domingo, 9 de septiembre de 2012

FRANKENSTEIN Y EL MONSTRUO DEL INFIERNO (1974)

El último de los films sobre Frankenstein que filmara la factoría Hammer también significó el testamento cinematográfico del más excepcional de sus directores, el maestro Terence Fisher (el británico fallecería 9 años después a causa de un ataque al corazón sin haber filmado oficialmente nada más).
Tras media docena de películas sobre el monstruoso ser (siempre junto a su inseparable Peter Cushing, con el que coincidió en 14 films), Fisher acabaría tan desencantado y ¿frustrado? del resultado que finalizaría su carrera profesional como cineasta (y también porque siendo septuagenario ya no estás para muchos trotes).
El film arranca presentándonos al Dr. Simon Helder (un impertérrito Shane Briant), esperando a que le traigan un nuevo cadáver exhumado del cementerio, con el que (a su manera) prosigue los escritos del famoso Barón Frankenstein, al que considera un genio. Por desgracia para él y para su fiel proveedor, en esta ocasión la policía los descubre y Helder acabará en manos de la justicia acusado de brujería, nada menos.
¿Su condena?, pasar 5 años recluido en el Manicomio Estatal para delincuentes psicóticos, donde no será muy bien recibido que digamos (para mi, él es sin duda el más cuerdo del lugar) y ni tan siquiera el director del sanatorio demuestra estar en sus cabales (resulta ser un tipo inestable, depravado, alcohólico...etc). Para sorpresa de Helder, un misterioso doctor llamado Carl Victor es el responsable del área médica, comenzando así una estrecha colaboración profesional que irá más allá de lo que nuestro estupefacto doctorcillo podría llegar a pensar.
No tardaremos en descubrir que el genuino Doctor Frankenstein se esconde tras ese falso nombre de Carl ni que, evidentemente, prosigue con sus atroces experimentos al margen de su nuevo oficio, agenciándose partes de sus desequilibrados pacientes y usándolos en beneficio de sus no menos desquiciadas investigaciones.
Así pues, ambos doctores (con la ayuda de una enmudecida belleza llamada Sarah) compartirán un mismo propósito: dar vida a una criatura con distintas partes de finados reclusos (el cuerpo y por consiguiente la fuerza de un paciente propio del neolítico, las manos de un prodigioso artesano y finalmente, el cerebro de un brillante profesor).
La película de Fisher invita al espectador a adentrarse en un ejercicio de permisible amoralidad, donde los experimentos (realmente descabellados) de nuestro emblemático doctor, no son más que una excusa para presentar un nuevo monstruo en pantalla, esta vez en forma de hombre de las cavernas.
Dicha criatura, mitad gorila mitad franciscano jorobado (por momentos, parece Flo disfrazado), es una de las más extrañas que he visto nunca en un film, ya que incita más a la risotada que al terror, (que por cierto, aquí brilla por su ausencia, etiquetándola consecuentemente en un solo género, el fantástico), pero escondiendo tras de sí a un actor de culto, el gigantón David Prowse, más conocido por dar vida a Darth Vader en la famosa trilogía galáctica.
Sus 45 minutos iniciales están a un gran nivel técnico y narrativo, filmados con elegancia y estilo, resultando entretenidos a la par que prometedores. Pasados esos minutos (y casualmente coincidiendo con la aparición del cavernícola con manos de artesano), la trama decae irremediablemente hasta acabar según marcan los cánones, es decir, sin apenas emoción.
El film no malgasta metraje en cerrarnos algunos cabos sueltos (el incoherente funcionamiento del centro, las normas del mismo o el innombrable delito que comete el director), sino que tan sólo se centra en las maniobras quirúrgicas de los colegas doctores y sus perturbadores resultados (realizan unas intervenciones al paciente dignas de Martes y trece en fin de año).


Tampoco la maqueta exterior del sanatorio nos convence lo más mínimo (por mucha ambientación y poca luz que nos vendan), y deberemos acogernos a nuestros recursos más cinéfilos para valorar una obra que, de principio a fin, pareció maldita (fue vapuleada por crítica y público, siendo un fracaso en todos los sentidos).
No es para nada un film indigno, pero si que de alguna manera malgasta unas posibilidades muy altas de base (el triunvirato Fisher/Cushing/Frankenstein), que en tantas ocasiones había funcionado maravillosamente bien.


A nivel de reparto, destacar por encima de todos (y me aferro, esta vez sí, a mi cinefilia) al enorme Peter Cushing, un actor que proporcionaba tanta solidez a su personaje que inundaba la pantalla por sus cuatro aristas. Su gran presencia, su mirada penetrante y sus inquietantes facciones dieron vida a tantas figuras de renombre que ya es todo un incunable del cine mundial (ha sido, entre otros, Van Helsing, Sherlock Holmes, el Doctor Frankenstein...) por lo que su papel en esta "Frankenstein and the monster from hell", no es una excepción (su aparición en el film es mágica y cautivadora).
Su continua lucha entre el bien y el mal abarcó casi toda su filmografía (no cuenta su fantástico cameo en "Top Secret"), pero también tuvo tiempo para dejarnos algunas colaboraciones con directores españoles, como fueron "Pánico en el  Transiberiano", de Eugenio Martín, o "Misterio en la isla de los monstruos", del llorado e infravalorado Piquer Simón.
Para terminar, comentar que el film se censuró a su paso por nuestro retrógrado país y que la versión "uncut" que yo tuve el placer de visualizar, contiene imágenes explícitas de cerebros, ojos fuera de sus órbitas y demás gazmoñerías (hecho que, como ya debéis saber, me entusiasmó).

viernes, 7 de septiembre de 2012

LA ZÍNGARA Y LOS MONSTRUOS (1944)

Que los Estudios Universal se excedieron en la década de los 40 con tanta secuela de sus mejores creaciones es algo innegable, ¿pero quién es capaz de resistirse si los números en la taquilla seguían respondiendo?
Así pues, el éxito que supuso el primer crossover de la casa Frankenstein y el hombre lobo (1943), propició que un año más tarde tuviera una continuación que se tituló House of Frankenstein y que aquí se retituló de una forma tan curiosa como La zíngara y los monstruos, aunque en algunos sitios aparece también como La mansión de Frankenstein.
En esta ocasión se hizo bueno el dicho de "donde comen dos comen tres" y decidieron darle entrada también al mismísimo Conde Drácula, logrando de esta manera un gancho difícilmente resistible para los seguidores del cine de terror de la época, ya que se incluía en un mismo film a las que posiblemente fueran las tres creaciones más importantes de la Universal (con permiso de la Momia o el Hombre invisible).
Sin embargo este nuevo crossover, a pesar de que en algunos aspectos que iremos comentando es muy apreciable, demuestra una cierta falta de coherencia incluso con ella misma o su predecesora, demostrando que los guionistas tampoco estaban mucho por la labor y trabajaban un poco con el piloto automático puesto.

Niemann encerrado por sus crímenes y experimentos contra-natura
La historia arranca en una cárcel donde tenemos el placer de conocer al Dr. Niemann (un ya veterano Boris Karloff) quien lleva cumpliendo más de 15 años de condena por culpa de una serie de experimentos diabólicos que realizó, en los que incluso se atrevió a trasplantar un cerebro humano a un perro (ojo que para la época esto debía ser extremadamente shocking). Junto a él está Daniel, un deforme jorobado que según cuentan fue creado por el hijo del Dr. Frankenstein (supongo que en sus ratos libres para matar el tiempo), ahora servidor fiel de Niemann, ya que éste le ha prometido crearle un nuevo cuerpo perfecto cuando salgan y pueda apoderarse de los documentos del inefable doctor.

Huyendo hacia su ansiada venganza...
Afortunadamente para ellos, debido a una gran tormenta, parte de la celda donde están encerrados cede y pueden escapar de allí y empezar a dar rienda suelta a sus planes. El destino les sonríe y en plena fuga se cruzan con Lampini, quien muy amablemente les acoge en su carromato, un hombre que lleva su circo ambulante de los horrores de ciudad en ciudad para exhibirlo, mostrándose especialmente orgulloso del ataúd que según él contiene el esqueleto de Drácula (John Carradine) con una estaca clavada en el pecho y que jura sacó personalmente de su castillo de los Cárpatos.
Ante la negativa de Lampini de acercarse de forma inmediata a la ciudad de Visaria donde Niemann tenía su laboratorio (y donde recordemos teóricamente perecían Frankenstein y el Hombre lobo al final del film anterior), lo liquidan y usurpan así su identidad para dirigirse a continuación hacia allí para vengarse de los que le denunciaron y encarcelaron. Será una vez en la ciudad y viendo a uno de sus enemigos, que con afán de atacarle de inmediato coja en pleno arrebato la estaca clavada en el esqueleto y para su sorpresa vea rematerializarse al Conde Drácula, a quien ofrecerá protección durante el día a cambio de que le ayude a liquidar a sus enemigos, un buen trato para ambos.

Amenazando a Drácula justo al resucitar...
De esta manera tenemos todos los ingredientes para que arranque el juego, los tres monstruos situados en un misma zona y un mad doctor muy cabreado con ganas de pelea.
Pero aquí es donde queda de manifesto el punto flaco más importante de la película, pues con la obligación impuesta a los guionistas de hacer aparecer a los tres monstruos y desarrollar una buena historia en tan solo 70 minutos, el guión en algunos puntos descarrila. El principal problema del conjunto es que Drácula nunca llega a coincidir con los otros dos, quedando reducido el film en dos partes claramente diferenciadas.
La primera media hora vendría a ser lo contado antes y hasta que se cierra la trama desarrollada por el Conde (realmente daba para mucho más y es una auténtica lástima que no supieran darle continuidad hasta el final), como tampoco convence completamente la sumisión que acepta Drácula de un simple humano (que Karloff impone con su presencia, pero no tanto...).

Gran escena, muy bien ambientada y llena de tensión con el Conde como protagonista
Y la segunda arrancaría con el descubrimiento de Niemann de los cuerpos congelados de Frankenstein y el Hombre lobo en una cueva que fue inundada cuando la presa voló por los aires al final del anterior film, una auténtica delicia de ambientación como puede apreciarse abajo (por eso comentaba que tiene puntos muy buenos y otros bastante dejados), decidiendo revivirlos para que les ayuden a encontrar los documentos.
El hombre lobo una vez despierto y como pasara en  Frankenstein y el hombre lobo, seguirá lamentando su infortunio y la maldición que arrastra, deseando quitarse de encima el estigma o morir para dejar de sufrir. La promesa de Niemann de ayudarle, lo convertirá en uno más de sus acólitos, mientras que la criatura de Frankenstein está tan gravemente dañada que necesitan trasladarlo al laboratorio del doctor para tratar de recuperarle.


Cuidada hasta el más mínimo detalle, esta cueva helada es lo mejor del film

De aquí al final se desarrolla la teórica venganza donde el saber hacer, la experiencia y presencia de Karloff mantiene decentemente el nivel en las escenas en las que participa, pero echamos en falta más protagonismo de las otras dos criaturas, que nunca llegan a interactuar aquí y dirimen sus destinos por separado, un gran error, al que se suma el ya típico final un poco precipitado que solía ser marca de la casa.
La gitana rescatada por el pobre jorobado...

Y me he dejado para el final un personaje que hasta ahora ni he comentado y es quien da nombre al título, la zíngara de marras. Siendo una gitana de nombre Ilonka rescatada por el jorobado de un campamento cuando iba a recibir una soberana paliza (¿un dejà vu de El jorobado de Notre Dame?). Su personaje es del todo desconcertante, tanto por lo innecesario que resulta, por como descafeina las escenas cuando sale o por su incoherente y caprichoso comportamiento. Personalmente me cuesta entender como reacciona, teniendo un cierto enamoramiento hacia el jorobado en un principio, para pasar a estarlo locamente cuando hace su aparición Lawrence Talbot (el hombre lobo) y empezar a maltratar, ignorar e insultar al pobre jorobado que queda humillado para sorpresa nuestra... digámoslo claramente, un zorrón de campeonato que no pinta demasiado aquí, a excepción de darle una presencia femenina y el punto romántico al asunto.
Y metiéndole los cuernos con Talbot al poco rato, brutal...

El resto de actores cumple bien a excepción de John Carradine a quien me cuesta ver como Drácula, estando unos cuantos peldaños por debajo de Lugosi o de las adaptaciones posteriores que contaron con Christopher Lee. Por su parte Lon Chaney Jr. repite papel y si es verdad que aquí no se da mucha cancha y tiene una participación limitada, sabe cumplir correctamente.
El monstruo aquí es meramente anecdótico, solo participa en los últimos minutos del film, ya que está todo el resto del tiempo postrado en una camilla y se vuelve a desaprovechar al personaje como ya pasó con su predecesora.
Estuvo encarnado por un tal Glenn Strange, de quien no puedo decir nada ni bueno ni malo, sale en el tiempo de descuento y no toca bola, para hacer una analogía futbolítisca.

Niemann con la criatura de su admirado Frankenstein...
Resumiendo un poco y haciendo una valoración global, la película me ha resultado bastante entretenida, como segunda parte de una secuela poco me esperaba de ella, realmente pensaba que iba a ser bastante peor, pero tiene ciertos detalles bien apreciables para el amante del cine de terror clásico que la salvan: Una escenografía cuidada y respetuosa con los clásicos de terror, la presencia de todo un Boris Karloff y el siempre atractivo que tienen las criaturas de la Universal, aunque hay que tomársela con cierta filosofía e intentando evitar la comparación con las originales. En tal caso los amantes de estas películas la podrán disfrutar.





miércoles, 5 de septiembre de 2012

FRANKENSTEIN Y EL HOMBRE LOBO (1943)

A lo largo de la historia del cine ha habido multitud de franquicias exitosas que han sido explotadas hasta la saciedad merced de inacabables secuelas; la última vuelta de tuerca una vez agotadas las ideas y como única opción para seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro suelen ser los crossovers, donde se cruzan en una misma película distintos personajes del estudio en cuestión. Sabedores éstos que tienen practicamente asegurado repetir el éxito que cosecharon por separado sin demasiado esfuerzo ni recursos. Esta ha sido, y es, una práctica muy recurrente, ya que simplemente tirando de los clichés más identificativos de cada uno de ellos y poco más ya tenemos el refrito en cuestión.
El más reciente y exitoso sin duda alguna sería la megaproducción de Los Vengadores, film de superhéroes que ha sabido combinar inteligentemente a los diferentes personajes de la Marvel que ya habían tenido sus producciones en solitario (muchas de ellas mediocres). Sin embargo, lo más habitual no es un gran resultado, en este sentido podemos recordar otras relativamente recientes como Alien vs. Predator o Freddy vs. Jason, deleznables en ambos casos. Pero aún podemos retroceder bastante más en el tiempo para encontrarnos otros intentos similares como en el cine nipón de la década de los 50-60 con King Kong vs. Godzilla, por ejemplo.

Grandísima ambientación digna de los mejores clásicos
Los Estudios Universal, tuvieron una década dorada en los años 30, en el que lograron algo que se dice pronto, como es la realización de una serie de películas que ya forman parte del imaginario actual de todos nosotros, unos iconos imperecederos del cine de terror con títulos míticos como Frankenstein, La momia, Drácula, La novia de Frankenstein o El hombre lobo.
Secuencias de la transformación de Talbot
Pero ya en la década de los 40, con las ideas mucho menos frescas, se inclinaron por una continua explotation de los éxitos que antaño les hicieran grandes, tanto en forma de secuelas como cruzando los caminos de varias de sus criaturas, en esta ocasión el monstruo creado por el Dr. Frankenstein y el hombre lobo. La cuestión es que con relativamente pocos medios y unos guiones no muy desarrollados lograban unos más que buenos ingresos al tener una buena respuesta por parte del público que seguía siendo fiel a sus creaciones originales.
Ya transformado y en busca de una nueva víctima
La película que os traigo hoy sobre todo me despertó la curiosidad por saber como se las apañaban para cruzar ambos personajes y ver si iba a tener un mínimo de pies y cabeza o desde el primer momento iba a llevarme las manos a la cabeza mientras exclamaba un sonoro "Oh, my God...". Sorprendentemente no está mal pensado el punto de encuentro entre ambas criaturas, pero no nos avancemos y vayamos por el principio.
En un arranque excelente, recordando a las ambientaciones de sus mejores obras, somos testigos de como un par de desventurados se adentran en un tétrico cementerio en plena noche de luna llena (lo sé, pinta mal para ellos). Su intención es entrar en la cripta de la rica familia Talbot y robar el anillo y otras joyas con las que se rumorea en el pueblo, fue enterrado el joven Lawrence Talbot (Lowney Chaney Jr.). Para su sorpresa al abrir la tumba, el cadáver al ser iluminado por la luz de la luna llena resucita apresando a uno de los intrusos, mientras el otro huye despavorido.
Esa misma madrugada aparece inconsciente y herido un hombre en una calle de la ciudad de Cardiff, siendo conducido de urgencia al hospital con una grave fractura craneal. Para sorpresa del Dr. Mannering que le atiende, el enfermo al día siguiente se muestra practicamente recuperado del todo a pesar de la operación que se le ha practicado y dice ser Lawrence Talbot. Al comprobarlo y tener la confirmación de que murió 4 años atrás, le toman por un demente y lo encierran (si decir siempre la verdad no es bueno).

 
No obstante, para desgracia de Talbot con la llegada de la noche la transformación en hombre lobo se repite y vuelve a matar, siendo la gota que colma el vaso y con la conciencia cargada de remordimientos por la multitud de muertes causadas desde que fue maldecido, huye de allí para buscar en Europa del Este a Maliva, la vieja gitana que conocía al hombre que le transmitió la maldición a Talbot.
Su deseo es dejar de ser una amenaza para todos ya sea encontrando alguna cura o en última instancia conseguir morir definitivamente. La solución que le propone la gitana es ir en búsqueda de un famoso doctor que logró traspasar los misterios de la vida y la muerte, y que tal vez pueda ayudarle: el Dr. Frankenstein... y así es como se inicia un camino que acabará cruzando el camino de ambos personajes (no está mal, ¿verdad?).

Solo la criatura puede ayudarle a encontrar los documentos del Doctor Frankenstein

Todo lo contado hasta ahora ocupa más de la mitad de su corto metraje (70 minutos) y a nivel de ritmo, guión y ambientación se muestra bastante superior a lo que inicialmente sugería el título, siendo un dignísimo entretenimiento de terror de corte clásico, llegando al punto culminante con el descenso a las ruinas de la mansión de Frankenstein y el casual descubrimiento en la caverna helada de la critaura. Señalar la buena recreación de esta (ver las dos fotos de arriba) y la consecución por parte de Lowney Chaney Jr de una buena interpretación, sentida y que trasmite la crisis con la que vive en todo momento por su maldición.
Desgraciadamente en el tramo final pierde un poco de fuerza la historia, pues a partir de la resurrección del monstruo creado por Frankenstein (encarnado por Bela Lugosi), tenemos esa ligera sensación de que se estanca un poco.



Decir que la interpretación que nos regala Lugosi sea seguramente uno de los peores Frankenstein que haya habido en el cine, no es ninguna exageración. No solo porque su imagen y físico distan mucho de la original de Karloff (lo que se debió reír si lo vio), lo peor es su horrenda actuación, que más parece una caricatura del original que otra cosa, quedando aquí como un zoquete torpón cada vez que se mueve, consiguirnfo que sea imposible que nos lo podamos tomar muy seriamente.
Más interesante es este hecho si pensamos que Lugosi tuvo la oportunidad de interpretar a la criatura en la obra original, pero que declinó la oferta y acabó recayendo en manos de Boris Karloff, quien con su actuación y un gran maquillaje lograría crear una de las grandes e imperecederas imágenes del cine de terror. Pensar por un momento que Lugosi podría haber perpetrado algo similar que aquí en la original me pone la piel de gallina, me estremezco solo con pensarlo, demos gracias al destino por ahorrarnos semejante tortura.
Es en este tramo final cuando se acusa el que estemos ante una secuela más, habiendo ciertos puntos que sin ser malos, quizás no sean todo lo redondos que necesitaba la trama para llevar la obra a cotas más altas, como la "conversión" de Mannering de amable doctor a mad doctor, si bien necesaria para poder cerrar la historia, se ve algo forzada y poco coherente con su personalidad, pero la corta duración del film exigía ir al grano.

La ansiada pero brevísima pelea...
Y finalmente es una lástima que nos quedemos con las ganas de un mayor duelo entre las que son las estrellas reales de toda la función: El hombre lobo y el monstruo de Frankenstein, que tienen unos pocos segundos para redimir sus diferencias, se hubiera agradecido darles más cancha en este sentido.
Con todo lo comentado el resultado es más que decente teniendo en cuenta que ya estamos en un periodo de cierta decadencia en las producciones de terror de la Universal, una buena distracción que no defrauda aunque tampoco llega a entusiarmar. Se nota en todo caso que detrás del guión estaba alguien de nivel, como fue Curt Siomark, responsable también del escrito de obras de terror como: El hombre invisible vuelve (1940), El hombre lobo (1941), Yo anduve con un zombie (1943) o El hijo de Drácula (1943).
Cartel original que destacaba la pelea entre ambos
Del director Roy William Neil comentar que inició su andadura en tales menesteres en el cine mudo y que posteriormente trabajó para la Columbia Pictures, donde destacaría con dos películas: La estatua vengadora, con Bette Davis, y la segunda Horror en el cuarto negro en el año 1935, contando con Boris Karloff como actor principal. Un más que notable film de terror que llamó la atención de los Estudios Universal que decidieron hacerse con sus servicios, desarrollando con ellos gran parte del resto de su carrera. Una prolífica década donde dirigiría nada menos que 10 de las adaptaciones de Sherlock Holmes que protagonizarían Basil Rathbone y Nigel Bruce (de las que ya hemos comentado unas cuantas); la película que tenemos hoy entre manos y cerró su labor en la dirección poco antes de morir, con una cinta de cine negro titulada Ángel negro que contó con otro famoso actor como fue el gran Peter Lorre.
Como detalle final sorprende el cartel original de la película en el que podemos ver enzarzados en una lucha encarnizada a ambas criaturas y que debió ser un reclamo tan convincente como engañoso, pues solo hay unos breves segundos al final en el que tiene lugar una escena parecida y que visto lo visto fue un buen gancho para engatusar a los espectadores ávidos de una pelea de tal calibre que tal vez debieron quedar algo decepcionados.


lunes, 3 de septiembre de 2012

ABRAHAM LINCOLN : CAZADOR DE VAMPIROS (2012)

Segunda cinta en suelo norteamericano del sobrevalorado cineasta kazajo Timur Bekmambetov (autor de auténticos tostonazos como "Guardianes de la noche", "Guardianes del día" o "Wanted", entre otras innombrables), y que, apoyado aquí en un presupuesto más que mareante, aceptó hacerse con las riendas de una nueva cinta con vampiros de por medio.
Con franqueza, el hecho de situar al distinguido ex-Presidente de los EEUU Abraham Lincoln en plena cacería vampírica es, a priori, una idea tan original como seductora, capaz de abrir un nuevo frente en el  fantastique Hollywoodiense y de provocar secuelas como churros. Lástima por eso, que haya caído en las manos equivocadas.
Basada en la novela homónima de Seth Grahame-Smith, el film da comienzo con un Abraham Lincoln en plena niñez, observando aterrorizado como su madre es asesinada por un vampiro llamado Jack Barts, sin que nada ni nadie la pueda ayudar.
Hambriento de venganza y rebosante de rabia, tratará años más tarde (ya hecho todo un muchachote) de dar caza al responsable de aquél homicidio, salvando la vida de milagro gracias a la inesperada intervención de Henry Sturges (un inexpresivo y desacertado Dominic Cooper), que a partir de entonces, se convertirá en su mentor y maestro, enseñándole el arte de la lucha y desvelándole toda la verdad (bueno, no toda, que nos quedamos sin película).
Sturges le encargará misiones nocturnas al joven Lincoln, que mientras estudia derecho y trabaja en una rebotica, irá perfeccionando su arte de cazar vampiros esperando ansiosamente el día en que pueda vengarse de nuevo (Sturges le prohibe pensar en eso para no nublar su juicio).
El vampiro más peligroso de todos, un tal Adán (un más que entonado Rufus Sewell), se interpondrá no sólo en las hazañas nocturnas de Lincoln, sino también en su galopante progresión política.
Si bien el film de Bekmambetov (algún día aprenderé a pronunciarlo) posee cierto encanto gótico en según qué momentos, no resulta del todo convincente a la hora de crear una atmósfera idónea, quedándose a medio camino entre lo falsamente infográfico y un mundo imaginario a lo Tim Burton (aquí, además, en tareas de producción).
Pero sí algo considero imperdonable en el film del kazajo es su incapacidad para ser tan gamberra como su propio título nos hacía pensar, llegando incluso a tomarse en serio a sí misma empalagando con charlatanería patriótica o tratando de encajar piezas biográficas para convencer al respetable, algo que, obviamente, sólo se traduce en rechazo visual por nuestra parte (bueno, por mi parte al menos).
Su estética de videoclip es agotadora a más no poder, con secuencias excesivamente frenéticas, artificiosas e innecesarias (la estampida de caballos o el tren repleto de plata), y que malogran en mayor medida una estimulante propuesta, tan rematadamente ridícula que podría haber llegado casi al simbolismo icónico.


Estos vampiros no aportarán nada nuevo al género (aunque confieso que los que desaparecen no me desagradaron del todo), y el resto de los personajes del film son, en su mayoría, epidérmicos (salvando al despiadado Adán), pero "Abraham Lincoln :Vampire Hunter" esconde en su meridiano unos 30 minutos muy entretenidos y plenamente disfrutables (sus cacerías nocturnas podrían haber sido muchas más), algo que agradecí, y mucho.
Lástima que el film se agote tan rápido, pues decae sin remedio hastiando al personal y provocándonos bostezos a la mínima de cambio (vamos, cuando se toca el tema político y bélico ya está todo el pescado vendido).
Asistir gratuitamente a su pre-estreno merced a los responsables del Festival de Sitges siempre nos sensibiliza y aumenta nuestra dosis de indulgencia, pero llevarte la ingrata sorpresa de un inesperado (y cada vez más odioso) 3D en la proyección equilibra la balanza crítica hasta obligarnos a ser justos con nuestra opinión.
Abreviando, estamos ante un nuevo desatino en la carrera de Burton, que apadrina un proyecto con posibilidades de sobras pero que acaba ofreciendo una aventurilla simplona, tan ruidosa como aparatosa y por desgracia, despojada del suficiente atractivo.


Estoy convencido que, con un personaje tan inusitado como Lincoln y su hacha, en manos más artesanales, hubiese podido crear un mito del fantástico, de mucha mayor envergadura de la que ahora, disfrutará.
Antes de que se me olvide, me honra señalar que pulula por ahí una versión coetánea del film, re-titulada "Abraham Lincoln Vs. Zombies", que como buen ejemplar de serie Z que se precie, se me antoja aberrante (pese a estar dirigida por un cineasta responsable de una cinta interesantísima como fue "The Man from Earth"). Quizás me atreva con ella algún día, tiempo al tiempo.

 

domingo, 2 de septiembre de 2012

PHENOMENA COLLECTIONS: EL FIN DEL MUNDO

EN PREPARACIÓN...

DEATHSTALKER 4 : MATCH OF TITANS (1991)

Cuarto y último martirio de la saga Deathstalker, que como era previsible, se ha convertido en una experiencia todavía más atroz que sus dos anteriores entregas (y ya era difícil). A pesar de recuperar al musculoso héroe de la primera parte, Rick Hill, y de contar con una compañera de reparto que dejaba tras de sí una legión de seguidores como Maria Ford (la actriz de serie B favorita de Tarantino), el desastre no se pudo evitar.
En esta ocasión, la acción comienza cuando la despiadada Kana (y sus dos buenas razones) organiza un torneo dentro de sus dominios para ver quién es el más fuerte del país (o de lo que sea). Como no, Deathstalker asistirá acompañado de una fiel acompañante llamada Dionara, que para colmo de males, se desvelará como una princesa desterrada con sed de venganza (es imperdonable que sigan por estos derroteros).
Tras los primeros días de campeonato, Deathstalker descubrirá que no es sólo hospitalidad lo que propone Kana, sino que convierte en un ejército de hombres-piedra a los guerreros que allí participan mediante un brebaje parecido al vino. Pues ya está, el argumento es ese, y no hay nada más desolador para un defensor del film original que ver como su personaje se descalabra secuela tras secuela sin que nadie sepa darle el vigor cinematográfico que un día poseyó.
El film, sin duda alguna el peor de los cuatro, está escrito, producido  y dirigido por Howard R.Cohen (guionista de la primera y la tercera entregas), y que demuestra una incapacidad total para el cine, presentando una película del todo inadjetivable de pésima que resulta.
Vuelve a recalentar fotogramas de la primera (aunque cambie radicalmente el escenario de las luchas o muestre a personajes que ni salen en ésta), insulta al espectador mostrándonos combates entre mujeres guerreras que ni saben coger una espada (las peores coreografías de la historia), y trata de imitar al pintoresco hombre-cerdo de la primera con patéticas máscaras de osos o leones en la cabeza de algún extra despistado.


Dantescos efectos globales (esas rocas cayendo, madre mía), nula musicalidad (literalmente, no hay banda sonora en los momentos más necesitados) o unas interpretaciones dolorosas (incluso del bueno de Rick, desentendido totalmente) hacen que sus 75 minutos de metraje hayan sido de los más lamentados de mi cinefilia.
Rodada en Bulgaria con mayoría de actores búlgaros (hecho que, lamentablemente, se percibe), Deathstalker 4:Match of titans es un film sin atmósfera ni condición, tan vacía como prescindible y obligatoriamente arrinconable. Ni sus recatadísimos momentos lésbicos o algún que otro destete a destiempo sirven ya para nada, y lo que todavía es peor, ni tan sólo para echar unas risas.
Estoy realmente convencido de que ni el más desprejuiciado amante de la serie B sería capaz de verle algo positivo al film de Cohen, una clara muestra de una decadencia y una falta de talento desmesurada.


En fin, un film deleznable, aburrido y en su mayoría execrable (salvaría algún detalle de humor como el levantamiento de faldas del héroe y ciertos paños menores algo aprovechables) que pone de nuevo en entredicho mi supuesto gusto cinematográfico o mi incapacidad para evitar sufrimientos autoinflingidos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

HOMELAND (2012) - SERIE TV

Con el ataque a las Torres Gemelas durante los fatídicos atentados del 11-S algo cambió para siempre, la sociedad norteamericana despertó del sueño de falsa seguridad en el que vivían al ser atacados en el corazón de su propio territorio por primera vez en toda su historia. La conmoción fue mayor al percatarse de la imposibilidad de hacer frente a un enemigo contra el cual todo su poder armamentístico quedaba anulado, hecho que propició una serie de modificaciones de leyes (gracias a ello existe la terrible prisión de Guantánamo), protocolos de seguridad extremos (con los que nos tropezamos cada vez que volamos en avión), y una especial atención hacia el terrorismo islámico contra el cual se han volcado con la intención de minimizar el riesgo de nuevos atentados. Ya ha pasado más de una década, y a pesar de ello sigue siendo palpable el temor, recelo y dudas hacia todo aquello que nos pueda resultar sospechoso de pertenecer o estar relacionado con el islam. Homeland ahonda en esta paranoia, desconfianza y miedo para dejar bien patente la situación actual incluso después de la muerte de Osama Bin-Laden y los esfuerzos para erradicar en lo posible todo indicio de terrorismo islámico.
De esta forma nos presentan a Carrie Mathison (Claire Danes), una agente de la CIA destinada en Bagdad para investigar sobre el terreno las conexiones de un conocido terrorista llamado Abu Nazir perteneciente a Al-Qaeda y poder valorar si existe un potencial peligro para la seguridad nacional.
Será allí donde un presunto colaborador de Nazir, encarcelado y condenado a muerte, le haga una extraña confesión a cambio de un trato de favor para su familia. Información que quedara olvidada en su memoria hasta que 10 meses más tarde, al conocer la noticia de una exitosa operación en tierras irakies que acaba con la liberación del sargento Scott Brody (Damien Lewis) tras haber permanecido secuestrado durante 8 años y haber sido dado por muerto, harán que Carrie recuerde esa conversación y empiece a sospechar que Brody podría estar preparando un atentado contra su propio país. Desde este momento se abre una complicada lucha por su parte para intentar que Saul, su superior en la CIA, la autorice a poner bajo vigilancia a un personaje que desde su retorno a los USA se ha convertido en todo un héroe. Mostrando como es utilizado sin pudor por el propio gobierno y el ejército para ganar popularidad a las campañas militares en Irak o Afganistán muy cuestionadas desde muchos frentes.
La serie en la que ha sido su primera temporada ha logrado una excelente acogida por parte de publico y crítica (llevándose 2 Globos de Oro a la mejor serie drama y a la mejor actriz serie drama), con un ritmo de narración y un inteligente guión que cautiva desde el principio, haciéndonos partícipes de un duelo interpretativo por parte de los dos pilares sobre los que se sustenta, Brody y Carrie. Ambos me han parecido muy convincentes junto a Mandy Patinkin  en el papel de Saul, mentor de Carrie.
Damien Lewis  es un actor contrastado al que ya pudimos ver en una de las mejores series que existen como es Band of Brothers, donde ya exhibió sus dotes de actor y aquí también tiene grandes momentos con su personaje. Mientras que Claire Danes  hasta el momento ha tenido una corta carrera como actriz, siendo quizás la película Stardust lo más reconocible dentro de su filmografía, pero viendo el gran papel que se ha marcado aquí, estoy convencido que tendrá buenas ofertas en el futuro. Su personaje sabe plasmar el miedo y continuas dudas que la asaltan ante unas sospechas que podrían ser del todo infundadas y acabar con su carrera en caso de sobre pasarse en el acoso al que somete a Brody, pero por otro lado bien podría estar en lo cierto, sintiéndose obligada a destapar el posible complot a cualquier precio. Si a esto le unimos una personalidad acosada por un caso de bipolaridad (mantenido en secreto para conservar su trabajo), las dudas crecen tanto para ella como para nosotros. ¿Todo son imaginaciones suyas causadas por su enfermedad? ¿Hay algo cierto? ¿Es Brody un agente preparado para atentar contra su propio país? Aquí es donde la serie juega mejor sus cartas, desconcertándonos continuamente y haciéndonos dudar tanto como la propia Carrie en una carrera contrarreloj para evitar el posible ataque.



Homeland es un remake de la serie israelí Hatufim (Prisoners of War), la cual nos retrataba el regreso tras 17 años de tres secuestrados en el Líbano, mostrando la dificultad tanto para ellos como para sus familias para adaptarse a la nueva situación después de tanto tiempo separados. La producción americana también sabe sacar provecho del reencuentro de Brody con su familia y lo complicado que le resulta saber como reorientar ahora su vida tras un largo periodo de cautiverio. Queda bien reflejada la dificultad por ambas partes para rehacer los vínculos e intentar recuperar de alguna forma la vida que tenían antes, ya que ellos han cambiado y sufrido tanto que los nexos que les unieron años atrás quedan lejanos y desdibujados ahora. El haber combinado de una manera equilibrada el drama de espionaje sin descuidar el desarrollo de los personajes de la historia es muy destacable, ya que empatizamos con ellos y nos son creíbles sus problemas y reacciones.



Tras devorar la temporada y como reflexión, creo que la serie debía haber tenido una única temporada y haberse cerrado con un final que podía haberla convertido en una referencia, pero sus buenos resultados de audiencia hicieron que fuera renovada para una segunda (que se estrenará el próximo 30 de septiembre). Así tras una temporada que ha mantenido un interés creciente y que vivió su cúspide con un episodio final de infarto, de puro nervio y adrenalina, todo queda a expensas de lo que dé de sí la segunda temporada, que tendrá la difícil misión de mantener el listón tan alto como la de su estreno. Esperemos que así sea, porque no sería la primera ni la última vez que se estropea una gran serie por alargarla de forma innecesaria (el caso más grave que recuerdo recientemente es el de Prison Break, que tuvo una primera temporada excelente y si me apuráis la segunda bastante notable, pero las dos siguientes fueron un naufragio sin supervivientes, un sin sentido que acabó perdiendo todo interés). Crucemos los dedos para que no quieran exprimir la gallina de los huevos de oro y acaben por traicionar a sus seguidores. Al menos hasta ahora tenemos una gran primera temporada que merece que apuntéis en vuestra agenda.


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