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lunes, 10 de diciembre de 2018

LA AUTOPSIA DE JANE DOE (2016)

En 2010, el noruego André Øvredal firmaba uno de los found footage más interesantes que el agotador subgénero pueda ofrecer gracias a su documental "Troll Hunter". Era pronto para aventurarse, pero ya ofrecía suficientes elementos como para no perderle la pista al escandinavo en su carta de presentación.
En 2016, presentó su siguiente apuesta de terror, "La autopsia de Jane Doe", en el marco del festival de Sitges, sin duda hecho a medida para dicho proyecto.
Su película, bastante más ortodoxa que su arriesgado trabajo sobre trolls, es una experiencia muy satisfactoria, un relato terrorífico llevado con maestría y peculiar gracia, sin atentar a la inteligencia del amante al género, ni con intención alguna de provocar rechazo al neófito usando códigos o complicadas referencias.
"La autopsia de Jane Doe" (Jane Doe es el nombre que reciben los cadáveres femeninos sin identificar en EEUU), presenta al médico forense Tony Tilden y su aprendiz e hijo Austin, responsables de las autopsias en su propia funeraria de toda la vida.
Una noche lluviosa como cualquier otra, reciben un cadáver sin identificar de una mujer que la policía ha encontrado enterrada en un sótano, en circunstancias muy extrañas, y proceden sin más a su consiguiente autopsia.
Poco a poco se irán desvelando los misteriosos secretos que esconde dicho cadáver; pues no será tan rutinario como ellos pensaban además de provocar un vendaval de sucesos inexplicables.
Particularmente, creo que un film de terror necesita siempre de una atmósfera adecuada, una historia fascinante y ciertos códigos narrativos idóneos para no caer en lo mil veces visto. Øvredal parece que lo tiene claro y dispone del talento suficiente como para lanzarnos un film de mucho mérito, por momentos sensacional y en su mayoría muy laudable.


En seguida entramos de lleno en su fascinante sala de autopsias, fría y húmeda, con pizarras y utensilios médicos propios de la morgue donde los cuerpos refrigerados hacen una compañía tan silenciosa como espeluznante. La entrada en escena del cuerpo nuevo, sin rastro de traumas o evidencias de muerte y el minucioso seguimiento de su autopsia nos atraparán en silencio, manejando con brillantez las pausas, el creciente suspense y el macabro humor que salpica el film.
Que decir tiene que no acusa apenas problemas de ritmo ni cojea en su narrativa aunque nos sitúe en un único espacio gran parte del metraje, pero sí puede provocar síntomas claustrofóbicos y herir sensibilidades por su, por momentos demasiado explícita, puesta en escena.
En opinión del que aquí escribe, sostengo pues que se trata de un film sensacional, repleto de aciertos de toda índole y un golpe en la mesa de un cineasta emergente y cada vez más interesante. Aplaudimos iniciativas como ésta, ajustadas a un escaparate en concreto como es el festival fantástico de Sitges, de eso no hay duda, pero no por ello menos estimables.

sábado, 8 de diciembre de 2018

THE EYES OF MY MOTHER (2016)

Al joven neoyorquino Nicolas Pesce (con tan sólo 25 años) le debemos la sesión más inquietante del festival 2016 gracias a su inolvidable ópera prima "The eyes of my mother". Un sorpresón que anunció, sino confirmó, un nuevo talento emergente para nuestro deleite en las siguientes décadas, pues es un excelente ejemplo de alumno aventajado (en la opinión del que aquí, humildemente, aporrea el teclado), y que en él recae en este cercano 2019 el remake de "La maldición", la ya clásica cinta de horror nipón de Takashi Shimizu.
Pesce nos obsequió con una trágica y tremebunda historia de una familia de campo americana, y nos permite fisgonear en la vida de una mujer imposible de olvidar, de nombre Francesca.
De niña, Francesca, estaba muy unida a sus padres y en especial a su madre, que además hacía las veces de profesora. Una tranquila tarde como otra cualquiera, un extraño se acerca "amablemente" a su casa y pide ir al baño. Nadie esperaba que poco después, la pobre niña sería testigo de brutales asesinatos, torturas y carnicerías extremas en absoluta conmoción; lo que le llevará, ya en su edad adulta (interpretada por la muy inquietante Kika Magalhaes), a ser una mujer peligrosamente inestable, altamente perturbada, solitaria y dueña de uno de los comportamientos más desquiciados que el cine recuerde.
Si a esta durísima historia de psicologías anómalas, le sumamos además una puesta en escena compuesta por un inesperado (pero genial) tratamiento del blanco y negro, con movimientos de cámara suaves, casi quirúrgicos, y una ambientación sonora tremendamente acertada, tenemos el shock asegurado.


Nicolas Pesce mueve su cámara hacia una vida tan fuertemente golpeada, y afectada desde tan tierna edad, que se comprende sin mucho esfuerzo los consiguientes transformaciones radicales y descontroladas en el carácter de la protagonista, donde su mundo nada tiene ya que ver con el real y buscará, de la forma que sea (la parte más interesante, sin duda, del film) compañía, de cualquier tipo y al precio que sea.
Sin nada que envidiar, en lo que a salvajadas se refiere, a brutales clásicos como "La Matanza de Texas", "Las colinas tienen ojos" o incluso "Martyrs", aunque construida sobre unos pilares más estables y con un gusto cinéfilo mucho más atinado, sin caer en lo absurdamente grotesco ni gratuidades de guión.



Una pequeña obra maestra que emerge con fuerza dentro de un género tan apabullado de ofertas y relamido hasta el infinito, que merece una mención especial por desmarcarse y ser, a su modo, casi única. Habrá que seguir con especial atención a este nuevo cineasta, pues podemos estar ante un nuevo maestro del terror (si no se deja absorber por una industria que a todos engulle). Crucemos los dedos...aún queda talento en este mundo.

jueves, 6 de diciembre de 2018

REVENGE (2017)

Allá en los años 70, en plena era del exploit y de las sesiones grindhouse, era bastante común encontrarse con filmes de Serie B conocidos como rape & revenge. Películas en las que una chica incauta (o grupo de jovencitas) eran torturadas/violadas/masacradas por un grupo de psicópatas o desalmados masculinos para después ser ajusticiados por las mismas chicas o familiares.
El infame film de Wes Craven, "La última casa a la izquierda (1972)" es una de las piezas clave de tan políticamente incorrecto subgénero. En estos tiempos de dictadura moralista, es cada vez menos común toparse con estos trabajos, o por lo menos encontrarlos con la mala baba y gamberrismo que tenían sus congéneres setenteros.
"Revenge" es una nueva muestra de este rape & revenge de nueva hornada, que valga la ironía, acaba resultando “más revenge y menos rape”. Un filme que presenta varias particularidades: la primera, su procedencia; es francesa y por tanto perteneciente a esta nueva oleada de gore galo sin complejos; y en segundo lugar, se trata de la ópera prima de Coralie Fargeat.
El trabajo de Fargeat ha resultado ser toda una sorpresa y un producto tremendamente disfrutable, visto desde la perspectiva de una película sin prejuicios y de pura diversión con casquería. En ella, nuestra heroína pasa de ser la mayor pija del extraradio, con sueños de convertirse en modelo y muy bien provista de unos tremendos atributos físicos que harían palidecer a Irina Shayk, hasta, tras sufrir una serie de catastróficas desdichas, pasar a convertirse en una Lara Croft gore, una Rambo femenina dispuesta a vengarse de sus torturadores. Una obra provista de un cúmulo de situaciones imposibles de pura ciencia ficción (nuestra protagonista sobrevive a una serie de accidentes verdaderamente mortales), que si se superan y se entra en el juego de la pura fiesta, resultará una experiencia muy gratificante.



El film no anda escaso de aspectos grotescos precisamente, y la sangre salpica salvajemente ya desde un inicio. La dirección es verdaderamente acertada, con cierto tufo (agradecido) a videoclip y unas imágenes que contagian tensión y adrenalina. Un visionado que se hace ameno y ágil, "Revenge" es divertidísima y verdaderamente sangrienta, y hará las delicias del fan, si se logra superar sus momentos de ciencia ficción a lo Chuck Norris.

Adrián Roldán

domingo, 2 de diciembre de 2018

ERREMENTARI (EL HERRERO Y EL DIABLO)

El octavo día del pasado festival de Sitges 2017 amaneció con la fuerza y atrevimiento de "Errementari", una jugosa fábula vasca que nos llega apadrinada por Álex de la Iglesia, co-productor de la misma, y que a su vez significa el debut en la dirección del hasta ahora cortometrajista Paul Urkijo.
Confieso sin tapujos que desconocía del todo la  existencia de la leyenda del errementari (herrero en euskera), y quizás por esa razón me quedé completamente absorbido por su compleja maraña genérica y diversidad narrativa, su fresquísimo descaro cómico y esa enorme personalidad que posee, algo que agradecí acaloradamente.
Pero situémonos: en una región próxima a Álava, una década después de la 1ª Guerra Carlista (1843), un cargo del gobierno se persona para investigar un suceso en la herrería del pueblo. Allí habita casi como un ermitaño, en medio del bosque, un misterioso herrero llamado Patxi, considerado por los aldeanos como un asesino siniestro y solitario que incluso se relaciona con demonios. Accidentalmente, Usue, una niña huérfana del pueblo, se cuela en la herrería y destapará el increíble secreto que allí guardaba el herrero, para así cambiar definitivamente el devenir de la aldea.
Es de ley aplaudir, por encima de todo, su valiente capacidad para no obedecer los criterios establecidos por ningún género en concreto, pues merodea con desparpajo por varios de ellos sin llegar a someterse a ninguno. En ella encontraremos atractivos rasgos de un terror de cuento sombrío, fantasioso y distendido pero no por ello menos horripilante; también se percibe un estudiado tratamiento del entramado dramático, trasladando una fábula con niños de por medio, con la suficiente entereza e inteligencia como para que su peculiar y nada obvia moraleja tenga toda lógica, además de resultar muy adulta; y por último, pero no menos importante, es resaltar su excelente y nada convencional sentido del humor, casi diría que innovador, rebelde y muy sorprendente al que, por supuesto, acabé rindiéndome.



Agradezco muy efusivamente que no nos abrumaran con feos efectos digitales, y que el estupendo trabajo de maquillaje, aunque quede forzosamente guiñolesco, tuviera una fuerte impronta personal. Incluso en su tercio final, en la bajada a las mismísimas puertas del infierno, los juegos de iluminación y recursos de fotografía den una sencilla pero emocionante sensación de irrealidad, como de imaginario juvenil sin límites. Todo un gozo cinéfilo de difícil comparación, pues es única en su especie.
Resaltar el magnífico plantel actoral, empezando por el herrero, sobrio y acertadísimo Kandido Uranga, el demoníaco e inolvidable Sartael (Eneko Sagardoy) hasta la jovencísima Usue (Uma Bracaglia), todo un descubrimiento a su edad. Un film muy especial que proyecta una fuerte sensación de novedad, con una atmósfera de ensoñación y un poso final tan agradable como humilde. Una fiesta para los sentidos que si bien no enamorará a los más puristas, que seguramente no querrán/sabrán ser cómplices, sí merece mucha atención, tanto por su fuerza visual como por su sabia y variada conjunción. Arriesgada y simpática, destaca por ser una de las mayores sorpresas nacionales de la pasada edición del Sitges 2017.

jueves, 29 de noviembre de 2018

MAUS (2017)

El asturiano Yayo Herrero nos adentra con su cámara en un bosque plagado de minas en plena Bosnia-Herzegovina, de la mano de Alex y Selma (alemán él, natural de allí ella), una pareja al que su coche les ha dejado tirados en pleno follaje, mientras iban... de camino al aeropuerto (...).
La chica, sensible por haber sufrido una pérdida reciente, se aferra con mucha fe a su amuleto hamajlija, de origen musulmán, en consonancia con sus creencias religiosas, que asegura la protegerá de cualquier mal. Sin embargo, algo se esconde en el bosque, una presencia enigmática que parece perseguirles. Sea como sea, con la ayuda de dos inquietantes montañeros bosnios tratarán de salir de ese infierno infestado de trampas, aunque quizás sea para meterse en otro asunto peor.
"The Maus" es uno de esos casos en los que el pasado cortometrajista del director aún se percibe en su obra, siendo más bien una curiosa idea (los vestigios bélicos de la zona manifestándose como si de un ser se tratase), pero que se percibe en exceso estirada, un mediometraje alargado que flaquea y se derrumba por el cúmulo de minutos.
De entrada no creo que nadie tenga que atravesar ese bosque para ir al aeropuerto, y menos adentrarse en él sabiendo que está repleto de bombas anti-persona. Y ya puestos, tampoco le veo mucho sentido al problema con su vehículo, atrapado de forma estúpida en el camino, dando lugar a una premisa inicial metida con calzador, por no decir absurda.


Aceptando las cosas como vienen de todas formas, el film tarda poquísimo en quedarse estancado, casi sin ideas y las pocas que lanza, mal resueltas, pues ningún personaje razona o actúa como debería, sobre todo los dos rudos indeseables de la zona, que terminan incluso dominando como nadie la lengua de Shakespeare.
Un sobresalto en su guión hace que retomemos el interés, pero se tratará otra vez de una falsa alarma, pues lo que se antojaba como una experiencia de pesadilla, acaba por ser un discurso moralista, que respeta integridades, religiones, y terminar por ser, incluso, dogmático. Un incordio sin mayor interés, con un personaje central masculino muy molesto, aborrecible y de paso, abucheado en la sala tras su proyección.
Una película sin alma ni corazón, que nos propone un juego de lo más aburrido y soso, y al que no nos interesa sentarnos a jugar.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

LA PIEL FRÍA (2017)

Xavier Gens, responsable de la literalmente inolvidable "Frontier(s)", presentó en 2017 su quinto largometraje, por primera vez en co-producción hispano-francesa, adaptando la primera y exitosa novela del catalán Albert Sánchez Piñol, "La pell freda".
La trama de la misma nos sitúa a principios del siglo XX, donde un joven guerrillero irlandés, huyendo de la realidad de su país, acepta un solitario trabajo como oficial atmosférico en un islote frío y remoto en mitad del océano. El único habitante del lugar malvive en su viejo pero casi infranqueable faro, donde parece haberse recluido totalmente y ya roza la locura. El oficial, pocos días después de estar en su pequeña cabaña no muy lejos del faro, descubre que no están solos, pues unos seres de origen desconocido salen de noche con letales intenciones. Ambos estarán forzados a entenderse para seguir vivos, pues la amenaza es cada día más grande y la munición va mermando.
Ignoro si la adaptación rodada por el francés es fidedigna o no al original, pues no he leído el trabajo de Sánchez Piñol, pero imagino que a grandes rasgos el discurso narrativo y su concepción en general irán de la mano, aunque obviamente mis impresiones se verán reducidas a mi experiencia cinematográfica. Dicho esto, y entrando a valorar la cinta, admito que lo prometedor del inicio es de largo lo mejor de la misma. La llegada a la isla, la presentación de los dos personajes y lo rápido que se siente la atmósfera (rodada entre Lanzarote e Islandia), es muy esperanzador, a la vez que despierta realmente nuestra atención.
Sus abstractas semejanzas con el mito de Drácula la convierten en previsible llegados al cuerpo argumental, pero aún seguimos atentos al devenir de su aventura costera, ya salpicada de un poco de terror suave, algo de suspense y un humor con personalidad, muy necesario.



Quizás sea por ese inapropiado y aborrecible uso del CGI en su afán de crear decenas de seres (más adorables casi que los protagonistas), inventarse una pequeña historia de atracción sexual extravagante y el hecho de insistir una y otra vez en las pesadas secuencias de asedio, que el film se desinfla hasta cansar, y nos salimos de ella con frustración, agotados de no ver un desenlace en  mejores condiciones.
Cierto es que no se trata en absoluto de una película de carcasa vacía, ya que de ella se pueden extraer valiosos mensajes de toda índole (desde el viaje personal de su acertado protagonista, el miedo al diferente, los prejuicios sociales o lo intrínseco a la soledad), pero como experiencia cinematográfica se queda algo justa, resultando en sí un trabajo digno y con cierta riqueza formal, pero lejos de ser lo que prometía.

martes, 27 de noviembre de 2018

EL HABITANTE (2017)

Como es sabido, William Friedkin visitó el Festival de Sitges de 2017, y entre otros menesteres seguro que más apetecibles para él, también aprovechó y conmemoró el 45º aniversario de su obra cumbre, "El Exorcista". Casualidades o no, otros cineastas de más discreto renombre mostraron sus trabajos sobre la temática de las posesiones demoníacas y sus rituales de curación, ya sea porque sigue siendo un subgénero fértil en sí mismo o porque la figura del cura que exorciza siempre estará presente hasta el fin de nuestros días.
Sea como sea, entraron en parrilla varios films de corte similar y presenciamos uno de los más relevantes. Se trata de "El Habitante", del uruguayo Guillermo Amoedo, colaborador habitual del omnipresente Eli Roth y que nos avanzaba en su intervención que era la première mundial, ni él mismo había visto el resultado final, pues apenas habían terminado la post-producción hacía unas horas.
Tras visionarla, pienso que adolece de un serio tropiezo desde la base de márketing, y es el hecho de anticiparnos, ya desde su propia sinopsis comercial, que la niña atrapada en el sótano de la casa (mientras 2 ladronas aficionadas entran a robar), está de hecho, endemoniada.
Ese giro argumental, a ciegas, hubiera tenido muchísima más gracia que la de saberlo ya con anterioridad, pues nuestro interés por el robo y sus pormenores pasan desde un principio a un tercer plano, y sólo queremos que bajen al sótano a comprobar cómo es ese dichoso demonio.
Así, en su media hora inicial (casi como un prólogo) el film nace ya debilitado, y rápido detectamos carencia de medios, un trabajo de fotografía televisivo y diálogos someros, amén de unos intérpretes desacertados, que no malos.



El transcurrir de los acontecimientos venideros no nos depara tampoco ninguna sorpresa valiosa, aunque sí posee cierto ritmo narrativo, detalles muy acertados o momentos curiosos (la secuencia de la hermana pequeña en la bañera, algunos tics de la poseída o su empeño en confundirnos en su último tercio). No se trata de una película insignificante, pero sí irrelevante, pues su aportación tanto al terror como al subgénero al que hace referencia no es útil y la textura de telefilm frena el discurso propuesto. Mención especial, y con esto acabo, al inapropiado minuto final. Sonrojante es quedarse muy corto. Amén.

sábado, 24 de noviembre de 2018

THE CURED (2017)

Llega el turno para "The Cured", una propuesta irlandesa de corte independiente (aunque con Ellen Page como cabeza de cartel, que eso siempre ayuda), que como viene siendo habitual en los últimos años, aborda la temática zombis/infectados desde otro punto de vista, supuestamente novedoso.
La ópera prima de David Freyne cuenta como un potente virus convirtió a buena parte de la ciudadanía irlandesa en caníbales enfurecidos, y que tras hallar algo parecido a un antídoto, el 75% de ellos se "curaron", mientras que el 25% restante aún estaban en estado incontrolable, y por lo tanto recluidos.
La reinserción social de los peyorativamente denominados "curados", que aún conservan los recuerdos atroces, pesadillas y extrañas percepciones debido a su angustiosa infección, lógicamente no es tarea fácil, pues crea un fuerte rechazo en la población, ya sea por simple miedo o por considerarlos auténticos asesinos sin perdón posible. Ante tamaña adversidad, el grupo de afectados no sólo comienza una revolución en toda regla, sino que en su fuero interno aún parecen palpitar ciertos síntomas de su horripilante trastorno.
Coincido con algunos en que la idea de base de esta "The Cured" tiene suficiente encanto como para que el proyecto se llevara a cabo, no seré yo el que lo niegue; pero sigo pensando que detrás de esa careta de "película de zombis" de la que comercialmente se beneficia, se esconde un pequeño drama socio-político sin demasiado que aportar, que ni afronta ni encara con suficiente voluntad crítica lo que plantea de inicio.
Por un lado caricaturiza a las fuerzas del orden, en un planteamiento demasiado panfletario del gremio, llevándolo casi al ridículo (¡qué malos y poco comprensivos son!).



En segundo lugar, crea personajes sin sangre en las venas, monótonos y aburridos, además de incoherentes (esa doctora de chiste), y se enroca la trama buena parte del metraje, donde apenas se mueven las fichas sobre el tablero y el espectador va siempre 3 pasos por delante en sus, por otro lado previsibles, acontecimientos.
Una puesta en escena de apagados tonos grisáceos, sin alma ni gracia y carente de cualquier atractivo, (aunque de algún modo en consonancia con el resto de ingredientes), no suma en su afán de lograr un clima de tensión. Tan sólo unos cuantos adornos de textura como los filmados cámara en mano o un acertado tratamiento sonoro, le otorgan, junto a su curiosa idea de sanar a los infectados, un interés moderado. 
No será tan relevante como pretende, ni cambiará el curso del género, pero puede llegar a gustar si se toma con la perspectiva necesaria, pues sin ser gran cosa, tampoco merece el anonimato.

viernes, 23 de noviembre de 2018

MUSA (2017)

Muchos esperábamos el nuevo film de Jaume Balagueró con ilusión y realmente esperanzados a repetir una experiencia similar a la que vivimos con "Mientras duermes" en 2011, que en mi opinión es una de sus mejores realizaciones, sino la mejor (al menos en solitario).
Aún con algún que otro tachón en su filmografía (que recordemos incluye "OT" o "Rec4"), el lleidatà ha demostrado que domina el terreno del terror y su manejo con la cámara no es aquí ya el debate, pues está consolidado a estas alturas y sus puestas en escena son indiscutiblemente de primer nivel. Asumida esa sólida profesionalidad y sus demostradas capacidades fílmicas, estoy convencido que esta vez no estará del todo satisfecho con el resultado final de su nuevo proyecto, de título "Musa".
No siempre puede uno contar con Franka Potente, Christopher Lloyd o Leonor Watling en su película, naturalmente toda rodada en inglés y de corte internacional, buscando así que su cine goce de un mayor interés fuera de España; del todo lícito por otra parte, pues lleva haciéndose con toda lógica y coherencia desde hace décadas.
Para la ocasión, el cineasta catalán se inspira y/o adapta la novela "La dama número trece" de José Carlos Somoza, para contarnos la historia de un profesor de literatura que se ve envuelto en una oscura trama de rituales ocultistas, poesía macabra y misteriosas musas (por no decir brujas).
A priori todo parece buena idea, y de hecho sus primeros 10 minutos auguran un film sólido, interesantísimo y con muchas posibilidades de desarrollo. El problema viene cuando tratan de profundizar en la trama y detectamos una arrogante sensación de autocomplacencia en ella, como si los actores quisieran en todo momento masticarnos la información, pues se nos antojaría tan compleja que el público si no, no la entendería.



Referencias intelectuales por doquier, charlatanería ocultista y un sabor general a bolsilibro de aeropuerto nos acaba por hastiar, diría casi cabrear, obligándonos a desconectar con lo que allí acontece en espera de un nuevo giro o momento terrorífico que lamentablemente nunca llega.
Me quedo con un par de secuencias de gran fuerza (el tenso momento en la cocina con el indeseable del burdel o la escena que arranca la película), con su más que digno acabado formal y esa sensación de que con otro enfoque, mucho menos vanidoso y ensimismado, el film hubiese funcionado mejor.

martes, 20 de noviembre de 2018

ANNABELLE : CREATION (2017)

Empieza a estar de moda que cada año que pasa invadan nuestras pantallas más y más secuelas, spin-off y derivados de la notable "Expediente Warren", pues parecen funcionar en su recreación de un terror hogareño para toda la familia, con sustos aptos para cardiópatas y tensión a base de tecla de piano sostenida. Años después de la irregular aunque moderadamente disfrutable "Annabelle", toca acercarnos a su inevitable precuela, donde se narran los sucesos que dieron lugar al origen de la endemoniada muñeca, por si teníamos muchas dudas al respecto.
Un juguetero y su mujer pierden a su hija en un accidente, y pese a esconder un oscuro secreto dentro de la casa, deciden acoger a unas niñas y a su monja-enfermera de rasgos perfectos como si su casa fuera un bienintencionado hospicio cristiano. Pronto comprobarán que de cristiano, poco.
En mi ya dilatada experiencia con el cine de terror de todo tipo, jamás había topado con un film tan efectista como esta "Annabelle 2", también conocida como "Annabelle: Creation", lo que no implica que sea per se una mala película, sino que sólo dice de ella que recurre constantemente a efectos (tanto sonoros como de toda índole) para conseguir sus objetivos, por encima de sus ideas.
Yo veo aquí la misma propuesta pero con diferente envoltorio, veamos: grupo heterogéneo de personas encerradas en una casa alejada con escaleras y armarios oscuros, un ser demoníaco que empieza siempre muy tímido pero que se va viniendo arriba, más un final de griterío e histeria con algún superviviente de buena moral (y si puede ser, católico practicante).



Visto lo visto, y comprobando que esta nueva Annabelle, aún manteniendo un cuidado estético y técnico más que notable, vuelve a encajar en este esquema, se embriaga hasta niveles etílicos de efectos de sonido abruptos y está repleta de incoherencias, forzándome a concluir de ella que es de usar y tirar, y lamentablemente no merece más atención que esa.
Un nuevo caso de película prefabricada, estudiada, sin rúbrica autoral y planteada para ser disfrutada con unos snacks de por medio. Si ese es tu target, a por ella. Si por contra buscas novedades estimulantes en el género del terror, un buen guión y salir con el corazón en un puño del cine, aléjate de esta muñeca, y no precisamente por el miedo que se le supone.

lunes, 19 de noviembre de 2018

TRAGEDY GIRLS (2017)

"Patchwork", ópera prima del canadiense Tyler MacIntyre (y que pudimos ver en el Nocturna 2015), fue una producción sin demasiados recursos, algo desajustada de tono y que arruinaba una premisa argumental con posibilidades. En 2017, con su "Tragedy Girls", Macintyre parece querer prolongar ese "espíritu feminista" del que hizo gala, trasladando a un género en exceso masculino un aire fresco de antagonismo sociocultural, para darle así un (imagino) personal giro de tuerca, además de reafirmarnos su orientación sexual.
Eso se traduce pues en protagonistas chicas, a menudo ingeniosas y locuaces, con planes locos, siempre muy guapas (eso me despista con lo del tono feminista...), que asesinan y luego descuartizan lo que se tercie. Y si son chicos descerebrados del colegio, pues mejor que mejor.
La buena noticia es que esta vez, el sensible de Tyler sí ha dado con la tecla y ha conseguido reformular adecuadamente el juguetón splatter de instituto, con una esencia entre "Scream" y "The Final Girls" que no sólo funciona en su cometido, sino que divierte más de lo esperado y redime, además de dar un mínimo de coherencia a su fallido filme previo.
La trama se centra en la obsesión de dos chicas de Instituto por ser "influencers" en las redes sociales (lo que antes era "ser populares" pero ahora en su versión millennial), llegando a límites impensables cuando deciden secuestrar a un asesino en serie para que sea su maestro y les instruya en el perverso arte de matar. Lógicamente, el asunto se les va de las manos y los cadáveres se van acumulando.


A pesar de lo que pueda parecer, y más allá de la colección de muertes atroces con bromas para destensar, diálogos irónicos y culitos respingones de cheerleaders, se esconde una inteligente y muy bien montada alternativa del manido terror juvenil, con una lucidez y desparpajo en el género muy de agradecer, y nada complaciente consigo misma, llegando a lograr su principal pretensión, hacernos pasar un rato muy divertido.


Le auguro una modesta distribución y una silenciosa acogida crítica, pero para un servidor se trata de un acierto en toda regla, un film alentador con algunas muy buenas ideas de por medio (ese juego con el sonido extradiegético, la desmitificación de los tópicos canónicos), y sólo aquejada de un final inadecuado a la vez que sorprendentemente previsible más un empacho de nuevas tecnologías, que a quien peina canas ya le cansa bastante. Por lo demás, un aplauso para el canadiense.

domingo, 18 de noviembre de 2018

DEADTECTIVES (2018)

La primera piedra en el camino de este festival 2018 ha resultado ser la endeble ópera prima de un tal Tony West, cineasta con nombre de rapero cool, que nos arroja su híbrida y desafortunada propuesta, a medio camino entre "Cazafantasmas" y un mal episodio de Scooby-Doo.
Intrascendente, sin ideas y repleta de bobadas, "Deadtectives" (no sé si me gusta o no el título todavía), sigue a los responsables de un programa televisivo que ridiculiza lo paranormal solo por tener audiencia (de hecho existe uno en realidad, titulado "buscadores de fantasmas", que seguramente inspiró a West a cocinar este invento), pero al ver que peligra su show, acceden a ir a una mansión encantada en un remoto lugar de México. Los fantasmas que allí habitan, como era de prever, no son una farsa como hasta ahora.
Pues bien, contado esto, contado todo, pues es una mera excusa argumental para amontonar bromas frenéticamente, algunas lógicamente bien encajadas, pues el tema lo permite, pero en líneas generales bastante lamentables, pura diversión banal, pólvora mojada, sin ingenio ni cerebro.
Con un protagonista sobreactuado más su novia de regalo y un par de amigos cortos de entendederas dentro del pack, tenemos un cóctel que parece más bien el episodio piloto de una serie adocenada de aire británico, sin mayor recorrido y que a buen seguro funcionó mejor en la mesa de guionistas que en pantalla.


Sin embargo, en mi afán de rescatar lo positivo de casi cualquier proyecto, trataré de extraer aspectos más acertados, como por ejemplo el diseño sorprendentemente espeluznante del fantasma de la muerte, los juegos idiomáticos constantes entre inglés/español o el tratamiento, desentonado pero en cierto modo respetable, de filmar correctamente el género sin que éste horrorice, rebajando tensiones y banalizando lo tétrico, tarea nada sencilla. No es un insulto a nadie, pero acaba siendo prescindible, casquería de festival

jueves, 15 de noviembre de 2018

SANTO CONTRA EL DOCTOR MUERTE (1973)

A pesar de la fama y el larguísimo recorrido (cuasi interminable) de esta mítica saga, la proyección de "Santo contra el doctor muerte" era mi primera aproximación al orondo y entrañable enmascarado de plata. Dentro del Festival de Sitges, la pequeña y humilde sala Brigadoon es el último refugio del cinéfilo, un lugar que resucita joyitas escondidas y muy raras de encontrar para el aficionado.
Grandes momentos he vivido en esta sala, donde destaco el visionado de las obras más bizarras de Jesús Franco, la cita anual obligada con algún documental sobre el splatter italiano o la inolvidable sesión de "Rape Zombie" 2 y 3.
En esta ocasión, y con motivo del homenaje a la estupenda Helga Liné, se proyectó la cinta que nos ocupa, uno de los films clave de la saga del luchador mexicano. Ya la sinopsis es demencial: unos ladrones entran en un museo y causan daños en el cuadro Los Borrachos de Velázquez. Se le encarga la restauración de la obra al doctor Mann, sin saber que es precisamente uno de los criminales.
Lo que Mann hará será sustituir el cuadro por una réplica. Además, tiene a varias mujeres en su lozanía secuestradas en un castillo.
Aprovechando que el mítico wrestler y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto con al detective Paul.
Con más de 50 títulos en su haber, la saga del Santo es una de las más largas de la historia del cine, y abarca desde la seminal "Santo contra Cerebro del Mal (1958)" hasta ya entrados los primeros años 2000. ¡Cuál ha sido mi sorpresa durante el visionado del presente film!.
Lejos de encontrarme con una cinta aburrida y cutre de serie Z (así es la fama que arrastra la franquicia), "Santo contra el doctor muerte" (la entrega nº 42), ha resultado a la postre una filmación divertidísima y deliciosamente naif.


A pesar de que su extenso metraje para un proyecto de estas características (cuasi 100 minutazos) se haga muy cuesta arriba, la película es un despliegue pulp con mad doctors, enemigos imposibles, bases secretas subterráneas, compuertas, trampas mortales, muchas jovenzuelas luciendo palmito y un superhéroe permanentemente enmascarado y que es todo un galán con las féminas pero duro de pelar cuando se le requiere. Además, Liné (la verdadera protagonista), rezuma atractivo y buen hacer como espía y no somos excesivamente torturados con interminables batallas insípidas de lucha libre mexicana con Santo mostrando sus pectorales. En definitiva, una muy divertida muestra de Serie B que nos invita a seguir rastreando la saga.

Adrián Roldán
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