martes, 11 de septiembre de 2012

LA MOSCA (1958)

El cine de ciencia ficción de la década de los 50 estuvo marcado por el estupor que supuso la liberación del poder del átomo tras los ataques a Hiroshima y Nagasaki, unos años realmente atemorizantes para la humanidad, que por primera vez era consciente del gran peligro al que se enfrentaba con los múltiples ensayos nucleares que se estaban perpetrando por todo el globo, por no hablar de una posible guerra con tal arma en los arsenales de las grandes potencias.
Tanto es así que durante esos años hubo muchas producciones que ahondaron en las consecuencias de la radiación y la aparición de grandes amenazas para la humanidad en forma de criaturas gigantes y mutaciones monstruosas de todo tipo que ponían en cuestión el papel privilegiado que hasta entonces había tenido la humanidad. Lanzando un serio aviso de que si pretendía adentrarse en los secretos de la naturaleza se exponía a verse sumida en el caos y a su destrucción si rompía el equilibrio natural de las cosas.
Sería en el año 1953 cuando se estrenó El monstruo de los tiempos remotos que exponía las fatales consecuencias para la humanidad tras un ensayo nuclear, este film serviría de inspiración al cine nipón para que un año más tarde creara a su monstruo más conocido internacionalmente, Godzilla, todos sabemos de su afición por hundir barcos y aplastar ciudades enteras. Títulos como La humanidad en peligro (1954) en la que enormes hormigas atacaban a la humanidad o Tarántula (1955), seguirían explotando la misma temática con trasfondo atómico.

Helene en plena noche accionando la prensa...

Un cadáver destrozado con el que empieza esta historia...
Sin embargo, la película de la que vamos a hablar hoy tomó otros derroteros, también con la ciencia como telón de fondo pero centrándose más en la investigación por parte del científico que busca desentrañar los secretos del universo. Al igual que otros títulos como El doctor Frankenstein (1931), intentaba alertar de una cierta necesidad de poner ciertos límites morales a la investigación (los años 50 fueron muy prolíficos en este sentido con multitud de avances en muchos campos), estas producciones solían acabar con la típica moraleja en la que se nos recordaba las posibles consecuencias de jugar a ser Dios.

Intentando averiguar sin éxito porque ha ocurrido esta desgracia...
Nuestra historia comienza en plena noche, cuando el vigilante nocturno de la empresa Delambre Electronics descubre aterrado el cadáver de André, uno de los propietarios, al que le han aplastado la cabeza y un brazo con una prensa hidráulica, mientras ve huir a una mujer de la escena del crimen.
Instantes después Helene, la mujer en cuestión, llama a François (Vincent Price), hermano del difunto, para confesarle que acaba de asesinar a su marido y pedirle que llame a la policía. François teme estar siendo víctima de una pesada broma por parte de la pareja, haciendo caso omiso a la conversación.
Sin embargo, una nueva llamada, esta vez del vigilante, alertándole de los hechos que acaban de ocurrir, le borran lo sonrisa de la cara viéndose obligado a aceptar lo que parecía imposible.
Una vez en casa de la presunta homicida junto al inspector Charas, Helene no tiene ningún reparo en seguir declarándose culpable, dejando perplejo a François que no entiende como una mujer tan pacífica, con una relación perfecta y con un hijo, haya podido cometer un acto así.
Sin embargo hay piezas que no encajan, su inflexible negativa a explicar los motivos que la impulsaron a hacerlo o que tenga una actitud desequilibrada y obsesiva por las moscas que revolotean por la habitación, especialmente por una de cabeza blanca que nadie consigue ver, le hacen dudar de la veracidad de su historia.

La feliz familia...
Finalmente François y Charas se inventan que tienen la dichosa mosca en su poder para forzar a la mujer a que les cuente lo ocurrido, empezando de esta manera una increíble narración contada mediante un flashback que ocupará practicamente el resto de la película.
Hasta el día de hoy, a pesar de conocer desde hace mucho su existencia, nunca me había aventurado a ver la adaptación cinematográfica original del relato de George Langeelan, autor que en la década de los 50 destacó como escritor de relatos fantásticos y de ciencia-ficción.
El único motivo que puedo esgrimir para justificarlo, es el magnífico sabor de boca que me ha dejado siempre el remake realizado por David Cronenberg en 1986, el cual considero insuperable y por eso mismo no sentía la "necesidad" de ver otra versión. Pero ni que sea por la presencia de un actor de la talla de Vincent Price, decidí que había llegado el momento de darle una oportunidad, y debo reconocer que me he encontrado una obra estimulante y muy bien rodada, en el que tanto por las coincidencias como por sus diferencias con su remake, bien ha merecido la pena, aportando su visión particular del relato.

En blanco y negro esta foto nos remite a los clásicos con mad doctor incluido...
Empezando a experimentar con animales... adiós lindo gatito...

Como supongo que quién más o quién menos ya ha visto alguna de las versiones de The fly, me voy a permitir comentar algunos puntos que son spoilers para todos aquellos que no la hayan visto todavía, por lo que si es el caso, casi recomendaría dejar la lectura en este punto. Además es necesario comentar ciertos pasajes para poder desarrollar la crítica de este clásico y poderlo comparar con la versión posterior de 1986.
Vemos que la película está claramente dividida en dos partes, la primera de ellas comprende lo que acabo de contar hasta ahora: El asesinato, la investigación policial y la presión por parte de François y la policía para que Helene confiese. Y la segunda sería la narración de los hechos mediante un flashback, donde tenemos la oportunidad de conocer como era su vida antes de la trágica muerte de André y todo lo acontecido.
Se nos muestra la típica imagen de familia americana de la década de los 50, donde Helene cumple con el rol de la mujer de esos años: servicial, atenta, al cuidando de su hijo Philipe y desviviéndose por su marido André, un científico que solo vive centrado en sus labores en el sótano de la casa donde tiene instalado su laboratorio. Su trabajo se centra en lograr algo tan increíble como la teletransportación, mediante una máquina formada por dos cabinas, puede desintegrar la materia en una de ellas, enviarla, y reintegrarla en una segunda cabina. Invento que según André podría revolucionar el transporte, el envío de ayudas a zonas necesitadas, etc...

André, con la cabeza oculta, le pasa una nota con instrucciones a su asustada mujer...
Como en la versión de 1986, comparten el desarrollo del experimento, desde las primeras fases con materia inanimada, luego los primeros experimentos con animales (aquí mucho más recatado el primer fracaso, simplemente no pudiendo rematerializar un gato, mientras que Cronenberg no se cortó ni un pelo con la escena del pobre mandril), para pasar luego a probar la máquina consigo mismo.
Tras esta prueba es cuando tiene lugar el giro argumental, pasando del tono alegre que predominaba hasta entonces, al terror (dentro de los cánones de la época) y drama en medio de un ambiente desasosegante y tenso, cuando descubrimos que André ha sufrido un accidente mientras experimentaba y solo puede comunicarse con su esposa a través de notas que le pasa por debajo de la puerta del laboratorio.
La visión de André con la cabeza cubierta por una tela negra y escondiendo un brazo dentro de su bata mientras intenta que su mujer le ayude, consiguen lo que se proponían, mantener durante largos minutos al espectador tenso expectante por descubrir que le ha pasado, pero principalmente esperando que llegue por fin la secuencia en la que se revele que esconde allí abajo (todos lo sabemos hoy en día, pero no el espectador que fue al cine entonces).

Gritando presa del terror ante...
...la visión de lo que se ha convertido su amado André...

El desarrollo de la trama hasta el fatídico final en la prensa reune los mismos ingredientes que su posterior adaptación: intentos de revertir el proceso, la pérdida progresiva de humanidad para pasar a ser un peligroso y gigantesco insecto, etc... en medio de una gran tensión.
La película se reserva para su cierre quizás la imagen más chocante de todas, en el que una vez cerrado el largo flashback, tendremos la oportunidad de estremecernos con una escena de esas que conforman parte del imaginario del cine fantástico y que se graban en la retina del espectador (en la mía al menos lo ha logrado) y que obviamente no voy a revelar.
Si analizamos las mayores diferencias entre el original y la versión de Cronenberg, aparte de lo comentado hasta aquí, serían en primer lugar que como es lógico, la del canadiense es mucho más explícita y oscura visualmente, además de desarrollar acertadamente la paulativa transformación del personaje hasta convertirlo en un monstruoso cruce con una mosca (¿alguien ha podido olvidar las duras imágenes de Jeff Goldblum evolucionando?). La versión de 1958 cuenta con una escena inicial dura si tenemos en cuenta los cánones del cine de esos años, con la sangrienta muerte en la prensa hidráulica, pero no se hace en ningún momento hincapié en la transformación gradual del científico, sino que tras su teletransportación el cambio físico es instantáneo y se juega más a ocultar y mantener la tensión del espectador ávido por descubrir que se oculta debajo de la tela, que en mostrarlo.

Intentando ayudar a su sobrino a afrontar la situación...
En el plano de actores destacar al reparto en general, sorprende ver a Vincent Price en un papel secundario y no ejerciendo de doctor, pero con su elegante porte da mucha presencia en pantalla. Por su parte parte, Patricia Owens, tiene una buena actuación como Helene sobre todo a lo largo de todo el flashback, pero personalmente pienso que una vez asesinado su marido y teniendo en cuenta las trágicas circunstancias por las que acaba de pasar, se muestra demasiado serena y tranquila, costando que uno pueda creerse que esto la haya afectado realmente.
Respecto la ambientación, es muy loable, prácticamente sólo hay tres escenarios: La fábrica (bien escenificada con la prensa ensangrentada), la casa típica de los años 50 y el laboratorio, donde saben sacar partido de toda una serie de aparatos y cachivaches llenos de lucecitas y sonidos varios para hacerlo creíble a nuestros ojos y muy atractivo para todo amante de la ciencia-fición clásica (ver foto de arriba en blanco y negro), todo ello aderezado con una gran banda sonora.
El éxito que supuso La mosca originó que al año siguiente tuviera una secuela, dirigida por Edward Bernds titulada El regreso de la mosca, y en 1965 se cerró la trilogía con La maldición de la mosca.


Para acabar y una vez explorado el pobrísimo material extra que ofrece el DVD, destacar sin duda alguna el trailer de la película por su gran originalidad. Presentado en persona por el propio Vincent Price, alertándonos acerca de lo que estamos a punto de ver (mensajito incluido para no vulnerar el orden de las cosas), y por dejar fuera de plano la acción que se está desarrolando en algunas escenas y de las que solo oímos el audio, mientras en pantalla solo vemos el errático revoloteo de una mosca dejando un rastro rojizo, os lo recomiendo.




3 comentarios:

  1. Muchas veces creemos del todo innecesarios los "remakes", pero en esta ocasión, Cronenberg demostró que se le podía sacar mucho jugo a esta historia, actualizándola y mostrándola en su completa escabrosidad. No la he visto, pero no tardaré en verla, vista tu reseña.
    Otro clasiquito para nuestra colección, cada vez más completa.

    ResponderEliminar
  2. Como tantas veces digo y a veces tardo tiempo en cumplirlo, mi idea será ver las dos secualas y luego repasar los remakes, aunque puede que me tengas que echar una mano...
    ¿Has mirado el trailer?
    Sugerente, ¿verdad?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, muchísimo más ingenioso que la mayoría de tráilers actuales, donde apabullan con ruido y acción sin más.Ayyyy...qué tiempos aquéllos !!

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...