lunes, 12 de octubre de 2015

SITGES DÍA 3 - DOMINGO 11 DE OCTUBRE

El domingo arrancamos en el Auditori con la cinta "Vulcania", producción española rodada en Lleida que supone la ópera prima del argentino José Skaf tras su pasado como cortometrajista. Respaldada por varios actores de renombre en su cast (de Miquel Fernández o Sílvia Abril a José Sacristán), y prometiendo algún que otro componente fantástico en su trama, Vulcania se ha presentado tímidamente en el Festival esta mañana con apenas revuelo en la sala. Y es que no era para menos.
Nos presentan a Jonás, uno más dentro de una comunidad aislada del mundo que se ha derrumbado tras la muerte de su mujer e hijo. Gracias al supuesto control del Sr.Valoquia (Sacristán), la comunidad mantiene la paz y el orden, pues todos tienen un puesto laboral, comida y cobijo. Lo que no se imaginaba Jonás es que había vida más allá de sus fronteras, y que junto a la también viuda Marta (que...¡adivinad!, es una monada), harán descubrimientos que desestabilizarán el orden de esa inflexible comunidad.
Vulcania, pese a sus obvias buenas intenciones (recuperar la verdadera libertad, redimir el pasado, hacer justicia, etc) empieza con poca fuerza y se convierte demasiado deprisa en un "thriller sobrenatural" de poca monta, puro entretenimiento del montón, mediocre en su discurso y muy endeble en su propuesta dramática.
El elemento fantástico que propone además le hace al film un flaco favor, pues dotar al protagonista de cierto súper poder no es que ya sea de risa, sino que da más pena que otra cosa.

Jonás se enfrentará a un futuro incierto
Como cada jornada, los trabajadores de la comunidad se dirigen como ganado hacia la fundición.
Contiene aciertos en su desarrollo, por supuesto, pero lamentablemente ya llegan cuando nuestra desconexión es total, provocando que el visionado esté "a la deriva", sin alma ni fuerza en su segunda mitad.
Con la adecuada perspectiva, diría que el mayor problema de Vulcania no es que sea una cinta menor de tintes fantásticos equivocados, sino que el envoltorio comercial le ha venido grande y ha prometido algo que no era capaz de ofrecer. (Redactado por Jesús Álvarez).

La propuesta de primera hora de la mañana en el Prado tenía un punto intrigante al cual no me he podido resistir: una película de stop motion y con Charlie Kaufman como responsable del guión y de la dirección, mixtura que se antojaba increíblemente tentadora. El protagonista de esta peculiar historia es Michael Stone, un exitoso hombre de mediana edad, motivador profesional, que ha publicado un libro dirigido a mejorar las ventas de las empresas con servicio de teleoperadores y que ha causado sensación en el sector en cuestión. La trama comprende un día de su vida, un día que abarca un viaje de trabajo desde su residencia en Los Angeles, donde vive con su mujer y su hijo, hasta Cincinnati, donde tras pasar la noche en un hotel deberá dar una charla la mañana siguiente y motivar a un público expectante. Pero la realidad que encierra Michael Stone es una bien distinta a la que todo el mundo imagina, perdido en un mar de dudas existenciales, con su matrimonio pendiente de un hilo y la nula motivación para seguir adelante un solo día más con la farsa en la que se ha convertido su vida, está luchando con el dilema de romper con todo o hundirse definitivamente. Tan repetitiva se ha vuelto su gris existencia que la voz de todos los personajes del film que se le cruzan (sean su mujer, su hijo, el taxista o el chico de la recepción) para él tienen la misma voz. Pero todo cambia en el momento que accidentalmente en el hotel se cruza con una chica llamada Lisa, teleoperadora que ha viajado hasta allí para escucharle, y que tiene una dulce voz distinta a la de todos los demás. El sueño de poder empezar de nuevo rompiendo con su vida actual y huir con ella será la decisión terminal que deba tomar.

Kaufman en uno de los escenarios de la película
En Anomalisa, Kaufman hace brillar un mundo actual y completamente verosímil, tan real nos parecen los diálogos, situaciones, preocupaciones y reacciones de sus personajes, que nos olvidamos que se trata de muñecos animados por la entrañable técnica del stop motion, pues hasta escenas de sexo explícito tienen cabida aquí. El guionista de ¡Olvídate de mí! (2004) y de Adaptation, el ladrón de orquideas (2002), vuelve a profundizar en los temas que indagó en esos trabajos anteriores: explorar la desesperación, dudas, miedos, soledad, fragilidad y las tenues conexiones con los que nos rodean. En propias palabras de Kaufman, es una película que con actores podía haberse rodado en dos semanas, pero que ha requerido de dos largos años de trabajo; sin embargo el inclinarse por la animación le ha permitido explorar con detalle cada frame para que junto a los animadores poder ser capaces de transmitir las emociones humanas de sus personajes. Una pequeña obra maestra que encierra una tierna y profunda reflexión del alma humana, con un toque de humor negro.
(Redactado por Marc Ventura)


Dentro del, por costumbre, tan denostado subgénero cinematográfico del "torture porn", hallamos de vez en cuando piezas que sobresalen del montón por ofrecernos una nueva perspectiva a lo que muchos denominan como "cine de casquería". Obviamente este estilo extremo de películas se realizan para saltarse todos aquellos códigos y límites que el cine convencional nos lleva marcando décadas, y así llevar al espectador más osado a lugares donde jamás antes se había podido viajar en una sala de cine.
Ya no es terror, ya no es crear angustia ni miedo, es directamente llevarnos a todos al mismísimo infierno, para, durante un rato, "disfrutar" de la bizarra experiencia como ningún otro género cinematográfico es capaz de hacer.
La pasada década fue Francia la que marcó la diferencia con propuestas tan brutales como la desgarradora "Frontière[s]" (2007) o la notable "Martyrs" (2008), pero ya nos llegaban trabajos de toda Europa que conseguían estremecer a todo un encallecido público de Festival (e incluso llevar a juicio al director del evento por programar algo tan duro), caso de "A serbian Film" (2010).
Entre 2010 y 2015, han proliferado diversos films de procedencias cada vez más dispares, aunque ya de menor interés y repetitivas, desde Alemania (cuna del ultra-gore en los 80), Noruega, Australia e incluso Japón (que adoran las torturas más que nadie).
La cinta presentada hoy en el Festival de Sitges por el turco Can Evrenol, "Baskin", es sin duda un rara avis dentro del subgénero, y ya no por su procedencia, totalmente innovadora de hecho, sino por ofrecer una nueva perspectiva sobre el cine de torturas y horrores extremos sin caer en el vacío argumental.
Evrenol traía bajo el brazo en 2013 un brutal cortometraje al Festival (de mismo título) y la aceptación fue, según parece, excelente. Lamentablemente no tuve el placer.
Como suele suceder en ese tipo de casos, 2 años después su embrión ha crecido y se ha convertido, al fin, en largometraje. Y los seguidores de lo extremo lo celebramos y aplaudimos, tanto por la calidad del mismo como por la liberación cultural que ello supone.



Lo que iba a ser una noche de patrulla normal para un grupo de policías turcos, se convertirá en Baskin en un descenso a los infiernos tras caer en una inesperada misa negra de unos salvajes sin miramientos. Una situación que, para algún miembro del equipo, no era del todo desconocida...
No nos cabe duda de que estamos ante un verdadero festival del horror, con una primera mitad más misteriosa que horripilante y una segunda parte con seres desequilibrados, enanos torturadores, rituales excesivos, música martilleante y sensaciones de angustia que nos harán "gozar" de una experiencia abrumadora para los sentidos. Una pequeña gema de género que pronto rozará el culto para los aficionados, gracias a un acertado montaje de extraños flash-backs en su nada desdeñable y compleja trama de componentes fantásticos, interesantísimas interpretaciones por parte del curioso reparto (sobre todo el enano que lidera la misa), una fotografía estupenda y una característica puesta en escena, entre lo enfermizo y lo insano pero con un toque autoral.


Para un servidor, Baskin abre una nueva vía de expresión en el T-Porn, pone a Turquía en el mapa de este tipo de producciones y pese a que seguirá siendo un cine de minorías, maltratado e incomprendido, otorga un poco de luz al mismo, pues parecía al borde de su extinción. (Redactado por Jesús Álvarez)

SPL2: A time for consequences, es un thriller policíaco con altas dosis de acción que tiene a las donaciones de órganos y al tráfico de los mismos como ejes centrales de su trama. La historia se nos presenta dividida en dos líneas argumentales que bien pronto terminan por cruzarse para confluir hasta el final en una misma dirección. Por un lado, en Tailandia vive Chai, un guardia de una cárcel cuya hija está gravemente enferma de una rara variedad de leucemia y está a la espera de localizar un donante compatible para salvarle la vida. Lejos de allí, en Hong Kong, un policía llamado Kit está infiltrado en la organización de un peligroso mafioso relacionado con el tráfico de órganos, quien también está buscando un corazón compatible que pueda servirle para alargar la vida de su maltrecho cuerpo. Durante una operación para extraer a un testigo de dicha banda y así poder cazar al jefe, su verdadera identidad como policía queda expuesta a la vez que pierde al objetivo. Como venganza, Kit será enviado precisamente a la cárcel tailandesa donde trabaja Chai para que se pudra entre sus muros; una cárcel, donde algunas de sus celdas sirven para retener a mujeres y niños cuyos órganos son vendidos al mejor postor por la banda criminal. Sin embargo, todo cambiará al saberse que el donante compatible para la hija de Chai, es Kit, punto a partir del cual ambos hombres unirán sus fuerzas para hacer frente a un enemigo común.


Siguiendo ligeramente la idea de fondo de un thriller tan notable como fue The Man from Nowhere (2010), con el tema del trafico de órganos, el salvar a una niña y altas dosis de artes marciales; SPL2 se cimenta en las excelentes escenas de acción dirigidas por Soi Cheang y coreografiadas estupendamente por la pareja protagonista, Tony Jaa y Jing Wu. A destacar especialmente, de las 4 o 5 principales, el brutal, intenso y largo plano secuencia de la pelea en la cárcel o la lucha final con el secuaz de los cuchillos. Sin llegar al nivel de The raid 2 (2014) en este aspecto, pero de un nivel claramente superior a la mayoría de esta clase de producciones, son lo mejor de la película.


Con un buen ritmo en líneas generales, personajes simples pero con carisma y una estupenda puesta en escena; podríamos poner solo algunos peros en el aspecto de querer abarcar muchos puntos y disiparse en ciertos momentos en los que pasamos de un intenso combate o persecución, a diálogos o situaciones algo ñoñas y cursis con la niña protagonista; así como el abuso del uso de móviles en varios momentos para el desarrollo de la historia, llegando al punto risible de usar una aplicación para que nuestros héroes puedan entenderse traduciendo en tiempo real del chino al tailandés y viceversa. Obviando estas carencias, normales en una producción que persigue la pura distracción y que la acción sea su voz cantante, solo podemos decir que se trata de un estupendo film de género, seguramente uno de los mejores que podremos disfrutar durante este 2015.
(Redactado por Marc Ventura)


Como va siendo habitual en la ultima década, contamos de nuevo con la presencia más o menos aplaudida del norteamericano Eli Roth en el Festival de Sitges. En el ya lejano 2002, nos visitó con su primer trabajo de terror bajo el brazo titulado Cabin Fever, obteniendo un considerable calor por parte del públicoen 2005 pasó el examen del aficionado del gore con nota gracias a su violentísima Hostel, a la que le siguió su secuela en 2007, algo inferior pero con la misma dosis de "explicit carnage" que se esperaba de élSu nombre empezaba a sonar fuerte y a asociarse con las propuestas de índole violenta.
Tras colaborar con el mismísimo Tarantino en su "Malditos Bastardos" (rodando incluso un segmento del film), Roth nos presentó en 2013 su cinta más personal hasta la fecha "The Green Inferno", que de algún modo (más directo que indirecto, diga lo que diga) homenajeaba y de paso actualizaba el clásico de culto ochentero "Holacausto caníbal". El film consiguió su propósito,  hacernos pasar un verdadero mal rato en los parajes amazónicos, pero flaqueó en lo realmente importante. Ser relevante o innovadora.
Este 2015, convertido ya en un todoterreno del panorama cinematográfico (produce, escribe, rueda, actúa, monta....), se ha lanzado con algo más suave, algo para todos los públicos. Y este examen, pese a tener sus buenos momentos y cierto clima, lo ha aprobado raspado. "Knock Knock" ("Toc Toc" en España), nos descubre por fin al verdadero Roth, a ese cineasta que, una vez despojado casi por completo de su violentísima zona de confort, se nos aparece sin apenas personalidad en su manera de plasmar una historia, y parece casi forzado a incluir un par de secuencias "duras" para hacernos ver que la obra tiene su sello personal. Una soberana idiotez, si se me permite.

Evan (Reeves) pasa de vivir un sueño a una pesadilla
De nuevo sirviéndose de un film de cierto prestigio, esta vez de "Las sádicas" (1977), donde un hombre se traía a 2 jovencitas de buen ver a su casa aprovechando la ausencia de su esposa para luego vivir una humillante pesadilla, Roth reescribe otra vez un guion de otro, le cambia el envoltorio, lo actualiza y le pone un lazo para su venta (incluso consigue que las productoras de su película sean esas mismas dos mujeres del film original, Sondra Locke y Collen Camp).
Genesis y Bel se presentan de madrugada en casa del "fiel" marido ya mojadas (de la lluvia, se entiende) y éste, que nos dejan bien claro que está a dos velas, se resiste lo justo antes de caer en su erótica trampa.
Tras una noche de pasión a 3 bandas, las dos encantadoras muchachas se transforman en dos auténticas cabronas cínicas y manipuladoras, que poco a poco convertirán la vida de nuestro protagonista en un infierno.

Una vez entiende la situación, Evan se dispone a librarse de las dos chicas, como sea.
Tras esa premisa tan picante con ecos de Funny Games y un inicio moderadamente interesante, la película se desinfla a los 25 minutos y se torna previsible, sin gracia; un mero pasatiempo pseudo-erótico con moraleja final idiotizante (claro, como él cayó en la tentación, ellas se permiten ajusticiarlo con tortura física y psicológica...en fin).
En Knock Knock, el protagonista tiene esta vez el rostro de Keanu Reeves, que aunque más esforzado que de costumbre, vuelve a demostrarnos su escaso talento interpretativo, y tan sólo el arrebatador carisma unido al erotismo de Ana de Armas (no tanto de su compañera de correrías, Lorenza Izzo) consiguen equilibrar el entuerto.
Un film engañoso y sin personalidad, únicamente disfrutable por pequeños momentos conseguidos de clima, erotismo y tensión (sobre todo con la llegada del dúo femenino), su excelente selección musical y algún que otro guiño cinéfilo-melómano. Sin mayor recorrido ni relevancia.
(Redactado por Jesús Álvarez).
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