miércoles, 15 de febrero de 2017

GODZILLA VS DESTOROYAH (1995)

A pesar de funcionar bien en taquilla, Godzilla vs SpaceGodzilla (1994) fue un engendro para olvidar, por lo que la Toho decidió acabar con Godzilla “ahora que aún es una estrella”.
El motivo real fue que por fin iban a ceder los derechos de Godzilla para la tristemente famosa versión americana perpetrada por Roland Emmerich. Por lo que la Toho iba a vender su episodio final del saurio radiactivo con una premisa abrumadora e imbatible a nivel publicitario: La muerte de Godzilla.
22 entregas y el saurio (a excepción de Japón bajo el terror del monstruo (1954)) aún no había encontrado la horma de su zapato, capaz de acabar con él, por lo que tan inaudito suceso se vendió como si de la muerte de todo un superhéroe se tratara (en la línea de La muerte de Superman). Anunciar la muerte del saurio no era suficiente, había que realizar la entrega definitiva de Godzilla, conseguir un final explosivo.
Se volvió a llamar a Takao Okawara (responsable del exitazo de Godzilla contra Mothra) a la dirección, Akira Ifukube volvió a encargarse de la banda sonora y el guión, de nuevo obra de Kazuki Omori, aparte de rompedor, iba a conectar maravillosamente con Japón bajo el terror del monstruo, cerrando un ciclo de 41 años de manera potente y muy emocional.
Godzilla vs Destoroyah llegó a las pantallas japonesas, si bien el resultado final distó de ser la entrega definitiva de Godzilla, sí que se convirtió en un episodio notable, emocionante y con una media hora inicial abrumadora. Godzilla vs Destoroyah inició, casi sin quererlo, la renovación que el Kaiju eiga sufriría con la rompedora trilogía de Gamera.
Para esta entrega se volvió a recuperar la línea de modernidad, propuestas rupturistas e influencia americana dejada por Godzilla contra King Guidorah (1991). Aquí el ritmo es constante y se respira durante todo el metraje una sensación de final de ciclo muy conseguido.
El primer tercio del film es magnífico, ya que dispara sin cesar una serie de ideas imbatibles y de gran interés: Godzilla convertido en una bomba nuclear andante y a punto de estallar en cualquier momento (supurando lava incandescente de su cuerpo); la reaparición 40 años después de Japón bajo el terror del monstruo de Momoko Kochi interpretando de nuevo a la hija del Dr. Yamane; la posibilidad de volver a usar una especie de Destructor de Oxígeno como en 1954; una criatura extraña que aparece de entre el terreno destrozado por dicho Destructor al final del primer Godzilla… Una serie de conceptos de gran interés y que logran crearte una expectativa enorme por cómo se va a desarrollar el film.
Desgraciadamente, dichos conceptos no se profundizan mucho más pasada dicha media hora inicial. Momoko Kochi no vuelve a aparecer, no se menciona mucho más al Profesor Serizawa y su Destructor de Oxígeno y el film comienza a recorrer terrenos mucho más transitados a pesar de que el resultado final acabe siendo muy entretenido y destacable, pero no lo que prometía tras tan rompedor inicio.

Godzilla convertido en un reactor nuclear a punto de estallar
Reaparece Emiko, la hija del Dr. Yamane del original Godzilla de 1954
Destoroyah, en versión voladora
Baby Godzilla está ya hecho un hombrecito

La batalla final llega a niveles épicos
La muerte de Godzilla
El enemigo en esta ocasión, Destoroyah, es muy atractivo. Una criatura nacida del Destructor de Oxígeno (arma que logró acabar con el primer Godzilla en 1954) y que tiene las mismas capacidades destructoras. Una criatura que pasa por diferentes estados: de criatura insectoide de 4 metros, a una versión descomunal de 30, a otra con capacidades voladoras, hasta llegar finalmente a la gigantesca criatura alada de la batalla final.
El diseño de Destoroyah recoge influencias más orgánicas y monstruosas propias del cine monstruoso de la época, así resulta ser una mezcla entre un insecto gigante cruzado con la Reina Alien y la cara de Predator.
Dichas influencias no se acaban ahí, ya que el primer encontronazo de las pequeñas criaturas con los militares en plena fábrica tiene mucho del ataque a los marines de Aliens (1986). La lástima es que el problema con Godzilla lo acapara todo en esta entrega y eso deja poco espacio de tiempo a desarrollar y profundizar en Destoroyah.
Baby Godzilla aparece mucho más crecido pero esta vez sin el ridículo aspecto de Godzilla vs SpaceGodzilla (1994), sino convertido en una versión reducida de su padre. Los efectos especiales son algo dispares y a pesar de que hay momentos muy conseguidos a nivel técnico y pirotécnico otros planos no funcionan igual de bien. Los monstruos en algunos momentos son demasiado puppets y Destoroyah (quizás debido a su complicado diseño) no acaba de funcionar del todo a nivel de movimientos y matte shots, al igual que la versión final de la criatura, demasiado estática.
A pesar de todo esto, se consiguen momentos excelentes como cuando las pequeñas criaturas Destoroyah empiezan a atacar a Godzilla (momento que luego fue imitado en Gamera 2: El ataque de Legión (1996)).
El diseño de Godzilla es muy llamativo, con partes de su cuerpo de color rojo/lava incandescente, diseño que luego se repitió en parte en la reformulación del personaje en Shin Godzilla (2016) y que parece fijarse en una de las ideas originales de Ishiro Honda para el primer Godzilla de 1954, en donde inicialmente el cuerpo del personaje iba a estar lleno de cicatrices provocadas por la bomba atómica.
El peligro de Godzilla es doble, ya que no solamente supone la amenaza habitual destructora del personaje, sino que llegado a una temperatura límite, Godzilla se derretirá llevándose al planeta por delante, así que es de vital importancia un plan urgente para solucionar el entuerto.
Las batallas están muy conseguidas ya que llegan a un nivel de crueldad y emoción a partes iguales. Baby Godzilla acaba recibiendo "tullinas" por todos lados hasta llegar a su triste muerte. Y la batalla final con Godzilla al límite de sus capacidades, derritiéndose, con explosiones y fuego por doquier, alcanza límites épicos. Hasta llegar al momento culminante del film, que es la muerte de Godzilla, y en este sentido es una escena excelente donde se rinde homenaje a una criatura y personaje legendarios, tal y como se merece. Akira Ifukube, de nuevo a la saga (y volviendo a realizar un trabajo excelente en la banda sonora), compuso un tema para la ocasión llamado Réquiem y de resultado bellísimo; de hecho Ifukube lo compuso imaginándose su propia muerte. Un final triste pero emocionante.

Un momento del rodaje
Godzilla vs Destoroyah (1995) es un film con propuestas excelentes donde desgraciadamente la historia acaba derivando en las mismas batallas monstruosas de siempre. Pese a esto, el film es muy entretenido y competente, y uno clave en la saga por contener la muerte de su personaje principal. La cinta, como no, tuvo un resultado excelente en taquilla con 4 millones de espectadores en Japón. Un final a lo grande.
Algunas curiosidades: Toho mantuvo en secreto absoluto el desarrollo de este film. El primer guión que se escribió del proyecto se titulaba Godzilla versus Godzilla, en donde el fantasma del Godzilla original de 1954 se materializaba 40 años más tarde y se enfrentaba al Godzilla de la Serie Heisei.

"Arigatou, Gojira..."

lunes, 13 de febrero de 2017

KUJIRA GAMI (1962)

Cuando haces arqueología cinematográfica te sorprendes descubriendo films de los que nunca habías oído hablar, a pesar de pertenecer a un género del cual te crees bastante conocedor. Kujira Gami (1962) (o The whale God) es una variación a la japonesa del mítico Moby Dick.
En el film, un pueblo de pescadores es aterrorizado por una ballena gigante. Shaki, nuestro protagonista, se ve en la tesitura de acabar personalmente con la bestia, ya que generación tras generación (abuelo, padre...) han muerto al enfrentarse al enorme cetáceo.
Un film curioso beneficiado de un blanco y negro que remarca la suciedad y la pobreza, (tanto material como moral) de los habitantes del poblado isleño. No es un Kaiju-eiga en su sentido más pleno, ya que la ballena aparece más bien poco en el film, pero su monstruosidad y su carácter divino resulta muy interesante de cara a incluirlo en esta Antologia Kaiju, aparte de la rareza que supone el visionado del mismo.
La ballena en cuestión protagoniza buenos momentos, algunos de ellos de una muy notable calidad técnica, en el inicio y en el final del film. El núcleo central de la película se basa en el modo de vida del poblado de pescadores, repleto de pobreza, violencia y bajeza moral. Pese a su inicio lleno de acción, el film adolece de bajones de ritmo notables en función del personaje con el cual nos encontremos.
Shaki, el protagonista, siente la presión de vengarse de la ballena por la muerte de sus antepasados, pero él evita enfrentarse a su destino, prefiriendo formar una familia pese a las burlas de los demás pescadores. Shaki es un personaje más bien plano y de poco interés, y para nuestra desgracia concentra la mayoría de minutos de la cinta.
Más interesante resulta el personaje antagonista, interpretado por Kôji Fujiyama, un tipo desagradable enemistado con Shaki y que no duda en violar a su mujer y dejarla embarazada para desconocimiento de nuestro protagonista. Resulta sorprendente este arco emocional, donde se explora la relación entre los dos, ya que pese a su enemistad y la crudeza de los hechos (la mujer tiene el hijo, aun siendo fruto de una violación y sin decirle nada a su marido), los dos acaban llegando a un respeto mutuo.
Para los fans de la saga clásica de Gamera, algunas caras le sonarán. Shaki, es interpretado por Kojiro Hongo (aparece en Los monstruos del fin del mundo (1966), Gaos el terror de la noche (1967) o Viras ataca la Tierra (1968)) y Koji Fujiyama era el inolvidable malvado Onodera de Los monstruos del fin del mundo (1966). Por ahí también aparece Takashi Shimura (Dr Yamane en Japón bajo el terror del monstruo (1954)) haciendo de desagradable y cascarrabias jefe del poblado.

A la ballena no hay quien la pare
Mientras la vida en el poblado isleño es dura
La batalla final será inevitable
Shinko y la ballena frente a frente en el umbral de la muerte
En este film, todos se llevan a matar
A pesar del interés que puede causar lo que vemos en pantalla: la vida pesquera, el conflicto personal y familiar de Shaki, los problemas conyugales de éste... El film no evita que acabemos por desconectar y desear que la ballena vuelva a aparecer y destrozar unos cuantos isleños. Todo este trabajo de personajes logra que el deseado enfrentamiento final con el cetáceo se convierta en un momento decisivo para la historia y para los personajes, llegando a ser una batalla de proporciones bíblicas.
El citado clímax final es lo más destacable y recordado del film, y hace que demos gracias por haber aguantado 90 minutos de drama humano. Técnicamente impecable y logrando momentos impagables a nivel sanguinolento. El aura de divinidad que se le otorga a la ballena es destacable y muy típico del cine japonés. Así que el magnifico plano final con un Shaki en el umbral de la muerte, metido en un ataúd con el cadáver de la ballena frente a frente, sirve como culminación de esta divinidad. Un final amargo y extraño pero que eleva la calidad de este film.
Kujira Gami (1962) es toda una curiosidad del cine fantástico japonés de los 60, una personal (y a ratos, violenta psicológicamente) versión de Moby Dick. La trama humana es densa y a pesar que es interesante lo que se muestra en pantalla, el ritmo decae en exceso. Esto se compensa con las magnificas pero breves escenas en las que el “Dios Ballena” hace acto de presencia. Toda una curiosidad.

domingo, 12 de febrero de 2017

GODZILLA VS SPACEGODZILLA (1994)

Debemos dejar claras varias cosas. Esta nueva Serie Heisei (1984-1995) en donde Godzilla volvía a las pantallas japonesas con toda su gloria y adecuadamente modernizado, goza en general de un muy buen nivel y es una de las etapas más destacables de la larga saga del saurio radiactivo. Pero esconde varios problemas: el primero de ellos es que entre las 7 entregas de esta etapa se sigue una línea de continuidad total una con otra, comparte mismos actores y equipo técnico por lo que a veces da la sensación de ser una serie de televisión.
Este es un aspecto que si bien tenía sus ventajas, desde Godzilla vs Mechagodzilla (1993) se hace más evidente un ligero cansancio y agotamiento de ideas. Pero si en la anterior entrega se sustituía ese cansancio por un grado de diversión sin limites, en Godzilla vs SpaceGodzilla (1994) ya no hay nada que hacer, el castillo de naipes se cae de la peor forma posible. La entrega la cual hoy analizamos, es el punto más bajo de esta etapa Heisei y una de las más flojas de toda la saga Godzilla.
En el film, el organismo de lucha contra Godzilla encarga la construcción de Mogera, un robot gigante que tiene como objetivo contrarrestar los ataques del saurio. Sin embargo, la llegada a la Tierra de un poderoso "Godzilla Espacial" se convierte en una amenaza superior al "Godzilla original". Cuando el Godzilla espacial secuestra al Hijo de Godzilla, Mogera y Godzilla original se alían para vencer al villano.
Prácticamente todo en esta entrega resulta un despropósito, empezando por su look dejado y televisivo, algo inaudito teniendo en cuenta lo cuidadas técnicamente que habían sido las anteriores entregas desde 1984. Uno de sus males reside en la dirección de este artefacto, Kensho Yamashita, director japonés sin ninguna experiencia previa en el Kaiju y más dado a realizar producciones de carácter juvenil; y eso se nota. Además enfrentándose a un guión que tuvo mil re-escrituras y problemas. Akira Ifukube, el eterno hacedor de bandas sonoras de la saga, vio el panorama y abandonó el proyecto.
Técnicamente, el film es sorprendentemente, más pobre que anteriores entregas denotando a su vez el cansancio de Koichi Kawakita (responsable de efectos especiales en la saga), si bien contienen algunos mattes shots de Godzilla arrasando y causando destrucción muy destacables.
Space Godzilla, como villano, era una buena idea por enfrentar a Godzilla contra un homólogo desproporcionado y venido del espacio, pero apenas aprovechan y profundizan en el monstruo, quedando en un mamotreto poderoso y sin interés, un enemigo más que Godzilla vencerá sin mayor dificultad.
Space Godzilla crea a su alrededor una especie de monolitos de cristal que sirven a su vez de fuentes de poder para la criatura, las apariciones de estos monolitos en plena ciudad son un simpático guiño al film de ciencia ficción The monolith monsters (1957).
La explicación del origen de Space Godzilla debería figurar como una de las más ridículas y rebuscadas explicaciones científicas de la historia: las células de Godzilla absorbidas por Biollante y luego llevadas por Mothra al espacio, entraron en un agujero negro para más tarde salir por un agujero blanco, y la energía resultante hizo crear al monstruo que contemplamos en el film. Es poesía pura. El guionista se lució.

Space Godzilla es el nuevo enemigo a batir. Mucho ruido y pocas nueces.
Más horripilante resulta este momento
No falta la inocente "love scene" frente a un bello atardecer
Unos se enamoran en una isla desierta y otros huyen despavoridos de un monstruo gigante
Batalla en plena ciudad
Otro de los puntos más negativos de esta entrega es Baby Godzilla. La continuidad que muestra la saga Heisei obliga a que en este film, Baby, aparezca más crecidito, pero se podían haber hecho cosas mejores, mucho mejores que mostrar a un Minya 2.0. Un peluche de ojos saltones salido de cualquier serie infantil de tres al cuarto y que provoca los momentos mas vergonzosos de la cinta.
Si llevamos una serie de entregas de temática mucho más seria y hasta violenta, no toca a estas alturas rememorar los peores momentos de Godzilla y su hijo en los años 60.
La trama humana tampoco tiene el menor interés. Miki Sagusa, la telépata presente como personaje secundario en todas las entregas de la Serie Heisei desde Godzilla contra Biollante (1989), aparece como protagonista en Godzilla vs Space Godzilla (quizás por la popularidad del personaje) pero demuestra ir bastante justita a nivel interpretativo; el papel le va demasiado grande.
Tampoco ayudan los anodinos personajes que la rodean y la trama en la que una organización la secuestra para aprovecharse de sus poderes telepáticos contra Godzilla, pues es un despropósito aburrido hasta el hartazgo. La escena en que Miki está secuestrada y atada con correas a una cama de hospital y ésta mueve con sus poderes su propia cama es para darle un collejón al guionista. Y para colmo, esas visiones "chupiguays" donde a Miki se le aparecen las gemelas guardianas de Mothra montadas en una mariposa en miniatura realizada con la peor animación posible, rodeadas de un manto dorado que ni Cenicienta mandando mensajes inconexos y ridículos es de vergüenza ajena.
Si en la anterior entrega teníamos a MechaGodzilla, en ésta tenemos al robot gigante Moguera, robot que ya aparecía de manera más simpática y desproporcionada en el film The Mysterians (1956) de Ishiro Honda, y que se recupera en esta entrega al servicio de las fuerzas del bien.
Encima, Godzilla vuelve a mirarse como esa criatura bonachona pero que no duda en pisotear Tokyo en total sintonía con sus tiempos de héroe monstruoso en los años 70. El film además, hecha mano de stock shots de anteriores entregas para ahorrarse unos cuartos en materia de maquetas y escenas con monstruos (detecté clips de Godzilla contra Biollante (1989), Godzilla contra Mothra (1992) y Godzilla vs MechaGodzilla (1993)).
Godzilla vs SpaceGodzilla (1994) es un film muy pobre y sorprende porque se había conseguido una linea seria, moderna y espectacular en la saga que no parece corresponderse en absoluto con este engendro. Risible, absurda, aburrida y plena de despropósitos, aunque a su favor debo decir que contiene alguna que otra secuencia de destrucción muy bien resuelta, un enemigo atractivo (aunque poco aprovechado) y no abandona ese nivel de inocencia simpático que los japoneses son capaces de dar a producciones de este tipo. Pese al descalabro, el film no funcionó nada mal en taquilla con 3,2 millones de espectadores. 

jueves, 9 de febrero de 2017

GODZILLA VS MECHAGODZILLA (1993)

Desde Godzilla contra King Ghidorah (1991), el personaje estaba viviendo una segunda edad de oro y un nivel de popularidad en Japón impecable. Tanto, que se volvió a retomar el proyecto de una versión americana del monstruo radiactivo, por lo que Godzilla vs MechaGodzilla (1993) se planteó como el final de la saga (y la muerte del monstruo), aunque diversos motivos como el constante retraso de la pre-producción de la entrega americana y que al mismo tiempo Godzilla, en Japón, era una máquina de hacer billetes para la Toho, hizo que la Serie Heisei continuara hasta 1995. Repite Takao Okawara en la dirección, recuperando a otro de los monstruos más queridos por los fans, MechaGodzilla, esta vez al servicio de las fuerzas del bien para vencer a la amenaza de Godzilla.
El concepto por el que partieron era muy sencillo, simplemente ofrecer la entrega de Godzilla más espectacular como humanamente se pudiera. Y Godzilla contra MechaGodzilla (1993) es simplemente eso, el más épico, espectacular y asombroso capítulo hasta el momento, con batallas entre monstruos por doquier (el primer kaiju aparece a los 10 minutos y desde ahí es una escalada constante) más destrucción masiva. Preocuparse únicamente por esto hace que el guion se deje de lado por completo, evidenciando un cansancio de la Serie Heisei que se iría acusando en las dos posteriores entregas más una cierta repetición y dejadez.
Se recupera el concepto de la monster mash, el de reunir en un mismo film a todos los monstruos posibles; 4 en este caso (Godzilla, Baby Godzilla, MechaGodzilla y Rodan).
Los personajes muy poco tienen que aportar, y por desgracia se recupera el elemento del comic relief (tan presente en las entregas penosas de los años 70), un personaje protagonista patán y torpe que en teoría tiene que hacernos gracia.
Si no tuvimos suficiente con Minya (el hjo de Godzilla), aquí nos presentan a un nuevo vástago del monstruo, llamado simplemente Baby. Aunque no esté demasiado bien a nivel técnico, resulta menos amorfo y desagradable y más simpático que el anterior, aunque no evita protagonizar algún que otro momento infantil. Otro ejemplo de la dejadez a nivel de guión es el plan de matar a Godzilla, describiendo que tiene dos cerebros (uno de ellos prácticamente en el culo) y que con destrozar uno de ellos bastará para matar a la bestia.
Akira Ifukube vuelve a hacer un trabajo impecable en la banda sonora aunque ya acabe cansando escuchar el “Godzilla Theme” cada vez que la bestia aparece, creando un efecto hasta paródico (aunque es obligado ponerlo, claro). Rodan, no deja de ser un muñecote alado algo más deslucido que el aspecto que tenía en la clásica Los hijos del volcán (1956) pero sorprende al presentar nuevas habilidades.

Baby Godzilla no es tonto y muestra sus encantos a la enfermera de buen ver
Papá Godzilla está que trina
El film no escatima en batallas
La lucha final es espectacular
Si nos ceñimos a nivel de espectacularidad, efectos especiales y diversión monstruosa, ésta es la entrega perfecta de Godzilla. Y los combates son espectaculares, llegando al clímax en una batalla final donde el espíritu de Rodan se ha fusionado con Godzilla (sí, como oís) aumentando el poder de Godzilla a un nivel que ni Gokuh en Super Saiyan.
Godzilla vs MechaGodzilla (1993) ya denota cierto cansancio, se repite y el guión es más fino que el papel de fumar, pero ofrece un nivel de diversión y espectacularidad incomparable hasta el momento, perfecto para apagar el cerebro y disfrutar. Nuevo exitazo para la saga, con 3,8 millones de espectadores. A nivel de taquilla, Godzilla aún funcionaba a las mil maravillas.

GODZILLA CONTRA MOTHRA (1992)

Godzilla vs King Ghidorah (1991) fue un potente éxito para la Toho, por lo que se decidió seguir en la misma línea en futuras entregas, recuperar a monstruos clásicos para hacer hincapié en la nostalgia a la vez que se modernizaban las historias.
El siguiente monstruo de la lista no podía ser otro que la polilla gigante Mothra, la cual con el paso del tiempo se había convertido en uno de los monstruos más famosos de Japón, y además (como dato curioso) era el favorito entre las féminas, ya que es el único de la saga claramente hembra (y además por su carácter benefactor). Inicialmente, ésta no iba a ser una nueva entrega de Godzilla sino que se iba a convertir en un film de Mothra en solitario, pero la Toho no confió en última instancia en la mariposa gigante y su poder en la taquilla, por lo que se decidió meter (con calzador) a Godzilla en la trama. Más tarde y gracias al abrumador éxito de Godzilla contra Mothra, se inició en 1996 una trilogía en solitario de Mothra, eso sí, de carácter muy infantil y que ya analizaremos en el blog llegado el momento.
Antes de nada voy a contaros una pequeña historia personal, ya que mi primer contacto con Godzilla fue con esta entrega. Alrededores de mayo de 1997, tenía 8 años, era mediodía, comiendo antes de ir a clase, canal Cinemanía (sí, tengo buena memoria para las fechas). Estoy haciendo zapping y cual fue mi sorpresa al ver a una criatura gigantesca destruyendo Tokyo (la escena de Bathra al inicio del film) y poco después ver aparecer a Godzilla y una oruga muy extraña batiéndose en duelo. Esa escena se me grabó de tal manera que fue el pistoletazo de salida para mi amor por Godzilla y el Kaiju Eiga. Un idilio que 20 años después aún perdura.
Tal fue el impacto en mi mente infantil y a mi imaginación sin limites, que hizo que acabara dedicándome al cine y al mundo del audiovisual en general (y no pararé hasta que haga mi propia versión de Godzilla o similar).

Bathra, dispuesto a reducir el mundo a cenizas
Mothra, hace su capullo en pleno capitolio para horror de los políticos de turno
De su interior nace el peluche anteriormente conocido como Mothra
Los monstruos se enfrentan en una colosal batalla
Las gemelitas, cantarinas y guardianas de Mothra
Volviendo al film que nos ocupa, Godzilla contra Mothra supone un cambio en la dirección. Takao Okawara releva a Kazuki Omori (quedándose en tareas de guión) y eso se nota. Okawara realiza una dirección bastante más estándar y clásica, cortando por lo sano con los conceptos modernistas de anteriores entregas y ofreciendo una que abraza completamente aspectos clásicos, más tradicionales y nostálgicos.
En definitiva, Godzilla contra Mothra es tanto un remake del clásico Mothra (1961) de Ishiro Honda como de Godzilla contra los monstruos (1964). Este aspecto, ya más visto, pese a que funciona como modernización de los clásicos con unos mejores efectos especiales, causa que adolezca de falta de ritmo y cierto aburrimiento en según que pasajes del film.
Además, es evidente que Godzilla no estaba en los planes iniciales de esta entrega, ya que su presencia es bastante secundaria. El tufillo infantil en esta ocasión es más evidente y eso puede causar algún que otro resquemor, sobre todo con la presencia constante de la niña del film.
Los efectos especiales siguen siendo de buen nivel aunque por debajo de las dos anteriores entregas. No me convence esta reformulación en el diseño de Mothra (en versión mariposa), convertida en un peluche de tres al cuarto. Además, la batalla final se acaba haciendo larga, muy larga, y termina convertida en un festival discotequero de rayos y luces de colores (los monstruos no paran de cambiarse de bando una y otra vez, ahora malvado, ahora bueno... ).
No obstante, se consiguen grandes momentos; como la tremenda escena del renacimiento de Godzilla en pleno Monte Fuji en erupción. Impresionante.
Pese a los inconvenientes, nos encontramos con una entrega bastante competente y que se ha convertido en un pequeño clásico moderno por el descomunal éxito que obtuvo en Japón en su momento. Su mensaje concienciador respecto a la naturaleza y la crítica frente a los abusos y destrozos naturales es potente, y muestra al planeta Tierra como un ser vivo que se está tomando su venganza contra la Humanidad en forma de desastres naturales, y los monstruos no dejan de representar este castigo por los abusos al planeta.
En este sentido funciona bastante bien, y logra crear ya en su tercio final un clima apocalíptico y de fin del mundo muy conseguido. La nueva incorporación monstruosa es Bathra, que viene a ser como el reverso oscuro de Mothra. Un monstruo correcto, sin más.

Curiosa foto de rodaje. Corresponde a una supuesta escena eliminada en donde Bathra se enfrenta a Godzilla
La saga sigue fijándose en el cine americano de éxito del momento y en este caso, los 20 primeros minutos son un constante guiño/homenaje/plagio a Indiana Jones, divertido pero con un tono muy de Serie B.
Por suerte, la música de Akira Ifukube vuelve a estar presente y es una maravilla modernizando los scores de la original Mothra (1961) y Godzilla contra los monstruos (1964), a un nivel altísimo como es habitual. Además, y aprovechando que se retoman a las pequeñas gemelitas guardianas de Mothra (llamadas Cosmos en esta ocasión), se reinterpretan las canciones que éstas cantaban en las entregas de los años 60, pasándolas por una túrmix súper pop.
Las canciones, para el que las pueda aguantar, son un puntazo para el fan, y además el clásico “Mosura ya Mosura” se convirtió en un hit en las listas de éxitos japonesas. Godzilla contra Mothra es un film competente, más simplón que las dos entregas anteriores y con un tufillo infantil que puede causar urticaria al espectador, con algún que otro problema de ritmo y es más tradicional, pero sirve como reformulación noventera de los clásicos de la saga y sigue manteniendo intacto el nivel de espectacularidad.
El film se convirtió en el mayor éxito del año en Japón, (superando a Parque Jurásico en nivel de audiencia), con 4,2 millones de espectadores, siendo (hasta la llegada de Shin Godzilla en 2016) la entrega más taquillera hasta el momento de la saga.

martes, 7 de febrero de 2017

GEHARA: THE DARK & LONG HAIR MONSTER (2009)

Tras el fracaso estrepitoso de Godzilla: Final Wars (2004) y la floja aceptación de Gamera: The brave (2006), el kaiju-eiga pareció verse abocado a la extinción. Únicamente, gracias a una nueva generación de directores enamorados del kaiju, los robots y las ultra series, se lograron producir nuevos films del género, eso sí, de bajo o nulo presupuesto.
Productos destinados al mercado del vídeo y mayoritariamente con propuestas alocadas o nostálgicas, donde se explotaba el lado humorístico más que intentar enfrentarse a una temática seria. Death Kappa (2010) o The monster X strikes back: attack the G8 summit (2008) son ejemplos de films kaiju de esta última época. La película que nos ocupa, Gehara: The dark & long hair monster (2009), es un mediometraje para televisión y la ópera prima de Kiyotaka Kaguchi, director que se ha especializado en las nuevas series de Ultraman X o Ultraman Ginga, y que este año estrena un nuevo film del superhéroe bionico, Ultraman X, Gekijôban Urutoraman Ôbu Kizuna no chikara, okarishimasu! (2017).
Gehara recorre en 25 minutos todos los tópicos del kaiju eiga clásico, con mucho humor y sano divertimento. Una criatura gigantesca de larga melena surge de los mares dispuesta a destruir todo lo que se encuentre por delante, así que el gobierno japonés tendrá que idear un plan para acabar con la bestia.
Gehara, el kaiju melenudo
El delicioso guiño a Los monstruos invaden la Tierra (1965)
Como he apuntado, el film recorre con mucho humor y cariño los tópicos del género: la criatura que surge de los mares del Pacífico, el santuario de rigor perdido en el bosque con los monjes rindiendo culto a la bestia, la relación del monstruo como parte de la naturaleza...
También los personajes son tópicos de estas producciones: los políticos preocupados, los militares, el periodista que se desvive por la noticia... Para más cachondeo, el diseño de la bestia es peculiar y original, y me hace especial gracia que sea una versión monstruosa y deforme de la fantasma Sadako de The Ring (1998) (con la fiebre del J-Horror de aquellos años, sólo faltaba presentar a una melenuda monstruosa y agigantada).
No falta tampoco el plan ridículo y estrafalario del gobierno japonés para vencer a la bestia. Esta vez idean un enorme ventilador que hará que se despeine, dejando a la vista su punto débil. Como tampoco se prescinde del final melancólico, en el que acabas sintiendo lástima por la bestia, ni de la banda sonora, que imita a las magníficas marchas militares de Akira Ifukube en la saga clásica de Godzilla.
Por lo que se puede ver, su ritmo ágil hace que el mediometraje pase en un suspiro, y encima echándote unas buenas risas. Además, los efectos especiales cumplen sobradamente en un film de estas características, con un agradable toque retro. Y el giro final, cuando parece que todo ha acabado, es un delicioso homenaje a Los monstruos invaden la tierra (1965). Divertidísimo, y encima anuncia secuela.


Gehara: The dark & long hair monster (2009) es un mediometraje curioso, difícil de conseguir pero que resulta un homenaje lleno de cariño y muchísimo humor a un género que sigue influenciando a nuevos directores, 50 ó 60 años después. Recomendable.
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