jueves, 29 de septiembre de 2011

ENGENDRO MECÁNICO (1977)

Recupero una de las cintas de ciencia ficción más peculiares de los años setenta, de un director escocés de filmografía muy escueta (sólo dirigió 2 largos en realidad) pero con un anecdotario muy extenso.
La película en cuestión, Engendro Mecánico (Demon Seed) ha sido tan injustamente menospreciada por la crítica que necesitaba un análisis por mi parte con todo merecimiento, ya veréis por qué.
De entrada, no cabe duda que el director de la misma, Donald Cammell, fue un verdadero personaje y tuvo una vida tan agitada como interesante. Asiduo a orgías y fiestas liberales, se dedicó a la pintura gran parte de su vida, pero optó por participar en extraños documentales y, de vez en cuando, ponerse detrás de las cámaras para seguir creando arte, esta vez de índole cinematográfica.
Explicando el suicidio que acabó con su vida nos podemos hacer una idea de su extravagante comportamiento. Tras pegarse un tiro en la cabeza sin éxito, aguantó una agonía de 45 minutos en estado de éxtasis premortem, perfectamente lúcido según cuentan, pero evidentemente herido de muerte, donde le pidió a su mujer un espejo para admirar su propia muerte. Un caso claro de ser humano trastocado y muy lejos de la tan necesaria cordura. Esta es la versión de su mujer China Kong (!), que de todas formas seguramente lo contó como quiso, porque sino se la hubiese imputado algún que otro cargo. En fin, el señor Donald Cammell se atrevió a llevar a la pantalla la novela de Dean R.Koontz "Demon Seed" (la semilla del demonio), con un estilo muy particular. El planteamiento no tiene desperdicio como podréis apreciar y su realización es a la vez extraña y perversa.Susan Harris está casada con Alex, un innovador científico que ha sido capaz de crear un ordenador con cerebro orgánico (glups) al que ha bautizado como "Proteus". El constante aprendizaje de la máquina no tiene límites y razona con cada vez mayor precisión, hasta que llega el día que se quiere alzar con el mando de sí misma, plenamente autoconsciente de su naturaleza prisionera.
Debido a la automatización de la futurista casa de Susan, Proteus decide encerrarla para hacerle pruebas psíquicas y físicas, para llegar incluso a procrear y conseguir hacerse corpóreo.
Susan pasará un verdadero infierno ese mes (no hay manera de salir) y completamente estupefacta dará a luz al propio Proteus contra todo rigor científico. Como podéis ver, el guión es de auténtica ciencia ficción y muy adelantado a su tiempo, tocando temas escabrosos y no del todo controlados aún en nuestros días como son la clonación o la inteligencia artificial y sus límites (por cierto, tema central en el inminente Festival de Sitges 2011). La película arranca con cierta lentitud para presentarnos al creador de la máquina, un científico sumergido en su sótano y lejos de una vida conyugal satisfactoria, que tiene a su mujer, psiquiatra de profesión además, casi olvidada.
También nos enseñará las intenciones de Proteus y más tarde viviremos el calvario de la pobre Susan, que le toca la peor parte del asunto. A mi parecer, la premisa es muy interesante y transgresora, haciendo que la experiencia de su visionado sea muy entretenida. Momentos como los que suceden en la casa de Susan son espléndidos, con una silla con mano robótica llamada Joshua muy traviesilla, un videoportero moderno bastante curioso y un servicio de cafés en todo el recinto digno de mención.
Proteus realiza pruebas a Susan de fertilidad que son permanentes en mi retina ya (atada de pies y manos, utiliza al bueno y servicial Joshua para introducir artefactos por diferentes orificios), y sus inquietantes planes para tener vida propia sumados al resultado final son de un bizarrismo raro en la época. De hecho, el engendro mecánico que hace referencia el título es el "hijo" del propio Proteus, regalándonos uno de esos finales que jamás olvidaremos. La fuerza del film está en su marcado erotismo entremezclado con pequeñas dosis de terror comedido pero angustioso que encima, son punzantes con la sociedad actual (incluso con la contemporánea).La actuación de Susan (una impresionante Julie Christie peleándose con sillas, enajenándose por momentos y actuando casi en solitario) fortalece el film de una manera excepcional, recayendo en ella el peso de la película y con total merecimiento siendo lo mejor del mismo. En conjunto es digna de recuperar, aún teniendo momentos ralentizados o prescindibles (algunos minutos del principio tal vez) se eleva como un mini-clásico que hará las delicias de los seguidores de la ciencia ficción, planteando muchas incógnitas acerca del uso de las máquinas y su propia consciencia futura.
Hitchcock copió la idea para un episodio de su mítica serie e incluso en un especial de Halloween de los Simpsons se le rinde homenaje.
Me quedo pues con ese embrión mecánico superdesarrollado (tan sólo 1 mes de gestación) y con una Julie Christie fenomenal que acompañados de un buen guión, valiente y atemporal, me han seducido lo suficiente como para que la tenga siempre en mi memoria.

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