sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS VIAJEROS DE LA NOCHE (NEAR DARK) (1987)

Curiosísimo segundo largometraje de la oscarizada Kathryn Bigelow (En Tierra Hostil, Le llaman Bodhi..), ex-mujer del titánico James Cameron y pintora de vocación (de las finas, nada de "brochas gordas"...), que asombró a público y crítica al aunar dos géneros hasta la fecha repelidos entre sí, el western y el terror (más concretamente, el vampírico).
Considerada por algunos como la "road movie" de chupasangres definitiva, esta "Near Dark" consigue mantener intacta su condición de cinta de culto un cuarto de siglo después, por aspectos que trataré de exponer a continuación y por los que considero está todavía por ponderar merecidamente.
Un joven cowboy trata de seducir a Mae, una chica nueva en la ciudad, a la que consigue llevarse en su furgoneta para estar románticamente "a solas". Su peculiar cita se acaba alargando un poco (dichosa mojigatería) y, al ver que el tiempo se les echa encima y pronto amanecerá, Mae comienza a ponerse nerviosa y ansía volver a la ciudad.
Nuestro sicalíptico vaquero, creyendo que son meras excusas para terminar con la cita, detiene su furgoneta en medio de ningún sitio y coacciona a la joven para obtener aunque sea un mísero beso. El asunto se complica cuando, en vez de propinarle un morreo de consolación, la hasta ahora adorable Mae le hinca sus afilados colmillos y le succiona (chupar sería malinterpretable aquí) la sangre al estupefacto zagal.
Poco tardará en descubrir que ha sido mordido por una criatura de la noche (no se oye la palabra vampiro en todo el film) y que, lenta y dolorosamente, también se está convirtiendo en uno de ellos.
Así pues, en su lógica búsqueda de respuestas se unirá al grupo de Mae, unos despiadados seres nocturnos que deambulan buscando víctimas y esquivando la luz solar, que resulta mortal para ellos (incluso tintan las lunas de su furgoneta para no chamuscarse).
Experimentará entonces diversos cambios en su persona, como una inaguantable sed hemoglobínica o un desarrollo sobrehumano de su fuerza física, aparte de la comentada intolerancia a la luz solar, que lo quema en segundos (excelente la secuencia donde lo descubre mientras huye despavorido).
Sorprendentemente, la atracción hacía Mae no se ha visto demasiado afectada y su singular mini-historia de amor aún no ha terminado, o al menos, eso parece...

Entrando en la cantina para su particular banquete


Con su acertadísimo trasfondo de road movie nocturno, el film de Bigelow es capaz de transformar una (sobre el papel) insulsa historia más sobre romances adolescentes con vampiros (lo que sería ahora la aborrecible saga de "Crepúsculo") en un inquietante y brutal relato tan novedoso como sugerente, de una atmósfera única y dificilmente repetible.
Secuencias ya indelebles como la sangría en la taberna (el mejor momento de la película, con ese grupo de vampiros absolutamente despiadados), o esa "bala escupida" por uno de ellos tras ser disparado a bocajarro son claros ejemplos de la originalidad y fuerza visual del film, que tan sólo acusa ciertas gratuidades y pocas, pero algunas, incongruencias argumentales (esa noche tan risiblemente corta en el hotel).
Tampoco es que la relación sentimental entre los dos protagonistas nos estimule demasiado, pero creo que es una minuta que pagaremos sin demasiado esfuerzo viendo la resolución en diferentes aspectos del film (aunque esa secuencia final sea de juzgado de guardia y haya un par de carantoñas absurdas).
Dentro de su apartado interpretativo, la película guarda algunas gratas sorpresas (sobre todo para el cinéfilo) que me gustaría repasar, y es el hecho de que tres actores de la exitosa "Aliens: el regreso" (recordemos, de su futuro marido James Cameron), comparten también aquí cartel. Lance Henriksen (Bishop), Bill Paxton (Hudson) y Jenette Goldstein (Vasquez), son aquí compañeros de correrías vampíricas nocturnas, un año después de compartir nave y aventuras con la mítica Ripley / Sigourney Weaver.
Coincidencias o casualidades del destino, hubo otra filmación ese mismo año (sospechosamente similar) y que también parece gozar de cierto prestigio cinematográfico como fue "Jóvenes Ocultos" (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987), la cual se difumina en mi memoria y tarde o temprano deberé revisionar (por cierto, con los años, se convirtió en una trilogía barata).


En resumidas cuentas, esta Los Viajeros de la Noche (sobre estas líneas, una fotografía promocional)se erige como un film original e inquietante, de buena factura atmosférica y con una muy estimulante mixtura de géneros, inédita hasta la fecha (años más tarde, John Carpenter realizaría una fantástica revisitación al mismo concepto con su estupenda "Vampiros").
Terminaré añadiendo que ya se hornea en Hollywood un posible remake, aún sin fecha ni nombres, pero que con mucha probabilidad, atenderá a caprichosos intereses comerciales, vistas las últimas tendencias de esos chupasangres con acné tan y tan asquerosamente rentables (y no señalo a nadie...).

 

viernes, 14 de septiembre de 2012

DOCTOR CÍCLOPE (DR. CYCLOPS) (1940)

Afortunadamente el fondo de armario del séptimo arte es tan descomunal, que en muchas ocasiones, casi sin proponérselo es posible tropezar con una obra desconocida para el público en general, incluso para aquellos que se auto denominan cinéfagos, y que esconda una película tan apreciable como ha sido el caso con esta Dr. Cyclops.
No voy a engañaros, no sabía ni de su existencia hasta hace pocos días, pero una vez vista y saboreada, ya la tengo bien archivada junto a mis otros clásicos de ciencia-ficción.
Anticiparos que el director de esta obra fue Ernest B. Schoedsack, nada menos que el responsable de películas del nivel de El malvado Zaroff (1932) o King Kong (1933), ambas imprescindibles en la dvdteca de cualquier amante del cine que se precie, por lo que no debería extrañarnos la calidad y originalidad que emanan algunas de las imágenes de la que comentamos hoy, aunque no llegue a la altura de sus predecesoras.
Mendoza observa con miedo el avance de los experimentos del que fuera su mentor...
La historia arranca con una escena que sirve de carta de presentación del Dr. Thorkel (Albert Dekker), inmerso en una investigación en plena Selva Amazónica, donde llegó dos años atrás a petición del Dr. Mendoza, un antiguo alumno suyo que descubrió allí un increíble yacimiento de radio y quería ayuda para valorar las posibles aplicaciones dentro del campo de la biología molecular, en el cual Thorkel es toda una eminencia. Ante el cariz que ha tomado la investigación y sus experimentos a lo largo de este tiempo, Mendoza está decidido a parar a su antiguo profesor antes de que sea demasiado tarde, pero solo conseguirá convertirse en su primera víctima (pinta bien).

Los investigadores admirando el trabajo de Thorkel...
Thorkel, con la vista seriamente dañada, se pondrá en contacto con el Dr. Bulfinch para que junto a otros científicos que ha elegido, vayan a reunirse con él para colaborar con su trabajo.
A pesar de la fama de problemático que le ha acompañado durante toda su carrera, la curiosidad científica prevalece y acaban yendo a su encuentro.
Mad doctor en plena acción...
Una vez allí en principio son bien recibidos por el doctor, pero tras una breve ayuda que les solicita, se muestra exageradamente descortés exigiéndoles que se vayan inmediatamente y no le molesten.
La negativa de estos a irse sin más tras el largo viaje, hará sospechar a Thorkel que le quieren robar su trabajo, por lo que no se lo pensará dos veces a tomar medidas drásticas, empleando su condensador de radio para reducir de tamaño a todos los miembros del grupo. Quiero hacer un inciso aquí, me parece un acierto en esta escena dejar la acción fuera de plano, subiendo la tensión del film, mientras vemos al doctor disfrutando al accionar los controles y escuchamos los gritos desesperados de sus colegas de profesión.
Para acto seguido en la siguiente escena ver a Thorkel metiendo las ropas de sus invitados en un saco y pidiendo paciencia a su hambriento gato. Tras esto, y por si alguien tenía alguna duda, tenemos claro que estamos ante uno de esos mad doctors que buscan erigirse como Dioses.
A partir de este punto, la película saca partido del reducido tamaño de sus protagonistas, poniéndoles a prueba para lidiar con problemas, que en condiciones normales con nuestro tamaño normal, nos pasan totalmente desapercibidos y que el cine ya ha tratado en múltiples ocasiones.
En este sentido, quizás la película más reconocida con esta temática sea El increíble hombre menguante (1957), un clásico con unos notables efectos especiales y un guión sencillo pero muy funcional, que sigue resistiendo el paso del tiempo sin perder su vigencia. Sin embargo, hay otras anteriores en la que se nos muestran las peripecias de hombres reducidos, Tod Browning con su excelente Muñecos infernales (1936), construyó una muy interesante historia de venganza donde destacaban los detalles de los enormes decorados como el mueble del dormitorio por el que se movían los diminutos muñecos. También en la década de los 60, esta vez en formato televisivo y a lo largo de 2 temporadas, se emitió Tierra de gigantes, donde una expedición espacial acababa en un planeta habitado por enormes seres de aspecto humanos pero con funestas intenciones.
Más cercana en el tiempo, protagonizada por Rick Moranis y en tono de comedia está Cariño, he encogido a los niños (1989), donde se nos contaban las peripecias de un grupo de niños reducidos perdidos en un jardín que se convertía en una enorme y salvaje selva, llena de peligros para ellos, y ahora mismo no me vienen más títulos similares a la cabeza, pero seguro que hay unos cuantos más...
Dr. Cyclops por un lado me ha sorprendido positivamente y me he dejado llevar por una historia la mar de entretenida, pero no puedo dejar de lamentarme por algunos fallos de su guión y la falta de desarrollo en algunos aspectos, que hacen que no llegue a ser una obra redonda y completamente satisfactoria.

Uno de los decorados creados para dar la sensación del reducido tamaño de los protagonistas...

El personaje de Thorkel y su estrafalario aspecto con esas minúsculas gafas ajustadas a sus ojos, en la fase inicial de sus experimentos nos hace concebir muchas esperanzas de encontrarnos ante un mad doctor de los que marcan época, pero después de la reducción de tamaño de los investigadores, aporta poco más que un mero gigante que se dedica a buscar a sus diminutos y molestos invitados por la casa, el jardín y finalmente por la selva sin demasiados alicientes más (exceptuando algunos momentos como la medición de Bulfinch). En esta segunda parte se simplifica mucho la trama, pero se sostiene gracias a la gran calidad de sus efectos especiales (aunque los primeros planos donde el uso de trasparencias para crear la sensación de un gigante y los humanos reducidos no están demasiado conseguidos). Afortunadamente después logra sorprendernos gratamente combinando diferentes recursos visuales y técnicos para plasmar en pantalla un mundo gigantesco para los reducidos científicos. Así hay momentos en el que se usan enormes maquetas por las que se mueven los protagonistas, otros en los que se usa transparencias combinando con maquetas gigantes, en las que destaca además que mantengan diálogos que hacen más creíble aún la integración (ver las dos fotos de abajo) y así redimir algunos fallos de su guión (como el mágico cambio de color de los ropajes, un misterio sin resolver, o el no aprovechar alguna clara ocasión para sacarse de encima a Thorkel).

Uno de los mejores momentos con el uso de una maqueta de la mano, con Thorkel al fondo en una transparencia y el actor de carne y hueso sufriendo sus experimentos, mientras mantienen un diálogo.

También en el aspecto de definición de los personajes, el film poco aporta en este sentido, y a excepción del malo de la función, que sí desprende cierto carisma, el resto son bastante planos y nulamente desarrollados. Pero no nos engañemos, el espectáculo dura poco más de 70 minutos y su intención no era otra que la de ser un mero entretenimiento, propósito que consigue mayormente.
Otro punto interesante y que merece que comentemos es que a pesar de ser una película de 1940, esta es en color, luciendo un technicolor de tonos verdosos que logra mejorar los efectos (sobre todo lo relativo a la luz de la radiación verdosa) y a la ambientación de la selva.



Por otro lado mencionar el origen de este nombre de Dr. Cyclops, que no es otro que dos referencias que se desarrollan a lo largo de su metraje. La primera en un diálogo entre Thorkel y un reducido pero valiente Dr. Bulfinch, en el que éste no duda en encarársele para recriminarle sus actos y recordarle que a pesar de su posición de poder, piense lo que pasó con Ulises y el Cíclope; y en segundo lugar en un momento en el que Thorkel, prosigue la búsqueda con uno de los cristales de sus gafas roto y dice: "Ahora sí que pueden llamarme Cíclope, sólo tengo un ojo". Son dos detalles que me han gustado.
En resumidas cuentas, un film menor dentro del género de la ciencia ficción pero que merece la pena descubrir, dejarse llevar por su toque ligeramente naif (aunque en ciertos momentos concebí esperanzas de que tomara el camino hacia el género de terror puro), pero aun así perfectamente disfrutable.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

PUÑOS ROSAS (2004)

Tercer largometraje del cineasta mexicano Beto Gómez y quizás el film de mayor crudeza dentro de su filmografía, ya que retrata la violencia que se vive en el norte de su país (de donde él procede, curiosamente), muy cerca de la frontera con Estados Unidos y alejado de los puntos más visitados por los turistas.
Beto nos cuenta la amarga historia de dos personajes antagonistas (uno, un chico responsable con fuertes valores personales; el otro, un matón despiadado de la mafia), que compartirán un caprichoso destino.
En primer lugar se nos presenta a Jimmy Morales (Rodrigo Oviedo), un joven boxeador admirador de Steve McQueen que se gana la vida como embalsamador (ayudando así en el negocio familiar) pero que procura labrarse una carrera deportiva lo suficientemente sólida como para largarse en cuanto pueda.
Jimmy está acostumbrado a la soledad y a tratar diariamente con cadáveres, comprendiendo perfectamente además que el hampa meta las narices en dicho negocio, por razones obvias.
Paralelamente se nos presenta a Germán (José Yenque, el mejor de la función), un pistolero de la mafia fronteriza que, cansado de matar y de malvivir al lado de la mujer equivocada, decide cambiar el rumbo de su vida aunque para ello se gane enemigos.
Cierto día, Jimmy presencia en un callejón como Germán liquida a sangre fría a un tipo en un ajuste de cuentas. Segundos después, ambos cruzarán las miradas y nuestro joven embalsamador se verá encañonado por el arma del mafioso, temiendo por su vida.

Germán con la mirada perdida, tratando de cambiar el rumbo de su vida

Sorprendentemente, Germán dejará escapar al muchacho, quizás en un gesto redentor que se convertirá desde ese momento en el principio de su noble metamorfosis existencial.
Ambos coincidirán en prisión semanas más tarde (el pobre Jimmy por culpa de las estúpidas apuestas de su padre en el boxeo y Germán por sus asuntos sucios), pero no será hasta verse de nuevo fuera de los límites de la penitenciaría donde su reencuentro les dejará realmente marcados de por vida.
El film de Gómez arrastra una fuerte impronta mexicana, dificilmente apreciable para el resto de culturas y que obviamente, dificulta la comprensión absoluta de su cometido. De entrada, y pese a compartir idioma, he tenido serias dificultades para captar en su totalidad el significado de los diálogos, descubriendo además tantas y tantas acepciones de la palabra "chingar",  utilizada casi tanto como el -fuck- en la Tarantinesca Pulp Fiction.
De todas formas, la película desprende un tono acentuadamente sobrio y muy adulto, que pese a estar dentro de un encuadre dramático, es capaz de ofrecernos la pura esencia del cine de gángsters e incluso dejarnos sabor a western añejo, resultando a priori, una estimulante combinación cinematográfica (filmaron además en el interior de una cárcel real en Matamoros, cerca de Texas).
Lamentablemente, esta "Puños Rosas" no deja de ser una obra menor que se delimita a sí misma, siendo víctima de su propia naturaleza y concepción. Su tendencia amateur (buscando espontaneidad y realismo sin conseguirlo siempre), su formato telenovelesco (planos y contraplanos televisivos) y su exceso de diálogos la convierten en una cinta farragosa y confusa, de buen guión pero irregular plasmación en pantalla.
Su falta de pretenciosidad y ese acercamiento sincero a la realidad de un país merecen admiración, pero desde un punto de vista puramente cinematográfico, la cinta carece de ritmo y desaparece en nuestra memoria tras los títulos de crédito. Sus intenciones son loables en todo momento, tocando temas como la familia, la traición o el valor de una vida en esos lugares, pero no alcanza a remover conciencias y pasa ligera por nuestra retina pese a su pronunciado componente dramático.
A nivel interpretativo destacar la fuerte presencia en pantalla de José Yenque (visto en Traffic) como Germán, aportando serenidad y profundidad a un personaje tan torturado, resultando del todo adecuado y/o acertado. La otra cara de la moneda sin embargo sería para Rodrigo Oviedo (Jimmy), que acusa una imperdonable falta de determinación a la hora de crear su personaje y que carece del empuje suficiente como para llegar a hacerlo creíble. No se le puede negar a Beto Gómez (imagen de la izquierda) empeño a la hora de realizar sus films (incluso dirigió el videoclip de un tema de la BSO) y oficio en su laboriosa tarea fílmica, pero creo que aún está por llegar su mejor obra (necesita mucha más proyección internacional) y que ésta Puños Rosas no es otra cosa que un peldaño más hasta conseguirla.
Concluyendo mi cotorrería personal, subrayaré que es un film osado que destaca por su atmósfera de sobriedad, por esquivar un montón de clichés y por supuesto, por atreverse a detallar una crudeza en una sociedad enferma de dinero y poder. Lástima, eso sí, que al final el resultado no satisfaga nuestras expectativas iniciales.

martes, 11 de septiembre de 2012

LA MOSCA (1958)

El cine de ciencia ficción de la década de los 50 estuvo marcado por el estupor que supuso la liberación del poder del átomo tras los ataques a Hiroshima y Nagasaki, unos años realmente atemorizantes para la humanidad, que por primera vez era consciente del gran peligro al que se enfrentaba con los múltiples ensayos nucleares que se estaban perpetrando por todo el globo, por no hablar de una posible guerra con tal arma en los arsenales de las grandes potencias.
Tanto es así que durante esos años hubo muchas producciones que ahondaron en las consecuencias de la radiación y la aparición de grandes amenazas para la humanidad en forma de criaturas gigantes y mutaciones monstruosas de todo tipo que ponían en cuestión el papel privilegiado que hasta entonces había tenido la humanidad. Lanzando un serio aviso de que si pretendía adentrarse en los secretos de la naturaleza se exponía a verse sumida en el caos y a su destrucción si rompía el equilibrio natural de las cosas.
Sería en el año 1953 cuando se estrenó El monstruo de los tiempos remotos que exponía las fatales consecuencias para la humanidad tras un ensayo nuclear, este film serviría de inspiración al cine nipón para que un año más tarde creara a su monstruo más conocido internacionalmente, Godzilla, todos sabemos de su afición por hundir barcos y aplastar ciudades enteras. Títulos como La humanidad en peligro (1954) en la que enormes hormigas atacaban a la humanidad o Tarántula (1955), seguirían explotando la misma temática con trasfondo atómico.

Helene en plena noche accionando la prensa...

Un cadáver destrozado con el que empieza esta historia...
Sin embargo, la película de la que vamos a hablar hoy tomó otros derroteros, también con la ciencia como telón de fondo pero centrándose más en la investigación por parte del científico que busca desentrañar los secretos del universo. Al igual que otros títulos como El doctor Frankenstein (1931), intentaba alertar de una cierta necesidad de poner ciertos límites morales a la investigación (los años 50 fueron muy prolíficos en este sentido con multitud de avances en muchos campos), estas producciones solían acabar con la típica moraleja en la que se nos recordaba las posibles consecuencias de jugar a ser Dios.

Intentando averiguar sin éxito porque ha ocurrido esta desgracia...
Nuestra historia comienza en plena noche, cuando el vigilante nocturno de la empresa Delambre Electronics descubre aterrado el cadáver de André, uno de los propietarios, al que le han aplastado la cabeza y un brazo con una prensa hidráulica, mientras ve huir a una mujer de la escena del crimen.
Instantes después Helene, la mujer en cuestión, llama a François (Vincent Price), hermano del difunto, para confesarle que acaba de asesinar a su marido y pedirle que llame a la policía. François teme estar siendo víctima de una pesada broma por parte de la pareja, haciendo caso omiso a la conversación.
Sin embargo, una nueva llamada, esta vez del vigilante, alertándole de los hechos que acaban de ocurrir, le borran lo sonrisa de la cara viéndose obligado a aceptar lo que parecía imposible.
Una vez en casa de la presunta homicida junto al inspector Charas, Helene no tiene ningún reparo en seguir declarándose culpable, dejando perplejo a François que no entiende como una mujer tan pacífica, con una relación perfecta y con un hijo, haya podido cometer un acto así.
Sin embargo hay piezas que no encajan, su inflexible negativa a explicar los motivos que la impulsaron a hacerlo o que tenga una actitud desequilibrada y obsesiva por las moscas que revolotean por la habitación, especialmente por una de cabeza blanca que nadie consigue ver, le hacen dudar de la veracidad de su historia.

La feliz familia...
Finalmente François y Charas se inventan que tienen la dichosa mosca en su poder para forzar a la mujer a que les cuente lo ocurrido, empezando de esta manera una increíble narración contada mediante un flashback que ocupará practicamente el resto de la película.
Hasta el día de hoy, a pesar de conocer desde hace mucho su existencia, nunca me había aventurado a ver la adaptación cinematográfica original del relato de George Langeelan, autor que en la década de los 50 destacó como escritor de relatos fantásticos y de ciencia-ficción.
El único motivo que puedo esgrimir para justificarlo, es el magnífico sabor de boca que me ha dejado siempre el remake realizado por David Cronenberg en 1986, el cual considero insuperable y por eso mismo no sentía la "necesidad" de ver otra versión. Pero ni que sea por la presencia de un actor de la talla de Vincent Price, decidí que había llegado el momento de darle una oportunidad, y debo reconocer que me he encontrado una obra estimulante y muy bien rodada, en el que tanto por las coincidencias como por sus diferencias con su remake, bien ha merecido la pena, aportando su visión particular del relato.

En blanco y negro esta foto nos remite a los clásicos con mad doctor incluido...
Empezando a experimentar con animales... adiós lindo gatito...

Como supongo que quién más o quién menos ya ha visto alguna de las versiones de The fly, me voy a permitir comentar algunos puntos que son spoilers para todos aquellos que no la hayan visto todavía, por lo que si es el caso, casi recomendaría dejar la lectura en este punto. Además es necesario comentar ciertos pasajes para poder desarrollar la crítica de este clásico y poderlo comparar con la versión posterior de 1986.
Vemos que la película está claramente dividida en dos partes, la primera de ellas comprende lo que acabo de contar hasta ahora: El asesinato, la investigación policial y la presión por parte de François y la policía para que Helene confiese. Y la segunda sería la narración de los hechos mediante un flashback, donde tenemos la oportunidad de conocer como era su vida antes de la trágica muerte de André y todo lo acontecido.
Se nos muestra la típica imagen de familia americana de la década de los 50, donde Helene cumple con el rol de la mujer de esos años: servicial, atenta, al cuidando de su hijo Philipe y desviviéndose por su marido André, un científico que solo vive centrado en sus labores en el sótano de la casa donde tiene instalado su laboratorio. Su trabajo se centra en lograr algo tan increíble como la teletransportación, mediante una máquina formada por dos cabinas, puede desintegrar la materia en una de ellas, enviarla, y reintegrarla en una segunda cabina. Invento que según André podría revolucionar el transporte, el envío de ayudas a zonas necesitadas, etc...

André, con la cabeza oculta, le pasa una nota con instrucciones a su asustada mujer...
Como en la versión de 1986, comparten el desarrollo del experimento, desde las primeras fases con materia inanimada, luego los primeros experimentos con animales (aquí mucho más recatado el primer fracaso, simplemente no pudiendo rematerializar un gato, mientras que Cronenberg no se cortó ni un pelo con la escena del pobre mandril), para pasar luego a probar la máquina consigo mismo.
Tras esta prueba es cuando tiene lugar el giro argumental, pasando del tono alegre que predominaba hasta entonces, al terror (dentro de los cánones de la época) y drama en medio de un ambiente desasosegante y tenso, cuando descubrimos que André ha sufrido un accidente mientras experimentaba y solo puede comunicarse con su esposa a través de notas que le pasa por debajo de la puerta del laboratorio.
La visión de André con la cabeza cubierta por una tela negra y escondiendo un brazo dentro de su bata mientras intenta que su mujer le ayude, consiguen lo que se proponían, mantener durante largos minutos al espectador tenso expectante por descubrir que le ha pasado, pero principalmente esperando que llegue por fin la secuencia en la que se revele que esconde allí abajo (todos lo sabemos hoy en día, pero no el espectador que fue al cine entonces).

Gritando presa del terror ante...
...la visión de lo que se ha convertido su amado André...

El desarrollo de la trama hasta el fatídico final en la prensa reune los mismos ingredientes que su posterior adaptación: intentos de revertir el proceso, la pérdida progresiva de humanidad para pasar a ser un peligroso y gigantesco insecto, etc... en medio de una gran tensión.
La película se reserva para su cierre quizás la imagen más chocante de todas, en el que una vez cerrado el largo flashback, tendremos la oportunidad de estremecernos con una escena de esas que conforman parte del imaginario del cine fantástico y que se graban en la retina del espectador (en la mía al menos lo ha logrado) y que obviamente no voy a revelar.
Si analizamos las mayores diferencias entre el original y la versión de Cronenberg, aparte de lo comentado hasta aquí, serían en primer lugar que como es lógico, la del canadiense es mucho más explícita y oscura visualmente, además de desarrollar acertadamente la paulativa transformación del personaje hasta convertirlo en un monstruoso cruce con una mosca (¿alguien ha podido olvidar las duras imágenes de Jeff Goldblum evolucionando?). La versión de 1958 cuenta con una escena inicial dura si tenemos en cuenta los cánones del cine de esos años, con la sangrienta muerte en la prensa hidráulica, pero no se hace en ningún momento hincapié en la transformación gradual del científico, sino que tras su teletransportación el cambio físico es instantáneo y se juega más a ocultar y mantener la tensión del espectador ávido por descubrir que se oculta debajo de la tela, que en mostrarlo.

Intentando ayudar a su sobrino a afrontar la situación...
En el plano de actores destacar al reparto en general, sorprende ver a Vincent Price en un papel secundario y no ejerciendo de doctor, pero con su elegante porte da mucha presencia en pantalla. Por su parte parte, Patricia Owens, tiene una buena actuación como Helene sobre todo a lo largo de todo el flashback, pero personalmente pienso que una vez asesinado su marido y teniendo en cuenta las trágicas circunstancias por las que acaba de pasar, se muestra demasiado serena y tranquila, costando que uno pueda creerse que esto la haya afectado realmente.
Respecto la ambientación, es muy loable, prácticamente sólo hay tres escenarios: La fábrica (bien escenificada con la prensa ensangrentada), la casa típica de los años 50 y el laboratorio, donde saben sacar partido de toda una serie de aparatos y cachivaches llenos de lucecitas y sonidos varios para hacerlo creíble a nuestros ojos y muy atractivo para todo amante de la ciencia-fición clásica (ver foto de arriba en blanco y negro), todo ello aderezado con una gran banda sonora.
El éxito que supuso La mosca originó que al año siguiente tuviera una secuela, dirigida por Edward Bernds titulada El regreso de la mosca, y en 1965 se cerró la trilogía con La maldición de la mosca.


Para acabar y una vez explorado el pobrísimo material extra que ofrece el DVD, destacar sin duda alguna el trailer de la película por su gran originalidad. Presentado en persona por el propio Vincent Price, alertándonos acerca de lo que estamos a punto de ver (mensajito incluido para no vulnerar el orden de las cosas), y por dejar fuera de plano la acción que se está desarrolando en algunas escenas y de las que solo oímos el audio, mientras en pantalla solo vemos el errático revoloteo de una mosca dejando un rastro rojizo, os lo recomiendo.




domingo, 9 de septiembre de 2012

FRANKENSTEIN Y EL MONSTRUO DEL INFIERNO (1974)

El último de los films sobre Frankenstein que filmara la factoría Hammer también significó el testamento cinematográfico del más excepcional de sus directores, el maestro Terence Fisher (el británico fallecería 9 años después a causa de un ataque al corazón sin haber filmado oficialmente nada más).
Tras media docena de películas sobre el monstruoso ser (siempre junto a su inseparable Peter Cushing, con el que coincidió en 14 films), Fisher acabaría tan desencantado y ¿frustrado? del resultado que finalizaría su carrera profesional como cineasta (y también porque siendo septuagenario ya no estás para muchos trotes).
El film arranca presentándonos al Dr. Simon Helder (un impertérrito Shane Briant), esperando a que le traigan un nuevo cadáver exhumado del cementerio, con el que (a su manera) prosigue los escritos del famoso Barón Frankenstein, al que considera un genio. Por desgracia para él y para su fiel proveedor, en esta ocasión la policía los descubre y Helder acabará en manos de la justicia acusado de brujería, nada menos.
¿Su condena?, pasar 5 años recluido en el Manicomio Estatal para delincuentes psicóticos, donde no será muy bien recibido que digamos (para mi, él es sin duda el más cuerdo del lugar) y ni tan siquiera el director del sanatorio demuestra estar en sus cabales (resulta ser un tipo inestable, depravado, alcohólico...etc). Para sorpresa de Helder, un misterioso doctor llamado Carl Victor es el responsable del área médica, comenzando así una estrecha colaboración profesional que irá más allá de lo que nuestro estupefacto doctorcillo podría llegar a pensar.
No tardaremos en descubrir que el genuino Doctor Frankenstein se esconde tras ese falso nombre de Carl ni que, evidentemente, prosigue con sus atroces experimentos al margen de su nuevo oficio, agenciándose partes de sus desequilibrados pacientes y usándolos en beneficio de sus no menos desquiciadas investigaciones.
Así pues, ambos doctores (con la ayuda de una enmudecida belleza llamada Sarah) compartirán un mismo propósito: dar vida a una criatura con distintas partes de finados reclusos (el cuerpo y por consiguiente la fuerza de un paciente propio del neolítico, las manos de un prodigioso artesano y finalmente, el cerebro de un brillante profesor).
La película de Fisher invita al espectador a adentrarse en un ejercicio de permisible amoralidad, donde los experimentos (realmente descabellados) de nuestro emblemático doctor, no son más que una excusa para presentar un nuevo monstruo en pantalla, esta vez en forma de hombre de las cavernas.
Dicha criatura, mitad gorila mitad franciscano jorobado (por momentos, parece Flo disfrazado), es una de las más extrañas que he visto nunca en un film, ya que incita más a la risotada que al terror, (que por cierto, aquí brilla por su ausencia, etiquetándola consecuentemente en un solo género, el fantástico), pero escondiendo tras de sí a un actor de culto, el gigantón David Prowse, más conocido por dar vida a Darth Vader en la famosa trilogía galáctica.
Sus 45 minutos iniciales están a un gran nivel técnico y narrativo, filmados con elegancia y estilo, resultando entretenidos a la par que prometedores. Pasados esos minutos (y casualmente coincidiendo con la aparición del cavernícola con manos de artesano), la trama decae irremediablemente hasta acabar según marcan los cánones, es decir, sin apenas emoción.
El film no malgasta metraje en cerrarnos algunos cabos sueltos (el incoherente funcionamiento del centro, las normas del mismo o el innombrable delito que comete el director), sino que tan sólo se centra en las maniobras quirúrgicas de los colegas doctores y sus perturbadores resultados (realizan unas intervenciones al paciente dignas de Martes y trece en fin de año).


Tampoco la maqueta exterior del sanatorio nos convence lo más mínimo (por mucha ambientación y poca luz que nos vendan), y deberemos acogernos a nuestros recursos más cinéfilos para valorar una obra que, de principio a fin, pareció maldita (fue vapuleada por crítica y público, siendo un fracaso en todos los sentidos).
No es para nada un film indigno, pero si que de alguna manera malgasta unas posibilidades muy altas de base (el triunvirato Fisher/Cushing/Frankenstein), que en tantas ocasiones había funcionado maravillosamente bien.


A nivel de reparto, destacar por encima de todos (y me aferro, esta vez sí, a mi cinefilia) al enorme Peter Cushing, un actor que proporcionaba tanta solidez a su personaje que inundaba la pantalla por sus cuatro aristas. Su gran presencia, su mirada penetrante y sus inquietantes facciones dieron vida a tantas figuras de renombre que ya es todo un incunable del cine mundial (ha sido, entre otros, Van Helsing, Sherlock Holmes, el Doctor Frankenstein...) por lo que su papel en esta "Frankenstein and the monster from hell", no es una excepción (su aparición en el film es mágica y cautivadora).
Su continua lucha entre el bien y el mal abarcó casi toda su filmografía (no cuenta su fantástico cameo en "Top Secret"), pero también tuvo tiempo para dejarnos algunas colaboraciones con directores españoles, como fueron "Pánico en el  Transiberiano", de Eugenio Martín, o "Misterio en la isla de los monstruos", del llorado e infravalorado Piquer Simón.
Para terminar, comentar que el film se censuró a su paso por nuestro retrógrado país y que la versión "uncut" que yo tuve el placer de visualizar, contiene imágenes explícitas de cerebros, ojos fuera de sus órbitas y demás gazmoñerías (hecho que, como ya debéis saber, me entusiasmó).

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