sábado, 4 de agosto de 2012

LIBERTAD PARA MORIR (1990)

Film carcelario ajustado a la percha del belga Jean-Claude Van Damme  dentro de su época dorada, que como os podréis imaginar, aquí reparte estopa a todo aquél que le tose dentro de chirona. Lo más interesante tal vez de esta "Death Warrant " (aparte de su repertorio de patadas voladoras desde diferentes ángulos de cámara) es que fue el bautizo de uno de los guionistas más en boca de todos a día de hoy, David S.Goyer.
Nadie hubiese apostado que décadas después, David  escribiría dos trilogías de cierta importancia en el mundo del cine: la de Blade (para lo bueno y para lo malo, él es el culpable de sus tramas) y las fantásticas adaptaciones del Batman de Nolan, quizás la mejor versión de un cómic llevado al cine jamás realizada.
Este, el que fue su primer guión, le sirve para colocarnos al policía de Canadá Louis Burke (así Van Damme  tiene justificado su acento) en una penitenciaría porque tiene que averiguar un caso de presos desaparecidos. Una vez dentro y descubierto todo el pastel, Burke deberá luchar por su vida para no ser el siguiente de la lista, pues el enemigo que buscaba no andaba muy lejos.
Lo bueno del film es su absoluta transparencia, ya que no engaña a nadie y proporciona lo que sugiere, mamporros, músculos y acción en sus poco más de 90 minutos.
Repleta de clichés (la chica que se deshace con una mirada, el negro que te ayuda dentro de la cárcel, el compañero charlatán o el genio informático con gafotas), la película distrae tanto que sólo nos acordaremos de lo floja que ha sido al rebobinar en nuestra memoria, descubriendo entonces que nos ha dejado medianamente complacidos pero mínimamente convencidos. La fanfarronería del belga está presente en todo el metraje (incluso en situaciones en que lo mejor es estar calladito), dejando al descubierto sus limitadísimas armas interpretativas pero equilibrando la balanza por una asombrosa destreza marcial, todo un lujo para el boquiabierto espectador.


Siempre pasto de video-club, el actor pobló las estanterías de todos esos establecimientos cinéfagos durante años, ofreciéndonos nuestra dosis de héroe "cachas" con final feliz (salvo excepciones en su filmografía, todas son lo mismo, cambiando de escenario).
Aunque el guión sea plano y algo simplón (imposible perderse en la trama aunque cabeceemos), se sostiene lo justo para no defraudarnos en exceso ni decaer mientras avanza, y eso, en este tipo de films, es digno de aplauso. Mezclar el tráfico de órganos con criminales de baja estirpe no es una mala idea, al contrario, pero es aquí es totalmente secundaria puesto que la atención se centra en los bíceps de nuestro apuesto policía (que se triunfa sin pestañear a la abogada, ¿ya lo había comentado?).
También habrá tiempo para venganzas personales (en un torpe intento de dar profundidad dramática a nuestro protagonista), que lo enfrentarán al "inmortal" Sandman (hombre de arena), un mastodonte sin cejas que asesinó a su compañero meses atrás y todo eso... aunque podéis estar tranquilos, ganamos nosotros al final. Basta decir que si bien le tengo un cariño concreto por cimentar mis recuerdos cinéfilos, también debo ser justo conmigo mismo y despertar de mi letargo juvenil, descubriendo su limitada calidad y su agotada fuente de originalidad (aunque el "mack daddy" rodeado de travestís no es un tema muy explotado).
Ni tan siquiera las escenas de lucha son remarcables, quedando muy lejos de otros éxitos del karateka más bailarín (Bloodsport  o Kickboxer, por ejemplo). Patadas filmadas desde 4 ángulos y montadas a la vez (así la paliza parece mayor), o gestos característicos que no pintan demasiado esta vez (siempre se las ingenian para cegarle) hacen que nuestra experiencia al revisionarla sea peor de lo que podamos recordar.
De todas maneras, lejos de toda intención está el desaconsejarla, pues pienso que forma parte de una época maravillosa (aún se la podría considerar ochentera, pues se rodó en 1988) y pertenece sin remedio a una generación que creció imitando las habilidades técnicas de Van Damme, y eso, creo que bien merece un respeto.


Quizás las nuevas hordas de cinéfilos no sepan verle el encanto que nosotros le vemos a los films de Van Damme  (no a todos, por supuesto), pero sí deberían comprender que el belga ya ha entrado con honores en la lista de los 5 mejores héroes de acción de los ochenta, junto a los Stallone, Schwarzenegger  y compañía.

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