martes, 13 de octubre de 2015

SITGES DÍA 4 - LUNES 12 DE OCTUBRE

The Demolisher se ha convertido por deméritos propios, en la primera piedra en el camino dentro del Festival. Y es que más que una película canadiense sobre brutales venganzas urbanas, se descubre a sí misma como un interminable videoclip indie de escaso voltaje, a ratos inaguantable, por momentos desasosegante, bastante irritante en general y encima torpemente editada y/o montada.
Y si alguien tiene la culpa de este desaguisado ese es su perpetrador, el tal Gabriel Carrer, director y guionista, y por tanto, culpable de todos los cargos. Su film se sustenta en una puesta en escena totalmente desacertada, con un excesivo abuso del slow-mo (en su mayor parte sin razón), dentro de una atmósfera fallidamente grisácea, tratando de que sintamos la desolación y angustia del pobre Bruce (un pésimo Ry Barret), al que acaban de dejar minusválida a su mujer (igualmente pésima Tianna Nori).
Lo único que percibe el espectador en vez de esa atmósfera triste, es una capa gris de post-producción amateur, movimientos ralentizados por doquier que nada aportan sino falta de ritmo y una trama tan previsible y prodigiosamente lenta (en el peor de los sentidos) que acaba por convertir el doloroso drama urbano que en teoría es, en una involuntaria comedia sin gracia.
Ni siquiera las partes más desbrozadas del film, como las escenas de violencia, persecución o suspense, consiguen captar nuestra atención moderadamente, pues llegan tan tarde que la desconexión con la película es casi plena.

Un atormentado Bruce a punto de tomarse la justicia por su cuenta.
Ajusticiando a quién no debe
Lo peor del caso es que argumentalmente tampoco ofrece demasiado potencial, pues se centra en la venganza del protagonista (ataviado en un traje de anti-disturbios, uno de los pocos aciertos del film) con el grupo de criminales que postraron a su esposa en una silla de ruedas y como éste, tras mucho reflexionar entre lágrimas y cegado por la rabia, persigue finalmente a quién no es. Por otro lado, en una endeble segunda línea argumental se nos dibuja a una chica que compartirá el drama de Bruce de la manera menos deseada, y dejándonos quizás, la mejor escena de la película, la persecución nocturna.
Un fallido intento de drama salpicadito de violencia absolutamente prescindible, que no consigue dar con la tecla en ningún momento y que desafina en sus eternos 85 minutos de su metraje. Olvidable.
(Redactado por Jesús Álvarez).


Sobresaturados de temática zombi como nos encontramos, admito que el anuncio de la realización de otra película más, aunque fuese con el protagonismo del entrañable Schwarzenegger, se me antojaba innecesaria a la par que oportunista. Como aficionado al género de los "no muertos", me cansa ver cómo deriva su temática hacia lugares que me interesan bastante menos, como la extinción humana por enfermedades o virus, zombis dignos de las Olimpiadas expertos en kung-fu o con habilidades asombrosas pese a estar, supuestamente, podridos.
En ese sentido el contexto debería ser clave : un cementerio, de noche, niebla y esqueletos deshechos (o vestidos con sus destrozadas mejores galas) que se levantan de sus tumbas para aterrorizarnos con su escalofriante quietud. Esa pureza de género se ha perdido en pos de más dosis de acción sin tregua (Guerra Mundial Z), piruetas de cámara acelerada (28 días después) o incluso descafeinadas y sonrojantes love stories (Memorias de un zombie adolescente), por no hablar del sinfín de "películas con zombi" de por medio, bajo la excusa que sea.
Maggie, del novato Henry Hobson, sin duda se sube al carro de la abundante moda "of the dead", pero milagrosamente nos sorprende al dotarla de una sensibilidad y un trasfondo inusual dentro del género, otorgándole cierta entidad. La estructura del cine independiente parece ser el terreno más fértil para el mundo del zombi, pues conserva parte de su esencia original y permite un tempo más idóneo, menos corrompido por la corriente popular que ansía y exige un agotador ritmo videoclipero.

Maggie, infectada por un zombi y cada vez más consciente de su inminente destino.
El debut de Hobson centra su mirada en el dolor de un padre (Arnold Schwarzenegger) que protege con su vida a su hija de 16 años, Maggie, infectada / enfermada por un zombi. Aunque consciente de su inevitable y doloroso final, evita que las fuerzas del Estado la ingresen en un hospital como al resto para su exterminio, y se expondrá a su propia muerte con tal de pasar los últimos días con ella. Sea al precio que sea.
Arnold, más creíble que nunca.
Lo primero que sorprende del film es, sin duda, la insólita actuación del roble austriaco, con más matices que nunca y dejando la que, probablemente, sea la mejor interpretación de su hermética y monotemática carrera actoral. Su inmersión en el rol de padre angustiado, de matrimonio desquebrajado pero con un inagotable amor por su hija se plasma de forma muy coherente y creíble, casi prodigiosa teniendo en cuenta su historial interpretativo. Personalmente creo que su vejez y por ende, su bajón físico, le ha proporcionado más capacidades que cuando su portentosa musculatura se llevaba todos los honores.
La trama, aunque intermitente de interés, está bien calibrada, y pese a tener un desenlace más que evidente cuando no previsible, consigue captar nuestra atención mediante una puesta en escena cálida, triste y por momentos, casi poética. Se agradece que se enfoque el asunto desde un prisma nuevo, con menos cháchara explicativa y más sobriedad, pero cojea un poco al acercarse al mundo zombi, pues sólo hay atisbos del terror que el género de por sí demanda. Digámoslo de otra manera, el film funcionaría igual si la niña en lugar de estar infectada por un zombi sufriera una enfermedad terminal equivalente.
Es por eso que, aún vertiendo sabia nueva a un universo tan manido como éste, tengo la sensación de que se alimenta de él para catapultarse como obra independiente menor, en una época en la que morirse como un zombi "vende" más que ser un moribundo de cáncer. Sin restarle méritos al film, creo que parte de su concepción no es del todo honesta, más bien todo lo contrario. (Redactado por Jesús Álvarez).


Will y Eden sufrieron la pérdida de un hijo y la tragedia afectó la relación de forma irreversible, hasta el punto de que ella desapareció de la noche a la mañana en busca de una manera de superar el trauma. Tras dos años desde entonces, Will sigue profundamente afectado por esa terrible pérdida y el dolor persiste anclado en él. (Precisamente ese es uno de los ejes centrales de The invitation, el como se vive, se supera y se deja atrás o no, una de las peores experiencias que la vida nos puede poner delante). Para su sorpresa, Will y su nueva pareja han sido invitados junto a otros antiguos amigos, a la casa donde convivió con Eden para celebrar una cena de reencuentro. Al llegar allí le cuesta reconocer a la Eden que le recibe junto a su nueva pareja. Convertida en una mujer inquietante y extrañamente magnética, la reunión empieza con la lógica tensión (muy bien plasmada en pantalla) del reencuentro con una persona que se ha amado, pero a la que ya no identificamos con los sentimientos que despertaba en nosotros en el pasado. Con un ritmo lento en la primera mitad del metraje, paulativamente se van poniendo las piezas sobre el tablero, la mayoría de ellas sin demasiado disimulo, como las puertas cerradas, esas rejas nuevas en las ventanas y la insistencia a permanecer en la casa agasajados por unos anfitriones tan amables como turbadores, creando una tensión invisible pero palpable que crece minuto a minuto, especialmente para Will, muy sensible a todo lo relacionado con su antigua casa y su expareja. Lo que empieza a sembrar unas dudas en su cerebro y por ende en el nuestro: ¿Está pasando algo extraño o simplemente la evocación del pasado y los sentimientos de Will le están jugando una mala pasada y ve fantasmas donde no los hay? ¿Va a ocurrir algo o la cena proseguirá con la charla distendida y los juegos habituales en este tipo de quedadas?


Con una construcción de "corte teatral" y de desarrollo similar a lo visto en Un dios salvaje (2011) de Roman Polanski, tenemos una primera mitad en las que prevalecen las buenas maneras, la corrección por educación y las convenciones sociales; hasta un punto en que los instintos y la esencia real de las personas empiezan a tomar el control y a salir a la superficie. De esta forma, es en la segunda parte cuando la tensión entra en una espiral creciente, llegados a un punto sin retorno, en un ejemplar ejercicio de suspense que nos lleva hasta uno de esos finales que no se olvidan con facilidad.

Will reflexionando lejos del grupo... algo no encaja.

A destacar además el elenco de actores, especialmente el destrozado Will (gran trabajo de Logan Marshall Green para transmitirnos el dolor por esa herida que nunca cicatriza), quienes consiguen dar un verismo a sus personajes y credibilidad a la tensa cena.
The invitation deja imágenes para el recuerdo, da que pensar sobre el tema de la pérdida, así como vierte una fuerte crítica a las falsas apariencias y a las terapias de autoayuda focalizadas aquí con la siempre inquitante temática de las sectas. Una de las grandes sorpresas del Festival hasta el momento.
(Redactado por Marc Ventura)


La película Miss Hokusai nos sitúa en el año 1814 en la ciudad de Edo, conocida actualmente como Tokio, una de las urbes más pobladas de la época con todo tipo de gente atestando sus calles: campesinos, samuráis, comerciantes, nobles, artistas, cortesanas y con un toque de elementos sobrenaturales propios de las supersticiones del momento. Tetsuzo es un artista de unos 50 años muy dotado para su tiempo, de carácter irascible y sarcástico, no acepta ningún trabajo que no le apasione realmente por mucho dinero y sake que le ofrezcan. La tercera de sus cuatro hijas ha heredado el talento de su padre, y su misma obstinación, pintando a menudo en lugar de su progenitor, aunque sin llevarse ningún crédito por ello. Décadas más tarde, Europa iba a descubrir el talento de Tetsuzo, donde sería conocido por uno de sus tantos seudónimos: Katsushika Hokusai. Artistas como Monet, Renoir, Van Gogh o Klimt, entre muchos otros, serán admiradores de su obra, pero muy pocos serán conscientes de la mujer que le ayudó a lo largo de toda su vida y contribuyo enormemente a su arte. Esta es la historia de O-Ei, la hija de Tetsuzo, un vívido retrato de una mujer de espíritu libre ensombrecida por la gigantesca figura de su padre.


Keiichi Hara, autor de reconocidas obras como Colorful (2010) y El verano de Coo (2007), ha sido el encargado de adaptar el manga creado por Sugiura Hinako, mangaka e investigadora de las costumbres y del estilo de vida de Japón del Período Edo. La película se basa en esta obra de culto que fue editada entre los años 1983 y 1987 y en la que se retrata la vida de la hija de Hokusai, figura por la cual la autora llegó a profesar una gran admiración y fascinación. Destaca por una bella animación que nos sumerge en el Periodo Edo de principios del siglo XIX, donde con todo lujo de detalles se dibuja no solo la figura de O-Ei, sino de toda una época, sociedad, personajes reales que rodearon la vida de la artista y emplazamientos que serían representados en las pinturas de Hokusai y su hija, como "El puente Ryogoku" datada en el año 1830. Uno de los puntos fuertes y a la vez más compicados de plasmar en pantalla es la transmisión hacia el espectador de los sentimientos y motivaciones de un artista frente al mundo y una obra, la suya, que devienen el eje central de su existencia, caso es de Hokusai y de su hija, una mujer avanzada a su tiempo. De igual manera que pudimos ver en Mr. Turner (2014) un trabajo espectacular del actor Timothy Spall para dar vida al artista británico, no es menos cierto que en el film del que hablamos, los guionistas y animadores se hayan esmerado en intentar reflejar el mundo artístico de ese periodo de Japón, así como las inquietudes de la artista y del mundo que la rodea. Una película muy interesante y recomendable, pero que tal vez no sea apreciada por una parte del público por alejarse de los temas habitualmente tratados en el anime.
(Redactado por Marc Ventura)


"El eslabón podrido", con toda probabilidad, no tendrá su lugar en los circuitos comerciales comunes ni llamará casi la atención de los amantes más puristas del género y seguramente se acabe paseando sin pena ni gloria por festivales del fantástico; pero admito que, carambolas horarias aparte, su visionado ha sido para un servidor, una más que agradable sorpresa que me gustaría reivindicar.
El argentino Javier Diment, cercano y simpático como pocos, nos presenta una película de pequeño presupuesto pero grande de espíritu, con un sello personal muy latente y demostrando una formidable capacidad para contar historias. Sitúa su relato en una pequeña aldea con apenas habitantes, donde Raulo, un deficiente mental, reparte la leña a todos los vecinos (lo que le permite una espléndida presentación de personajes a Diment). Raulo vive en una cabaña con su madre Ercilia, ya en plena senilidad, y su hermosa hermana Roberta, prostituta del lugar. Las advertencias de Ercilia a su hija de que no se acueste con todos los del lugar porque sino una amenaza caerá sobre la familia, causará un verdadero revuelo en la aldea, y pondrá fin al natural sosiego que allí se respiraba.
Lo más interesante de Eslabón es que no se deja encorsetar en ningún género en concreto, zafándose sabiamente de éstos sin caer en el caos. Lo que empieza siendo una peculiar comedia de tintes costumbristas se pasa casi sin avisar a un incómodo drama, además con toques de inesperado impacto visual y ético para acabar siendo una suerte de slasher cruel y vengativo al más puro estilo "in the woods".

Los variopintos habitantes de la aldea, atendiendo al párroco
En apenas 75 minutos, y barajando la misma galería de personajes (en su mayoría fascinantes y brillantemente interpretados, con la increíble naturalidad propia de los argentinos), experimentamos todo tipo de sensaciones de más o menos intensidad, ya que el pleno de géneros abordados, a su peculiar manera, funcionan como tal, y no pierden fuelle al darse el testigo unos a otros o convivir puntualmente entre ellos.

Raulo y su hermana Roberta atendiendo a su senil madre en una crisis.
Un prodigio de producción tan sólo empañada por un inicio inapropiado (creo que adelanta un suceso importante que juega en su contra), algo de lentitud en su desarrollo o alguna que otra carencia en el dibujo psicológico de personajes concretos (esa mujer solitaria y tan solícita con Raulo, el matrimonio creyente, el propio párroco...). Por descontado, esos últimos y brutales minutos arriba comentados, carne fresca que sacia hábilmente el hambre de sangre que el seguidor del festival de Sitges demanda, no es más que un cebo para tratar temas más complejos de fondo, maniobra digna de alabar por parte del cineasta.
Con todo, rompo una merecida lanza por esta estimable cinta argentina que, pese a su naturaleza humilde y sus asumidas y limitadas pretensiones, llega a producirnos sensaciones tan dispares en tan poco tiempo. Y eso, tan sólo está al alcance de algunas pocas películas. (Redactado por Jesús Álvarez).


La última propuesta de este lunes nos situaba en la Francia de finales de la década de los 70 para reconstruir, sobre hechos reales, la historia de un asesino en serie que aterrorizó a los habitantes de una tranquila comarca de la periferia de París, cuando a lo largo de dos años se dedicó a asesinar una tras otra a jóvenes de la zona, a las que solía subir a su coche para terminar disparándoles a bocajarro. Un thriller policíaco, que para el desarrollo de la historia en lugar del habitual enfoque de seguir los detalles de la investigación policial y mantener al asesino más o menos en secreto, prefiere en esta ocasión tomar la otra alternativa, hacerlo desde el punto de vista del criminal, y así poder mostrar con todo lujo de detalles su día a día, motivaciones, fobias y peculiaridades que pudieron llevarle a actuar de esta forma. Desde la primera secuencia se nos muestra al asesino acechando a unas jóvenes que van en moto y como tiene que abortar en el último segundo, por la aparición de un testigo, el asesinato de una nueva víctima cuando ya la estaba encañonando tras haberla atropellado. Circunstancia que origina el título del film y que resulta de una carta que envía a la policía al día siguiente amenazando con que "la próxima vez apuntaré al corazón".
Cédric Anger, director de la película, estuvo en el Auditori para presentar el que es su segundo largometraje, basado en la novela de Yvan Stefanovitch.


En palabras suyas, su intención era la de crear una obra en la que el espectador en lugar de tener cada vez más ganas de que atraparan al asesino, estas fueran yendo de más a menos; y hay que reconocerle que lo logra, en parte gracias al enfoque desde la visión del asesino, permitiéndonos empatizar en cierta manera con el personaje (aunque seamos plenamente conscientes de lo imperdonable de sus actos), ya que nos va mostrando todo su patetismo, carencias, traumas, miedos, dudas y por supuesto, una buena dosis de pura locura. Por otro lado, gracias a la más que notable actuación de Guillaume Canet encarnando al asesino en cuestión y que lleva a sus espaldas prácticamente todo el peso de cada secuencia de la película, haciendo creíble toda la vorágine de emociones que le asaltan a lo largo del metraje.


Con una correcta ambientación de la zona periférica de París de aquellos años y un montaje que en ningún momento decae, seguimos con interés y tensión las evoluciones de un asesino que tiene la gran particularidad (no es ningún spoiler, nada más empezar ya lo dicen), el ser miembro de la gendarmería francesa, y que obviamente le permitió casi siempre llevarle la delantera a la policía. Muy correcta, hasta notable en ciertos aspectos, es una buena muestra de cine de psico-killers que más que centrarse en las orgías de sangre y truculencias, se enfoca en mostrar al personaje en toda su esencia, donde hay espacio para claros y oscuros.
(Redactado por Marc Ventura)

lunes, 12 de octubre de 2015

SITGES DÍA 3 - DOMINGO 11 DE OCTUBRE

El domingo arrancamos en el Auditori con la cinta "Vulcania", producción española rodada en Lleida que supone la ópera prima del argentino José Skaf tras su pasado como cortometrajista. Respaldada por varios actores de renombre en su cast (de Miquel Fernández o Sílvia Abril a José Sacristán), y prometiendo algún que otro componente fantástico en su trama, Vulcania se ha presentado tímidamente en el Festival esta mañana con apenas revuelo en la sala. Y es que no era para menos.
Nos presentan a Jonás, uno más dentro de una comunidad aislada del mundo que se ha derrumbado tras la muerte de su mujer e hijo. Gracias al supuesto control del Sr.Valoquia (Sacristán), la comunidad mantiene la paz y el orden, pues todos tienen un puesto laboral, comida y cobijo. Lo que no se imaginaba Jonás es que había vida más allá de sus fronteras, y que junto a la también viuda Marta (que...¡adivinad!, es una monada), harán descubrimientos que desestabilizarán el orden de esa inflexible comunidad.
Vulcania, pese a sus obvias buenas intenciones (recuperar la verdadera libertad, redimir el pasado, hacer justicia, etc) empieza con poca fuerza y se convierte demasiado deprisa en un "thriller sobrenatural" de poca monta, puro entretenimiento del montón, mediocre en su discurso y muy endeble en su propuesta dramática.
El elemento fantástico que propone además le hace al film un flaco favor, pues dotar al protagonista de cierto súper poder no es que ya sea de risa, sino que da más pena que otra cosa.

Jonás se enfrentará a un futuro incierto
Como cada jornada, los trabajadores de la comunidad se dirigen como ganado hacia la fundición.
Contiene aciertos en su desarrollo, por supuesto, pero lamentablemente ya llegan cuando nuestra desconexión es total, provocando que el visionado esté "a la deriva", sin alma ni fuerza en su segunda mitad.
Con la adecuada perspectiva, diría que el mayor problema de Vulcania no es que sea una cinta menor de tintes fantásticos equivocados, sino que el envoltorio comercial le ha venido grande y ha prometido algo que no era capaz de ofrecer. (Redactado por Jesús Álvarez).

La propuesta de primera hora de la mañana en el Prado tenía un punto intrigante al cual no me he podido resistir: una película de stop motion y con Charlie Kaufman como responsable del guión y de la dirección, mixtura que se antojaba increíblemente tentadora. El protagonista de esta peculiar historia es Michael Stone, un exitoso hombre de mediana edad, motivador profesional, que ha publicado un libro dirigido a mejorar las ventas de las empresas con servicio de teleoperadores y que ha causado sensación en el sector en cuestión. La trama comprende un día de su vida, un día que abarca un viaje de trabajo desde su residencia en Los Angeles, donde vive con su mujer y su hijo, hasta Cincinnati, donde tras pasar la noche en un hotel deberá dar una charla la mañana siguiente y motivar a un público expectante. Pero la realidad que encierra Michael Stone es una bien distinta a la que todo el mundo imagina, perdido en un mar de dudas existenciales, con su matrimonio pendiente de un hilo y la nula motivación para seguir adelante un solo día más con la farsa en la que se ha convertido su vida, está luchando con el dilema de romper con todo o hundirse definitivamente. Tan repetitiva se ha vuelto su gris existencia que la voz de todos los personajes del film que se le cruzan (sean su mujer, su hijo, el taxista o el chico de la recepción) para él tienen la misma voz. Pero todo cambia en el momento que accidentalmente en el hotel se cruza con una chica llamada Lisa, teleoperadora que ha viajado hasta allí para escucharle, y que tiene una dulce voz distinta a la de todos los demás. El sueño de poder empezar de nuevo rompiendo con su vida actual y huir con ella será la decisión terminal que deba tomar.

Kaufman en uno de los escenarios de la película
En Anomalisa, Kaufman hace brillar un mundo actual y completamente verosímil, tan real nos parecen los diálogos, situaciones, preocupaciones y reacciones de sus personajes, que nos olvidamos que se trata de muñecos animados por la entrañable técnica del stop motion, pues hasta escenas de sexo explícito tienen cabida aquí. El guionista de ¡Olvídate de mí! (2004) y de Adaptation, el ladrón de orquideas (2002), vuelve a profundizar en los temas que indagó en esos trabajos anteriores: explorar la desesperación, dudas, miedos, soledad, fragilidad y las tenues conexiones con los que nos rodean. En propias palabras de Kaufman, es una película que con actores podía haberse rodado en dos semanas, pero que ha requerido de dos largos años de trabajo; sin embargo el inclinarse por la animación le ha permitido explorar con detalle cada frame para que junto a los animadores poder ser capaces de transmitir las emociones humanas de sus personajes. Una pequeña obra maestra que encierra una tierna y profunda reflexión del alma humana, con un toque de humor negro.
(Redactado por Marc Ventura)


Dentro del, por costumbre, tan denostado subgénero cinematográfico del "torture porn", hallamos de vez en cuando piezas que sobresalen del montón por ofrecernos una nueva perspectiva a lo que muchos denominan como "cine de casquería". Obviamente este estilo extremo de películas se realizan para saltarse todos aquellos códigos y límites que el cine convencional nos lleva marcando décadas, y así llevar al espectador más osado a lugares donde jamás antes se había podido viajar en una sala de cine.
Ya no es terror, ya no es crear angustia ni miedo, es directamente llevarnos a todos al mismísimo infierno, para, durante un rato, "disfrutar" de la bizarra experiencia como ningún otro género cinematográfico es capaz de hacer.
La pasada década fue Francia la que marcó la diferencia con propuestas tan brutales como la desgarradora "Frontière[s]" (2007) o la notable "Martyrs" (2008), pero ya nos llegaban trabajos de toda Europa que conseguían estremecer a todo un encallecido público de Festival (e incluso llevar a juicio al director del evento por programar algo tan duro), caso de "A serbian Film" (2010).
Entre 2010 y 2015, han proliferado diversos films de procedencias cada vez más dispares, aunque ya de menor interés y repetitivas, desde Alemania (cuna del ultra-gore en los 80), Noruega, Australia e incluso Japón (que adoran las torturas más que nadie).
La cinta presentada hoy en el Festival de Sitges por el turco Can Evrenol, "Baskin", es sin duda un rara avis dentro del subgénero, y ya no por su procedencia, totalmente innovadora de hecho, sino por ofrecer una nueva perspectiva sobre el cine de torturas y horrores extremos sin caer en el vacío argumental.
Evrenol traía bajo el brazo en 2013 un brutal cortometraje al Festival (de mismo título) y la aceptación fue, según parece, excelente. Lamentablemente no tuve el placer.
Como suele suceder en ese tipo de casos, 2 años después su embrión ha crecido y se ha convertido, al fin, en largometraje. Y los seguidores de lo extremo lo celebramos y aplaudimos, tanto por la calidad del mismo como por la liberación cultural que ello supone.



Lo que iba a ser una noche de patrulla normal para un grupo de policías turcos, se convertirá en Baskin en un descenso a los infiernos tras caer en una inesperada misa negra de unos salvajes sin miramientos. Una situación que, para algún miembro del equipo, no era del todo desconocida...
No nos cabe duda de que estamos ante un verdadero festival del horror, con una primera mitad más misteriosa que horripilante y una segunda parte con seres desequilibrados, enanos torturadores, rituales excesivos, música martilleante y sensaciones de angustia que nos harán "gozar" de una experiencia abrumadora para los sentidos. Una pequeña gema de género que pronto rozará el culto para los aficionados, gracias a un acertado montaje de extraños flash-backs en su nada desdeñable y compleja trama de componentes fantásticos, interesantísimas interpretaciones por parte del curioso reparto (sobre todo el enano que lidera la misa), una fotografía estupenda y una característica puesta en escena, entre lo enfermizo y lo insano pero con un toque autoral.


Para un servidor, Baskin abre una nueva vía de expresión en el T-Porn, pone a Turquía en el mapa de este tipo de producciones y pese a que seguirá siendo un cine de minorías, maltratado e incomprendido, otorga un poco de luz al mismo, pues parecía al borde de su extinción. (Redactado por Jesús Álvarez)

SPL2: A time for consequences, es un thriller policíaco con altas dosis de acción que tiene a las donaciones de órganos y al tráfico de los mismos como ejes centrales de su trama. La historia se nos presenta dividida en dos líneas argumentales que bien pronto terminan por cruzarse para confluir hasta el final en una misma dirección. Por un lado, en Tailandia vive Chai, un guardia de una cárcel cuya hija está gravemente enferma de una rara variedad de leucemia y está a la espera de localizar un donante compatible para salvarle la vida. Lejos de allí, en Hong Kong, un policía llamado Kit está infiltrado en la organización de un peligroso mafioso relacionado con el tráfico de órganos, quien también está buscando un corazón compatible que pueda servirle para alargar la vida de su maltrecho cuerpo. Durante una operación para extraer a un testigo de dicha banda y así poder cazar al jefe, su verdadera identidad como policía queda expuesta a la vez que pierde al objetivo. Como venganza, Kit será enviado precisamente a la cárcel tailandesa donde trabaja Chai para que se pudra entre sus muros; una cárcel, donde algunas de sus celdas sirven para retener a mujeres y niños cuyos órganos son vendidos al mejor postor por la banda criminal. Sin embargo, todo cambiará al saberse que el donante compatible para la hija de Chai, es Kit, punto a partir del cual ambos hombres unirán sus fuerzas para hacer frente a un enemigo común.


Siguiendo ligeramente la idea de fondo de un thriller tan notable como fue The Man from Nowhere (2010), con el tema del trafico de órganos, el salvar a una niña y altas dosis de artes marciales; SPL2 se cimenta en las excelentes escenas de acción dirigidas por Soi Cheang y coreografiadas estupendamente por la pareja protagonista, Tony Jaa y Jing Wu. A destacar especialmente, de las 4 o 5 principales, el brutal, intenso y largo plano secuencia de la pelea en la cárcel o la lucha final con el secuaz de los cuchillos. Sin llegar al nivel de The raid 2 (2014) en este aspecto, pero de un nivel claramente superior a la mayoría de esta clase de producciones, son lo mejor de la película.


Con un buen ritmo en líneas generales, personajes simples pero con carisma y una estupenda puesta en escena; podríamos poner solo algunos peros en el aspecto de querer abarcar muchos puntos y disiparse en ciertos momentos en los que pasamos de un intenso combate o persecución, a diálogos o situaciones algo ñoñas y cursis con la niña protagonista; así como el abuso del uso de móviles en varios momentos para el desarrollo de la historia, llegando al punto risible de usar una aplicación para que nuestros héroes puedan entenderse traduciendo en tiempo real del chino al tailandés y viceversa. Obviando estas carencias, normales en una producción que persigue la pura distracción y que la acción sea su voz cantante, solo podemos decir que se trata de un estupendo film de género, seguramente uno de los mejores que podremos disfrutar durante este 2015.
(Redactado por Marc Ventura)


Como va siendo habitual en la ultima década, contamos de nuevo con la presencia más o menos aplaudida del norteamericano Eli Roth en el Festival de Sitges. En el ya lejano 2002, nos visitó con su primer trabajo de terror bajo el brazo titulado Cabin Fever, obteniendo un considerable calor por parte del público; en 2005 pasó el examen del aficionado del gore con nota gracias a su violentísima Hostel, a la que le siguió su secuela en 2007, algo inferior pero con la misma dosis de "explicit carnage" que se esperaba de él. Su nombre empezaba a sonar fuerte y a asociarse con las propuestas de índole violenta.
Tras colaborar con el mismísimo Tarantino en su "Malditos Bastardos" (rodando incluso un segmento del film), Roth nos presentó en 2013 su cinta más personal hasta la fecha "The Green Inferno", que de algún modo (más directo que indirecto, diga lo que diga) homenajeaba y de paso actualizaba el clásico de culto ochentero "Holacausto caníbal". El film consiguió su propósito,  hacernos pasar un verdadero mal rato en los parajes amazónicos, pero flaqueó en lo realmente importante. Ser relevante o innovadora.
Este 2015, convertido ya en un todoterreno del panorama cinematográfico (produce, escribe, rueda, actúa, monta....), se ha lanzado con algo más suave, algo para todos los públicos. Y este examen, pese a tener sus buenos momentos y cierto clima, lo ha aprobado raspado. "Knock Knock" ("Toc Toc" en España), nos descubre por fin al verdadero Roth, a ese cineasta que, una vez despojado casi por completo de su violentísima zona de confort, se nos aparece sin apenas personalidad en su manera de plasmar una historia, y parece casi forzado a incluir un par de secuencias "duras" para hacernos ver que la obra tiene su sello personal. Una soberana idiotez, si se me permite.

Evan (Reeves) pasa de vivir un sueño a una pesadilla
De nuevo sirviéndose de un film de cierto prestigio, esta vez de "Las sádicas" (1977), donde un hombre se traía a 2 jovencitas de buen ver a su casa aprovechando la ausencia de su esposa para luego vivir una humillante pesadilla, Roth reescribe otra vez un guion de otro, le cambia el envoltorio, lo actualiza y le pone un lazo para su venta (incluso consigue que las productoras de su película sean esas mismas dos mujeres del film original, Sondra Locke y Collen Camp).
Genesis y Bel se presentan de madrugada en casa del "fiel" marido ya mojadas (de la lluvia, se entiende) y éste, que nos dejan bien claro que está a dos velas, se resiste lo justo antes de caer en su erótica trampa.
Tras una noche de pasión a 3 bandas, las dos encantadoras muchachas se transforman en dos auténticas cabronas cínicas y manipuladoras, que poco a poco convertirán la vida de nuestro protagonista en un infierno.

Una vez entiende la situación, Evan se dispone a librarse de las dos chicas, como sea.
Tras esa premisa tan picante con ecos de Funny Games y un inicio moderadamente interesante, la película se desinfla a los 25 minutos y se torna previsible, sin gracia; un mero pasatiempo pseudo-erótico con moraleja final idiotizante (claro, como él cayó en la tentación, ellas se permiten ajusticiarlo con tortura física y psicológica...en fin).
En Knock Knock, el protagonista tiene esta vez el rostro de Keanu Reeves, que aunque más esforzado que de costumbre, vuelve a demostrarnos su escaso talento interpretativo, y tan sólo el arrebatador carisma unido al erotismo de Ana de Armas (no tanto de su compañera de correrías, Lorenza Izzo) consiguen equilibrar el entuerto.
Un film engañoso y sin personalidad, únicamente disfrutable por pequeños momentos conseguidos de clima, erotismo y tensión (sobre todo con la llegada del dúo femenino), su excelente selección musical y algún que otro guiño cinéfilo-melómano. Sin mayor recorrido ni relevancia.
(Redactado por Jesús Álvarez).

domingo, 11 de octubre de 2015

SITGES DÍA 2 - SÁBADO 10 DE OCTUBRE

¿Qué pasaría si Dios existiese y viviese en Bruselas?....Bajo esta sugerente frase promocional nos ha presentado el belga Jaco Van Dormael su quinto y jocoso largometraje, "El nuevo nuevo testamento".
El director de "Las vidas posibles de Mr.Nobody" muestra en tono satírico su particular visión de la decadencia humana y las incongruencias religiosas, abrazando ese pasaje bíblico tan manido que rezaba aquello de "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza", para así presentarnos a un nuevo Creador de andar por casa, venido a menos, éticamente detestable, malcarado, machista y que "sobrevive", como se ha dicho, en la bella capital de Bélgica.
Van Dormael apunta alto ya de buen inicio. El llamativo planteamiento, las variantes que del mismo se podían extraer y una realización más comercial que autoral auguraban una comedia de tintes agridulces con un fuerte (aunque demasiado obvio) mensaje moral; algo que, si bien lo consigue en cierto modo, no al nivel que seguro, él pretendía. Y por supuesto, no al nivel que nosotros esperábamos.
La monotonía se adueña de la cinta pasado el primer tercio, una vez presentados los protagonistas y lanzadas sus primeras reflexiones sobre lo divino y lo terrenal, el Bien y el Mal, la familia y la amistad...
Que en la hija de Dios, una niña de nombre Ea, recaiga casi todo el peso del film, es de largo un error de concepto.
Uno de los supuestos nuevos apóstoles, un individuo atormentado y algo lujurioso.
Ea entrando donde no debería, el despacho de su divino Padre.
Su búsqueda de los nuevos apóstoles para reescribir las sagradas escrituras encorseta la cinta por completo, y tan sólo algunas briznas de humor surrealista (el episodio del gorila, sobre todo), o pequeños discursos sobre la vida y la muerte devuelven puntualmente el pulso al film de Van Dormael, que sin ser en absoluto fallido, resulta claramente inferior a sus pretensiones iniciales.
Si a eso le sumamos una desafortunada elección del actor escogido y un metraje innecesariamente alargado, nos daremos cuenta de que estamos ante una esforzada pero inofensiva película de un cineasta que no ha sido capaz de llevarla todo lo lejos que permitía la idea en un principio.
(Redactado por Jesús Álvarez)

"El regalo", la ópera prima del director Joel Edgerton (aquí interpretando él mismo al personaje de "Gordo"), se nos presentaba como el segundo plato del día, y afortunadamente, ha resultado ser mucho más interesante de lo que esperábamos.
La historia de un matrimonio que ve como la aparición de un antiguo compañero de clase termina por desestabilizar por completo sus vidas, parecía, a priori, un argumento típico de telefilm de domingo.
Sin embargo, el buen pulso de Edgerton acaba por convertir esta tan manida trama de base en un imponente psycho-thriller con varios giros brillantes y un excelente clímax final, superando de buen grado las expectativas preconcebidas y destacando con voz propia en el grueso de género.
Si bien la puesta en escena resulta, en cualquier caso, académica y se cuidan mucho de no traspasar los límites del cine comercial, el espectador entra sin esfuerzo de lleno en la historia y no desfallecerá en los más de cien minutos que dura el film.
El Regalo es un ejemplo fantástico de thriller psicológico muy al estilo "La mano que mece la cuna", que recupera la esencia misma de este tipo de cine y que, sustentándose además en un apropiado trío protagonista (por fin Jason Bateman "actúa" de verdad), se suma a esa lista de films sorpresa que cada año nos depara el Festival. Y eso, de por sí, son grandes noticias. (Redactado por Jesús Álvarez)

"Gordo" se entrometerá en el matrimonio entre Simon y Robyn hasta su crisis.

Estando más de moda que nunca la década de los 80, no han sido pocas las producciones que en los últimos tiempos han optado por realizar un remake de los grandes éxitos que marcaron a una generación en aquellos años, como ha ocurrido con: Robocop (1987), Conan el bárbaro (1982), Poltergeist (1982), La cosa (1982), Los Cazafantasmas (1984), Noche de miedo (1985) y la lista sigue; o bien se han subido al carro de homenajear/explotar el estilo visual y películas de culto de esos años dorados. En esta segunda categoría podemos encontrar productos de gran presupuesto como Super 8 (2011), dirigida por J.J. Abrams; sin olvidarnos de la saga perpetrada por Sylvester Stallone, Los mercenarios (2010), recuperando viejas glorias de las películas de acción de los 80-90; o Kung Fury (2015), producción que ha tirado del crowdfunding para poder costear su rodaje. Turbo kid (2015), se encontraría más cerca de esta última y podríamos englobar a ambas como una mera exaltación simpática/nostálgica de esa época pasada. De esta manera, situados en un futuro post-apocalíptico en pleno año 1997 que intenta emular, desde la modestia de su presupuesto propio de la serie B de antaño y el no menos limitado nivel de sus directores, el mundo de Mad Max; donde el VHS, las BMX, el walkman y su inseparable cassette, el cubo de Rubick y otros tantos cachivaches, quedan como muestra de los restos de la civilización de los 80.


En este inhóspito mundo vive un joven huérfano, apodado "The Kid", que intenta sobrevivir mientras recoge viejos objetos (como el bueno de Wall·E) para cambiarlos luego por agua, el bien más escaso y preciado del planeta. Donde la omnipresente amenaza de Zeus, el malvado líder de un salvaje grupo que masacra sin piedad a todo aquel que se cruce en su camino, aterroriza a todos los habitantes de la zona. La película juega desde los créditos iniciales la baza de conectar con el espectador, y concretamente el espectador del Festival fácilmente entra al trapo y gustosamente se dejaba querer en un ambiente semi-festivo desde antes de que empezara la proyección. Así, no es de extrañar que se alzara con el Premio del público en el South by South-west Film Festival, y tampoco es descabellado que repita éxito aquí viendo la gran aceptación que tuvo entre el público, ansioso de ir identificando a lo largo de su metraje todo tipo de referencias a hits como Blade Runner, Mad Max, Terminator, Los bicivoladores y otros muchos; disfrutar con la presencia de Michael Ironside como malo de la función, o el toque gore predominante en los distintos combates.


Pero dejando de lado el factor más sentimental que pueda despertar, y si nos detenemos a analizar la película en sí, no podemos engañarnos y decir que es una maravilla, ya que a pesar de que su premisa y planteamiento inicial presentan un potencial interesante, este no llega a explotarse debidamente y parece conformarse desde su concepción a ser un mero guiño a la nostalgia del espectador que vivió esos años. Además su factura técnica, montaje y desarrollo de la historia, dejan bastante que desear siendo poco más que apañados y con no pocas lagunas. Incluso la música de sintetizador que a modo de banda sonora suena a lo largo del film llega a hacerse algo pesada. Con todo, es una película que vista de modo desenfadado, en buena compañía y con ganas de pasarlo bien, se disfruta (moderadamente). ¡Larga vida al píxel!
(Redactado por Marc Ventura)

sábado, 10 de octubre de 2015

SITGES DÍA 1 - VIERNES 9 DE OCTUBRE

Tras cuatro años abriendo con producciones españolas - Eva (2011), El cuerpo (2012), Grand piano (2013) y Rec 4 (2014)-, el Festival de Sitges, sabiamente ha elegido la película americana The witch, para golpear fuerte y dar el pistoletazo de salida a su 48ª edición. Englobada en el terreno del terror psicológico y alejándose del terror tradicional de "sustos", sin ciertos efectismos vistos mil veces y repetidos hasta la saciedad, el film nos sitúa en Nueva Inglaterra en el año 1630, donde una familia de firmes y profundas creencias religiosas ha sido expulsada de su congregación por sus fuertes discrepancias en estas y otras materias, para ir a establecer su nueva granja al borde de un profundo y misterioso bosque que se alza amenazante ante los recién llegados. Los miedos arraigados por la cultura popular (o la incultura, según se quiera leer), la obsesión religiosa rayando lo enfermizo, el miedo ante las consecuencias de una cosecha echada a perder y la inesperada desaparición del más pequeño de los cinco hijos de la familia, desencadenan en el convencimiento de que algo maligno ha salido del bosque y pone en peligro a la familia. La premisa de partida es bien sencilla y no pocas veces ha sido llevada al cine, pero en muchas ocasiones con poco acierto, y es aquí donde sobresale The witch. Ese trato de la religiosidad y miedos, puede entroncarse con el cine de Dreyer, podríamos citar su Dies Irae y la caza de brujas que sostienen el film; de igual manera que Robert Eggers ha cimentado aquí en el que es su primer largometraje, añadiéndole la esencia de un cuento tradicional. Sorprendente desde su inicio hasta llegar a un desenlace inesperado que redondea una película que brilla con identidad propia.



Con una ejecución casi perfecta para lograr una atmósfera sobrecogedora, merced de una fotografía de tonos apagados, una música desgarradora y unos paisajes fantasmagóricos por los que desfilan unos personajes cargados de unos miedos y recelos que van creciendo en ellos para empozoñar las relaciones entre los distintos miembros hasta límites insospechados.
(Redactado por Marc Ventura)

El segundo plato de la jornada cambiaba el tono por completo, mucho más relajado y desenfadado, para adentrarnos en una película de ciencia ficción/comedia que como gran reclamo publicitario anunciaba la participación de los míticos miembros de los Monty Python (tanto en la dirección por parte de Terry Jones como del resto de miembros del grupo dando voz a unos alienígenas) y con Simon Pegg como gran protagonista de la función; actor que saltó a la fama en compañía de Nick Frost en la divertida Zombies party (2004) y que desde entonces no ha dejado de ser el eje central multitud de comedias o de ser usado como personaje "cómico" en sagas tan dispares como Misión Imposible o Star Trek. La historia arranca cuando unos alienígenas interceptan una sonda enviada al profundo espacio exterior por la humanidad como mensaje de paz; sin embargo la mala suerte se ha puesto del lado de la Tierra, pues estos malcarados extraterrestres forman parte de un Consejo Intergaláctico de Razas Superiores que se ha autoploclamado con la autoridad necesaria para decidir que razas son dignas y cuales no de seguir existiendo. La decisión de volar por los aires nuestro planeta se tomará tras concederle poder absoluto durante diez días a un ser humano elegido al azar; el cual deberá demostrar si es capaz de distinguir entre el bien y el mal y darle buen uso a su nuevo y podría decirse que divino poder. Y el elegido no es otro que un anónimo profesor de instituto, fracasado novelista, soltero y al que sus alumnos ignoran por completo, encarnado por Simon Pegg.



La película se apoya completamente en la capacidad de Pegg para mantener a flote la función desde el primer minuto, y si bien es verdad que en su arranque y en ciertos momentos los gags funcionan bien (y hasta unos pocos muy bien), en conjunto la película flaquea por la incapacidad de mantener una regularidad en su desarrollo, un guión que realmente es un flojo hilo conductor que enlaza dichos gags y de unos secundarios (a excepción del profesor hindú) que realmente no llegan a ser un complemento de altura para Pegg. Combinando escenas brillantes (el perro al que da voz el finado Robin Williams y sus obsesiones por las galletitas o por refrotarse en la pierna de su amo; junto con los primeros momentos en los que descubre sus nuevos poderes y las nefastas consecuencias de su uso) con otras menos inspiradas (ese exnovio americano cargante y su tramo final), la experiencia es llevadera, divertida a ratos, pero sin llegar a ser de esas que podrías revisionar cada cierto tiempo con gusto y placer.
(Redactado por Marc Ventura)
 


DÍA 1 : LA BRUJA / ABSOLUTAMENTE TODO

DÍA 2 : EL NUEVO NUEVO TESTAMENTO / EL REGALO / TURBO KID

DÍA 3 : VULCANIA / ANOMALISA / BASKIN / SPL2: A TIME FOR CONSEQUENCES / TOC TOC

DÍA 4 : THE DEMOLISHER / MAGGIE / LA INVITACIÓN / MISS HOKUSAI / EL ESLABÓN PODRIDO / LA PRÓXIMA VEZ APUNTARÉ AL CORAZÓN

DÍA 5 : GANGNAM BLUES / FRANKENSTEIN / THE HALLOW / COIN LOCKER GIRL / THE ASSASSIN

DÍA 6 : GREEN ROOM / MACBETH / LA JUVENTUD

DÍA 7 : LAS ÚLTIMAS SUPERVIVIENTES / LA LEYENDA DE BARNEY THOMSON

DÍA 8 : YAKUZA APOCALYPSE / WRITERS RETREAT


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