martes, 25 de octubre de 2011

EL GUÍA DEL DESFILADERO (PATHFINDER) (1987)

¿Quién no ha querido ver una película enteramente hablada en lapón?, ¿Quién es el desdichado que aún no conoce la historia noruega del guía del desfiladero?....pues para eso estoy yo aquí, agradecidos lectores, para resolver estas dudas y muchas otras que seguro tenéis ahora mismo.
Hace más de mil años lleva contándose una leyenda en Noruega acerca de un chico que, tras ver como una tribu invasora mata salvajemente a su familia y él conseguir huir a duras penas (la escena del esquí cayéndose poco a poco hasta que es descubierto provoca una tensión peculiar), se esconde con otra tribu vecina que también deberá escapar de las atrocidades de los asaltantes.
El camino se hace largo y cada vez más peligroso hasta que nuestro protagonista, el joven Aigin, es capturado (en una escena que se merecía un collejón, todo hay que decirlo).
La única manera de salir con vida de aquella captura es guiándoles hasta donde están escondidos el resto de la tribu, para poder violar a sus mujeres y matar a sus hombres (si es que algunas tradiciones no cambiarán nunca). La resolución del conflicto en el film es una proeza heroica por parte de nuestro compañero lapón que provocará las legendarias narraciones hasta nuestros días.
Pathfinder resulta una película bastante agradable, con un tono entre épico y humilde que consigue plasmar en pantalla fundamentalmente dos cosas; la fría y nevada ambientación, tan adecuada e idónea (al final te entra frío y todo) y los actores en general, que hacen un trabajo tan creíble que nos sentimos a su lado en dicha aventura. Cierto es que no sigue patrón cinematográfico reconocible (el cine noruego de los ochenta es un gran desconocido), y causa bajones de atención debido a los métodos pausados de su filmación, pero una vez superados, entendemos que es una narración adecuada y del todo acertada en su modo de tratar la historia.
La gracia puede radicar en su historia (sobre todo en su último cuarto de hora), en su manera de fotografiar un mundo tan hostil y en que aún siendo de bajísima factura, el resultado merece un verdadero reconocimiento.
Caer en la tentación de verla doblada es perder todo ápice de significado, pues el idioma utilizado dota de mucha personalidad al film, y si la desnaturalizamos, se anula toda su energía, quedando en casi nada.


86 minutos de auténtica aventura noruega, con un sabor muy singular que provocará un cambio de registro ocular en el enquistado espectador, que no reconocerá las fórmulas habituales y deberá estar atento a otro tipo de lenguaje, muy gestual y ancestral. Fue nominada al Oscar en 1987 a la mejor película de habla no inglesa, levantando al cine noruego de su eterno ocultismo y cosechando su primer éxito internacional. Ha conocido una versión norteamericana más reciente (en el 2007), donde Marcus Nispel, director del remake también de Conan, se lució de lo lindo añadiendo escenas gore a mansalva y mezclándolo con vikingos y bestias pardas.
En fin, un clasiquito muy significativo del país noruego que abrió las puertas a proyectos internacionales y que aún siendo diferente cinematográficamente hablando, es recomendable para (casi) todos los públicos.

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