sábado, 24 de noviembre de 2012

INSENSIBLES (2012)

Una obra que como ya hiciera Guillermo del Toro con su más que interesante El laberinto del fauno o dentro del mismo Festival de Sitges de este año, con El bosc de Óscar Aibar, entremezcla un marco temporal situado en nuestra Guerra Civil, con una importante dosis de fantasía.
El film cuenta la historia de David (Àlex Brendemühl), un reconocido neurocirujano a quien tras un accidente de coche en el que fallece su pareja, se le descubre una grave leucemia que requiere un urgente transplante de médula para poder sobrevivir. Este hecho forzará un acercamineto hacia sus padres, con quienes mantiene una distante y fría relación, siendo su única esperanza de encontrar un donante compatible. Sin embargo, la petición de ayuda a sus progenitores, abrirá la puerta de un lejano y desconocido pasado para David, siendo el principio para poner en duda todo lo que sabía de sus orígenes. En su búsqueda, descubrirá lo sucedido en un lejano 1931, donde en un pequeño pueblo catalán, una serie de niños muy peculiares se desvelaron totalmente insensibles al dolor físico, aterrorizando a las autoridades de la zona. Por lo que fueron recluidos en una institución mental desde entonces para evitar cualquier tipo de contacto con el resto de niños "normales" de la zona.
La película se mueve entre dos lineas temporales (tiempo presente y años 30), conjugando bien ambas para ir montando el puzzle que tenemos entre manos, revelando poco a poco las incógnitas que se nos van presentando.

Uno de los niños a punto de ser encerrado en una celda de asilamiento...
Ambas tienen la virtud de mantener el interés del espectador y ser bastante equilibradas en este sentido (todo lo contrario que ocurría, por ejemplo, con Herois (2010), en la que la linea temporal de los años 80 era muy atractiva, pero la que nos situaba en la actualidad, carecía de cualquier tipo de interés y empatía hacia unos personajes y situaciones vacíos e insulsos).
De esta manera, el ambiente oscuro, sucio y desesperanzador de la institución mental logra despertar nuestro interés en algo pretendidamente tan inocente como son los niños. Pero que con su más que peculiar carencia de cualquier tipo de conocimiento del dolor o de sus implicaciones, nos regala algunas imégenes dolorosas como la autoinflicción de lesiones (quemaduras, arrancarse las uñas, piel e incluso el autocanibalismo en uno de los casos...) o la imposibilidad sentir ninguna emoción clara.

David intentando descubrir el pasado que no le cuenta su padre...
Pasada una primera mitad muy notable y entretenida, donde destaca la experimentación de los doctores con los pequeños y el atisbo de un misterio truculento en el pasado de David, acusa una cierta pérdida de ritmo que hace que por momentos, lo pretendidamente poético acabe convirtiéndose en imágenes sin alma, carentes de la carga emocional que tenía en sus inicios.
Si bien se sostiene y entretiene eficazmente, nos regala un final impropio, y en mi opinión, completamente desacertado (no en ideas, sino en plasmación cinematográfica), un tanto pasado de vueltas para lo que se intuía a lo largo del metraje.
De todas maneras, el papel principal de David (Àlex Brendemühl) es destacable y muy creíble. Todo lo contrario del director del "hospital", un inadecuado Ramón Fontserè que no da la talla en ningún momento del film, a pesar de ser un personaje muy importante en la historia. El resto del reparto está muy bien elegido, abundando habituales actores del panorama teatral catalán, siendo muy solventes con sus respectivos roles.
La película es un mero vehículo para retratar las dos actitudes con las que se suele afrontar nuestro aún reciente pasado histórico, recordar u olvidar. Poniendo de manifiesto como los hechos vividos a lo largo de la Guerra Civil como en los años posteriores de represión y limpieza que tuvo lugar en España, hay quien prefiere dejarlos bien escondidos y encerrados, mientras otros necesitan el reconocimiento de lo ocurrido (han pasado más de 70 años y aun existe mucho debate alrededor de este asunto). La insensibilidad de los niños (teóricamente seres inocentes) en sentir el dolor y el placer, bien puede ser una metáfora de la insensibilidad de todos aquellos que actuaron así a lo largo de los oscuros años que duró el Franquismo. Una obra interesante, sugerente, a la que quizás se le vaya de las manos el control que tenía, con un final quizás no del todo adecuado y lejos del tono utilizado hasta ese momento, pero en ningún caso una película que deba dejarse de lado.

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