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viernes, 6 de septiembre de 2013

INDISCRETA (1958)

Ahora ya sé que no sintonizo con las llamadas comedias sofisticadas o de "humor fino", es un hecho. Y todo se lo achaco a Groucho Marx. Él es el culpable.
Sus enormes dosis de humor irreverente me hacen ver ya a la alta burguesía como una gran farsa, un montón de gente trajeada, borracha de billetes que pasean sus cochazos y sus vestiditos entre copa y copa del mejor champán y que, sin el menor de los Marx de por medio, no me hacen ni pizca de gracia.
Como ya me ocurriera con la tan sobrevalorada  Desayuno con Diamantes, mi acritud hacia el género se refuerza ahora gracias a este film de Stanley Donen, Indiscreta (Indiscreet).
Donen y Grant, se conocieron un año antes en el rodaje de "Bésalas por mi" (Kiss them for me, 1957), en donde ambos se hicieron grandes amigos. A raíz de ahí, crearon su propia empresa de producción cinematográfica, a la que llamaron Grandon (jugando claramente con sus sílabas entremezcladas), para poder filmar sin las típicas imposiciones de los estudios.
De esa manera, llegarían a rodar 3 films conjuntamente. El primero, éste que hoy rescato, filmado en territorio inglés (claro, más económico que en los USA), seguidas de las famosas "Página en Blanco" (The Grass is Greener, 1960) y Charada (Charade, 1963), ésta última ya posteada en el blog.
Tampoco fue casual la elección de la actriz de origen sueco Ingrid Bergman, puesto que Grant se sentía muy cómodo a su lado (digamos que tenían "estaturas compatibles"), y así repetirían aquella química que desprendieron juntos en el film de Hitchcock de 1946, "Encadenados" (Notorious).
Donen buscaba ahora huir de la ordinariez que resultó Bésalas por mi y quiso recuperar una obra teatral de Norman Krasna titulada King Sir, que recordaba de Broadway.
En esa comedia fina, con clase y estilo a la que aludía el cineasta norteamericano, situaba a dos maduritos (ella, actriz de éxito británica, él, un "american playboy" disfrazado de hombre de negocios) en un encuentro casual en Londres, donde se enamorarán a primera vista.

Al principio todo son risas...
Una sobrecargada sala de estar para un sobrecargado espectador


Lamentablemente hay un pero. Él dice estar casado, y por supuesto, ella le cree (aunque siguen adelante con su amor).
Una vez su relación pasa "a mayores", se descubrirá la verdad y el lío está servido. Como podéis ver, estamos ante un guión realmente apasionante, aunque tan sólo en el sentido más estricto de la palabra, por supuesto.
Entiendo que el film (endeble de por sí) se sustente en mayor grado sólo por la presencia de la pareja protagonista; eso sí, ambos ideales en sus roles además de estupendamente vestidos para la ocasión. Pero si echamos un vistazo en profundidad al resto de aspectos, vemos como la cosa no aguanta demasiados análisis.
Un exceso de sofisticación acaba por empañar casi todas las escenas del film, donde encontramos un barroquismo formal irritante (¿pueden haber más adornos en una pared o encima de una mesa?) y una sensibilidad harto teatral, seguido de un incesante y cansino entrar y salir de puertas muy al estilo Hawks (pero sin su talento).

Un fantástico recurso para meterlos en la cama
El amor es tan fuerte que ya duele
El supuesto humor o comicidad de la cinta brilla por su ausencia, y sólo les hará cierta gracia a esos mitómanos incondicionales de la pareja, porque no paran de acaparar planos. De todas maneras, insisto en que ellos son el salvavidas del film, ya que protagonizada por cualquier otro dúo, seguramente hubiese sido defenestrada ipso facto.
Su moralizante historia alrededor de gente pudiente que se compran yates, van al ballet y viven en hoteles de lujo (sin ápice crítico por ningún lado) en vez de agradarme me ofusca, como lo hizo Audrey Hepburn desayunando delante de su joyería favorita en Manhattan. Me supera, me irrita. No puedo evitarlo.
De todas formas, haciendo un titánico sobreesfuerzo por conectar con el propósito del film, puedo vislumbrar una muy buena dirección artística, una elegante (aunque recargada) puesta en escena y 3 secuencias para recordar: El "grouchiano" baile escocés de Grant (una joya), el recurso anticensura split-screen de Donen para meterlos a ambos entre sábanas (excelente), o la inquietante secuencia del paseo por Londres, donde un coche de seguridad les acompaña sin descanso por las oscuras calles británicas.
Como es costumbre, sufrió un remake en 1988, de mismo título pero factura televisiva. Sin ningún interés imagino...no he tenido el honor.

El simpático momento de Cary Grant y su bailecito
La escena final, todo un desengaño....o no.
Para terminar, citaré una frase del cuñado de Ingrid Bergman en el film, cuando dirigiéndose a su mujer en pleno baile le dice:
- Yo soy muy viejo para este tipo de fiestas......¡siempre lo he sido!.


sábado, 10 de diciembre de 2011

MEDIANOCHE (1939)

De nuevo el dúo de guionistas Wilder-Brackett en plena efervescencia de sus facultades narrativas, pero en esta ocasión bajo la batuta del hábil Mitchell Leisen
La película "Midngiht" relata la historia de Eve Peabody (Claudette Colbert), una chica despreocupada y aventurera que llega en tren a París desde Montecarlo, donde había perdido hasta sus maletas en las apuestas. Sin un dólar en el bolsillo pero con una enorme ilusión por triunfar en la capital francesa, enreda a un amigable taxista para que le ofrezca viajar remunerándole más adelante, cuando ella consiga algún trabajo (mucho me temo que hoy en día no sería tan sencillo convencer a nadie de esa manera).
Tras visitar algunos clubs de la ciudad (incluido el Moulin Rouge) sin encontrar una oportunidad de empleo, el caballeroso taxista Tibor (Don Ameche) la invita a cenar y le sugiere que pase la noche en su casa, ya que está siendo una lluviosa tarde en París y ella pensaba quedarse en la estación pasando frío.
                                Eve prefiere declinar su "honrada" oferta y acaba colándose en una fiesta de alto copete gracias a una falsa entrada. Es ahí cuando se hará pasar por la Baronesa Czerny (el apellido del taxista, de origen húngaro) y entrará incluso a jugar una timba de póquer junto a varios millonarios. Gracias a la ayuda del señor Georges Flammarion (John Barrymore, un actor espléndido pero de incurable alcoholismo), su mala suerte habrá terminado, pues inesperadamente tendrá chófer, habitación en el Ritz y dinero para gastar. Sólo habrá una condición, que es seducir a Jacques Picot, amante de la Sra. Flammarion y pesadilla del bueno de Georges.Mientras tanto, el enamorado taxista Tibor decide buscarla por toda la ciudad para tenerla entre sus brazos, convencido que es el amor de su vida. Esta comedia de enredos de finales de los años 30 me ha sorprendido muy gratamente, y ya no sólo por un incontestable encanto cinéfilo o una atractiva historia romántica (nada empalagosa, todo sea dicho), si no también por esa magia tan difícil de conseguir en el cine y que se debe a una soberbia realización y a un general estado de gracia.
Recordará mucho al cuento de la Cenicienta, pero aquí narrado desde un prisma más adulto y saltándose las patrañas infantiloides que adornaban ese cuento, que sin duda, dotan a esta cinta de una personalidad muy estimable, de auténtico clásico cinematográfico.
La Colbert aquí está excelente, dejando joyas a su paso como la escena del sillón en la fiesta, de soberbia gestualización e increíble comicidad o lo divertida que está cuando juega al cortejo con el señor Picot, rendido a sus pies antes de tiempo.
El actor John Barrymore, pese a sus descarados altercados con el alcohol que entorpecieron el rodaje, nos deja una magnífica interpretación, repleta de énfasis mesurado y control de las emociones, una clase magistral de un individuo con las facultades mermadas por su enfermedad. Una de las anécdotas más divertidas de la realización del film es, según cuenta Wilder, los pormenores que sufrieron con los productores de la Paramount.
Una vez acabado y enviado el guión a los productores pertinentes, les dijeron que era necesario retocarlo, pues tenía pequeños matices que debían cambiarse. Lo curioso viene cuando los escritores encargados de la reescritura, sin saberlo la Paramount, eran los mismos Wilder-Brackett, que lo pasaron a limpio y presentaron exactamente igual, teniendo entonces el beneplácito de sus productores. Un absurdo criterio puesto en evidencia.
Podemos decir entonces, que esta Medianoche, es una comedia inteligente con toques sofisticados (grrr..) pero de incunable valor. Una espléndida película que debe verse en versión original, y no únicamente para comprobar los diferentes acentos ingleses de la sociedad francesa, sino por evitar bajo cualquier circunstancia, el paupérrimo sonido en castellano que lleva el DVD, repleto de ruidos confusos y maltratado hasta el hartazgo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (1938)

Primera colaboración del director Ernst Lubitsch con el tándem de guionistas formado por Charles Brackett y Billy Wilder (repetirían equipo una vez más con Ninotcha un año después) y una de las comedias menos conocidas del autor alemán.
En una "boutique" de la Riviera francesa conoceremos a Michael Brandon (Gary Cooper muy adecuado para este papel), un multimillonario americano que anda en busca de un pijama pero que tiene una peculiaridad, únicamente quiere la parte de arriba. Tras la lógica consulta del dependiente con el encargado de sección, y éste a su vez con su superior y éste a su vez con el dueño del establecimiento (delirante escena ésta, mostrando al jefazo sin pantalones de pijama en su casa), le deniegan su propuesta. Es ahí cuando aparece Nicole (Claudette Colbert) y le propone comprarlo entre los dos, pues a ella tan sólo le interesa la parte de abajo.
Nicole resulta ser la hija de un aristócrata francés empobrecido que ansía elevar su status social y olvidarse de sus deudas. Michael, atraído por la atractiva francesa persuade a su padre y le ayuda en sus finanzas (bueno, le compra una antigüedad en forma de bañera) para poder tener cerca a su soñada Nicole. Tras algunos encuentros entre ambos algo inusuales, ella accede a casarse pero confiesa abiertamente que tan sólo lo hace por su fortuna. Por su parte, Michael ya conoce bien el matrimonio, con 6 divorcios a sus espaldas más un enviudamiento.
La farsa matrimonial es el motor narrativo del film, que criticará (con el lenguaje cinematográfico de los años 30, evidentemente) los pros y contras de un matrimonio de conveniencia de la alta sociedad. Sin la irreverencia de un Groucho Marx ante esos asuntos, el tema se resuelve mediante un tono cómico muy suave, sofisticado podríamos decir.



Su riqueza de guión y unas buenas interpretaciones por parte de la pareja protagonista (mejor Cooper que Colbert en mi opinión) hacen de esta película una delicada y sutil comedia rica en matices pero ácida y atrevida para aquellos tiempos (sobre todo en el aspecto sexual, con azotes incluidos). Sin duda, notamos la pluma de Wilder en muchos momentos (la escena inicial del pijama es una experiencia personal suya) y eso es signo claro de calidad argumental, aderezada además con una dirección artística de un talento evidente. Filmada en un contexto esnob  y con ostentosos interiores, es una clara declaración de intenciones para el incisivo Lubitsch, que dispara más certeramente sus envenenados dardos hacia esas desalmadas sociedades en medio de ese planteamiento.
Esa misma templanza a la hora de contemplar su puesta en escena, contenida y estudiada, pienso que a veces juega en su contra, destapándose como una película estructuralmente inflexible, siempre con un tono monotema y carente de mayores sorpresas.
Sus apacibles 80 minutos se hacen reconfortantes de todas formas, pues sin estirar la idea hasta los límites del cansancio y manteniendo un pulso bien firme, consigue dejar una atmósfera muy cómica, sin casi pretenderlo.Afortunadamente, el desenlace del imposible matrimonio acaba por derroteros muy simpáticos, llegando a la locura de psiquiátrico por parte de él y a un grado máximo de manipulación por parte de ella, haciendo de su juego final un disfrute para el espectador.
Como me declaro poco defensor de las comedias sofisticadas (y si no, mirad mi experiencia con Desayuno con Diamantes) el asunto no me enamora o cautiva lo suficiente como para adorarla, pero comprendo su inteligente despliegue y pretensiones, así como algunas muestras de brillantez cinematográfica.
Anecdóticamente me quedo con una pequeña broma al comienzo del film, donde en un cartel de la "boutique" francesa antes citada, reza lo siguiente:
Hablamos Alemán, hablamos francés, hablamos inglés y entendemos americano. Muy Wilderiano, sin duda.

miércoles, 10 de agosto de 2011

¿QUÉ OCURRIÓ ENTRE MI PADRE Y TU MADRE? (1972)

De nuevo el tándem Wilder-Lemmon se reune en una nueva comedia con toques románticos pero repleta de un sutil humor negro.
Basada en una obra de teatro de Samuel Taylor, la cinta narra el viaje de Wendell Ambruster (Jack Lemmon) a Italia debido a la trágica muerte de su padre en un accidente automovilístico.
Wendell es un businessman americano acostumbrado al ritmo frenético e impersonal de su país, y será lo primero que le chocará de la Italia sureña, que tiene un contraste tremendo por su serenidad y parsimonia propia de la mayoría de países mediterráneos. Su llegada al hotel dónde siempre se hospedaba su padre dará lugar a un descubrimiento sorprendente, tenía una amante y se citaba con ella cada año en las mismas épocas, además de ir con él en el trágico accidente, perdiendo también la vida. Conocerá entonces a la hija de aquella, la británica Pamela Piggot, una mujer que irónicamente entrará en el juego del love/hate con Wendell tal y como hicieran sus progenitores. La lentitud burocrática del lugar ocasionará no pocos altercados y para más inri, desaparecerán ambos cadáveres, alargando su estancia obligatoriamente.
La película, titulada simplemente Avanti! en su original (se repite constantemente en el hotel esa palabra) es divertida en su mayoría, pero peca de lo mismo de siempre, un metraje en exceso estirado. Quién decida recorrer 140 minutos acompañado de Jack Lemmon y Juliet Mills no se arrepentirá, ya que consigue transmitir perfectamente su tortuosa y divertida relación, alzando nuestra empatía por ellos.
Resulta gracioso como un europeo trasladado a América (Billy Wilder era austriaco) explica al público yanki que la vida mediterránea es mucho más aconsejable, alejada del estrés y viviendo más profundamente sus vidas. No sé si fue su intención, pero por supuesto, se respira ese mensaje constantemente, sin faltar el respeto a los lugareños (bueno, tal vez un poquito...).
Los cimientos, como suele ser costumbre en el cineasta, son los diálogos, que acompañados por lujosos parajes y bonitas localizaciones, definen un momento y una época deliciosamente, de manera imperecedera incluso.Vino a nuestro país censurada, pero al fin podemos disfrutarla íntegramente y poder verle el trasero al bueno de Jack, como si eso tuviera que ser censurado... lamentable y vomitiva censura, nunca me cansaré de repetirlo. La compañera de reparto de Lemmon (él está perfecto, como era costumbre) era Juliet Mills, que engordó más de 10 kilos en un mes y medio por exigencas del guión, (una verdadera locura insana) pero logró una caracterización alegre y con matices de una personalidad cercana, un digno trabajo de interpretación.
Una pieza más en el magistral puzzle filmico de un cineasta irrepetible, que según Trueba, era Dios.
Que no asuste demasiado su duración, porque en contraste con su calidad, pasa a ser un problema menor, aunque a un servidor un tijeretazo de 30 minutos le hubiese venido bien. Es mi opinión.

viernes, 5 de agosto de 2011

SIN COMPROMISO (2011)

El cineasta Ivan Reitman siempre ha tenido cierta inclinación hacia las comedias, dejándonos joyitas imperecederas como las dos partes de Cazafantasmas (recientemente anunciada además su tercera entrega en 2012 con el mismo reparto, incluido Murray), El Pelotón Chiflado, Los Incorregibles Albóndigas y algunas con menos fortuna como sus trabajos con Schwarzenegger, véase Los Gemelos Golpean Dos Veces, Junior o Poli de guarderia (aunque esta última haya envejecido mejor en mi opinión). Es indudable que son títulos de cierta resonancia social y que el hecho de que todos conozcamos su existencia, es señal inequívoca de una loable capacidad comercial por parte de su realizador.
Ivan Reitman
Un director que sabe usar su cámara para contar historias convencionales con elegante comicidad y sin buscar la crítica, tan sólo trata de hacer pasar un buen rato al espectador y arrancar sonrisas a través del cachondeo más sanote (estaremos todos de acuerdo que de vez en cuando sienta bien una pizca de ese cine).
Su último proyecto, Sin compromiso reúne a tres actores bien conocidos (Natalie Portman, Kevin Kline y Ashton Kutcher) para relatarnos una historia simple pero emotiva y cargada de buenas ondas.
Emma y Adam (Portman y Kutcher tan sonrientes y pulcros como de costumbre) son dos amigos que tontean desde pequeños y que gradualmente se han ido encontrando en diferentes circunstancias sin perder esa chispa mutua que ambos detectaban.
Un encuentro sexual fortuito ya de adultos les obliga a replantearse su relación, que queda sujeta a mantener únicamente relaciones carnales esporádicas sin complicaciones sentimentales (sugerido por ella, hecho que resta veracidad al argumento, sin duda). Como ya podéis suponer, esta premisa da para horas y horas de metraje anodino y cientos y cientos de situaciones aparentemente divertidas, pero para sorpresa de algunos, no acaba siendo ninguna tortura inaguantable.
Quizás lo realmente sorprendente del film sea que el acabado está por encima de su explicación argumental, ya que sirve de bandeja para contarnos personajes con cierta profundidad y disparidad de personalidades a cuál más entretenida, siendo finalmente un producto exageradamente comercial pero que mantiene el tipo ante las reaccionarias y preconcebidas críticas al género romántico.La presencia del estimulante Kevin Kline dota la película de su sempiterna hilaridad, y otorga confianza y firmeza a la pareja protagonista para que incluso sepan satisfacer los paladares más resabiados. Todos sabemos que la Portman puede dar más de sí, pero parece no querer ensañarse con el pobre Kutcher, que anclado en un mismo registro continuamente, auguro que no conseguirá zafarse de esos papeles en lo que le quede de carrera.
No pondré en duda la funcionabilidad de la maquinaria hollywoodiense, que sabe hacer este tipo de producto una y otra vez, pero que de vez en cuando la fórmula sabe mejor que nunca, como es el caso. Recomendable para pasar un rato agradable, sin forzar neuronas ni pasar vergüenza ajena, se trata, eso sí, de un fast-food hecho film.
Para terminar, destacaré que el entrañable Reitman hace un cameo en el film como director de Kutcher y que fue, en su día, el principal productor para la tercera entrega de las peripecias sexuales de Ilsa, todo un cambio en sus registros sin duda.

martes, 2 de agosto de 2011

EL MAYOR Y LA MENOR (1942)

La primera película de Billy Wilder en Estados Unidos le sirvió para ganarse a las tropas militares desplegadas durante la segunda guerra mundial, y así adoptar un patriotismo cinematográfico muy inteligente que le allanó el terreno para después tener la oportunidad de filmar sus películas más personales. Sin embargo, no se trataba de un encargo, ya que fue una adaptación de una obra llamada Connie goes Home, que provocó serios problemas al cruzar la frontera americana, tildando a la obra de contenido inapropiado, al jugar con las relaciones de un cargo militar con una supuesta menor. El relato nos presenta a Susan Applegate, una veinteañera que pretende abandonar Nueva York y volver a su casa de Iowa, ya que la gran ciudad no le ha servido para prosperar como ella quería. Siempre había guardado el importe exacto para su vuelta en tren a Iowa, pero al enterarse de una subida de las tarifas, decide hacerse pasar por una niña y así pagar el precio infantil.
Ya en el tren, se verá obviamente perseguida por los revisores, y tras darles esquinazo, topará con el mayor Kirby, que sin quererlo, la ayudará sin percatarse de su tramposa argucia. La joven Applegate entrará en una dinámica de mentiras y engaños que le será difícil sostener, causando no pocos malentendidos entre las tropas y sus atrevidos soldados, todos atrapados por su belleza y encanto. La historia entre el honrado Mayor y la crecidita Susu da lugar a confusiones varias, pero Wilder lo enfoca todo desde el punto de vista de una niña y jamás pretende otra cosa, pese a algunas sutilezas muy necesarias. En sí, la película juega en todo momento con la idea de su extraordinaria relación, haciendo sentir culpable a Kirby, que percibe una atracción inconfesable pero que se mantiene inmutable. El jugueteo entre los dos cosquillea constantemente con la censura, pero sabe jugar sus cartas para hacernos ver todo lo necesario sin caer en el error de mostrar más de lo esencial, demostrando una inteligencia asombrosa por parte de su realizador.
El film padece constantes faltas de sentido que sólo con nuestra incondicional aprobación puede ser digerida, entendiendo su año, sus intenciones y sobre todo, las actuaciones meramente divertidas de la pareja protagonista. Esas mismas interpretaciones son los pilares de esta comedia, con una Ginger Rogers acaparadora que en todo momento se lo pasa en grande con su imposible caracterización, y con un Ray Milland que consigue una mezcla de sobriedad militar e ingenuidad enamoradiza impagable. En resumen, se trata de una realización en clave de comedia que no es ni de lejos lo mejor de Billy Wilder pero que sí dota a su carrera de diferentes registros fílmicos para más adelante rodar sus obras maestras.
Simpática, despreocupada, improbable pero a su vez entrañable producción que seguro hizo disfrutar a los desplegados en aquella innecesaria guerra que robó tantas vidas y que aún consigue mantenerse fresca casi 70 años después.
Debo subrayar que la duración es correcta (a veces Wilder cometía el error de superar los 130 minutos, como en Irma la Dulce), su visionado es fácil, mantiene un ritmo constante, que sin ser lo mejor, nos distrae lo preciso, y que alcanza un buen nivel de calidad acompañado de dos simpáticas caracterizaciones. Una pequeña joyita dispuesta a ser paladeada con un poco de nuestro apoyo.

jueves, 30 de junio de 2011

SECRETOS COMPARTIDOS (PRIME) (2005)

La comedia romántica suele ser un género de fácil digestión que permite a los grandes actores tomarse un respiro entre sus agotadoras inmersiones en personajes de complicados registros y además, sacarse un sueldo atractivo sólo con presentarse en plató. Únicamente en casos excepcionales (Woody Allen, Billy Wilder...) el género se transforma positivamente y logra exprimir sus posibilidades con garantías de éxito. La comedia que hoy traigo es un raro ejemplo de personajes bien dibujados y argumento más que válido adornado de comedia resultona, que sin embargo nos da una de cal y otra de arena.
Estamos en Manhattan (idóneo lugar para este tipo de cine), y nos presentan a Rafi, una productora de fotografía de 37 años que acaba de divorciarse y acude a su psicoanalista. Los consejos que le da la profesional (una Meryl Streep perfecta en su papel) son básicamente que vuelva a empezar, que disfrute de los momentos que le ofrece la vida y que su edad no debe ser un impedimento para conseguir nuevos amores.
Decidida a hacerle caso conocerá a David, un joven pintor de 23 años que se siente también atraído por ella, y pese a su diferencia de edad, comienzan una relación. Lisa, su terapeuta, verá con buenos ojos este nuevo affair y animará a la alegre Rafi que siga adelante, sin miedo y con energía.
La cosa se enturbia cuando se descubre que David es en realidad el hijo de su psicoanalista, dando lugar a situaciones de estupenda comicidad y abierto análisis generacional.
La baza principal es el juego de edades, con una Lisa rondando los 60, una Rafi de casi 40 y un adolescente de 23, todos entrelazados en un mismo dilema visto desde diversas perspectivas y culturas.
Lo cierto es que se asemeja a comedias de mayor renombre, y quizás me haya dejado regusto a Woody Allen, probablemente por su toque judío, pero le sobra sentimentalismo fácil y le falta arriesgarse e ir más allá. Las consecuencias del entuerto son divertidas, y crea una relación a tres bandas de verdadero disfrute, siempre y cuando el pilar sea el diálogo, ya que pierde gas en cuanto nos intenta envelesar con exceso de ternura y corazón.
Una de tantas situaciones -para mi la mejor- ocurre cuando Rafi (Uma Thurman) le confiesa sus intimidades a Lisa con su hijo, hablándole de su pene, de su manera de hacer esto y aquello, describiéndole todo en desmesurada confianza y narrándole demasiados datos sonrojantes. Una delicia ver las caras de la Streep, demostrando su colosal talento.
En fin, poco más se le puede pedir al film, momentos cómicos, relación de amor imposible y algo de sentimentalismo desbordado que acaba por resultar agradable pero carente de espíritu duradero, ya que con total seguridad no alcanzará ni renombre ni merecimiento.
Subrayaré el hecho de que su título anglosajón -Prime- hace referencia directa a las edades de sus protagonistas, 37 y 23, ambos números primos. No es demasiado original, pero es lo que hay.

jueves, 16 de junio de 2011

IRMA LA DULCE (1963)

Una nueva lección de cine del maestro Billy Wilder, que vuelve a demostrar su colosal talento en las comedias románticas que otrora invadieron las pantallas del mundo entero. Esta vez nos narra la relación que surge entre un gendarme incorruptible, Nestor Patou (como no, a merced de su actor fetiche Jack Lemmon, de nuevo pletórico) e Irma, una prostituta muy sagaz interpretada hábilmente por Shirley MacLaine, que tras comenzar de la peor manera (él se saca de la manga una redada que le cuesta el despido) entrelazarán sus vidas creando una comedia que hoy día consideramos un clásico. Situados en el parisino barrio de "les Halles", el despechado policía se irá prendando de Irma poco a poco, y casi sin darse cuenta, se convertirá en el "protector" de esa mujer de mala vida que en su momento tanto despreció.
Una vez descubre que se ha convertido en un mantenido, recelará de cualquier cliente que pague por sus servicios y cavilará un plan para únicamente ser él su fuente de ingresos, fingiendo ser otra persona e inventándose al señor Lord X, un sir inglés refinado y ricachón que con 2 servicios a la semana pagará más que suficiente dinero para que no atienda a más clientes (además, sin consumar relaciones íntimas, sólo juegan al solitario... los dos!!).
Los personajes principales (Nestor e Irma) resultan excepcionalmente cómicos, pero se verán acompañados de un secundario de auténtico lujo, el propietario del bar de enfrente, el señor Moustache, que nos regalará posiblemente las mejores conversaciones del film (este papel iba a ser para Charles Laughton, pero falleció antes de poder rodarlo, al igual que Marilyn Monroe, que tenía el rol de Irma, pero también pereció tempranamente).
En conjunto esta obra proviene de un musical, pero no era un género en el que Billy Wilder se sintiera cómodo y lo adaptó magistralmente a una comedia, que por otro lado, tan bien le sienta a la pareja Wilder-Lemmon, ambos ya legendarios.
Lo más reprochable del film sería su estirada duración (casi 150 minutos) que consiguen desencantar el tramo intermedio de la película, anclándose demasiado en la pérdida de valores del protagonista y perdiendo el fuelle cómico, que hasta ahora dominaba la cinta. Pese a levantar el vuelo más adelante, se ve afectada por ese bajón y lastima mi valoración final, que aún siendo magnífica, hubiera podido ser sublime.
Contiene unos títulos de crédito entremezclados con escenas de Irma y sus clientes dignos de alabar, y una ambientación tan alegre como dinámica, visualmente agradable. Es a su vez, la primera película para un novatillo James Caan (hace de soldado) y cuenta con la presencia de un también imberbe Bill Bixby, como tatuado marinero de bar.
Aquí tenemos pues una excelente comedia con atractivos personajes que deleitará al paladar más fino y también a los menos exigentes, ya que enamora por igual a todos los públicos.
Subrayaré el curioso tráiler original de cine, realizado con animación -muy simpático- el enigmático pasado lleno de experiencias irreales de Moustache (divertidísimos) y el comentario que realizó el propio Wilder de su propia película :
-Simplemente, no acabó de funcionar! -
Nosotros creemos que sí, pero con media hora menos de metraje Sr. Wilder.....

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