lunes, 13 de febrero de 2012

TOUCH (2012) - SERIE TV

Tim Kring se dio a conocer en el año 2006 con la serie Héroes, una propuesta que tuvo una excelente acogida gracias al original y novedoso enfoque que supo darle al mundo de los superhéroes y de como estos se encontraban entre nosotros.
Sin embargo tras un excelente inicio, la serie fue perdiendo fuelle y el rumbo debido en gran medida al intento del canal de alargar innecesariamente una serie que podía haberse cerrado de una forma notable con dos temporadas, pero como pasó con Prison Break, murió de éxito. Seis años después llega la nueva creación de Kring, justo ahora en la mid season americana, en la que los canales lanzan las nuevas propuestas para la segunda parte de la temporada. De todas ellas las que más me han llamado la atención han sido: Alcatraz (de momento bastante más floja de lo esperado), The River (tengo pendiente ver el piloto), Luck (la nueva propuesta de la HBO con Dustin Hoffman y Nick Nolte en medio de una trama con mafia e hipódromos, y cuyo primer episodio me ha parecido francamente excelente y con muchas posibilidades) y la propia Touch, de la que solo hemos podido ver el episodio piloto, por lo que aún parece pronto para sacar muchas conclusiones acerca de lo que puede llegar a ser la serie (que no se estrenará hasta el 19 de marzo). De entrada lo que sí queda claro es que para este primer episodio, se han cuidado mucho todos los aspectos de cara a hacerlo muy atractivo al público. Desde la intro, un buen ejemplo de como saber captar la atención del espectador en tan solo unos instantes, en la que se combinan toda una serie de bonitas imágenes y la narración con una voz en off que logra despertar nuestro interés; hasta toda la concepción estructural de episodio que acaba logrando su propósito, que es el de generar expectación de cara a saber como continúa la interesante historia planteada. Os comento un poco de que va: Martin Bohm (Kiefer Sutherland) perdió a su mujer en los atentados del 11-S y actualmente trabaja en el departamento de objetos perdidos de un aeropuerto, su hijo Jake (David Mazouz) padece autismo, nunca ha hablado y rechaza cualquier tipo de contacto físico incluso con su padre que vive dedicado a él. Sin embargo demuestra unas increíbles dotes para los números y una obsesión con los teléfonos móbiles. Precisamente el hecho de que se haya subido por tercera vez en tres semanas a una torre te teléfonos y haya hecho mobilizar de nuevo a los bomberos, provoca que entre en escena Clea Hopkins (Gugu Mbatha-Raw), una asistenta social que va a evaluar si el niño puede seguir con el padre o debe ingresar en un centro especializado donde pueda recibir atención continuada, para desesperación de su padre que daría lo que fuera para poder comunicarse con su hijo y evitarlo.


El aparente caos de números sin sentido con los que Jake garabatea en su libreta, empiezan a mostrar un posible sentido para su padre, ya que éste cree que su hijo puede reconocer algún tipo de código matemático oculto que explique la conexión existente entre hechos sin ninguna relación aparente, pudiendo llegar a predecirlos. Así, a lo largo de este primer episodio, iremos viendo que pueden tener a ver y porque, un teléfono móvil perdido por un hombre en un aeropuerto y las distintas personas por las que va pasando, el boleto de lotería que juega una persona y su propietario, una cantante aficionada, el propio Martin o el número 318, entre otras cosas.
La idea base sobre la que se cimenta la serie no es nueva (vendría a ser "Todos estamos interconectados de una forma invisible") y ya ha sido abordada con anterioridad; por ejemplo, el Rey Midas de la series, J.J.Abrams intentó sin éxito tocar el tema en la serie Seis grados (2006) en la que las acciones de personas sin ninguna relación acababan gracias a una serie de coincidencias y cambiaban el destino de algunas de ellas, o vimos a Kevin Spacey en la película Cadena de favores (2000), en la que gente hacía favores a desconocidos y esto generaba que estos a su vez siguieran la cadena.
A pesar de ello la serie ha presentado sus credenciales y de entrada las primeras sensaciones son buenas: una cuidada escenografía, un equilibrio bastante logrado de drama y misterio, un actor carismático como Kiefer Sutherland que tras el fin de la serie 24 arranca este ambicioso proyecto como protagonista (le pudimos ver también en The Confession, una serie online que hizo antes de empezar Touch), un guión que en líneas generales está bien trabajado para lograr darle sentido y ligar todas las historias para que acaben convergiendo (aunque me sobra alguna maniobra de los guionistas a la caza de la fibra sensible del espectador y que alguna de las historias tengan menos interés que otras). A partir de aquí la gran incógnita es saber como se desarrollará la serie, ¿serán episodios autoconclusivos con una estructura repetitiva o habrá una historia de fondo que se irá desgranando a lo largo de la temporada? ¿lograrán mantener el interés o será de esas series que acaban cansando? Todas las respuestas se empezarán a resolver dentro de poco más de un mes, ya os iremos contando que da de sí la serie.


domingo, 12 de febrero de 2012

CHILLERAMA (2011)

Refrescante comedia yanki que consigue homenajear mediante el humor más gamberro diferentes estilos dentro del cine de terror de todos los tiempos. Cuatro cineastas se dan cita aquí para, cada uno a su particular manera, concebir conjuntamente una película de episodios al más puro estilo "Creepshow" y así abordar algunos films clásicos con auténtica libertad cinematográfica y una originalidad sin límites.
El último cine al aire libre de los Estados Unidos (los míticos drive-in theater) está a punto de proyectar su sesión final, la que significará el cierre del lugar (y el fin de una época) y con la que el señor Cecil B. Kaufman (ya empezamos con los guiños) se despedirá de tantos años de entrañables pases cinéfilos de medianoche.
Para la ocasión, ha planeado una maratón inédita con el pase de 4 películas jamás antes exhibidas en los Estados Unidos y con un inconfundible patrón en común, el terror.
El primero en enseñar sus cartas es Adam Riftin, el director más veterano del cuarteto y responsable, entre otras, de aquella "Cero en Conducta", de 1999, donde un todavía reconocible Edward Furlong perseguía al grupo Kiss por los Estados Unidos. En su corto "Wadzilla" dentro del espectáculo Chillerama, nos presenta a Miles Munson (interpretado por el propio Riftin), un hombre que probará una medicación experimental para combatir su déficit de espermatozoides. Dicho fármaco le provocará un irrefrenable y repentino impulso por eyacular (con la ayuda de algún que otro escote, todo sea dicho), lo que desembocará en la aparición de un enorme gameto de comportamiento violento y escurridizo (obviamente).
La huida del esperma y su espectacular agrandamiento (se zampa mendigos gracias a sus peligrosas fauces) le convertirán en una amenaza para toda la ciudad, que desplegará incluso armamento militar para combatir dicha criatura, ya de tamaño descomunal.
Claramente inspirada en las cintas de ciencia ficción de los años 50 y sus, por costumbre, enemigos monstruosos (avispas, cucarachas, arañas, hormigas, lagartos...) científicamente mutados, consigue extremar la idea y crear un esperma del tamaño de Godzilla, tan agresivo y vulgar como imposible, dentro de una historia sin concesiones ni explicaciones, tan sólo una desvergonzada y divertidísima cinta que abusa del género pero que lo evoca por los cuatro costados. Delirante y satisfactoria a partes iguales, con unos efectos expresamente descuidados y un reparto anecdótico (Eric Roberts se une a la fiesta) que completan la que probablemente sea la más destacada y simpática filmación del compendio Chillerama.


El siguiente capítulo por el contrario, es el más flojo de todos. Obra del realizador Tim Sullivan, termina resultando un disperso homenaje de géneros tan opuestos como los musicales, los hombres lobo o el drama homosexual. Su capítulo, titulado "I was a teenage Werebear" sigue de cerca las dudas sexuales de un joven que, tras perder a su idílica novia en un accidente (bueno, la dejan literalmente "alelada") comienza a salir con compañeros de su misma tendencia, descubriendo que no sólo son de la acera de enfrente, sino que también se convierten en fortachones hombres-oso de alguna manera peligrosos. Una mezcla disfuncional entre las míticas "Grease" y "Rebelde sin Causa", con toques cercanos al más puro estilo "spoof" de la saga Crepúsculo y algún que otro sugerente acorde acertado en su cometido graciosillo, lamentablemente insuficiente como para sostener el interés que levantó su precedesor capítulo. Con todo, representa un entretenido episodio de hombres-oso gays pésimamente maquillados y peormente dirigidos, con sintonías aberrantes de fondo y un sinfín de fantasmadas argumentales, y eso señores, pues tiene su puntito de gracia (aquí también hace un cameo su director, esta vez como entrenador "metemanos" del protagonista).


Una vez superado el peor escalón de Chillerama, nos encontramos de nuevo con un corto que nos deja atónitos. El capítulo titulado "The Diary of Anne Frankenstein". Obra del joven Adam Green, autor de Hatchet (2006), Hatchet 2 (2010) o Bajo Cero (Frozen, 2010), por citar las más conocidas.
Carteles de los 4 films
Rodada en blanco y negro, en un fingido alemán (aunque, por supuesto, subtitulado) y con un Hitler (escuálido e imberbe, pero con ese bigotillo) de protagonista invadiendo la casa de Anne Frank (abreviaron el apellido según cuentan, ya que eran los Frankenstein...), tan sólo nos queda descubrir que sus intenciones son hacerse con los servicios del revivido monstruo (con partes de cadáveres judíos) para así ganar la Segunda Guerra Mundial. Su sorpresa será descubrir que el muerto con vida es de ideales poco afines y jugará en su contra, naturalmente.
En el film de Green, todos los ingredientes funcionan magníficamente, convirtiendo un simple gag entre el Führer y Frankenstein, en un mediometraje cachondo (sí, hay incluso erotismo) y sensacional, semejante a aquellas cintas de los años 20 y 30, de bobinas castigadas y con cortes de censura (muy divertido el tijeretazo). Las interpretaciones en este episodio son fantásticas, de alto contenido cómico y con sus pocos recursos muy bien utilizados (los decorados en la lucha final, para quitarse el sombrero).


El cuarto film exhibido, si fuéramos rigurosos, seria el dedicado a los excrementos. Un film extremadamente escatológico del que solo seremos testigos unos pocos minutos (¿prometía?...nunca lo sabremos). Es el film que engloba a estos 3 anteriores el que sustenta realmente Chillerama. Titulado "Zom-B-Movie", no cabe duda de que su propio nombre deja bien claro en qué liga juega. Los zombies de auténtica Serie B hacen por fin su aparición por culpa de una intoxicación en las palomitas del cine al aire libre, originando una orgía sexual de muertos vivientes (y de vivos). Esta parte central la firma Joe Lynch, conocido por la espléndida secuela "Km.666 2:Camino Sangriento", en 2007 y ganándose el crédito suficiente como para que confíen en él en mayores retos.
En esta historia, destacaré un arranque de película que no dejará a nadie indiferente (buenísimo) y un clímax de auténtica pasión cinéfila zombie, como pocas veces he presenciado.
Asi pues, debo arrodillarme ante tal propuesta por ser mortalmente divertida, muy entretenida, bien musicalizada y mejor dirigida. Un lujo sólo consumible para fans de lo horroroso, en el amplio sentido de la palabra.


sábado, 11 de febrero de 2012

LADRÓN DE BICICLETAS (1948)

“O la encuentras pronto o no la encuentras nunca”, este es el consejo que la Santera da a Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) a quién, en su primer día de trabajo, le es robada su bicicleta. Esa bicicleta, su más preciado bien en ese momento y que pasará a ser la gran protagonista de la película.
El ladrón de bicicletas, película ambientada en la Roma de la posguerra (basada en la novela homónima de Luigi Bertolini, 1946) fue nominada a los Oscar de 1949, obteniendo el premio de la crítica. Además conseguiría el Globo de Oro y el Bafta ese mismo año.
Una empobrecida Italia, tras la 2ª Guerra Mundial, acuñó el término NEORREALISMO, para constatar el estado auténtico del país en esos momentos.
Se usa la calle como escenario, los barrios populares, en parte también debido a que los estudios cinematográficos habían sido destruidos por la guerra; y la apuesta, como en esta película, por actores no profesionales, hacen un análisis desgarrador de la situación del momento.
Los guiones, cortos y concisos del gran Cesare Sabatini, reflejan la tristeza, la desolación de la Roma de ese momento.
El humilde matrimonio Ricci, Antonio (Lamberto Maggiorani) y Maria (Lianella Carell) viven, o más bien sobreviven, como pueden, en un barrio popular romano junto a sus dos hijos, un bebé y Bruno (Enzo Staiola), un espabilado chaval de 5 años.Antonio, tras mucho tiempo en paro acaba de encontrar trabajo, como pegador de carteles publicitarios. La única condición que le piden es que ha de llevar su bicicleta: -“Si no te presentas mañana con la bicicleta, no hay nada que hacer”-. Para recuperar la bicicleta, empeñada en el Monte de Piedad, tiempo atrás, deben vender todas las sábanas de casa, pero están tan contentos todos, que vale la pena el esfuerzo. ¡Qué felicidad la primera jornada laboral! Antonio está contentísimo con este trabajo con el que podrá sacar adelante a su familia. Con su flamante uniforme, llevará a Bruno hasta la escuela, montado en su preciada bicicleta.Existe una gran complicidad entre padre e hijo.Y empieza ese primer ansiado día de trabajo; cuando está colocando un cartel (paradójicamente, uno de una despampanante Rita Hayworth), un muchacho le roba la bicicleta, ante la más absoluta impotencia de Antonio, que pasa de la euforia a la desesperación en un minuto.La cara de Antonio lo dice todo, la postura de sus manos, los ojos, la posición de su cuerpo, parece decir, no puede ser, no puede ser...la cámara lo enfoca fijamente. Es uno de los momentos álgidos de la película. Tras denunciar el robo a la policía, Antonio va en busca de Bruno, su pequeño, que lo lleva esperando bastante tiempo a la salida de la escuela y que lógicamente, la primera pregunta que hace a su padre es dónde ha dejado la bicicleta, el más preciado bien de la familia Ricci en aquel momento. El padre triste y cabizbajo, no sabrá que contestar. María, la madre, es el reflejo de la desesperación humana.
A partir de aquí empieza un periplo donde padre e hijo se lanzan a rastrear todos los rincones de Roma, en busca de su bicicleta. Hay una imagen de los dos sentados, impotentes, donde el hijo que siempre mira a su padre orgulloso, parece derrotado (imagen de la izquierda). Denota una gran expresividad este niño, y también el padre, desviando la mirada hacia un punto indefinido. Es un momento desgarrador, de los que más me marcó la primera vez que vi la película, si me permitís la licencia. La imagen del hijo que idolatra a su padre, sin una palabra de diálogo, solo la música de Alessandro Cicognini. Estas miradas de hijo a padre, se sucederán a lo largo de todo el film, los ojos de Bruno, lo dicen todo, no harán falta las palabras.


A partir de aquí el ritmo de la película es más rápido y todos vivimos con padre e hijo, intensamente, la búsqueda de la bicicleta.
A lo largo de este ir y venir se producen tres momentos muy significativos que nos reflejan la difícil situación social del momento, incluso escenas en las que el humor italiano por excelencia, surge aún en los los peores momentos:
El primero es cuando Antonio, en medio del mercado, identifica al ladrón cuando éste se encuentra hablando con un mendigo, y por segunda vez se le escapará el malhechor. Padre e hijo perseguirán a este mendigo (magníficamente interpretado, por el también nobel, Carlo Jachino) hasta una casa de caridad. Aquí se ve la cantidad de gente que tras la guerra no tenía siquiera para comer. Pero no conseguirán sonsacarle ninguna información del ladrón.
Otro momento se sucede tras discutir padre e hijo. Antonio, con el poco dinero que le queda, decide invitar a su hijo a un restaurante, como si nada sucediese. La mirada de Bruno se cruza con la de un niño rico en la mesa de enfrente: la chulería del niño rico que lo tiene todo, frente a la timidez de Bruno que espera su pizza con una ilusión tremenda, lo dicen todo. Al salir de la comida van a visitar a la Santera (la típica mamma italiana pero “que ve más allá”), y que pese a la crítica situación económica que se vive en el país en ese momento, y posiblemente, a causa de esto también, siempre tiene la casa llena de creyentes que van a confiarle sus más preciados secretos.


Aquí se produce el único momento cómico de toda la película, uno de esos personajes esperpénticos, que De Sica, siempre introdujo en cada uno de sus films, aparece aquí: un chico muy poco agraciado que acaba de conocer a una mujer y viene a consultar a la santera por el futuro de esta relación, con toda su ilusión y ésta sin más, le responde: -”eres feo, feo, feo...”-.
Después será el turno de Antonio, que le preguntará a la Santera por su bicicleta y ella le contesta: “O la encuentras pronto o no la encuentras nunca”.
 Al poco de salir, Antonio se cruza con el ladronzuelo, pera esta vez andando. Es la tercera vez que lo ve, y no se le puede escapar; lo perseguirán Bruno y él hasta la misma puerta de su casa. Allí es arropado por todo el vecindario (todo gente de escasos recursos y amigos de lo ajeno, también) , y registrando la casa y todo, no consiguen encontrar la bicicleta.
Antonio ya no puede más, está desolado, deja a Bruno encargado que lo espere un momento, que regresa pronto, y en un arrebato decide robar él una bicicleta, con tan mala suerte que es descubierto e interceptado al momento. Bruno ante el escándalo que se forma, acude corriendo al lugar y se pone a llorar inconsolablemente, al ver a su padre humillado y derrotado. El llanto de Bruno le salvará a Antonio de ir a la cárcel. Antonio no es un ladrón, pero es la desesperación de un padre de familia, llevada al extremo. No hay más diálogo, simplemente padre e hijo se dan la mano y regresan a su casa, con las manos vacías.
Un argumento simple, pero que narra hechos reales, pues en aquel momento poseer un medio de locomoción, como una bicicleta era algo preciadísimo, era condición indispensable para conseguir alguno de los pocos trabajos que se daban. Se le da una especial importancia al mundo del trabajo, a la vida cotidiana, es lo que da a esta película (y todas las rodadas bajo este movimiento neorrealista) un tono de crónica, de documento si cabe histórico, reflejo de la situación social del momento.
Pienso, salvando las distancias en el tiempo, que vuelve a ser una película actual, en cuanto a mensaje social.
Os aconsejo, a poco que podáis, ver la película en versión original, ya que son de tal expresividad los diálogos que aunque no sepáis italiano, seguro que lo entendéis (excepto algún personaje como el mendigo que utiliza el dialecto romano).
Una de mis películas favoritas, sin duda alguna.




Agradecemos profundamente esta colaboración a Sonia Gracia, una excelente cinéfaga y mejor persona. Esta es, sin duda, la primera de otras muchas aportaciones suyas al blog. Cada vez somos más, y por consiguiente, mejores.

lunes, 6 de febrero de 2012

CREMATORIO (2011) - SERIE TV


Crematorio demuestra algo que era de cajón, pero que hasta ahora no se había logrado aquí, como era crear una serie de ficción con un nivel que no tiene casi nada que envidiar a las producidas en los Estados Unidos o en Inglaterra de la mano de la BBC. Hasta la fecha la mayor parte de las series patrias cuando se ha intentado una producción seria solían pecar de tener unos guiones y una realización de risa (caso extremo es la bochornosa Hispania). Aunque la mayor parte de ellas está más orientada al humor de brocha gorda que tanto gusta aquí (a mí no) y que suele satisfacer a un público no demasiado exigente o con ganas de ver algo distendido y pretendidamente gracioso que no requiera mucha atención. Por ello es más que loable la apuesta de Canal + España en la que es su primera serie de creación propia (la idea es crear un canal estilo HBO con series de gran calidad) y que toca uno de los temas que más han marcado las últimas décadas de nuestro país, y que pensándolo bien cuesta creer que hasta ahora no se hubiera abordado de una forma seria y sin tapujos: como es la corrupción inmobiliaria. Es evidente que las audiencias mandan, y por tanto el querer hacer una serie al estilo HBO, viene condicionada por no cerrar las puertas al público familiar y a las grandes audiencias.
La demostración de que la fórmula ha funcionado y de que se trata de un producto de calidad, es el hecho que acaba de estrenarse en abierto en La Sexta, donde seguro que tendrá tan buena acogida como ha sido el caso en el canal privado.

El nuevo proyecto de Bertomeu: Costa Azul...
La historia se centra en la figura de Rubén Bertomeu (Pepe Sancho está inmenso aquí), un promotor inmobiliario sin ningún tipo de escrúpulo, que desde los años 80 vio el potencial que había en una virginal costa levantina donde ha ido construyendo urbanizaciones y hoteles sin parar, hasta erigirse como uno de los personajes más poderosos de la zona. El hallazgo por parte de la policía de una camioneta llena de cadáveres descubre un caso chocante, como es el que la empresa encargada de las pompas fúnebres de la zona, no quemaba los cuerpos y en lugar de incinerarlos (de ahí el título) los enterraba en una zona apartada para ahorrar costes (hace pocos años salió a la luz una noticia que era tal cual, para que veamos que la realidad siempre supera la ficción o en este caso la iguala). Este hecho abre la puerta a los servicios de investigación para poder tirar del hilo del encargado de la funeraria, Alonso, quien parece estar estrechamente vinculado con los negocios de Rubén Bertomeu, personaje sobre el que hay sospechas desde hace tiempo por actividades ilícitas pero al que nunca han podido echarle mano.


En conversaciones con la mafia rusa
Así, esta serie de 8 episodios, gira en torno a la investigación que arranca con este descubrimiento, como el desarrollo de toda una serie de personajes relacionados con Bertomeu y de él mismo; desde su hija Silvia Bertomeu (Alicia Borrachero) y los problemas que tiene dentro de su matrimonio, su socio de toda la vida Ramón Collado (un gran Pep Tosar) metido en graves problemas al estar colgado de una prostituta rusa y a punto de hacer una locura, la jovencísima pareja de Rubén: Mónica (Juana Acosta) repudiada por la familia, los arreglos pactados que tiene con diferentes políticos, sus tratos con la mafia rusa que blanquea dinero en la costa española y una complicada red de extorsión y de favores que se va enredando a lo largo del tiempo. El desarrollo de los episodios además tiene el aliciente de tener lugar en dos marcos temporales distintos, el primero de ellos situado en la actualidad y en el que se nos muestra el gran imperio creado por el ambicioso Bertomeu, sus trapicheos, negocios sucios, trampas y amenazas usadas para engrandecer día a día su reino. Mientras que el otro arranca en el año 1981 y nos sitúa en las tierras de la familia Bertomeu, donde vemos a los dos hermanos, Rubén y Mateo, el primero ya intuye hacia donde quiere encaminar su futuro y el de las tierras que poseen (para empezar...), mientras que el otro es partidario de seguir explotando las tierras de cultivo que durante generaciones han enriquecido a la familia. Desde esta primera conversación y el posicionamiento opuesto de ambos, iremos saltando a lo largo del tiempo para ir conociendo los pasos dados por Rubén para ir logrando cumplir sus objetivos, sin ningún atisbo de duda ni remordimiento, haciendo todo lo necesario para que 20 años después sea un personaje al que muchos rinden pleitesía y al que le deben grandes favores. Esta historia contada de forma fragmentada sirve para complementar y definir muy bien los personajes y entender algunas situaciones de la historia en el presente.



Algunas veces me pasa que me envicio con alguna serie y me pongo a ver un episodio tras otro sin parar, aunque el reloj amenace con altas horas de la madrugada y sepa que me quedan pocas horas de sueño antes de que suene el despertador, me pasó con Battlestar Galactica y Dexter (que noches...), y la semana pasada con Crematorio; y eso quiere decir que la serie es buena, con unos episodios que tienen un ritmo y una estructura narrativa adictivas. El acabado técnico es excelente, así como la ambientación general y el aire que respira la serie es muy auténtico. Con unos personajes bien interpretados y con personalidad marcada gracias a un plantel de actores que recoge lo mejor del panorama nacional. Aparte de los arriba mencionados, tenemos a Montserrat Carulla haciendo de la madre de la familia Bertomeu (fantástica como siempre), Pau Durà en el papel de Zarrategui, el fiel abogado de Rubén o Manuel Morón que clava su papel como Llorenç Torralba, delegado de urbanismo que se ha ido enriquiciendo con su socio; aparte de muchos otros secundarios.
Todo ello hace que la trama gane en interés episodio tras episodio, con el añadido de que la historia de trasfondo refleja una realidad vivida aquí, donde durante muchos años se han hecho auténticas locuras en la costa española, construyendo sin ningún tipo de control ni respeto por el entorno natural, donde ha habido muchos Rubén Bertomeu que se ha hecho de oro a lo largo de estas décadas y otros tantos políticos corruptos que lo han permitido. Para mí hay una frase que resume muy bien el espíritu de esta realidad y es la que le dice Rubén a su socio Llorenç que tiene dudas de si les van a aprobar el nuevo gran proyecto constructivo llamado Costa Azul: "Esto no lo para nadie, no tienen narices, si medio país vive de esto...". Y así nos ha ido con la crisis... Lo dicho, para todos aquellos que os gusta disfrutar con una buena serie, por una vez (y espero que no la última) no hace falta que busquéis fuera de nuestras fronteras para encontrar una de las buenas.
Como simple curiosidad y reafirmando su intención de seguir los pasos del canal HBO, quedaros con la intro de la serie, recuerda mucho a la de True Blood.
 

domingo, 5 de febrero de 2012

GENTE CORRIENTE (1980)

El estreno tras las cámaras de Robert Redford no podía ser más certero de cara a la galería. Un proyecto melodramático con todos los ingredientes necesarios como para convencer y agradar a los conservadores académicos americanos, que la alabaron hasta el punto de otorgarle 4 estatuillas importantes (estuvo nominada a 6) incluyendo las de mejor película y mejor director, en el ya lejano 1980.
La ecuación del film ofrece unos indiscutibles pilares de solidez debido en parte a la experiencia de Redford como intérprete, y se apoya en un enfoque de interés cultural en alza en aquellos días, como era la figura de un psicoanalista como solución a los problemas de las familias medias americanas.
Un desgraciado accidente se cobra la vida del hijo mayor de los Jarrett y desemboca en un intento de suicidio de su hermano menor, Conrad, que acaba de salir del hospital.
Los motivos de Conrad para recibir terapia psiquiátrica son más complejos de lo esperado. Se culpa de la muerte de su hermano y la relación inestable con su injusta madre (ella sentía predilección por su hijo fallecido y repudia a Conrad) no ayuda en su rehabilitación. Además, su padre (Donald Sutherland) parece no saber hacia qué lado decantarse ni a quién debería ayudar más.
La ayuda del Dr. Tyrone Berger es esencial para tratar de aclarar la existencia a Conrad, que tampoco es capaz de mantener una relación con la chica que le gusta ni tan siquiera con sus amigos (si se pueden llamar así a esa panda). La pluralidad emocional del esquema sustenta diferentes historias y se asegura una complicidad con el público adulto, que encontrará puntos de empatía con algunos de los diversos problemas que se nos presentan y sabrá saborearlos en su justa medida.
Por un lado, el joven que intenta suicidarse por no saber salir de un problema (en este caso, la muerte de su hermano), desencadenará una interesante relación con su psiquiatra, con sus padres e incluso con la chica que le gusta, creando inagotables fuentes dramáticas en donde apoyarse.
La misma tragedia hará tambalear los cimientos de un matrimonio que se las prometía felices y que descubrirán que ni el dinero ni las vacaciones jugando al golf serán suficientes para superar su dolor, sacando a flote los sentimientos más oscuros y secretos de ambos.
El retrato psicológico del joven Conrad es, de largo, el aspecto más relevante del film, que consigue dibujar magníficamente un personaje de interesante complejidad intelectual, solventado dignamente además por un novato Timothy Hutton. Su papel de Conrad le valió a Hutton el Oscar a mejor actor secundario (aunque no tiene nada de secundario), en lo que fue un puro espejismo visto su trayectoria posterior.


Debido a la riqueza de matices que ofrece la película, el psiquiatra obtuvo su reconocimiento académico con una nominación (pienso que no lo merecía) así como Mary Tyler Moore (la señora Jarrett), que también fue nominada en su categoría como mejor actriz (para un servidor, la mejor de todos).
Esta cinta con envoltorio fabricado para el paladar de los académicos desvela algunos paralelismos curiosos con la posterior (y en mi opinión, más acertada) "El Indomable Will Hunting, 1997". Se produce en aquella una relación similar entre paciente y doctor, con un esquema menos dramático pero de parecida fuerza emotiva, incluso con frases copiadas (¡no fue culpa tuya!) o abrazos lacrimógenos de parecidos sospechosos.
Su dilatado metraje (más de dos horas de drama son excesivos) y sus, a veces, estériles subtramas (la cita de nuestro suicida protagonista con la chica de marras o sus peleas de taquilla en el instituto) no ayudan a la deglución de una historia que agota nuestra capacidad de angustia y evita que valoremos como se merece, ese final de la historia tan poco habitual en el cine de Hollywood.
Sin duda, es un film sólido, funcional y logrado, pero carente de esa magia que de vez en cuando impregna a las obras maestras. Buen inicio para Redford pues, pero demasiado prudente y diplomático, diríase incluso, de realización sesgada, de no ser por su desenlace final.

jueves, 2 de febrero de 2012

THE HOUR (2011) - SERIE TV

Situados en la década de los 50, Freddie Lyon (Ben Wishaw) y Bel Rowley (Romola Garai), trabajan dentro de la BBC en un pequeño departamento de noticias, por culpa de un jefe chapado a la antigua y con miedo a molestar en lo más mínimo a sus superiores, el enfoque de su trabajo es muy conservador y poco estimulante. De esta manera la creatividad, el abordar noticias controvertidas y el periodismo de investigación no tienen practicamente cabida en su trabajo diario.
Sin embargo el saber que la BBC está creando un nuevo programa informativo semanal de una hora de duración llamado "The Hour", les abre las puertas a un trabajo de primera linea, al ser elegida Bel para dirigirlo y el propio Freddie como reportero del programa (aunque él deseaba poder ser el presentador). Para esta tarea fichan a Hector Madden (Dominic West, al que ya pudimos ver en The Wire), periodista con muy buena planta y una sonrisa seductora (cosa que no podemos decir del bueno de Freddie). El programa, innovador por su formato que incluye entrevistas en vivo a personajes destacados de la actualidad política y social del momento, junto con una buena labor periodística por parte de sus responsables, logran un éxito ascendente día a día, demostrando a su jefe Clarence Fendley (un genial, Anton Lesser) que ha sido un acierto ficharlos.

Sin embargo cuando hace poco que están en antena, estalla la crisis del Canal de Suez, en el que Inglaterra, Francia e Israel lanzan una ofensiva contra Egipto para recuperar su control, en lo que sería uno de los conflictos más tensos entre occidente y el mundo Árabe. Es en estos momentos cuando se descubren los entresijos políticos que están detrás de las noticias y las grandes presiones que puede llegar a hacer un Gobierno para controlar en la medida de lo posible el contenido de las emisiones para que su imagen quede lo más limpia posible. Haciendo que el trabajo periodístico dentro del programa se vaya haciendo imposible, al coaccionar la libre expresión.
Si a esto le unimos un caso que está investigando Freddie Lyon tras algunas muertes sospechosas en el entorno de su buena amiga Ruth Elms, tenemos una interesante trama muy bien sintetizada en esta miniserie de tan solo 6 episodios.
Ultimamente en el blog me estoy dedicando a comentar sobretodo las series que voy viendo, aunque esto implique hacer menos reseñas por tener que verlas enteras antes de lanzarme a dar mi opinión.
De momento la gran mayoría están respondiendo muy bien en cuanto a su calidad tanto interpretativa como de guión (obviamente aquí Alcatraz no tendría cabida...), dejándome un buen regusto al acabarlas.
Ya van dos producciones de la BBC que me han parecido excelentes, como The Shadow Line y Luther, lo que está haciendo que me esté "especializando" en buscar miniseries o series más minoritarias, alejándome un poco de las grandes producciones americanas que nos venden con mucho bombo y platillo, pero que a la hora de la verdad acaban resultando poco estimulantes a la vez que repetitivas (y aquí si tiene lugar Alcatraz o Terra Nova). En breve comentaré otras series como Crematorio o Braquo, quizás poco conocidas por el público en general, pero que atesoran calidad de sobra para satisfacer al público más exigente.


Encontré particularmente interesante esta nueva propuesta de la BBC por tratarse de una intrahistoria que tiene lugar dentro de la misma BBC de los años 50, en ese sentido la ambientación de la serie es excelente, sobretodo lo relacionado con los decorados de los platós del programa, las cámaras de época y toda la ambientación en general. Se nota que la propia cadena ha sacado del baul de los recuerdos viejos equipos para darle la máxima credibilidad a esta producción, incluyendo una sala de montaje donde las cintas se cortaban y pegaban (ver imagen superior), y el resultado en este sentido es muy satisfactorio. El interés de la cadena en esta serie tiene múltiples lecturas: para empezar se retrata/denuncia la falta de libertad de expresión vivida en ciertos momentos de la historia (no digo ni mucho menos que ahora la haya), explicando por ejemplo la existencia de una ley que prohibía informar acerca de cualquier ley o tema que se estuviera discutiendo en la Cámara de los Lores durante al menos dos semanas, impidiendo de esta manera que la opinión pública tuviera conocimiento de lo que estaba cocinando dentro del Gobierno o los periodistas pudieran dar su opinión al respecto, hasta que en muchos casos ya estaba aprobado. Por otro lado se ven las presiones que se ejercía desde el Gobierno a los altos mandos de la cadena con tal de lograr que el enfoque de las noticias no les fueran del todo desfavorables o incluso que algunas de ellas no viesen la luz (seguro que a lo largo de la historia esto se habrá repetido en muchos sitios).
El otro gran tema que aborda, sería uno de los últimos capítulos que marcaron el fin del colonialismo occidental y en este caso una de las peores actuaciones de Inglaterra en la gestión de un conflicto internacional, con la nacionalización del Canal de Suez. Todo ello bien retratado para ponernos en la situación del momento y poder comprender la realidad socio-política que se vivía entonces. La historia se complementa con una intriga que planea casi desde el primer minuto de la serie, con un extraño asesinato ocurrido en el metro de Londres y la certeza que tenemos desde ese instante de la existencia de algo muy turbio alrededor de lo que parece ser una trama conspiratoria. A nivel de actuación el trío protagonista (ver las 3 fotos de la derecha) demuestra una gran química entre ellos, sabiendo desarrollar sus personajes a medida que avanza la serie y haciendo creíbles sus motivaciones y carácteres, perfectamente complementados por toda una serie de secundarios. Por un lado tenemos a Freddie Lyon, que vendría a sintetizar la esencia del periodista, devoto de su trabajo, con una gran inquietud por la investigación y su afán de informar antes de pararse a pensar si es políticamente correcto o merece la pena arriesgarlo todo por hacerlo. Su carácter díscolo, su cinismo y su dote para intuir una buena historia lo convierten en un sujeto difícilmente controlable e incómodo para todos. El actor Ben Wishaw (protagonista de la película El perfume) hace aquí un gran papel, logrando un personaje que huele a auténtico, entrañable e inteligente a partes iguales. Romola Garai como Bel Rowley sabe transmitir las inquietudes de su personaje, una periodista ascendida a directora de programa y que desde entonces tiene que saber adaptarse al nuevo juego de los despachos en el que predominan los hombres, e intentar encontrar el equilibrio con su obligación de informar y lo dictado por sus superiores, y Dominic West convincente en su papel de presentador guaperas y a priori comprometido con el periodismo, complementan un triángulo amoroso que da para mucho en estos 6 episodios que dosifican inteligentemente la tensión y el ir descubriendo poco a poco sus cartas, para lograr cerrar convincentemente esta sugerente historia llena de inspirados diálogos y un ritmo muy dinámico. Id a por ella, sin ninguna duda es una apuesta segura, aunque va a pasar desapercibida por gran parte del público y por las cadenas, que seguramente nunca la lleguen a considerar atractiva a la hora de buscar nuevas series que emitir, una lástima.


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