miércoles, 16 de noviembre de 2016

MACISTE CONTRA LOS FANTASMAS (1964)

Al calor de otros forzudos de buen corazón como Hércules, Sansón o el infatigable Ursus, el cine péplum también "resucitó" al personaje de Maciste en la primera mitad de los años 60, llegando a protagonizar hasta una veintena de films (2 de ellos, ya en los 70, perpetrados por nuestro todoterreno Jesús Franco).
El rocoso Maciste, tras su largo periplo por el mudo (27 películas, nada menos), ahora se enfrentaba a un nuevo abanico de variopintos enemigos; cíclopes, vampiros, mongoles o hasta el mismísimo Zorro, y bajaba a los infiernos si era necesario, todo dentro de las libertades que el peculiar género mitológico ofrecía.
La mayoría de estos films, meros exploits a su vez de otros exploits, tenían como protagonista al culturista foráneo de turno, americano o británico, que sin entender demasiado el idioma (se aprendían los textos así, fonéticamente), se prestaban a lucir pectorales dentro de un siempre simpático y bienintencionado producto de serie B sin mayor pretensión.
Dentro del filón Maciste, obviamente hubo de todo; hubieron films regulares, flojos, más o menos interesantes, algunos del todo demenciales o incluso otros muy estimables (caso de "Maciste contra el vampiro", en 1961). Pero sólo uno se atrevió a adentrarse en la ciencia ficción como lo hizo "El Gigante de Metrópolis" años atrás, creando una película del todo inusual y en la que merece la pena detenerse.
"Maciste e la regina di Samar" (literalmente "Maciste y la Reina de Samar"), fue la penúltima producción de la saga, ya en plena decadencia del héroe, e inesperadamente fue una de las más significativas.
De entrada, aquí el fornido justiciero estaba encarnado por uno de los poquísimos actores italianos culturistas, el recientemente desaparecido Sergio Ciani (stunt de Steve Reeves en su día) y que también se concedió el lujo de cambiarse el nombre a uno más cool y de mayor tirón comercial, pasándose a llamar Alan Steel.

La perversa Reina Samara sometiendo a todos, incluido el bueno del canciller
Maciste haciendo constante alarde de una fuerza sobrehumana
La actriz francesa Jany Clair, perfecta como Reina sin piedad
Curiosamente, el timón del film lo llevó el experimentado Giacomo Gentilomo (1909–2001), el que fuera co-director del mejor episodio de la franquicia antes citado, y que también tuvo un alter ego anglosajón, de nombre John Gentil.
Para la ocasión, Gentilomo llevó la misión del semidesnudo semidiós a terrenos inexplorados, y decidió que aparte de los estilemas propios del género como la figura del tirano que somete al pueblo (aquí la Reina Samara), el siempre casto flirteo entre el héroe y la estilizada de marras, los sudorosos combates contra seres imposibles o esos inevitables desastres naturales con final feliz donde prevalece el sentimiento de justicia y/o venganza, su film necesitaba condimentarse con nuevos sabores. Ingredientes de otra índole.
Así pues, Maciste acudirá a la llamada del sometido pueblo de Samar, se enamorará de la jovencísima hija del canciller (no sin antes advertir que su edad era, cuanto menos, inapropiada), y se enfrentará a numerosas criaturas, pero, y ahora viene lo curioso, nada es lo que parece a simple vista.

Maciste en plena acción subterránea...y de paso, conquista el corazón de la frágil y enamoradiza hija del canciller
Los hombres de piedra, una amenaza peculiar
Maciste, alardeando de nuevo
Lo insólito del caso es que la Reina Samara tiene un pacto secreto con seres extraterrestres (de la Luna) para conseguir la vida eterna y como no, más riquezas. Les deberá suministrar cada cierto tiempo un buen surtido de jóvenes para su sacrificio en "la Montaña de la muerte", para que la reina de éstos, Selene, resucite.
Para evitar dicho plan, Maciste deberá enfrentarse, por lo común al galope, con su ejército de hombres-piedra, gorilas dentados, escapar de trampas en subterráneos o conseguir seducir a la soberana en unas escenas para el recuerdo. Además de escapar a los devenires de la caprichosa Naturaleza, siempre causante de numerosos desastres en el último tercio de metraje (en este caso, por una conjunción astral).
Si todavía no os seduce la idea, aún hay más. A todo este desbarajuste conceptual hay que sumarle un incesante desfile de peinados femeninos con sus moños, extensiones y postizos, sonrojantes intrigas palaciegas, divertidos efectos especiales (¡ese inexplicable filtro dorado final!) y escenas de lucha que nos recuerdan inevitablemente al mítico Astérix contra los romanos, tanto en lo referente a su vis cómica como en lo "viñetesco" del enfoque.

Maciste en la secuencia más recordada del film (que no la mejor)
El ser de la Luna, siempre en tonos doraditos
La secuencia de la destrucción final, de un surrealismo casi onírico más que aceptable
Si no fuera por su autoasumida condición de cine menor y una inexplicable falta de pretensiones, estaríamos ante una pieza angular del péplum. De todas formas, y pese a su obvias carencias (dramas blanditos y fallidos, un héroe más tarugo de lo habitual, enemigos de chiste como los gigantes de piedra o una acción muy poco estimulante), se sigue tratando de un film bien curioso e insólito, que traspasa el género al que pertenece y cae simpático por su honestidad. 
Sin duda, y pasando por alto el absurdo título español (de fantasmas, nada), sí es de ley resaltar que tuvo un doblaje cariñoso (con nuestra voz de Schwarzenegger en Maciste), aunque requiere de un mejor trato en su edición digital, muy descuidada en general (con sus altibajos de audio, escenas borrosas y demás lindezas del distribuidor).


En definitiva, una pequeña rareza, de impronta pre-fumetti, con altibajos de calidad pero que se disfruta con cariño y deja una balsámica sensación de cine humano y humilde. Que ya es mucho. 

sábado, 12 de noviembre de 2016

EL GIGANTE DE METRÓPOLIS (1961)

Como ocurrió con la estimulante "Seddok, l'erede di satana" a principios de 1960, en Italia continuaron surgiendo films híbridos de distintos géneros que involuntariamente anticipaban, o acaso ya gestaban, un futuro movimiento relacionado con la plasmación al cine de un nuevo concepto de cómic en el país.
Uno de los ejemplos más representativos fue sin duda "Il Gigante di Metropolis" a finales de 1961, película maldita donde las haya que apenas funcionó en su día y se proyectaba básicamente en sesiones dobles "de género", junto a producciones harto inferiores como "El gladiador invencible" (Il gladiatore invincibile, 1961) o similares.
Programa doble de serie B
Lo cierto es que debido a su extraña heterogeneidad, mezcla imposible entre Péplum (o cine de sandalias) y ciencia ficción kitsch, resulta comprensible que se la etiquetara como tal, pues a buen seguro desconcertó de tal modo que pasó comprensiblemente inadvertida y fue relegada al ostracismo.
Con nuestra mirada actual, el cariño suficiente y sabiendo contextualizar de manera adecuada la propuesta, "El Gigante de Metrópolis" (también conocida como "¡Alerta Metrópolis!") se muestra a día de hoy como una joya a reivindicar con celeridad, que opta, sino acaricia, la categoría de obra maestra.
El responsable de dicha gesta no es otro que Umberto Scarpelli (1904-1980), un cineasta eventual que casi siempre trabajó como segunda unidad o incluso jefe de producción (en el clásico "El Ladrón de bicicletas", nada menos), pero que se prodigó bien poco como autor, con apenas 4 títulos menores en su haber. Sin embargo, el trabajo de Scarpelli no tendría mayor relevancia si no se hubiese rodeado de un equipo técnico y artístico de primer orden, con muchísima experiencia y que elevaron, sin el menor género de dudas, todos los aspectos realmente importantes del film, sobre todo la fotografía y todo el apartado conceptual.

Hace 20.000 años, una avanzada civilización en la Atlántida
El Rey Yotar, convencido de ganar la lucha al orden natural establecido
Situar la acción hace más de 20.000 años en una metrópolis futurista (la Atlántida) liderada por un tirano obcecado con ganar la partida al orden de la Naturaleza gracias a los avances tecnológicos, y con un ejército de "zombis" a su merced (aquí usan el eufemismo "vida artificial"), resulta cuanto menos llamativo.
Si a esto le añadimos a Obro, el hércules de segunda con una misión (el limitado Gordon Mitchell), las obligadas bellezas luciendo escote, conflictos dinásticos, bailes rituales, trampas magnéticas desintegradoras de carne o el inevitable romance exprés, el film se vuelve completamente irresistible. Lo que a priori pueda sonar estereotipado y tópico, acaba siendo todo lo contrario cuando observamos los derroteros por donde transita el film.
Nuestro musculoso héroe, Obros, siendo capturado.
Los cromados rojizos tan característicos de futuras producciones y/o géneros
Perspectivas de cámara nada desdeñables dentro de un planteamiento naïf pero loable.
Nada tiene desperdicio en este inaudito cóctel; experimentos insólitos por surrealistas (el rey maldito Yotar busca trasplantar el cerebro sabio de su padre, vivo aunque momificado, a su pequeño descendiente Elmos, para así crear el discípulo perfecto), orgías de "mentes ausentes" precedidas de extrañas danzas de cortejo los días de luna llena, guerreros trogloditas, enanos de las cavernas, torturas con rayos de luz e incluso discursos acerca del cambio climático, el daño de los avances tecnológicos hacia la vida humana y sus repercusiones en el entorno (con final dramático marca de la casa), convierten a esta "El Gigante de Metrópolis" en una absoluta rareza digna de un serio estudio sociológico.

Un estupendo trabajo de iluminación pone la guinda a un proyecto inusual
El cortejo pre-orgía, un ritual de lo más singular.
No podían faltar esos encantos femeninos que encandilen a nuestro maduro héroe
Acorde con la propuesta, destaca por encima de todo su excelente fotografía de cromatismos magentas y juegos en claroscuro, al más puro estilo Mario Bava, un acertado tono "de viñeta" en su puesta en escena (de nuevo, acercándose a los futuros fumettos, sólo hay que ver el refugio a lo Diabolik del fornido protagonista), una banda sonora minimalista e inclasificable (obra de Trovajoli, al igual que "Seddok"), o unos decorados que, aunque baratos y de singular desfachatez, consiguen crear una atmósfera de irrealidad formidable, como de paraíso atemporal.
Hay quien incluso ha visto en el film la antesala de la serie "Star Trek", de 1966, por las similitudes con las puertas de palacio, la estética del entorno, las vestimentas y uniformes de los mandatarios o sus instrumentales tecnológicos, además de ciertas armas "en pinza" bastante inolvidables.

Escenarios imposibles en un film de lo más especial
Surge el amor entre la hija del tirano y nuestro apolíneo justiciero, dentro de una improvisada cueva-picadero
Nuestro héroe vence por turnos a unos soldados "artificiales"
Lo que sí podemos asegurar es que recoge el testigo de films previos como la citada "Seddok", películas valientes que unen géneros de naturaleza bien distante (péplum, sci-fi, épico, aventuras o incluso horror), creando una mixtura entre fantasía y surrealismo teñida de romántica heroicidad. Todo un acontecimiento para el cine de los 60, por su originalidad, asumida ingenuidad y poderío visual, y con una irresistible moraleja donde el Amor, es la verdadera fuente de vida.

La fotografía tiene una importancia más que evidente en el film

Del desmayo y rescate, al catre. Un pre-Diabolik en todo su esplendor

jueves, 10 de noviembre de 2016

HEDORAH, LA BURBUJA TÓXICA (1971)


Godzilla entra en los años 70 tímidamente con Hedorah, la burbuja tóxica. Tras unas últimas entregas de calidad más que dudosa y con un público que cada vez estaba dejando más de lado la saga, la Toho quiso solucionar la situación de una manera radical. Cambio total en el equipo técnico de la saga para así dar nuevas ideas, nuevos puntos de vista y además fichar como director a un tal Yoshimitsu Banno, sin ninguna experiencia en el kaiju eiga. Hedorah, la burbuja tóxica tiene el honor de ser la entrega más discutida y controvertida entre los fans: unos la aman, otros piensan que arruinó la saga... Motivos no le faltan como veremos a continuación. Lo que está claro es que Hedorah es un film espectacularmente bizarro y extraño, sorprendente y lisérgico. Una hija de su tiempo.
La historia presenta a Godzilla, quién debe luchar esta vez contra una criatura de lodo y polución llamada Hedorah, que representa la amenaza de la contaminación sobre el planeta.
Este film supone varios detalles a tener en cuenta. Es un regreso a los orígenes, presentando una trama más sencilla de monstruo vs monstruo, alejándose de las congregaciones agobiantes de monstruos. Hedorah es la nueva incorporación a la saga, un monstruo de diseño fascinante con varios estados: de renacuajo marino, a masa informe terrestre hasta una forma voladora parecida a un ovni contaminante.
Un Kaiju que bebe de corrientes más terroríficas y con el film The blob (1958) como mayor influencia. Es de agradecer que se le dé la importancia que merece a este nuevo monstruo, y se sienta como una verdadera amenaza global, algo que la saga no me había hecho sentir desde la aparición de Ghidorah, en 1964.

Godzilla ya más poderoso que Superman
El niño protagonista tiene la colección de muñecos Kaiju al completo
Hedorah es un peligro para la salud del planeta
En este film, Godzilla es presentado directamente como un superhéroe "más poderoso que Superman" (como dice el niño protagonista), lo que supone un tono ya directamente emparentado con la saga Gamera. Por otra parte, éste es un film de radicales contrastes. Tiene elementos totalmente infantiles, hay un niño protagonista que tiene una especie de conexión con Godzilla (otro elemento que emparenta este film todavía más con la saga Gamera), que ayuda a investigar a su padre científico como destruir a Hedorah... Pero por el contrario, la película contiene las mayores masacres en masa que se haya visto en un Kaiju, y con numerosas escenas propias del cine más terrorífico de la época, con la masa de Hedorah causando estragos en una discoteca, matando a 4 japoneses que estaban tan tranquilos jugando al bridge o dejando atrapado a un gato entre los restos. El momento en que Hedorah, en versión voladora, se va paseando por Tokyo soltando gases contaminantes y dejando un reguero de cadáveres por las calles es el momento álgido del film.
Hedorah es, ante todo, un film de denuncia ecológica, un tema muy candente en la época. Al fin y al cabo no han hecho más que sustituir la bomba atómica por la contaminación de las fábricas, y en ese sentido la película va muy directa. Los títulos de crédito son dantescos. James Bond ya había servido de influencia en la saga anteriormente y aquí vuelve a serlo en este peculiar inicio del film, con una canción que perfectamente podría servir para la saga del agente secreto, siendo cantada por una japonesa a la vez que vemos imágenes de basura, muñecos y demás porquería flotando por la bahía de Tokyo.
Además contiene pequeñas secuencias de animación donde se van explicando las fases de Hedorah y los peligros que ésta ocasionará, relatados por la instructiva voz del niño protagonista. Hedorah es un monstruo que se alimenta de la contaminación y crea aún más agentes tóxicos, por lo que presentar al final a Godzilla destripando a mansalva a Hedorah al son de una canción... Ni Greenpeace oye.

El film tiene las mayores masacres del cine Kaiju
Y además escenas propias de un chute de LSD
El pobre gato pasaba por allí...
Lecciones de primaria con estos clips anime advirtiendo de los peligros de Hedorah y de la contaminación
La batallita final se hace interminable. Godzilla acaba hasta tuerto
¡¡¡Godzilla vuela!!!
Vamos a ver : infantilismo mezclado con salvajadas propias del cine de terror, denuncia ecológica... ¿Algo más? Por supuesto. En la época estaba muy en boga el consumo de LSD entre otras drogas alucinógenas, así que el film representa a la juventud de la época con escenas lisérgicas propias de un chute, como uno de los personajes teniendo alucinaciones en una discoteca y viendo a la gente con extrañas máscaras de peces. Además presenta en el tercio final a un grupo de jóvenes hippies haciendo una sentada nocturna en pleno Monte Fuji, queriéndose enfrentar a Hedorah con antorchas y su buen rollo en forma de canciones.
Como podéis ver, es un batiburrillo de demasiadas cosas que, por extraño que parezca, funciona por su locura y surrealismo.
El film funciona bastante bien en sus primeros 45 o 50 minutos, pero tiene la mala fortuna de presentar una batalla final de media hora que se hace interminable, por lo que resulta siendo muy descompensado todo el conjunto. Respecto a los efectos especiales, ya no resultan ninguna maravilla, pero presentan algunos momentos muy conseguidos, como todos los ataques de Hedorah en forma de masa devoradora.
Además de algunas imágenes de inusitada fuerza : Hedorah encaramada a las chimeneas de una fabrica y alimentándose del humo en plena noche, atacando al coche de la pareja de jóvenes o ése momento resultón del niño viendo a Godzilla en pleno viaje de una montaña rusa.
La banda sonora resulta estridente e incomprensible en un film de estas características, muy en la línea de la película, y además mezclada con canciones pop japonesas de la época.
Como rezaba el eslogan de Pesadilla final, la muerte de Freddy (1991)... Nos hemos dejado lo mejor para el final... ¡¡¡Godzilla vuela!!! ¿Os lo podéis creer?. El saurio se enrosca sobre sí mismo y mediante su aliento radiactivo se propulsa a través de las nubes para atrapar a Hedorah. Una habilidad que hasta el momento no había mostrado ni mostrará nunca más... Es una escena hilarante que ninguno se esperaba a esas alturas.


El film recibió pésimas críticas y la tildaron de haber arruinado la saga. 1,74 millones de espectadores la vieron, significando una mejora respecto a la anterior, aunque insuficiente.
Hedorah, la burbuja tóxica es una película alocada, impredecible y que parece abarcar demasiado. Pero se agradece un cambio de tono tan radical y tampoco era mala idea presentar a Godzilla como el mayor activista de Greenpeace. Es un film esquizofrénico y descompensado debido a su aburrida batalla final, pero es reivindicable y para nada el desastre que todos parecieron ver.
Y ahora varias curiosidades: Yoshimitsu Banno no volvió a dirigir más ningún film de la saga, pero estuvo batallando estos últimos años para poder realizar una versión de Godzilla para IMAX, aunque el proyecto nunca llegó a buen termino.
También quería hacer una especie de secuela directa de Hedorah, pero tampoco salió adelante. ¿Y os habéis dado cuenta que al inicio del film aparece el niño protagonista jugando con muñecos de Godzilla?; a principios de los 70, el merchandising de Godzilla daba más dinero que las películas, por lo que esta escena es una nada disimulada estrategia promocional.
Tras el fracaso con Hedorah, la burbuja tóxica, se volvería a llamar a Jun Fukuda para volver a transitar terrenos más conocidos para el público, aunque eso derivó en dos de los peores films de la saga Godzilla.
(Redactado por Adrián Roldán)

lunes, 7 de noviembre de 2016

LA ISLA DE LOS MONSTRUOS (1969)

Cuando parecía que Invasión extraterrestre iba a cerrar la saga de una forma digna, volvió poco después la Toho para reclamar de nuevo los servicios del pobre Godzilla y así emprender La isla de los monstruos. Con el género Kaiju en plena decadencia, existían varias excepciones. En la televisión, Eiji Tsuburaya había sabido trasladar el Kaiju al medio televisivo a la perfección con Ultraman, y desde su presentación en 1966 gozaba de un éxito apabullante, mientras que en el cine, Gamera, parecía resistir con una propuesta como Viras ataca la Tierra (1968), un film de ínfimo presupuesto (e ínfima calidad), protagonizada por niños y que había supuesto una muy grata respuesta en la taquilla.
Así que éste era el camino, convertir a Godzilla en un producto por y para niños. Se volvió a reunir a Ishiro Honda y éste tenía entre manos una historia muy personal, la cuál estaba deseoso por rodar. Una historia bastante interesante, presentar a Godzilla y compañía como el producto de la imaginación de un niño solitario víctima de bullyng, algo así como La historia interminable (1984) pero en formato kaiju. Una premisa la mar de sugerente que muy pronto se vio truncada por graves hechos. Primero, el presupuesto otorgado por la Toho para esta producción fue bajísimo, y para colmo de males, el alma de Godzilla, Eiji Tsuburaya, murió recién comenzado el rodaje dejando tras él una forma única y mágica de crear cine.
La muerte de Tsuburaya fue la gota que colmó el vaso para Ishiro Honda, ya que Tsuburaya quizás, era uno de los pocos motivos que le quedaba al director para seguir regresando a la eterna saga Godzilla, por lo que se nota, y mucho, que esta producción la realizó con total desánimo y desgana.

Nuestro protagonista es acosado por sus compañeros de clase
Mantiene largas y "profundas" conversaciones con Minya
Su padre también le tiene puteado
Para qué engañarnos, La isla de los monstruos es un absoluto desastre. 69 minutos que se sienten como 3 horas. Desde el principio, unos créditos iniciales donde suena un tema cantado por un niñato pegando berridos nos revienta los tímpanos al son de...¡¡¡Gojiraaaaaa...Gojiraaaaa!!!.
El protagonista absoluto de la función es un niño muy seventies, con pantaloncito corto y eterna gorra cosida a la cabeza, que a pesar de ser el marginado del barrio y ser asaltado cada dos por tres por sus compañeros de clase (una panda de delincuentes juveniles), realiza una interpretación repelente y antipática. En casa, el niño se imagina que viaja a Monster Island, donde (¡y atención!) hace amistad con Minya, el hijo de Godzilla, quien disminuye su tamaño a la altura del niño para entablar profundas conversaciones con él.
¿Es el colmo del ridículo?...¡No!. Porque resulta que Minya está igual de puteado que el niño por culpa de un kaiju grotesco y verdoso llamado Gabarah (el mismo nombre que el acosador del niño), y para colmo, su padre (Godzilla), es demasiado exigente con él y no deja de obligarle a entablar batallas monstruosas para hacerse un "hombrecito". Niño y monstruo aprenderán así de sus experiencias para superar las dificultades de la vida.
Gabarah es el enemigo a vencer. Un villano bastante lamentable
Lo más penoso de todo es que debido al ínfimo presupuesto y con Tsuburaya, el principal encargado de los efectos especiales, muerto, se echó mano (y mucho más de lo pensado) de stock shots de films previos. Así que todas las escenas con monstruos provienen de Los monstruos del mar y El hijo de Godzilla, salvo la batallita final de Godzilla vs Gabarah, que es totalmente abominable.
En paralelo a las ensoñaciones del niño, éste es secuestrado en su vida real por un trío de ladronzuelos de poca monta y escondido en una especie de fábrica abandonada, y ya lo que vemos en los últimos 20 minutos de película es para aporrear la televisión. Una mezcla entre un film de Parchís y Solo en Casa, con el niñato venciendo a los ladrones de unas maneras lamentables.
La guinda del pastel viene al final, cuando el niño sigue las lecciones vitales de Minya y resuelve sus problemas de bullyng a hostia limpia. Sí, la moraleja de que debes usar la violencia para resolver tus problemas te deja con un regustillo confuso.
Godzilla le hace a Gabarah una llave de artes marciales que ni Bruce Lee
Como he dicho, es un film lamentable y sin duda el peor de toda la saga Godzilla, pero aún así podemos sacar algún punto interesante, como los sugerentes ambientes en donde se mueve el niño protagonista.
El mundo por donde éste se mueve y vive sus días, las calles del extrarradio; sucias, llenas de fábricas, con unos padres eternamente ausentes... un escenario atractivo e interesante.
Del film me quedo con esa secuencia del niño volviendo del colegio, sin nadie en casa, abriendo la nevera y viendo por enésima vez la nota de su madre diciendo que llegará tarde. Comiendo en solitario mientras ve la televisión y finalmente abatido en el suelo, muerto de aburrimiento y dejándose llevar por sus imaginaciones Godzillianas. Esta secuencia es un pequeño momento de oro de lo que podría haberse convertido el film. Lástima del conjunto. Convertir a Godzilla en La historia interminable no hubiera estado nada mal, pero el desarrollo es tan abominable que fracasa toda posibilidad de ver algo decente.
La isla de los monstruos fue un absoluto desastre en taquilla y en Japón sólo fueron a verla 1,5 millones de espectadores. Ishiro Honda no volvería a dirigir ningún film del saurio hasta 1975, la travesía por el desierto de Godzilla había comenzado...
(Redactado por Adrián Roldán)
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