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sábado, 1 de diciembre de 2018

MY FRIEND DAHMER (2017)

La vida de Jeffrey Dahmer, conocido en EEUU como "El carnicero (o caníbal) de Milwaukee", ha dado lugar a diversos documentales, películas, libros e incluso una novela gráfica, y es uno de los asesinos en serie más despiadados y tristemente famosos de la historia reciente.
Dahmer, prematuramente alcohólico, de sexualidad reprimida y del todo inadaptado, asesinó, troceó, violó, y a veces se merendó, al menos 17 hombres (la mayoría jovencitos), entre 1978 y 1991. Sentía un incontrolable impulso de consumir carne joven, pues eso le provocaba sus mejores erecciones, y después hervía sus cráneos para coleccionarlos en forma de cuencos, para sentirse más cerca de sus "favoritos".
Condenado a 15 cadenas perpetuas e irónicamente asesinado por un preso mientras cumplía su pena con tan sólo 34 años, Jeffrey Dahmer sigue siendo un caso a estudiar a día de hoy, provocando naturalmente la repulsa del mundo entero pero también fascinando a otros tantos, atraídos por este sociópata de tan desquiciado cerebro.
Ahí es cuando aparece el dibujante Derf Backderf, ex-compañero de Jeffrey durante la escuela e instituto, que poco tiempo después de la muerte del citado carnicero, creó una novela gráfica sobre sus años de estudiante, consiguiendo muy buena acogida crítico-comercial y dando lugar, el pasado 2017, a su traslación cinematográfica de la mano de Marc Meyers, que nos presentó el film él mismo en el marco del Festival del mismo año.
Si bien la figura de Dahmer ya había tenido una adaptación previa protagonizada por Jeremy Renner en 2002 titulada "Dahmer, el carnicero de Milwaukee", ésta no consiguió sino repasar de manera burda y con brocha gorda ciertos episodios aislados de sus homicidios, señalando tan sólo algunas ideas simplistas sobre su psicología y quedándose en la mera anécdota de lo escabroso, siendo un film mediocre y sin mucho mayor interés.



La nueva versión, obviamente comprendida en los años de instituto que repasa la novela, seduce más por su amplia perspectiva neurótica, siempre tratando de enfocar su trastocado comportamiento social con cierto respeto y humor, pero a la vez con sentido de la responsabilidad crítica, esquivando aspectos excesivos y sugiriendo más que mostrando (como en la acertada y enigmática secuencia del coche, con Jeff y sus manos manchadas de "pintura"). Lamentablemente el patetismo del personaje se adueña del film allá por su meridiano, y acaso ahí se debilita, pues se detiene demasiado en subrayar algo que, por repetirlo, nos termina agotando.
Podríamos decir que la película funciona razonablemente bien debido a que ya sabemos de antemano quién es el personaje, pues de lo contrario, sólo se apreciará un film más sobre nerds de instituto haciendo sus "mongolismos" y palpitando sexo.
Se agradece el esfuerzo del cineasta al frente por rodar en la verdadera casa de Dahmer, su barrio real y retratar lo más rigurosamente posible su situación familiar (su madre salida de un manicomio, padres al borde del divorcio...), incluso el uso de la música acorde a sus gustos originales, pero la película no alcanza mayor entidad que la de ser una adaptación curiosa y medianamente entretenida de una novela gráfica, restándole cierta personalidad y por supuesto, originalidad.

viernes, 2 de noviembre de 2018

SUPERLOPEZ (2018)


Tras varios años tratando de encontrar financiación, por fin el proyecto cinematográfico para adaptar "Superlópez", el popular cómic de Jan, se ha convertido en realidad, y ya aterriza, nunca mejor dicho, en nuestras salas.
Sitges 2018 se ha reservado el privilegio de su estreno mundial, algo que su director, Javier Ruíz Caldera, natural de Viladecans, como fiel asistente al festival que ha sido durante años, le resultó un auténtico placer, pues ver proyectada su película en el enorme Auditori siempre es y será un orgasmo profesional.
Difícil empresa fue la concepción de su guion, ya que tomarse ciertas licencias en su traducción al cine podría haber hecho enfadar a una legión de seguidores puristas; sin embargo, haberse empeñado en respetar solo las viñetas de Jan a toda costa, hubiera podido, de igual forma, no funcionar en pantalla.
Por suerte, el film ha caído en buenas manos, y el cineasta catalán, fan declarado de los cómics, se ha esforzado en otorgar un equilibrio entre el original y su difícil traslación al lenguaje cinematográfico, consiguiendo un resultado ciertamente agradable, en tono y forma, muy divertido (aunque quizás en exceso políticamente correcto) y bastante fiel, además de agregar ideas nuevas, que enriquecen en su mayoría, la historia de base.
Uno de los principales retos era escoger bien al personaje central, pues todo orbitaba alrededor de sus expresiones, torpeza gestual y semblante cómico. Se barajaron nombres como José Mota (que creo, lo hubiera decantado mucho al puro gag), o Imanol Arias, que habiendo sido Anacleto en el previo proyecto del director, quedaba lógicamente descartado.


Tras meditarlo mucho y vencer sus posibles temores a no dar la talla, el cómico/actor Dani Rovira se enfundó finalmente el destartalado traje y asumió con descaro el desafío. Lo cierto es que nada se le puede reprochar al malagueño, más allá de algunos tics característicos e inevitables de su interpretación, casi nunca molestos. Si bien encarna a un Juan López algo más joven de lo esperado, consigue dotar al personaje de un cierto carisma y sabe plasmar la noble pero torpona forma de ser del paródico superman ibérico con bastante puntería, pudiendo afirmar que fue un acierto de cásting.
Acompañado por un elenco de rostros conocidos como el "chanante" Julián López (divertidísimo), Alexandra Jiménez (por la que siento especial predilección) o Maribel Verdú, se ha conseguido realizar una comedia ligera a la par que singular, con unos fantásticos efectos gráficos (por momentos incluso soberbios) y así hacernos disfrutar, esta vez en carne y hueso, del más famoso superhéroe catalán (recordemos que su nave se estrelló en Lleida).
Estamos frente a una cinta de aventuras sin mayor pretensión que hacernos disfrutar, que desprende humildad, respeto y cariño, subraya valores clásicos y que sabe, en todo momento, reírse de sí misma.
Algunos esgrimirán que le falta empuje, más mala uva o que se queda corta en su afán de retratar al héroe con bigote, pero al menos yo, he tenido una sensación muy similar al terminarla que cuando leía sus historietas. Misión cumplida entonces. ¡Ah!, y que alguien financie la secuela, gracias.

miércoles, 22 de agosto de 2018

GOLDFACE (1967)


"Nadie podía salvar a la humanidad en peligro excepto él. Ni todo un ejército podía contra su voluntad y su fuerza. Por eso era llamado... el fantástico Superman". Estas contundentes frases adornaban los fotocromos y marquesinas de los cines la Navidad de 1967, cuando "Goldface, el fantástico Superman" llegaba a las pantallas italianas.
Ni que decir tiene que su éxito en salas fue directamente proporcional a su calidad, y pasó al sistema doméstico al poco después (me refiero al moribundo VHS), donde sí tuvo un poco más de repercusión.
Lo insólito de la idea fue en primer lugar aprovechar el tirón sobre superhéroes italianos de andar por casa mezclado con la figura del wrestler mexicano "El Santo", y fusionarlo todo con la del mago Mandrake, un cómic de 1934 creado por el autor de The Phantom.
Como resultado, un pastiche difícilmente soportable que  
no solo acusa una pobre dirección (a todos los niveles), sino también una preocupante cutrez general, parece hecha con prisas y no se percibe demasiado cariño en su realización, simplemente se limitaron a cumplir plazos y contratos.
A la ya clásica producción hispano-italiana, esta vez se sumó a la fiesta Venezuela, llevándose la acción a su terreno e implantando características "culturales" de cosecha propia, tanto de localizaciones (fue rodada íntegra en Caracas), como sociales (la lucha libre), además de aportar al protagonista casanova Robert Anthony, o mejor dicho, Espartaco Santoni (1932-1998), muy conocido en España y no solo por sus 8 matrimonios.

Combates al más puro estilo "El Santo", o sea, interminables y teatrales, muy aburridas
El musculoso Lothar, un africano leal y bondadoso, pero bobalicón
Lo más curioso e injusto de todo es que bajo esa "cara de oro", arriesgando su integridad en varias escenas peligrosas (cuentan que había barracudas en el mar en una de ellas) y realizando acrobacias de todo tipo, no estaba el bueno de Santoni, sino su fornido stunt, el todoterreno Attilio Severini, aquí además reservándose un papel bajo el seudónimo de Big Matthews. Él merece muchos más aplausos que nadie, pues se implica como ninguno e incluso pone en riesgo su vida por la película.
En su lucha contra la organización Cobra, que coordina con destreza chantajes millonarios a empresas, Goldface saca tiempo entre combate y combate para poner orden, ligarse a todo ser viviente y además pasearse con su ridículo atuendo (esta vez sí lo es) apalizando esbirros torpones.
El luchador dorado se oculta tras la figura de un respetado científico, el doctor Vilar, el cual ayuda a empobrecer si cabe la poca trama que hay, y en vez de sumar carisma como viene siendo costumbre, más bien resta, dibujando un personaje plano y sin interés.
Acompañado por su inseparable amigo Lothar (también Kotar, Lothair...una mole africana devora-cacahuetes que encarna, y nunca mejor dicho, el wrestler de origen cubano "El Gran Lotario", casado además con la hermana de Santoni), finalmente se verán las caras contra "el Cobra", una suerte de villano hiper-ególatra y despiadado que habla de sí mismo en tercera persona, se cree casi una deidad y dice nacer uno como él cada milenio. Su atuendo al final de la película es casi genial, y es una verdadera pena que no recayese gran parte de los minutos sobre su persona, pues como enemigo estaba muy por encima del resto de personajes.

Calentando mofletes por doquier, el héroe se lleva a las féminas de calle además
Goldface, juzgad vosotros mismos
Fotocromo promocional italiano
Goldface, el fantástico superman, no es más que un producto caprichoso sin mayor entidad, rodada por realizadores mediocres con el piloto automático y con todo el paquete al completo, o sea, mal montada, filmada, sonorizada (un horror), interpretada y pensada. Es decir, muy fallida. Aún así, y más allá de su obvia condición de cine Z, contiene trazas de diversión y casi todas gracias a los diálogos, sobre todo cuando son subidas de tono.
Frases como: "me pregunto si será tan bruto haciendo el amor", pronunciada por una periodista germana algo acalorada que presencia un combate en directo, o "Ahora no puedo que tengo que entrenar, pero te pondré en mi lista de espera", dicha por el propio Goldface ante una insinuación, son ejemplos del humor que puntualmente despliega el film. Por desgracia, no es suficiente como para tenerla en consideración y se cae por su propio peso. Tan sólo queda ya como un mero documento fílmico de antiguas leyendas del wrestling venezolano, y eso si a alguien le importa....
Como curiosidad, destacar que el fiel compañero del antes citado mago Mandrake, se llamaba Lothar, y su archienemigo obviamente, La Cobra. Originalidad por los suelos también, en fin...

PD: Debido a la pésima calidad de la copia existente, un mal transfer de VHS, no he podido seleccionar capturas como siempre me gusta hacer, pero nos hacemos una idea con las imágenes que he escogido online.

lunes, 20 de agosto de 2018

FLASHMAN CONTRA EL HOMBRE INVISIBLE (1967)

Es el turno de abordar uno de los títulos italianos sobre encapuchados estrafalarios más divertidos de cuantos se llegaron a filmar a finales de la década de los 60.
Plenamente consciente de sus referentes tebeísticos y por fortuna bastante desmadrado, "Flashman contra el hombre invisible" se convierte en todo un disfrute sensitivo a muchos niveles, una especie de hermano menor alocado de la formidable Diabolik de Mario Bava que termina por ser una comedia ejemplar para el subgénero al que obedece, el fumetti neri.
Estrenada en la primavera de 1967, sin duda el año con mayor número de producciones sobre justicieros playboy con capa y antifaz, Flashman está considerado por algunas fuentes como el primer superhéroe del cine italiano, mezcla disparatada de los iconos de DC Superman y Batman, obvios referentes, pero pasados por el siempre bienvenido túrmix transalpino.
Echando más leña al fuego, se atreve además a ser una versión de la novela de H.G.Wells "The Invisible Man", dándole dos vueltas de tuerca y llevándose la trama al puro gag, conjugando elementos con la suficiente habilidad y tino como para resultar endemoniadamente entretenida.
En un laboratorio de Londres, el profesor Philips logra al fin la pócima de la invisibilidad, para segundos después ser asesinado a sangre fría por un gánster de poca monta llamado Kid. El objetivo del criminal es robar en el banco de Irlanda sin ser visto, pero allí también lleva a cabo sus diabluras la encantadora Alika, una ladrona que junto a su séquito de hermosas (pero implacables) cómplices, metían mano en la caja de forma habitual.

Su carta de presentación
Alika, con su "atuendo carcelario", notando la pantorrilla del hombre invisible....
El intrépido Flashman (un Lord de sangre azul llamado Alex Burman que combate el crimen por aburrimiento), se sumará a la fiesta y tratará de evitar que ambos frentes se salgan con la suya, primero con el robo a la entidad bancaria y después con un objetivo aún más ambicioso, un maharajá conocido por ser el hombre más rico del mundo, que se encuentra de viaje en Beirut y al que pretenden arrebatarle su inmensa fortuna.
El mayor acierto de Guglielmo Loy (J. Lee Donan para la ocasión), fue conseguir que su película tuviese en todo momento una agradable sensación de transparencia, pues es del todo honesta y se regodea en el humor hasta las últimas consecuencias, exagerando los tópicos y destapando con gracia las costuras de modelos previos. Aquí nadie quiere ni dominar ni destruir el planeta, solo forrarse; el héroe, además de ser un caprichoso millonario con mayordomo y demás lujos, es directamente de la realeza (¡¡esa llamada a la mismísima Reina Isabel!!); va acompañado de una mujer, en efecto, pero es su hermana menor yé-yé, y sus habilidades van en función de la hazaña que toque superar, sumando destrezas a medida que avanza la trama.

¿Quién? ¿Yo?
Siempre tan gentil, Flashman trata de hacer el bien
Otro punto inesperadamente divertido son los trucajes, pues pese a verse casi siempre el recurso, ya sean cables, hilos de pescar, trampas de encuadre, maquetas o muñecos, bien mirado resulta coherente tanto con el tono como con el propósito de la cinta. En esta ocasión, el disfraz con chaleco antibalas incluido recayó en un aplicado Paolo Gozlino (Paul Stevens 1929-1992), coreógrafo de baile y habitual en programas de televisión que sin ser nada del otro mundo, supo convertir sus limitaciones interpretativas en pequeños aciertos, poniendo al servicio del personaje su inexpresiva cara y sus ojos azules con tal de parecer inalterable ante las adversidades.
Al tratarse de una co-producción franco-italiana, el desmelene llevó consigo algunos ingredientes galos. La citada Alika (la ex-modelo belga Claudie Lange), con menos minutos que su compañero enmascarado, sin duda era un personaje más interesante, maquiavélica y perspicaz, además de aportar belleza al entuerto. El detective Baxter por contra, una suerte de Poirot enloquecido, lo encarna el francés Jacques Ary (1919-1974), tan exagerado y sobreactuado que extenúa, pero que acaba por ser inolvidable.
Remarcable pues como comedia que logra conjugar elementos multigénero (incluso el slapstick), que comprende muy bien el terreno que pisa y que pese a ser esclava de su propia naturaleza como producto de temporada de serie-B, consigue ser asombrosamente amena. En definitiva, que supo como ninguna extraer el espíritu cómico de este tipo de producciones, y yo que lo celebro.

jueves, 16 de agosto de 2018

MISTER-X (1967)

El cineasta toscano Piero Vivarelli (1927-2010) se sumó a la moda de películas inspiradas en cómics italianos para dirigir dos sucesivos proyectos, Mister-X en 1967 y la más popularizada Satanik un año después, ambas ciertamente irregulares, pero no por eso del todo desdeñables.
A raíz de la publicación de historietas impresas de carácter sexy-violento como Diabolik o Kriminal a mediados de los 60, brotaron decenas de imitaciones y/o variantes de la figura del antihéroe enmascarado enfundando leotardos, pero no tantas fueron llevadas a la pantalla como sabemos, y menos con un mínimo de interés.
En el caso del fumetto "Mister X", de Bolzoni y Caminito, gozó de cierta repercusión en su periplo inicial en papel y eso despertó el interés comercial por llevarlo al celuloide. Vivarelli (o Donald Murray, como se prefiera), militante comunista tras la Segunda Guerra Mundial, se unió a la fiesta sin remilgos, entendiendo que se trataba de una producción sobre espías más, pero esta vez con disfraces.
Un ejemplar en francés del cómic de base
Anunciado como "Un fumetto giallo", lo cierto es que esta coproducción hispano-italiana no obtuvo ni el impacto ni la recaudación pretendida en su día, y tampoco con su "más difícil todavía", la coetánea versión televisiva (de la que solo se acuerda YouTube), o incluso el recurso definitivo, el personaje de Mister X anunciando detergentes Dixan. En fin, todas relegadas al ostracismo con honores.
Volviendo a su versión fílmica, "Avenger X" como se le conoce internacionalmente, presenta al millonario Bob Rockson, ocho veces campeón del mundo de golf, retirado ya de su andadura "criminal" siendo Mister X, al que ahora se le acusa de un asesinato que no ha cometido, pues alguien ha suplantado su ya de por sí enmascarada identidad.
Unos créditos esperanzadores
Por contra, George Lamar, presidente de una importante empresa química, trafica con drogas y hace tratos con la mafia para robustecer su economía, y claro, borra del mapa a quien intente destapar su trama, aunque  se trate de una más de entre su grupo de sinuosas amantes. La horma de su zapato será, como seguro estaréis suponiendo, nuestro espigado y sagaz bandido, al que haciendo un esfuerzo muy importante, compararemos con Arsène Lupin.
Mister X de paisano tomando té...
La acción se trasladará a la isla de Capri, donde Mister X (el recientemente fallecido Pier Paolo Capponi, popular por intervenir en varios giallos, aquí más cool como Norman Clark) y su fiancée Timmy se colarán en la mansión que allí posee el magnate para chafarle los planes y de paso volverse a sentir importante, porque de eso se trataba, de desplegar toda su egolatría y aires de aristócrata pasado de rosca.
El forense fake, de lo mejorcito
Lo más negativo de la cinta, por encima incluso de lo aburrida que llega a ser en muchos segmentos, es la falta absoluta de empatía que se siente hacia el hombre X, llegando casi al repudio. Si bien su personaje tiene puntos interesantes, como que sea un maestro del disfraz (el mayor acierto de todos), demuestre una crueldad sin límites o juguetee con el nihilismo, el problema venía ya de base.
Le falta tanto encanto y hay tan poco carisma en Capponi, que todo se hace plano y monótono. Con solo decir que pasan 40 minutos hasta poder verle en mallas o que la presencia de Helga Liné sea casi anecdótica (aquí como "miembra" del harén del magnate), son claros síntomas.

Nuestro amigo X, a punto de usar cigarrillos gadget para trepar un muro (...)
Tampoco ayuda el obsesivo empeño del cineasta en mostrar planos entre objetos (esculturas, helicópteros, árboles...), pues parece más un ejercicio de embeleso personal que una herramienta para enriquecer la obra, llegando a hastiar en algunos puntos concretos.
Dos ejemplos del empeño por encuadrar del director
La escasez de violencia, sexo o sentido del humor adolecen todavía más su visionado, y tan solo pequeños destellos de entre toda esta maleza fílmica recompensan nuestro tiempo. De entre ellos, los citados disfraces de X, como la máscara a lo Misión Imposible o el delirante momento como forense, secuencias más o menos originales (el intercambio del funicular o la horripilante muerte en la lancha), algunas frases lapidarias o el desfile de bellezas que conlleva, además de un par de localizaciones míticas.
Sea como sea, este flojo fumetto nero (uno de los más difíciles de encontrar en condiciones óptimas) con un protagonista tan remilgado, escuchimizado y sosaina como éste, no constará entre los mejores de su género, pero sí aporta su granito de arena a tan entrañable movimiento sobre enmascarados. O al menos a mí me lo parece.

sábado, 11 de agosto de 2018

DRAGON BALL Z: LA RESURRECCIÓN DE "F" (2015)

Tadayoshi Yamamuro llevaba colaborando en el dibujo, desarrollo y contenido de Dragon Ball (DB) desde sus inicios en el anime, allá por 1986. Ha trabajado en todas las sagas, canónicas o no, además de en un gran número de películas y OVAS a lo largo de los años, siendo pues parte fundamental del éxito animado de la franquicia.
Ya en 2015, tras el aclamado y "tsunámico" resurgir de la serie, tanto televisiva como del propio manga (aunque sea con el pincel de un imitador con talento como Toyotaro), Yamamuro dirige al fin su primer largo y lo hace con un título cuanto menos singular en la historia de DB, "La Resurrección de F".
Esto merece un poco de contextualización: el tema musical titulado "F" (obviamente haciendo referencia a Freezer), del grupo metal nipón "Maximum the Hormone", al parecer llamó tanto la atención del sensei Toriyama allá por 2008 que acabó germinando no sólo en la idea de resucitar al villano de villanos para una futura entrega, sino en convertirle de nuevo en un personaje muy relevante para el devenir de la misma, además con transformación power-up incluida.
Todo sumado a que la implicación de Toriyama fue más notable que nunca y que el realizador escogido sabía perfectamente el terreno que pisaba, el resultado fue más interesante e inteligente de lo que cabía esperar. De entrada, La resurrección de F respeta la línea argumental correcta, combina con habilidad los requisitos establecidos para una producción de este estilo (véase, villano poderoso, humor, combates, muchos personajes, alguna sorpresa y final a gusto de la audiencia), además de permitirse innovar en varios aspectos de la fórmula, sabiendo pues distanciarse del resto de producciones calcadas en fondo y forma.
Argumentalmente se nos presenta al insignificante Sorbet, miembro del equipo administrativo del ejército extinto de Freezer, resucitando a su emperador mediante las bolas terrestres y con la inestimable ayuda de Pilaf y su pandilla (además sin hacer mucho ruido, conscientes de que pueden ser fácilmente liquidados allí).
Freezer, recuperado gracias a las últimas tecnologías, pues estaba literalmente troceado y fulminado por Trunks, planea entrenarse por primera vez en su existencia y así volver fortalecido tiempo después.

Sorbet y Tagoma, invocando a Shenron
Freezer resucitado, el villano por antonomasia
Su regreso, acompañado de un millar de soldados de pacotilla, no hará más que provocar un episodio casi de corte honorífico, como un sparring de lujo para comprobar los progresos de Gokuh y Vegeta, entrenados ahora por Whiss, y que a la postre, será el leitmotiv de esta historia.
El propio Whiss, en un momento de la película, repasa sendos puntos débiles de la pareja saiyan. Mientras que Gokuh peca de tranquilidad y exceso de confianza, Vegeta está en constante tensión, algo que limita sus progresos. Precisamente en este punto radica el significado de la propuesta, pues aunque la visita e intento de venganza del villano sea bienvenida por todos nosotros (F es siempre F), este lío no es más que una lección para su nuevo entrenamiento, aprender a equilibrar emociones y saber ser más o menos despiadado (primero Vegeta apiadándose y luego un Gokuh resolutivo).

Un ejército tan numeroso como debilitado
Conteniendo la primera avalancha entre todos
Las virtudes superan a los defectos en esta nueva entrega. En lo referente a su forma, ofrece dibujos de muy alta calidad, notables sombreados y un meticuloso mimo por las transiciones (esos magníficos zooms), acompañados de un excelente e innovador trabajo sonoro (incluir un tema metal no es baladí). Por contra, algunos momentos de alborotado combate a lo gameplay o los inevitables tics nipones (asumidos ya por los fans) no empañan demasiado el resultado final.
Podríamos decir, por ejemplo, que el propio Freezer no había estado nunca antes tan bien trazado en pantalla, y que protagoniza probablemente la secuencia de mayor impacto del film, su llegada a la Tierra.
En lo relativo al fondo, se agradece el control sobre los tiempos y las pausas, con un prólogo acertado y unos 25 minutos iniciales sin la presencia de Gokuh. Muestra respeto por la formulación establecida (e imagino exigida) por la productora, pero sabe serpentear con éxito ese corsé y enriquecer la trama con ingredientes interesantes, tales como desviar la atención hacia el aprendizaje más que al enfrentamiento puro, remarcar psicologías en los 3 principales personajes o recuperar esencias perdidas (ese Krilyn sin pelo, humor revisado y más compensado, ya que últimamente era en exceso infantil, o la sana evocación del espíritu de lo sucedido en Namek, en todos los sentidos posibles).

Golden Freezer, el power-up más brillante
Vegeta Blue disfrutando de lo lindo
Art original de Tori para el proyecto
Para más inri, está repleta de guiños curiosos. Gokuh replicando ante Freezer el mítico puñetazo de una pulgada de Bruce Lee, Gohan con un chándal sospechosamente similar a otro del maestro Toriyama, la estimable presencia del patrullero Jaco o (y esto ya es más personal) el entrañable enfado de Shenron al no ser tratado lingüísticamente con el respeto que merece.
Así pues, celebro que Yamamuro haya estado al timón, pues ha colaborado dando un empujón hacia delante ofreciendo al fan una historia razonablemente bien estructurada (la versión TV con mucho más metraje ayuda a enlazar con la serie además), devolviendo la confianza perdida en este tipo de aportaciones del anime y cuidando aspectos técnicos que, como ya sabemos todos, se descuidan muy a menudo.
Para concluir, repasaré el significado de los nombres como de costumbre. En el rincón de los villanos, tenemos a Sorbet (de sorbete), Tagoma (de "tamago", o huevo), Shisami (anagrama de Sashimi), y por el otro lado tenemos al citado Jaco, que debe su nombre al Jakoten, una delicada pasta hecha de pescado.

domingo, 14 de mayo de 2017

THE GOLDEN BAT / IL RITORNO DI DIAVOLIK (1966)

En las navidades de 1966, la Toei estrenaba en tierras niponas "The Golden Bat", adaptación a imagen real del calavérico y carcajeante superhéroe "Ōgon Batto", conocido en nuestro país (es un decir) como "Fantasmagórico", aunque seria más preciso llamarlo "Murciélago dorado".
Obra del tándem entre Ichiro Suzuki y Takeo Nagamatsu en 1930, propició incluso un manga de relativo éxito por parte del tal Daiji Kazumine, además de ser considerado el primer superhéroe japonés de la historia, precediendo a personajes mucho más conocidos como Superman o Batman, que datan de casi una década después.
El film asume sin rubor su condición de puro tokusatsu de ciencia ficción enfocado al entretenimiento familiar, y plantea una trama genuinamente japonesa, repleta de deliciosa locura, villanos imposibles, híbridos culturales y esa arrebatadora e irresistible ingenuidad que impregna las citadas cintas japonesas de género.
Por un lado se nos presenta a un villano de felpa llamado Nazo, autodenominado "el Amo del Universo", que ha desviado la órbita del cometa Ícarus para que impacte con nuestro planeta en apenas 10 días, lo que sería el fin de la Humanidad. Por el otro, a un peculiar equipo de científicos de las Naciones Unidas capitaneado por el Doctor Yamatone (el incansable Sonny Chiba) que ha ideado un potente artefacto láser para destruir el satélite antes de la colisión, aunque precisan de un mineral concreto que sólo se encuentra en una isla remota.

El súper dispositivo láser, inútil sin el mineral adecuado
El Dr. Yamatone junto al grupo de cintíficos y la pequeña Emily, una fácil presa para Nazo.
La expedición se pone en marcha y descubren que no sólo se trataba de un islote con los últimos vestigios de la famosa Atlántida en cartón piedra, sino que allí habitaba, dentro de un sarcófago, un misterioso ser momificado desde hacía 10.000 años ¡nada menos!, que tras ser hidratado adecuadamente, despierta y se convierte en un murciélago de 1,80 que pone orden con su bastón de la justicia entre carcajada y carcajada (...).
Las fuerzas del bien contarán de ahora en adelante con la ayuda del héroe con cabeza de calavera y cuerpo dorado para tratar de evitar que el malvado Nazo se salga con la suya junto a su grupo de secuaces (en los que por cierto, es de ley destacar que hay una suerte de hombre lobo, una apetecible señorita con malas artes y un desquiciado a lo Joker).

Nazo y su trío de secuaces implacables...Keloid, Piraña y Chacal
Nuestro héroe usando su bastón de la justicia
En contra de lo que os pueda sugerir, estamos sorprendentemente ante una pequeña obra maestra del género, que no sólo define y conjuga los ingredientes básicos de la nueva cultura nipona de la época (aportando elementos occidentales a los ya típicamente japoneses), sino que emerge con identidad propia y es un ejemplo perfecto de pasatiempo pulp, tremendamente divertido y del todo delirante. Sin duda una pieza a reivindicar con premura en nuestros lares.
En apenas 73 minutos, el director Hajime Sato (responsable de la también curiosa e interesante "Goke, Body Snatcher from Hell") nos recompensa con alienígenas de trapo con ínfulas, gadgets de feria, meteoritos destructores, rayos láser (o no), poderes imposibles, civilizaciones antiguas, submarinos voladores, cámaras de duplicado de humanos, maquetas de Tokyo y un superhéroe híbrido entre un vampiro y una momia. Creo que más no se le puede pedir.

El arte de la transformación, un arma inesperada de Piraña
Ogon Batto, la mezcla definitiva entre un vampiro, una momia y Bruce Lee
No es tampoco ninguna sorpresa desvelar que se trata de una producción tan humilde como simpática, sin mayores pretensiones, con efectos de post-producción insólitos pero agradablemente gamberros, y un conglomerado ideológico sin ton ni son, siendo un picoteo cultural casi al azar, sin conexiones demasiado coherentes. Ni falta que les hace.
Su condición de film-cómic llevado a la gran pantalla fue reclamo suficiente como para llamar la atención del mercado internacional, que se la apropió dos años más tarde para convertirla en "The Golden Bat", cambiándole incluso el nombre a los actores, todos directamente anglófonos.

La secuencia final, como no, de destrucción en Tokyo. Esta vez con una perforadora alienígena
¡Ah sí, con cara de calamar!
Lo más sonado sin embargo fue su estreno en Italia, país ya plenamente sumido en la fiebre de los fumetto, y que se tomaron la licencia de reconvertirla sin ningún tipo de vergüenza en una falsa secuela de "Diavolik" (esta vez con "v", por eso de los derechos), aprovechándose también de las obvias semejanzas de su protagonista con el tan de moda Kriminal y su rostro de calavera.
Así se rebautizó como "Il ritorno di Diavolik" (siendo previa incluso a "Danger: Diabolik"), convirtiéndose de paso en el caso más exótico, desvergonzado y por qué no, también extraordinario, de todos los "fumettos" que existen.
Actualmente hay dos versiones del film en DVD, la edición americana y la italiana, ambas parejas en lo que a calidades se refiere e insuficientes en material adicional, como es costumbre.
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