lunes, 10 de junio de 2013

NOCTURNA INTERNATIONAL FANTASTIC FILM FESTIVAL (II)

Comenzanos este penúltimo día de NOCTURNA con la masterclass del compositor musical valenciano Arnau Bataller (La herencia Valdemar, Polseres vermelles...) sobre "la música en el cine de terror", dentro de la aún humilde pero prometedora sección de actividades gratuitas que nos ofrece el festival.
Arnau nos hace comprender la gran variedad de matices y posibles texturas sonoras que envuelven un film de terror, que no son pocas, y en apenas 1 horita de charla, consigue mostrarnos los orígenes, autores clásicos y las complejas elucubraciones creativas que son necesarias para una composición profesional. Estamos de acuerdo que es un trabajo que no se valora en demasía y necesitaría una reivindicación acorde con su esfuerzo y dificultad creativa.
Pocas horas más tarde llega el momentazo del festival de la mano (y van..) de Phenomena Experience; la proyección en 35mm del clásico de los 80 Gremlins, redimensionada si cabe por la presencia de su director, el no menos mítico Joe Dante.
Por supuesto el número de espectadores cumplía con lo previsto en la enorme sala 1 del Palafox, y resulta innecesario recalcar que siempre será un placer degustar un film imperecedero como pocos, estandarte ya de una generación entera de cinéfilos.
El director José Luis Alemán (sentado izq) atento a la clase de Arnau (der)
Joe Dante a su vez, respondió amablemente (pese a su cansancio) a las preguntas online y en directo una vez terminado el film, demostrando un buen sentido del humor y logrando no meterse en camisas de once varas (¿qué opina del actual Hollywood?, pues ¡que está muy bien!... no sin la suficiente guasa).
Incluso su compatriota y colega Mick Garris estuvo presente y le hizo una pregunta, a lo que Joe esgrimió... ¿quién ha dejado entrar a este tipo?... en fin, unos momentos inolvidables y entrañables para el cinéfilo en general y para el ochentero en particular.
Continuando con las sesiones, le toca el turno a The Complex, lo nuevo del director del díptico The Ring, Hideo Nakata.

Joe Dante acosado por los medios pero haciendo gala de un humor estupendo














Con una estructura J-Horror de lo más corriente y adocenada, la cinta del japonés calca la fórmula de las previas en el género para no aportar absolutamente nada nuevo, más bien todo lo contrario. Un niño de otra dimensión, una protagonista de lo más somera e inoperante y una serie de experiencias sobrenaturales son los ingredientes de este nuevo cóctel de terror a la japonesa, dentro de una trama sin demasiadas sorpresas y que basa su hilo argumental en la marcada influencia de la excelente Déjame entrar, con un abismo entre ellas.
Lentitud en la presentación de los espacios, silencios fallidos, personajes sin alma y elementos carentes de la suficiente inercia narrativa (el pasado del niño, los miedos de ella o el chico con cara de cera de la limpieza, entre otros) desmontan algunos (pocos) destellos de personalidad en el film, tales como una atmósfera ciertamente malsana en determinados momentos, pizcas de conseguida intriga esotérica o ese intangible encanto que desprenden (casi sin querer) el grueso de tantas y tantas humildes cintas japonesas del estilo.
Tras el film de Nakata, llega el momento más delirante del festival: la "accidentada" proyección de la película británica Shiver, encargada de cerrar la programación en la sala 2. Sorprende que el corto previo a la proyección, Horizonte, nos dejara las mejores sensaciones hasta el momento. En sus poco más de 20 minutos de metraje, el film de Aitor Uribarri destaca como ejercicio apocalíptico de factura notable, con buenas interpretaciones y excelentes efectos (esos vampiros ultraviolentos afectados por la luz). Una trama muy interesante, dueña de una intensidad in crescendo y un oficio cinematográfico incontestable, convierten esta pequeña joya en una experiencia intensa y conseguida, del todo imprescindible dentro del Festival. Nuestras felicitaciones al equipo de Aitor (además, sentados justo detrás nuestro).
Volviendo a Shiver, la cosa no podía ser más escandalosa. Un asesino en serie mata a chicas (como no, todas sinuosas y apetecibles) de forma violenta y abusa de ellas para luego coleccionar sus cabezas en formol. Wendy, una víctima que logró zafarse del psicópata, se convertirá en su capricho sexual y será perseguida sin descanso por éste. A su vez, el detective Delgado (el investigador más inútil de la historia del cine interpretado por el siempre infructuoso Casper Van Dien) no hace nada para impedir tal suceso, es más, casi lo empeora y todo.
Una trama antológica e involuntariamente desternillante (la impagable fuga del furgón, el killer vestido de poli o cualquiera de las acciones de Casper) convierten este film en una cult movie de video-club instántanea, provocando más risas que cualquier esforzada comedia que se tercie.
Una experiencia divertidísima que agradecimos enormemente y que nos deparó horas posteriores de carcajadas sin descanso.
Una vez terminado el festival, las 3 películas ganadoras dentro de sus respectivas secciones y protagonistas del marathon dominguero han sido:

NOCTURNA OFICIAL FANTÁSTICO - WITHER
NOCTURNA DARK VISIONS - RESOLUTION
NOCTURNA MADNESS - A LITTLE BIT ZOMBIE

sábado, 8 de junio de 2013

NOCTURNA INTERNATIONAL FANTASTIC FILM FESTIVAL (I)

Por fin aterrizamos en Nocturna, el primer certamen de cine fantástico madrileño que, demostrando una fuerte apuesta por los medios online, nos acredita gentilmente como prensa para su primer acontecimiento en los cines Palafox. Nos sumamos pues a esta fiesta cinéfilo-gamberra ya en su quinto día de proyecciones, habiendo perdido una extensa oferta de films (unos 25) que trataremos de abordar más adelante en la medida que nos sea posible.
Nuestro primer contacto con los colaboradores del evento se podría considerar -sin ningún género de dudas- de magnífica. Espléndidos en su atención y con buenas dosis de entusiasmo en sus tareas, nos allanan el terreno para que disfrutemos de nuestras jornadas cinematográficas sin altercados ni imprevistos (además de entregarnos las acreditaciones+una guía del festival+bolsa nocturna+postal+horarios incluidos...todo un lujo).
Comenzamos nuestro periplo con el díptico para el serial de la TV por cable Masters of Horror que pese a estar editado hace algunos años, siempre es diferente en pantalla grande. Primero visualizamos el capítulo Chocolate, protagonizada por Henry Thomas (el Elliot de E.T) y tanto escrita como dirigida por el propio creador (y presente en la sala) Mick Garris. Un film modesto pero que despierta interés en su primera mitad, sobre todo en las primeras escenas "alucinatorias" del protagonista (su vivencia sexual psicológico-astral no tiene desperdicio), pero que adolece de cierta narrativa epidérmica (no hay apenas capas de lectura) y un exceso de modestia conceptual (no aspira a nada en concreto en su discurso).

Aunque aún no esté consolidado, el NOCTURNA augura un futuro fértil
Su segunda propuesta Valerie on the stairs, tiene un componente más biográfico (según las palabras del propio Garris), debido a la condición de novelista del protagonista. Una historia más compleja esta vez (demonios, fantasmas, delirios oníricos), que sin embargo naufraga en su mayor parte, aunque parcialmente ofrezca aciertos de toda índole (cámaras idóneamente incómodas, buenas interpretaciones secundarias y una notable atmósfera malsana en sus primeros minutos).


Un carismático Mick Garris presenció sus 2 films de terror que, según afirmó, nunca había visto de forma consecutiva
Tras una serie de preguntas y respuestas con el citado Garris (entrañable y con una melena canosa envidiable), hacemos algo de tiempo hasta afrontar nuestro primer film de estreno, la cinta sueca Wither.
En esta, una serie de adolescentes de lo más estereotipados (la pareja feliz, el tipo duro, el sosaina chistoso y las buenorras) se van a las ya no tan solitarias cabañas perdidas en el bosque para pasar un fin de semana como os podéis imaginar. Sangre a raudales, posesiones zombi y demás convencionalismos que tan sólo arrancaron carcajadas de complicidad gamberril en el público presente. Nosotros, por supuesto, nos sumamos a tal feria y nos lo pasamos de narices como estaba previsto, pero el film quedó pisoteado por su falta de personalidad y tan sólo lo destacaría por ser un calco sueco al prototipo de cinta al uso del cine norteamericano actual. Eso sí, no se le puede reprochar nada a nivel estético, es justo como nos esperamos que sea, aquí mandan los cánones en su puesta en escena.
Y por fin llegamos al plato fuerte del día (más bien de la noche, para ser consecuentes), el improcedente reboot de la mítica cinta de Tobe Hopper, La Matanza de Texas. Empañada de inicio por el insufrible sistema 3D, el film ofrece una intro por y para fans. Un refrito de imágenes de archivo que aceleran el pulso del cinéfilo y lo sitúan en la parrilla de salida ávido de más matanza en la ciudad tejana.
Sin embargo, tras un inicio monocorde y del todo "señalizado" (de manual, vamos), el film se inmola al no saber qué hacer con el excelente material de base, llegando incluso a lo bufonesco y sin aportar nada nuevo a una saga que ya se siente agotada de secuelas y remakes innecesarios.
Un leatherface más parecido al Vengador Tóxico que nunca amenaza la vida del grupito de descuidados teenagers de turno, procediendo a sus consecutivas y ensangrentadas muertes (eso sí, se esmeran en los desmembramientos y demás) para luego desembocar en un final modoso e imperdonable. Con todo, posee una factura técnica correcta en su construcción, y pésimas, pero divertidísimas, interpretaciones (con unas chicas ¿actrices? de contorno ligeritas de ropa y absolutamente impagables).
Un guilty pleasure que el cinéfilo disfrutará mientras lo consuma (con guiños a Tobe incluidos, humor cafre y demás lindezas al servicio del divertimento), pero que debería situarlo donde merece cuando termina, forzosamente más cerca de la anécdota cinematográfica que de otra cosa.
Así pues, ponemos fin de esta manera a nuestro primer día de Nocturna, con una sensación de "festival" en su principal acepción de la palabra y dispuestos a seguir con la fiesta, que de eso se trata, de pasarlo bien con propuestas desquiciadas y virulentas.

IR A DÍA 2

IR A DÍA 3

miércoles, 5 de junio de 2013

THE THEATRE BIZARRE (2011)

Las películas de episodios (o sketches) dedicados al género de terror, por lo común han funcionado de forma más que efectiva en términos de recaudación. Para encontrar referentes, tan sólo debemos remontarnos a finales de los años 60 (o principios de los 70) para ver lo bien que funcionaba el sello británico Amicus gracias a sus éxitos (La mansión de los crímenes, Dr. Terror...) o cruzar el charco y dar con la mísmisima Warner Bros en los 80 (el díptico Creepshow, la serie de Twilight zone, los films de Tales from the crypt...), y nos daremos cuenta de la brecha mercantil que este tipo de producciones significaron (sin pasar por alto los orígenes de tal estructura, con auténticos clásicos de la Ealing en los años 40 como la imperecedera Al morir la noche).
Empeñados pues algunos cineastas de hoy en revitalizar todo lo que antaño diera frutos económicos (un non-stop de refritos, remakes, secuelas, agotamientos de franquicias y demás propuestas del mismo corte), tratan de "seducirnos" con volver a recuperar el (hasta la fecha) entrañable formato de episodios.
Un inoperante Udo Kier como M.C
Haciendo un brevísimo balance histórico, observamos como el terror en el cine ha ido mutando de manera significativa con el paso de los años:
Desde el Frankenstein de James Whale o el Drácula de Lugosi -ambos de 1931- y pasando por el resto de monsters de la Universal, hasta llegar a los vampiros (y demás criaturas ya en color con el mítico Christopher Lee en la década de los 60), el género se había centrado exclusivamente en la figura de la monstruosidad de tintes fantásticos para transmitir "terror" al espectador.
Tras el estallido de la moda slasher a mediados de los 70 (Matanza de Texas, La noche de Halloween, Viernes 13, Maniac...) y aún agotando el filón zombie propiciado por Romero (sobre todo dentro del cine oportunista italiano tipo Fulci, Lamberto Bava y cía), el cine de terror había adoptado otra imagen. Ya todo se vertebraba gracias a lo sanguinolento, la ultra violencia y el abuso de la visceralidad (como bien demuestran algunos clásicos como Alien o Tiburón), aunque siempre gracias a la figura de por medio de aberrantes criaturas (con salvadas excepciones).
A día de hoy, con el gore cada vez más presente en el menú de cualquier cineasta, el terror ha mutado bruscamente de nuevo y se ha vuelto extremo, del todo estomagante en ocasiones, pero sin la necesidad de criatura alguna. Ejemplos actuales como Hostel, Frontière(s), Martyrs o incluso A Serbian Film son un ejemplo. Films excesivos que arrastran siempre controversia -cuando no problemas legales como la citada cinta serbia en Sitges- y que marcan una tendencia hacia el horror (ya no tanto terror) al alcance de unos pocos...muy pocos entregados a la causa.
Conscientes de que son producciones difíciles de soportar en un largometraje, muchos optan por realizar sus trabajos en formato corto o mediometraje, que a su vez acabarán fácilmente formando parte de un único film, casi exclusivo de festivales o pasto del DVD (y demás interminables formatos).
En el caso que hoy nos ocupa, la película de episodios The theatre bizarre, es un buen ejemplo de ello. Siete cineastas "marginales" que a menudo trabajan el terror/horror independiente, se reunen aquí para crear su propio carrusel sobre lo macabro, lo terroríficamente incómodo y porqué no decirlo, también de lo asqueroso.
Una historia central sobre una chica que mete sus narices en un teatro abandonado (que analizaré más adelante) dará lugar a la presentación de otros 6 relatos, que mejor detallo por separado.

1) LA MADRE DE LOS SAPOS del pintoresco Richard Stanley es el primer plato que nos sirven y sin duda, el peor de los seis. Dentro de este aséptico capítulo, una pareja norteamericana viaja a Francia para hacer turismo, además de ir en busca de un objeto esotérico (un libro) que según parece (no me queda claro del todo), el chico llevaba buscando mucho tiempo.

La pareja buscando simbologías de su interés, pero no del nuestro
El dichoso cuaderno sobre malas artes está en manos de una bruja francesa más o menos malvada, que seducirá al atolondrado protagonista y le cubrirá de viscosidades en un momento dado (previo encantamiento, por supuesto), como "madre de los sapos" que es. No rompo la magia si adelanto que la novia del susodicho irá en su busca y los verá en plena acción...

La bruja tentando con sus viscosidades de sapo
Con una puesta en escena insufrible y de lo más amateur, unas actuaciones horrendas del trío en cuestión y un sonido imperdonablemente descuidado, el director de Hardware, programado para matar nos "regala" un capítulo penoso, y abre el citado "teatro bizarro" aburriéndonos e irritándonos por igual. Tan sólo los encantos de la "rejuvenecida" hechicera en plena alucinación sexual (foto superior) merecen la pena. Lo demás, para olvidar. No podíamos empezar peor.

2) I LOVE YOU de Buddy Giovinazzo presenta los pormenores de una pareja en Berlin (perturbado él, ligerita ella) que, ante las obvias infidelidades de la chica, discuten fríamente sobre su relación, ya obsoleta. En este segmento del neoyorquino Giovinazzo la atmósfera cobra cierta magnitud enfermiza, ofrece un montaje más que notable y las dos actuaciones son sorprendentes, lo que sin duda, revoluciona la cinta y sirve de contrapeso visto el capítulo anterior.
La dolorosa intriga es palpable, la sensación de que algo malo pasará no merma nunca y el clímax final justifica las partes del diálogo menos conseguido, por lo que considero el trabajo del tal Buddy Giovinazzo como poco de encomiable.

Un intrigante plano inicial del estimable segmento "I love you"
3) SUEÑOS HÚMEDOS del mítico Tom Savini es la tercera historia (¿no iba ahora la vencida?) y sin embargo no hace la menor justicia a su prometedor título.
Un tipo sueña repetidamente que le cercenan el miembro, para luego ver atónito como su mujer se lo sirve como desayuno. Sus visitas al psiquiatra (el propio Savini) no parecen dar resultado y cada vez será más consciente de que algo extraño le está a punto de suceder, como si sus sueños fueran advertencias premonitorias...

Cerciorándose de que no le hayan cercenado realmente
Esta ensalada inverosímil de torture-porn gratuito y onirismo fallido no alcanza su cometido, que (no nos engañemos), era simplemente divertir y horrorizar a partes iguales. Su dosis de desmembramientos y demás caricias al protagonista (no tan bien realizadas como cabría esperar de Savini aunque la escena de los párpados hiele la sangre) no nos sirven ya como divertimento, y desfallecemos ante una imperante falta de ingenio y un escaso esfuerzo del equipo técnico por dotar al film de algo más que no sea hemoglobina de pote.

4) EL ACCIDENTE de Douglas Buck (responsable del corto de culto Cutting Moments) no mejora el entuerto con su aportación, más bien lo empeora. Buck crea un mini relato sobre la muerte, pretencioso y aburrido (suelen ir de la mano) sobre una niña y su madre que presencian un mortal accidente de carretera. Abusa en su intento de "suspender el tiempo" con la cámara, de dar otra dimensión a un acontecimiento trágico y encima, mostrar la incómoda muerte de un alce que acaba por divorciarnos de su narración. Un episodio para olvidar que desentona, y mucho, dentro de este irregular pastiche de terror contemporáneo.

5) MANCHAS EN LA VISIÓN de Karim Hussain ya es otro cantar. El cineasta canadiense firma sin lugar a dudas el mejor capítulo del carrusel y les gana por goleada al resto (con permiso de David Gregory). Una mirada en retrospectiva a la trayectoria del autor ya lo justifica. Guionista de Los Abandonados de nuestro Nacho Cerdà, ayudante de cámara en la divertidísima Hobo with a shotgun, segundo de a bordo en Antiviral de Cronenberg Jr. o más recientemente colaborando en el film del mismo estilo The ABC's of death e incluso en la inquietante serie televisiva Hannibal.
Su idea aquí versa sobre una chica obsesionada con las imágenes que quedan en la retina segundos antes de morir. Asesina cruelmente a vagabundos, yonkis y calaña semejante para, poco antes de que estos mueran, clavarles una aguja en la retina y extraerles el líquido ocular (¿humor vítreo?) que segundos después, ella misma se inyecta en su propio ojo. Así consigue ver en flashes parte de la vida de los finados para luego plasmarlo en sus diarios.
Un día, persigue a una adicta embarazada porque desea comprobar las visiones que pueda sugerirle un embrión aún sin experiencias vitales, pero el desenlace será del todo inesperado.
Gracias a una composición de planos coherentes con la trama (desde el plano tatami al aberrante, pasando por los primerísimos primer planos o incluso los angulares y el uso del slow-motion, todos ofreciendo sensación de desequilibrio mental), el director desata una historia casi brillante, sin duda original y brutalmente potente sobre una grillada chica callejera.
Por supuesto hay gore y hechos desagradables, pero la idea del film lo requiere y están justificados como nunca, llevando al extremo las posibilidades que brinda el atractivo argumento de base.
Tan sólo un desenlace final relativamente absurdo (y demasiado obvio) empaña un episodio de latente interés, donde incluso algunas composiciones de su puesta en escena resultan magníficas (ese callejón vacío lo explica todo sin mostrar nada).

6) DULCES de David Gregory cierra el film de una manera "bizarramente" estimulante. Me explico: Una pareja ha basado su relación en el consumo compulsivo de dulces (hagan lo que hagan, siempre se están atiborrando) y como era de prever, su anómalo noviazgo toca a su fin. Él, desesperado e inútilmente enamorado le ruega no romper su idilio. Ella, fría y manipuladora, espera pacientemente el momento de su máximo "placer gastronómico".
Ciertamente indigesto, repulsivo y del todo inclasificable, esta sátira de las comedias románticas azucaradas llevada al máximo exponente se reserva incluso momentos de canibalismo, sexo extraño y rituales sectarios, con un climax plagado de weirdos absolutamente vomitivo. Gregory supera así los límites (pre)supuestos de lo grosero y rubrica un trabajo excepcionalmente diferente, anormal incluso dentro de lo bizarro.

Un festival de asquerosidad y canibalismo de alturas y connotaciones bíblicas
La fuerza de sus imágenes (para bien o para mal), son extenuantes, y precipitan al espectador hacia un estado de repulsión "estimulante", demostrando el poder y la fuerza que el cine, proponga el estilo que proponga, pueda suscitar.
Un ejercicio exclusivo para los más encallecidos fans del género y del todo descartable para el amplio resto.
Finalmente, y retomando el segmento que envuelve y (trata inútilmente de hilvanar) la trama en el citado teatro (filmado por el tal Jeremy Kasten), destacar simplemente que el maestro ceremonial es el adusto Udo Kier vestido de marioneta guiñolesca, y que ya ni se entiende, ni sirve para reflotar el producto, tan irregular que no funciona salvo momentos (segmentos) puntuales.

sábado, 25 de mayo de 2013

EL FUEGO FATUO (1963)

"La vida, conmigo, no transcurre lo bastante deprisa, así que la acelero.... la corrijo. Mañana me mato". Así de contundente es Alain Leroy mientras se pasea el cañón de su pistola por la cara tras escuchar que su alcoholismo parece estar médicamente superado.
Tampoco vemos que se sienta reconfortado con las palabras de ánimo del doctor a su cargo:
- Alain...la vida es algo bueno.
- ¡Dígame en qué!, doctor. Responde amargamente.
Esto es lo que nos deparan los primeros minutos de El Fuego Fatuo (Le Feu Follet, 1963), uno de los films más aclamados (y difíciles de digerir) que ofreciera la Francia de principios de los 60.
Intencionadamente rodada al margen de la -para muchos- irritante y a menudo inaccesible Nouvelle Vague, pero con algunos inevitables puntos en común con este movimiento, el film de Louis Malle centra su discurso en el último día y medio con vida del citado Alain, un adulto cansado de su existencia que ha tomado una trágica determinación, suicidarse al día siguiente.
Conocedor de que su acomodada estancia en el sanatorio de desintoxicación llega a su fin y sin nada que le espere fuera, Alain decide salir a París a despedirse de aquellos que, de un modo u otro, han dejado huella en su vida.

Alain con su arma. Mañana se mata.
Durante su viaje, trataremos de entender las frustraciones que le consumen, el porqué de tamaña decisión y los entresijos de su vida pasada, que tanta herida parece haberle dejado.
El suicidio nunca debería convertirse en una salida, pero lo será para Alain, ya que entiende que ha perdido por completo su identidad y no le queda nada; ni tan siquiera su ausente mujer americana, tan lejos que ya no le importa.
Años atrás, su fama de chico irresistible, de juerguista y Don Juan, era sonada en París. Su estela llegó casi a ser legendaria, como así lo recuerda el chico que estuvo a su lado en los San Fermines, el tipo que rememora sus valientes carreras en Karts por la ciudad, más un sinfín de recuerdos del estilo que alimentan su ya irreconocible estampa.

Los mejores momentos, sus antiguas conquistas.
La sombra en el cristal no engaña a nadie... Alain no paseaba solo...
El ahora sobrio y sombrío Alain, el que un día fuese un auténtico vividor, sin empleo conocido y pernoctando de hotel en hotel, de infinitas correrías y con una larga lista de conquistas a sus espaldas, quiere dejar este mundo. Ya nada de aquello le compensa, incluso aquél infalible atractivo de antaño parece no afectar a las jóvenes actuales, que sólo ven en éste un adulto desfasado, o quizá como el mismo Alain confiesa, llegar a parecerles simple y dolorosamente, un "señor amable".
A todos les avisa que se va, que les deja. La jornada dará para mucho; reuniones incómodas, varios intentos de frenar su impulso, falsedades varias y caras de incredulidad ante lo que para todos parece ser casi otra broma más del antiguo conquistador.
Basada en la novela homónima de Pierre Drieu "La Rochelle", la obra de Malle desprende una fuerte dosis de melancolía y sufrimiento, además dentro de un encuadre tan derrotista como decadente en términos cinematográficos, pero sin duda también consigue emanar un cierto tufo a verdad, a dolorosa y casi poética verdad en su interior.

Despidiéndose sinceramente de sus amigos Parisinos
De todas formas, el astuto Malle se las arregla para que nuestro compromiso con el protagonista no sea total, mediante una puesta en escena muy concreta y astutamente estudiada. Ni rastro de planos subjetivos, nada de complicidad con nuestro protagonista. La cámara no juega con ser primera persona, mas si plantea un juego de cámara "espía", que cuenta pero no juzga, enseña pero no se entromete, que nos aleja lo necesario para evitar perjudicarnos.
Acompañaremos pues al derrotado Alain (idóneo Maurice Ronet) en su espiral de pensamientos negativos, de autoconvicción pesimista sin remedio. Pero todavía ofrece más capas de lectura.
El mundo del cual él se despide también parece estar podrido, no descubre signo alguno de alegría por vivir ni motivos suficientes para seguir en él. Y así se nos muestra, un mundo moribundo, casi muerto.
Sus amigos, socialmente adormilados, parecen zombies encerrados en sus hogares, gentes de personalidades anuladas sin ninguna proyección vital. Igual con sus amantes, conocidos, las enfermeras... Nadie parece estar realmente vivo.
Film pues determinantemente sobrio -que no aburrido-, denso -mas no sesudo- y tranquilo -aunque no lento-, que en ningún momento recurre a la trampa (aunque si al cartón, como demuestra la escena del reflejo en los cristales (ver foto)).
La película tan sólo es culpable de mirar hacia esa angustiosa realidad de alguien, que no quiere estar en este mundo, que le asquea su vida, que se despide, se aleja.

Un último paseo por Paris. Ya nada es lo que era. 

Pasen y vean pues, y valoren la última jornada y media de Alain en este planeta por ustedes mismos gracias al notable trabajo de Luois Malle. Una película descarnada y dolorosa que no se esconde, que afronta una realidad trágica con las dosis justas de pesimismo.



lunes, 20 de mayo de 2013

VIERNES 13 (BLACK FRIDAY) (1940)

La producción de Black friday se revela como un nuevo intento por parte de la Universal para reinventarse y alejarse del estancamiento y decadencia que sus franquicias de monstruos empezaban a experimentar con proyectos cada vez más cercanos a la serie B y con unos estándares de calidad que iban a menos de forma alarmante. Podemos apreciar para este filme una sugerente mezcla de géneros que así lo demuestra, por un lado manteniendo el toque de fantástico y ciencia ficción (más que de terror), pero añadiendo un ambiente cercano al del cine negro tan de moda en esos años, incluyendo hasta la figura de la femme fatale. Este último detalle es un cambio más que notable, pues hasta el momento en la mayoría de obras de la Universal, la figura femenina era usada para las convencionales historias de amor con final feliz o como propicias víctimas del "malo" de turno y hacerlas gritar o exclamarse en los momentos oportunos. Sin embargo, los estudios seguían teniendo claro que a la hora de apostar por los protagonistas, lo mejor era tirar de referentes seguros con actores reconocidos por el gran público y ampliamente conocidos en la casa. De esta forma, este título a priori puede parecer un nuevo enfrentamiento en la gran pantalla entre Boris Karloff y Bela Lugosi, como ya pasara anteriormente en Satanás (The black cat, 1934), El poder invisible (The invisible ray, 1936) o El hijo de Frankenstein (Son of Frankenstein, 1939) por citar algunas. Pero nada más lejos de lo que acabó suponiendo para ambos este film. Karloff seguía teniendo una buena tirada y trabajando para diferentes estudios en películas del género de terror, mientras que Lugosi ya había empezado a ver como la llama de su fama se iba apagando a pasos acelerados, viéndose abocado a trabajar en producciones cada vez más marginales merced de pequeños estudios. El papel principal tenía que recaer en sus espaldas, pero antes de que se iniciara el rodaje le fue entregado a Karloff, primera estocada para el actor búlgaro. Tampoco logró que se le entregara el papel más jugoso que quedaba para encarnar al profesor George Kingsley, recayendo este a manos de Stanley Ridges, por lo que Lugosi tuvo que conformarse con un pequeño y residual papel de gángster que poco aporta a la historia principal del filme, demostrando claramente que su estatus de estrella ya era cosa del pasado.
Caminando hacia la silla eléctrica
Volviendo al teórico enfrentamiento entre los que posiblemente fueron los más grandes actores del cine clásico de terror de los 30 y los 40, aquí no llegan a compartir ningún plano, por lo que no podemos considerar realmente que se trate de un nuevo duelo entre ellos y se debe considerar como una operación de marketing el que fuera promocionado de esta manera (solo hace falta ver el cartel original). La historia es presentada mediante unas breves secuencias -concisas y muy bien hilvanadas que sirven para ponernos en situación- en las que asistimos al recorrido del Dr. Ernest Sovac (Boris Karloff) desde su celda hasta la silla eléctrica, haciendo una pausa para entregar su diario personal a uno de los periodistas presentes a la ejecución, el único según él que trató el caso con justicia. La lectura de sus notas nos adentrará en un largo flashblack que será el conductor de toda la historia que terminará por llevar al doctor a ser condenado a muerte. El otro gran protagonista del filme es el gran amigo de Sovac, el afable profesor de literatura George Kingsley (Stanley Ridges), quien es mortalmente herido al ser atropellado por un coche en el que huía Red Cannon, el jefe de una banda de gángsters, quien también queda herido de gravedad con la columna rota. La inminente muerte de su amigo pone a Sovac en una encrucijada moral,

El coche conducido por Red Cannon arrolla al profesor Kingsley dejándole al borde de la muerte

Sovac intenta despertar los recuerdos acerca del botín encerrados en el cerebro de su amigo
pues para salvarle requeriría realizarle un trasplante de parte del cerebro, una operación que el doctor ya ha practicado con animales, pero evidentemente ilegal y amoral del todo en seres humanos. Es así como finalmente tomará la decisión de coger el cerebro del malherido mafioso para implantarlo en el cuerpo de Kingsley, manteniendo el secreto del método utilizado para sanarle. Ya de vuelta a la vida normal, con el profesor practicamente recuperado, Sovac descubre en la prensa escrita que Red Cannon huía del resto de su banda antes de tener el accidente tras haber escondido un botín de 500.000$. Es aquí cuando la ambición de Sovac se hará manifesta e intentará despertar los recuerdos de la parte del cerebro del mafioso trasplantada al tranquilo profesor para hacerse con el dinero. Sin embargo, lo que no podía esperarse es que será Red quien tomará esporádicamente el control del cuerpo en el que se encuentra, empezando así su particular venganza contra sus cuatro excompañeros de la banda, encabezados ahora por Eric Marnay (un Bela Lugosi poco más que testimonial).
A diferencia de muchas de las producciones que la Universal realizó como continuación de las sagas más famosas de sus monstruos -véase la saga de la momia Kharis o las esperpénticas mezclas de monstruos junto a los "cómicos" Abott y Costello, por citar algunas-, aquí el guión es realmente sólido de principio a fin, resultando una película que consigue un notable equilibrio entre su vertiente fantástico-científica (el trasplante de cerebros, el despertar una mente en otro cuerpo...) y su innegable aroma de film noir (gángsters, venganzas, botines y femme fatale...), siendo un buen entretenimiento para sus poco más de 70 minutos, dirigidos con un vigoroso ritmo.
Lugosi en un papel muy pequeño para lo que llegó a ser...
Resulta curioso el papel desempeñado por Karloff aquí, pues en cierta manera nos recuerda al que interpretaría años más tarde en La zíngara y los monstruos (House of Frankenstein, 1944) en el que encarnaba al Dr. Niemann, quien cumplía condena por trasplantar un cerebro humano a un perro. Siendo un tipo de papel en el que se vería relativamente encasillado a lo largo de su carrera, el del mad doctor. La gran diferencia es que aquí resulta un doctor que en origen no es maligno, sino que simplemente cae tentado por el dinero, apreciándose en su interpretación su inocencia al ser incapaz de controlar a Kingsley cuando su cuerpo es poseído por Red. Por contra da cierta lástima ver a un Lugosi tan anónimo, en un papel de secundario que casi resulta intrascendente en la trama principal, más cuando podría haber dado algo más de juego. Aunque sería injusto decir que el buen trabajo desplegado en su doble papel (como profesor Kingsley y el mafioso Red Cannon) por Stanley Ridges habría resultado igualmente convincente en manos del monocorde y limitado actor húngaro. Para la transformación de Kingsley a Red Cannon se contó con la colaboración del especialista en maquillaje Jack P. Pierce -responsable de los grandes maquillajes de El Doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) o La momia (The mummy, 1932) entre muchos otros clásicos de la Universal-, siendo notable la transformación física con unos ligeros retoques de maquillaje, un cambio de peinado y unas simples lentillas.

La aparición de los fantasmas de sus víctimas acosan al profesor en plena clase...
A lo largo de la película hay bastantes detalles en su plasmación en pantalla que la sitúan por encima de muchas producciones que los mismos estudios, ya no solo la consistencia de la historia, sino imágenes que hablan por sí solas, como cuando la cámara se fija en el paraguas de Kingsley destrozado en el suelo tras ser atropellado para darnos a entender el fatal destino del profesor; o cuando a Red Cannon se le aparecen los fantasmas de sus víctimas, mediante un efectivo truco de sobreimpresiones. La dirección corrió a cargo de Arthur Lubin, quien años más tarde dirigiría el remake de El fantasma de la ópera (Phantom of the opera, 1943) para los mismos estudios, en la que se mostró mucho menos sugerente que en la obra que comentamos hoy y mucho menos aun que el gran clásico que interpretó en 1925 el genial Lon Chaney.
Una película que recomendamos rescatar por lo desconocida que es y por el innegable interés que esconde.

sábado, 18 de mayo de 2013

RELÁMPAGO SOBRE AGUA (1980)

Durante el rodaje de "55 días en Pekín" (55 days at Peking, 1963), el director Nicholas Ray sufrió un ataque al corazón que precipitó su final tras las cámaras. Tras el incidente, 'Nick' invirtió su tiempo en la enseñanza sobre cine (fue profesor de Universidad) y abandonó las filmaciones con los grandes estudios para orientarse ya hacia pequeños proyectos más alternativos.
13 años después del fallo cardíaco y en esta ocasión acompañado de sus alumnos (entre ellos, un jovencísimo Jim 'cool' Jarmusch), el magnífico director de Rebelde Sin Causa firmaría una rareza experimental titulada Nunca volveremos a casa (We can't go home again, 1976) que no acabaría teniendo apenas repercusión más allá del interés que su persona pudiera ya suscitar (y que se refleja en parte dentro de esta Relámpago sobre agua).
Sin embargo, su aparición en un film (hoy de culto) como El amigo americano (Der Amerikanische Freund, 1977), permitió a Ray conocer bien al director de la misma, el alemán Wim Wenders, con quién pactó realizar un film conjunto en el futuro porque consideraba que sus talentos darían un fruto exquisito.
El cerebral Wim ya sabía que Nick padecía un cáncer terminal cuando decidió visitarlo aquél 8 de abril de 1979 en su loft del Soho, en Nueva York. La enfermedad estaba en un estado tan avanzado que Nick, pese a sólo sumar 67 años, estaba considerablemente demacrado y visiblemente débil.
Wenders conversando con Nick acerca de su proyecto mutuo
La idea de su reunión adquirió entonces un significado bien distinto debido a lo delicado de la situación, y el cineasta alemán no tardó en sincerarse con Nick, planteándole un asunto muy difícil de afrontar con elogiable entereza.
Su cercana muerte y cómo eso trastocaba por completo el rodaje de su film.
El interés de trabajar en un proyecto común se transformó forzosamente en un testamento fílmico del deteriorado Ray, que confíó plenamente en su colega bávaro para documentar su último esfuerzo por y para el cine (sin haber concebido tan siquiera un guión previo).
Wenders promete a Nick honradez, transparencia y nada de morbosidad en sus filmaciones, pero no le será tan sencillo. El objetivo de la cámara, ajeno a cualquier postura ética o moral, acaba mostrando con verdadera crudeza la penosa realidad de Ray y registra sin piedad su lamentable estado físico en cada una de sus intervenciones.

Wim y Nicholas conversando sobre el guión de su film

Nicholas Ray, en sus últimos días de vida
Veremos como Nick se levanta lentamente de la cama, sin pantalones, y lo primero que hace es fumarse un cigarro. Y tose. Y vuelve a toser. El cáncer le carcome, pero Ray se resiste a dejar de fumar. Sufre a cada minuto que pasa y nos hace sufrir a nosotros. Sin embargo, es su decisión. No quiso irse de manera deshonesta con su forma de vivir y entender la vida.
La cámara nos muestra además que ese color rojo encendido que Ray siempre usó en su cine, no era algo casual ni mucho menos. En su diáfano loft del Soho, objetos tan cotidianos como un simple teléfono, una silla, unas camisas, unos pijamas o algunos efectos personales lucen ese mismo tono encarnado. Un color que nos remite a lo crítico, a lo incandescente, a lo fatal. Casi como una suerte de epifanía de lo infernal que está por llegar y que Nick, como hacía en sus películas, ya nos estaba avisando prematuramente.

Ray con su hijo de fondo mientras proyectan su "Hombres Errantes"

El sugestivo y casi subjetivo uso de cámara usado por Wenders

La tragedia está servida y ningún espectador se sorprenderá con el desenlace o "twist" que le depara el metraje, pero sí merece un especial atención a diversos aciertos intelectuales de Wenders en su montaje y/o composición de planos e ideas.
Alternando acertadamente cámaras de 16mm con otras de 35 (creando una visión personal y otra ficcional), Wenders consigue bifurcar nuestra mirada e impregnar de cierta nostalgia fílmica su ya "condenada" obra, que sin casi pretenderlo, rezuma buenas dosis de tristeza desde su inicio.
Con un pie en el docudrama y otro en la ficción (nunca se sabe qué no está realmente planeado), el joven cineasta propone un ejercicio interesantemente confuso, a medio camino entre el homenaje y la obligación de llevar  a cabo el deseo (casi capricho) de uno de los grandes del cine clásico americano.
Su mirada, respetuosa en todo momento, atiende a un motivo de enorme importancia. En palabras del propio Ray "..este debe ser un film que trate sobre un hombre que quiere encontrarse a sí mismo antes de morir...".
Wenders, en su afán de detener el tiempo con su cámara, ofrece planos largos y parsimoniosos suspendidos en el aire, que dotan al metraje de una atemporalidad y distinción muy adecuada. En un momento del film, nos explica brillantemente su postura ética con un único pero esclarecedor plano. Vemos como el visor de su cámara enfoca un puente neoyorkino con absoluta nitidez, revelando la verdad del momento, sin adornos.
El resto del encuadre, todo aquello que envuelve la cámara, se nos muestra totalmente desenfocado, creando un exquisito contraste. La cámara no engaña a nadie, dice la verdad tal y como es. Ella es la culpable, y no Wenders, de mostrar tanto dolor y realismo en su película.
Asistiremos al último speech de Ray previo al pase de su Hombres Errantes (The Lusty Men,1952) con Robert Mitchum; a cómo los hijos de éste aguardan a su vera el fatal desenlace con extraña paz o como Ray se asusta pero asimila su paso hacia la eternidad, dando una lección sobre la vida y la muerte con pequeños gestos (miradas a cámara, resistiéndose a ser retratado como no merece, manteniendo un discurso coherente con la vida...).

Nicholas Ray, un director mítico.
Todos nos veremos reflejados en la agonia final del maestro, quién más o quién menos, todos compartiremos su dolor y empatizaremos con su última cruzada personal.
Finalmente, y tras 1 mes de ausencia, Wim vuelve a NY, esta vez junto a su mujer, para visitar de nuevo a Ray por última vez. Sus problemas de salud se han agravado y resultan ya determinantes para que todo concluya. Una vida fascinante de uno de los mejores directores de la historia del cine, un luchador incansable que terminó su vida como escogió, haciendo cine.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...