

En multitud de ocasiones ya he dejado bien clara mi devoción por el cine coreano, por lo que tenía bien marcada en la agenda
Nameless Gangster: rules of time, una ocasión perfecta además para reencontrame con uno de los mejores actores de ese país y uno de mis preferidos:
Choi Min-sik, que para todos aquellos que no os suene, fue el protagonista de
Oldboy o quien daba vida más recientemente al despiadado psicópata de
I saw the devil. La película nos muestra una historia que en ciertos pasajes puede recordarnos a producciones occidentales como
Casino o
Uno de los nuestros,
teniendo en común con ellas el mostrarnos el ascenso y caída de un
hombre metido en negocios turbios con la mafia, pasando del anonimato a
crearse un nombre con una fuerte personalidad que erige un pequeño
imperio a su alrededor. De esta forma nos situamos en la Corea de
principios de los años 80, una época de muchos cambios con los Juegos
Olímpicos en el punto de vista de un país que estaba sufriendo múltiples
cambios para abrirse al mundo ante tal evento, y lo que suponía una
oportunidad para todos aquellos avispados hombres de negocios y gente
sin muchas contemplaciones ni miramientos. Y aquí conocemos al personaje
interpretado por
Choi Min-sik, un corrupto agente de aduanas que
verá como a partir de un golpe de suerte al encontrar un alijo de
heroína, empieza a tener contactos con auténticos gángsters, mafiosos de
primera, para poco a poco ir creando a su alrededor un poderoso clan
que aprovechará todas las oportunidades a su alcance para forrarse sin
miramientos.
El
film juega en dos lineas temporales, la primera vendría a contar lo
comentado hasta ahora, desde los primeros chanchullos en las aduanas,
hasta su entrada por la puerta grande y consolidación como uno de los
hombres más poderosos del país. Mientras que la segunda empezaría en 1990, con la
acusación por parte de la fiscalía, en que entre otros cargos que se le
atribuyen, están la extorsión, secuestro, malversación o amenazas. Teniendo desde
este instante en el punto de mira a un hombre que tirará de
todos sus recursos para escapar de la mano de la justicia.
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Un auténtico mafioso que abrirá las puertas de su mundo al corrupto agente de aduanas... |
El film tiene una factura exquisita, como en las
mejores producciones del género, con un montaje inteligente a la hora de
situarnos en un marco temporal o en el otro, para ir avanzando de forma
coherente y ordenada en una interesante trama, que además conjuga todos
los ingredientes de clásicos arriba mentados (seguro que la escena del
apaleamiento y posterior entierro en medio del campo, os remite a una
escena casi calcada de Casino donde
Joe Pesci y su hermano acababan de la peor manera imaginable sus andaduras como criminales).
Otro
punto que queda de relieve en la película, es una crítica hacia la
cultura y tradición coreanas (quizás cueste entenderlas para los poco
habituados a ellas), como son las organizaciones jerárquicas dentro de
los árboles genealógicos de las familias y que aquí son un importante
puntal para justificar ciertas acciones y reacciones de los
protagonistas.
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Finalmente llegando a la cima, un respetado y temido business man... |
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Peleas con bates y todo tipo de ajustes de cuentas, marca de la casa... |
No falta de nada aquí, desde acción con palizas de
todo tipo y para todos los gustos (hasta la clásica con bates de
baseball tan habitual en obras de esta nacionalidad), pasando por
destrozar un teléfono en la cara de un secuaz que ha dejado mal al clan,
y otras varias. De igual manera que la trama socio-política también
satisfará a los más exigentes, haciendo que las algo más de dos horas
del film se nos pasen volando y nos quede un grandioso regusto al
acabar.
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