martes, 14 de febrero de 2012

MALPERTUIS (1971)

Desconcertante film del belga Harry Kümel, que contó con un Orson Welles en el reparto casi en forma de reclamo (en realidad, Kümel era fan de Welles) y una sugerente puesta en escena difícil de etiquetar.
Adaptando la exuberante novela homónima de Jean Ray (el llamado Poe belga), Kümel arranca el film presentando a un joven marinero llamado Jan, que es requerido por su tío Cassavio (Orson Welles) para que se haga cargo de su inmensa fortuna y de su laberíntica mansión "Malpertuis", ya que está agonizando en sus últimos días de vida y necesita un heredero adecuado.
El efebo marinero (inexpresivo pero magnético) vivirá una experiencia indescriptible, totalmente onírica, en el amplio significado de la palabra.
Dentro del caserón, todo parece un sueño, desde el servicio hasta sus familiares, pasando por un "encamado" Cassavio, pura esencia divina en toda regla.
Nadie tiene el beneplácito del tío moribundo, pero su cordura es tan abrumadora y su presencia tan escalofriante que sólo es propia de un ser superior, como si del mismísimo Todopoderoso se tratase.
Muchos esperan la muerte de Cassavio cual buitres la carnaza, pero cuando el albacea redacta el testamento en cuestión, todos descubrirán un horroroso secreto que les obligará a replantearse sus vidas tal y como las conciben. Entraremos entonces en una espiral de pesadilla, donde lo imprevisible se hace realidad y la cordura coral da paso a la locura más insana, dentro de un marco sutilmente terrorífico y emocionalmente confuso (de hecho, se roza el incesto y la perversión).
Seremos testigos de lo que esconde el ser humano en su interior, de que todos tenemos un pecado capital que cometer para salvar nuestros intereses, por cínicos que estos sean y lo que podamos llegar a hacer para salvaguardarlos, aunque haya que cometer algún que otro crimen. Indescriptible pero inteligente en su concepción, este film es un extraordinario pasaje hacia otra realidad, hacia un mundo de fantasmales individuos que bailan entre la verdadera percepción de las cosas y el onirismo, un ejercicio fílmico tan fascinante como confuso que trasladará al atrevido espectador a una mansión tan misteriosa como laberíntica. Un viaje astral de nuestros sentidos cinéfilos. Aquí, personajes y actores se fusionan de manera extraña, y me impide realizar un desglose interpretativo de carácter cualitativo, sino más bien, de carisma presencial. Orson Welles irradia divismo y divinidad a partes iguales, y tan sólo el cabezal de su enorme lecho en forma de aureola le otorga un minimalista recurso para ultimar su personaje, ya de por sí, inigualable.
Actrices que hacen 5 papeles diferentes, actores con excesiva libertad creativa o un desfile de sobreactuaciones permitidas otorgan un crédito surrealista a la dirección artística, que de peculiar resulta atractiva. Y persuade, sin duda.
Especial mención a la fotografía, casi plasmada al óleo y con una gama de colores tan sencilla como perfecta en su composición, de una belleza sin igual y con un alto manejo de la sensibilidad en imágenes, de sublime factura.
Espiritual, lúgubre, erótico y arriesgado, Malpertuis es un cine muy diferente que necesita una integración intelectual fuera de lo habitual en la retina actual, como si un indigesto plato exótico estuviéramos degustando y del que no sabemos muy bien sus ingredientes. Un fabuloso (y muy inesperado) tercer acto nos acaba de perturbar sin compasión, redondeando una historia bella e hipnótica pero muy alejada de lo comercial, por lo que abstenerse el público menos temerario.

La novela original
La manera de plasmar realidades convergentes junto con ese argumento (tremendamente original cuando acuña la mitología) son sus mejores bazas, pero por contra, se intuye cierta desorientación actoral y un tufillo de improvisación escénica que enturbia su resultado final, muy estimulante pero algo borroso.
Sin duda alguna, estamos ante un film que pasó muy desapercibido por todo el mundo (pese a llevarse el premio al mejor guión en Sitges de 1973) de manera inmerecida, y que empujo a rescatarlo por su sabor tan singular. La esencia de un cine tan desconocido como interesante, una manera muy peculiar de enfocar el terror, siendo más psicológico que efectista. Sin duda, un descubrimiento muy enriquecedor.


1 comentario:

  1. No creo que sea más desconcertante que El carnaval de las almas, ¿verdad? Una película que nos dejó bastante tocados, con unas situaciones de risa (la escena del sofá con el vecino no tiene precio), y otras de lo más sorpresivas. No la conocía, me la apunto en la agenda de pendientes... entre otras tantas...

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