lunes, 10 de octubre de 2016

FESTIVAL DE SITGES 2016 - DÍA 3

El domingo en Sitges amanecía con "The wailing", la nueva y esperada película del mago coreano Na-Hong Ji tras la maravillosa y brutal The Chaser (2008) y la fría y seca The yellow sea (2010). "The wailing" triunfa con su tono brutalmente oscuro, violencia virica, paranoia y terror.
La vida de un pueblo coreano se ve alterada por una serie de muertes extrañas tal vez producidas por un virus. Los rumores y las supersticiones se propagan a causa de la presencia, desde hace poco tiempo, de un anciano extranjero que vive como un ermitaño.
Hasta que la hija pequeña de Jong-Gu, un policía encargado del caso, empieza a sufrir los mismos síntomas del extraño virus.
Un film que durante sus 160 minutos no deja de tenerte en tensión con sus continuas revelaciones, crecientes misterios y giros de guión. Ya sabemos que en Corea del Sur son unos expertos en el manejo del thriller, el cual han conseguido depurar y reconstruir para volverlo a llevar a cotas de genialidad; es el ejemplo de Memories of Murder (2003) o I saw the devil (2010).
Na Hong Ji con The Chaser cambió el punto de vista del thriller hecho hasta el momento en Corea, incorporando una violencia seca cercana al gore, ambientes enrarecidos y sucios entre la gran urbe y personajes protagonistas moralmente deplorables.
En "The Wailing", vuelve a darle una vuelta al asunto porque si bien el film empieza como un thriller clásico de muertes misteriosas y varios sospechosos, pronto la película gira hacia el puro cine de terror, adentrándose cada vez más hacia un mundo pesadillesco y negrísimo desde el momento en que la hija pequeña del policía protagonista contraiga la extraña enfermedad.
La media hora final acumula un nivel de tensión casi insoportable y tal vez esa sea el mayor inconveniente de la película, que al tercer y definitivo giro de guión final el espectador acabe aun más confundido si cabe dejando un final bastante abierto.


Los actores cumplen sobradamente a nivel interpretativo y en especial Hwang Jung Min en el papel de un chamán que viene a exorcizar a la pequeña niña enferma.
Una muy notable película de horror psicológico que cumple sobradamente las expectativas a pesar de su final abierto y en cierta manera desalentador. Sólo por la espectacular y terrorífica escena del "exorcismo" a la niña vale la pena de calle acercarse a este film.
(Redactado por Adrián Roldán)

La vuelta tras las cámaras del peculiar Steven Shainberg tras 10 años inactivo despertaba en mi muchísima curiosidad. Primero porque es un cineasta que se prodiga con cuentagotas (únicamente 4 largometrajes en más de 20 años, a película cada sexenio); segundo porque su film "Secretary" de 2002, me pareció realmente especial y le tengo gran cariño. Y tercero, porque sigue siendo, en realidad, toda una incógnita como autor.
Steven se pasó una larguísima temporada de retiro en un templo zen a mediados de los 90 tras terminar sus estudios en la Universidad (Yale, nada menos); y actualmente, casado y en funciones de producción de cine más o menos independiente, no parecía tener intención de retomar las riendas de su pasado como cineasta.
Es por eso, que su nuevo proyecto "Rupture", exhibido esta mañana en Sitges, me tenía ciertamente intrigado.
Steven, a juzgar por sus obras previas, le interesan las personalidades estrafalarias, el erotismo anómalo y sobre todo, "La Mujer" en esencia. "Rupture", pese a ir por caminos menos transitados en su obra, continúa esa misma línea y toca de nuevo lo que parece confirmarse como su discurso narrativo.
En ésta, Renee, madre soltera, es secuestrada por una extraña organización-secta que experimenta con los límites de los miedos y fobias para un misterioso fin. En su caso, deberá hacer frente a su aracnofobia.
Rupture se ha desvelado como un film en cierto modo desangelado, que no parece avanzar por donde nos gustaría y que lo único que consigue es mantenernos intrigados un buen rato, siendo luego la resolución un poco menos satisfactoria de lo esperado.

Renee, sufriendo las perrerías en sus carnes
Shainberg no logra transmitir una atmósfera opresiva en ningún momento, y era muy necesaria en un film como éste, entre el suspense y el terror suave. No se consigue apenas conectar con Renee ni con el grupo de secuestradores pese a que se procura. Y lo peor de todo, no satisface su contenido pues a la vista está que lanza pocas ideas, y no muy interesantes.
El ejercicio psicológico de exponer a un sujeto a su miedo más interno para afrontarlo y así superarlo desborda al autor, no revela ninguna idea aceptable e incluso sale banalizado.
Sin embargo, no me gustaría dejar de destacar pequeñas briznas de interés que hacen que no pierda la fe en este cineasta, pues su propuesta también incluye aspectos muy peculiares.
El tratamiento de un erotismo retorcido (ese interés por la piel y su roce), la mala leche del enfoque traumático (las perrerías son de órdago), saber romper un guión hasta el momento predecible y aportar elementos disuasorios (esa pausa para mear en medio de su huida, su inesperada vuelta a la camilla, el código a memorizar..) que no hacen más que confundir y crear pistas falsas para descolocar al espectador, como si de un jocoso juego mental se tratase.
Así pues, un estreno debatible y algo decepcionante que sin embargo, denota cierta personalidad y no rompe del todo con la extraña trayectoria de un cineasta diferente.
(Redactado por Jesús Álvarez)


El estreno mundial en Sitges del film japonés de zombies "I am a hero", se convirtió en una de las proyecciones más festivas y memorables de la pasada edición del festival, tanto, que este año han querido repetir la jugada con "Museum", adaptación de un manga de Tomoe Ryousuke y dirigida por el artífice de la trilogía de Kenshin, Keishi Ohtomo
Un asesino en serie que luce una máscara en forma de rana tiene aterrorizada la ciudad de Tokio con sus crímenes, a la vez crueles y elaborados. El inspector Sawamura, encargado del caso, tratará de descifrar qué mueve al psicópata, sin sospechar que éste le tiene preparada una desagradable sorpresa.
Ya la proyección levantó nuestras simpatías cuando el director salió al escenario del Auditori acompañado del killer del film con su máscara de rana y saludando al público. Pese a estas simpatías el film resultó ser algo decepcionante con unos primeros 40 minutos atrayentes, llena de asesinatos misteriosos y elaborados en la linea de Seven (1995).
Pero una vez se descubre la identidad del asesino, y es algo que pasa más pronto que tarde, éste empieza a cebarse contra el policía protagonista y su familia. Esta caza del gato y el ratón, pese a estar bien filmada y presentar ciertos momentos truculentos, no acaba de funcionar y hace que el film caiga como un castillo de naipes.


El festival de sufrimientos y perrerías con posterior despliegue de gritos y lloros acaba resultando muy cansino. Pese a todo, es una muestra curiosa de thriller con un killer excéntrico.
(Redactado por Adrián Roldán)

En 2010, el noruego André Øvredal firmaba uno de los found footage más interesantes que el agotador subgénero pueda ofrecer gracias a su documental "Troll Hunter". Era pronto para aventurarse, pero ya ofrecía suficientes elementos como para no perderle la pista al escandinavo en su carta de presentación.
Este año, finalmente ha presentado su nuevo film de terror "La autopsia de Jane Doe", en el marco de un festival que parece hecho a medida para dicho proyecto.
Su nueva película, bastante más ortodoxa que su arriesgado trabajo sobre trolls, ha sido una experiencia muy satisfactoria, un relato terrorífico llevado con maestría y peculiar gracia, sin atentar a la inteligencia del amante al género, ni con intención alguna de provocar rechazo al neófito usando códigos o complicadas referencias.
"La autopsia de Jane Doe" (Jane Doe es el nombre que reciben los cadáveres femeninos sin identificar en EEUU), presenta al médico forense Tony Tilden y su aprendiz e hijo Austin, responsables de las autopsias en su propia funeraria de toda la vida. Una noche lluviosa, reciben un cadáver sin identificar de una mujer que la policía ha encontrado enterrada en un sótano, en circunstancias muy extrañas, y proceden a su consiguiente autopsia.


Poco a poco se irán desvelando los misteriosos secretos que esconde dicho cadáver; pues no será tan rutinario como ellos pensaban además de provocar un vendaval de sucesos inexplicables.
Particularmente, creo que un film de terror necesita siempre de una atmósfera adecuada, una historia fascinante y ciertos códigos narrativos idóneos para no caer en lo mil veces visto. Øvredal parece que lo tiene claro y dispone del talento suficiente como para lanzarnos un film de mucho mérito, por momentos sensacional y en su mayoría muy laudable.
En seguida entramos de lleno en su fascinante sala de autopsias, fría y húmeda, con pizarras y utensilios médicos propios de la morgue donde los cuerpos refrigerados hacen una compañía tan silenciosa como espeluznante. La entrada en escena del cuerpo nuevo, sin rastro de traumas o evidencias de muerte y el minucioso seguimiento de su autopsia nos atraparán en silencio, manejando con brillantez las pausas, el creciente suspense y el macabro humor que salpica el film.


Que decir tiene que no acusa apenas problemas de ritmo ni cojea en su narrativa aunque nos sitúe en un único espacio gran parte del metraje, pero sí puede provocar síntomas claustrofóbicos y herir sensibilidades por su, por momentos demasiado explícita, puesta en escena.
En opinión del que aquí escribe, sostengo pues que se trata de un film sensacional, repleto de aciertos de toda índole y un golpe en la mesa de un cineasta emergente y cada vez más interesante. Aplaudimos iniciativas como ésta, ajustadas a un escaparate en concreto como es éste festival fantástico de Sitges, de eso no hay duda, pero no por ello menos estimables.
(Redactado por Jesús Álvarez)
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