Mostrando entradas con la etiqueta CRIMEN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRIMEN. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de diciembre de 2018

THE EYES OF MY MOTHER (2016)

Al joven neoyorquino Nicolas Pesce (con tan sólo 25 años) le debemos la sesión más inquietante del festival 2016 gracias a su inolvidable ópera prima "The eyes of my mother". Un sorpresón que anunció, sino confirmó, un nuevo talento emergente para nuestro deleite en las siguientes décadas, pues es un excelente ejemplo de alumno aventajado (en la opinión del que aquí, humildemente, aporrea el teclado), y que en él recae en este cercano 2019 el remake de "La maldición", la ya clásica cinta de horror nipón de Takashi Shimizu.
Pesce nos obsequió con una trágica y tremebunda historia de una familia de campo americana, y nos permite fisgonear en la vida de una mujer imposible de olvidar, de nombre Francesca.
De niña, Francesca, estaba muy unida a sus padres y en especial a su madre, que además hacía las veces de profesora. Una tranquila tarde como otra cualquiera, un extraño se acerca "amablemente" a su casa y pide ir al baño. Nadie esperaba que poco después, la pobre niña sería testigo de brutales asesinatos, torturas y carnicerías extremas en absoluta conmoción; lo que le llevará, ya en su edad adulta (interpretada por la muy inquietante Kika Magalhaes), a ser una mujer peligrosamente inestable, altamente perturbada, solitaria y dueña de uno de los comportamientos más desquiciados que el cine recuerde.
Si a esta durísima historia de psicologías anómalas, le sumamos además una puesta en escena compuesta por un inesperado (pero genial) tratamiento del blanco y negro, con movimientos de cámara suaves, casi quirúrgicos, y una ambientación sonora tremendamente acertada, tenemos el shock asegurado.


Nicolas Pesce mueve su cámara hacia una vida tan fuertemente golpeada, y afectada desde tan tierna edad, que se comprende sin mucho esfuerzo los consiguientes transformaciones radicales y descontroladas en el carácter de la protagonista, donde su mundo nada tiene ya que ver con el real y buscará, de la forma que sea (la parte más interesante, sin duda, del film) compañía, de cualquier tipo y al precio que sea.
Sin nada que envidiar, en lo que a salvajadas se refiere, a brutales clásicos como "La Matanza de Texas", "Las colinas tienen ojos" o incluso "Martyrs", aunque construida sobre unos pilares más estables y con un gusto cinéfilo mucho más atinado, sin caer en lo absurdamente grotesco ni gratuidades de guión.



Una pequeña obra maestra que emerge con fuerza dentro de un género tan apabullado de ofertas y relamido hasta el infinito, que merece una mención especial por desmarcarse y ser, a su modo, casi única. Habrá que seguir con especial atención a este nuevo cineasta, pues podemos estar ante un nuevo maestro del terror (si no se deja absorber por una industria que a todos engulle). Crucemos los dedos...aún queda talento en este mundo.

martes, 4 de diciembre de 2018

CANIBA (2017)

Los responsables del documental "Caniba", el británico Lucien Castaing-Taylor y la suiza Verena Paravel, estuvieron presentes en la Sala Tramuntana (Festival de Sitges'17) y nos hicieron una breve introducción, de manera excepcional, pues casi nunca se prestan a tales menesteres. Su nuevo trabajo prometía emociones fuertes y hacernos pasar por una experiencia estomagante, y de algún modo lo fue, pero no de la manera que supongo ellos esperaban...
El documental explora y trata de analizar la mente de un criminal antropófago, y se atreve a aproximarse a una figura imposible de olvidar, la del japonés Issei Sagawa (y de paso a su hermano Jun, otra pieza de museo). Issei, mientras estudiaba literatura en la Sorbona parisina en los años 80, se encaprichó de Renée Hartevelt, una hermosa compañera holandesa que, pese a dejarle bien claro que no estaba interesada en él, accedió a cenar en su casa el 11 de junio de 1981.
Tal cortesía fue letal, ya que tras asestarle un golpe en la cabeza con un martillo, Issei la hizo picadillo, la exploró post-mortem (me ahorro detalles, obviamente) y se la zampó poco a poco, lo que le provocaba una enfermiza y reconfortante sensación de proximidad amorosa, idílica y retorcidamente romántica.
No fue difícil detenerle y condenarle, pero por un malabarismo legal incomprensible, el nipón vive ahora tan tranquilo en Tokyo junto a su hermano, que a su vez merecería otro documental para él solito, ya puestos.
El menor de los Sagawa, de ahora 68 años, consciente ya de su repulsiva condición, nos relata sin despeinarse cómo fue todo aquéllo, qué le impulsó y por qué ya no lo volvería a hacer, pese a no poder evitar pensar en atrocidades día sí, día también (algunas, según relata, inconfesables por su extrema crueldad).
Sin duda la concepción del documental es más que sugerente, morbosa y llamativa, y aunque nos provoque rechazo social en mayor o menor medida, todos queremos indagar y saber un poco más sobre el enajenado japonés (o eso creo).


Lo que sucede es que el tándem de hipsters Lucien &Verena filman acorde con el asunto, o sea, incómodamente. Planos detalle o primerísimos primer planos desenfocados y movidos sobre la tez del protagonista, silencios prolongadísimos, secuencias en vacío y trucos desesperantes explorando espacios nos sitúan entre la pequeña línea del aburrimiento y el hastío el 95% del metraje, provocando el murmullo en el público, nervioso por ver que no pasa ni dicen nada en pantalla.
Puedo llegar a comprender que la pareja de "auteurs" huya de lo políticamente correcto como objetivo de su autoría, incluso que pretendan romper todo tipo de convencionalismos formales, no caer en lo cómodo y lanzarnos un nuevo reto fílmico, pero el resultado no es otro que un efecto somnífero, casi narcótico en la audiencia (y mucho abandono de sala).


La historia de uno de los más célebres antropófagos confesos es fascinante, no lo pongo en duda, y se agradecen esos pequeños momentos WTF que contiene el film (un repaso al manga creado por el mismo Issei relatando lo acontecido (¡de ver para creer!), secuencias pornográficas o incomprensibles parafilias), pero en conjunto se trata de un trabajo muy irregular, por momentos insoportable y que desborda cierta pedantería en su puesta en escena, más caprichosa y experimental que funcional.
Me quedo con el temerario intento de arrojar algo de luz sobre el comportamiento caníbal en el ser humano, lo que ha supuesto acercarse de la manera más desprejuiciada posible a tan complejo sujeto y la reflexión final sobre el verdadero sufrimiento de una mente tronada, tan compleja y dañada que se autodestruye día a día, tratando de controlarse.

sábado, 1 de diciembre de 2018

MY FRIEND DAHMER (2017)

La vida de Jeffrey Dahmer, conocido en EEUU como "El carnicero (o caníbal) de Milwaukee", ha dado lugar a diversos documentales, películas, libros e incluso una novela gráfica, y es uno de los asesinos en serie más despiadados y tristemente famosos de la historia reciente.
Dahmer, prematuramente alcohólico, de sexualidad reprimida y del todo inadaptado, asesinó, troceó, violó, y a veces se merendó, al menos 17 hombres (la mayoría jovencitos), entre 1978 y 1991. Sentía un incontrolable impulso de consumir carne joven, pues eso le provocaba sus mejores erecciones, y después hervía sus cráneos para coleccionarlos en forma de cuencos, para sentirse más cerca de sus "favoritos".
Condenado a 15 cadenas perpetuas e irónicamente asesinado por un preso mientras cumplía su pena con tan sólo 34 años, Jeffrey Dahmer sigue siendo un caso a estudiar a día de hoy, provocando naturalmente la repulsa del mundo entero pero también fascinando a otros tantos, atraídos por este sociópata de tan desquiciado cerebro.
Ahí es cuando aparece el dibujante Derf Backderf, ex-compañero de Jeffrey durante la escuela e instituto, que poco tiempo después de la muerte del citado carnicero, creó una novela gráfica sobre sus años de estudiante, consiguiendo muy buena acogida crítico-comercial y dando lugar, el pasado 2017, a su traslación cinematográfica de la mano de Marc Meyers, que nos presentó el film él mismo en el marco del Festival del mismo año.
Si bien la figura de Dahmer ya había tenido una adaptación previa protagonizada por Jeremy Renner en 2002 titulada "Dahmer, el carnicero de Milwaukee", ésta no consiguió sino repasar de manera burda y con brocha gorda ciertos episodios aislados de sus homicidios, señalando tan sólo algunas ideas simplistas sobre su psicología y quedándose en la mera anécdota de lo escabroso, siendo un film mediocre y sin mucho mayor interés.



La nueva versión, obviamente comprendida en los años de instituto que repasa la novela, seduce más por su amplia perspectiva neurótica, siempre tratando de enfocar su trastocado comportamiento social con cierto respeto y humor, pero a la vez con sentido de la responsabilidad crítica, esquivando aspectos excesivos y sugiriendo más que mostrando (como en la acertada y enigmática secuencia del coche, con Jeff y sus manos manchadas de "pintura"). Lamentablemente el patetismo del personaje se adueña del film allá por su meridiano, y acaso ahí se debilita, pues se detiene demasiado en subrayar algo que, por repetirlo, nos termina agotando.
Podríamos decir que la película funciona razonablemente bien debido a que ya sabemos de antemano quién es el personaje, pues de lo contrario, sólo se apreciará un film más sobre nerds de instituto haciendo sus "mongolismos" y palpitando sexo.
Se agradece el esfuerzo del cineasta al frente por rodar en la verdadera casa de Dahmer, su barrio real y retratar lo más rigurosamente posible su situación familiar (su madre salida de un manicomio, padres al borde del divorcio...), incluso el uso de la música acorde a sus gustos originales, pero la película no alcanza mayor entidad que la de ser una adaptación curiosa y medianamente entretenida de una novela gráfica, restándole cierta personalidad y por supuesto, originalidad.

jueves, 22 de noviembre de 2018

WIND RIVER (2017)

Tras firmar los guiones de "Sicario" y "Comanchería" en 2015 y 2016 respectivamente (nominación al Oscar incluido para la segunda), Taylor Sheridan se colocaba por segunda vez a los mandos de la nave y dirigió "Wind River", del que también se hizo cargo del guión.
Mucho se esperaba del todoterreno Sheridan en 2017 (el tipo actúa, escribe, dirige, produce...), y aunque no merezca ningún desplante crítico en absoluto, nos ofreció un film discreto y sin sorpresas, que para ser honestos, no desentonaría en según qué parrillas televisivas, pues se acerca peligrosamente al telefilm.
La historia versa sobre la investigación de un doble asesinato cometido en una reserva nevada de nativos americanos, donde la agente federal Jane Benner (Elizabeth Olsen) es enviada de manera rutinaria, casi burocrática. Allí, debido a las dificultades del terreno, contará con la ayuda del veterano cazador Cory Lambert (un sobrio Jeremy Renner), quien no sólo conoce esas montañas a la perfección, sino que cuenta con la experiencia y sangre fría necesarias para resolver el caso "sea como sea".
Podríamos decir que los cauces que sigue la película en la mayoría de su metraje son los de siempre, presentando unos personajes con algún trasfondo dramático más o menos repetitivos (pérdidas, antiguos traumas etc), conversaciones de chimenea, tensión creciente y la susodicha trama policial que se va encarrilando.


Se percibe el peculiar sentido del humor de Sheridan (que tanto nos gustó en su anterior trabajo), pero queda patente que no domina tanto el drama, pues no logra encauzar ese terreno con tanta suficiencia, y mucho menos convicción. Tampoco demuestra nada especial estando al timón del proyecto, ya que su puesta en escena es más académica y prudente de lo esperado en un principio. Sorprende en este aspecto el premio recibido en Cannes a mejor director de su sección, pero supongo que entran muchos factores ahí que no es momento de entrar a valorar.



Sin embargo, ya en su último tercio, el film rebrota tímidamente y da lo mejor de sí, dejando escenas con fuerza y visualmente magnéticas. Insuficientes como para conseguir una película para el recuerdo, pero quizás sí para cumplir cometidos comerciales. Seguiremos sus futuros pasos, pero ya con menos intensidad, por así decirlo...

viernes, 9 de noviembre de 2018

MANDY (2018)

Había mucha expectación tras los primeros avances de "Mandy", presentando una idea de base insuperable como es ver a un cada vez más desbocado Nicolas Cage, ensangrentado y moto-sierra en mano, enfrentándose a una secta pseudo-católica y demás criaturas del averno. Y así lo demostraba una kilométrica cola que daba la vuelta al Auditori Melià siendo poco más de las 8 y media de la mañana.
El resultado final seguro que no era lo que esperaban exactamente muchos de los espectadores. Red (Cage) es un leñador que vive alejado del mundo junto al amor de su vida, Mandy; un día, mientras da un paseo abstraída, se cruza sin saberlo con el líder de una secta que desarrolla una obsesión por ella. Decidido a poseerla a cualquier precio, él y su grupo de secuaces invocan a una banda de motoristas venidos del infierno que la raptan, y en el proceso, hacen añicos la vida de Red. Con la obvia intención de vengarse y equipado con toda clase de artilugios, pone en marcha una matanza que deja cuerpos, sangre y vísceras allá por donde pasa.
El film está dirigido de manera muy personal por Panos Cosmatos, quien te introduce en una experiencia visual única y original que espantará o se adorará a partes iguales.Un estilo visual surrealista, un viaje lisérgico donde predominan ambientes con filtros rojos muy marcados y la sempiterna banda sonora a ritmo de una estruendosa guitarra eléctrica compuesta por el tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson.
La obra se compone de dos partes muy diferenciadas. Una primera hora hipnótica, densa y lenta, situada mayoritariamente en una cabaña, donde Cage y su compañera son asaltados por la secta de tarados cristianos, ya que el líder de ésta, como he avanzado, dice sentirse maravillado y deslumbrado por la mujer del gran Nicolas.


Una primera mitad que cabalga pues entre la fascinación y el hastío con un tempo inesperado para el que se ansiaba una fiesta gore con Cage masacrando villanos desde el minuto uno. En la segunda hora vemos la tan deseada venganza, donde los “Jesus Freaks” son masacrados. Es destacable la desagradable presencia de una especie de cenobitas motoristas del infierno que harán pasar un mal rato a nuestro anti-héroe.


Nic Cage sigue dándolo todo a nivel interpretativo, a pesar de encadenar bastantes filmes de muy dudosa calidad, y ofrece una interpretación intensa y pasada de vueltas (la escena del lavabo es gloriosa en ese sentido, con una botella de vodka engullida como si fuera agua).
"Mandy" es irregular pero fascinante en su forma y estilo visual; logra trasladarte a un mundo tenebroso y al infierno de una forma literal gracias al poder de sus imágenes y la maquiavélica e inolvidable banda sonora, que funciona como una invocación al mismísimo demonio.
El resultado en definitiva es curioso, hipnótico y cansino a partes iguales. La historia está mil veces vista y se antoja repetitiva, pero es en el poder de sus imágenes donde esta "Mandy" merece una oportunidad. Recomendable.

Adrián Roldán

martes, 6 de noviembre de 2018

THE NIGHT COMES FOR US (2018)

Ver una cinta de hostias orientales es una tradición Gareth Evans creó una de las obras definitivas del cine de acción mostrando un ritmo desenfrenado, una violencia descarnada y unas luchas de artes marciales que quitaban el hipo. Después vino Timo Tjahjanto, un director procedente del género de terror más “disgusting” (VHS 2, Macabre...), agarró a la estrella de The Raid, Iko Iwais, y nos lo hizo pasar pipa a todos hace dos años con "Headshot (2016)", una nueva muestra de acción y hostias sin concesiones.
inapelable en el Festival, y "The night comes for us" no la iba a dejar escapar. La dupla de films de "The Raid" causaron una pequeña revolución en 2011 y 2014, respectivamente. Desde Indonesia, el inglés
Pero si Headshot era un producto que podríamos considerar de videoclub, pese a sus grandes aciertos, Tjahjanto se supera a sí mismo con una de las obras definitivas del género.
"The night comes for us (2018)" cuenta la historia de Ito, un hombre que trabajaba para la mafia, el cuál tendrá que proteger a una joven y escapar de su anterior banda criminal, en una violenta batalla en las calles de Jakarta.
Producida por Netflix, la cual permitió al director total libertad para hacer las burradas que quisiera, el film es un espectáculo alucinante que no da tregua. Da igual que la historia sea más fina que el papel de fumar, que ya ni recuerdas por qué están luchando ni el por qué de tantas muertes, y que hay personajes que vienen y van solo con la excusa de ofrecer alguna escena de acción más, la película te quita el aliento.



"The night comes for us" es la culminación del género, una obra que aglutina el silat (las artes marciales indonesas), el cine de acción de Hong Kong, las artes marciales chinas y el gore cartoon de "La historia de Ricky (1991)". 
Las escenas de acción, salvajes y sanguinolentas a más no poder, son un festival de la carne hecha trizas, donde cualquier objeto puede ser usado para matar, un espectáculo cartoon pero no necesariamente cómico que nos shockea a cada segundo y que no deja de superarse. Un film que pese a sus dos horas largas de duración no da respiro desde el minuto uno, a pesar de algún pequeño bajón de ritmo en su meridiano.
Iko Iwais vuelve a demostrar sus habilidades, aunque cambiando a un registro algo más oscuro, cosa que se agradece, y Timo Tjahjanto ofrece una clase magistral de dirección realizando varias acciones en paralelo y sin perder en ningún momento el pulso o el ritmo. 
"The night comes for us" es de obligado visionado para los amantes de las tullinas sin complejos, del gore salvaje y de la acción desenfrenada. Inolvidable.

Adrián Roldán.

miércoles, 31 de octubre de 2018

LA CASA DE JACK (2018)

Cargada de polémica como es ya habitual, la nueva película del danés Lars Von Trier, "The House That Jack Built" (titulada aquí sin muchos rodeos "La Casa de Jack"), se proyectó en un Auditori hasta los topes, con todos absolutamente dispuestos a entrar en su singular universo metafísico, y comprobar si el público que en Cannes abandonaba la sala hace pocos meses, indignados por la crudeza del contenido, tenía razones de peso o no.
Debo reconocer que no soy demasiado entusiasta con el cine que ha planteado hasta ahora Trier, ya sea porque me agotan sus reflexiones pedigrí, siempre surfeando con arrogancia entre referentes culturales y buscando la impertinencia creativa, o por esa manera de concebir el séptimo arte, queriendo romper con los fundamentos clásicos, tratando sin descanso de convertir su lente en una mirada irritante, tan personal y solemne que el público dificilmente logra conectar para poder disfrutarlo. Insisto, quizás sea yo el tipo de espectador incapaz de apreciar su genialidad, aunque también creo que pertenece a un tipo de cineasta siempre necesario, por esa inquietud de quebrantar opiniones, sacudir al gremio crítico y representar un grado de insolencia que a veces hace crecer este arte, pero que personalmente no había sabido disfrutar... Hasta hoy.
El cineasta escandinavo nos lleva de la mano de Jack (excelente y omnipresente Matt Dillon), un asesino en serie con estudios en ingeniería y afectado de TOC (trastorno obsesivo compulsivo), en un viaje de 12 años donde repasa sus diferentes homicidios, siempre desde su perspectiva altisonante, pues para él son un conjunto de obras de arte creativas que, a diferencia de los demás, sí es capaz de apreciar como tales. Lógicamente, la inevitable aunque lenta intervención de las autoridades obligará a Jack a ir cada vez arriesgando más, tratando de lograr su obra maestra absoluta.


Inundada de referencias de toda índole (desde los poemas infernales de Dante a Bob Dylan), la mefistofélica película de Von Trier, dividida en una suerte de capítulos, pues en origen se trataba de una serie televisiva, se disfruta por una compleja, quirúrgica y hasta brillante combinación de factores. Por un lado, consigue que las víctimas merezcan tamaño desenlace final, pues desde el punto de vista hábilmente distorsionado que se nos muestra, el que percibe Jack, aunque violento y siniestro, parece razonablemente justo.
El estudio psicológico tan detallado, inteligente y efectivo del psicópata (sus pulsiones, pensamientos íntimos, visiones..) obliga a empatizar con él, por lo que enfocaremos por fuerza el escabroso asunto y sus hemoglobínicas consecuencias con un negrísimo sentido del humor, para mí lo mejor del proyecto, y que compensa algunos de los violentísimos y horripilantes asesinatos, equilibrando la balanza de nuestra percepción.



También merece mención especial la media docena de analogías estupendamente hilvanadas (la historia animada de las farolas y las sombras o la medular de la casa, por ejemplo), que sin duda enriquecen y construyen una de las mejores películas sobre mentes desquiciadas que yo recuerdo, sin que el eje central, por lo general desde el punto de vista del policía o investigador, lo dibuje como un simple monstruo descerebrado.
No podemos hablar de obra maestra, pero sí de una de las películas más acertadas del cineasta nórdico, que aquí demuestra experiencia, sabiduría y una alta capacidad de adaptación al medio, pues parece haber encontrado esa fina línea donde lo autoral  y lo comercial convergen y se enriquecen mutuamente, como en su día Hitchcock nos mostró.

jueves, 24 de julio de 2014

WRONG COPS (2013)

Muy pocos cineastas trabajan a día de hoy el denominado como "humor absurdo". Un género difícil, bastante susceptible de caer en la bobada o la subnormalidad (tenemos demasiados ejemplos recientes), pero que cuando se trata con el toque justo de inteligencia, sin ápice de pedantería, y con algo de talento, puede llegar a ser más delirante que ninguna comedia convencional al uso.
El autor francés Quentin Dupieux (que dirige, escribe, musicaliza e incluso edita sus propios films) suele pasear por el Festival de Sitges sus irresistibles trabajos desde hace unos años. En 2010 conmocionó al personal con su extraña pero fascinante "Rubber", donde planteaba las desdichas de un neumático con poderes telequinéticos.
Dos años más tarde, aterrizó con la entrañable "Wrong", una memorable espiral de situaciones absurdas alrededor de un supuesto secuestro del perro del protagonista que hizo las delicias del seguidor. Ambas son dos joyas que irremediablemente pertenecen a un universo propio, a un mundo personal de irrealidad y alteración social absolutamente demencial que tiene la inconfundible firma de Dupieux.
El cineasta, mientras andaba inmerso en la promoción de la citada Wrong, rodaría su primer cortometraje, "Wrong Cops : Chapter 1" (incluido en el DVD del film que nos ocupa), con nada más y nada menos que Marilyn Manson en cabeza del reparto. Un cortometraje presentado en Cannes 2012 y muy bien recibido por el público (no tanto por la crítica, aún reticente con el peculiar humor de Mr. Oizo) que se centraba en un policía corrupto que traficaba con ratas muertas con droga en su interior.
Visto el potencial de la historia (...), y habiendo creado ya su propia productora (Rubber Films), a finales de ese mismo año se puso manos a la obra para convertirla en un largometraje. De ahí surgió la que ahora nos ocupa, "Wrong Cops".


                Sunshine viendo estupefacto como Duke guarda un cadáver (aún vivo) en su maletero

Ya me estoy acostumbrando a mi dosis anual de Quentin Dupieux. Y no sólo por ofrecerme ese universo tan genial repleto de adorables incongruencias y personajes genuinos, sino por ser a estas alturas, mi autor del absurdo favorito (que hay poquísimos buenos), y en ese sentido, Wrong Cops no desmerece en absoluto.
La historia es en sí la misma que en el corto: un grupo de estúpidos policías de Los Angeles, a cada cual más indecente, se aburre en una ciudad sin rastro ya de criminalidad, donde los únicos que alteran el orden son ellos mismos y molestan a la ciudadanía sin piedad.
Ellos trafican, amedrentan a mujeres y niños pacíficos (la escena de -Enséñame las tetas!!- a punta de pistola no tiene desperdicio) molestan a la juventud y alteran la paz de la comunidad. Pero todo empeora cuando el veterano agente de patrulla Duke dispara a un ciudadano por accidente y lo hiere de gravedad.
Es ahí cuando el film abre 4 vías argumentales que se entrecruzan y alteran entre sí.
En primer lugar, Duke y su víctima, al que amordaza y encierra en el maletero del coche patrulla, y su cometido no será otro que deshacerse del cadáver (¡¡aunque siga con vida y escoja la música que quiere escuchar en el trayecto!!).


                                       El agente Renato, obsesionado con verle las tetas a todas


                                            ¡¡Show me your breasts!!.....a punta de pistola.

Paralelamente, seguimos al agente Renato, que vive obsesionado con las tetas y hará lo imposible por agenciarse la fortuna que su colega Sunshine ha descubierto enterrada en su jardín (otra demencial carambola sin desperdicio).
En tercer lugar, el citado Sunshine, hombre de familia feliz que esconde a toda costa su pasado en el porno gay y que tendrá uno de los finales más sorprendentes del film.
Y por último, al extraño agente Rough (el que fuera jardinero con suerte en Wrong). Un policía tuerto que se dedica a hacer una rara música industrial pero que no consigue un productor, aunque se crea un auténtico genio.
Pese a haberse llevado muchas críticas desfavorables y no significar del todo un paso adelante en la carrera de Dupieux, Wrong Cops sigue siendo un film altamente disfrutable y tremendamente ameno, dotado de la misma atmósfera caótica que el resto de sus obras y dejando grandes secuencias del absurdo (la mejor historia, la de Duke, donde además interviene un Marilyn Manson como adolescente inadaptado acosado sexualmente por el corrupto y orondo oficial).
Una muestra más de que hay genialidad y mucho humor en la filmografía del francés (desde la infravalorada Steak hasta estos policías corruptos). Quizás a veces sea una losa sobre el espectador el hecho de que se nos requiera una absoluta sintonía con su peculiar mundo para empatizar con su extraño sentido del humor para gozarlo al 100%, pero a mi me sigue fascinando como ninguno, por lo que estaré atento a su estreno del año próximo, la prometedora "Réalité".

http://www.filmaffinity.com/es/film573248.html

miércoles, 9 de julio de 2014

LA MÁSCARA DE KRIMINAL (1966)

Durante los años sesenta, surgieron en Europa diversas adaptaciones cinematográficas provenientes del fumetto nero (o cómic italiano), donde expertos ladrones con uniformes o antifaces estrambóticos, siempre de ética negativa, amorales y que actuaban al margen de la ley, cometían sus fechorías (robos de joyas, por regla general) para desesperación del detective que les acechaba, y gozo de la dama, que siempre solícita, les aguardaba entre sábanas.
Sin duda, la obra cumbre de este tipo de subgénero denominado "fumetti" la rodaría el genial Mario Bava en 1968 con su estupenda Diabolik, que en gran parte mejoró el material de base del que disponía y firmó así uno de los films más personales sobre superhéroes jamás realizados, como ya repasamos en su día. Sin embargo, el verdadero pionero no fue la cinta de Bava, sino otra no tan popular pero igualmente curiosa.
Dos años antes, en 1966, el temerario Umberto Lenzi (La invasión de los zombies atómicos, 1980) adaptó las aventuras del tebeo de Mark Bunker, Kriminal, en su homónimo film co-producido entre Italia y España, titulado en nuestras tierras "La Máscara de Kriminal".
Un ejemplar del cómic original
El susodicho héroe (que da vida un actor holandés excesivamente bronceado de nombre Roel Bos, o también conocido como Glenn Saxson), iba a ser ejecutado por Scotland Yard tras haber robado la corona de Inglaterra, pero un inesperado giro en el último segundo le permitirá escapar con vida de la horca.
Perseguido por todos (policía, corruptos, incluso por su aún receptiva ex-mujer), Kriminal impartirá su peculiar sentido de la justicia ataviado con un disfraz de esqueleto ambulante, matando sin pestañear si es necesario y disfrazándose para ocultar su verdadera identidad.
Sus exóticas peripecias le llevarán a Madrid, Estambul o al propio Londres, donde como no podía ser de otra manera, conocerá y se beneficiará a mujeres fatales, jugará al bridge en casinos (donde por cierto también se practica el ajedrez), viajará en yates y tratará de hacerse con un buen puñado de diamantes.
Por supuesto estamos hablando de una película de categoría B, de montaje abiertamente tosco, rácana banda sonora, innumerables imperfecciones y actores de tercera, pero que tiene algo que muchas otras de mayor presupuesto no tienen : personalidad propia.

Kriminal, de visita nocturna sorpresa a su ex-mujer, maciza hasta de madrugada
Las gemelas, arma de doble filo para nuestro héroe
Para empezar, tiene un actor principal muy limitado (el citado Saxson, un Phillip Law de segunda), con una clara incapacidad interpretativa pero que paradójicamente, eso le confiere al personaje de Kriminal un acertado aire de cinismo indeterminado, como de trastornada indiferencia. Una inesperada carambola de cásting que por alguna extraña razón, funcionó.
La máscara de Kriminal presenta una ingenua puesta en escena, lejos de aquella excelencia conseguida por Bava años después, pero manteniendo cierto encanto pulp, con ambientaciones de viñeta (destacables sus títulos de crédito) y planos imposibles, todo dentro de una esencia deliciosamente barata. El lioso guión ayuda a que desconectemos de la trama por la mitad y nos dejemos llevar por su fácil narrativa, repleta de coreografías descacharrantes, momentos incomprensibles (la entrada de Kriminal en la fiesta buceando por la piscina, el desmayo de una de las gemelas, la forzosa sesión taurina, esa secuencia en la sauna para el recuerdo, etc, etc...) o escenas tan inverosímiles que resultan hasta divertidas.

Glenn Saxson, un seductor de mirada penetrante, entre otras cosas
El inspector Milton, siempre al acecho de Kriminal
Ni la insulsa actuación por partida doble de la alemana Helga Liné (que más adelante trabajaría para Almodóvar o Eugenio Martín), ni ese séquito de secundarios a cada cuál más anodino, logran empañar un plácido visionado cargado de ironía y sencillez, con un irresistible seductor pseudo-bondiano como cabeza de reparto y un detective canónico de bigote y corbata que lo persigue.
Añadir que el arranque del film (la huida de la ejecución) es un abierto guiño a la cinta francesa "Fantômas: Le faux magistrat", de 1914, la quinta entrega de una serie de películas basadas en folletines de la época sobre el ladrón Fantomas, el denominado emperador del crimen, y una de las primerísimas expresiones cinematográficas en Europa sobre delincuentes de moral confusa.

Nuestro héroe, reflexivo antes de ver qué esconde ese vestido caído
Una extraña partida de bridge, muy al estilo Bond
Pasando "inadvertido" en el banco.....
Kriminal sorpendentemente no levanta sospechas disfrazado de operario de telefonía
Resulta también curioso que en un momento del film, Kriminal se disfraza de operario del mantenimiento telefónico para adentrarse y espiar en la oficina del detective, como años más tarde haría casi de manera idéntica el legendario Bruce Lee en Furia Oriental, de 1972 (ver foto superior).
La máscara de Kriminal tendría buena acogida y atacaría con una jugosa secuela poco después, repitiendo actores pero no director titulada Il Marchio di Kriminal (Los cuatro budas de Kriminal), además de propiciar un florilegio de films del mismo corte, entre los que destacarían la citada Diabolik (1968), Mister X (1967), el delirante díptico sobre Superargo (1966), Arriva Dorellik (1967), Satanik (1968) o la prestigiosa y debatida Baba Yaga (1973), que a su vez ampliarían, en algunos casos mejorarían y entre todas formarían este fascinante subgénero denominado "fumetti".

http://www.filmaffinity.com/es/film965386.html

jueves, 4 de abril de 2013

JACKIE BROWN (1997)

En 1976, apenas cumplidos los 13, Quentin Tarantino era detenido por la justicia al tratar de robar un libro de unos grandes almacenes cerca de su Tennessee natal. ¿Su frustrado objeto de deseo?, apropiarse de la nueva novela policíaca "The Switch", del escritor estadounidense Elmore Leonard.
Con toda seguridad, ahora sabemos que las intenciones del jovencísimo Quentin no fueron casuales. Elmore también colaboraba como guionista de cine, básicamente del género "western", y entre algunos de los títulos a sus espaldas contaba con ciertas películas predilectas de nuestro pequeño ladrón cinéfilo. De su pluma nacerían films como "El Tren de las 3:10" (3:10 to Yuma, 1957), "Un Hombre" (Hombre, 1967) o "Joe Kidd" (Joe Kidd, 1971), por citar los más conocidos, y que por descontado fueron motivo de causa para urdir ese anecdótico y fallido hurto. Ironías del destino, pasadas dos décadas de aquél inofensivo percance, Quentin Tarantino llegaría a adaptar una novela del propio Elmore Leonard titulada "Rum Punch" para su tercer largometraje, el thriller policíaco "Jackie Brown".

Jackie Brown, decidida y segura de sí misma
El cineasta, que había cosechado un enorme éxito con sus trabajos previos ("Reservoir Dogs", "Pulp Fiction" y su episódica aportación en "Four Rooms") se alejaba en esta ocasión de su tan reconocible estilo de violencia hiperbólica para dotar a "Jackie Brown" de una estética intemporal, con una planificación escénica más clásica de lo acostumbrado (apoyándose a menudo en los plano-contraplano) e incluso minimizando las escenas violentas en pantalla, filmándolas en un interesante e inusual "fuera de campo".
Este tercer film de Tarantino constituyó además su particular homenaje al cine blaxploitation; un subgénero surgido en la América de los años 70 habitualmente con presupuestos limitados, situados en ambientes urbanos, donde reinaba la música soul y/o funk, predominaban los actores de raza negra y que por regla general, exageraban su contenido de violencia, terror, sexo, acción, drogas, etc.
No fue pues producto del azar que el protagonismo femenino del film recayera en la actriz afroamericana Pamela Grier, auténtica figura icónica del género de explotación "black", a la que el cineasta quiso rescatar (como haría con otras viejas glorias) de su ostracismo profesional.
Tarantino, siempre guionista en sus films, cambió y adaptó así el personaje central de la novela original (allí era una mujer blanca llamada Jackie Broke) para teñir de esencia afro el nuevo thriller de Elmore Leonard.
Argumentalmente el film versa sobre las desventuras de una azafata de vuelo afroamericana venida a menos, de carácter fuerte y decidido, que se convierte en pieza clave en un caso entre la policía y un egocéntrico traficante de armas callejero llamado Ordell.
La película, claramente cimentada sobre 6 personajes centrales, está realizada con auténtica precisión quirúrgica y es capaz de dibujar psicologías muy concretas entre ellos, sirviéndose de una trama más dilatada que de costumbre en su autor (tan sólo la recién estrenada "Djando Desencadenado" suma más minutos a día de hoy) para conseguir plasmar en pantalla una historia tan absorbente como estructuralmente sólida.

Louis y Ordell, ex-compañeros de celda y ahora socios
En primer lugar, se nos presenta al tándem formado por el citado traficante Ordell Robbie (encarnado brillantemente por un Samuel L.Jackson en estado de gracia) y su nuevo socio y antiguo compañero de celda, Louis Gara (el mejor Robert de Niro de los últimos 20 años), recién salido de prisión.
Robbie es un 'mack daddy' altamente peligroso y ensimismado por su propio estatus que no duda en deshacerse de quién haga falta con tal de salvar el pellejo. Así lo presenciamos en la temprana escena del "maletero", donde Ordell acribilla a quemarropa al inestable drogadicto Beaumont (interpretado por un carismático Chris Tucker, tan breve como intenso) y asistiremos a ver como la acción se engalana merced a unos diálogos brillantes y a una admirable composición de planos fijos muy al estilo de su director (cámara desde el interior del maletero incluido).
Louis por su lado, se nos presenta como un tipo parco en palabras, asocial y algo corto de miras que, pese a la fidelidad demostrada hacía su amigo Ordell, sigue evidenciando un carácter extremadamente violento cuando se le somete a cierta presión.
Junto a ellos, la joven y "alegre" Melanie (Bridget Fonda), una más entre las bellas y descocadas compañeras sexuales del traficante, que no duda en serle infiel a la mínima y a jugar en contra de sus intereses casi por capricho.
En el frente contrario, el agente de policía Ray Nicolette (Michael Keaton, que va de menos a más), un hombre de inquebrantable rectitud profesional que suspira por atrapar a Ordell caiga quien caiga, aunque sea a través de métodos no tan pulcros como se le suponen.

El agente Ray coacciona a Jackie
Finalmente, la asociación entre Jackie Brown (la citada Pam Grier, tan expresiva como un bloque de cemento) y su agente de fianzas Max Cherry (el nominado al Oscar Robert Forster), todo un ejemplo de sobriedad y entereza que decide ayudar a Jackie por un inconfesado amor hacia ella.
Una vez nos presentan a los personajes adecuadamente y pasado ya el meridiano del film, es cuando el cineasta de Tennessee realiza una maniobra realmente prodigiosa.
Sirviéndose de una escena situada en el interior de unos grandes almacenes (como en aquella primera experiencia con el libro de Elmore), el cineasta juega desde diferentes perspectivas con sus personajes y nos ofrece 3 puntos de vista de un mismo suceso que allí acontece (el traspaso de una bolsa con 50.000 dólares de una mano a otra dentro de unos probadores). En primer lugar seguiremos a Jackie a su entrada al centro comercial. Acorde con su estado de ánimo, valiente y decidida, Tarantino nos la presenta mediante un travelling lateral mantenido y firme (idéntica a la escena de los títulos de crédito), mientras suena el tema "Street Life" de Randy Crawford, que decididamente consigue impregnar de esencia soul el momento. Una vez traspasado el umbral del recinto, Jackie empezará a notar sus primeras inseguridades. La cámara, consecuente en todo momento de este hecho, pasará del relajado plano medio al analítico primer plano para finalmente clavar su lente en la azafata desde un primerísimo primer plano, orientando nuestras miradas hacia los miedos internos de la protagonista (además de rendir un personal tributo a su querido maestro Leone). Tras unos ansiosos planos detalle del dinero pasando de bolsa a bolsa (aumentando así la tensión del momento), Jackie abandona los probadores con un cada vez más palpable nerviosismo. Es entonces cuando Tarantino inyecta desesperación a la escena haciendo un magnífico giro de cámara de 360º alrededor del mostrador de la tienda, seguido de un movedizo "long-shot" que desemboca en otras 2 vueltas completas sobre el rostro de Jackie, dejando patente su angustioso momento.
En segundo término, dirigiremos nuestra mirada hacia un inquieto y preocupado Louis, muy molesto por el comportamiento caprichoso e insolente de su acompañante Mel, pero obligado a aguantarla para poder realizar el canje con garantías y no defraudar a su amigo Ordell. La pareja entra en escena en el mismo instante en que la azafata visita los probadores, según tenían previsto.
-- Este trabajo es demasiado para ti, Louis.
Mel no se imaginaba que sus palabras tendrían un alcance tan dramático minutos después, y hace caso omiso de la mirada incisiva de su peligroso socio. Durante toda la secuencia, la cámara nos muestra idéntica la escena de antes, pero esta vez desde una nueva óptica, con un mayor énfasis en las continuas desavenencias del forzado dúo explicado en pantalla con un travelling lateral más nervioso y menos prolijo que el utilizado para Jackie.
Louis asesina a Mel en fuera de campo
Tras llevar a cabo el plan, otro "long-shot" de la pareja nos lleva hasta el parking del recinto, esta vez con mayor premura dadas las circunstancias.
Allí, a cielo abierto y sin mayor dilación,  Louis dispara a Mel a bocajarro cansado de sus molestas niñerías. En esta ocasión, el cineasta de forma excepcional en su filmografía, escoge el fuera de campo para que la violencia no se lleve toda nuestra atención, creando un punto de inflexión en su carrera.
Para el tercer y último punto de vista, Tarantino se sirve de un movimiento más suave y calmado de cámara, acorde con la personalidad del otoñal agente de fianzas Max, para darle una vuelta de tuerca más al suceso del intercambio de dinero.
En esta ocasión, el autor de "Pulp Fiction" realiza un breve uso de un plano subjetivo (enfatizando nuestra complicidad con el personaje más humano de todos), empañará de suave música funk y recurrirá a un largo pero parsimonioso long-shot la escena, para llevarnos hasta su coche una vez recogida la bolsa del dinero.
Un espléndido momento, sostenido en el tiempo y narrado de tres maneras bien distintas, que con un planteamiento técnico apropiado, invita a profundizar con una mayor precisión cada una de las interesantes psicologías de los personajes.
Una split screen al más puro estilo Brian de Palma
Tarantino no se olvida tampoco de usar sus ya tan reconocibles señas de identidad durante el resto del film; desde el antes mencionado plano del maletero, su fetichismo casi insano con los pies de mujer (tardará sólo 5 minutos en enseñarnos los empeines de Bridget Fonda), los extraños planos  contrapicados de un cadáver desde el suelo, hasta ese punto musical "old school" siempre tan presente en sus films (y que por supuesto sus personajes deberán cantar tarde o temprano).
Los particulares homenajes a sus cineastas y actores de culto también son un jugoso divertimento a descubrir para el cinéfilo. En esta ocasión, por ejemplo, se sirve de su admiración por Brian De Palma para crear una pequeña secuencia en pantalla partida (split screen) que permite visualizar dos actos al mismo tiempo, sin necesidad del clásico montaje en paralelo, emulando así al autor de "El precio del poder" (Scarface, 1983).
Podemos concluir así que esta tercera filmación de Quentin Tarantino ofrece un alto grado de interés y es claramente una obra diferenciadora que la convierte en un rara avis en la carrera del autor, confirmando que su manera de mover la cámara dista mucho de ser casual y que su amor por el cine de género va más allá de (re)construir éxitos pretéritos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...