a buen seguro, gustará a todos los públicos.
Su excelente presentación de personajes (de lo que más me gustó, demostrando una gran capacidad en ese terreno) y esos toques de humor Watsoniano tan acertado logran alzarse con nuestra empatía, y no parecía sencillo, puesto que es un personaje mil veces trazado.
Su estructura lineal y su espléndida dosis de intriga la convierten en una más que estimable cinta "ficticia" (o más bien "libre") de las correrías adolescentes del gran Holmes, que nos cautiva desde un buen principio (hastiado de no ser ya un virtuoso del violín habiendo practicado únicamente ¡¡3 días!!), avivando su esencia plenamente.
Es evidente además la buena química entre la pareja protagonista (que no entre la chica y Holmes, puesto que ella deja bastante que desear, sobre todo en su último suspiro), y el elenco de secundarios, todos afortunadamente bien escogidos y dirigidos.
Tal vez, como puntos menos favorables, estarían las escenas de acción finales, que salpican inmerecidamente una cinta que ya de por sí, funcionaba sin esos recursos de estudio. Como podéis suponer, contiene alguna que otra crítica blanda en su conjunto (hacia la ineficacia policial británica, las rivalidades académicas entre alumnos y profesores e injusticias sociales varias, como el viejo científico incomprendido de la azotea) que no hacen sino que respetar lo comercialmente aceptable.


Nominada a mejores efectos visuales por la Academia en 1985, sobresale en el grueso de películas coetáneas por un encanto y personalidad propia, que nos seduce de maneras bien distintas (incluso los cánticos sectarios se hacen entrañables), y que nos deja un satisfactorio regusto cinéfilo (por favor, aguantad los créditos finales, la sorpresa es rigurosamente necesaria).
Es justamente en ese apartado visual donde debemos resaltar un magnífico trabajo de laboratorio, con algunas secuencias memorables (las alucinaciones son todas increíbles) y un despliegue de medios sin igual para la época, dignificando el film todavía más.
Sin duda, y obviando algunas secuencias de acción desajustadas y artificiosas, resulta una encantadora aventura para toda la familia, de principio a fin y capaz de hacernos disfrutar durante casi 2 horas de la auténtica magia del cine, trasladándonos a esa época y con esos personajes tan fascinantes.
Como punto adicional a mi reseña destacaré las fuertes similitudes con la saga Harry Potter, donde incluso hay personajes casi idénticos y lugares sospechosamente parecidos (el comedor de la escuela).....que quién sabe, quizás la Rowling sea una enamorada de esta cinta y no nos haya confesado aún que en realidad, le inspiró para su best seller.
Para terminar, agradecer de nuevo la inigualable iniciativa de los responsables del - Phenomena - por regalarnos esa proyección en 35mm tan gratificante en un cine como Dios manda, el Urgel de Barcelona.
Sin duda, estas sesiones son el acontecimiento cinematográfico más importante de los últimos años, y es obligatorio reconocerlo.

viernes, 16 de marzo de 2012

EL CASO DE LOS DEDOS CORTADOS (SHERLOCK HOLMES Y LA MUJER DE VERDE) (1945)

Undécimo capítulo de las correrías del sagaz investigador Holmes y su buen amigo Watson, interpretados una vez más por la mítica pareja Rathbone-Bruce. En esta ocasión, la policía de Scotland Yard recurre al famoso detective para esclarecer un difícil caso de un asesino en serie que acostumbra a cortar un dedo a sus víctimas.
Gracias a sus constantes suspicacias, Holmes desenmascarará un extraño caso paralelo de presuntos hipnotizadores, cuyos intereses parecen ir paralelos a los citados crímenes.
Pocas sorpresas nos depara este nuevo episodio de la serie Sherlock Holmes (desde 1939 a 1946), y que tras "La Casa del Miedo" y "Sherlock Holmes persecución en Argel", de ese mismo año, poco podía ofrecer ya al agotado espectador, que necesitaba un descanso de las pedanterías del ficticio detective británico.
Centrándome en este film en particular, podría decir que contiene tan sólo un par de deducciones interesantes por parte del famoso sabueso, y que por supuesto no son lo suficientemente convincentes como para enamorarnos, resultando del todo plana en su construcción.
Que no nos quepa duda de que si lo trasladáramos a nuestros días, esta saga sería una serie de televisión en toda regla, con actores jóvenes y guapos que solucionan capítulo a capítulo casos imposibles sin despeinarse. Por lo menos, aquí no hay un elenco deslumbrante que acapara las carpetas de las adolescentes, sino que más bien se trata de una adaptación fidedigna de los escritos de Sir Arthur Conan Doyle, evidentemente tomándose sus licencias gratuitas y cortando por lo sano en temas comprometidos, por supuesto (aquí, los opiáceos no son bienvenidos). Lo mejor de "Sherlock Holmes y la mujer de verde" (en blanco y negro pierde un poco de sentido el título, pero en su versión coloreada desvela la trama al instante, por lo que no sé que es peor) es su corta duración, su conciso entramado argumental y su fácil digestibilidad, que la convierten en un pasatiempo con cierta entidad y que requiere de un mínimo esfuerzo para obtener una reconfortante sensación de pleno entendimiento. Aquí no falta el cerebral Moriarty (el actor que más me ha gustado, aunque sin llegar a entusiasmarme), el humor infantil de Watson (causa vergüenza ajena) o el jugueteo de Holmes con las mujeres fatales, las drogas (flojitas, no os hagáis ilusiones) y las armas.
El elemento más original del guión es la aparición de la hipnosis como posible causa de los asesinatos, lo que consigue despertarnos cierto interés momentáneo, pero que lamentablemente, ni dura demasiado ni está aprovechado en sus posibilidades.
Por contra, los aspectos negativos (o adversos) sobresalen más que el resto, dejándonos una sensación final de extremada cautela fílmica (ni rastro de sangre, algunas muertes fingidas del todo bochornosas como el fiambre de la puerta o la carencia absoluta de imágenes impactantes) que no seducen nada y son un ejemplo de la estrechez neuronal de los censores de la época.


Como entretenimiento pseudo-intelectual facilón puede servirnos una hora, pero se le acaban las fuerzas insultantemente rápido, salvando la escena final de la cornisa, que aún nos mantiene un pelín en vilo.
Otra más pues, de las películas del Holmes original, que sirve como dosis para el amante más acrítico de la saga pero que no ofrece rasgo alguno de originalidad más allá de pequeños aciertos de guión.
Recomendable para todo aquél que quiera resolver un caso "elemental" jugando a ser detective, sin devanarse demasiado la sesera.

martes, 16 de agosto de 2011

LA CASA DEL MIEDO (1945)

El décimo de un total de catorce films sobre la figura de Sherlock Holmes que protagonizaran los míticos Basil Rathbone / Holmes y Nigel Bruce / Watson. El director de muchos de ellos fue Roy William Neill, un cineasta que rodaba incluso 4 películas por año (eran casi mediometrajes) y que únicamente su fallecimiento en 1946 fue la causa del cambio de batuta.
En esta ocasión, el personaje creado por Arthur Conan Doyle investiga un caso de asesinato en una misteriosa mansión a las afueras de Escocia. Una serie de personalidades de renombre (actores, médicos, cargos militares) se dan cita cada noche en el castillo de uno de ellos, con intención de cenar y charlar de sus vidas.
Una noche, la criada trae un enigmático sobre a uno de ellos, que todos interpretan como una broma. Poco tiempo después, la amenaza de muerte que describía la carta se cumple y sufre un trágico accidente. Estos sucesos se repiten una y otra vez hasta la llegada de Sir Sherlock Holmes, que hospedándose en la mansión intentará esclarecer el caso con su peculiar estilo de la lógica.
Esta serie de películas / episodios del detective más famoso de la historia son tremendamente entretenidos porque repite esa fórmula que tanto nos atrae, la de un individuo de mente superior atrapando al asesino que se cree más listo que nadie.
En concreto, este capítulo me atraía más debido a su componente de terror, pero no ha resultado tan gratificante como me había supuesto. Si es cierto que conserva el encanto de Holmes, y que su encarnación por Rathbone es mítica, pero resulta algo tramposa y menos sugerente que otros títulos del eminente detective. El personaje de Watson ofrece un par de escenas del todo tontorronas (indignas de un Watson como imaginamos) que parece querer despistarnos mientras suceden cosas de más importancia en el film. No desvelaré nada en concreto porque ahí radica el interés del capítulo, pero se hace tan fugaz y fácil de ver que desilusiona una pizca.
La sensación de déjà vu en el transcurso de sus 69 minutos es constante aunque siga siendo superior a episodios actuales con mil veces más presupuesto.  Su atmósfera misteriosa (no de terror) que logra es loable y su meritoria puesta en escena es digna de elogiar pese a diminutos y forzados caprichos de guión.
En definitiva, es lo que esperamos pero más edulcorado, que aún siendo buen cine, no resulta magistral.

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