miércoles, 12 de septiembre de 2012

PUÑOS ROSAS (2004)

Tercer largometraje del cineasta mexicano Beto Gómez y quizás el film de mayor crudeza dentro de su filmografía, ya que retrata la violencia que se vive en el norte de su país (de dónde él procede, curiosamente), muy cerca de la frontera con Estados Unidos y alejado de los puntos más visitados por los turistas.
Beto nos cuenta la amarga historia de dos personajes antagonistas (uno, un chico responsable con fuertes valores personales, y el otro, un matón despiadado de la mafia), que compartirán un caprichoso destino conjunto.
En primer lugar se nos presenta a Jimmy Morales (Rodrigo Oviedo), un joven boxeador admirador de Steve McQueen que se gana la vida como embalsamador (ayudando así en el negocio familiar) pero que procura labrarse una carrera deportiva lo suficientemente sólida como para largarse en cuanto pueda.
Jimmy está acostumbrado a la soledad y a tratar diariamente con cadáveres, comprendiendo perfectamente además que el hampa meta las narices en dicho negocio, por razones más que obvias.
Paralelamente se nos presenta a Germán (José Yenque, el mejor de la función), un pistolero de la mafia fronteriza que, cansado de matar y de malvivir al lado de la mujer equivocada, decide cambiar el rumbo de su vida aunque para ello se gane enemigos.
Cierto día, Jimmy presencia en un callejón como Germán liquida a sangre fría a un tipo en un ajuste de cuentas. Segundos después, ambos cruzarán las miradas y nuestro joven embalsamador se verá encañonado por el arma del mafioso, temiendo por su vida.

Germán con la mirada perdida, tratando de cambiar el rumbo de su vida

Sorprendentemente, Germán dejará escapar al muchacho, quizás en un gesto redentor que se convertirá desde ese momento, en el principio de su noble metamorfosis existencial.
Ambos coincidirán en prisión semanas más tarde (el pobre Jimmy por culpa de las estúpidas apuestas de su padre en el boxeo y Germán por sus asuntos sucios), pero no será hasta verse de nuevo fuera de los límites de la penitenciaría donde su reencuentro les dejará realmente marcados de por vida.
El film de Gómez arrastra una fuerte impronta mexicana, dificilmente apreciable para el resto de culturas y que obviamente, dificulta la comprensión absoluta de su cometido. De entrada, y pese a compartir idioma, he tenido serias dificultades para captar en su totalidad el significado de los diálogos, descubriendo además tantas y tantas acepciones de la palabra "chingar",  utilizada casi tanto como el -fuck- en la Tarantinesca Pulp Fiction.
De todas formas, la película desprende un tono acentuadamente sobrio y muy adulto, que pese a estar dentro de un encuadre dramático, es capaz de ofrecernos la pura esencia del cine de gángsters e incluso dejarnos sabor a western añejo, resultando a priori, una estimulante combinación cinematográfica (filmaron además en el interior de una cárcel real en Matamoros, cerca de Texas).
Lamentablemente, esta "Puños Rosas" no deja de ser una obra menor que se delimita a sí misma, siendo víctima de su propia naturaleza y concepción. Su tendencia amateur (buscando espontaneidad y realismo sin conseguirlo siempre), su formato telenovelesco (planos y contraplanos televisivos) y su exceso de diálogos la convierten en una cinta farragosa y confusa, de buen guión pero irregular plasmación en pantalla.
Su falta de pretenciosidad y ese acercamiento sincero a la realidad de un país merecen admiración, pero desde un punto de vista puramente cinematográfico, la cinta carece de ritmo y desaparece en nuestra memoria tras los títulos de crédito. Sus intenciones son loables en todo momento, tocando temas como la familia, la traición o el valor de una vida en esos lugares, pero no alcanza a remover conciencias y pasa ligera por nuestra retina pese a su pronunciado componente dramático.
A nivel interpretativo destacar la fuerte presencia en pantalla de José Yenque (visto en Traffic) como Germán, aportando serenidad y profundidad a un personaje tan torturado, resultando del todo adecuado y/o acertado. La otra cara de la moneda sin embargo sería para Rodrigo Oviedo (Jimmy), que acusa una imperdonable falta de determinación a la hora de crear su personaje y que carece del empuje suficiente como para llegar a hacerlo creíble. No se le puede negar a Beto Gómez (imagen de la izquierda) empeño a la hora de realizar sus films (incluso dirigió el videoclip de un tema de la BSO) y oficio en su laboriosa tarea fílmica, pero creo que aún está por llegar su mejor obra (necesita mucha más proyección internacional) y que ésta Puños Rosas no es otra cosa que un peldaño más hasta conseguirla.
Concluyendo mi cotorrería personal, subrayaré que es un film osado que destaca por su atmósfera de sobriedad, por esquivar un montón de clichés y por supuesto, por atreverse a detallar una crudeza en una sociedad enferma de dinero y poder. Lástima, eso sí, que al final el resultado no satisfaga nuestras expectativas iniciales.

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