jueves, 10 de mayo de 2012

JUEGO DE ASESINOS (WEAPON) (2011)

Vincent Brazil (Jean-Claude Van Damme) es uno de los mejores asesinos a sueldo del mundo, dispuesto a aceptar cualquier trabajo posible, si el precio es bueno. Roland Flint (Scott Adkins) dejó el juego hace años tras presenciar como violaban y golpeaban a su mujer hasta dejarla en coma, y actualmente vive retirado, volcado en sus cuidados.
Cuando el mafioso responsable de aquella atrocidad queda en libertad expresamente por la Interpol, ambos desearán liquidarlo, uno por pura venganza (Flint) y el otro simplemente por dinero (Brazil).
No tardarán en descubrir que es todo una artimaña para acabar con Flint y así evitar que salgan a la luz asuntos sucios de la Interpol, por lo que acabarán uniendo sus fuerzas contra el mismo objetivo, el despiadado Polo Yakur.
Cuatro años hacía que no me sentaba a ver algo del belga Jean-Claude Van Damme, desde ese film tan peculiar titulado JCVD, en 2008, que me dejó una sensación muy agradable, (incluso descubrí en él una vertiente dramática hasta la fecha inédita). Si bien es cierto que parecía tocar fondo una vez perdida su magnífica forma física, lo cierto es que todo indica que ha sabido encontrar la manera de volver a la pantalla con decencia (aunque esté repudiado al direct-to-video merecidamente, vistos sus últimos fracasos) sorprendiéndome gratamente con este film (también es verdad que no apostaba un duro por él).
En un principio el film se iba a titular "weapon" (arma), y nos pretendían deleitar con la pareja Seagal-Van Damme por vez primera en pantalla (con el morbo que ello suscitaría, debido a sus encontronazos en la vida real), pero diferencias de opiniones apartaron al aikidoka del proyecto, y escogieron posteriormente al británico Scott Adkins (el peligroso Boyka de Invicto 2 y 3), lo que personalmente, ha significado todo un acierto. Una vez metidos en el film, descubrimos que está filmado en un sutil y muy sobrio color sepia (con flashbacks en blanco y negro) dentro de una narración sosegada e interesante. Esa candidez de imágenes le sienta muy bien a un Van Damme entradito en años (51) que ya no brinca ni enseña sus abdominales, sino que aquí lleva una vida vacía y solitaria, acariciando la tristeza (en su vida personal ha sufrido divorcios, juicios de paternidad y demás asuntos que, seguro, le ayudaron a construir su personaje).
La presentación de ambos personajes, y de su posterior "target" (el ucraniano Polo Yakur) es de manual, incluso la parquedad de guión en un principio hace sospechar en una película más de la estantería del vídeo-club. Sin embargo, situarnos en Rumanía (original y poco manido lugar para filmar), con dos asesinos a sueldo de caracteres antagonistas y una vez visto ese espléndido piso franco que usa Brazil para mantenerse oculto (el cochambroso apartamento tapadera tiene un baño secreto impresionante), es suficiente para que entonemos con ella y queramos saber como se va a desarrollar.


El conflicto argumental basado en el tráfico de armas entre "Interpol / asesinos a sueldo / Mafia" es, a priori, un tema ya muy visto, y por ahí la película no nos va a sorprender. Las partes más positivas del entuerto son (ahí va la sorpresa), las interpretaciones del dúo, que son "adecuadas" y nada sobreactuadas, la serenidad del film (sobre todo, sus humildes pretensiones), y una duración y ritmo correctos, que en ningún momento resultan molestos.
No hay manera de que se desprenda del olor a producto de bajo presupuesto diseñado para consumo televisivo (y no solo por esa portada tan inadecuada), pero merece un aplauso por
tener cara y ojos, por demostrar cierta personalidad y buen pulso con la cámara (hay un uso preciso y nada abusivo de las dotes marciales de ambos que se agradece mucho). La falta absoluta de romanticismo barato que siempre colapsaba las cintas del belga (ya sabéis, a todas las que se pasaba por la piedra mientras les salvaba de los peligros), aquí tiene un giro tan brutal como inesperado, muy interesante. Lamentablemente, hace gala de algunas carencias que impiden que logre una mayor entidad, como el exceso de slow-motion con volteretas perfectas (ver la escena final y me entenderéis), los problemas con el maquillaje (heridas que van y vienen) o la estéril historia de la mujer postrada, que aunque bienintencionada, no es nada creíble.
Secuencias para destacar hay tres concretamente. La visita al entendido en armas del que intentan extraer información (ese arma con memoria es una pasada), su primer encuentro (buena lucha face-to-face) y una escena erróneamente suprimida donde se muestra como torturan a una pareja de franceses con unas tenazas (se pueden ver en los extras).
Al tener una nula distribución en salas (únicamente se estrenó en Rusia, y con éxito, por cierto), seguramente por la estela tan "pobre" que ya deja Van Damme en sus trabajos, se le metió en el saco de "fracasos del belga" quizás demasiado prematuramente, pues en mi opinión, no merece tal etiqueta.
Ideal para una noche de sábado con ganas de acción suave, historia sencilla pero bien estructurada y el "placer" de volver a ver a Van Damme, mucho más comedido y consciente del paso de los años.

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