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jueves, 22 de noviembre de 2018

WIND RIVER (2017)

Tras firmar los guiones de "Sicario" y "Comanchería" en 2015 y 2016 respectivamente (nominación al Oscar incluido para la segunda), Taylor Sheridan se colocaba por segunda vez a los mandos de la nave y dirigió "Wind River", del que también se hizo cargo del guión.
Mucho se esperaba del todoterreno Sheridan en 2017 (el tipo actúa, escribe, dirige, produce...), y aunque no merezca ningún desplante crítico en absoluto, nos ofreció un film discreto y sin sorpresas, que para ser honestos, no desentonaría en según qué parrillas televisivas, pues se acerca peligrosamente al telefilm.
La historia versa sobre la investigación de un doble asesinato cometido en una reserva nevada de nativos americanos, donde la agente federal Jane Benner (Elizabeth Olsen) es enviada de manera rutinaria, casi burocrática. Allí, debido a las dificultades del terreno, contará con la ayuda del veterano cazador Cory Lambert (un sobrio Jeremy Renner), quien no sólo conoce esas montañas a la perfección, sino que cuenta con la experiencia y sangre fría necesarias para resolver el caso "sea como sea".
Podríamos decir que los cauces que sigue la película en la mayoría de su metraje son los de siempre, presentando unos personajes con algún trasfondo dramático más o menos repetitivos (pérdidas, antiguos traumas etc), conversaciones de chimenea, tensión creciente y la susodicha trama policial que se va encarrilando.


Se percibe el peculiar sentido del humor de Sheridan (que tanto nos gustó en su anterior trabajo), pero queda patente que no domina tanto el drama, pues no logra encauzar ese terreno con tanta suficiencia, y mucho menos convicción. Tampoco demuestra nada especial estando al timón del proyecto, ya que su puesta en escena es más académica y prudente de lo esperado en un principio. Sorprende en este aspecto el premio recibido en Cannes a mejor director de su sección, pero supongo que entran muchos factores ahí que no es momento de entrar a valorar.



Sin embargo, ya en su último tercio, el film rebrota tímidamente y da lo mejor de sí, dejando escenas con fuerza y visualmente magnéticas. Insuficientes como para conseguir una película para el recuerdo, pero quizás sí para cumplir cometidos comerciales. Seguiremos sus futuros pasos, pero ya con menos intensidad, por así decirlo...

lunes, 5 de noviembre de 2018

LEGEND OF THE DEMON CAT (2017)

Atraído más por la comodidad horaria que por un interés específico, me acomodo en la butaca del Retiro para tratar de deleitarme con "Legend of the Demon Cat (Kuukai, 2017)", una co-producción chino-japonesa de corte histórica y generoso metraje, la cual incorpora elementos fantásticos y que, salvando las obvias distancias estético-culturales, se decía era deudora del estilo Sherlock Holmes.
Pues bien, lo cierto es que una vez dejas de asombrarte por la sugerente aunque inocua y muy estudiada belleza de sus encuadres, todos impecables hasta el delirio, sus milimétricas vestimentas de época o su clásico dinamismo teatral (los actores se mueven rígidos, casi como si estuviesen en un tablero), y pensamos en despojar la película de sus aparentemente fabulosos aspectos formales, descubrimos que nos queda un relato algo raquítico, seguro basado en alguna leyenda milenaria intocable por esos lares, pero carente de mayor entidad más allá de jugar a enseñar valores de parvulario.
Impacta comprobar como, en una impecable paleta de colorido visual tan de quirófano, incomprensiblemente añaden un gato negro digital, el demoníaco del título, que más bien nos recuerda al de la serie Sabrina, aquél minino deslenguado de nombre Salem. Ese hecho, por tonto que parezca, nos saca de la película a cada momento, pues la trama gira entorno al pequeño felino, que a causa de unos sucesos muy, pero que muy extraños, acaba siendo poseído por el único testigo de un misterioso asesinato.



A lo largo de sus más de dos horas de relato, por momentos muy cuesta arriba, descabalgué de la película varias veces, pues aunque sí contenga minutos de interés debido a que abre una investigación por un homicidio, los Holmes y Watson asiáticos de postín (aquí un monje japonés y una suerte de poeta pelmazo), nunca llegan a conectar con el espectador, que jamás es cómplice de la trama.
Es más, vivimos la pseudo-aventura desde la lejanía, sin apenas aclararnos con lo que allí acontece, solo boquiabiertos por su espectacular belleza formal, pues el tejido conceptual es tal, que ocasiona un verdadero caos narrativo, desembocando en un popurrí de datos cruzados solo al alcance de las mentes más despiertas. No parece ser mi caso. Y menos en la sobremesa.


Así pues, estamos ante un proyecto con un envoltorio precioso que, a pesar de la densidad intelectual de la que alardea, se siente más como un quiero y no puedo, un producto que peca de ambicioso y se trastabilla en el intento. Más aburrida que conseguida y mucho más vacía de lo que parece, pese a tener un concept art realmente soberbio

martes, 30 de octubre de 2018

AWAIT FURTHER INSTRUCTIONS (2018)

Cuando se cumplen ya 20 años del estreno de "El Show de Truman (1998)", y con su director Peter Weir y el gran Ed Harris como invitados al certamen de Sitges, se volvió a poner en la palestra aquél profético y cada vez más atinado argumento, que sin saberlo, nos avanzaba un mundo totalmente vigilado por las grandes compañías, atiborrándonos con anuncios cada dos minutos, convirtiéndonos en sus patrocinadores involuntarios y anestesiando nuestras mentes con mensajes subliminales que lamentablemente, ya damos como habituales.
No era la primera vez que el mundo del cine abordaba dicha temática, cierto, pero sin duda el film de Weir logró aproximarse más que ningún otro a la realidad que ahora nos toca vivir. Algoritmos que memorizan y estudian nuestras búsquedas online, cámaras en cada esquina y buena parte de nuestra intimidad seriamente asaltada, por no decir tontamente regalada, es la cara oculta de una sociedad teóricamente avanzada que trafica con nuestros datos personales como quien hace recuento de su rebaño.
Ahondando de nuevo en esta misma reflexión sobre la actual manipulación social y la esclavitud consumista y/o consumidora, el festival proyecta una propuesta cinematográfica de semejante trasfondo crítico y muy particular visión del borreguismo establecido, explorando a través de otra óptica, esta vez más terrorífica, el mismo terreno.
"Await Further Instructions", segunda película del británico Johnny Kevorkian, presenta en primer término a una joven pareja formada por Nick y Annji, de visita el día de nochebuena a la casa de los "muy conservadores" padres de éste, con el nerviosismo que eso acarrea, pues ella es de etnia hindú y se temen lo peor.


Las 3 generaciones de los Milgram se reúnen pero no parecen entenderse, aunque no será hasta la mañana siguiente, el día de Navidad, cuando descubran atónitos como una extraña y viscosa masa negra recubre toda la casa sin dejarles salir, aislándolos casi completamente. Únicamente unos desconcertantes mensajes aparecen periódicamente por televisión, actualizándoles la situación de emergencia y dándoles instrucciones cada vez más inquietantes si quieren sobrevivir.
El trabajo de Kevorkian, envolvente y hasta cierto punto críptico, presenta diferentes aciertos sobre todo en sus esfuerzos estéticos (el propio diseño de la masa negruzca) aunque luce una puesta en escena próxima a lo convencional, sin apenas intuición autoral, incluso percibiéndose en exceso televisiva.


Aunque por momentos consiga ser asfixiante y casi terrorífica, lo cierto es que tras su ingenioso recurso del televisor dando instrucciones (está en la sinopsis, no estropeo la trama), y una vez entendido, casi machacado, el subtexto de una sociedad que te ordena y manipula como quiere, la cosa se estanca dramáticamente, sin atreverse a seguir metiendo el dedo en la llaga y tornándose previsible, gratuita, fútil e incoherente (el comportamiento del padre no obedece a la lógica del personaje, por poner un ejemplo).
Estamos ante un buen film, sin más, que logra sus mínimas pretensiones de base (el mensaje se capta rápido), pero culpable de simplificar en exceso un muy complejo entramado sociocultural, y salimos de su visionado sin que el tema nos haya suscitado más preguntas, pues se vende a los códigos funcionales de género. Lástima, pues podría haber volado mucho más alto si su mirada se hubiese tornado más atrevida, más punzante.

sábado, 27 de octubre de 2018

EL APÓSTOL (2018)

Una de las apuestas fuertes de Netflix para este año también se hizo un hueco en la programación del festival, y pese a estrenarse el próximo 12 de octubre en la famosa y cada vez más robusta plataforma, era una buena ocasión para exhibir su potencial dentro de Sitges.
El director del aclamado y violentísimo díptico "Redada Asesina", el galés Gareth Evans, consigue esta vez financiación británica para presentarnos "El apóstol", un film alejado de lo que hasta ahora planteaba su cine, y así terminar de demostrarnos sus altos conocimientos sobre el medio, técnico y artístico, que requiere una obra como la que nos trae.
Ambiciosamente rodada, su nuevo trabajo exhibe sobre todo una fotografía espléndida de una isla remota donde, en el año 1905, una secta en crisis secuestra a la hija de un pudiente para, tras cobrar el rescate, superar la época de sequía y poder continuar con garantías en su pequeña comunidad de feligreses. El hermano de ésta, Thomas, tratará de colarse en la comunidad para encontrarla, con el peligro de muerte que eso conlleva, pues obviamente allí esconden un extraño secreto que pocos conocen.
Lógicamente, las películas que desmesuran su metraje para poder contar su historia (El Apóstol supera el par de horas) irremediablemente caen más a menudo en incongruencias de guion, agotamiento por parte del espectador o incluso pérdida de interés en las tramas que la forman, pese a lucir notablemente e incluso llamar nuestra atención en su bloque inicial, por lo general el más lúcido. La tortuosa narrativa de Evans nos convence durante su primera mitad, presentando personajes, situaciones y escenarios muy interesantes, situándonos en el lugar de manera concreta e invitándonos sin esfuerzo a empatizar con el asunto del secuestro (no tanto ya con el hermano, algo insípido y quizás desentonado debido a su rostro propio de un anuncio de perfumes).



Es pues en su bloque central donde, a pesar de permanecer todavía interesados, se rebaja mucho el efecto inicial, convirtiéndose en una película más sobre comunidades sometidas al gurú de turno que dice comunicarse con deidades. Con una factura más que notable, elegante trabajo sonoro y buena ambientación sin duda, pero lejos de ser recordada por nada más.
Si a eso le sumamos un segmento final, en mi opinión, chirriante por ambicioso y a veces fallido por alambicado, el resultado es, pese a los momentos sorprendentes de violencia propias del autor y un par de poderosas escenas (su llegada al pueblo, ese padre acorralando a su hija encinta..), un film interesante de indiscutibles aspectos técnicos pero carente de alma, casi nunca memorable y por momentos agotador.


Una apuesta llamativa para que conste en Netflix, y que seguramente funcione muy bien ahí, pero que el tiempo situará entre el grueso de producciones estigmatizadas que ni satisface al público general ni al que aprecia lo exquisito.

jueves, 4 de abril de 2013

JACKIE BROWN (1997)

En 1976, apenas cumplidos los 13, Quentin Tarantino era detenido por la justicia al tratar de robar un libro de unos grandes almacenes cerca de su Tennessee natal. ¿Su frustrado objeto de deseo?, apropiarse de la nueva novela policíaca "The Switch", del escritor estadounidense Elmore Leonard.
Con toda seguridad, ahora sabemos que las intenciones del jovencísimo Quentin no fueron casuales. Elmore también colaboraba como guionista de cine, básicamente del género "western", y entre algunos de los títulos a sus espaldas contaba con ciertas películas predilectas de nuestro pequeño ladrón cinéfilo. De su pluma nacerían films como "El Tren de las 3:10" (3:10 to Yuma, 1957), "Un Hombre" (Hombre, 1967) o "Joe Kidd" (Joe Kidd, 1971), por citar los más conocidos, y que por descontado fueron motivo de causa para urdir ese anecdótico y fallido hurto. Ironías del destino, pasadas dos décadas de aquél inofensivo percance, Quentin Tarantino llegaría a adaptar una novela del propio Elmore Leonard titulada "Rum Punch" para su tercer largometraje, el thriller policíaco "Jackie Brown".

Jackie Brown, decidida y segura de sí misma
El cineasta, que había cosechado un enorme éxito con sus trabajos previos ("Reservoir Dogs", "Pulp Fiction" y su episódica aportación en "Four Rooms") se alejaba en esta ocasión de su tan reconocible estilo de violencia hiperbólica para dotar a "Jackie Brown" de una estética intemporal, con una planificación escénica más clásica de lo acostumbrado (apoyándose a menudo en los plano-contraplano) e incluso minimizando las escenas violentas en pantalla, filmándolas en un interesante e inusual "fuera de campo".
Este tercer film de Tarantino constituyó además su particular homenaje al cine blaxploitation; un subgénero surgido en la América de los años 70 habitualmente con presupuestos limitados, situados en ambientes urbanos, donde reinaba la música soul y/o funk, predominaban los actores de raza negra y que por regla general, exageraban su contenido de violencia, terror, sexo, acción, drogas, etc.
No fue pues producto del azar que el protagonismo femenino del film recayera en la actriz afroamericana Pamela Grier, auténtica figura icónica del género de explotación "black", a la que el cineasta quiso rescatar (como haría con otras viejas glorias) de su ostracismo profesional.
Tarantino, siempre guionista en sus films, cambió y adaptó así el personaje central de la novela original (allí era una mujer blanca llamada Jackie Broke) para teñir de esencia afro el nuevo thriller de Elmore Leonard.
Argumentalmente el film versa sobre las desventuras de una azafata de vuelo afroamericana venida a menos, de carácter fuerte y decidido, que se convierte en pieza clave en un caso entre la policía y un egocéntrico traficante de armas callejero llamado Ordell.
La película, claramente cimentada sobre 6 personajes centrales, está realizada con auténtica precisión quirúrgica y es capaz de dibujar psicologías muy concretas entre ellos, sirviéndose de una trama más dilatada que de costumbre en su autor (tan sólo la recién estrenada "Djando Desencadenado" suma más minutos a día de hoy) para conseguir plasmar en pantalla una historia tan absorbente como estructuralmente sólida.

Louis y Ordell, ex-compañeros de celda y ahora socios
En primer lugar, se nos presenta al tándem formado por el citado traficante Ordell Robbie (encarnado brillantemente por un Samuel L.Jackson en estado de gracia) y su nuevo socio y antiguo compañero de celda, Louis Gara (el mejor Robert de Niro de los últimos 20 años), recién salido de prisión.
Robbie es un 'mack daddy' altamente peligroso y ensimismado por su propio estatus que no duda en deshacerse de quién haga falta con tal de salvar el pellejo. Así lo presenciamos en la temprana escena del "maletero", donde Ordell acribilla a quemarropa al inestable drogadicto Beaumont (interpretado por un carismático Chris Tucker, tan breve como intenso) y asistiremos a ver como la acción se engalana merced a unos diálogos brillantes y a una admirable composición de planos fijos muy al estilo de su director (cámara desde el interior del maletero incluido).
Louis por su lado, se nos presenta como un tipo parco en palabras, asocial y algo corto de miras que, pese a la fidelidad demostrada hacía su amigo Ordell, sigue evidenciando un carácter extremadamente violento cuando se le somete a cierta presión.
Junto a ellos, la joven y "alegre" Melanie (Bridget Fonda), una más entre las bellas y descocadas compañeras sexuales del traficante, que no duda en serle infiel a la mínima y a jugar en contra de sus intereses casi por capricho.
En el frente contrario, el agente de policía Ray Nicolette (Michael Keaton, que va de menos a más), un hombre de inquebrantable rectitud profesional que suspira por atrapar a Ordell caiga quien caiga, aunque sea a través de métodos no tan pulcros como se le suponen.

El agente Ray coacciona a Jackie
Finalmente, la asociación entre Jackie Brown (la citada Pam Grier, tan expresiva como un bloque de cemento) y su agente de fianzas Max Cherry (el nominado al Oscar Robert Forster), todo un ejemplo de sobriedad y entereza que decide ayudar a Jackie por un inconfesado amor hacia ella.
Una vez nos presentan a los personajes adecuadamente y pasado ya el meridiano del film, es cuando el cineasta de Tennessee realiza una maniobra realmente prodigiosa.
Sirviéndose de una escena situada en el interior de unos grandes almacenes (como en aquella primera experiencia con el libro de Elmore), el cineasta juega desde diferentes perspectivas con sus personajes y nos ofrece 3 puntos de vista de un mismo suceso que allí acontece (el traspaso de una bolsa con 50.000 dólares de una mano a otra dentro de unos probadores). En primer lugar seguiremos a Jackie a su entrada al centro comercial. Acorde con su estado de ánimo, valiente y decidida, Tarantino nos la presenta mediante un travelling lateral mantenido y firme (idéntica a la escena de los títulos de crédito), mientras suena el tema "Street Life" de Randy Crawford, que decididamente consigue impregnar de esencia soul el momento. Una vez traspasado el umbral del recinto, Jackie empezará a notar sus primeras inseguridades. La cámara, consecuente en todo momento de este hecho, pasará del relajado plano medio al analítico primer plano para finalmente clavar su lente en la azafata desde un primerísimo primer plano, orientando nuestras miradas hacia los miedos internos de la protagonista (además de rendir un personal tributo a su querido maestro Leone). Tras unos ansiosos planos detalle del dinero pasando de bolsa a bolsa (aumentando así la tensión del momento), Jackie abandona los probadores con un cada vez más palpable nerviosismo. Es entonces cuando Tarantino inyecta desesperación a la escena haciendo un magnífico giro de cámara de 360º alrededor del mostrador de la tienda, seguido de un movedizo "long-shot" que desemboca en otras 2 vueltas completas sobre el rostro de Jackie, dejando patente su angustioso momento.
En segundo término, dirigiremos nuestra mirada hacia un inquieto y preocupado Louis, muy molesto por el comportamiento caprichoso e insolente de su acompañante Mel, pero obligado a aguantarla para poder realizar el canje con garantías y no defraudar a su amigo Ordell. La pareja entra en escena en el mismo instante en que la azafata visita los probadores, según tenían previsto.
-- Este trabajo es demasiado para ti, Louis.
Mel no se imaginaba que sus palabras tendrían un alcance tan dramático minutos después, y hace caso omiso de la mirada incisiva de su peligroso socio. Durante toda la secuencia, la cámara nos muestra idéntica la escena de antes, pero esta vez desde una nueva óptica, con un mayor énfasis en las continuas desavenencias del forzado dúo explicado en pantalla con un travelling lateral más nervioso y menos prolijo que el utilizado para Jackie.
Louis asesina a Mel en fuera de campo
Tras llevar a cabo el plan, otro "long-shot" de la pareja nos lleva hasta el parking del recinto, esta vez con mayor premura dadas las circunstancias.
Allí, a cielo abierto y sin mayor dilación,  Louis dispara a Mel a bocajarro cansado de sus molestas niñerías. En esta ocasión, el cineasta de forma excepcional en su filmografía, escoge el fuera de campo para que la violencia no se lleve toda nuestra atención, creando un punto de inflexión en su carrera.
Para el tercer y último punto de vista, Tarantino se sirve de un movimiento más suave y calmado de cámara, acorde con la personalidad del otoñal agente de fianzas Max, para darle una vuelta de tuerca más al suceso del intercambio de dinero.
En esta ocasión, el autor de "Pulp Fiction" realiza un breve uso de un plano subjetivo (enfatizando nuestra complicidad con el personaje más humano de todos), empañará de suave música funk y recurrirá a un largo pero parsimonioso long-shot la escena, para llevarnos hasta su coche una vez recogida la bolsa del dinero.
Un espléndido momento, sostenido en el tiempo y narrado de tres maneras bien distintas, que con un planteamiento técnico apropiado, invita a profundizar con una mayor precisión cada una de las interesantes psicologías de los personajes.
Una split screen al más puro estilo Brian de Palma
Tarantino no se olvida tampoco de usar sus ya tan reconocibles señas de identidad durante el resto del film; desde el antes mencionado plano del maletero, su fetichismo casi insano con los pies de mujer (tardará sólo 5 minutos en enseñarnos los empeines de Bridget Fonda), los extraños planos  contrapicados de un cadáver desde el suelo, hasta ese punto musical "old school" siempre tan presente en sus films (y que por supuesto sus personajes deberán cantar tarde o temprano).
Los particulares homenajes a sus cineastas y actores de culto también son un jugoso divertimento a descubrir para el cinéfilo. En esta ocasión, por ejemplo, se sirve de su admiración por Brian De Palma para crear una pequeña secuencia en pantalla partida (split screen) que permite visualizar dos actos al mismo tiempo, sin necesidad del clásico montaje en paralelo, emulando así al autor de "El precio del poder" (Scarface, 1983).
Podemos concluir así que esta tercera filmación de Quentin Tarantino ofrece un alto grado de interés y es claramente una obra diferenciadora que la convierte en un rara avis en la carrera del autor, confirmando que su manera de mover la cámara dista mucho de ser casual y que su amor por el cine de género va más allá de (re)construir éxitos pretéritos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

BERBERIAN SOUND STUDIO (2012)

El segundo film del británico Peter Strickland (tras su road movie "Katalin Varga" en 2009) es Berberian Sound Studio, una película que nos permite viajar en el tiempo y retroceder hasta la década de los 70, cuando en Italia reinaban las realizaciones de películas de terror y del fantástico, generando incluso un subgénero propio llamado giallo, donde podemos encontrar directores tan destacados como Mario Bava o Dario Argento tras las cámaras.
Nuestra historia arranca con la llegada de un técnico de sonido inglés llamado Gilderoy (un buen trabajo el de Toby Jones) a Italia, con la misión de encargarse de la edición del sonido de la última obra creada por el reputado director Santini, una película giallo titulada The Equestrian Vortex.
Gilderoy, reputado experto en su trabajo, tendrá que lidiar con un nuevo mundo para él, y no solo por el reto de estar a la altura de lo que implica trabajar en su primera película de terror, sino por tener una enorme paciencia para no perder los estribos por los problemas que surgirán al trabajar con "profesionales" italianos.
Italia fue un país que explotó cinematográficamente los géneros norteamericanos más rentables, dando su réplica europea (y oportunista en ocasiones) a los éxitos de entonces, y convirtiéndose así desde finales de los 50 en el principal mercado europeo en cine "exploitation".
Sin duda los más importantes serían el "spaguetti western" (películas del oeste filmadas en Italia y alrededores), el "peplum europeo" (mal llamado también "sword and sandals") o la serie B de ciencia ficción copiada con descaro aprovechando el tirón de género (ejemplos como "Star Crash", de 1978 o ese "Alien 2: sobre la tierra", de 1980 hablan por sí solos).


Gilderoy revisando su nuevo puesto de trabajo
Pero sería a principios de los 60, cuando el genial Mario Bava, originara este subgénero llamado "giallo" ("amarillo" en italiano, y que era el color de los libros pulp en los que se basaban estos films) con su película "La muchacha que sabía demasiado" (La ragazza che sapeva troppo, 1962) una alternativa transalpina al slasher americano tan de moda por aquél entonces gracias al Psicosis (Psycho, 1960) de Hitchcock, y que dio pie a una nueva manera de entender el asesinato en pantalla con escenas mucho más sangrientas (Italia era más permisiva con la sangre) y jugando con el color, la iluminación, el misterio y sobre todo, con el sonido.


Gilderoy tratando amablemente de percibir su cheque
Lo que ofrece esta Berberian Sound Studio es la oportunidad de ver cómo se las ingeniaban en aquella época en una post-producción de un film giallo cualquiera, plasmando la manera de trabajar italiana (desordenada, caótica y donde no ves tu cheque al final de mes) desde un punto de vista británico (véase, educado, formal, metódico y puntual), lo que sin duda, le otorga un tono entre cómico y dramático al film de Strickland (estupenda escena cuando le explican a Gilderoy que debe gritar para obtener su cheque o sino no le harán caso).
Sin duda, la propuesta se agradece desde un punto de vista cinéfilo, por su estimable originalidad, su más que estudiado rigor fílmico (sin cansarnos con fechas ni nombres) y por meternos de nuevo en aquella época dorada del cine italiano, demostrando que el director ama el género y siendo un respetuosísimo film repleto de buenas y elogiables intenciones.
Sin embargo, eso no es suficiente como para crear una película del todo encomiable, ya que nos acaba fustigando con un ritmo excesivamente lento, muy poca iluminacíón en pantalla (efecto fallido en mi opinión el abuso del contraluz), narrativa rimbombante (demasiado empeño en mostrar los trucos de audio para mi gusto) y por consiguiente resultando difusa y algo cargante, por no decir aburrida.

Un excelente ejemplo de que los dobladores son verdaderos intérpretes en la oscuridad
Ni tan siquiera la grata sorpresa que esconde en su último tercio o destellos de excelentes actuaciones en medio de la trama (espléndidas intervenciones femeninas, por cierto) servirán ya para convercernos de su cometido, y lamentaremos que no haya sido un film mucho más atrevido y eficaz, y no tanto una propuesta experimental sobre un tema tan apasionante como la realización sonora de un film Giallo.
En pocas palabras, un planteamiento de mucho interés cinéfilo (de hecho, hay que serlo para poder disfrutarla) que evidencia las limitaciones de su joven director, desbordado aquí lamentablemente por su propia propuesta. Ojalá sea impulsora de similares proyectos en un futuro, ya que son muy necesarios en los tiempos que corren, sin duda.




INSENSIBLES (2012)

Una obra que como ya hiciera Guillermo del Toro con su más que interesante El laberinto del fauno o dentro del mismo Festival de Sitges de este año, con El bosc de Óscar Aibar, entremezcla un marco temporal situado en nuestra Guerra Civil, con una importante dosis de fantasía.
El film cuenta la historia de David (Àlex Brendemühl), un reconocido neurocirujano a quien tras un accidente de coche en el que fallece su pareja, se le descubre una grave leucemia que requiere un urgente transplante de médula para poder sobrevivir. Este hecho forzará un acercamineto hacia sus padres, con quienes mantiene una distante y fría relación, siendo su única esperanza de encontrar un donante compatible. Sin embargo, la petición de ayuda a sus progenitores, abrirá la puerta de un lejano y desconocido pasado para David, siendo el principio para poner en duda todo lo que sabía de sus orígenes. En su búsqueda, descubrirá lo sucedido en un lejano 1931, donde en un pequeño pueblo catalán, una serie de niños muy peculiares se desvelaron totalmente insensibles al dolor físico, aterrorizando a las autoridades de la zona. Por lo que fueron recluidos en una institución mental desde entonces para evitar cualquier tipo de contacto con el resto de niños "normales" de la zona.
La película se mueve entre dos lineas temporales (tiempo presente y años 30), conjugando bien ambas para ir montando el puzzle que tenemos entre manos, revelando poco a poco las incógnitas que se nos van presentando.

Uno de los niños a punto de ser encerrado en una celda de asilamiento...
Ambas tienen la virtud de mantener el interés del espectador y ser bastante equilibradas en este sentido (todo lo contrario que ocurría, por ejemplo, con Herois (2010), en la que la linea temporal de los años 80 era muy atractiva, pero la que nos situaba en la actualidad, carecía de cualquier tipo de interés y empatía hacia unos personajes y situaciones vacíos e insulsos).
De esta manera, el ambiente oscuro, sucio y desesperanzador de la institución mental logra despertar nuestro interés en algo pretendidamente tan inocente como son los niños. Pero que con su más que peculiar carencia de cualquier tipo de conocimiento del dolor o de sus implicaciones, nos regala algunas imégenes dolorosas como la autoinflicción de lesiones (quemaduras, arrancarse las uñas, piel e incluso el autocanibalismo en uno de los casos...) o la imposibilidad sentir ninguna emoción clara.

David intentando descubrir el pasado que no le cuenta su padre...
Pasada una primera mitad muy notable y entretenida, donde destaca la experimentación de los doctores con los pequeños y el atisbo de un misterio truculento en el pasado de David, acusa una cierta pérdida de ritmo que hace que por momentos, lo pretendidamente poético acabe convirtiéndose en imágenes sin alma, carentes de la carga emocional que tenía en sus inicios.
Si bien se sostiene y entretiene eficazmente, nos regala un final impropio, y en mi opinión, completamente desacertado (no en ideas, sino en plasmación cinematográfica), un tanto pasado de vueltas para lo que se intuía a lo largo del metraje.
De todas maneras, el papel principal de David (Àlex Brendemühl) es destacable y muy creíble. Todo lo contrario del director del "hospital", un inadecuado Ramón Fontserè que no da la talla en ningún momento del film, a pesar de ser un personaje muy importante en la historia. El resto del reparto está muy bien elegido, abundando habituales actores del panorama teatral catalán, siendo muy solventes con sus respectivos roles.
La película es un mero vehículo para retratar las dos actitudes con las que se suele afrontar nuestro aún reciente pasado histórico, recordar u olvidar. Poniendo de manifiesto como los hechos vividos a lo largo de la Guerra Civil como en los años posteriores de represión y limpieza que tuvo lugar en España, hay quien prefiere dejarlos bien escondidos y encerrados, mientras otros necesitan el reconocimiento de lo ocurrido (han pasado más de 70 años y aun existe mucho debate alrededor de este asunto). La insensibilidad de los niños (teóricamente seres inocentes) en sentir el dolor y el placer, bien puede ser una metáfora de la insensibilidad de todos aquellos que actuaron así a lo largo de los oscuros años que duró el Franquismo. Una obra interesante, sugerente, a la que quizás se le vaya de las manos el control que tenía, con un final quizás no del todo adecuado y lejos del tono utilizado hasta ese momento, pero en ningún caso una película que deba dejarse de lado.

JUEGO DE NIÑOS (2012)

Salimos del cine tras atragantarnos con la ópera prima del enmascarado director Makinov (making off...), un cineasta centroamericano que no nos descubre su rostro, y que bien podría haber estado escondido en algunas butaca del cine expectante a la reacción del público (mejor así, porque sino creo que hubiese salido manteado).
Su film en cuestión, Juego de Niños (Come out and play), no era más que un innecesario remake mexicano del (a su manera) clásico del terror español a cargo de Ibáñez Serrador Quién puede matar a un niño, ahora toda una obra maestra si entramos en comparativas.
La historia ya la conocemos. Una pareja de turistas (ella con embarazo incluido) está de vacaciones por México y deciden alquilan una lancha para visitar un islote algo remoto.
Lo que no se esperan es que el lugar se encuentra desolado y misteriosamente dominado por niños poseídos que, movidos por alguna fuerza desconocida, deciden dar caza a cualquier adulto que se les cruce, con un sadismo y frialdad inhumana.
El calco con el original es tal, que quizás haya significado el remake más absurdo de la historia del cine moderno, trasladando simplemente la trama (con absoluta sinvergonzonería además) a su México natal, y copiando descaradamente escena por escena hasta provocarnos antipatía.
No tiene el menor atisbo de convertirse en una posible obra homenajeadora una vez descubierta su infiel coyuntura, y es más bien una cinta tan moribunda como fallida de obligado arrinconamiento crítico y comercial.

Los niños armados hasta los dientes y con sólo una idea en su poseida cabeza... matar a los adultos.
La palpable atmósfera de terror diurno expuesta en la cinta original no se consigue plasmar en esta ocasión, y ni el buen intento por parte de los actores (sobre todo del yanki Ebon Moss-Bachrach) hace válido este intento por dignificar el producto, prescindible y oportunista como pocos.
Si bien es cierto que desde un punto de vista menos cinéfilo y purista, el film puede llegar a entretener e incluso sorprender (únicamente a quién no conozca el original), su condición de película menor le perseguirá siempre y, personalmente, creo que se le irá enterrando hasta condenarla al ostracismo cinematográfico (merecido por eso).

Huyendo de los monstruitos
Reduce su puesta en escena a una descuidada fotografía en general (punto fuerte de la anterior), a unos diálogos previsibles e insulsos y a una acción de parvulario (los niños casi no dan miedo, la verdad), limitando así su posible encanto y convirtiéndose sin quererlo en una borrosa adaptación.
En definitiva, un film desmerecedor de mayor análisis y "casi" una pérdida de tiempo para el espectador, ya que rehacer una película de éxito cada vez me parece más inútil (aunque hace unos días me relamí con Maniac, que es la excepción que confirma la regla).

lunes, 1 de octubre de 2012

VINIERON DEL ESPACIO (1953)

It came from outer space es una película de ciencia ficción producida por los estudios Universal Pictures en la década de los 50. Una vez agotadas sus franquicias de terror que tan bien le funcionaron a lo largo de los años 30 y 40, no dudaron en subirse al carro con las nuevas tendencias del fantástico, y dentro de su posterior filmografía encontramos multitud de ejemplos.
El film fue dirigido por Jack Arnold, a quien los estudios también deben algunos de sus títulos más reconocidos en esta nueva andadura, como La mujer y el monstruo (1954) o Tarántula (1955), pero principalmente por la mítica El hombre menguante (1957).
El guión viene firmado por Harry Essex, y está basado en el relato The meteor de Ray Bradbury, que no he tenido el placer de leer, pero que como suele ser habitual con otras obras del mismo autor o del tantas veces adaptado al cine Philip K. Dirk, seguramente no fue aprovechado en toda su magnitud visto lo visto aquí.
Durante la década de los años 50, el cine norteamericano se plagó de producciones de serie B donde los extraterrestres y platillos volantes nos visitaban a veces con intenciones pacíficas o en el peor de los casos nos intentaban invadir y exterminar, como pudimos ver en La guerra de los mundos (1953) o Invasores de Marte (1953), por ejemplo.

Lo que parecía una tranquila noche mirando las estrellas...
Pero un enorme objeto cruza el cielo y se estrella en medio del desierto...
Tal aluvión de obras de esta temática no son una casualidad y algunas responden a la situación de gran tensión política que se estaba viviendo a raíz de la Guerra Fría, con las dos grandes potencias del momento creando un clima de incertidumbre jamás conocido hasta entonces. Por lo que el cine, como en tantas otras épocas y ocasiones, fue el escenario perfecto para descargar ciertos mensajes ligados a la realidad política y a las preocupaciones que en este caso el ciudadano americano tenía. Así, en muchos de estos films y sin riesgo a equivocarse, se puede hacer una segunda lectura independientemente de la historia que teóricamente nos estaban contando, y nos asalta la certera sensación de que los marcianos, de costumbres extrañas y que invadían a la nación americana, eran los rusos.
Bien, aclarado este punto que me imagino que muchos ya teníais en mente, y empezando a entrar en materia con el título que hoy tenemos entre manos, deciros que me ha hecho pasar un buen rato a pesar de no ser una gran maravilla, pero tiene ese toque inocente y cierto encanto de las producciones de serie B de bajo presupuesto, por lo que aun pasados más de 60 años desde su estreno, se deja ver sin problemas.

En el fondo del cráter espera un descubrimiento inesperado...
Nuestra historia arranca en medio de una noche estrellada, en la que John Putnam, un astrónomo aficionado, y su prometida Ellen, están contemplando el cielo, cuando de repente ven como el cielo es cruzado por un objeto incandescente que acaba estrellándose contra el suelo del desierto de Arizona. Como la prudencia no es uno de sus fuertes, no dudan en acercarse hasta allí para echar un vistazo, y al descender al fondo del cráter, John se lleva una enorme sorpresa al descubrir que lo que encuentra allí no son los restos de un meteorito, sino lo que parece ser parte de una enorme nave espacial que ha quedado semienterrada a causa de la explosión. Pero lo más chocante llega al ver como una especie de compuerta se abre, dejando entrever un extraño ser de otro planeta, que poco después desaparece en la oscuridad.
Extrañas interferencias en las comunicaciones...

Sin tiempo para digerir lo que está viendo, un repentino desprendimiento de tierra le obliga a salir precipitadamente de allí y sepulta bajo toneladas de roca la nave, por lo que cuando cuenta su historia a las autoridades y a sus conocidos, nadie le cree. Pero pronto empezarán a suceder cosas muy extrañas por los alrededores del cráter, desconcertando a todo el mundo…
A todos aquellos aficionados del género de la ciencia ficción a los que guste ver grandes efectos especiales, un despliegue técnico espectacular y actores de renombre en los papeles protagonistas, decirles que aquí no va a encontrar nada de eso. Se trata de una película que estoy seguro dificilmente calará a los que no estén acostumbrados a lo que suelen dar de sí estas obras de serie B (para lo bueno y para lo malo), por lo que habrá quien la encuentre insufrible, mientras otros, entre los que me cuento, podamos defender su lugar dentro del séptimo arte, a pesar de ciertas deficiencias que es imposible pasar por alto.
Si empezamos a hablar de sus mejores bazas, se le tiene que conceder que es de las primeras películas que trata un tema tan y tan sobado actualmente como es la suplantación alienígena tomando forma humana, curiosamente otra producción de ese mismo año de la Universal  tocaba esta temática también (Invasores de Marte). Aunque sin ningún género de dudas, la más escalofriante y conseguida en este sentido, llegaría tres años después de la mano de Don Siegel, La invasión de los ladrones de cuerpos.
Primeras suplantaciones alienígenas...

Quizás diría que las primeras imágenes de la nave en el cráter con un incrédulo John enfrentándose a la certeza de que acaba de llegar vida extraterrestre a la Tierra, están muy logradas y consiguen captar toda nuestra atención manteniéndonos a la expectativa. De hecho su primer tercio es la mar de entretenido y nos hace presagiar que la historia va a ser muy interesante, pues sabe plantar bien sus piezas para que todo vaya viento en popa; con la llegada de la nave y la tensión generada a posteriori, en la que los espectadores somos los únicos junto a John que sabemos de la existencia de los aliens y somos testigos de toda una serie de acciones que nos hacen dudar acerca de la naturaleza de sus verdaderas intenciones (interferir comunicaciones, hacer desaparecer ciertas personas para poder suplantarlas, etc...). Supongo que coincidiréis conmigo en que todo pinta bastante bien hasta aquí, ¿verdad?
Pero hacia la mitad de su metraje, empiezan a quedar en evidencia algunas flaquezas de guión, y nos llevamos un cierto chasco, más que al descubrir de que va el meollo de la trama, en como lo desarrollan y resuelven para cerrar el film, un poco flojo para mi gusto, a la vez que se centra en exceso en su discurso moralista en lo que debería ser su clímax final.

Y por fin se dejan ver...
¿Amigos o enemigos? Esa es la gran duda que tiene John...
Es una auténtica lástima que no supieran desarrollar la historia de forma más convincente, pues si bien el mensaje que quieren transmitirse es un clásico de las películas con contacto con extraterrestres: "Que no estamos preparados, que destruimos todo aquello que nos parece extraño, etc, etc...", aquí queda algo desdibujado principalmente por esos fallos en el guión, que quizás debamos "perdonar" al tratarse de una propuesta de muy bajo presupuesto (750.000$). Que donde se hacen más patentes son en el extraterrestre en sí mismo, un muñeco simplón a más no poder, y en la mayoría de efectos especiales. Sin embargo supieron lidiar con bastante pericia todas estas limitaciones para sacar adelante una película que acabó funcionando muy bien, jugando por ejemplo a no mostrar completamente al alien con planos rápidos y borrosos hasta el final. Inteligente también rodar con inquietantes tomas aéreas que parecen perseguir a los protagonistas, saber transmitir la hostilidad que parece emanar de ese desierto... todo acompañado de una música que baña en misterio muchas de las escenas.
Con lo que al final tenemos una pequeña pero simpática aportación al género de la ciencia ficción, que debemos saber verla dentro del marco temporal y político en que se estrenó. Quizás entonces sus espectadores sintieron auténtico terror en la oscuridad de las salas de cine, ahora dificilmente nos llevaremos ningún sobresalto, pero sí que esbozaremos alguna sonrisa de complicidad. Sed indulgentes y disfrutad de esta reliquia.



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