lunes, 13 de agosto de 2012

PARA ENTRAR A VIVIR (2006)

Segundo film (de un total de 6) del renovado ciclo Películas para no dormir que antaño dirigiera Chicho Ibáñez Serrador (a veces bajo el nombre de Luis Peñafiel) y que durante más de 15 años aterrorizó al público español de la época, poco ducho aún en esos menesteres del espanto televisivo.
Tras la estimable cinta de Álex de la Iglesia "La Habitación del niño", le tocaba ahora el turno al catalán Jaume Balagueró, que ya se encontraba trabajando a fondo en su película más relevante hasta la fecha, la primera parte de [REC] (ambas de 2006).
Su propuesta para esta saga, maltratada ferozmente por público y crítica, merece en mi opinión un reposicionamiento más acorde con su calidad, una valoración más positiva y entusiasta de un film que, sobre todo, es consciente en todo momento de sus limitaciones.
Tal vez esa condición previa de "cinta menor" sea su mejor baza, pues nuestras expectativas no son muy elevadas y la sorpresa será mayúscula cuando nos sentemos a temblar con ella.
Mario (Adrià Collado) recoge a su mujer Clara (Macarena Gómez) a la salida de su trabajo en un hospital. Pese a estar agotada (además de embarazada), se deja convencer para ir a ver un piso más, uno que al parecer, es una ganga.
Ya en las afueras de la ciudad (realmente se trata de Badalona), les espera la "encantadora" comercial para enseñarles la vivienda, pero la visita no es para nada lo que parece. De entrada, el barrio está abandonado y completamente solitario, viejo y casi derruido (ni en el peor rincón del Bronx, me permito añadir).
Según la mujer de la agencia (Núria González), es una zona que en menos de un año, tendrá cerca parques y mucha vida, y que tan sólo hace falta visión y paciencia (el anuncio reza "ideal parejas", quizás el eufemismo más sinvergüenza de todo este tinglado inmobiliario).
Contrariados, cometen la imperdonable hazaña de entrar a verlo, encontrándose con que el horror acaba de comenzar y que están ya atrapados en esa finca luchando por sobrevivir.
Desvelar más trama sería caer en el spoiler, así que prefiero mantener viva su magia (más bien su terror), y que las sorpresas sean bienvenidas para el osado espectador.
Comenzaré por sus puntos fuertes. Condensado en sus escasísimos 68 minutos (como en los buenos tiempos de la Universal) Balagueró consigue crear un film ejemplar del moderno cine de terror. Tenso, explícito y bien filmado, demuestra ser el director de género más en forma del territorio nacional (con permiso de su amigo Paco Plaza). El visionado es, por momentos, sobrecogedor, y deja secuencias para el recuerdo (la huida por la galería de Clara, ese ascensor medio parado con bebé incluido o la increíble escena de la cocina), que son, con claridad, la antesala de películas posteriores del cineasta (todos veremos un punto en común con "Mientras duermes" y [REC] en localizaciones y personajes).
El elenco actoral está especialmente correcto, con una pareja femenina (Núria y Macarena) muy por encima del trabajo masculino y que en todo momento mantienen el relato en tono ascendente, con las dificultades que eso conlleva (recordemos que las filmaciones no suelen hacerse en orden secuencial).
Los ingredientes tópicos están colocados con respeto e inteligencia hacia el género, adentrándose en un terreno que los incondicionales agradeceremos sobremanera, (que haya maniquíes de por medio, suciedad, sordidez y algo de gore, además de sonidos guturales provenientes de perturbados).
Por otro lado, rebuscando en mi maltrecha memoria, debo ser justo conmigo mismo y nombrar algunos aspectos menos logrados (que no malos) del film.


En ese apartado podríamos sugerir que falta un motivo de mayor envergadura para que acontezcan esos sucesos (no nos acaba de convencer del todo), más intensidad en sus minutos iniciales y quizás nos sobre esa rimbombante escena final, ya que no ayuda en nada. También algún punto de sobreactuación de la joven pareja protagonista queda patente a lo largo y ancho de la película, pero son insignificantes si valoramos el alcance del mismo, que tenía como objetivo principal, convertirse únicamente en un televisivo capítulo de horror. Misión cumplida Jaume, y con creces.


Así pues, "Para entrar a vivir" (también conocido bajo el título de "La puerta del espanto") resulta ser un film nada desdeñable y con muchos puntos de interés para el seguidor de género. Y para el que no lo sea tanto, este es un buen momento para empezar.
Poco después llegarían cuatro propuestas más de conocidos cineastas ibéricos y en el siguiente orden de emisión (en canales de pago): La Culpa, Cuento de Navidad, Adivina quién soy y Regreso a Moira, de Ibáñez Serrador, Paco Plaza, Enrique Urbizu y Mateo Gil respectivamente.

domingo, 12 de agosto de 2012

EN UN LUGAR SOLITARIO (1950)

Dixon Steele (Humphrey Bogart) es un guionista de Hollywood con fama de conflictivo y violento que recibe la difícil tarea de adaptar un best-seller de dudosa calidad literaria.
En vez de torturarse leyendo el libro, decide llevarse a casa a la chica de guardarropía del club que frecuenta, Mildred, para que se lo cuente mientras toman una copa, ya que ésta es una enamorada de su argumento.
A la mañana siguiente, la policía se presenta en casa de Steele para notificarle que Mildred Atkinson fue asesinada la noche anterior, y que obviamente, el principal sospechoso es él.
El caso se abre y aparece en escena la única testigo que los vio juntos esa noche, su atractiva y nueva vecina Laurel Gray (encarnada por la estupenda y bellísima Gloria Grahame), con la que comenzará un peligroso romance.
La inocencia de Steele se tambaleará cuando Laurel es testigo de algunos episodios violentos del escritor, que no controla su temperamento como debería (aunque eso ya nos queda claro a nosotros en la primerísima escena del film).
¿Mató él pues a Mildred en uno de sus furiosos arranques?, ¿Quién sino estranguló y tiró a la pobre víctima de su coche en marcha?....las últimas pesquisas policiales apuntan a una única persona, el único que reune todas esas características, el inestable Dixon Steele.
El sólido director Nicholas Ray hace aquí una interesante reflexión sobre la imposibilidad creativa de guionistas y directores en la ciudad de Hollywood, donde priman los intereses de quién produce y frustra a los que tratan de hacer "algo nuevo", como bien queda plasmado en la conversación de Steele con el cineasta que ha hecho la misma película una y otra vez.
Pero no todo se reduce a eso, ni mucho menos. Ray abre otro frente filmando una relación caótica entre dos grandes personajes. El primero, un guionista autodestructivo (adecuadamente interpretado por Bogie) irónico y mordaz como a mi me gustan, y el otro, una mujer inteligente e independiente (muy importante esto último en aquellas épocas) que resulta el affair perfecto para dar réplica al impetuoso carácter de Steele.
Paralelamente a la resolución del crimen (queda minimizada a favor de la relación entre ellos dos), el film centrará toda nuestra atención en el tira y afloja de nuestros protagonistas, y más concretamente en los miedos de Laurel, cada vez más atemorizada al descubrir la verdadera personalidad de Steele.
Bajo mi punto de vista, la cinta se ablanda levemente cuando Bogart no está en pantalla, perdiendo un fuelle muy valioso de cara al espectador, que sin duda, prefiere saber más del destruido (y vago)escritor. Sus conversaciones con la policía (sobre todo), mánagers o con quienquiera que le rodee son deliciosas, dando una lección de acidez y mordacidad que cuesta ver en el cine.
- ¿Qué pasa?....¿Ya no quieres hablar con nadie?, le pregunta una conocida en un club.
No con personas que tienen mi número. le responde Steele con solemnidad.


Claramente, la inteligencia narrativa y los diálogos son lo mejor del film (obviando la naturaleza indiscutible de sus intérpretes), pero no quiero pasar por alto que también consigue aunar un caso criminal (incluso nos muestran fotos comprometidas) y la tormentosa relación entre ellos dos con elogiable talento, siendo una peculiar mezcla de cine negro, intriga y romanticismo descarriado.
Se agradece sobremanera que se aparte del típico final feliz y que el regusto sea distinto, poco convencional incluso en nuestros días.
Interesante también el hecho de que la biógrafa de Bogart (que según parece lo conoció mucho y bien) sostuvo que su personaje de Dixon Steele en esta "In a lonely place" (afeado, solitario, fumador empedernido, exaltado y fogoso) era el más parecido al verdadero Humphrey que ella conoció, tan similar a él mismo que no tuvo que actuar demasiado para darle vida (como bien explica el director Curtis Hanson en los extras del DVD).
Rodada en los mismos apartamentos donde residía su director, en West Hollywood, la película tiene una inesperada fuente de inspiración oculta bastante peculiar. Resulta que la actriz principal, la oscarizada Gloria Grahame, era por aquellos tiempos la esposa de Nicholas Ray, pero estaban en angustiosos trámites de separación a mitad del rodaje.
Ray, esgrimiendo acumulación de trabajo ante el resto del equipo, dormía en el set cada noche, tratando de que nadie se percatase de lo que estaba sucediendo y sin afectar así el ritmo óptimo de la filmación.
Ciertos cambios en el guión sobre la marcha fueron entendidos más adelante por todos, una vez desvelada la verdadera relación entre ambos (el final de la novela es más bruto que el del film, por ejemplo), y que sin duda, estimuló la creatividad de su director de la manera más natural posible, haciéndole pasar tanto calvario como su protagonista.


En un lugar solitario es, sin miedo a equivocarme, una notable cinta de cine negro con unos ingredientes un tanto inusuales, que presenta al mejor protagonista posible y nos hace reflexionar hasta el final (creedme, es una incógnita en todo momento).
Una apuesta segura para quién quiera deleitarse con un cine clásico de calidad, inteligente y atrevido, alejado de lo convencional o establecido.
Un apunte más. No paséis por alto el excelente documental sobre la restauración del original que acompaña al DVD, es la mejor manera de valorar aún más ese complejo arte de la conservación cinematográfica.

martes, 7 de agosto de 2012

EL DETECTIVE Y LA MUERTE (1994)

El cuento "historia de una madre",  del escritor y poeta danés Hans C. Andersen  narraba las desventuras de una madre buscando al mismísimo Diablo para que le devolviera la vida a su hijo, recientemente fallecido. El relato, de naturaleza fantástica, ha sido llevado al teatro en diversas ocasiones, pero solo ha inspirado un film hasta la fecha, el dirigido por el asturiano Gonzalo Suárez  en el ya lejano 1994.
Suárez, amante del cine negro, propone con su  "El detective y la muerte" una difícil composición cinematográfica que, bajo mi perspectiva, naufraga más que fascina debido en gran parte a su narrativa pedante (algunos diálogos son tan repelentes que crean rechazo).
El detective Cornelio (Javier Bardem), debe acompañar al pistolero "Hombre Oscuro" (Carmelo Gómez, el mejor de la función) a la casa azul, donde le esperará "G.M, o la Gran Mierda" (un Héctor Alterio  estupendo, como siempre), para encargarle un caso. G.M resulta ser un magnate a las puertas de la muerte que se acuesta con su propia hija y le regala espectros de sí mismos para su cumpleaños (luego haré hincapié en esto, tranquilos). Su intención es hacer venir a la Duquesa (Charo López) para que su hija se reconcilie con su madre antes de su inminente fallecimiento.
Cornelio, que a su vez se beneficia a la Duquesa, conocerá a María por accidente (la insufrible María de Medeiros), y ésta se le pegará todo el film en busca de alguien que le devuelva la vida a su pequeño muerto (de ahí el cuento anteriormente citado).


Todo esto dentro de una atmósfera cercana al cine negro y ambientada en una ciudad europea indeterminada y en pleno conflicto armado (realmente están en el corazón de Polonia, concretamente en Varsovia).
Como podéis observar, la anarquía argumental empapa el film por completo, regalándonos personajes extrañísimos y situaciones de psiquiátrico (el propio Suárez  confiesa que era imposible plasmar la idea que él tenía en la cabeza), dejándonos tan perplejos como aturdidos al verla.
Con todo y con eso, seguiremos el film con cierto interés, retorciéndonos las neuronas para intentar darle forma y orden al conjunto, casi siempre sin éxito y rozando la tortura en gran parte del metraje. Una prueba dura no apta para todos los públicos, eso os lo aseguro.
Apabullada de diálogos pretenciosos y frases pseudo-intelectuales, el film se mantiene en una cadencia estable hasta el final, sin llegar a estimularnos como en teoría debiera pero sin caer en el aburrimiento más absoluto, siendo un trabajo muy discreto del cineasta pero que sin duda, guarda una fuerte sensación de originalidad.

Aborda aspectos complejos del ser humano tales como la incestuosidad, la codicia, la lujuria o las tentaciones más oscuras (incluidas las paranormales), y por todo eso, merece aunque sea un momento de reflexión fuera ya de su valor puramente cinematográfico.
Las consabidas escenas tórridas propias del cine ibérico tienen también su momento de gloria, como cuando Bardem le proporciona placer a lengüetazos a la provocativa Duquesa (Javier  tardó varios años en quitarse la estampa de gigoló de pelo en pecho) o los gamberros que obligan a María a lamer el bate por ambos lados en una escena digna de película porno (factura y doblajes idénticos además). Tampoco hay que olvidarse de la espectacular Mapi Galán  (la hija y amante del "mierda"), la más buenorra del reparto sin duda, pero que pugna con María de Medeiros  por ver quién es la peor actriz de todas, título reñido también entre los hombres.
Esta vez, Bardem  está por debajo de sus posibilidades, y no sale de "la cara de palo" por culpa de un personaje que le obliga justamente a eso, viéndose eclipsado por un buen Carmelo Gómez  o por el siempre efectivo Héctor Alterio.
El componente poético está presente en todo momento, ya sea por esa pistola que dispara una flor (aún no sé qué despierta en mí esa alegoría), esas conversaciones filosóficas constantes o ese tufo a cine intimista que desprende a cada fotograma. Abierta a interpretaciones varias, esta reflexión en tiempos oscuros no es más que un thriller arrogante y de autor de los que que gusta más a su creador que al espectador, y eso (no sé a vosotros), a mí siempre me crea indiferencia.
Si algo ofrece de bueno aparte de su innegable originalidad y su (a veces), estupenda fotografía, es ese atrevimiento y descaro a la hora de transmitir locura y desolación en los personajes, todos traumatizados y sin esperanzas.


Los poderes inexplicables del moribundo magnate (el hecho de regalar fantasmas de ellos mismos a su hija para que no se pierda su imagen tras la muerte, su inmensa capacidad oratoria, etc,etc...) hace pensar en otra dimensionalidad del personaje en cuestión, como si del propio Diablo se tratase.
Premiada en San Sebastián (a Bardem, por cierto) y nominada a los Goya en 1994 (5 nominaciones y ningún premio), el film se desinfla demasiado rápido en nuestra cabeza, síntoma inequívoco de que no consigue tocarnos muy adentro, pese a lo retorcida y aparentemente interesante que era sobre el papel.
No me iré sin apuntar que cuenta con la efímera colaboración de un actor del todo inesperado, sin acreditar pero que acapara las miradas del respetable cual Marlon Brando. Se trata, como no, del ¡¡¡Sr. Galingo!!!!

sábado, 4 de agosto de 2012

LIBERTAD PARA MORIR (1990)

Film carcelario ajustado a la percha del belga Jean-Claude Van Damme  dentro de su época dorada, que como os podréis imaginar, aquí reparte estopa a todo aquél que le tose dentro de chirona. Lo más interesante tal vez de esta "Death Warrant " (aparte de su repertorio de patadas voladoras desde diferentes ángulos de cámara) es que fue el bautizo de uno de los guionistas más en boca de todos a día de hoy, David S.Goyer.
Nadie hubiese apostado que décadas después, David  escribiría dos trilogías de cierta importancia en el mundo del cine: la de Blade (para lo bueno y para lo malo, él es el culpable de sus tramas) y las fantásticas adaptaciones del Batman de Nolan, quizás la mejor versión de un cómic llevado al cine jamás realizada.
Este, el que fue su primer guión, le sirve para colocarnos al policía de Canadá Louis Burke (así Van Damme  tiene justificado su acento) en una penitenciaría porque tiene que averiguar un caso de presos desaparecidos. Una vez dentro y descubierto todo el pastel, Burke deberá luchar por su vida para no ser el siguiente de la lista, pues el enemigo que buscaba no andaba muy lejos.
Lo bueno del film es su absoluta transparencia, ya que no engaña a nadie y proporciona lo que sugiere, mamporros, músculos y acción en sus poco más de 90 minutos.
Repleta de clichés (la chica que se deshace con una mirada, el negro que te ayuda dentro de la cárcel, el compañero charlatán o el genio informático con gafotas), la película distrae tanto que sólo nos acordaremos de lo floja que ha sido al rebobinar en nuestra memoria, descubriendo entonces que nos ha dejado medianamente complacidos pero mínimamente convencidos. La fanfarronería del belga está presente en todo el metraje (incluso en situaciones en que lo mejor es estar calladito), dejando al descubierto sus limitadísimas armas interpretativas pero equilibrando la balanza por una asombrosa destreza marcial, todo un lujo para el boquiabierto espectador.


Siempre pasto de video-club, el actor pobló las estanterías de todos esos establecimientos cinéfagos durante años, ofreciéndonos nuestra dosis de héroe "cachas" con final feliz (salvo excepciones en su filmografía, todas son lo mismo, cambiando de escenario).
Aunque el guión sea plano y algo simplón (imposible perderse en la trama aunque cabeceemos), se sostiene lo justo para no defraudarnos en exceso ni decaer mientras avanza, y eso, en este tipo de films, es digno de aplauso. Mezclar el tráfico de órganos con criminales de baja estirpe no es una mala idea, al contrario, pero es aquí es totalmente secundaria puesto que la atención se centra en los bíceps de nuestro apuesto policía (que se triunfa sin pestañear a la abogada, ¿ya lo había comentado?).
También habrá tiempo para venganzas personales (en un torpe intento de dar profundidad dramática a nuestro protagonista), que lo enfrentarán al "inmortal" Sandman (hombre de arena), un mastodonte sin cejas que asesinó a su compañero meses atrás y todo eso... aunque podéis estar tranquilos, ganamos nosotros al final. Basta decir que si bien le tengo un cariño concreto por cimentar mis recuerdos cinéfilos, también debo ser justo conmigo mismo y despertar de mi letargo juvenil, descubriendo su limitada calidad y su agotada fuente de originalidad (aunque el "mack daddy" rodeado de travestís no es un tema muy explotado).
Ni tan siquiera las escenas de lucha son remarcables, quedando muy lejos de otros éxitos del karateka más bailarín (Bloodsport  o Kickboxer, por ejemplo). Patadas filmadas desde 4 ángulos y montadas a la vez (así la paliza parece mayor), o gestos característicos que no pintan demasiado esta vez (siempre se las ingenian para cegarle) hacen que nuestra experiencia al revisionarla sea peor de lo que podamos recordar.
De todas maneras, lejos de toda intención está el desaconsejarla, pues pienso que forma parte de una época maravillosa (aún se la podría considerar ochentera, pues se rodó en 1988) y pertenece sin remedio a una generación que creció imitando las habilidades técnicas de Van Damme, y eso, creo que bien merece un respeto.


Quizás las nuevas hordas de cinéfilos no sepan verle el encanto que nosotros le vemos a los films de Van Damme  (no a todos, por supuesto), pero sí deberían comprender que el belga ya ha entrado con honores en la lista de los 5 mejores héroes de acción de los ochenta, junto a los Stallone, Schwarzenegger  y compañía.

viernes, 3 de agosto de 2012

ESCUELA NOCTURNA (PSICOSIS 2) (1981)

Último trabajo cinematográfico del cineasta inglés Ken Hughes  (autor de Cromwell  o del famoso musical Chitty Chitty Bang Bang), que se unía a la fiesta de los slashers al inicio de los ochenta con esta cinta titulada Night School  (aunque más adelante comentaré su colección de nombres), y que, aunque parezca sorprendente, es objeto de culto para algunos fans del género.
Una serie de asesinatos brutales se están cometiendo en la ciudad de Boston. Las víctimas (siempre chicas) aparecen decapitadas y con la cabeza sumergida en agua (ya sea en una bañera, en un lago o en una cazuela). El inspector de policía Judd Austin (un actor llamado Leonard Mann, que ni chicha ni "limoná"), tratará de resolver el caso, apoyado en sus amplios conocimientos adquiridos en Harvard (la pedantería parece que también fue una asignatura en su promoción).
El avispado detective descubrirá que hay un sospechoso principal, un profesor de antropología que trabaja en la escuela nocturna donde asistía la primera decapitada. Pasito a pasito, irá tirando del hilo hasta descubrir quién se está dedicando a cortar cabezas ataviado con un casco de moto y un traje de cuero negro (años más tarde, se copiaría el atuendo de este "Headhunter" en la serie "El Halcón Callejero").
En realidad, el film de Hughes  es de manual. Veamos, una pareja de polis buscando al asesino, víctimas chillonas en callejones oscuros o sitios solitarios y un motivo que se va desvelando a medida que avanzan los minutos. Sin novedad en el frente.


De hecho, irrita que el comportamiento de algunos personajes sea totalmente incongruente (esa morenaza que es perseguida por un perturbado en la calle de noche pero que al llegar a casa sana y salva, se relaja totalmente y se ducha sin problemas...).
También quedan desatendidas diversas subtramas, llegando incluso a lo cómico sin pretenderlo (la mujer del inspector aún lo está esperando en ese restaurante...), o la profesora lesbiana, un personaje inverosímil y gratuito.
Los encantos del bellezón de turno (Rachel Ward  en su primer papel) nos harán más llevadero el trayecto, aunque me jugaría el pescuezo a que no estaba cómoda con su compañero de alcoba en el film, el profesor Vincent Millett (a quién da vida Drew Snyder, adecuadamente podríamos decir). El tal Millett merece un punto y aparte en mi pequeña reseña, puesto que tal vez sea el personaje de película más mujeriego que jamás haya visto (tan exagerado que da vergüenza ajena).
En sí, el film consigue mantenerse medianamente estructurado (narrativamente hablando), e incluso contiene momentos acertados como el de la ducha (por el cual algún sinvergüenza la retituló en España como Psicosis 2) o como el diseño del asesino con aire de motero, original de alguna manera.
Dicho asesino además, denominado "Headhunter", incluso acaricia unas rejas con su cuchillo cuando acecha a una de sus víctimas, como antesala de lo que haría el mismísimo Freddy Krueger  con su guante metálico.


En definitiva, si somos capaces de forzar nuestras neuronas ante un guión bastante flojo repleto de conversaciones necias, en un contexto sombrío y con un desenlace muy previsible (tal vez, uno de los más sencillos que me he encontrado), el film nos parecerá soportable. De lo contrario, puede ser una tortura de órdago y una pesadilla para el menos preparado, que no le sabrá ver la poca gracia que un servidor le haya podido encontrar. Si pese a todo eso, aún queda algún temerario que la quiera disfrutar, como mínimo que esquive con todas sus fuerzas el doblaje en castellano y se deleite con su versión original, sino, que Dios nos pille confesados.
Como parte anecdótica, me gustaría subrayar que el film se estrenó originariamente con el "adecuado" pero poco original nombre "Night School", por razones obvias. En Europa, su distribución recibió otro título, acentuando su connotación terrorífica y rebautizándola como "The terror eyes".  El cachondeo viene únicamente en España, donde en las salas comerciales se le otorgó una sosa traducción literal, estrenándose como "Escuela Nocturna". Pero visto el escasísimo éxito en taquilla, a algún iluminado se le ocurrió cambiarle el título en su estreno en videoclubs, pasándose a llamar Psicosis 2, evidentemente por tener una escena en la ducha y un caso de crímenes (imperdonable del todo).
El penoso reclamo comercial propuesto en nuestro país quedó en evidencia definitivamente cuando 2 años después, llegó de verdad la segunda parte de Psicosis, teniendo que volver a retitularla como "Ojos de Terror", en honor al nombre europeo.
En fin, una chapuza seguida de otra que no hace más que confirmar la absurda tarea de algunos por convertir un film cualquiera en una trampa para despistados inocentes de video-club.

jueves, 2 de agosto de 2012

PSICOSIS 3 (1986)

Innecesaria prolongación de la saga Psicosis  a manos del propio Anthony Perkins  (estrenándose esta vez tras las cámaras también), que se resiste a dejar a su personaje más célebre y lo estruja en esta tercera parte hasta convertirlo en una caricatura del que fue, sin duda, uno de los mejores personajes/asesinos de los 60.
La secuela de 1983 aún podríamos decir que mantuvo cierto interés (atmósfera, banda sonora, interpretaciones en general...) si le perdonamos sus continuos trucos comerciales derivados del fantástico film original (repetir la escena de la ducha, su misma puesta en escena, decorados...), pero era ya forzar mucho la máquina el que por tercera vez, nos colaran una vuelta de tuerca más a la misma historia.
Aquí, Norman Bates (como no, el propio Perkins) sigue atascado en su motel de siempre esperando clientela asesinable, pero con la novedad de que en esta ocasión ha colgado un cartel donde indica que necesita un ayudante.
Paralelamente, nos muestran como una monja que acaba de perder la fe mata por accidente a una compañera y es expulsada del convento donde residía. Con una simple maleta y sin medio de transporte, Maureen (así se llama la susodicha) deambula sin rumbo por el desierto Californiano esperando ser socorrida por alguna alma caritativa que le lleve a la ciudad.
Para variar, un joven charlatán con aires de estrella del rock la recogerá en su coche, pero pronto descubrirá sus nulas posibilidades de desahogo sexual y acabará por deshacerse de ella, dejándola en medio de ninguna parte (demostrando una caballerosidad sin límites). Por extraño que parezca, ella acabará hospedándose en el motel Bates (ese giro no lo esparábais, ¿eh?) y el presuntuoso rockero será su ayudante de fatigas en el horario diurno (Norman prefiere trabajar de noche), con lo que tenemos el menú del film servido. De todas maneras, el desencadenante será una periodista entrometida que perseguirá a Norman para sonsacarle su complicada historia y, según dice, verificar que es posible la reinserción de un psicópata en la sociedad (cogiendo el relevo del Dr. Raymond de la segunda parte de la saga).
Será entonces cuando el entrecruzado de estos cuatro personajes dará lugar a otra matanza más, esta vez con más carga sexual e incluso visceral, pero mucho menos interesante para el espectador, que ya no se deja embaucar más.
De entrada, Perkins  descubrió que era portador del virus VIH en un chequeo rutinario durante el film, por lo que su concentración (ya no digo su salud) no eran los óptimos (fallecería años después de esa misma enfermedad). Su carente suspense, su guión insustancial y una música irritante dejan al descubierto un muy limitado film de terror, ya movido por rutinarios asesinatos con arma blanca y un desfile absurdo de disfraces de abuela.

Si bien nos deleita con ciertos guiños cinéfilos (la protagonista vuelve a ser rubia y de pelo corto, como le gustaba a Hitchcock, la habitación nº 1 es la más citada o que el bueno de Norman vuelve a disfrazarse y retoma su hobby taxidermista), ya nos coge tan enojados que no entraremos en su juego, agotado ya por todos los frentes.
El personaje de Bates se centra aquí un poco más en sus frustraciones sexuales (según la madre, todas son unas fulanas que le quieren robar a su hijo), y propone ir más allá en su relación con una mujer, tonteando con la citada Maureen (revolcón incluido). Lo más sugerente del asunto es que la monja de clausura a su lado parece una ardiente estrella del porno sedienta de placer (además de poseer un cuerpo de escándalo), rompiendo con la absurda creencia que tenemos todos de que el celibato es algo malo (Válgame Dios).


Si tuviera que destacar algo de este irregular slasher  sería la estupenda nueva escena de la ducha (y esta vez, no bromeo), puesto que le saben dar un giro muy ingenioso (casi cómico) a una secuencia tan manida (esta vez, el sorprendido será él, con eso lo digo todo).
También el hecho de mostrar más pechuga y mucha más sangre satisface levemente mis expectativas, pero lamentablemente son motivos insuficientes ante tanta carencia general, ya que más que una continuación de la saga, parece una irrespetuosidad cinematográfica.
Por mi parte, seguiré la inercia que llevo y terminaré de devorar la cuarta y última parte, que por lo menos, tiene la pinta de ser la más insufrible de todas, y eso amigos míos, siempre es un reto.

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