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viernes, 8 de febrero de 2013

TIEMPOS MODERNOS (1936)

Más temprano que tarde, todos los que nos consideramos cinéfilos y/o cinéfagos, terminamos aceptando nuestra deuda con el maestro Charles Chaplin. Y no únicamente por convertirnos en herederos de más de una docena de obras maestras del cine en clave de comedia, sino por demostrar al escéptico mundo del celuloide que a través de la pantomima y el humor también se pueden realizar verdaderas obras de arte.
Todos (quien más o quien menos) conocemos la genial y generosa filmografía del genio británico, sus increíbles aportaciones al territorio humorístico y su capacidad para mantener vigente su estilo aunque corran raudos los años. Así, a día de hoy, me gustaría rendir mi más sincera pleitesía a uno de sus regalos más extraordinarios y esenciales que él entregó al cine, su imperecedera y valiosa "Tiempos Modernos" (Modern Times, 1936).
Y es que pocas veces uno se deja engatusar tan rápido y tan gustosamente por el visionado de una película, aceptando su juego desde la primera escena (memorable Chaplin en la fábrica) y disfrutando como un niño que acaba de descubrir la arena de la playa.
No es mi intención mostrar las entrañas de este clásico desde mi obsoleto y aporreado teclado (aunque confieso que cada momento de esta deliciosa comedia -y roza los 90 minutos- merecería un extenso análisis y mi más absoluta veneración, pues pocas veces una misma cinta auna tantos aciertos), pero sí que rescataré aquellas secuencias y grandes momentos que se consideran ya parte del culto cinematográfico histórico.
En "Tiempos Modernos", Chaplin es un trabajador cualquiera de una fábrica cualquiera que asume sin rechistar el extenuante ajetreo de su día a día. Hora tras hora y sin casi descanso (delirante escena de esa máquina que alimenta al obrero sin que pare de rendir), atornilla frenéticamente las piezas de la cadena de montaje hasta acabar física y mentalmente anulado.
Un día, sobrepasado por las circunstancias, el obediente obrero comete "algunos errores" que le valdrán el despido (con esa maravillosa secuencia de Chaplin entre los engranajes de la fábrica, una ya incunable impronta para el ojo cinéfilo) no sin antes dejar para la posteridad ese atornillamiento descontrolado de todo lo que se terciara.



Al ser expulsado de su oficio, y sin mayor aspiración que conseguir otro empleo en época de crisis (me ahorro el comentario fácil al respecto..), el hasta ahora modélico ciudadano vivirá todo tipo de incongruencias sociales causadas por la irrupción de la imperante industrialización en la ciudad. Entrará en la cárcel por tildársele erróneamente de comunista para salir poco después convertido en un falso héroe, se enamorará de una chica pobre y huérfana e imaginarán una vida en común con "pequeños" lujos (en esa casa entre cochambrosa y romántica) o incluso se empleará en trabajos de toda índole (siendo, por supuesto, su momento álgido y muy "sonado y sonoro" su actuación cantada al final de la cinta).
Chaplin deja patente en su discurso que la deshumanización se acentúa sin remedio con la llegada de la industria al país (la poderosa era de la maquinaria) llegando a plasmarlo en pantalla usando únicamente voces a través de ellas, como si la llegada del sonoro (éste era su film despedida del cine silente) equivaliese al fin de una era, más cargada de artificios y de menos candidez humana que la muda.
Como remarco, aquí sólo hablan las máquinas, ya sea a través de pantallas en el trabajo (algo rabiosamente actual, por otro lado), megafonías o radios, y se dibuja una decadente sociedad absolutamente autómata, ilógica y repleta de incongruencias, tal y como reflejan las escenas de la fábrica, la manifestación, el interés del obrero en paro por entrar en prisión, los trabajos que éste acepta....que dejan claro que Chaplin no sólo lamentaba la llegada del cambio (dejar el cine mudo le dolió lo suyo) sino que nos dice que parece no encajar demasiado en ningún "nuevo" ámbito social, ni dentro ni fuera.


Tiempos Modernos en rigor, no deja de ser una "colección de grandes momentos" de previos trabajos de Chaplin dentro de su dilatada faceta como cortometrajista, donde rescata secuencias de "Charlot en la tienda" (The Floorwalker, 1916) copiando el momento "escaleras mecánicas", "Charlot, héroe del patín" (The Rink, 1916), de donde saca la estupenda escena de los patines en los grandes almacenes o el hecho de ser empleado como camarero, extraído directamente de "Charlot camarero" (Caught in a cabaret, 1914), donde son idénticas sus habilidades en el servicio.
Lejos de restarle méritos al film por dicha razón, creo que en este caso particular resultó una auténtica genialidad rescatar esas, por otro lado excelentes secuencias, de sus trabajos previos para darles forma de largometraje, demostrando una vez más (y van...) su maestría y personalidad delante y detrás de las cámaras.
Pero quizás sea en ese punto donde me disminuya ligeramente el entusiasmo global y acabe por no darle la excelencia absoluta. Y es en la falta de humildad del británico a la hora de realizar sus proyectos.
Como ya subrayé en el post de "Monsieur Verdoux" , en mi opinión Chaplin suele pecar de autosuficiencia, acaparando casi el 100% del metraje y siendo dueño y señor de la cámara, evidenciando, una tal vez, desmesurada "autoridad" (en todas sus acepciones).
Su compañera de correrías fílmicas (dentro y fuera de plató), la bellísima (y simpatiquísima según cuenta Errol Flynn en su fantástico libro) Paulette Goddard, también tiene su momento de gloria, pero siempre a la sombra del verdadero protagonista, el soberbio (también en sus varias acepciones) maestro del humor mudo.


Detrás de sus más de una docena de brillantes escenas sin desperdicio (en la fábrica, en la cárcel, en el centro comercial, en el restaurante, en la casa abandonada...), de un irrepetible Chaplin cantando una canción popular francesa, de tocar con asombrosa sutileza las drogas (esa cocaína en chirona) o el alcohol, hay una verdadera historia de amor, tierna y esperanzadora como su frase final, donde el carismático obrero le dice a su bella huérfana mientras se pierden en la distancia :
- Nos las arreglaremos.

martes, 8 de noviembre de 2011

THE CALL OF CTHULHU (2005)

Howard Philips Lovecraft fue un escritor de principios del siglo XX que con sus relatos de terror consiguió renovar el género tanto por el uso de un estilo de narración muy personal  como por crear una mitología propia, alejándose de las típicas historias de terror de esos años basadas en figuras clásicas como vampiros, brujas, fantasmas y otros seres sobrenaturales estilo hombres lobo. Su inventiva lo llevó a desarrollar una temática tan pionera en sus relatos que incluían incluso viajes en el tiempo, la presencia de razas alienígenas o la existencia de realidades paralelas, siendo considerado como el creador de un nuevo tipo de terror: El terror cósmico.
Su extraña personalidad (merecería un capítulo a parte entrar a hablar de su persona), junto con algunas experiencias de su vida (como que tanto su padre como su madre acabaran en un psiquiátrico), moldearon su mente convirtiéndole ya de adulto en un pesimista cargado de fobias que vivió gran parte de su vida alejado de todo el mundo, encerrado en su apartamento donde para evadirse de la realidad se refugiaba en la escritura como medio de expresión dando rienda suelta a su desbordante imaginación y creando un universo particular que solo existía en su cabeza.
Nunca llegó a tener el suficiente reconocimiento en vida y no llegaría a saber la enorme influencia que su obra tendría años después e incluso hoy en día, donde muchos de sus relatos han sido adaptados a la gran pantalla, con títulos como Re-animator, Re-sonator, En la boca del miedo o Dagon, entre otros, y siendo una fuerte influencia para muchos e importantes escritores como el mismo Stephen King ha reconocido.
Ya empezando a entrar en la película que hoy os comento, decir que se basa en uno de los relatos cortos más conocidos de su autor, escrito en 1926 bajo el mismo título. No he leído ninguna de sus obras, no voy a engañaros, pero lo que siempre se ha dicho es que la gran mayoría de sus relatos que se han adaptado al cine no han llegado a captar la esencia de sus historias por la dificultad intrínseca de trasladar en imágenes los complicados textos de Lovecraft.
Sin embargo la Sociedad Histórica de H.P. Lovecraft, que para que nos entendamos todos, vendría a ser una asociación de fans del autor, se marcó como objetivo trasladar de la forma más fidedigna posible esta narración a la gran pantalla. Teniendo un presupuesto reducidísimo para llevarlo a cabo, tomaron una decisión muy inteligente con la que mataban varios pájaros de un tiro: queriendo ser lo más fieles al momento en que fue escrita (1926) se rodó como si hubiera sido filmada entonces, por lo que tenemos una película muda rodada en blanco y negro, con el uso de los intertítulos para insertar los textos del autor. Eso unido al uso de unos efectos especiales artesanales y el hecho de tratarse de un mediometraje (solo 50 minutos), permitieron disimular la falta de recursos, pero que a la vez logra darle un toque de autenticidad único que seguramente habría aprobado el mismo autor.

                                                                                                                                                      Se tuvo en cuenta todo lo relativo al cine de esos años, y para ello las imágenes están envejecidas incluyendo multitud de imperfecciones después de rodarlas, con rayas verticales o los típicos pelos que a veces se ven en las deterioradas copias de los films de cine mudo.
Asimismo los actores, todos ellos amateurs y entre los que aparecen el propio director y el productor del film, logran unas buenas interpretaciones adaptándose a la manera de actuar de esos años, y por lo tanto un tanto exageradas en algunos casos para expresar lo que no podía llegar al espectador mediante los breves intertítulos.
Entrando en la estética del film, es loable el uso de un look que rinde homenaje al expresionismo alemán tan en vigor en esos años (sobre todo en las escenas relativas a los sueños o en la ciudad de R'lyeh) creando una ambientación agobiante y onírica imprescindible para intentar reflejar un mundo extraño y alejado de la realidad conocida. Los efectos especiales son totalmente artesanales, pero efectivos, tanto maquetas, animaciones que incluyen el uso de la técnica del stop-motion, o el uso de planos con picados o contrapicados que junto a una música muy conseguida e inquietante, logran hacer creíble la ambientación fantástica del relato.
¿Pero de qué va todo esto? Pues para ser sincero, es complicado hacer una sinopsis lineal, pues la película utiliza varias historias situadas en distintos puntos del tiempo y a las que accedemos a lo largo de varios flashbacks, además unido todo esto a que gran parte de la historia comprende la explicación de sueños, pero vamos a intentarlo. La trama nos cuenta en primera persona la narración de un hombre acerca de la herencia que recibe por parte de su tío, el Profesor Agnell, experto arqueólogo. Revisando sus papeles, tropieza por casualidad con toda una serie de manuscritos, figuras, recortes de periódicos y cuadernos varios que para su sorpresa comprenden algo tan alejado del campo de estudio de su tío como son los sueños de un tal Henry Wilcon.
A partir de este momento, y a lo largo del resto del film, jugando con flashblacks a lo largo del tiempo, tendremos la oportunidad de conocer como se iniciaron estas investigaciones por parte de su tío, que a lo largo de tres semanas escuchó atentamente las sentidas explicaciones de los extrañísimos sueños de Wilcon, que noche tras noche le sumergían en un mundo desconocido e inquietante. Varios de los recortes recopilados por su tío y contenidos en las carpetas, le dan a conocer toda una serie de extraños sucesos que tuvieron lugar durante la misma época y que junto a unas notas acerca de un relato de un tal Inspector Legrase ocurridos 17 años antes del caso Wilcon (aquí dentro hay otra subtrama con otro flashback pero que no voy a desvelar por su importancia), ponen de manifiesto la posible existencia de un culto que adora a un ser llamado Cthulhu. Poco a poco el ir relacionando hechos y atando cabos, le permiten de igual manera que le pasó a su tío, abrirle el conocimiento de una realidad difícil de aceptar y que a todos los que se han acercado a ella, ha acabado por conducirles a la desesperación y la locura.


Una película creada por fans con mucho cariño, respeto por la obra de Lovecraft y ganas de llegar a otros fans y a todos los amantes que se precien del cine fantástico con un relato que era muy difícil de plasmar en imágenes, pues la obra original se basaba en la lectura de supuestas cartas, recortes de periódicos y una complicada narrativa. Me costaría recomendarla a casi todos mis conocidos, porque sé que dificilmente la apreciarían en su justa medida, pero sí creo que merece la pena verla tanto por su notable estética, interesante estructura narrativa, un trepidante ritmo que ha hecho que se me pasara volando y sobre todo por una historia que no deja indiferente.



lunes, 24 de octubre de 2011

THE ARTIST (L' ARTISTE) (2011)


En un programa tan extenso y variado como es el del Festival de cine Fantàstic de Sitges actualmente, cada vez es más normal encontrarse películas que se escapen del género del fantástico, pero que atesoran razones más que suficientes para haberse ganado el derecho a estar presentes. Este es uno de los casos en los que he agradecido la inclusión de esta pequeña y sorprendente joya del cine francés, pues es sin duda alguna la mejor película que he visto a lo largo de este año. Nos encontramos en Hollywood en el año 1927 donde George Valentin (Jean Dujardin) es una gran estrella del cine mudo, y cada nueva película suya es un éxito seguro de taquilla. Durante el estreno de su último trabajo y mientras posa para la prensa, tiene un divertido choque fortuito con una joven soñadora llamada Peppy Miller (Bérénice Bejo), y que es recogido por los periodistas que cubren el evento y portada al día siguiente de muchos periódicos. Con algo de ayuda por parte de George, la joven ve con sorpresa que su sueño de formar parte de la industria del cine se empieza a hacer realidad, iniciándose a partir de ese momento una carrera ascendente junto a su benefactor.
Solo dos años después, en 1929, los estudios para los que trabaja George, deciden que es el momento de abrir nuevos caminos dejando de lado el cine mudo para empezar la era del sonoro, cosa que implicará el inicio de la decandencia en la carrera de un galán como Valentin.
Es impresionante hoy en día en que el cine se ha convertido en muchas ocasiones en una mera exhibición de efectos especiales completamente hueca por dentro y sin más interés que el de apabullar al espectador y a poder ser en 3D, la aparición de una película que no solo retrata los años 20, sino que lo hace como una producción de esa época, es decir, en blanco y negro, con un formato de pantalla de 4:3, muda con los rótulos tan típicos de entonces y con el acompañamiento de una orquestra. En la historia del cine podemos encontrar algunas obras que han intentado reflejar este conflicto al final de la era del cine mudo -como la genial El crepúsculo de los dioses, o Cantando bajo la lluvia, y el consecuente fin de la carrera de muchas de sus estrellas que fueron reemplazadas por nuevos actores y actrices o que simplemente no supieron adaptarse a los nuevos tiempos con el cine sonoro y cayeron en el olvido. Creo sinceramente que The Artist se puede considerar una pequeña obra maestra que nos traslada a la época dorada de Hollywood, pues toda ella huele a clásico, una referencia imprescindible a partir de ahora para todo cinéfilo que se precie.
La crediblidad que desprende la película desde el primer fotograma es la clave de su éxito, pues realmente nos llegamos a creer que estamos viendo un film de época, con una gran ambientación, un elegante blanco y negro (pero salpicado de rayadas como si de una copia antigua se tratara), y por encima de todo porque el reparto actua como se solía hacer, exagerando la gestualidad para poder transmitir los sentimientos que la situación requería y que los breves rótulos no podían trasladar al espectador. Es aquí donde destaca la excelente labor de los actores, con una sublime actuación por parte de la pareja protagonista y con algunas escenas para enmarcar (su encuentro inicial, la imitación que se marcan sin verse las caras, el rodaje de su primera película juntos repitiendo una y otra vez la misma secuencia o ese largo abrazo al abrigo) por nombrar algunas. Las imágenes son preciosas y desprenden una emotividad, inteligencia y buen hacer, que me han hecho pensar en algunos grandes clásicos del cine mudo de Chaplin y como lograba transmitirte esos sentimientos.


Como la historia comprende el periodo de 1927 hasta 1932, podemos decir que hay una primera mitad muy alegre y divertida donde predomina la comedia, que nos hace reír continuamente con el ambiente desenfrenado de los locos años 20 (y con ese perrillo tan gracioso que le acompaña siempre), pero que cambia para ponerse más seria y con tendencia al drama a raíz de una fecha que cambió el panorama mundial como fue el crack del 29 que se sumó a este cambio con el cine sonoro.
Ambas funcionan muy bien, pero la primera es tan y tan buena, que la impresión que puede llegar a dar es que baja un poco el nivel en la segunda parte. Sin embargo y una vez terminada de ver y analizándola en su justa medida, uno se da cuenta de la necesidad de este cambio de ritmo y de tono para hacer más patente aún lo que se quiere llegar a explicar.
Sorprende que un director con tan poco bagaje como Michel Hazanavicius haya sabido rodarla con tan buen gusto y un ritmo perfecto demostrando saber que quiere contarnos y como hacerlo para llegar hasta nosotros (inolvidable la secuencia en la que por primera vez oímos un sonido, un vaso, con el anuncio de que van a rodar con sonido) y empaticemos con lo que vemos en la pantalla. Regalándonos además algunas sorpresas a lo largo del metraje.
Lo dicho, un gran descubrimiento que es un oasis en medio del cine palomitero-comercial que impera hoy en día, y que aconsejo para todo el mundo que tenga un mínimo de buen gusto por el cine de verdad.
 

miércoles, 15 de junio de 2011

EL SÉPTIMO CIELO (1927)

Situados en los bajos fondos de París en fechas cercanas al inicio de la Primera Guerra Mundial, tenemos a dos hermanas que sobreviven como pueden en esos barrios pobres, por un lado Diana (Janet Gaynor), una joven con cara de ángel y de muy buen carácter, y por otro a su hermana mayor Nana (Gladys Brockwell), medio borracha y adicta a la absenta, que no duda en maltratar tanto física como mentalmente a la pobre Diana para descargar su frustación.
Un día en plena calle y recibiendo una paliza más, será rescatada por Chico (Charles Farrell), un humilde limpiador de alcantarillas que sueña con llegar a ser barrendero. Será el mismo Chico quien evitará un poco más tarde que Diana sea detenida por vagabunda al ser acusada por su propia hermana, diciendo que está casado con ella. La policía le hace saber que comprobará que la información que ha dado sea verídica, por lo que se verá obligado a acoger a Diana en su casa hasta que haya pasado el detective de la policía. Un sencillo piso situado en Montmatre, en la séptima planta de una desvencijada casa, pero que a Diana desde el primer momento le parece estar en el séptimo cielo.
Con una historia muy sencilla, con premisa típica donde las haya en el cine mudo (me recuerda a muchas de Chaplin en este sentido), con jovencita en apuros rescatada por un valeroso joven y enamoramiento de por medio, El séptimo cielo consigue por otro lado crear una tierna historia que logra cautivarte a medida que va desarrollándose.
Los personajes como suele pasar en el cine mudo tienden a estar sobreactuados para suplir la falta de diálogos, pero realmente hacen unos buenos papeles. Mención especial para la actriz Janet Gaynor, quien consiguió ese año 3 nominaciones como mejor actriz (un récord inigualable) y se llevó la estatuilla dorada por su interpretación en esta película. Charles Farrell sabe dar vida a un hombre con un afán infinito de superación y que contagia ese entusiasmo a su enamorada, consiguiendo convertirla en toda una luchadora, y también destacar el bonachón del conductor del taxi, que es entrañable. A nivel técnico es excelente, tanto decorados como el manejo de la cámara, donde con algunos travellings (la persecución de las dos hermanas por la calle con un ritmo altísimo para la época) o la ascensión por la escalera hasta llegar al piso de Chico con la cámara subiendo al mismo ritmo que los personajes, son algunos ejemplos en este apartado.
Hay otras escenas destacables como la de los taxis cargando soldados que está muy lograda (hecho real que ocurrió en 1914, cuando se confiscaron los taxis de la capital parisina para trasladar soldados al frente e intentar frenar a las tropas alemanas) o en general las que reflejan la vida en las trincheras.
Si algo no me ha gustado ha sido el final (tranquilos que no lo voy a contar), pero que traiciona el desarrollo que nos había mostrado, contradiciéndose en parte para cerrar con un final edulcorado. No sé si esto fue una exigencia de los estudios para cambiar el final lógico que era de esperar de cara a ganarse al público, o si el guión original ya contaba con ello. Sea como sea ese final hace que mi impresión final no sea tan buena como la que me queda del resto del film.
Una obra notable y que merece un visionado para recuperar un clásico del cine mudo, que diez años más tarde tendría un remake protagonizado por James Steward, pero que no llegó a la altura de la original.


martes, 24 de mayo de 2011

EL HOMBRE QUE RÍE (1928)

Igual que El jorobado de Notre Dame (1928), esta historia está basada en un libro de Víctor Hugo y nos sitúa en Inglaterra en 1690. Gwynplaine (Conrad Veidt) el el hijo de un noble que ha caído en desgracia y que será ejecutado cruelmente por el rey Jacob II mediante el brutal uso de la dama de hierro (una especie de sarcófago articulado lleno de pinchos por dentro). Como final de su venganza, venderá al niño a los Comprachicos, unas bandas terribles que se especializaron en esa época en conseguir niños para deformarles la cara y/o el cuerpo para lograr que tuvieran expresiones o formas grotescas, y luego venderlos a ferias como meras atracciones (da grima solo pensarlo). El pequeño quedará deformado para siempre con una perpetua sonrisa en su cara, pero tendrá la fortuna de ser abandonado a su suerte antes de ser embarcado con los comprachicos (excelentes imágenes con el barco partiendo). Deambulando perdido en medio de una tormenta de nieve, encontrará una mujer muerta por el frío que aún lleva en sus brazos una niña ciega recién nacida. Salvándola de morir de frío, acabará llegando hasta la carreta de Ursus, un cómico ambulante quien les dará cobijo y un futuro en el mundo del espectáculo, donde será exhibido para mostrar su deforme rostro, ignorando su condición de noble de la corte. Película extraña donde las haya y que me ha dejado un sabor agridulce al acabarla. Por un lado tiene un arranque fantástico y con una preciosa estética (ver foto con el pequeño vagando entre los ahorcados), un personaje muy bien interpretado por Conrad Veidt (quien llevó una molesta prótesis con hierros fijados en el interior de su boca para crear esa expresión), también una grandísima ambientación, pero tiene un ritmo irregular que hace que la historia se vuelva un tanto lenta e incluso insulsa en ciertos pasajes. Como marcaban los cánones de la época, también hay una historia de amor y en esta ocasión a tres bandas, pero que no son lo más interesante de la obra. La definición de los
personajes es buena y destacaría a parte del protagonista (su tristeza interior nunca puede ser expresada con facilidad por su deformidad facial, pero sabe transmitirla), a Olga Blacanova en su papel de condesa, con un personaje muy, muy sensual para la época, con una lograda escena de un desnudo (mientras es espiada por la cerradura de su habitación cuando toma un baño) y que fue censurada en su momento, o el viejo Ursus, muy expresivo para la época.
La película es muda, pero nos encontramos justo en la frontera de cine mudo/cine sonoro, y aunque el director, proviniente del expresionismo alemán, la rodó como muda, se le añadieron efectos de sonido a posteriori (por ejemplo en escenas con mucha gente se incluye un griterío o todo tipo de sonidos como cadenas o lo que conviniera en la escena, incluso música), que chocan con los típicos carteles de intertítulos tan típicos del cine mudo. El personaje está claro que inspiró a uno de los archienemigos de Batman, el Joker, y es que esa sonrisa es inconfundible hoy en día (el propio creador de este personaje reconoció haberse inspirado en esta película para crearlo). Una propuesta interesante, aunque no un clásico imprescindible en mi opinión.

lunes, 23 de mayo de 2011

SPIONE (1928)

Una organización criminal está sembrando el terror al perpetrar una serie de robos y atentados contra algunas embajadas y mandatarios para robar documentos secretos, poniendo en peligro la seguridad de estos países. El jefe de los servicios secretos encargará a su mejor hombre (el agente 326) que investigue y desenmascare quien está detrás de todo esto.
Por su lado, Haghi, el terrible jefe de los criminales, pondrá a trabajar a su mejor espía femenina (Sonja) para neutralizar al agente secreto, empezando un continuo toma y daca entre ambas organizaciones para acabar con la otra, pero con un punto que nadie había podido preveer, Sonja y el agente 326 se enamorarán.   
Spione ha sido una película que me ha gustado y sorprendido muy positivamente, pues me negué a leer nada de ella antes de verla para no ir condicionado. Tiene un inicio y una parte final con un ritmo vertiginoso y unas imágenes increíbles, adelantadas a su época. Solo arrancar, los primeros segundos se ven unas manos forzando una caja fuerte y luego como desde un coche asesinan al ministro de comercio para robarle los documentos que lleva, a partir de aquí un buen rato de investigación frenética e ir conociendo a los diferentes personajes, tanto el malo malísimo Haghi, quien dirige con mano de hierro desde su base secreta todos los movimientos de su organización; hasta las diferentes investigaciones de los agentes secretos, capaces de disfrazarse de vagabundos, si cabe, para pasar desapercibidos y evitar ser asesinados como sus compañeros.
Apariciones de dispositivos como mini cámaras, micros, tinta invisible, fichas con huellas dactilares e información de los agentes de la competencia, serán solo algunas de las sorpresas que nos iremos encontrando en una película con casi 85 años a sus espaldas y que hoy en día sigue teniendo una enorme validez. Buscándole algún pero, podríamos comentar que hay un notable bajón de ritmo en la parte central de la película, en el que los dos mejores agentes de ambas organizaciones se enamoran, siendo el tramo que se hace más lento, un tanto pesado y menos interesante del film (tengamos en cuenta que la película con 144 minutos da para mucho, pero era insostenible ese ritmo vertiginoso de inicio).
Por suerte, esto es solo un punto de inflexión y a medida que nos vamos acercando al último tramo, recupera la esencia inicial para volver a dejarnos alucinados con una grandísima resolución. Ver Spione y no darse cuenta que fue fuente de inspiración de futuras películas de espías y sobretodo de una saga com James Bond, sería imperdonable. Todos los ingredientes de la saga del agente británico ya están aquí (y hablamos de 1928). Una organización criminal no gubernamental, el villano postrado en una silla de ruedas con ínsuflas de poder queriendo dominar el mundo, agentes secretos, espías, gadgets de espionaje técnicamente revolucionarios, un enamoramiento entre agentes de diferentes organizaciones, traiciones... vamos, que blanco y en botella. Pero en manos de un genio como Fritz Lang, tenemos un film que va mucho más allá que una de las simples entregas de James Bond, pues está rodada de una manera ejemplar y muy innovadora, y que ha sido objeto de copia hasta nuestros días. Además tiene un espléndido blanco y negro con algunas pinceladas de expresionismo (ver última foto) que le dan el toque definitivo a la película. Durante esos años hubo un intenso espionaje entre las grandes potencias mundiales y Lang supo aprovechar este hecho para crear Spione para retratar esa situación. Para acabar, comentar que la versión restaurada que se puede ver ahora es un montaje de 144 minutos que ha sido un trabajo de chinos, ya que se han utilizado multitud de negativos de versiones mutiladas y en muchos casos con una calidad de imagen muy pobre, pero que tras una intensa labor de restauración, nos permite verla con una excelente calidad. Para todo seguidor de las películas de espías y que quieran descubrir el origen de muchas de ellas es una cite ineludible.



martes, 3 de mayo de 2011

EL JOROBADO DE NOTRE DAME (1923)

Primera adaptación en el cine de este clásico que más o menos todos conocemos de alguna de las versiones que se han hecho.
Bajo el reinado de Luis XI tiene lugar el Festival Anual de los Tontos, donde se busca entre los más tontos y feos del pueblo al rey del año. Quasimodo, un jorobado que vive en lo alto de la catedral de Notre Dame observa al gentío mientras bailan y se divierten, mientras él se desliza por entre las estatuas de la fachada. Por otro lado, una gitana llamada Esmeralda baila en medio de la gran plaza, enamorando al capitán de la guardia y provocando una gran tentación al abad Jehan, quien usará a Quasimodo para intentar secuestrarla, aunque sus planes no le saldrán como él esperaba. Este sería un resumen sin entrar en muchos detalles argumentales que merece la pena descubrirlos mientras la vemos.
Tras acabarla, puedo decir que esperaba un poco más de ella, la tenía bastante mitificada. Tenemos algunos puntos que están muy bien y otros que me rechinan un poco más. Destaco por encima de todo los enormes decorados con la iglesia de Notre Dame muy bien recreada, demostrando que entonces los decorados de algunas producciones eran un trabajo de artesanía monumental y nada de la infonografía con fondos azules que impera en la actualidad.
En segundo lugar la notable actuación de Lon Chaney, encarnando a Quasimodo con un maquillaje casi de cuerpo entero que lo hacen del todo creíble, sobretodo cuando se cuelga de las campanas o bajando por la fachada de Notre Dame.
Por otro lado, entrando en los puntos negativos, son a nivel de actuación principalmente y eso pesa mucho cuando son varios los personajes que fallan: tenemos a la actriz que hace el papel de Esmeralda, que de sensual o de gitana tiene más bien poco y que cuesta creer que producza ese sentimiento de lujuria sobre el abad. El mismo abad no da la talla y no llega a ganarse nuestro odio o transmitir esa personalidad torturada por la tentación que Esmeralda ejerce sobre él. Tampoco el soldado del que ella se enamora me acaba de convencer y el resultado final se resiente sobretodo en las escenas íntimas. Aún así, tiene suficientemente interés como para pasarlo bien viéndola y disfrutar de una muy buena fotografía (aquí se usaron filtros para teñir de azul las escenas de noche, o de un color pálido las iluminadas en interiores, etc... recordándome en este punto a "El gabinete del Doctor Caligari" de 1920). Las escenas rodadas en los exteriores son de lo mejor de la producción dándole un buen toque a la ambientación de la época y las de acción con muchos extras también son muy destacables.
Tengo ganas de conseguir el DVD de la versión de 1939, donde Charles Laughton interpreta a Quasimodo, creo que es la versión más notable que se ha hecho de esta obra. Espero en breve poder comentarla aquí, mientras tanto, a los amantes del cine mudo les recomiendo esta versión para descubrir al actor que dos años más tarde lo bordaría en su papel de "El fantasma de la ópera", esa sí, una joya del cine mudo de terror.

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