jueves, 22 de marzo de 2012

STAR CRASH, CHOQUE DE GALAXIAS (1978)

El Festival de Cine Fantástico de Sitges 2011 exhibió algunas de las joyas cinematográficas del pasado año (The Artist, Drive..), recuperó clásicos de indiscutible peso en la historia del cine (El Doctor Frankenstein), o desplegó sus films más gamberros en esas interminables sesiones nocturnas llamadas X-Treme, repletas de sangre y zombies.
También hubo tiempo para homenajear al peculiar Luigi Cozzi, cineasta italiano de segunda fila que recibió el premio Nosferatu a toda una carrera dedicada al género fantástico y, especialmente, a las exploitations, de las que recuerdo aquellos populares "Hércules" con Lou Ferrigno o esta distorsionada versión de la saga Star Wars con la que hoy os castigo.
Precisamente esa última cinta se recuperó para la ocasión y algunos "afortunados" espectadores (casi fui uno de ellos), pudieron rendirle tributo en persona asistiendo a la proyección de su "Star Crash, Choque de galaxias", la que fue su película clave en esa más que debatible filmografía de Luigi.
Adentrándome peligrosamente en su argumento (o algo) debo alarmar al respetable que es peor de lo que se pueda llegar a pensar tras ver la portada, y eso es, de por sí, muy lamentable. El desaguisado está servido, y narrar su sinopsis se convierte en tarea imposible debido a un montaje paupérrimo, de los que se hacen mal adrede o sino no se entiende.
Dos presuntos contrabandistas interplanetarios (la escotada Caroline Munro y un pasmarote de actor llamado Marjoe Gortner) son perseguidos por las autoridades hasta que son capturados y obligados a realizar trabajos absurdos hasta el fin de sus días.
Mientras tanto, un malvado conde llamado Zarth Arn (un Darth Vader de tres al cuarto encarnado por el inadecuado Joe Spinell) trata de dominar el universo y ese tipo de cosas, secundado por una supuesta legión de soldados entregados a su causa. Una vez los bandos están medio aclarados, aparece la figura del Emperador (un Christopher Plummer traicionado por su mánager) que les propone combatir al villano para conseguir su libertad, a lo que, evidentemente, estos aceptan (a su manera).
No faltará la presencia de un androide (un torpe e innecesario manojo de cables que estorba en vez de ayudar), el compañero de aventuras solitario en plan Han Solo (un veinteañero David Hasselhoff) o un enigmático co-piloto verdoso llamado Thor, que estaria mejor olvidarlo cuanto antes.
La sensación de entumecimiento neuronal está asegurada, y no sólo por un guión deplorable lo mires por donde lo mires, sino también por tratar de hacer creible una historia del todo desechable, un elenco actoral desajustadísimo (aunque con el tiempo sea casi su único encanto) o ni tan siquiera ofrecer un mínimo de respeto hacia el espectador un poco sensible a lo que sucede en pantalla.



En mi caso, traté concienzudamente de entender lo que sucedía en esta fritanga cinematográfica, pero me declaré en huelga intelectual al cruzar su primera media hora, dejando en piloto automático mis funciones mentales primarias, e intentando no apartar mis retinas de la aborrecible acción galáctica; y todo por una noble causa, avisaros desde esta sufrida reseña a que salgáis despavoridos de su visionado.
La aventura de este insufrible grupito solo conseguirá sonrojar al espectador hasta hacerlo sentir avergonzado completamente, o en el mejor de los casos, arrancar alguna que otra carcajada debido a su cúmulo de chapuceros trucajes de feria y a esas secuencias deleznables que alguien puede encontrar graciosas, pero que lamentablemente, no merecen atención alguna.



Ejemplos como el grupo de las amazonas (denotando un erotismo salchichero a lo Barbarella), los trogloditas saltarines (otra muestra clara de la coral escasez de ideas) o la apopléjica gigante del puñal (da incluso penita por su triste desenlace) son suficientes razones como para esquivar este film a toda costa, pues resulta enteramente infumable e incluso insultante.

Luigi Cozzi, el verdadero culpable de todo esto
                                                          Si bien se le atribuye cierto reconocimiento de culto (siempre y cuando se refieran al género "trash", porque sino no entiendo nada), para mi no es más que una filmación tan mediocre como innecesaria, comercialmente oportunista y de un mal gusto cinéfilo aberrante. Salvando los encantos de la Munro (por cierto, aquí compartiendo cartel con Spinell con quién coincidiría dos años más tarde en "Maniac"), el cameo irresponsable de Plummer o la intervención casi cómica de un imberbe Hasselhoff, la cosa no da para más.Unas historias incomprensibles, decenas de escenas lamentables, una música indefendible y unos efectos de parvulario convierten a esta farsa en una película para olvidar, sin nada que ver con el cine, como diría el maestro Aguilar y no apta para ningún tipo de público, tengan el coeficiente que tengan.Milagrosamente, obtuvo el suficiente peso en taquilla como para que rodaran una secuela tres años después, titulada "StarCrash 2, Huida de la tercera galaxia", y que seguramente, sea ya el castigo definitivo.

lunes, 19 de marzo de 2012

PÁNICO EN EL TRANSIBERIANO (1972)

La obra cumbre de nuestro Eugenio Martín ,"Pánico en el Transiberiano", obtuvo excelentes críticas tras su estreno en el cine Retiro de Sitges en el que fuere su quinto festival fantástico allá por 1972, pero no fueron suficientes como para cosechar una buena acogida comercial en nuestro país, que la olvidó en su paso por taquilla. Cuatro décadas después, es considerada ya por muchos críticos como una cinta de culto que mezcla con estilo dos géneros hasta la fecha incompatibles; el terror de la factoría Hammer británica y la ciencia ficción americana muy al estilo de aquella "El enigma de otro mundo", de 1951.
Basándose en un texto de Arnaud D' Usseau, Martín construyó una película entretenida, ingeniosa y simpática, aunque no exenta de diversas ingenuidades, como más tarde comentaré.
La acción da comienzo en una estación de tren en Pekín (los carteles en chino parecen extraídos de las viñetas del mismísimo Ibáñez, por cierto), desde donde arranca el tren con el recorrido más largo del planeta, el Transsiberian Express. Exactamente 8 días de frío trayecto entre Pekín y Moscú, recorriéndose toda la estepa rusa.
Allí, un antropólogo inglés (Christopher Lee) transporta en una caja su último hallazgo, un fósil congelado de un ser desconocido, que podría convertirse en el descubrimiento más importante en la historia de la evolución humana si se confirma su teoría. La enigmática muerte de un ladronzuelo aún en la estación, al parecer causada por una extraña fuerza proveniente de la caja, propiciará una serie de sospechas en el grupo de viajeros, que tratarán de descubrir qué hay en su interior.


Su compañero de compartimento, el Dr.Wells (Peter Cushing), también británico, provocará el fatal desenlace por culpa de su irrefrenable curiosidad, liberando al monstruoso ser dentro del tren. El terror se adueña del lugar al descubrir el cadáver del vigilante de la carga, que aparece con los ojos en blanco, envuelto en sangre y con el cerebro "sin surcos", lo que levanta aún más incógnitas.
Los preocupados pasajeros deberán afrontar ahora un viaje lleno de peligros, encerrados junto a un monstruo posiblemente alienígena, que pretende acabar con todo ser vivo a su alcance, aunque algunos sostengan que se trata del mismo Satanás en persona.

Esta coproducción hispano-británica tiene un marcado interés cinéfilo, y no sólo por un elenco de auténtico lujo (Lee-Cushing-Savalas), sino por conseguir una atractiva atmósfera opresiva (en un interior de un tren rodeado de nieve), un enemigo del todo inusual para la época y una capacidad cinematográfica inédita en nuestros lares, condensando en una misma cinta, esa mítica ambientación Hammer y un extraño suceso al más puro estilo sci-fi.
El film es rico en matices, abordando asuntos tan dispares como la religión satánica, el delirio científico (esas imprentas oculares del monstruo tan inverosímiles), los muertos vivientes comandados por una fuerza desconocida o los pequeños (pero existentes) escarceos amorosos que no pasan tan desapercibidos como parece (esa idea del trío o esa muchacha en la alcoba de Savalas).
Dotada de un simpático e inocentón terror algo desnatado, la cinta presenta además una realización repleta de maquetas (ese ibertren tan descarado) y trucos propios de un low-budget al uso, pero que consiguen sostenerse gracias a sus continuos aciertos.


La historia es interesante (un bicho que se va enriqueciendo de las mentes ajenas para perfeccionarse tras siglos de letargo), la dirección artística es extraordinaria, y las adversidades en su realización alimentan aún más la sensación de genialidad (en realidad, sólo disponían de un único vagón, con los lógicos problemas de decorados y grabación) con lo que mi valoración debe rendirse ante tal esfuerzo fílmico y declararme a favor de su atrevido cometido, que no era otro que conseguir una película solvente en un género que lo tenía todo en contra en nuestro país.

Actores de la casa como Silvia Tortosa, Julio Peña o Ángel del Pozo comparten cartel aquí con la pareja británica Cushing-Lee (ambos mitos del terror) y el norteamericano Aristotelis "Telly" Savalas, (encarnando brevemente a un temperamental cosaco) dejando su peculiar sabor español a una cinta que, ante todo, no lo parece en absoluto.
Puedo decir pues, que "Horror Express", como se le conoció fuera de nuestras fronteras, es una película muy dignamente construida, inteligentemente montada y brillantemente ambientada (vestuario victoriano, atmósfera de principios de siglo...) que logrará entusiasmar al espectador más receptivo al género, pero que será capaz de decepcionar al actual público devorador de efectos que la tildará de inocente o incluso, cutre. Yo pertenezco al grupo entusiasta que la defiende como obra nacional de culto, porque mérito tiene, y mucho.

sábado, 17 de marzo de 2012

AL ROJO VIVO (1949)

La banda de Cody Jarrett (James Cagney) asalta un tren llevándose un botín de 300.000$, a la vez que asesinan a los dos guardias que custodiaban el dinero y a los dos maquinistas que habían oído el nombre de Cody durante el golpe. Tras el golpe, se ocultan en medio de las montañas, donde se reunen en una casa aislada con el resto de la banda, la madre de Cody (una mujer de carácter y que tiene idealizado a su hijo) y a la novia de este, Verna (Virginia Mayo). Allí durante días esperan con paciencia el momento oportuno para huir, sin embargo las pesquisas policiales hacen que poco a poco el cerco se vaya estrechando y parece inminente su detención. Al brillante Cody se le ocurre un curioso plan con el que pretende eludir la larga condena que le espera si le juzgan por el asalto al tren, decidiendo entregarse voluntariamente y confesar ser el autor del robo ocurrido en la misma fecha en el Hotel Palace y que sigue sin resolverse, donde además no hubo ningún herido ni se hizo uso de la violencia. Sabiendo que la pena que le podría caer sería mínima en cualquier caso. La policía viendo la jugada del astuto gángster en su comparecencia ante el juez, decide mover ficha por su parte, decidiendo infiltrar a un policía para que comparta celda con Cody, se gane su confianza y finalmente logre las pruebas necesarias para confirmar su culpabilidad en el caso del tren. Por su parte el jefe de la banda planea pasar lo más tranquilamente posible su corta estancia en prisión, sin embargo ambos tendrán que cambiar sus planes repentinamente.

Este fue el primer film de la segunda etapa del gran James Cagney en los Estudios Warner Bros, ya que después de muchos años de relación profesional, Cagney decidió dar por terminada esa fase de su carrera algo cansado de tener que repetir el mismo papel como gángster una y otra vez. Junto con su hermano se embarcó en un proyecto para realizar otro tipo de películas bajo el sello de la productora "Cagney Productions", sin embargo estas películas tuvieron poco éxito comercial, por lo que la Warner Bros volvió a contar con uno de sus actores más representativos, aunque para ello tuviera que darle muchos poderes a Cagney, como el poder cambiar y revisionar a su gusto los guiones de los proyectos en los que tuviera que intervenir, amén de un suculento contrato, por supuesto. Todo con tal de que volviera al rol de gángster que tan buenos resultados había dado en títulos como: Ángeles con caras sucias (1938) o Los violentos años veinte (1939).



El hecho es que aquí supo demostrar su gran valía como actor dando vida a un despiadado y psicótico gángster que a lo largo de toda la película logra fascinarnos. Escenas como el ataque de desesperación que sufre en pleno comedor de la cárcel son una clara muestra de su enorme talento, secuencia en la que se guardó en secreto lo que iba a pasar y se puede ver la enorme sorpresa en la cara de los extras que no dan crédito al ver el ataque que sufre Cody. El actor visitó años atrás un manicomio y de allí sacó algunas ideas para ese momento. Su personaje no se entendería sin el de su madre (Ma Jarrett), interpretado magníficamente por Margaret Wycherly, que aquí se nos presenta dominadora ejerciendo un control total sobre su hijo, agravando si cabe sus problemas mentales; junto con Cagney la mejor de la película gracias al gran magnetismo que transmite.



Los otros personajes principales también destacan por la intensidad de sus interpretaciones, muy bien Virginia Mayo encarnando a Verna, la mujer de Cody, en un papel de mujer independiente, dura y grosera, que se alejaba del arquetipo de mujer del cine clásico que imperaba en aquellos tiempos, por lo que hoy en día más de 60 años después de rodarse, sigue teniendo una gran vigencia. De igual forma Steve Cochran como Big Ed, importante miembro de la banda y que da mucho de sí a lo largo del film.
La historia cuenta con un gran guión que merecidamente fue nominado a los Oscar, basado en parte en la vida del delincuente Arthur Doc y de su madre Ma Barker, que de la mano del director Raoul Walsh (con quien Cagney ya rodó la estupenda Los violentos años veinte) logra imprimir un perfecto ritmo a lo largo de todo el metraje, sin decaer en ningún momento, consiguiendo grandes escenas para el recuerdo (el asalto al tren, el seguimiento del camión, el tiroteo de la planta química o la del comedor de la prisión por enumerar algunas). Además como curiosidad comentar que podemos disfrutar con un sistema de localización que actualmente nos puede parecer de risa, pero que desborda inventiva e interés, un buen precursor de lo que hoy es el GPS, no os lo perdáis. También algunos travellings en las persecuciones de coches que me han parecido muy avanzados por la época y dotan de velocidad y credibilidad estos momentos.
Un gran clásico que merece nuestra atención para descubrir uno de los films de puro cine negro y gángsters más completos que ha llegado a dar el cine, el cual no ha envejecido ni un ápice y que pone de manifiesto lo grande que era el cine de aquellos años, con tipos duros interpretados por los Bogart, Edward G. Robinson, Paul Muni y como no, por James Cagney, que aquí está que se sale.



viernes, 16 de marzo de 2012

EL CASO DE LOS DEDOS CORTADOS (SHERLOCK HOLMES Y LA MUJER DE VERDE) (1945)

Undécimo capítulo de las correrías del sagaz investigador Holmes y su buen amigo Watson, interpretados una vez más por la mítica pareja Rathbone-Bruce. En esta ocasión, la policía de Scotland Yard recurre al famoso detective para esclarecer un difícil caso de un asesino en serie que acostumbra a cortar un dedo a sus víctimas.
Gracias a sus constantes suspicacias, Holmes desenmascarará un extraño caso paralelo de presuntos hipnotizadores, cuyos intereses parecen ir paralelos a los citados crímenes.
Pocas sorpresas nos depara este nuevo episodio de la serie Sherlock Holmes (desde 1939 a 1946), y que tras "La Casa del Miedo" y "Sherlock Holmes persecución en Argel", de ese mismo año, poco podía ofrecer ya al agotado espectador, que necesitaba un descanso de las pedanterías del ficticio detective británico.
Centrándome en este film en particular, podría decir que contiene tan sólo un par de deducciones interesantes por parte del famoso sabueso, y que por supuesto no son lo suficientemente convincentes como para enamorarnos, resultando del todo plana en su construcción.
Que no nos quepa duda de que si lo trasladáramos a nuestros días, esta saga sería una serie de televisión en toda regla, con actores jóvenes y guapos que solucionan capítulo a capítulo casos imposibles sin despeinarse. Por lo menos, aquí no hay un elenco deslumbrante que acapara las carpetas de las adolescentes, sino que más bien se trata de una adaptación fidedigna de los escritos de Sir Arthur Conan Doyle, evidentemente tomándose sus licencias gratuitas y cortando por lo sano en temas comprometidos, por supuesto (aquí, los opiáceos no son bienvenidos). Lo mejor de "Sherlock Holmes y la mujer de verde" (en blanco y negro pierde un poco de sentido el título, pero en su versión coloreada desvela la trama al instante, por lo que no sé que es peor) es su corta duración, su conciso entramado argumental y su fácil digestibilidad, que la convierten en un pasatiempo con cierta entidad y que requiere de un mínimo esfuerzo para obtener una reconfortante sensación de pleno entendimiento. Aquí no falta el cerebral Moriarty (el actor que más me ha gustado, aunque sin llegar a entusiasmarme), el humor infantil de Watson (causa vergüenza ajena) o el jugueteo de Holmes con las mujeres fatales, las drogas (flojitas, no os hagáis ilusiones) y las armas.
El elemento más original del guión es la aparición de la hipnosis como posible causa de los asesinatos, lo que consigue despertarnos cierto interés momentáneo, pero que lamentablemente, ni dura demasiado ni está aprovechado en sus posibilidades.
Por contra, los aspectos negativos (o adversos) sobresalen más que el resto, dejándonos una sensación final de extremada cautela fílmica (ni rastro de sangre, algunas muertes fingidas del todo bochornosas como el fiambre de la puerta o la carencia absoluta de imágenes impactantes) que no seducen nada y son un ejemplo de la estrechez neuronal de los censores de la época.


Como entretenimiento pseudo-intelectual facilón puede servirnos una hora, pero se le acaban las fuerzas insultantemente rápido, salvando la escena final de la cornisa, que aún nos mantiene un pelín en vilo.
Otra más pues, de las películas del Holmes original, que sirve como dosis para el amante más acrítico de la saga pero que no ofrece rasgo alguno de originalidad más allá de pequeños aciertos de guión.
Recomendable para todo aquél que quiera resolver un caso "elemental" jugando a ser detective, sin devanarse demasiado la sesera.

miércoles, 14 de marzo de 2012

EL NADADOR (1968)

Ned Merrill (Burt Lancaster) vive a las afueras de Connecticut en una zona residencial de clase alta donde no faltan las mansiones con lujosas piscinas. Cierto día, Ned decide ir de piscina en piscina hasta llegar a su casa, colina abajo, pasando por todas las residencias que conforman el camino.
Esta curiosa iniciativa llevará a Ned a interactuar con todo un vecindario que, cada uno a su manera, destaparán su vida hasta convertirla en una muy diferente.
Ese recorrido existencial del atlético y seductor señor Merrill suscitará muchas incógnitas sobre su persona, algunas abiertas a posibles interpretaciones, y otras en cambio, no dejan lugar a dudas del tipo de hombre que acaba siendo.
Considero este film como un acertadísimo dardo envenenado hacía la hipocresía de las clases altas norteamericanas, cuya famosa doble moral les convierte en personas frívolas y de peligrosa banalidad humana.
El recorrido del mujeriego Ned está repleto de misticismo contemplativo, como si nos contaran la degradación paulatina de un individuo que al principio parece tenerlo todo, y al final del día, ya no le queda nada.
Ese viaje es de difícil plasmación fílmica, jugando con diversas sutilezas visuales (ese cielo azul, las nubes en calma, los árboles, la naturaleza, el agua...) contrarrestadas con los vicios más comunes del ser humano como son el alcohol, el sexo o el tabaco, que consiguen distorsionar un inmaculado inicio con un desarrollo final más bien poco esperanzador.
Por otro lado, su mayor fuerte son las continuas especulaciones que el espectador está obligado a hacerse, convirtiendo su visionado en un ejercicio diferente, muy lejos del llamado cine comercial. El Nadador adquiere una dimensión tan peculiar que se sostiene enteramente con un personaje central, y encima, se pasa toda la película en paños menores. Burt Lancaster, que sin estar excepcional (sobre todo, fingiendo esa cojera extrañamente intermitente) dota al personaje de suficiente credibilidad como para que sintamos empatía hacia él en un inicio y acabemos por compartir ese repudio social del que es víctima una vez avanzada la cinta.

Los irregulares efectos de montaje y realización (la lluvia final, esas fiestas repletas de estáticos extras sin la más mínima dirección artística o las conversaciones en off con planos aéreos) no consiguen hacer naufragar un proyecto tan arriesgado como experimental, una idea comercialmente sustentada gracias a la aparición del astro Lancaster, que la consideraba su película favorita.
El actor supuestamente ganó 8kg de masa muscular para la ocasión (estos datos nunca han sido fiables), y realizaba flexiones y abdominales a destajo antes de cada secuencia con la finalidad de parecer más apuesto e incluso, rejuvenecido (cumplía ya 55 primaveras ese año).

Escenas de cierto compromiso escénico obligaron a los execrables censores de la época a cortar segundos de la cinta. Así pues, los que asistieron a su estreno nacional, se perdieron el trasero de la estrella californiana, cuyos segmentos han sido recuperados para la "decente" y actual edición en DVD.
Un componente más que destacar del conjunto es la interesante deconstrucción humana del personaje central, que pasa de ser admirado, reconocido y elogiado a completamente repudiado, insultado y expulsado por motivos de peso social (básicamente, por ser un impresentable advenedizo).
Tonteos estériles con jovencitas ilusas (representando el fin de su atractivo), continuos cubatas en cada casa (alcoholismo) y el frío vespertino cada vez más inaguantable (inestabilidad emocional), empujarán a nuestro nadador a afrontar su realidad, la soledad de alguien que vive a base de mentiras y que no ha conseguido más que desazón en su existencia adulta.
Una película a descubrir que tiene una virtud muy elogiable, su capacidad de hacer apología del propensamente fallido sueño americano, consiguiendo salir airosa del entuerto. Recomendable para degustadores de cine arrinconado que necesitan algo de mayor profundidad emocional e incluso ética (y para quién quiera ver durante hora y media a Lancaster en gayumbos, por supuesto).

martes, 13 de marzo de 2012

LOS IDUS DE MARZO (2011)

El joven Stephen Meyers (Ryan Gosling) acaba de unirse al equipo asesor del gobernador Morris (George Clooney) en la campaña de las elecciones primarias del partido Demócrata. Morris se postula como más que probable ganador y promete ser un duro hueso a roer para un debilitado bando Republicano de cara a la carrera hacia la Casa Blanca. Como director de comunicaciones trabaja codo con codo tanto con Morris como con Paul (Philip Seymour Hoffman), experimentado director de la campaña tras toda una vida ejerciendo estas funciones. Stephen está entusiasmado por el magnetismo, el discurso moderado y las promesas de un candidato que está demostrando una gran integridad personal, negándose a hacer uso de ciertas artimañas o pactos con tal de afianzar de una forma casi definitiva su victoria en las elecciones. Sin embargo, la entrada en escena de Tom Duffy (Paul Giamatti), el asesor de campaña del otro candidato demócrata, le descubren a Stephen la triste realidad que se esconde detrás de toda campaña política, como son la desacreditación personal, el intentar sacar a la luz cualquier tipo de información para desetabilizar al rival y el uso de un juego sucio con el que no está para nada familiarizado, y que cambian de forma definitiva la visión que tenía hasta entonces de este trabajo.
Con este nuevo trabajo tras las cámaras, George Clooney, ha demostrado que tiene madera como director, con una película perfectamente rodada, con un ritmo ajustado a la narración y sabiendo sacar el máximo provecho posible a unos actores, a los que si se les da un buen papel, son toda una garantía de éxito. Cabe destacar también su madurez e inteligencia para saber anteponer la historia que quería contarnos, al ego personal, no ejerciendo el papel protagonista que aquí recae en un Ryan Gosling que vuelve a cuajar una excelente actuación y que le sitúa merecidamente como uno de los actores de moda y que mejor está sabiendo elegir sus papeles para irse asentando como uno de los pesos pesados de Hollywood. Sus últimas interpretaciones en Drive, Blue Valentine o Half Nelson, son una clara muestra de su calidad.


El resto del reparto no se queda atrás y todos ellos demuestran sus enormes cualidades encarnando a sus personajes, Philip Seymour Hoffman, da vida a un asesor de campaña que se ha batido el cobre en mil batallas electorales y que se conoce el mundillo a la perfección, las cartas que se deben jugar en cada momento y los peligros que entraña el largo camino hacia la presidencia. De igual manera su rival en el otro bando está interpretado magníficamente por Paul Giamatti, con quien me reencuentro y hago las paces tras su participación en la floja Templario, y que aquí demuestra con creces el pedazo de actor que es. Asimismo el propio Clooney sabe mantener el tipo entre tanta vaca sagrada y su interpretación como candidato es más que meritoria.


Tenía ciertas reservas antes de ver la película al pensar que podía ser algo densa y pesada por el tema político que toca, pero nada más lejos de la realidad, pues sabe transmitir de forma muy amena y sobradamente el mensaje de trasfondo del "todo vale" con tal de ganar o la oscura y menos elegante verdad que se vive entre bambalinas a lo largo de unas elecciones y que dista mucho de la cara amable que los políticos de cara al público y medios de comunicación. Recientemente he terminado de ver la excelente serie danesa Forbrydelsen, de la que pocos habrán oído hablar, pero cuyo remake americano es posible que os suene más (The Killing). Donde el asesinato de una joven sirve como trama principal a lo largo de una intensa investigación, que a la vez se ve complementada por una muy interesante campaña electoral para acceder al puesto de alcalde de la capital, y que de igual forma muestra todo lo que esconde una campaña de este calibre. En breve os la comentaré aquí en el blog porqué merece la pena.
Los Idus de Marzo es una adaptación de la obra teatral Farragut North de Beau Willimon y que en la última edición de los Oscar optó a estatuilla en la categoría de Mejor Guión Adaptado, que finalmente se llevó Los descendientes. El guión es inteligente, ligero a la vez que interesante, facilitando hacer accesible a todos los públicos una trama política que contiene todos los ingredientes necesarios y alguna que otra sorpresa para mantener nuestro interés en sus muy bien aprovechados 100 minutos de duración.
Recomendada para amantes del buen cine que se aleja de los taquillazos palomiteros que inundan nuestros cines.


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