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lunes, 15 de julio de 2013

EL JINETE PÁLIDO (1985)

Tercer western delante y detrás de las cámaras del incomparable Clint Eastwood (ha dirigido 4 hasta la fecha), y el más taquillero a la par que aplaudido por diversos críticos especializados. Ya con anterioridad, el espigado californiano firmaba las estupendas  Infierno de Cobardes (1973) y El Fuera de la Ley (1976) e incluso cerraría su ya de por sí impecable ciclo del oeste de forma gloriosa en 1992, gracias como no, a su magnífica y oscarizada Sin Perdón (actualmente pasto de un remake japonés en versión samurai).
El Jinete Pálido también presume de ser la película sobre el far-west más taquillera de los 80, pese a ser un remake inconfeso de la mítica Raíces Profundas (Shane, 1953) y deberle más de una idea calcada a Sólo ante el Peligro (High Noon, 1952), ambas claras referencias para el film de Eastwood.
Aquí, la historia versa sobre un solitario jinete, aparentemente una suerte de predicador (Eastwood) que llega a un pequeño poblado minero acosado por el despiadado cacique LaHood, dueño del resto de las tierras y que ambiciona quedarse con todas. Tras su consiguiente intromisión en el conflicto, el "predicador" deberá enfrentarse no sólo al pez gordo del lugar y su séquito, sino también a un viejo enemigo del pasado, el agente federal Stockburn (el desaparecido John Russell, también presente en Infierno de Cobardes) al que le acompañan su equipo de 6 pistoleros.
Resulta difícil esquivar los elementos más tópicos del género y no fracasar en el intento; pero aún se presenta más complicada la opción de respetarlos (y usarlos) para acabar haciendo un film magnífico y con personalidad propia, como alcanza a filmar (una vez más) el maestro Eastwood.


Un enigmático forastero que pisa tierra extraña, que acaba siendo justo con los débiles pero implacable con los corruptos y que además derrite a su paso a las féminas más apetecibles del lugar (los topicazos, vamos), aquí siguen estando presentes pero de una manera soterradamente inteligente.
El personaje central es un hombre errante parco en palabras, sin destino ni pasado conocido, y que tan sólo sabemos de él que viste como un predicador y que según cuentan, ya murió.
Si a este trazado argumental le sumamos que entra en escena tras las plegarias de una hermosa niña (bueno, no tan niña ya...), podemos caer en la obvia cuenta de que se trata de una figura fantasmagórica, o como mínimo sobrenatural. Un muerto a caballo que viene a cobrarse algunas vidas, como la mismísima Santa Compaña.


Tampoco falta el jugoso componente mesiánico en el menú. Cierto es que se le puede atribuir un evidente paralelismo Bíblico al entuerto, con personajes incluso similares (el codicioso muere, los humildes rezan y se salvan, un desconocido es adorado y seguido por todos...). En fin, que quién quiera verle esa lectura cristiana, el film se presta a ello si le perdonan la violencia y los tiroteos.
La cinta presenta una puesta en escena de lo más clásico en lo concerniente a exteriores, con unas imágenes por norma estables, bien iluminadas, sin apenas primerísimos planos y con una colocación de cámaras cómoda y agradable para el espectador. Sin embargo, la novedad viene gracias al peculiar concepto de interiores.
Un enfoque mucho más triste, desolador, sórdido, de atmósfera inquietante y oscurecida son el contrapunto perfecto para crear un western muy peculiar, rico en su utilización de maniobras fílmicas.
Si además consigues alguna escena realmente indeleble como la secuencia de la violación en las minas y la llegada del "pistolero/predicador/salvador", el baile de balazos y posterior acribillamiento del lugareño o los exquisitos 20 últimos minutos (sin desperdicio alguno), estarás delante de una joya del género, una obra maestra de la mano de un experto en la materia.


Enriquecida además con una apropiadísima banda sonora, poseedora de un ritmo incuestionable, muy buenas actuaciones y unos diálogos sin paja, tan sólo podría generar alguna duda debido a su discutible y/o previsible discurso (¿alguien no sabe lo que va a pasar desde un principio?), la pretenciosa y autosuficiencia actoral del propio Eastwood (que se sabe ya legendario y determinante en sus películas sin mover muchas piezas) o pequeños recursos en su diseño (imperdonable el muñeco del perro muerto al principio del film).
De todas formas, el film es del todo aconsejable, bastante entretenido (perdonando esa estirada escena de las explosiones) y además muy estimable en su propuesta, por lo que está adecuadamente considerada como otra joya de Clint Eastwood.


Como anécdota patria, comentar que un año después de El Jinete Pálido, se estrenó en EEUU un film titulado "The return of Josey Wales", que se transformó inadecuadamente en "El Retorno del Jinete Pálido" en los video-clubs ibéricos. Otra muestra más del oportunismo de este país, simpático a veces, pero casi siempre reprensible.

sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS VIAJEROS DE LA NOCHE (NEAR DARK) (1987)

Curiosísimo segundo largometraje de la oscarizada Kathryn Bigelow (En Tierra Hostil, Le llaman Bodhi..), ex-mujer del titánico James Cameron y pintora de vocación (de las finas, nada de "brochas gordas"...), que asombró a público y crítica al aunar dos géneros hasta la fecha repelidos entre sí, el western y el terror (más concretamente, el vampírico).
Considerada por algunos como la "road movie" de chupasangres definitiva, esta "Near Dark" consigue mantener intacta su condición de cinta de culto un cuarto de siglo después, por aspectos que trataré de exponer a continuación y por los que considero está todavía por ponderar merecidamente.
Un joven cowboy trata de seducir a Mae, una chica nueva en la ciudad, a la que consigue llevarse en su furgoneta para estar románticamente "a solas". Su peculiar cita se acaba alargando un poco (dichosa mojigatería) y, al ver que el tiempo se les echa encima y pronto amanecerá, Mae comienza a ponerse nerviosa y ansía volver a la ciudad.
Nuestro sicalíptico vaquero, creyendo que son meras excusas para terminar con la cita, detiene su furgoneta en medio de ningún sitio y coacciona a la joven para obtener aunque sea un mísero beso. El asunto se complica cuando, en vez de propinarle un morreo de consolación, la hasta ahora adorable Mae le hinca sus afilados colmillos y le succiona (chupar sería malinterpretable aquí) la sangre al estupefacto zagal.
Poco tardará en descubrir que ha sido mordido por una criatura de la noche (no se oye la palabra vampiro en todo el film) y que, lenta y dolorosamente, también se está convirtiendo en uno de ellos.
Así pues, en su lógica búsqueda de respuestas se unirá al grupo de Mae, unos despiadados seres nocturnos que deambulan buscando víctimas y esquivando la luz solar, que resulta mortal para ellos (incluso tintan las lunas de su furgoneta para no chamuscarse).
Experimentará entonces diversos cambios en su persona, como una inaguantable sed hemoglobínica o un desarrollo sobrehumano de su fuerza física, aparte de la comentada intolerancia a la luz solar, que lo quema en segundos (excelente la secuencia donde lo descubre mientras huye despavorido).
Sorprendentemente, la atracción hacía Mae no se ha visto demasiado afectada y su singular mini-historia de amor aún no ha terminado, o al menos, eso parece...

Entrando en la cantina para su particular banquete


Con su acertadísimo trasfondo de road movie nocturno, el film de Bigelow es capaz de transformar una (sobre el papel) insulsa historia más sobre romances adolescentes con vampiros (lo que sería ahora la aborrecible saga de "Crepúsculo") en un inquietante y brutal relato tan novedoso como sugerente, de una atmósfera única y dificilmente repetible.
Secuencias ya indelebles como la sangría en la taberna (el mejor momento de la película, con ese grupo de vampiros absolutamente despiadados), o esa "bala escupida" por uno de ellos tras ser disparado a bocajarro son claros ejemplos de la originalidad y fuerza visual del film, que tan sólo acusa ciertas gratuidades y pocas, pero algunas, incongruencias argumentales (esa noche tan risiblemente corta en el hotel).
Tampoco es que la relación sentimental entre los dos protagonistas nos estimule demasiado, pero creo que es una minuta que pagaremos sin demasiado esfuerzo viendo la resolución en diferentes aspectos del film (aunque esa secuencia final sea de juzgado de guardia y haya un par de carantoñas absurdas).
Dentro de su apartado interpretativo, la película guarda algunas gratas sorpresas (sobre todo para el cinéfilo) que me gustaría repasar, y es el hecho de que tres actores de la exitosa "Aliens: el regreso" (recordemos, de su futuro marido James Cameron), comparten también aquí cartel. Lance Henriksen (Bishop), Bill Paxton (Hudson) y Jenette Goldstein (Vasquez), son aquí compañeros de correrías vampíricas nocturnas, un año después de compartir nave y aventuras con la mítica Ripley / Sigourney Weaver.
Coincidencias o casualidades del destino, hubo otra filmación ese mismo año (sospechosamente similar) y que también parece gozar de cierto prestigio cinematográfico como fue "Jóvenes Ocultos" (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987), la cual se difumina en mi memoria y tarde o temprano deberé revisionar (por cierto, con los años, se convirtió en una trilogía barata).


En resumidas cuentas, esta Los Viajeros de la Noche (sobre estas líneas, una fotografía promocional)se erige como un film original e inquietante, de buena factura atmosférica y con una muy estimulante mixtura de géneros, inédita hasta la fecha (años más tarde, John Carpenter realizaría una fantástica revisitación al mismo concepto con su estupenda "Vampiros").
Terminaré añadiendo que ya se hornea en Hollywood un posible remake, aún sin fecha ni nombres, pero que con mucha probabilidad, atenderá a caprichosos intereses comerciales, vistas las últimas tendencias de esos chupasangres con acné tan y tan asquerosamente rentables (y no señalo a nadie...).

 

miércoles, 1 de agosto de 2012

HELL ON WHEELS (2012) - SERIE TV

Hace poco en el especial de series que publicamos en el blog, comentábamos la nueva juventud que está viviendo el western con la aparición de varias series ambientadas en el oeste americano y donde destacaba esta nueva propuesta de la cadena AMC (responsable de The Walking Dead entre otras). Es de agradecer la explotación de series históricas que buscan por un lado entretener y por otro el reflejar un momento crucial en la historia de los Estados Unidos. La serie arranca en el año 1866, al finalizar la Guerra de Secesión, en la que se enfrentaron los bandos del Norte (La Unión) a favor de la abolición de la esclavitud y el Sur (Los Confederados) que pugnaban por su continuidad. Cullen Bohannon (Anson Mount), un soldado confederado, vuelve a su casa tras la guerra para encontrarse a su mujer y a su hijo brutalmente asesinados a manos de un grupo de soldados norteños. A partir de ese momento su única meta será la de vengarse, empezando una cruzada implacable para darles caza a todos ellos. Su misión le llevará a trabajar como capataz en la construcción del primer ferrocarril transcontinental de EE UU de la Union Pacific Railroad Company, conocido como "El infierno sobre ruedas".


En la que ha sido su primera temporada, la serie ha abierto varios frentes: se hace referencia a la difícil situación de los recién emancipados afroamericanos, dejando bien claro que una cosa era la abolición de la esclavitud y otra muy distinta el gozar de los mismos derechos de los blancos que hasta hacía bien poco eran sus amos. La época expansionista también tenía otras víctimas en la carne de los nativos americanos, diezmados ya, pero aún con una multitud de tribus dispuestas a plantar cara al enemigo con continuas incursiones. Asistiremos a alguna de las negociaciones entre un senador de los EE UU y un jefe de una de las tribus cheyenne, dando lugar sin duda a uno de los mejores diálogos de la serie, donde quedan en evidencia todos los argumentos esgrimidos por el dignatario americano para convencerles que se replieguen en una de las reservas que les han preparado.

 

Uno de los ejes centrales en los que se cimenta la serie es mostrar la corrupción y avaricia que acompañaron a la construcción del ferrocarril (la lucha entre las dos compañías que pugnaban por su control), destacando el papel de Colm Maney  encarnando a Thomas Durant, propietario de la Union Pacific Railroad Company, un personaje taimado y capaz de cualquier cosa con tal de enriquecerse (recordando ligeramente al gran Al Swearengen de Deadwood pero bastante más refinado). Igual que pasaba en la enorme serie de la HBO en la que veíamos nacer una ciudad de la nada gracias a los pioneros buscadores de oro, aquí también empezamos a ver el nacimiento de una nueva ciudad gracias a la aparición del trazado ferroviario donde antes solo había las grandes planicies y el campamento itinerante que acompaña al tren.
Y otro tema que queda patente es que las cicatrices dejadas tras la guerra entre Norte y Sur todavía no estaban curadas, siendo el punto de arranque con la venganza de Cullen Bohannon por un asesinato sin sentido cometido por mero odio y rencor.


A lo largo de sus 10 episodios, Hell on Wheels va narrando este importante cambio que vivió el país, la dura vida de esos americanos que se aventuraron en tierras salvajes para vivir en unas condiciones  paupérrimas para lograr su cometido, donde imperaba más la ley del más fuerte que las gubernamentales, mostrando que el progreso y la civilización todavía eran una lejana quimera.
Para explicarnos todo ello se sirve de las vidas de los distintos personajes que pueblan el asentamiento que acompaña la construcción del ferrocarril: esclavos liberados con ansias de reafirmarse en su independencia, borrachos, pistoleros, un indio reconvertido al cristianismo, un predicador con un pasado oscuro, prostitutas, una pareja de hermanos irlandeses emprendedores o un extraño jefe de seguridad (El Sueco, espectacular el personaje que ha creado Christopher Heyerdahl), entre muchos otros.


La serie es notable en todos sus aspectos, narrada con un muy buen ritmo, creíble gracias a la gran ambientación que se ha montado a su alrededor (de nuevo Deadwood se erige como una referencia a la hora de crear un oeste americano que rezuma suciedad y brutalidad a partes iguales), con unos guiones interesantes que saben combinar perfectamente la acción pura y dura con ese toque histórico que le da cierta profundidad a la trama y unos diálogos cargados de inteligencia e ironía.
Por cierto, excelente la elección de la música, combinando piezas instrumentales que acopañan a la perfección a las imágenes y alguna que es un puro homenaje al spaghetti western recordando mucho a algunos clásicos de Enrio Morricone  (quedaros con los últimos minutos del décimo episodio).
Una valiente propuesta que huye de los tópicos del género para servirnos una serie que ha tenido una muy buena acogida por parte del público, habiendo sido renovada por la cadena, en breve arrancará su segunda temporada.

domingo, 14 de agosto de 2011

RANGO (2011)

A día de hoy cualquier película de animación que se precie, pasa por la inevitable comparación y valoración respecto a las mejores producciones de este sector, y que no son otras que las de Pixar. Su competencia parece que ha empezado a ponerse las pilas y a mejorar notablemente sus obras para intentar recortar el abismo que les separaba tanto en el apartado creativo como de dibujo del estudio responsable de obras de arte como Wall·E, UP o la saga de Toy Story; si Dreamworks parece que con Como entrenar a tu dragón (2010) ha marcado un antes y un después en el apartado de calidad de sus trabajos tras bastantes obras flojas, no se ha quedado atrás la factoría Disney, que tras años de películas mediocres, con Tiana y el sapo (2009) dio claras muestras de recuperación que se acabaron de confirmar con Enredados (2010), lo mejor que ha dado de sí en más de una década. Ahora se suma a la lista el estudio Industrial Light & Magic, que con su primera producción de animación (Rango) ha demostrado que va a dar mucha guerra y que se les tiene que tener en cuenta desde el primer momento, pues si esta es su carta de presentación, es de esperar que sus siguientes obras sean incluso superiores.
Tengo que confesar que me ha sorprendido mucho, pues a tenor del tráiler que había visto, me había hecho a la idea de que iba a ser una propuesta bastante orientada al público infantil y que a buen seguro iba a abusar del humor con chistes gruesos y muchos momentos de bromas fáciles, sin embargo me ha parecido una película con una alta calidad en todos sus apartados y más bien dirigida a un público adulto e incluso a los que tengan cierta vertiente cinéfila. Con un arranque espectacular y un tanto surrealista para presentarnos a nuestro protagonista, un camaleón en plena crisis de identidad, que acaba perdido en medio del desierto y que inicia un viaje en busqueda de su verdadero yo y de la tan preciada agua para poder sobrevivir. Tras algunas penurias llega al pueblo de Dirt, donde aprovechando que nadie le conoce, finge ser un duro personaje para ganarse el respeto de los clientes del saloon del pueblo. Lo que no puede sospechar nuestro amigo es que se va a ver obligado a ejercer del personaje que se ha creado con tal de ayudar a los habitantes del pueblo a esclarecer que se esconde detrás de la desaparición de toda el agua de Dirt.
Rango nos atrapa desde el primer fotograma, con un inicio extraño que sirve de presentación del camaleón en cuestión y de sus neuras, sin embargo es a su llegada al pueblo cuando la verdadera historia empieza, es impresionante su entrada al saloon, como en el mejor western que podamos recordar, con toda una suerte de personajes cada uno más bruto o salvaje que el otro, y que nos mete de lleno en ese ambiente del Oeste americano. La calidad gráfica está a la altura de las mejores obras de animación y el diseño de personajes es envidiable y original. Con paisajes que parecen reales, con unos planos muy inteligentes y jugando perfectamente con la cámara (ver la imagen de las sogas), logra que nos lleguemos a creer que estamos en medio de una película de carne y hueso.
Está claro que es un constante homenaje al género del western y muchos guiños a algunas de sus películas (el mismo personaje de Rango es una clara alusión a Clint Eastwood, o con Lee Van Clift encarnando una temible serpiente, también hay otras alusiones a Sergio Leone por citar a alguno), la película tiene un guión bien hilvanado y que podría bien ser el de cualquiera de los éxitos que rodaron John Wayne y compañía. Solo se me han hecho un poco pesadas las escenas con los murciélagos, pero es un mero detalle en medio de una inmensidad de aciertos que no deberíais perderos de ninguna manera.
Es muy destacable que para su rodaje, los actores que les daban voz no se limitaron a grabar las líneas de diálogo en una fría cabina, sino que su director (Gore Vervinski) rodó 24 días con los actores y les hizo vestirse con las mismas ropas que llevarían sus personajes, se utilizó un variado atrezzo para ciertas situaciones, y para otras incluso se construyeron réplicas en un plató, facilitando así que los actores se metieran en el papel, y logrando que las voces suenen muy reales (en versión original, claro, y es muy aconsejable verla así).
Es curioso que no haya tenido el éxito de taquilla que se merece una obra de su calibre, y es que tal vez es una propuesta que no va a contentar a los más pequeños, pues cuenta con un guión demasiado exigente para ellos, y tal vez su promoción hacía pensar que iba dirigido a este publico, alejando al más adulto que podría haberla apreciado mejor. Una lástima y que espero que no haga que los estudios se replanteen el repetir la fórmula que tan bien ha funcionado aquí. Totalmente recomendada para el público que busque una película de animación inteligente y bien hecha.


jueves, 11 de agosto de 2011

WESTWORLD, ALMAS DE METAL (1973)

Notable cinta de ciencia ficción futurista que surgió de la mente de Michael Crichton después de que éste visitara Disneylandia y que suscitó un cóctel con una interesante mixtura de géneros, consiguiendo una premisa de lo más peculiar. Un moderno parque de atracciones llamado Delos ofrece la posibilidad de vivir experiencias de índole histórica, dividido en tres zonas bien distintas, el Far West, la Edad Media y la Roma Imperial.
Los detalles se cuidan con rigor, y quién tenga dinero suficiente para pagarse la estancia, no saldrá defraudado. Es el caso de dos amigos, Peter y John, que acuden al parque para vivir la experiencia que fue el salvaje oeste.
Los adelantos tecnológicos son enormes, de tal manera que todos los figurantes, animales, etc...son meros robots, incapaces de hacer daño al humano pero ofreciéndoles todos los servicios posibles (desde el sheriff al camarero pasando por las prostitutas del típico Saloon).
La diversión es vivir la época tal cual era, con sus enfrentamientos en los bares, los atracos al banco y los bandidos que acechan, pero algo parece no funcionar debidamente.
Una máquina no responde a los estímulos normales y se rebela timidamente. Los responsables piensan que se trata de un problema aislado pese a la posible amenaza de un virus informático.
El pistolero "Gunslinger" (un Yul Brynner con las mismas ropas que en su papel de Los Siete Magníficos) será el prototipo más peligroso de una rebelión de los robots, que llegado un momento, será descontrolada.
Ese personaje en cuestión (Brynner está excepcional en su papel de cyborg, su expresión es del todo robótica) servirá para protagonizar en su última media hora de cinta una de las persecuciones más peculiares de la ciencia ficción, antesala de todo un Terminator e inspiradora del personaje Carpenteniano de Michael Myers.
Los recursos son suficientes como para hacer creíble la situación (de las primeras veces que vemos imágenes digitalizadas en un film, en la visión de Gunslinger) pero quizás falte hacer más hincapié en aspectos de la historia y, sin que sirva de precedente, más metraje, ya que sus pobres 88 minutos saben a muy poco.
Historias secundarias como la del gafotas que se hace sheriff o el jefe del proyecto carecen de entidad argumental suficiente y necesitaban más minutos. También quedan preguntas sin respuesta que el espectador de hoy día se plantearía, y que sin desmerecer el producto en absoluto, le restan algo de frescura argumental.
La película sucede casi toda en el salvaje Oeste, pero sus secuencias en el castillo medieval tienen suficiente encanto como para que echemos de menos más escenas allí. La zona de la antigua Roma es casi anecdótica, y es además la menos creíble.
Precursora en toda regla de un nuevo campo en la ciencia ficción, "la revolución de las máquinas", que tanto hemos podido disfrutar después, desde las Terminators a Yo, Robot pasando por guiños en Depredador.
Tuvo una secuela más desafortunada pero que entrará en mis planes visionar, con equipo de reparto diferente (únicamente manteniendo a Brynner), y premisa argumental similar, titulada Mundo Futuro (1976) (Futureworld).

domingo, 17 de julio de 2011

EL ÚLTIMO HOMBRE (1996)

Una vuelta de tuerca más a la conocida historia de Kurosawa (Yojimbo) o a la obra maestra de Leone (Por un puñado de dólares), ambas inspiradas en la novela de Dashiell Hammett "Cosecha roja" de 1927.
La gracia radica en la ambientación, esta vez es una acertada mixtura entre un western y una película de gángsters, ambientada en los años 30.
Bruce Willis encabeza el reparto y encarna a John Smith, un misterioso forastero que de camino a Nuevo México se detiene en un pequeño pueblo llamado Jericó. Ese lugar es el escenario de la rivalidad entre dos bandas de gángsters, los de Strozzi y los Doyle. Pronto será lo suficientemente inteligente para jugar a tres bandas y sacar provecho de esa situación, aliándose con unos y con otros para obtener dinero y de paso, desestabilizar la tensa atmósfera que reina en la pequeña ciudad tejana.
Sus impresionantes habilidades con el revólver (a 2 manos) serán imprescindibles para su supervivencia una vez le descubran las intenciones, y se verá en una encrucijada de la cual le será difícil librarse.Tal vez sea por mi incondicional e inexplicable cariño al bueno de Willis, pero le creo un protagonista perfecto y doy gracias a Dios por otorgarle de nuevo ese carácter socarrón que tanto me hace disfrutar, amén de esa caracterización que le sienta tan bien, ya se sabe, borrachuzo, agobiado y solitario. La película se mueve entre géneros con soltura, sin decaer mucho en su ritmo y ofreciéndonos una satisfactoria historia de encontronazos entre gángsters de poca monta y mercenarios a sueldo pero con un telón de fondo en el Far West que se agradece tremendamente.Como de costumbre, está la chica del malo que se siente atraída por el bueno, el aliado camarero o el esbirro más malo de todos, Hickey, interpretado por Christopher Walken.Eso nos vuelve a demostrar que la fórmula no se gasta tan fácilmente, y que trasladada a diferentes épocas y con un ejercicio de estilo diferente, puede volver a funcionar estupendamente.Lo que más me ha gustado ha sido la voz en off del personaje principal, que consigue hacernos seguir la historia con él sin demasiado esfuerzo, encontrándonos con un satisfactorio desenlace lleno de matices y personajes bien dibujados.
Si bien los tiroteos y el ir y venir de coches con gángsters no son de mi agrado que se diga, no me ha aburrido en absoluto y mi sensación al finalizarla es más que satisfactoria, teniendo en cuenta que el asunto de los gángsters y sus pormenores no son mi predilección.La ambientación es un ejemplo de estilismo muy bien trabajado y la orquestación a cargo de Ry Cooder casa a la perfección con el significado de la obra, aupándola hasta hacerla llegar más alto.Únicamente alguna simplonería en el transcurso de la trama, el exceso de vaciladas (Smith mata a decenas pero las balas nunca le dan a él, sólo una le roza), o historias secundarias sin explicar (su presencia en esas tierras nunca se desvela) convierten mi valoración final en algo más que una positiva apreciación a Willis, y hacen chirriar el resultado final, que aunque bueno, no resulta notable.
Pese a eso, mi recomendación está ahí, sobre todo para amantes de la filmografía de Willis, El Último hombre resulta una película no tan famosa como otras y por descontado que merece más atención, yo rompo una lanza a su favor.

sábado, 9 de julio de 2011

VALOR DE LEY (TRUE GRIT) (2010)

Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una joven de 14 años, verá como su vida cambia bruscamente al ser asesinado su padre mientras se encontraba con ella en un viaje de negocios. El asesino ha huído, y el sheriff se lava las manos indicándole que una vez fuera de su jurisdicción pasa a ser un problema de los alguaciles. Decidida a que el asesino sea llevado ante la justicia, contrata al veterano cazarecompensas Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un viejo borracho de gran experiencia en estas lides. A pesar de las reticencias iniciales de Rooster para aceptar el trabajo y aún más para dejar que la chica le acompañe, finalmente cederá y se dirigirán hasta territorio indio para encontrarle.
Les acompaña en su camino LaBoeuf (Matt Damon), un ranger de Texas que lleva meses tras el mismo hombre pero por un motivo bien diferente, ya que disparó a un senador y se ofrece una gran recompensa por su captura.
La película es un remake del original de John Wayne del año 1969 y que le valió ganar a éste su único Oscar, al no haberla visto, no puedo compararlas y poder valorar si es un buen remake. Valor de ley se nos presenta como un western serio, muy bien ambientado como los mejores clásicos de este género y con una fotografía crepuscular que sabe retratar a la perfección esos parajes del salvaje oeste.
Los Coen parece que se han contenido en esta ocasión, ya que cuesta encontrar algún signo que nos indique que estamos ante una de sus obras y aquí están más serios de lo normal (no sé si ha sido por respeto al original).
El film tiene un arranque magnífico, de hecho la primera media hora es de largo lo mejor del film, empezando por la presentación de la historia narrada con una voz en off por la propia Mattie, para luego enlazar con la escena donde ella negocia con maestría con un comerciante de ponis y caballos, dando lugar a unos diálogos brillantes y mostrando una actuación de carácter por parte de la joven Hailee Steinfeld.
La siguiente escena con el juicio que sufre Rooster Cogburn, es un ejemplo de ironía y de unos diálogos muy bien ligados (quizás sean lo más "Coen" que veremos en toda la película) y que sirven para presentarnos al personaje y reencontrarnos con una buena actuación por parte de Jeff Bridges (muy al estilo de la que vimos en Corazón rebelde).
Para cerrar este arranque tan prometedor, tendremos el primer encuentro entre ambos, donde ninguno de los dos quiere dar su brazo a torcer y en el que todo parece anunciar una buena química entre ellos, creyendo por mi parte que daría muchos buenos momentos durante su desarrollo.
Sin embargo tras este gran inicio y después de cruzar un río (punto de inflexión del film), la evolución de los personajes y la relación entre ellos queda totalmente aparcada para centrarse solo en la captura del asesino.
Esto lastra bastante el film, pues la relación Mattie-Rooster estaba todavía en un estado embrionario y necesitaba seguir trabajándose para hacerla creíble. Matt Damon por su parte no está a la altura de sus compañeros de reparto, y su personaje de duro ranger de Texas queda un tanto desdibujado y con poca personalidad (además las idas y venidas del personaje por culpa de algunas lagunas de guión hacen complicado creernos sus movimientos), haciendo que el conjunto del film se llegue a resentir. Pasa lo mismo con el villano interpretado por Josh Brolin, casi inédito y muy desaprovechado.
Por otro lado hay que decir que la historia es correcta y tiene buenos momentos (sobretodo el de la cabaña que está muy bien rodado y logra mantener un alto nivel de tensión), pero tal vez caiga demasiado en estereotipos, haciendo que no haya grandes sorpresas en su desarrollo y que al final nos sepa a poco.
Sin entrar en detalles y hablando del final, hay que decir que es precipitado y no da tiempo para que podamos empatizar con el cierre que nos proponen los Coen, dejando la sensación de haber tenido entre manos unos buenos ingredientes pero con un final un tanto soso. No obstante es una interesante propuesta para todo aquel que quiera disfrutar de un western actual hecho como los de antaño, una historia distraida pero que ni de lejos se merecía esas 10 nominaciones a los Oscar que tuvo en la última edición, demostrando una vez más el nulo sentido que tienen este tipo de premios, que solo sirven par vendernos lo que les interesa año tras año.

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