domingo, 11 de octubre de 2015

SITGES DÍA 2 - SÁBADO 10 DE OCTUBRE

¿Qué pasaría si Dios existiese y viviese en Bruselas?....Bajo esta sugerente frase promocional nos ha presentado el belga Jaco Van Dormael su quinto y jocoso largometraje, "El nuevo nuevo testamento".
El director de "Las vidas posibles de Mr.Nobody" muestra en tono satírico su particular visión de la decadencia humana y las incongruencias religiosas, abrazando ese pasaje bíblico tan manido que rezaba aquello de "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza", para así presentarnos a un nuevo Creador de andar por casa, venido a menos, éticamente detestable, malcarado, machista y que "sobrevive", como se ha dicho, en la bella capital de Bélgica.
Van Dormael apunta alto ya de buen inicio. El llamativo planteamiento, las variantes que del mismo se podían extraer y una realización más comercial que autoral auguraban una comedia de tintes agridulces con un fuerte (aunque demasiado obvio) mensaje moral; algo que, si bien lo consigue en cierto modo, no al nivel que seguro, él pretendía. Y por supuesto, no al nivel que nosotros esperábamos.
La monotonía se adueña de la cinta pasado el primer tercio, una vez presentados los protagonistas y lanzadas sus primeras reflexiones sobre lo divino y lo terrenal, el Bien y el Mal, la familia y la amistad...
Que en la hija de Dios, una niña de nombre Ea, recaiga casi todo el peso del film, es de largo un error de concepto.
Uno de los supuestos nuevos apóstoles, un individuo atormentado y algo lujurioso.
Ea entrando donde no debería, el despacho de su divino Padre.
Su búsqueda de los nuevos apóstoles para reescribir las sagradas escrituras encorseta la cinta por completo, y tan sólo algunas briznas de humor surrealista (el episodio del gorila, sobre todo), o pequeños discursos sobre la vida y la muerte devuelven puntualmente el pulso al film de Van Dormael, que sin ser en absoluto fallido, resulta claramente inferior a sus pretensiones iniciales.
Si a eso le sumamos una desafortunada elección del actor escogido y un metraje innecesariamente alargado, nos daremos cuenta de que estamos ante una esforzada pero inofensiva película de un cineasta que no ha sido capaz de llevarla todo lo lejos que permitía la idea en un principio.
(Redactado por Jesús Álvarez)

"El regalo", la ópera prima del director Joel Edgerton (aquí interpretando él mismo al personaje de "Gordo"), se nos presentaba como el segundo plato del día, y afortunadamente, ha resultado ser mucho más interesante de lo que esperábamos.
La historia de un matrimonio que ve como la aparición de un antiguo compañero de clase termina por desestabilizar por completo sus vidas, parecía, a priori, un argumento típico de telefilm de domingo.
Sin embargo, el buen pulso de Edgerton acaba por convertir esta tan manida trama de base en un imponente psycho-thriller con varios giros brillantes y un excelente clímax finalsuperando de buen grado las expectativas preconcebidas y destacando con voz propia en el grueso de género.
Si bien la puesta en escena resulta, en cualquier caso, académica y se cuidan mucho de no traspasar los límites del cine comercial, el espectador entra sin esfuerzo de lleno en la historia y no desfallecerá en los más de cien minutos que dura el film.
El Regalo es un ejemplo fantástico de thriller psicológico muy al estilo "La mano que mece la cuna", que recupera la esencia misma de este tipo de cine y que, sustentándose además en un apropiado trío protagonista (por fin Jason Bateman "actúa" de verdad), se suma a esa lista de films sorpresa que cada año nos depara el Festival. Y eso, de por sí, son grandes noticias. (Redactado por Jesús Álvarez)

"Gordo" se entrometerá en el matrimonio entre Simon y Robyn hasta su crisis.

Estando más de moda que nunca la década de los 80, no han sido pocas las producciones que en los últimos tiempos han optado por realizar un remake de los grandes éxitos que marcaron a una generación en aquellos años, como ha ocurrido con: Robocop (1987), Conan el bárbaro (1982), Poltergeist (1982), La cosa (1982), Los Cazafantasmas (1984), Noche de miedo (1985) y la lista sigue; o bien se han subido al carro de homenajear/explotar el estilo visual y películas de culto de esos años dorados. En esta segunda categoría podemos encontrar productos de gran presupuesto como Super 8 (2011), dirigida por J.J. Abrams; sin olvidarnos de la saga perpetrada por Sylvester Stallone, Los mercenarios (2010), recuperando viejas glorias de las películas de acción de los 80-90; o Kung Fury (2015), producción que ha tirado del crowdfunding para poder costear su rodaje. Turbo kid (2015), se encontraría más cerca de esta última y podríamos englobar a ambas como una mera exaltación simpática/nostálgica de esa época pasada. De esta manera, situados en un futuro post-apocalíptico en pleno año 1997 que intenta emular, desde la modestia de su presupuesto propio de la serie B de antaño y el no menos limitado nivel de sus directores, el mundo de Mad Max; donde el VHS, las BMX, el walkman y su inseparable cassette, el cubo de Rubick y otros tantos cachivaches, quedan como muestra de los restos de la civilización de los 80.


En este inhóspito mundo vive un joven huérfano, apodado "The Kid", que intenta sobrevivir mientras recoge viejos objetos (como el bueno de Wall·E) para cambiarlos luego por agua, el bien más escaso y preciado del planeta. Donde la omnipresente amenaza de Zeus, el malvado líder de un salvaje grupo que masacra sin piedad a todo aquel que se cruce en su camino, aterroriza a todos los habitantes de la zona. La película juega desde los créditos iniciales la baza de conectar con el espectador, y concretamente el espectador del Festival fácilmente entra al trapo y gustosamente se dejaba querer en un ambiente semi-festivo desde antes de que empezara la proyección. Así, no es de extrañar que se alzara con el Premio del público en el South by South-west Film Festival, y tampoco es descabellado que repita éxito aquí viendo la gran aceptación que tuvo entre el público, ansioso de ir identificando a lo largo de su metraje todo tipo de referencias a hits como Blade Runner, Mad Max, Terminator, Los bicivoladores y otros muchos; disfrutar con la presencia de Michael Ironside como malo de la función, o el toque gore predominante en los distintos combates.


Pero dejando de lado el factor más sentimental que pueda despertar, y si nos detenemos a analizar la película en sí, no podemos engañarnos y decir que es una maravilla, ya que a pesar de que su premisa y planteamiento inicial presentan un potencial interesante, este no llega a explotarse debidamente y parece conformarse desde su concepción a ser un mero guiño a la nostalgia del espectador que vivió esos años. Además su factura técnica, montaje y desarrollo de la historia, dejan bastante que desear siendo poco más que apañados y con no pocas lagunas. Incluso la música de sintetizador que a modo de banda sonora suena a lo largo del film llega a hacerse algo pesada. Con todo, es una película que vista de modo desenfadado, en buena compañía y con ganas de pasarlo bien, se disfruta (moderadamente). ¡Larga vida al píxel!
(Redactado por Marc Ventura)

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