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jueves, 18 de septiembre de 2014

CINECLUB SITGES : CINEMA PARADISO (1988)

Tras adquirir definitivamente la programación total del mítico cine Prado, el Cineclub Sitges está consiguiendo un notable y merecidísimo crecimiento exponencial. Ahora, en su loable afán de digitalizar la sala para así poder proyectar en las mejores condiciones su excelso programa cinematográfico, el Cineclub pone en marcha una campaña para que más pronto que tarde, ese sueño se haga realidad (y todos, incluido los miles de espectadores que recibe cada año el Festival de Cine, lo podamos disfrutar).
El inicio de dicha campaña se inició el pasado 22 de agosto en la Vila, cuando se recuperaba con motivo de su vigésimo aniversario una de las películas más brillantes de los 90, Pulp Fiction. La notable asistencia de un público fiel, multigeneracional y hambriento de cultura nos permite ser optimistas, pero no por ello la máquina debe detenerse.
Es por ello que este próximo domingo día 21, a las 20h, el Prado nos volverá a deleitar con una proyección de buen cine en mayúsculas : la cinta italiana Cinema Paradiso (en su edición restaurada, sin censura y en versión original).
Sin duda, uno de los films más emblemáticos y significativos de los años 80; con el aroma del gran cine clásico en cada fotograma, dueña de una excelente banda sonora, insuperables interpretaciones y esa ternura dramática salpicada de comedia en el tono que sólo las grandes películas saben / pueden transmitir.



El clásico de Tornatore, que cumple ya la friolera de un cuarto de siglo, sigue siendo la más bella oda a las salas de cine que ninguna otra película haya sido capaz de plasmar.
Una historia conmovedora hasta la lágrima con un discurso tan necesario como vigente en nuestros días : la adhesión emocional que se logra tras asistir a la magia de una sala de cine. Algo que difícilmente se logra en casa. Simplemente incomparable.


Recordaros también que se puede colaborar haciendo una aportación económica en la siguiente cuenta : IBAN: ES12 0081 0063 2500 0173 0976 (Banc Sabadell Cap de la Vila)

lunes, 6 de enero de 2014

CINECLUB SITGES 2X08 : UNA CANCIÓN PARA MARION

¡¡Estrenamos nuevo año!!...y como no podía ser de otra manera, también programa cinéfilo en el CineClub. Tras la exitosa Maratón Solidaria con Los Goonies, recuperamos nuestra cita quincenal con el cine gourmet dentro de las instalaciones del Cine Casino Prado de Sitges con un nuevo film con credenciales.
Es el turno de "Una Canción para Marion" (Song for Marion, 2012), un drama agridulce con tintes cómicos de la mano del cineasta británico Paul Andrew Williams (del que ya disfrutamos su estimable cinta "The Cottage" o su sorprendente guión en aquélla gamberrada que fue "The Children").
Aquí, conoceremos a Arthur, un pensionista gruñón y cascarrabias que tras perder a su mujer por culpa del cáncer, se unirá al extravagante coro de jubilados al que pertenecía su esposa, con tal de honrarla y de paso, recuperar la relación con su distanciado hijo James.
Una historia que trata sobre el amor por la vida, sobre la búsqueda de nuestra redención personal, de la (por regla general) dura aceptación de la propia vejez y de todas las cosas satisfactorias que uno puede (y debe) hacer hasta sus últimos días. También, como no, sobre la pérdida de un ser querido, que provoca una enorme herida que no cura nunca, pero que estamos obligados a sobrellevar. Un fantástico relato repleto de amor, reflexión y relaciones humanas, entremezclando distintas generaciones paternofiliales.



Para el deleite del cinéfilo, y como cabeza de reparto, el film cuenta con el gran Terence Stamp en el papel de Arthur y de la siempre solvente Vanessa Redgrave como su mujer Marion. Toda una garantía para un film alabado tanto en el Festival de Valladolid de 2012 como en de Toronto, donde incluso optó a mejor película.
Así pues, una nueva oportunidad para paladear cine del bueno empezando el 2014 con gusto. Será el próximo jueves día 9 de Enero a las 20:30h en el Cine Prado de Sitges, como de costumbre. Ah!...y por supuesto, respetando su Versión Original (subtitulada en castellano).
Allí os esperamos.

sábado, 24 de noviembre de 2012

SIGHTSEERS (TURISTAS) (2012)

El tercer largometraje del británico Ben Wheatley (al que vimos el año pasado presentando en Sitges su "Kill List" y este año también gracias a su episódica aportación de terror en "The ABC's of death"), esta vez se nos decanta por la comedia negra, pero en un peculiar envoltorio de road movie a la europea.
Chris (un inseguro Steve Oram), convence a su novia Tina (una agradable sorpresa la actriz Alice Lowe) para ir de viaje por las islas británicas en su "flamante" caravana, pese a las objeciones de la solitaria y depresiva madre de la chica, que sigue sin haber superado la trágica muerte de su adorada mascota canina (el accidente se las trae, sin duda).
Ya en ruta, Chris no tardará en lucir una peculiar tendencia homicida, un impulso asesino que le obliga a deshacerse de cualquiera que se interponga (o simplemente le moleste) en su agitado periplo por carretera. La relación entre ambos pasará por distintas fases durante el film, descubriendo incluso algo sorprendente, y es que Tina no es tan diferente a Chris como nos podamos imaginar, dando lugar a situaciones de lo más inusuales cercanas a la inhumanidad más absoluta.


Chris y Tina, amor a lo Bonnie & Clyde
El film de Wheatley, aún siendo unidireccional, de lectura ciertamente epidérmica e incluso llegando a pecar de frívola, ofrece a su favor mucha frescura y sensación de libertad visual (paisajes abiertos, planos iluminados...), despertando en su pareja protagonista una irrefrenable química en pantalla, culpa en mayor medida a la estupenda espontaneidad de Alice Lowe, perfecta como Tina (galardonada merecidamente en el Festival).
Los acontecimientos que suceden durante este singular viaje son, en su mayoría, simpáticos y brutalmente divertidos (el ciclista arrollado o la novia desvergonzada, por ejemplo), consiguiendo nuestra más absoluta complicidad hacia los desquiciados planes de Chris, que eran incluso aplaudidos durante su proyección.
Las pocas pretensiones del film esta vez juegan a su favor (creo que llegar a contar una historia sin ninguna intención clara no suele acabar bien), y no cabe duda de que termina incluso por ser una lúcida reflexión sobre el valor de la vida y/o del amor, desde el punto de vista de un ser humano sin compasión que consigue audazmente que todo parezca accidental, liquidando a quién no comparta sus opiniones (su cara tras acabar con la primera víctima lo dice todo).


Dejando muerte tras de sí....

Sightseers se descubre pues como una nueva joyita británica de acentuado humor negro que no juega sucio aunque lo simule, provocando disparidad de reacciones en el público asistente al festival, que a veces incluso se incomodaba por su falta de humanidad. Todo eso, sumado a esa frescura antes citada, otorga cierta entidad a este film independiente de Wheatley (hay que ver como aguanta el paso del tiempo) y lo hace merecedor de las críticas que viene suscitando.
La nota menos acertada podría ser el hecho de que visto su primer tercio, el resto del film ya va con el piloto automático y deviene por inercia, quedándose incluso parco de ideas.


sábado, 19 de mayo de 2012

LA CHISPA DE LA VIDA (2011)

Undécimo film de mi admirado Álex de la Iglesia tras su valiente y excéntrica Balada Triste de Trompeta, que nos dejó tan tocados como él pretendía y que consiguió escaparse de su propia estela, propiciando un giro muy interesante en su filmografía. Esta vez, para su nuevo proyecto, La Chispa de la Vida, se ha rodeado de un elenco muy arriesgado de intérpretes que, a priori, puede parecer un patinazo de cásting pero que, en realidad es todo intencionalidad (y amiguismo, para qué ocultarlo).
Roberto Gómez (José Mota) es un ex-publicista al que se le está acabando el paro, y que pese a los ánimos incombustibles de su preciosa esposa (una Salma Hayek notable) por salir a conseguir trabajo, no logra volver a casa nunca con nada, desilusionándose a cada día que pasa.
Roberto recuerda constantemente como un pasado eslógan suyo para Coca-Cola (La chispa de la vida, para dar más pistas) fue todo un éxito, aunque ahora nadie parece acordarse de aquello, por lo que ni antiguos compañeros suyos le ofrecen empleo.
En un arranque de sentimientos encontrados (rabia, impotencia y recuerdos de su mejor época matrimonial) coge el coche y se va a Cartagena, al hotel donde pasaron la luna de miel él y su mujer.
Para su sorpresa, el hotel ya no existe y en su lugar se ha levantado un museo en torno a un teatro romano recién descubierto.
Despistado y confuso, camina por las ruinas sin cuidado y tiene un aparatoso accidente que le dejará con una barra de hierro clavada en el cráneo. Su situación es aún más complicada de lo que parece, pues si se le mueve o tratan de cortar la barra, podría morir al instante, lo que (como realmente ocurriría), llena el lugar de morbosidad periodística con cientos de micros y molestos flashes.
Sin embargo, Roberto lo ve como una oportunidad para volver a tener fama y sobre todo, obtener el dinero suficiente como para que su mujer y sus dos hijos tengan la vida resuelta. Obviamente, su familia no comparte esas intenciones y piensan que son fruto de sus delirios.
La película que nos presenta este año Álex De la Iglesia recuerda en concepto a la mítica obra de Billy Wilder El Gran Carnaval (1951), por esa crueldad de los medios de comunicación ante determinadas tragedias, vendiendo la noticia al precio que sea y cuanto más cruel sea el desenlace, mejor.
No pienso que la intención del bilbaíno haya sido la de criticar únicamente el periodismo más sensacionalista (que a todos nos atrae en mayor o menor medida, por cierto), sino la de enfocar su film hacia el interior de un ser humano destrozado, hundido y completamente fracasado.


En ese aspecto, José Mota llega hasta donde puede, incapaz de desquitarse del todo de su bagaje cómico, nos brinda pequeños síntomas de capacidad interpretaviva, insuficientes como para dar toda la dimensión dramática que Roberto hubiese requerido. De todas formas, resulta indiscutible su transformación en muchos aspectos (pues lo tenía todo en contra), y es lícito considerar su esfuerzo como "satisfactorio" en general.
Salma Hayek  por su lado, nos convence del todo en su rol de esposa de Roberto. Una mujer positiva, dulce y con una destreza femenina muy curiosa, haciendo pensar a su marido que éste mantiene a la familia cuando en realidad, ella guía siempre el timón.
La vena dramática de la mejicana supera su vis cómica, y veremos como enriquece a su personaje a medida que avanzan los minutos, mientras que comprobamos como se empobrece el de su marido, ya un mero testigo de la situación que ha provocado.


La colección de actores invitados a la fiesta es extensa, y no parece obedecer a un cometido con suficiente sentido práctico, ya mucho menos cinematográfico. Dudo mucho que Santiago Segura sea el más indicado para su personaje de David, ni que Puigcorbé luzca como magnate sin escrúpulos(desaprovechadísimo), y desgraciadamente, que Tejero (que vuelve a defraudarme) sea ese caza recompensas periodístico que nos intentan vender (un personaje el suyo, difícil de concebir).
Seguiremos en todo momento lo que ocurre con Roberto, y cabe decir que el ritmo, aún siendo mantenido y por momentos, cautivador, no es lo suficientemente sólido (y mucho menos entretenido) como para generarnos una sensación adictiva, y pediremos la hora antes de lo que nos hubiese gustado.
Una vez digerida, pasa sin pena ni gloria al grueso de películas "casi" olvidables del cineasta (junto con Perdita Durango y 800 balas), y parece un proyecto "de encargo" levemente impregnado del talento del ex-director de nuestra Academia de cine (éramos mejores con él en el puesto).


Algunas bromas tontitas y ciertas insistencias en un mismo asunto todo el metraje acaban por apartarnos sutilmente de su significado real, que no es más que un drama personal con tintes cómicos (pocos y malos), tratado con bastante humor negro (o se intenta) y poca delicadeza visual (mucho ruido, anarquía actoral y muchas luces cegadoras).
En definitiva, un film menor en la carrera de De la Iglesia, con una idea inicial más interesante quizás de lo que acaba siendo (un personaje en total autodestrucción física y mental) y que termina molestando por sus continuas intervenciones "populares", dejándonos la sensación de estar viendo un tiovivo de amiguetes y poco más (salvo por Salma, ella se salva).

domingo, 4 de marzo de 2012

CANDILEJAS (1952)

Tras presenciar "Candilejas", el antepenúltimo trabajo del excepcional Charles Chaplin, a uno no le queda más remedio que aceptar su absoluta genialidad y comprobar que tanto su monumental aportación al cine mudo como sus films jugando con el sonoro (por mucho que algunos dudaran de él), son de un calibre superior, de una poesía cinematográfica repleta de belleza y un milimétrico cuidado argumental que sin duda, la elevan merecidamente a la categoría de clásico.
Un lustro después de regalarnos su excelente Monsieur Verdoux, el otoñal Chaplin se volcaba de nuevo en un proyecto con dinero americano (ya seria el último), pero esta vez dentro de un marco más personal, casi biográfico, abordando un tema que conocía a la perfección, el inevitable declive profesional del cómico vodevilesco.
Calvero (Chaplin), es un viejo clown del music hall que malvive sin ofertas de trabajo y anhela su época gloriosa mientras se sumerge en el alcohol.
Un día, salva de la muerte a su joven vecina Thereza (Claire Boom), una bailarina teatral frustrada que trataba de suicidarse ahogándose con gas.
A raíz de dicho suceso comenzarán una relación simbiótica, platónica e imposible en la que ella conocerá los entresijos del mundo teatral y saldrá adelante con más fuerza que nunca y nuestro adorado Calvero se reencontrará con nuevas ofertas que le permitirán una dulce y honrosa despedida.
Chaplin lo controla todo de nuevo en Candilejas, dirección, producción, guión, música y sobre todo, tiene el absoluto protagonismo del film, consiguiendo de esta manera impregnar de su genialidad todos los puntos importantes del mismo, incluso llevándose un Oscar por su creación instrumental, de auténtico placer auditivo.
Es difícil destacar un apartado por encima de otro, debido a que ofrece una textura formidable de un blanco y negro insuperable, un guión excepcional donde no sobra ni una coma (sobre todo en su primera mitad), y unas interpretaciones perfectas, que nos ponen la piel de gallina de principio a fin (esa función entre Chaplin y Buster Keaton de los últimos minutos es de un valor cinematográfico incalculable).


La gran cantidad de estímulos emocionales que nos regala el film se palpan gracias a las soberbias capacidades humanas del maestro Chaplin, capaz de representar la tristeza como nadie y de sacarnos una sonrisa desde lo más profundo de su melancólica existencia.
Si nos sentamos delante de Candilejas viviremos momentos cómicos de enorme talento escénico (esa representación "Grouchiana" entre ambos en el sueño de Calvero o la antes citada unión con Keaton), de profunda soledad (sin ápice de frivolidad como estamos acostumbrados en el grueso del cine actual) o una lección magistral en su construcción de guión, que ofrece incesantes líneas para el recuerdo.
En un momento del film, por poner unos ejemplos, Calvero llega a confesar: - La vida ha dejado de ser un chiste, no le veo la gracia"-, lo que resume espléndidamente el proceso depresivo de nuestro protagonista, o el comentario -¡estaria ridículo a la luz!.- en respuesta a la pregunta -¿Calvero, qué haces en la oscuridad?-, que nos deja clara su profunda soledad personal.

Diálogos sin desperdicio en un sueño delirante de Calvero
Dos genios compartiendo camerino, Buster Keaton y Charles Chaplin

Si trato de detectar algunas fisuras en su conjunto, podría resaltar negativamente un estirado metraje (le sobran 15 minutos), ciertas representaciones de ballet musical aburridísimas, o ese (a ratos) crispante egocentrismo tan propio de Chaplin que sólo perdonan los más defensores del genio.
Sin duda, y pese a esas nimiedades negativas, me declaro un admirador de esta Candilejas (que para los que no sepan su significado, son las líneas de luces en el proscenio del teatro), y deseo compartir mi entusiasmo con todo aquél que sabiamente se decida a verla, pues me aventuro a adelantar que nadie lo lamentará, ni tan siquiera el más escéptico a este tipo de cine.
Una muestra irrefutable de las aptitudes inmensas de un hombre que supo dar lo mejor de sí mismo en el amplio panorama de la cinematografía mundial, llegando a lo más alto también con el cine sonoro. Un cineasta tan espléndido como perfeccionista, aunque a veces eso le convirtiera en prisionero de su propia tiranía, según palabras de Marlon Brando, pero esa es ya otra historia....

lunes, 5 de diciembre de 2011

LA BICI DE GHISLAIN LAMBERT (2001)

El ciclismo profesional es un género que pocas veces se ha llevado a la gran pantalla, quizás en gran parte porque la afición mayoritaria se reduce a algunos paises Europeos, haciendo complicado captar la atención de grandes productoras y el gran público. Si dejamos aparte los diferentes documentales especializados que se han podido rodar sobre los grandes campeones tipo Eddy Merckx o acerca de las mejores carreras del calendario mundial como el Tour de Francia o la París-Roubaix, casi podemos contarlas con los dedos de una mano. De hecho solo se me ocurren tres más, aunque seguro que debe haber otras que toquen de cierta manera el ciclismo, pero casi ninguna más que se acerque al ciclismo como profesión. La primera es El relevo (1979) en la que cuatro amigos se preparan para participar en una carrera que cambiará la vida de uno de ellos, la tengo pendiente desde hace bastante, o sea que en algún momento acabará en el blog. Otra que en su momento me encantó es la de Bienvenidos a Belleville (2003), que tiene como peculiaridad ser una cinta de animación ambientada en la Francia de los años 30 y en los que conocemos la historia de Champion, un corredor que se prepara para correr el Tour de Francia, una obra imprescindible. Una bastante reciente es la de The flying Scotsman (2006) en la que nos cuentan la historia de Graham Obree un corredor de pista que llegó a batir el récord de la hora durante la década de los noventa con la peculiaridad de haberlo hecho con una bicicleta construída por él mismo para la que llegó a usar incluso piezas de lavadora. Pero sin duda alguna, la que llega a reflejar mejor los diferentes entresijos del ciclismo de carretera, sus mitos, sus carreras, sus problemas y todo lo que lo rodea, es la que hoy vamos a comentar, y además con la peculiaridad de retratar la figura del humilde gregario que casi nunca gana.
Ghislain Lambert, hijo de campesinos, es un gran aficionado al ciclismo de carretera, cada vez que sale a entrenar sueña despierto con que llega el primero a la meta y es el ganador de una importante prueba ciclista. Sin embargo, para ganarse la vida debe dedicarse a trabajos menores como el de socorrista de piscina, con la consecuente frustación al no poder dedicarse profesionalmente al deporte de sus sueños. Su suerte cambia en uno de sus habituales entrenos, al cruzarse con el coche conducido por Bocodol, un veterano ex-corredor y manager actualmente del modesto equipo ciclista Magicreme, esponsorizado por esta pequeña empresa de productos de limpieza, y que le brinda la oportunidad de intentar ganarse su lugar dentro del pelotón.
Desde su primera carrera, Ghislain a pesar de darlo todo, se da cuenta de que la realidad es mucho más dura de lo que se pensaba, el nivel de sus rivales a pesar de tratarse de carreras menores le deja en evidencia descolgándose más pronto de lo deseable del grupo cabecero. Convirtiéndole bien pronto dentro del equipo en un gregario al servicio de su líder Fabrice Bouyion, quien siempre se lleva los aplausos, la admiración de las chicas y la consideración del mánager; quedando él siempre en un segundo plano y relegado a no poder disputar las victorias. Ricardo Fortuna, un veterano corredor italiano que se conoce todos los secretos de la profesión, es desde el principio su compañero de habitación en los distintos desplazamientos del equipo, siendo su gran consejero a lo largo de los años y quien le pone en contacto por primera vez con el doping (escena divertidísima), que le permite intentar destacar en un deporte durísimo y con una competencia brutal para sacarse de encima la obligación de servir a Fabrice. El film hace un repaso a lo largo de los años en los que Ghislain está dentro del campo profesional, donde somos testigos de los problemas con los que tiene que lidiar, las ilusiones depositadas después de duros entrenos, los sueños rotos y si finalmente puede participar en la carrera por antonomasia dentro del ciclismo: El Tour de Francia.


La película es de nacionalidad belga y eso se entiende porque podríamos decir que es la cuna del ciclismo, con una afición volcada en este deporte tanto o más como pasa aquí con el fútbol. A pesar de ser una cinta de ciclismo no es imprescindible ser un seguidor de este deporte para poder disfrutar de ella, pues tiene suficientes puntos de interés para que los profanos se lo puedan pasar bien. La historia nos sitúa durante los años 70 donde el gran dominador del momento era Eddy Merckx, apodado "El caníbal" por querer ganarlo todo, en otro plano está Ghislain, un modesto corredor que a duras penas destaca en alguna ocasión y a través del cual podremos hacer un recorrido a través del ciclismo de esos años, muy bien recreado en todos sus aspectos: ambientación, maillots de equipos tan emblemáticos como el Bic o Molteni, carreras, etc...


En tono de comedia dramática, tenemos momentos hilarantes como la primera vez que se dopa, donde su compañero le inyecta una dosis exagerada de anfetaminas y llega a la salida de la carrera totalmente colocado y con un subidón que da risa; mientras que en otros se raya el patetismo como cuando tras una dura caída observa desde la barra del bar con toda la cara amoratada como sus sueños se alejan. Tiene detalles que definen muy bien el sufrimiento de este deporte con carreras que se corrían incluso de noche, los duros entrenos y la frustación de la derrota o por las múltiples caídas o lesiones. El problema del doping no se esconde y se muestra como una realidad presente en el deporte de alta competición (no solo el ciclismo), teniendo un detalle muy cinéfilo para mi gusto y que os comento ahora: en este deporte han salido muchas veces noticias acerca de doctores implicados o sospechosos de practicar el dopaje de corredores como el Dr. Ferrari, Dr. Conconi o el Dr. Eufemiano Fuentes. Pues aquí no podía faltar un gurú del doping y de nombre Dr. Mabuse (de mismo nombre que el maléfico genio del mal creado por Fritz Lang en una de sus mejores obras del mismo título).
También se toca el tema de la publicidad y los sponsors, el primer equipo de Ghislain le obligaba a vender por las casas productos de limpieza de su marca, y no os perdáis lo que planean hacia el final del film para ganarse unos minutos extras de publicidad gratuita (¡genial!). Como pasa con todos los deportes, también salen los mánagers que en más de una ocasión se aprovechan de los deportistas a los que representan y aquí el papel lo toma Claude, el hermano mayor de Ghislain.
Con todo tenemos una película emocionante, divertida y triste a la vez, con un buen equilibrio para ser una comedia y a la vez transmitir una imagen creíble de este deporte al saber captar su esencia mediante un corredor poco dotado que solo a base de perseverancia y cabezonería sigue adelante a pesar de que todo acabe por salirle mal, una especie de Mr. Bean de la bicicleta por buscar un paralelismo. Buenas actuaciones de todos ellos para acabar de dar consistencia a una película que ganó, creo que merecidamente, el premio al mejor guión en el Festival de San Sebastián del 2001.
Para acabar dejaros una frase que he leído del director y que creo que representa perfectamente el espíritu de la película: "Ghislain Lambert y Eddy Merckx nacieron el mismo día con solo 8 minutos de diferencia, desde ese momento, el abismo entre los dos no ha dejado de crecer".


domingo, 2 de octubre de 2011

¡AY, CARMELA! (1990)

¡Ay, Carmela! fue la película de Carlos Saura que arrasó en los premios Goya de aquél ya lejano 1990, cosechando nada más y nada menos que 15 nominaciones y consiguiendo la friolera de 13 galardones, incluyendo los más relevantes como son el de mejor película, actor, actriz, director o mejor actor de reparto.
Se centra en la historia de Paulino y Carmela (Andrés Pajares y Carmen Maura), una pareja que junto al joven y mudo Gustavete (Gabino Diego), forman un grupo de vodevil cómico que ameniza a los grupos republicanos durante la odiosa Guerra Civil española.
Tras una demostración de sus habilidades conjuntas y hartos de pasar tanta hambre como penurias, deciden robar gasolina a un camión ajeno para poder llegar hasta Valencia, pero desgraciadamente serán capturados y despojados de sus pertenencias por los Nacionales.
En tales circunstancias, donde sus vidas penden de un fino hilo, sólo tendrán una oportunidad de salir con vida de allí; actuando para los Nacionales a las órdenes de un fascista comandante italiano.
Lo que a priori se presenta como una ocasión magnífica para conseguir la libertad se convierte en una declaración de intenciones políticas por parte de Carmela, que ante los atónitos ojos de su compañero, desvelará su antifascismo en el peor momento posible. El film juega con elementos muy diversos, atacando la política de aquella época mediante la comicidad más desenfadada (sólo hay que ver los gases tan famosos de Paulino en sus espectáculos) o la letra de las canciones de la provocadora Carmela, llenas de sátira y mala uva.
El enfoque general se agradece, cómico a la vez que crítico y enriquecido en gran parte por sus actores principales, ya que tanto Andrés Pajares como Carmen Maura firman sus mejores papeles hasta el momento, sinceros y honestos sin ápice de exasperantes sobreactuaciones innecesarias.
Son personas de a pie, simpáticas y sencillas pero atemorizados por el Franquismo que tratan de salir adelante con sus "inocentes" shows, que sin ser nada del otro mundo, obtienen cierta fama meritoria.
Disfrutaremos de un ritmo cinematográfico muy placentero, sin aburrirnos en ningún momento y entremezclando momentos de diferente psicología, desde la risa compartida en un teatro improvisado hasta el fusilamiento en el paredón sin motivo alguno.
Su principal baluarte son los actores como ya he comentado, pero destacaré que ofrece también una bonita historia sin final feliz que, acorde con la situación de España durante la Guerra, se cobró las vidas de los que menos merecían perderla. Saura acerca una situación muy trágica de una manera muy sutil, aumentando nuestra empatía con el maravilloso trío protagonista, que en realidad, era el perfil del español medio, con destinos inciertos y atrapados en un régimen de auténtica frustración personal.
¿Hasta dónde llegaríamos para salvar la vida?,¿Cual es el límite de nuestras conciencias?, son preguntas que pasan por la torturada cabeza de Carmela y que decidirán su futuro para bien o para mal, y donde cada uno tiene su motivo para decantarse hacia el lado que más le convenga. Paulino en cambio es más camaleónico y esconde sus tendencias políticas para salvaguardar la integridad, o el tímido Gustavete, atónito ante todo lo que ocurre sin casi entender nada, es un mero espectador de los acontecimientos.
Secuencias como el fusilamiento en la escuela donde los apresan o la actuación final frente al grupo fascista (las banderas española, italiana y alemana detrás como telón en el teatro producen escalofríos) pertenecen ya a la cultura de la cinematografía española, tintándola de una desgarradora verdad que algunos se niegan a ver y que es necesario recordar, para mostrar el infierno que fue España y el daño que hacen las dictaduras.
Una espléndida filmación que envejece fenomenal y que de una manera muy especial se cuela a través de nuestras retinas para quedarse ahí, en nuestra memoria cinéfila,  recordándonos lo afortunados que somos al vivir con nuestras actuales comodidades sin, a priori, temer por nuestra seguridad en cada esquina.
En conclusión diré que tiene más puntos positivos que negativos, un gran grupo actoral (ver a Pajares fuera de su registro habitual es una experiencia entrañable, ya que demuestra un talento que parecía imposible), un argumento lineal pero efectivo (que no efectista) y un profundo respeto por los caídos en la Guerra, siendo casi una bonita oda hacia ellos.
Me reservo los poquitos puntos negativos de la cinta para no enturbiar ningún visionado, y que la magia que desprende siga atravesando retinas y consciencias.



viernes, 30 de septiembre de 2011

J'AI TOUJOURS RÊVÉ D'ÊTRE UN GANGSTER (2007)

Muchas veces al ver una película, más allá de simplemente sentarse e intentar disfrutar con la trama y la actuación de los actores (cosa que a veces por desgracia no es posible), es divertido hacer un ejercicio para identificar las posibles referencias que otros films o estilos de rodaje han podido influenciar al guionista o director a la hora de escribir y dirigir respectivamente.
En esta ocasión resulta muy sencillo y no hay que devanarse demasiado los sesos para detectar un claro homenaje principalmente al cine de Tarantino y más concretamente a Pulp Fiction por parte del director que aquí también firma un divertido y buen guión. Algunos de los identificativos más claros de Pulp Fiction son el uso de episodios que nos van presentando las diferentes escenas de la película, la utilización de historias paralelas que al final acaban por cruzarse, diálogos memorables, personajes estrambóticos y el uso de un local que suele ser visitado por los diferentes protagonistas de las distintas historias, permitiéndonos ver una misma escena desde diferentes puntos de vista. ¿Quién no recuerda el bar donde Vincent y Jules están hablando mientras de fondo se oye la conversación que mantienen Honey Bunny y su pareja a punto de atracar el local? ¿Y esa conversación sobre las hamburguesas? ¿O las consecuencias cuando las distintas historias se entrecruzan? El resultado es una de las mejores películas de los 90 y que marcó un estilo muy personal de hacer cine, que a posteriori ha sido imitado hasta la saciedad con poco acierto en la mayoría de los casos. Afortundamente en esta ocasión tenemos ante nosotros una película, rodada en un elegante blanco y negro, que ha sabido tomar prestados algunos elementos y cierto estilo de rodaje pero no ha abusado de ellos, sabiendo encontrar su propia identidad en todo momento, evitando así que nos quede la sensación de estar viendo un intento de copia sin gracia alguna. Aquí seguimos cuatro historias paralelas presentadas en episodios y que tienen como nexo común una cafetería a pie de autopista. En la primera, titulada "Drew Barrymore está relacionada con una hamburguesa", conocemos a Gino, un pésimo atracador que pretende robar dicha cafetería; el arranque con un travelling lateral donde vemos avanzar al atracador con una media en la cabeza hacia el local, consigue ponernos en tensión al empezar a imaginarnos el inminente atraco, pero al chocar este contra una farola y obligar a la cámara a retroceder para buscarle o al ver como se deja las llaves dentro del coche con el que pretende huir o la dificultad que tiene para que la camarera y el cajero le hagan caso, ya nos damos cuenta del tono de comedia que en parte va a imperar en la película. Es en esta historia donde conocemos a otro personaje importante del film: A la camarera, Suzy, donde con un divertido flashback rodado al estilo del cine mudo (con la imagen acelerada y los típicos cartelitos), llegamos a enterarnos de la peculiar manera con la que obtuvo este trabajo (genial escena que sirve de apunte a la conversación que mantiene con Gino), durante la cual también se homenajea la conversación de Pulp Fiction acerca de las hamburguesas y sus diferentes nombres.
La segunda historia titulada "¿Por qué ansias tanto la muerte pequeña?" nos presenta a Paul y Malaury, dos amigos que ya han superado los 40 y que deciden secuestrar a la hija de un ricachón con la intención de lograr un jugoso rescate de 500.000€ y así poder dar un giro a sus grises y fracasadas vidas.
Sin embargo, la falta de profesionalidad de esta pareja se hace patente desde el primer minuto en que entran en la casa para llevarse a la joven, los problemas que les da una adolescente con tendencias suicidas (tomando aquí la misma idea de los intentos de suicidio para llamar la atención de sus padres de la curiosísima Harold y Maud). Es en este episodio donde tiene lugar una de las mejores escenas de toda la película con la graciosísima llamada telefónica que hacen al padre para hacerle saber que tienen a su hija, dando lugar a un diálogo muy bien hilvanado donde tienen que acabar hablando con un contestador automático, demostrando la improvisación de todo el plan al no saber exactamente cuanto pedir, que decir ni que tono usar, para acabar concertando el intercambio en el párquing de la cafetería en cuestión.
El tercer hilo argumental titulado "Oh, Gaby" es el más corto y tal vez el de menor importancia del film, ya que en su conjunto es el que menos relación guarda con el resto de las historias. Aquí coinciden en la cafetería dos viejos camaradas, líderes ahora de dos bandas de música. Mientras uno de ellos viste elegantemente, con estilo y la vida profesional le sonríe, el otro vive la otra cara de la moneda: desaliñado y teniendo que tocar en pequeños locales y tugurios para ir tirando. Será durante una conversación que tienen cuando uno acusa al otro de haberle robado una canción titulada Oh, Gaby... que ha acabado por lanzarle a la fama. Dando lugar quizás a un tipo de "gangster" diferente de los vistos con anterioridad, un ladrón de la propiedad intelectual. Es quizás la más floja de las cuatro, pero se deja ver sin problemas. Para rematar el poquer tenemos el cuarto capítulo: "La forma en que todo cambia", en la que un grupo de ancianos entra a un hospital para llevarse a otro que está allí ingresado. El motivo por el cual le van a buscar no lo voy a desvelar de ninguna manera, pues es crucial descubrilo mientras la vemos. En su viaje hacen un alto en la misma cafetería, donde rememoran sus viejos tiempos de gloria como gangsters.
Lejos de ser unicamente una divertida comedia, existe una importante carga dramática que precisamente sirve para darle a la película una mayor trascendencia, todas las historias tratan acerca de perdedores y de sueños rotos o pasados.
Gino es un pobre y torpe desgraciado que se ve obligado a atracar una cafetería simulando llevar una pistola en el bolsillo de su chaqueta; la vida de los dos secuestradores frustados es un desastre y no pinta que vaya a mejorar; el viejo rockero que malvive con el resquemor de como habría ido su vida de haber alcanzado la cima, y para acabar los cinco ancianos que recuerdan con nostalgia y amargura sus días de juventud, tan lejanos ahora que están cerca del final de su vidas donde su grandes preocupaciones pasan a ser la salud cada vez más precaria o la nula pensión que tienen (pues ¿cómo van a tener pensión unos viejos gangsters?). Los actores están todos bien, realmente saben darle a cada uno de sus personajes el equilibrio que exige esta comedia dramática, haciendo que por un lado nos riamos y por otro sentir cierta pena y empatía hacia ellos. Unos perdedores que como esboza el título: "siempre he querido ser un gangster", pero no lo logran...
Otro buen punto es la banda sonora, de igual manera que Quentin Tarantino cuida al detalle este apartado en sus obras, aquí se han elegido algunas canciones que logran dotar de más fuerza las imágenes que estamos presenciando, a destacar la inicial con la entrada de Gino en la cafetería, titulada Casey's last ride de Kris Kristofersson, os dejo el link para que podáis escucharla, a mí me ha encantado:
A pesar de que en su conjunto me ha gustado y la encuentro muy acertada en su planteamiento y desarrollo, es una pena que al final las historias solo se crucen muy tangencialmente, sin influenciar realmente unas sobre las otras y como único nexo en común de compartir la misma cafetería por una u otras circunstancias. Tenía la sensación que al final se iba a liar un buen follón cuando convergieran todas ellas, pero no ha sido así. Es una lástima, porque de haberlo hecho de una forma acertada se podría haber logrado un film más interesante aún. La película termina con un epílogo que sirve para cerrar el círculo de todo lo ocurrido en la cafetería y el devenir de sus personajes principales, logrando en mi opinión dejar una más que notable apreciación por parte del espectador, totalmente recomendada.  


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