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jueves, 15 de noviembre de 2018

SANTO CONTRA EL DOCTOR MUERTE (1973)

A pesar de la fama y el larguísimo recorrido (cuasi interminable) de esta mítica saga, la proyección de "Santo contra el doctor muerte" era mi primera aproximación al orondo y entrañable enmascarado de plata. Dentro del Festival de Sitges, la pequeña y humilde sala Brigadoon es el último refugio del cinéfilo, un lugar que resucita joyitas escondidas y muy raras de encontrar para el aficionado.
Grandes momentos he vivido en esta sala, donde destaco el visionado de las obras más bizarras de Jesús Franco, la cita anual obligada con algún documental sobre el splatter italiano o la inolvidable sesión de "Rape Zombie" 2 y 3.
En esta ocasión, y con motivo del homenaje a la estupenda Helga Liné, se proyectó la cinta que nos ocupa, uno de los films clave de la saga del luchador mexicano. Ya la sinopsis es demencial: unos ladrones entran en un museo y causan daños en el cuadro Los Borrachos de Velázquez. Se le encarga la restauración de la obra al doctor Mann, sin saber que es precisamente uno de los criminales.
Lo que Mann hará será sustituir el cuadro por una réplica. Además, tiene a varias mujeres en su lozanía secuestradas en un castillo.
Aprovechando que el mítico wrestler y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto con al detective Paul.
Con más de 50 títulos en su haber, la saga del Santo es una de las más largas de la historia del cine, y abarca desde la seminal "Santo contra Cerebro del Mal (1958)" hasta ya entrados los primeros años 2000. ¡Cuál ha sido mi sorpresa durante el visionado del presente film!.
Lejos de encontrarme con una cinta aburrida y cutre de serie Z (así es la fama que arrastra la franquicia), "Santo contra el doctor muerte" (la entrega nº 42), ha resultado a la postre una filmación divertidísima y deliciosamente naif.


A pesar de que su extenso metraje para un proyecto de estas características (cuasi 100 minutazos) se haga muy cuesta arriba, la película es un despliegue pulp con mad doctors, enemigos imposibles, bases secretas subterráneas, compuertas, trampas mortales, muchas jovenzuelas luciendo palmito y un superhéroe permanentemente enmascarado y que es todo un galán con las féminas pero duro de pelar cuando se le requiere. Además, Liné (la verdadera protagonista), rezuma atractivo y buen hacer como espía y no somos excesivamente torturados con interminables batallas insípidas de lucha libre mexicana con Santo mostrando sus pectorales. En definitiva, una muy divertida muestra de Serie B que nos invita a seguir rastreando la saga.

Adrián Roldán

miércoles, 14 de noviembre de 2018

INUYASHIKI (2018)

Muchos conocimos a Shinsuke Sato gracias al enorme revuelo que montó la festiva proyección de "I am a hero" en 2015, la adaptación del célebre manga de zombis de Kengo Hanazawa.
Desde entonces, al director le han llovido nuevos proyectos relacionados con los live-actions de animes y mangas varios, desde la nueva "Death Note: El nuevo mundo (2016)" a la esperada adaptación de "Bleach (2018)".
El film que nos ocupa hoy, "Inuyashiki", se posiciona como el trabajo más destacable hasta el momento del director japonés, adaptando el manga de Hiroya Oku, creador de Gantz. De entre el ingente aluvión de este tipo de cine que asalta Japón desde hace años (algo parecido a la invasión Marvel en Occidente), "Inuyashiki" está un escalón por encima de estas adaptaciones, por lo general algo chapuceras, aunque entretenidas.
El citado Inuyashiki, un hombre de mediana edad, y Hiro, un adolescente corriente, son atrapados por un extraño rayo gracias al cual adquieren poderes especiales. Cada uno de ellos usará ese extraño poder de manera muy diferente.
La película destaca por presentar a un personaje inolvidable, un hombre cincuentón cuya vida no puede ser peor, con una familia que lo desprecia y un trabajo terrible, hasta que de un día para otro, se convierte en un cyborg con capacidades asombrosas.
Por otro lado tenemos a Hiro, el típico outsider teenager del cine japonés, de padres separados y objeto de bullying en la escuela, que cuyo odio y rabia irán convirtiéndolo, poco a poco, en un villano. Destaca un intento por dar tridimensionalidad a los dos antagonistas, dándole a cada uno un trasfondo y una razón de ser bastante coherente.



Se rodea todo el metraje de un halo épico (y dramático) muy conseguido, manteniendo las vidas y desarrollo de la pareja protagonista en paralelo la mayor parte del tiempo, hasta estallar en el clímax: una sorprendente matanza de “inocentes” en el centro de Shibuya con posterior batalla robótica llena de espectacularidad, donde destacan unos  efectos especiales sobresalientes. 
Inuyashiki, así, se erige como un film muy entretenido a pesar de sus giros dramáticos y tragedias personales exageradas (un tic del cine japonés que al ya acostumbrado no le molestará), pero decididamente espectacular, a la vez que reinterpreta el género superheróico tanto japonés como occidental a los nuevos tiempos. Notable.

Adrián Roldán

viernes, 2 de noviembre de 2018

SUPERLOPEZ (2018)


Tras varios años tratando de encontrar financiación, por fin el proyecto cinematográfico para adaptar "Superlópez", el popular cómic de Jan, se ha convertido en realidad, y ya aterriza, nunca mejor dicho, en nuestras salas.
Sitges 2018 se ha reservado el privilegio de su estreno mundial, algo que su director, Javier Ruíz Caldera, natural de Viladecans, como fiel asistente al festival que ha sido durante años, le resultó un auténtico placer, pues ver proyectada su película en el enorme Auditori siempre es y será un orgasmo profesional.
Difícil empresa fue la concepción de su guion, ya que tomarse ciertas licencias en su traducción al cine podría haber hecho enfadar a una legión de seguidores puristas; sin embargo, haberse empeñado en respetar solo las viñetas de Jan a toda costa, hubiera podido, de igual forma, no funcionar en pantalla.
Por suerte, el film ha caído en buenas manos, y el cineasta catalán, fan declarado de los cómics, se ha esforzado en otorgar un equilibrio entre el original y su difícil traslación al lenguaje cinematográfico, consiguiendo un resultado ciertamente agradable, en tono y forma, muy divertido (aunque quizás en exceso políticamente correcto) y bastante fiel, además de agregar ideas nuevas, que enriquecen en su mayoría, la historia de base.
Uno de los principales retos era escoger bien al personaje central, pues todo orbitaba alrededor de sus expresiones, torpeza gestual y semblante cómico. Se barajaron nombres como José Mota (que creo, lo hubiera decantado mucho al puro gag), o Imanol Arias, que habiendo sido Anacleto en el previo proyecto del director, quedaba lógicamente descartado.


Tras meditarlo mucho y vencer sus posibles temores a no dar la talla, el cómico/actor Dani Rovira se enfundó finalmente el destartalado traje y asumió con descaro el desafío. Lo cierto es que nada se le puede reprochar al malagueño, más allá de algunos tics característicos e inevitables de su interpretación, casi nunca molestos. Si bien encarna a un Juan López algo más joven de lo esperado, consigue dotar al personaje de un cierto carisma y sabe plasmar la noble pero torpona forma de ser del paródico superman ibérico con bastante puntería, pudiendo afirmar que fue un acierto de cásting.
Acompañado por un elenco de rostros conocidos como el "chanante" Julián López (divertidísimo), Alexandra Jiménez (por la que siento especial predilección) o Maribel Verdú, se ha conseguido realizar una comedia ligera a la par que singular, con unos fantásticos efectos gráficos (por momentos incluso soberbios) y así hacernos disfrutar, esta vez en carne y hueso, del más famoso superhéroe catalán (recordemos que su nave se estrelló en Lleida).
Estamos frente a una cinta de aventuras sin mayor pretensión que hacernos disfrutar, que desprende humildad, respeto y cariño, subraya valores clásicos y que sabe, en todo momento, reírse de sí misma.
Algunos esgrimirán que le falta empuje, más mala uva o que se queda corta en su afán de retratar al héroe con bigote, pero al menos yo, he tenido una sensación muy similar al terminarla que cuando leía sus historietas. Misión cumplida entonces. ¡Ah!, y que alguien financie la secuela, gracias.

viernes, 19 de octubre de 2018

FESTIVAL DE SITGES 2018: JUEVES 11 DE OCTUBRE (DÍA 8)

Tras varios años tratando de encontrar financiación, por fin el proyecto cinematográfico para adaptar "Superlópez", el popular cómic de Jan, se ha convertido en realidad, y ya aterriza, nunca mejor dicho, en nuestras salas.
Sitges 2018 se ha reservado el privilegio de su estreno mundial, algo que su director, Javier Ruíz Caldera, natural de Viladecans, como fiel asistente al festival que ha sido durante años, le resultó un auténtico placer, pues ver proyectada su película en el enorme Auditori siempre es y será un orgasmo profesional.
Difícil empresa fue la concepción de su guion, ya que tomarse ciertas licencias en su traducción al cine podría haber hecho enfadar a una legión de seguidores puristas; sin embargo, haberse empeñado en respetar solo las viñetas de Jan a toda costa, hubiera podido, de igual forma, no funcionar en pantalla. 
Por suerte, el film ha caído en buenas manos, y el cineasta catalán, fan declarado de los cómics, se ha esforzado en otorgar un equilibrio entre el original y su difícil traslación al lenguaje cinematográfico, consiguiendo un resultado ciertamente agradable, en tono y forma, muy divertido (aunque quizás en exceso políticamente correcto) y bastante fiel, además de agregar ideas nuevas, que enriquecen en su mayoría, la historia de base.
Uno de los principales retos era escoger bien al personaje central, pues todo orbitaba alrededor de sus expresiones, torpeza gestual y semblante cómico. Se barajaron nombres como José Mota (que creo, lo hubiera decantado mucho al puro gag), o Imanol Arias, que habiendo sido Anacleto en el previo proyecto del director, quedaba lógicamente descartado.

Rovira como Superlópez
Tras meditarlo mucho y vencer sus posibles temores a no dar la talla, el cómico/actor Dani Rovira se enfundó finalmente el destartalado traje y asumió con descaro el desafío. Lo cierto es que nada se le puede reprochar al malagueño, más allá de algunos tics característicos e inevitables de su interpretación, casi nunca molestos. Si bien encarna a un Juan López algo más joven de lo esperado, consigue dotar al personaje de un cierto carisma y sabe plasmar la noble pero torpona forma de ser del paródico superman ibérico con bastante puntería, pudiendo afirmar que fue un acierto de cásting.
Un café con leche y un cruasán, cosas que no cambian
Acompañado por un elenco de rostros conocidos como el "chanante" Julián López (divertidísimo), Alexandra Jiménez (por la que siento especial predilección) o Maribel Verdú, se ha conseguido realizar una comedia ligera a la par que singular, con unos fantásticos efectos gráficos (por momentos incluso soberbios) y así hacernos disfrutar, esta vez en carne y hueso, del más famoso superhéroe catalán (recordemos que su nave se estrelló en Lleida).
Estamos frente a una cinta de aventuras sin mayor pretensión que hacernos disfrutar, que desprende humildad, respeto y cariño, subraya valores clásicos y que sabe, en todo momento, reírse de sí misma.
Algunos esgrimirán que le falta empuje, más mala uva o que se queda corta en su afán de retratar al héroe con bigote, pero al menos yo, he tenido una sensación muy similar al terminarla que cuando leía sus historietas. Misión cumplida entonces. ¡Ah!, y que alguien financie la secuela, gracias.

J.A.


"Valley of Shadows" (Skyggenes Dal), primer largometraje de Jonas Gulbrandsen, es una extraña aportación noruega al mundo del fantástico, tímidamente cautivador y ¿sobre?cargado de imágenes sugerentes, casi gélidas, donde no todo funciona pero que sí logra impregnarnos de una atmósfera de ensoñación, que juguetea con lo esotérico, y aportando al género algo más sobre ese desconocido pero apasionante subcultura escandinava sobre lo mágico y eterno.
Estamos ante una pequeña historia de un niño de apenas 6 años, Aslak, que vive junto a su madre en una zona remota de Noruega. Una trágica noticia que conmociona a la mujer, de inmediato precipita al introvertido joven a tratar de entender lo sucedido y embarcarlo en un viaje de crecimiento personal, en solitario, tanto físico como espiritual, a través del impresionante entorno natural noruego, percibiendo desde la óptica intacta de un niño los misterios y realidades del mundo que le rodea.
Lo subjetivo se distorsiona aquí con la realidad de forma severa, a niveles casi metafísicos, dentro de un film que tiene su principal baza en el enclave donde todo sucede, pues la fuerza de la Naturaleza otorga, por sí sola, un enorme poderío visual. Reminiscencias culturales autóctonas (que a buen seguro se me/nos escapan), junto a otras fuentes más manidas como la licantropía o el imaginario infantil se dan la mano dentro de un contexto que bebe de lo gótico y lo terrorífico, pero sobre todo de lo sensorial, convirtiéndose en una experiencia cercana a lo íntimo.
Razonablemente interesante, el filme sin embargo cae a menudo en el tedio por su fuerte apuesta de un ritmo en exceso onírico y pausado, afectado de demasiada intencionalidad emotiva. Sin el menor género de dudas, se trata de un diminuto proyecto repleto de valores, capas psicológicas y diferentes lecturas acerca de la transición generacional, el crecimiento espiritual o la difícil aceptación de una pérdida, además de servir como terapia al autor, en mayor o menor grado.

El pequeño Aslak, en su periplo vital

Poderosas imágenes cargadas de poesía inundan el pequeño film noruego

A pesar de que el fondo y la forma son coherentes entre sí (cosa que aplaudo), llegan también a provocar, al mismo tiempo, dos caras de una misma moneda. Lo que sirve a Gulbrandsen como escenario de su triste y educativa narración, nos adormila y a veces anestesia, a poco que desconectemos un minuto (que sucede). Su apagada puesta en escena, silenciosa y contemplativa, aunque bella y visualmente agradable, acaba por resultar narcotizante, y la omnipresencia del niño protagonista, expresión paroxística del ario de ojos azules y pelo dorado, enfría más si cabe la obra.
No resulta encomiable pero aporta un poco de aire nuevo al cine fantástico con sello de autor, además de indagar en conceptos complejos del ser humano, explorando campos de difícil transitar. Eso siempre se agradece, aunque el espectador no se enamore.

J.A.

domingo, 7 de octubre de 2018

FESTIVAL DE SITGES 2018: VIERNES 5 DE OCTUBRE (DÍA 2)

Muchos conocimos a Shinsuke Sato gracias al enorme revuelo que montó la festiva proyección de I am a hero en 2015, la adaptación del célebre manga de zombis de Kengo Hanazawa. Desde entonces, al director le han llovido nuevos proyectos relacionados con los live actions de animes y mangas varios, desde la nueva Death Note: El nuevo mundo (2016) a la esperada adaptación de Bleach (2018).
El film que nos ocupa hoy, Inuyashiki (2018) se posiciona como el trabajo más destacable hasta el momento del director japonés, adaptando el manga de Hiroya Oku, creador de Gantz. De entre el ingente aluvión de live actions que asaltan Japón desde hace unos años (algo parecido a la invasión Marvel de Occidente), Inuyashiki está un escalón por encima de estas adaptaciones, por lo general algo chapuceras (aunque entretenidas).
Inuyashiki, un hombre de mediana edad y Hiro, un adolescente, son atrapados por un extraño rayo gracias al cual adquieren poderes especiales. Cada uno de ellos usará ese extraño poder de manera muy diferente.
La película destaca por presentar a un personaje inolvidable como es el del propio Inuyashiki, un hombre cincuentón cuya vida no puede ser peor, con una familia que lo desprecia y un trabajo terrible, hasta que, de un día para otro, se convierte en un cyborg con capacidades asombrosas.


Por otro lado tenemos a Hiro, el típico outsider adolescente del cine japonés, de padres separados y objeto de bullying en la escuela y cuyo odio y rabia irán convirtiéndolo poco a poco en un villano.
Destaca un intento por dar tridimensionalidad a los 2 antagonistas, dándole a cada uno un trasfondo y una razón de ser bastante lógica. Se rodea todo el metraje de un halo épico y dramático muy conseguido, manteniendo las vidas y desarrollo de Inuyashiki y Hiro en paralelo la mayor parte del tiempo, hasta estallar en su clímax final: una sorprendente matanza de “inocentes” en el centro de Shibuya con posterior batalla robótica llena de espectacularidad, donde destacan unos excelentes efectos especiales. 


Inuyashiki, así, destaca siendo un film muy entretenido a pesar de sus giros dramáticos y tragedias personales exageradas (un tic del cine japonés que al ya acostumbrado no le molestará), pero decididamente espectacular, a la vez que reinterpreta el género superheróico tanto japonés como occidental a los nuevos tiempos. Notable.

Redactado por Ultraman



Una de las apuestas fuertes de Netflix para este año también se hizo un hueco en la programación del festival, y pese a estrenarse el próximo 12 de octubre en la famosa y cada vez más robusta plataforma, era una buena ocasión para exhibir su potencial dentro de Sitges.
El director del aclamado y violentísimo díptico "Redada Asesina", el galés Gareth Evans, consigue esta vez financiación británica para presentarnos "El apóstol", un film alejado de lo que hasta ahora planteaba su cine, y así terminar de demostrarnos sus altos conocimientos sobre el medio, técnico y artístico, que requiere una obra como la que nos trae.
Ambiciosamente rodada, su nuevo trabajo exhibe sobre todo una fotografía espléndida de una isla remota donde, en el año 1905, una secta en crisis secuestra a la hija de un pudiente para, tras cobrar el rescate, superar la época de sequía y poder continuar con garantías en su pequeña comunidad de feligreses. El hermano de ésta, Thomas, tratará de colarse en la comunidad para encontrarla, con el peligro de muerte que eso conlleva, pues obviamente allí esconden un extraño secreto que pocos conocen.
Lógicamente, las películas que desmesuran su metraje para poder contar su historia (El Apóstol supera el par de horas) irremediablemente caen más a menudo en incongruencias de guion, agotamiento por parte del espectador o incluso pérdida de interés en las tramas que la forman, pese a lucir notablemente e incluso llamar nuestra atención en su bloque inicial, por lo general el más lúcido. La tortuosa narrativa de Evans nos convence durante su primera mitad, presentando personajes, situaciones y escenarios muy interesantes, situándonos en el lugar de manera concreta e invitándonos sin esfuerzo a empatizar con el asunto del secuestro (no tanto ya con el hermano, algo insípido y quizás desentonado debido a su rostro propio de un anuncio de perfumes).
Es pues en su bloque central donde, a pesar de permanecer todavía interesados, se rebaja mucho el efecto inicial, convirtiéndose en una película más sobre comunidades sometidas al gurú de turno que dice comunicarse con deidades. Con una factura más que notable, elegante trabajo sonoro y buena ambientación sin duda, pero lejos de ser recordada por nada más.
Thomas, a su llegada al pueblo, pensando su plan de rescate
Si a eso le sumamos un segmento final, en mi opinión, chirriante por ambicioso y a veces fallido por alambicado, el resultado es, pese a los momentos sorprendentes de violencia propias del autor y un par de poderosas escenas (su llegada al pueblo, ese padre acorralando a su hija encinta..), un film interesante de indiscutibles aspectos técnicos pero carente de alma, casi nunca memorable y por momentos agotador. Una apuesta llamativa para que conste en Netflix, y que seguramente funcione muy bien ahí, pero que el tiempo situará entre el grueso de producciones estigmatizadas que ni satisface al público general ni al que aprecia lo exquisito.

Redactado por el verdadero Apóstol, Jesús Álvarez


A pesar de la fama y el larguísimo recorrido (cuasi interminable) de esta mítica saga, la proyección de "Santo contra el doctor muerte (1973)" era mi primera aproximación al orondo y entrañable enmascarado de plata. Dentro del Festival de Sitges, la pequeña y humilde sala Brigadoon es el último refugio del cinéfilo, un lugar que te acoge para ofrecer joyitas escondidas y muy raras de encontrar para el aficionado.
Grandes momentos he vivido en esta sala, donde destaco el visionado de las obras más bizarras de Jesús Franco, la cita anual obligada con algún documental sobre el splatter italiano o la inolvidable sesión de Rape Zombie 2 y 3.
En esta ocasión, y con motivo del homenaje a la estupenda Helga Liné, se proyectó la cinta que nos ocupa, uno de los films clave de la saga del luchador mexicano. Ya la sinopsis es demencial: Unos ladrones entran en un museo y causan daños en el cuadro Los Borrachos de Velázquez. Se le encarga la restauración de la obra al doctor Mann, sin saber que es precisamente uno de los criminales.
Lo que Mann hará será sustituir el cuadro por una réplica. Además, tiene a varias mujeres secuestradas en su castillo. Aprovechando que el luchador y agente secreto Santo se encuentra en España, las autoridades le piden que investigue el caso junto con el detective Paul.


Con más de 50 títulos en su haber, la saga de Santo es una de las más largas de la historia del cine y abarca desde la seminal "Santo contra Cerebro del Mal (1958)" hasta ya entrados los primeros años 2000. ¡Cuál ha sido mi sorpresa durante el visionado del presente film!.
Lejos de encontrarme con una cinta aburrida y cutre de serie Z (así es la fama que arrastra la saga), Santo contra el doctor muerte (entrega nº 42 de la serie), resulta una entrega divertidísima y deliciosamente ingenua e inocente.
A pesar de que su extenso metraje para un proyecto de estas características (cuasi 100 minutazos) se haga muy cuesta arriba, la película es un despliegue pulp con mad doctors, enemigos imposibles, bases secretas subterráneas, compuertas, trampas mortales, muchas jovenzuelas luciendo palmito y un superhéroe permanentemente enmascarado y que es todo un galán con las féminas pero duro de pelar cuando se le requiere. Además, Liné (la verdadera protagonista), rezuma atractivo y buen hacer como espía y no somos excesivamente torturados con interminables batallas insípidas de lucha libre mexicana con Santo mostrando sus pectorales. Muy divertida muestra de Serie B. Seguiremos con la saga.

Redactado por Adrián Roldán



One cut of the dead (2018) se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año y ni sus creadores se lo creen. Nacida a partir del trabajo de unos estudiantes de cine en Japón, con apenas 27.000 dólares de presupuesto pero con mucho ingenio, pasión y amor. Y eso se nota.
De estrenarse en 3 cines en todo Japón y gracias al boca a boca el fenómeno ha ido creciendo hasta que, meses después, el film aún esté colocado en el Top 10 nacional, con cerca de 10 millones de dólares recaudados además de triunfar por todo aquel Festival de cine que pase.
¿Es One cut of the dead merecedora de tanto revuelo? Decididamente sí. Era esperado la llegada de este film a Sitges y así se ha hecho notar en su primera proyección en una Sala Tramuntana llena hasta la bandera, con casi todo el cast presente. Sin duda, dicha proyección se ha convertido en uno de los momentos más mágicos y emocionantes que he podido vivir en los 13 años que llevo asistiendo a Sitges.
El proyecto se basa en la grabación de una película de serie B sobre muertos vivientes, hasta que ésta se ve interrumpida por un auténtico apocalipsis zombi.
A todo aquel que se acerque a tan encantador film, cuanto menos sepa mejor, porque su original guión es una de sus grandes bazas. Una obra que abre con un plano secuencia totalmente amateur algo discutible y que hace que empieces a dudar y preguntarte: ¿Pero qué estoy viendo? Hasta que aparecen los zombis, claro, y el rodaje se convierte en un desmadre. No os digo nada más. 
One cut of the dead rezuma amor por el cine por los cuatro costados. Amor, pasión y cariño por el proyecto que se está levantando, con unos actores entregados y una merecida reivindicación del trabajo de todos los que están tras las cámaras y que se dejan la piel por su proyecto.
Un largometraje que se pasa en un suspiro, cuyos personajes son verdaderamente entrañables, con un humor sano, muy gamberro, y unos giros de guión verdaderamente originales, que dan una nueva vuelta de tuerca al tan hastiado cine de zombis. Muy bien. Desde ya, mi favorita del año.
 
Un "sospechoso" con parte del cast de One cut of the dead tras la proyección

Aparecen los créditos finales, las luces de la Tramuntana se encienden y nos devuelven a la realidad. La sala estalla en aplausos y se pone en pie girándose hacia el cast del film, que emocionados, se levantan con lágrimas en los ojos agradeciendo la acogida. 5 minutos de aplausos y todos tan felices, porque amamos el cine.

Redactado por el galán e internacional Adrián Roldán


Perlman, en el Auditori
La tarde del viernes, con Ron Perlman como invitado de honor en el Auditori, asistimos al estreno mundial de su primer proyecto como productor (además de reservarse el papel protagónico), en el thriller de tono crepuscular "Asher".
Lo poco que sabíamos sobre dicho proyecto no resultaba muy prometedor, pues timoneaba el director de la ridícula "Instinto Básico 2", el argumento sonaba a un mil veces visto y la pareja ¿estelar? no auguraba mucha química en pantalla, sin olvidarme del papelito de un ya septuagenario Richard Dreyfuss. Sin embargo, esos prejuicios estaban casi todos equivocados; y digo casi, porque a pesar de ofrecer material de interés, no todo fueron sorpresas positivas. Lamentablemente.
La historia de un ex-agente del servicio de inteligencia israelí, ahora reconvertido a asesino a sueldo afincado en Brooklyn, no sólo muestra una rara pero sin duda acertada dosificación de sus momentos de acción ad hoc, sino que además fluctúa entre el drama intimista con tintes urbanos y el thriller más lacónico, añadiendo incluso destellos de humor fino, casi imperceptibles.
El personaje de Asher (un Perlman sostenido por limitado), funciona bien mientras desempeña su letal oficio, en lo que son los mejores momentos de la cinta, ciertamente originales (su modus operandi es genial), y que invitaban a soñar con un film más potente, mejor de lo que cabía esperar. Unos diálogos inteligentes rubrican las secuencias clave, y dotan a esta "Asher" de una elegancia inesperada, además de una puesta en escena pensada y sin prisas, cercana al mejor cine de Jarmusch. Que no es baladí.


Lo que ocurre es que una vez adentrados en lo magro de la historia se nos van acumulando los tópicos, y si nos paramos a despojar la obra de su "forma" (casi siempre magnífica), para quedarnos con el "fondo", ahí comienzan los problemas. Pulsiones típicas y otra love-story no por trágica menos común, embozan el resultado final, arrastrándolo a lo convencional. Quizás precisaba de un mayor metraje alrededor del personaje central, pues su pasado queda desdibujado y podría haber sido una historia interesante a explorar.
Pero lo peor estaba por llegar, y es que su secuencia de cierre, si se mantiene así en su edición final, resulta del todo penosa, una resolución sonrojante, propia de bolsilibro, que mejor olvidarla. Impropia y tremendamente inadecuada, un tropezón argumental imperdonable que aún se puede subsanar si A contracorriente films, distribuidora de lujo en nuestro país, le pone remedio.
Por lo demás, se trata de una cinta digna, de cierta elegancia formal, con sus más y sus menos, que sobresale en este tipo de producciones por su delicado tratamiento del género y su peculiar sentido del ritmo.

Teclado aporreado por Jesús Álvarez

La sorpresa de la jornada, e incluso del festival, se vivió la medianoche del viernes al sábado, en un abarrotado pero por costumbre confortable auditorio del Hotel Melià. Los afortunados allí presentes vivimos una experiencia inolvidable, un ritual cinematográfico solo posible compartiendo pantalla, silencio y oscuridad junto una multitud, sumándonos todos a la orgía lisérgica que concibió Gaspar Noé.
"Climax" se venía anunciando como una especie de prolongación de su previa "Enter the Void (2009)", donde drogas, música, baile y sexo colisionan para formar una locura sensorial, muy aplaudida por un sector pero vilipendiada por muchos otros, sin duda más conservadores. Lo cierto es que su nuevo trabajo nos vuelve a hablar de eso, en efecto, pero con el añadido de sufrir tal mutación fílmica que de algún modo, la película cobra vida propia, pues palpita y retumba de distinta manera en cada uno de nosotros, fagocitándonos, molestándonos, fascinándonos.
Sin apenas guion, mucha libertad creativa y con cierta premura por llegar a tiempo a Cannes, Noé concibió el film (su primer "Rated"), como una impactante pesadilla visual, donde el LSD y el alcohol extraen nuestras pulsiones más primarias hasta casi volver a la etapa primate, convirtiendo la fiesta con bailarines de inicio en una intensa bacanal, orgánica y pasional, repleta de onirismo surreal y demencia gestual, propiciando un género cinematográfico propio, intuyo que quizás nuevo, denominado ya por algunos como danza thriller.
Todo acontece en el interior de un edificio abandonado, antes una antigua escuela, en un gélido paraje sin concretar, a mitad de los 90. Un grupo de bailarines, casi todos franceses, celebran, bailan, aúllan, ríen, festejan, conversan y beben sangría por, en principio, haber sido seleccionados por una prestigiosa coreógrafa. Lentamente, eso sí, las sensaciones cambian. Parece que alguien ha echado algo en la bebida, ocasionando un progresivo delirio global, alucinatorio y peligroso, que convierte el lugar en un infierno sensitivo, donde hay cabida para el humor (sin censuras), la violencia, el sexo e incluso la muerte.


Filmada con nervio y en todo momento explorando sus propios límites, el argentino nos subyuga con un viaje tan brutal como hipnótico e inusual, que no todos querrán hacer (imagino a mucho público incómodo e indignado), exponiéndonos a una tortura algo mareante y repetitiva pero cautivadora, tribal e intensa como pocas. Un trippy jamás antes rodado, del cual salgo agotado pero fascinado, maravillado por su enérgica anarquía conceptual.
Personalmente creo que la obra de Gaspar Noé solo puede tener un recorrido lógico cuando es exhibida en salas (algo parecido a "The Rocky Horror Picture Show"), y que pronto la etiquetarán como cinta de culto, pero jamás podrá satisfacer a nivel doméstico, pues ni está planteada para eso ni embriagará a nadie en una pequeña pantalla.

Redactado por un cada vez más "flipao" Jesús Álvarez

miércoles, 22 de agosto de 2018

GOLDFACE (1967)


"Nadie podía salvar a la humanidad en peligro excepto él. Ni todo un ejército podía contra su voluntad y su fuerza. Por eso era llamado... el fantástico Superman". Estas contundentes frases adornaban los fotocromos y marquesinas de los cines la Navidad de 1967, cuando "Goldface, el fantástico Superman" llegaba a las pantallas italianas.
Ni que decir tiene que su éxito en salas fue directamente proporcional a su calidad, y pasó al sistema doméstico al poco después (me refiero al moribundo VHS), donde sí tuvo un poco más de repercusión.
Lo insólito de la idea fue en primer lugar aprovechar el tirón sobre superhéroes italianos de andar por casa mezclado con la figura del wrestler mexicano "El Santo", y fusionarlo todo con la del mago Mandrake, un cómic de 1934 creado por el autor de The Phantom.
Como resultado, un pastiche difícilmente soportable que  
no solo acusa una pobre dirección (a todos los niveles), sino también una preocupante cutrez general, parece hecha con prisas y no se percibe demasiado cariño en su realización, simplemente se limitaron a cumplir plazos y contratos.
A la ya clásica producción hispano-italiana, esta vez se sumó a la fiesta Venezuela, llevándose la acción a su terreno e implantando características "culturales" de cosecha propia, tanto de localizaciones (fue rodada íntegra en Caracas), como sociales (la lucha libre), además de aportar al protagonista casanova Robert Anthony, o mejor dicho, Espartaco Santoni (1932-1998), muy conocido en España y no solo por sus 8 matrimonios.

Combates al más puro estilo "El Santo", o sea, interminables y teatrales, muy aburridas
El musculoso Lothar, un africano leal y bondadoso, pero bobalicón
Lo más curioso e injusto de todo es que bajo esa "cara de oro", arriesgando su integridad en varias escenas peligrosas (cuentan que había barracudas en el mar en una de ellas) y realizando acrobacias de todo tipo, no estaba el bueno de Santoni, sino su fornido stunt, el todoterreno Attilio Severini, aquí además reservándose un papel bajo el seudónimo de Big Matthews. Él merece muchos más aplausos que nadie, pues se implica como ninguno e incluso pone en riesgo su vida por la película.
En su lucha contra la organización Cobra, que coordina con destreza chantajes millonarios a empresas, Goldface saca tiempo entre combate y combate para poner orden, ligarse a todo ser viviente y además pasearse con su ridículo atuendo (esta vez sí lo es) apalizando esbirros torpones.
El luchador dorado se oculta tras la figura de un respetado científico, el doctor Vilar, el cual ayuda a empobrecer si cabe la poca trama que hay, y en vez de sumar carisma como viene siendo costumbre, más bien resta, dibujando un personaje plano y sin interés.
Acompañado por su inseparable amigo Lothar (también Kotar, Lothair...una mole africana devora-cacahuetes que encarna, y nunca mejor dicho, el wrestler de origen cubano "El Gran Lotario", casado además con la hermana de Santoni), finalmente se verán las caras contra "el Cobra", una suerte de villano hiper-ególatra y despiadado que habla de sí mismo en tercera persona, se cree casi una deidad y dice nacer uno como él cada milenio. Su atuendo al final de la película es casi genial, y es una verdadera pena que no recayese gran parte de los minutos sobre su persona, pues como enemigo estaba muy por encima del resto de personajes.

Calentando mofletes por doquier, el héroe se lleva a las féminas de calle además
Goldface, juzgad vosotros mismos
Fotocromo promocional italiano
Goldface, el fantástico superman, no es más que un producto caprichoso sin mayor entidad, rodada por realizadores mediocres con el piloto automático y con todo el paquete al completo, o sea, mal montada, filmada, sonorizada (un horror), interpretada y pensada. Es decir, muy fallida. Aún así, y más allá de su obvia condición de cine Z, contiene trazas de diversión y casi todas gracias a los diálogos, sobre todo cuando son subidas de tono.
Frases como: "me pregunto si será tan bruto haciendo el amor", pronunciada por una periodista germana algo acalorada que presencia un combate en directo, o "Ahora no puedo que tengo que entrenar, pero te pondré en mi lista de espera", dicha por el propio Goldface ante una insinuación, son ejemplos del humor que puntualmente despliega el film. Por desgracia, no es suficiente como para tenerla en consideración y se cae por su propio peso. Tan sólo queda ya como un mero documento fílmico de antiguas leyendas del wrestling venezolano, y eso si a alguien le importa....
Como curiosidad, destacar que el fiel compañero del antes citado mago Mandrake, se llamaba Lothar, y su archienemigo obviamente, La Cobra. Originalidad por los suelos también, en fin...

PD: Debido a la pésima calidad de la copia existente, un mal transfer de VHS, no he podido seleccionar capturas como siempre me gusta hacer, pero nos hacemos una idea con las imágenes que he escogido online.

lunes, 20 de agosto de 2018

FLASHMAN CONTRA EL HOMBRE INVISIBLE (1967)

Es el turno de abordar uno de los títulos italianos sobre encapuchados estrafalarios más divertidos de cuantos se llegaron a filmar a finales de la década de los 60.
Plenamente consciente de sus referentes tebeísticos y por fortuna bastante desmadrado, "Flashman contra el hombre invisible" se convierte en todo un disfrute sensitivo a muchos niveles, una especie de hermano menor alocado de la formidable Diabolik de Mario Bava que termina por ser una comedia ejemplar para el subgénero al que obedece, el fumetti neri.
Estrenada en la primavera de 1967, sin duda el año con mayor número de producciones sobre justicieros playboy con capa y antifaz, Flashman está considerado por algunas fuentes como el primer superhéroe del cine italiano, mezcla disparatada de los iconos de DC Superman y Batman, obvios referentes, pero pasados por el siempre bienvenido túrmix transalpino.
Echando más leña al fuego, se atreve además a ser una versión de la novela de H.G.Wells "The Invisible Man", dándole dos vueltas de tuerca y llevándose la trama al puro gag, conjugando elementos con la suficiente habilidad y tino como para resultar endemoniadamente entretenida.
En un laboratorio de Londres, el profesor Philips logra al fin la pócima de la invisibilidad, para segundos después ser asesinado a sangre fría por un gánster de poca monta llamado Kid. El objetivo del criminal es robar en el banco de Irlanda sin ser visto, pero allí también lleva a cabo sus diabluras la encantadora Alika, una ladrona que junto a su séquito de hermosas (pero implacables) cómplices, metían mano en la caja de forma habitual.

Su carta de presentación
Alika, con su "atuendo carcelario", notando la pantorrilla del hombre invisible....
El intrépido Flashman (un Lord de sangre azul llamado Alex Burman que combate el crimen por aburrimiento), se sumará a la fiesta y tratará de evitar que ambos frentes se salgan con la suya, primero con el robo a la entidad bancaria y después con un objetivo aún más ambicioso, un maharajá conocido por ser el hombre más rico del mundo, que se encuentra de viaje en Beirut y al que pretenden arrebatarle su inmensa fortuna.
El mayor acierto de Guglielmo Loy (J. Lee Donan para la ocasión), fue conseguir que su película tuviese en todo momento una agradable sensación de transparencia, pues es del todo honesta y se regodea en el humor hasta las últimas consecuencias, exagerando los tópicos y destapando con gracia las costuras de modelos previos. Aquí nadie quiere ni dominar ni destruir el planeta, solo forrarse; el héroe, además de ser un caprichoso millonario con mayordomo y demás lujos, es directamente de la realeza (¡¡esa llamada a la mismísima Reina Isabel!!); va acompañado de una mujer, en efecto, pero es su hermana menor yé-yé, y sus habilidades van en función de la hazaña que toque superar, sumando destrezas a medida que avanza la trama.

¿Quién? ¿Yo?
Siempre tan gentil, Flashman trata de hacer el bien
Otro punto inesperadamente divertido son los trucajes, pues pese a verse casi siempre el recurso, ya sean cables, hilos de pescar, trampas de encuadre, maquetas o muñecos, bien mirado resulta coherente tanto con el tono como con el propósito de la cinta. En esta ocasión, el disfraz con chaleco antibalas incluido recayó en un aplicado Paolo Gozlino (Paul Stevens 1929-1992), coreógrafo de baile y habitual en programas de televisión que sin ser nada del otro mundo, supo convertir sus limitaciones interpretativas en pequeños aciertos, poniendo al servicio del personaje su inexpresiva cara y sus ojos azules con tal de parecer inalterable ante las adversidades.
Al tratarse de una co-producción franco-italiana, el desmelene llevó consigo algunos ingredientes galos. La citada Alika (la ex-modelo belga Claudie Lange), con menos minutos que su compañero enmascarado, sin duda era un personaje más interesante, maquiavélica y perspicaz, además de aportar belleza al entuerto. El detective Baxter por contra, una suerte de Poirot enloquecido, lo encarna el francés Jacques Ary (1919-1974), tan exagerado y sobreactuado que extenúa, pero que acaba por ser inolvidable.
Remarcable pues como comedia que logra conjugar elementos multigénero (incluso el slapstick), que comprende muy bien el terreno que pisa y que pese a ser esclava de su propia naturaleza como producto de temporada de serie-B, consigue ser asombrosamente amena. En definitiva, que supo como ninguna extraer el espíritu cómico de este tipo de producciones, y yo que lo celebro.

jueves, 16 de agosto de 2018

MISTER-X (1967)

El cineasta toscano Piero Vivarelli (1927-2010) se sumó a la moda de películas inspiradas en cómics italianos para dirigir dos sucesivos proyectos, Mister-X en 1967 y la más popularizada Satanik un año después, ambas ciertamente irregulares, pero no por eso del todo desdeñables.
A raíz de la publicación de historietas impresas de carácter sexy-violento como Diabolik o Kriminal a mediados de los 60, brotaron decenas de imitaciones y/o variantes de la figura del antihéroe enmascarado enfundando leotardos, pero no tantas fueron llevadas a la pantalla como sabemos, y menos con un mínimo de interés.
En el caso del fumetto "Mister X", de Bolzoni y Caminito, gozó de cierta repercusión en su periplo inicial en papel y eso despertó el interés comercial por llevarlo al celuloide. Vivarelli (o Donald Murray, como se prefiera), militante comunista tras la Segunda Guerra Mundial, se unió a la fiesta sin remilgos, entendiendo que se trataba de una producción sobre espías más, pero esta vez con disfraces.
Un ejemplar en francés del cómic de base
Anunciado como "Un fumetto giallo", lo cierto es que esta coproducción hispano-italiana no obtuvo ni el impacto ni la recaudación pretendida en su día, y tampoco con su "más difícil todavía", la coetánea versión televisiva (de la que solo se acuerda YouTube), o incluso el recurso definitivo, el personaje de Mister X anunciando detergentes Dixan. En fin, todas relegadas al ostracismo con honores.
Volviendo a su versión fílmica, "Avenger X" como se le conoce internacionalmente, presenta al millonario Bob Rockson, ocho veces campeón del mundo de golf, retirado ya de su andadura "criminal" siendo Mister X, al que ahora se le acusa de un asesinato que no ha cometido, pues alguien ha suplantado su ya de por sí enmascarada identidad.
Unos créditos esperanzadores
Por contra, George Lamar, presidente de una importante empresa química, trafica con drogas y hace tratos con la mafia para robustecer su economía, y claro, borra del mapa a quien intente destapar su trama, aunque  se trate de una más de entre su grupo de sinuosas amantes. La horma de su zapato será, como seguro estaréis suponiendo, nuestro espigado y sagaz bandido, al que haciendo un esfuerzo muy importante, compararemos con Arsène Lupin.
Mister X de paisano tomando té...
La acción se trasladará a la isla de Capri, donde Mister X (el recientemente fallecido Pier Paolo Capponi, popular por intervenir en varios giallos, aquí más cool como Norman Clark) y su fiancée Timmy se colarán en la mansión que allí posee el magnate para chafarle los planes y de paso volverse a sentir importante, porque de eso se trataba, de desplegar toda su egolatría y aires de aristócrata pasado de rosca.
El forense fake, de lo mejorcito
Lo más negativo de la cinta, por encima incluso de lo aburrida que llega a ser en muchos segmentos, es la falta absoluta de empatía que se siente hacia el hombre X, llegando casi al repudio. Si bien su personaje tiene puntos interesantes, como que sea un maestro del disfraz (el mayor acierto de todos), demuestre una crueldad sin límites o juguetee con el nihilismo, el problema venía ya de base.
Le falta tanto encanto y hay tan poco carisma en Capponi, que todo se hace plano y monótono. Con solo decir que pasan 40 minutos hasta poder verle en mallas o que la presencia de Helga Liné sea casi anecdótica (aquí como "miembra" del harén del magnate), son claros síntomas.

Nuestro amigo X, a punto de usar cigarrillos gadget para trepar un muro (...)
Tampoco ayuda el obsesivo empeño del cineasta en mostrar planos entre objetos (esculturas, helicópteros, árboles...), pues parece más un ejercicio de embeleso personal que una herramienta para enriquecer la obra, llegando a hastiar en algunos puntos concretos.
Dos ejemplos del empeño por encuadrar del director
La escasez de violencia, sexo o sentido del humor adolecen todavía más su visionado, y tan solo pequeños destellos de entre toda esta maleza fílmica recompensan nuestro tiempo. De entre ellos, los citados disfraces de X, como la máscara a lo Misión Imposible o el delirante momento como forense, secuencias más o menos originales (el intercambio del funicular o la horripilante muerte en la lancha), algunas frases lapidarias o el desfile de bellezas que conlleva, además de un par de localizaciones míticas.
Sea como sea, este flojo fumetto nero (uno de los más difíciles de encontrar en condiciones óptimas) con un protagonista tan remilgado, escuchimizado y sosaina como éste, no constará entre los mejores de su género, pero sí aporta su granito de arena a tan entrañable movimiento sobre enmascarados. O al menos a mí me lo parece.
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