sábado, 9 de junio de 2012

LA NOVIA DEL DIABLO (THE DEVIL RIDES OUT) (1968)

Christopher Lee se convirtió en el más famoso Vampiro cinematográfico de la mano de su amigo y director Terence Fisher, actualmente considerados ambos grandes iconos ya de la factoría Hammer británica. Personajes fantásticos de la talla de Frankenstein, el hombre lobo, el citado Drácula o incluso el mismísimo Sherlock Holmes fueron llevados al cine gracias a esta pareja de genios, dejándonos auténticas joyas del género que, en la medida de lo razonable, trataremos de repasar en nuestro rincón blogero (colaboraron exactamente en una docena de films).
En su última participación conjunta "The devil rides out" (en España, "La novia del diablo") unieron sus fuerzas una vez más para crear una historia de satanismo y magia negra al más puro estilo terror "brit" pero casi como un homenaje entre ellos (Lee suplicaría por llevar a la gran pantalla alguna novela de Dennis Wheatley, con obviamente, Fisher tras las cámaras).
No se ha tratado mucho el asunto del Satanismo en la historia de la Hammer (he leído que probablemente sea la única), y creo que gracias a eso, este film queda desmarcado del resto y resulta refrescante a la par que original (aunque no en el sentido más literal, pues es una novela).
El Duque de Richleau (Christopher Lee) y su amigo Rex Van Ryn (Leon Greene) comienzan a preocuparse cuando su amigo Simon (Patrick Mower) no da señales de vida desde hace meses, algo muy raro en él, así que tomarán la iniciativa de ir a visitarle a su nueva mansión.
Al presentarse de improvisto en aquella casa, descubren que Simon se ha convertido en un nuevo miembro de una secta satánica liderada por el malévolo Mocata (Charles Gray), quién a través de la hipnosis, lava los cerebros de algunos indefensos y los sacrifica al mismísimo Diablo.
Gracias a los amplios conocimientos sobre ocultismo del Duque de Richleau, lograrán apartar a Simon de aquella reunión satánica a la primera de cambio, pero el Duque Mocata no dejará escapar una presa tan fácilmente y continuará con su plan, caiga quién caiga.


Si de algo están de acuerdo varios críticos cinematográficos sobre el maestro Terence Fisher es que siempre impregnaba sus obras de un fantástico brío narrativo (lo corroboro), con una especial atención al acabado de sus colores (en su espléndida Drácula se aprecia mucho mejor este concepto) y sin descarrilamientos argumentales innecesarios, yendo directo al grano y sin paja de por medio.
No seré yo quién ponga en duda su profesionalidad a estas alturas, pero puede que a veces, el problema pueda venir directamente de la idea original a plasmar, de la fuerza de la historia en sí.
En este caso en particular, podemos decir a favor de "The Devil Rides out", que el asunto del Satanismo está tratado con seriedad y realismo, y que la mera presencia de Lee como figura anti-satánica es muy jugosa para el cinéfilo; sin embargo, al espectador actual le podrá parecer algo blandita en su concepción e incluso insulsa en su tratamiento del horror, limitado a ciertos efectos de sonido y algunas miradas hipnóticas (lo cierto es que la sensación es casi más divertida que terrorífica).
El film guarda encanto de sobras si, como un servidor, la escogéis adrede sabiendo datos sobre ella, (cinefilia pura y dura, vamos), pero rozará el fastidio si os cae por arte divino y la paladeáis sin conocimiento previo. Un poco como la sensación de que un vino te sabe mejor si el que te lo da a probar te habla maravillas de él o incluso te comenta su desorbitado valor.
Sus minutos iniciales prometen unas grandes dosis de suspense que luego no alcanza, los personajes (sobre todo Richleau y Mocata) son tan interesantes que nos queda la sensación de que han sido injustamente desaprovechados, y la historia de amor que surge entre las víctimas es muy olvidable, por no hablar del "Maligno" en persona, un aporte impropio de una producción de este calibre.
Sus numerosos momentos de suspense y su estética "Hammer" le otorgan un encanto casi indescriptible, de una elegancia fílmica solo posible por los británicos (esa caballerosidad y diálogos tan "correctos") y una atmósfera que corresponde a una época en concreto, cuando el cine de terror europeo se estaba descubriendo.

Curiosamente, su título se cambió a "The Devil's Bride" en los Estados Unidos para evitar posibles malentendidos con un western (the devil rides out puede interpretarse como que el "diablo cabalga") pero no funcionó tan bien en tierras yankis como en suelo británico, seguramente por su nula inclinación comercial.
Así pues, el que fue el film favorito de Christopher Lee (también porque fue el caprichito de éste), se desvela como una historia actualmente debilitada en su concepto (hoy el Diablo nos asusta bastante menos) pero que conserva elementos sumamente interesantes y rezuma buena cinefilia por todos sus poros. Una elección indicada para sibaritas del terror británico, pero bastante menos recomendable para el gran público, que podría salir decepcionado de la experiencia.

viernes, 8 de junio de 2012

PHENOMENA (8-6-2012): FLASH GORDON + CONAN, EL BÁRBARO

Un día largamente esperado por un servidor, que desde que vio algunas escenas de Conan, el bárbaro en el trailer del Phenomena Experience, he esperado con impaciencia que llegara la sesión que me permitiera ver una de mis películas de aventuras preferidas en pantalla grande, cosa que por edad no pude hacer por allá un ya lejano 1982. Se ha hecho esperar más de una año, pero por fin llegó su hora para conmemorar su 30º aniversario... como vuela el tiempo.Para la ocasión se diseñó una sesión doble con dos títulos que tienen como fuente de partida el cómic, o casi, porque realmente Conan nace de los relatos de Robert E. Howard, aunque la inmensa mayoría de sus seguidores le hemos conocido desde las páginas de los cómics; ya sea la clásica La espada salvaje de Conan en blanco y negro, los enormes volúmenes de Super Conan o los comic en color de Conan el bárbaro o Conan Rey... El lleno era casi absoluto después de un par de sesiones en las que la afluencia de público fue algo menor de lo esperado o de lo habitual, pues al final parece casi "normal" reunir 1800 personas para ver un par de películas un viernes por la noche. Se respiraba un gran ambiente y para esta velada Nacho Cerdá invitó a Jordi Ojeda, gran coleccionista y conocedor tanto de Flash Gordon como de Conan, quien a modo de introducción comentó los orígenes de los dos grandes protagonistas de la noche, por si esto no fuera poco, en el hall del cine Urgel se habilitaron tres vitrinas llenas de todo tipo de materiales relacionados con estos héroes del celuloide y del cómic: Algunos de los materiales que se podían ver fueron: Los 11 libros de Conan publicados por Bruguera a partir del año 1973 y los 12 de Forum de mitad de los ochenta y tres de Martínez Roca de mitad de los noventa, cómics de Conan y Flash Gordon de mitad de los setanta hasta mitad de los ochenta, cintas de cassette, los cómics adaptación de las dos películas, y un tercero de Conan The Destroyer... una auténtica pasada.
Ya entrando en la sesión en sí, Nacho desveló una de los dos películas que formarán parte de la sesión doble del próximo viernes 29 de junio, un clasicazo ineludible para todos los que hemos sido niños y las difrutamos ya fuera en el cine o gracias al VHS: Dentro del Laberinto, una de las mejores obras del gran Jim Henson.



Hay que hacer mención especial a los trailers seleccionados en esta ocasión, auténticas piezas de lo trash, con títulos tan increíbles como un peplum italiano de bajo presupuesto y con cierto tono humorístico que podía recordar algunas de las andanzas de Bud Spencer y Terence Hill, pero ambientados en la época romana, titulado: El triunfo de los diez gladiadores. Suele ser verdad que una imagen vale más que mil palabras y para la ocasión, nada mejor que recuperar el trailer y que le echeis un vistazo vosotros mismos para opinar... canela en rama, ¿verdad?
Otro que tampoco se quedó atrás fue el de un film de factura española... Muerte de un quinqui, protagonizado por el maestro Paul Naschi y Carmen Sevilla, que según relataba el trailer "en el papel más dramático de su carrera...", sin palabras, ya os podéis imaginar que aquí tenemos una de las obras cumbre del cine español de todos los tiempos...
Después de estos dos trailers tan chocantes, llegó la hora de Flash Gordon, una película que debo reconocer que tenía completamente olvidada a excepción de un par de escenas y obviamente la inolvidable banda sonora a cargo de Queen... y debo decir que fue todo un redescubrimiento, pues tiene multitud de diálogos y secuencias que son dignas de formar parte de una película más humorística que no de aventuras, y con un toque kitsch que la inunda por completo, arrancando muchas risas entre los presentes, todo sea dicho.



Después de la pausa para reponer fuerzas tuvimos dos trailer más, Critters 2, ¿que decir de este clásico de serie B de los 80? Es una clara candidata a formar parte algún día de una de las sesiones del Phenomena Grindhouse, espero que así sea, porque no me la perdería por nada. Y para acabar otro de esos títulos que a uno le dejan con una media sonrisa en la cara, parte incredulidad, parte estupor, casi incapaz de reaccionar ante lo que está viendo... el trailer de Vigilante descolocaba, no sabía al principio si se trataba de una astracanada española o una de bajo presupuesto americana... daba igual, por lo terrible que parecía su trama y factura...



Y finalmente llegó el plato fuerte de la noche, Conan, el bárbaro, que arrancó grandes aplausos de todos los presentes en multitud de momentos, desde la aparición de los nombres de sus protagonistas en los créditos iniciales, como en las escenas más míticas... el primer momento que vemos a un Conan adulto empujando el molino, su opinión sobre lo mejor de la vida, su discurso final a Crom pidiendo venganza, fueron momentos que arrancaron una sonora ovación de todo el público y literalmente me pusieron la piel de gallina... una velada inolvidable.

  




HITLER, EL REINADO DEL MAL (2003)

Biopic de 3 horas sobre los inicios políticos de Hitler filmados con auténtico carácter televisivo (medios limitados, narrativa comprensiva y clara, actores de segunda línea...) pero que sin embargo, guarda más de una sorpresa agradable que la dignifica sobradamente.
Nacida como una co-producción entre Estados Unidos y Canadá, "El Reinado del Mal" fue filmada en Europa (República Checa y Suiza) y dirigida por el canadiense Christian Duguay, un cineasta irregular que se echaba a la espalda cualquier proyecto por encargo que hiciese falta (ahí están sus Scanners 2 y Scanners 3...).
El film engloba desde la infancia del dictador hasta su llegada al poder, pasando por las épocas de su vida que mayormente se desconocen (su participación en la Primera Guerra Mundial, sus extrañas relaciones sentimentales o sus inicios en la oratoria en cervecerías de enclave clandestina), y repasando su desbordante locura e incluso haciendo un esfuerzo mayúsculo para explicarnos de "dónde" podría provenir su enfermiza postura política.
Con los títulos de crédito iniciales, y casi sin darnos cuenta, ya nos habían mostrado la dolorosa y delicada infancia del niño Adolf, maltratado por su tío y desatendido hasta niveles preocupantes, pero dejándonos ver el nivel de maldad que albergaba la criatura, que tenía una expresión ya casi diabólica (exagerando la realidad, para que se entienda, como dijo Billy Wilder). En plena adolescencia y una vez en el frente, se descubre como un soldado desafiante y firme como pocos, capaz de llevar sus ideales mucho más allá de lo normal.
El joven Adolf asciende pues rápidamente por méritos diversos, entre ellos la suerte del que menos la merece (la escena del apaleamiento al perro nos duele en el alma a todos), y tras sentirse desencantado con las decisiones bélicas de su país tras la guerra, se convierte en un férreo portavoz del nacionalsocialismo tan hábil y convincente como peligroso y decisivo para el futuro de su nación (aunque no era alemán, sino austríaco).
La película se podría describir como históricamente rigurosa, ( sin entrar en la descripción y/o concepción de la psicología de Hitler ) debido a su intención de constatar momentos exactos con precisión milimétrica (horas inclusive) y a su estilo cercano al documental, haciéndola entretenida a la vez que sencilla y lineal (que no simplista).

 
Con un trabajo complicado de montaje (debido en gran parte a lo abultado de su metraje) y un actor principal muy correcto (ese Robert Carlyle tal alejado de su papel cómico en Full Monty), consiguen tapar algunas carencias de menor relevancia como la intensidad de sus imágenes (no hay ninguna para el recuerdo), la bien disimulada superficialidad del genocida ( se intenta pero no despierta tanto odio como debería ni tanta fascinación como para entender al pueblo llano alemán) o algunas ambientaciones, regulares como máximo.
El lenguaje político usado en el film es comprensible y adecuado, capaz de despejarnos dudas acerca de circunstancias borrosas de los libros de historia (su estancia en la cárcel, sus asuntos con los altos mandos del Estado o sus hipnóticas oratorias tan gestuales como rabiosas), que compensan algunos episodios más desdibujados (la relación amorosa con Eva, el origen de la esvástica o el porqué de ese bigote tan característico).


El hecho de no plasmar las atrocidades que realizase el führer con total realismo se echa en falta (al menos yo), el no mostrarnos sus lascivias sexuales (que las tenía seguro) tampoco gana enteros, y subrayar que tal vez no era tan malo como todos creemos, la desestabilizan y le hacen perder credibilidad y objetividad como no se merecía.
También me gustaría aclarar que la caracterización de Carlyle como Hitler está muy bien realizada, en su gestualidad y expresión sobre todo, pero no es adecuada en cuanto a peso y talla (aquí está muy delgado y es demasiado alto quizás).
La anecdótica participación de Peter O'Toole (da lástima verlo pobrete) como Hindenburg da además un pequeño aliciente cinéfilo al film, que como es costumbre en películas televisivas, rescatan a grandes actores para minúsculos papeles con el claro objetivo que ya os imagináis.
Hitler, el reinado del mal es mejor película de lo que parece, con incluso algunas
secuencias trabajadas (esos speeches en la cervecería) y otras no tanto, pero interesantes de todas formas. Recomendable pues a los interesados en ese pedazo de historia y en ese pedazo de......que fue el canciller. Ahí lo dejo.

jueves, 7 de junio de 2012

HARDWARE, PROGRAMADO PARA MATAR (1990)

Vamos con la última de las tres películas de la sesión maratoniana de este Phenomena de temática robótica. Como comentábamos antes, la presencia del director de Hardware, Richard Stanley, en el Cine Urgel, fue todo un detalle por parte de la organización siempre atenta a los pequeños detalles que marcan la diferencia, convirtiendo estas sesiones en toda una experiencia más allá de ver simplemente unas películas en pantalla grande. Me sorprendió positivamente ver que se mostró muy cercano y accesible con el público siendo posible acercarse para charlar con él sin problemas tanto en los descansos como al finalizar la maratón. En la pequeña entrevista que le hizo Nacho Cerdá nada más comenzar la sesión, quiso destacar la visión de ese futuro terrible que se refleja en la película y que hoy en día con multitud de conflictos por todo el mundo, un deterioro del medio ambiente alarmante y en medio de una crisis mundial que parece no tener fin, según él todo parecía tener más vigencia que nunca. Aquí tenemos una obra que concibió con apenas 23 años y que fue su debut cinematográfico, ya que hasta entones se había dedicado a dirigir videoclips mayoritariamente, una cinta que respira pura serie B de ciencia ficción post-apocalíptica nacida de la adaptación del cómic Shok!. Hasta ahora he de reconocer que no la había visto y de hecho desconocía incluso su existencia, por eso me sorprendió que estuviera considerada como una obra de culto de ciencia ficción. De esta forma encaré con ganas ese final de sesión que al menos prometía emociones fuertes, pero quizás fuera por la hora, que ya llevábamos dos grandes películas del tirón y que tal vez había puesto mis expectativas un poco altas, la verdad es que salvando su arranque y ciertos momentos más o menos elogiables, la película me decepcionó.

Buscando restos con los que comerciar en la zona radiactiva

La historia nos sitúa en los Estados Unidos en pleno siglo XXI, en el que el planeta se encuentra devastado por algún tipo de catástrofe nuclear, la humanidad a duras penas sobrevive como sociedad, cada vez más abocada a las restricciones, privaciones y más expuesta a enfermedades a consecuencia del mal estado del medio ambiente. Moses (Dylan McDermott) es un explorador que se dedica a viajar hasta la Zona Radiactiva buscando viejos restos re-aprovechables que pueda vender a alguno de los comerciantes de la ciudad, precisamente en el local de uno de ellos adquiere los restos de un robot a su regreso a la ciudad, y se los acaba regalando a su novia, Jill (Stacey Travis) que se dedica a hacer esculturas y obras de arte con este tipo de restos.Ninguno de ellos puede imaginarse que esas piezas pertenecen a un robot denominado M.A.R.K. 13, capaz de auto repararse y con unas inclinaciones asesinas más propias de un psicho-killer que de una máquina. De esta forma en el apartamento de Jill, el robot empieza a aterrorizar a todos los presentes, demostrando ser un engendro despiadado y muy eficiente a la hora de acabar con la vida de todo aquel que se cruza en su camino.


Llama la atención que en el cartel de la propia película se le pusiera la etiqueta de "Terminator de los 90", cuando pienso que casi no guarda ningún paralelismo con la obra de James Cameron. Mientras que Terminator nos contaba la revolución de las máquinas en el futuro y el envío de una de ellas al pasado con la finalidad de acabar con la vida de la madre del líder de la resistencia en el futuro, aquí descubrimos la existencia de los restos de un robot en medio del desierto, tratándose de un prototipo usado en alguna de las guerras que llevaron al planeta a la situación actual. Supongo que esto fue utilizado como gancho comercial y no hay que buscarle más explicaciones.
Escena gore con toque de viaje psicotrópico...
Comentaba más arriba que la película tiene buenos momentos, es verdad, pero son demasiado pocos y están dispersos a lo largo de una obra irregular, con un ritmo que va a trompicones y que termina por hacerse larga. Es interesante el arranque con los nómadas en el desierto buscando restos que vender luego, con esa tonalidad rojiza del cielo y una música country que le da cierto aire a western que contrastan con las imágenes de lo que sería una ciudad totalmente industrializada, dando esa idea de un mundo apocalíptico. También destaca la presencia de Iggy Pop como Bob el Rabioso, siendo la voz que comunica a los ciudadanos las noticias diarias: el estado de las restricciones, contaminantes, etc...
De igual forma, durante el primer tercio del film estamos expectantes pendientes del despertar del robot, al imaginarnos que tiene que ser el punto en el que empieza todo lo bueno, no obstante una vez superado ese momento, tenemos muchas escenas carentes de ritmo entre ataque y ataque, haciendo que lastre enormemente la película en cómputos globales. Personalmente el mejor momento creo que nos lo regala el vecino obeso que espía a Jill con un telescopio desde su ventana, y su posterior visita auto invitándose a entrar, un personaje pervertido y desagradable pero que de verdad logra en los pocos minutos que sale, ganarse nuestras simpatías, una lástima que no tuviera un mayor protagonismo, pues de largo es el más destacable dentro de un reparto que en general no están muy acertados en sus interpretaciones, bastante planos, desganados e insulsos todos ellos, donde el amigo sonado de Moses, con las gafas de sol es patético.

A la derecha Richard Stanley y en medio Nacho Cerdá visitando la exposición robótica
Es curioso el aire que se respira en la película que más que una cinta de ciencia ficción, tras el despertar del robot, casi toma los esquemas de la típica película de terror, con el asesino escondido y haciendo sus apariciones para acabar con el primero que se cruce en su camino.
Haciendo ahora mismo la crítica y con el tiempo que ha pasado desde que la vi, me viene a la cabeza una mejor sensación de la que recuerdo en el cine, sobre todo en la parte final que entonces se me hizo realmente larga, donde la película puede llegar a parecer un viaje cargado de psicotrópicos y un tanto pretenciosa en su cierre, mezclando música operística con unas imágenes muy discotequeras.
Con todo es una película que resulta interesante para descubrir, a la que hay que valorar teniendo en cuenta su bajo presupuesto (alrededor de 2 millones de dólares), destacando sobre todo por esa ambientación malsana y que puede recordar un poco a la de Blade Runner (salvando las enormes distancias con ésta, claro), con una amalgama de géneros difícil de clasificar, a la que se le tiene que agradecer que se salga de lo previsible y convencional, y que vista en buena compañía puede ser toda una experiencia. Esto último os prometo que es innegable.


martes, 5 de junio de 2012

NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (1974)

El género zombi (o subgénero, como se prefiera), llegó a España a principios de los 70 de la mano del fallecido cineasta gallego Amando de Ossorio y su popular tetralogía de zombies templarios (entre 1972 y 1975). Poco después, también el prolífico Jesús Franco acudió a los no muertos en varias ocasiones, con su peculiar sentido fílmico (terror, mujeres y viceversa) pero abriendo una fuerte brecha en el terror nacional y propiciando obras de mayor calibre, como la que hoy me gustaría repasar.
No sería pues hasta mediados de los setenta que el director catalán Jordi Grau Solà (Jorge Grau para algunos) filmara la obra cumbre de dicho género en nuestro país (con permiso de la saga REC, de Paco Plaza y Jaume Balagueró que han "revivido", y nunca mejor dicho, el tema zombie), la producción ítalo-española No profanar el sueño de los muertos, o como fue más conocida internacionalmente, "Non si debe profanare il sonno dei morti".
Un film que, sin duda, ofrece algo distinto, algo que no es fácil de describir pero que resulta del todo atrayente, con una creación atmosférica no tan sólo de una época, sino de una manera de ver y transmitir el cine de aquellos años, guiada por el buen oficio de su director, curtido en proyectos muy diversos (desde el documental hasta el fantástico).
George (interpretado por el actor italiano Ray Lovelock) tiene un pequeño accidente con su moto debido a una imprudencia por parte de Edna (la madrileña Cristina Galbó), por lo que siguen el camino conjuntamente en el vehículo de ésta.
En el trayecto descubren que por esa zona, cercana a una abadía en Manchester, se están tratando los terrenos de manera experimental con ultrasonidos para contrarrestar la contaminación. Al parecer, las consecuencias están siendo terribles, ya que a parte de conseguir que las plagas se eliminen entre sí, también parece afectar al "sistema nervioso elemental" de los bebés (como se ha observado en un hospital cercano), y lo que aún es más grave si cabe, están despertando de sus tumbas a los muertos de una morgue cercana.


Con esta premisa arranca Grau su film, rodado íntegramente en inglés y en suelo británico, debido en gran parte al futuro alcance del producto, que se podría comercializar con más facilidad y mucha menor problemática (además, España no vivía sus mejores momentos).
De lo primero de lo que se percata uno al comenzar a ver la película es de su falta de pretenciosidad, como si no le debiera nada a ningún género en concreto ni a ningún autor previo (ni a Romero), con una cámara muy estable, sin trampas ni formulismos y buscando la nitidez cinematográfica en todo momento (aún cuando sus efectos se quedan en evidencia, que son pocas veces, pero ocurre). Su ambientación es tan sugerente como arrebatadora en su primer tercio, llevándonos desde la ciudad al recóndito lugar cerca de la abadía en Manchester, lejos de la superpoblada urbe, y dejándonos ver el contraste a la vez que apartándonos de la realidad de la mayoría de nosotros. Allí todo cambia. Cementerios reales, parajes siniestros y un cúmulo de escenarios perfectos para rodar ese tipo de films. Sin duda, una de tantas maniobras inteligentísimas del cineasta (o quienquiera que lograra esas localizaciones), que además, logró una buena fotografía y unos efectos especiales sumamente competentes.
El trabajo actoral es solvente en general, aunque tampoco cabría destacar a nadie en concreto, ni tan siquiera al renombrado Arthur Kennedy (ya en horas bajas), que interpreta aquí al inspector duro, con gabardina y pronunciadamente autoritario (claro reflejo de la dictadura) que culpa a nuestros protagonistas de un crimen cometido por un no muerto.

La máquina que lo provocará todo

Tampoco faltan las escenas de desventramientos y canibalismo propias de los zombies, incluso la caracterización de éstos sigue las mismas coordenadas que de costumbre (deambulan sonámbulos con los ojos inyectados en sangre, etc etc), pero todo tiene un claro discurso ecológico que resulta inédito en este tipo de propuestas, y por lo tanto, ciertamente original.
Con estas virtudes a cuestas, no es extraño afirmar que estamos ante un punto de inflexión en el terror ibérico, pero no será oro todo lo que reluzca. También hay factores que desaniman al respetable menos comprensivo con la cinefilia española, y es que pasados unos minutos tras la primera aparición zombi, entramos en un inestable barullo de conversaciones y personajes secundarios que poco ofrecen al film (además, los momentos zombi no causan el estupor que se pretende en todas las escenas). No existe sensación de miedo en ningún momento, sino que más bien nos hacen respirar un ambiente malsano y de sutil terror, poca cosa si nuestras expectativas es pasarlo realmente mal.


El film de Grau fue duramente criticado en España (que no en Cataluña, donde incluso se le galardonó con 3 premios en Sitges -actriz, F/X, director-), algo inversamente proporcional al éxito cosechado fuera de nuestras fronteras, lo que reafirma mi postura de que en este país, aún no estábamos preparados para tal película.
Su distribución tampoco estuvo exenta de particularidades, y fue "re-titulada" nada más y nada menos que ¡¡16 veces!!, con nuevos títulos tan curiosos como : Don't Open the window (en USA), Fin de Semana para los muertos (para TV en España), Zombi 3 (en gran parte de Europa) o Breakfast at the Manchester Morgue (éste me encanta, para el público británico).


Así pues, una cult movie zombi que se distancia de los tópicos más habituales en estas producciones y que se atrevió a criticar (aunque sea de refilón) a una dictadura inflexible de un país que no quería entender que este cine también tiene su sitio. Sin duda, todo un referente del terror nacional, con sus fallos y carencias, sí, pero realmente interesante y único.

lunes, 4 de junio de 2012

COUNTDOWN (2011)

Tae Gun-ho es un persistente y obstinado trabajador de una empresa de cobros, sus métodos poco convencionales (violentos si hace falta) siempre acaban por dar resultado y el cobro de la deuda está casi asegurado, por eso es el trabajador mejor valorado de toda la compañía. Su vida cambia de la noche al día al desmayarse dentro de su coche mientras estaba parado en un semáforo y a posteriori cuando las pruebas realizadas en el hospital revelan que padece un cáncer irreversible de hígado, dándole los médicos unos tres meses de vida, pudiendo salvarse solo si encuentra un donante en menos de 10 días. Incrédulo y casi incapaz de aceptar la fatídica noticia al principio, su ingenio le lleva a idear un plan con la intención de salvar su vida, descubriéndonos entonces parte del pasado de Tae Gun-ho, al que la muerte de su hijo Yu-min dejó profundamente marcado haciendo de él la persona triste y solitaria que es. El hecho de que decidiera entonces donar los órganos de su hijo, permitió salvar la vida de cuatro personas, abriéndole ahora una pequeña puerta a la esperanza, ya que si logra localizar a alguno de los que recibieron la donación y les convence para que le ayude, aún podría sobrevivir. Se inicia así una carrera contrarreloj donde va a intentar sacar el máximo provecho de sus contactos y conocimientos para localizar personas, pero esta vez no para cobrar una deuda, sino para conseguir un hígado.
El camino no será fácil, y menos cuando una de las receptoras es una conocida y exuberante estafadora llamada Cha Ha-yeon, que ahora está en la cárcel y quien a cambio de tamaño favor, le pide ayuda para vengarse de los que la metieron allí. Que empiece el juego...
A pesar de que la película tiene una premisa interesante, es bastante distraida y dentro de lo que cabe ha supuesto una correcta distracción, debo reconocer que ultimamente no estoy acertando del todo con las películas coreanas que veo, como me pasó con El arte de la pelea o The Beast (esta última es terrible), en general todas ellas parten de una buena idea, en general ya explotada anteriormente y que ha demostrado funcionar a la perfección con otros títulos, pero que aquí no acaban de estar todo lo bien explotadas que podrían dar de sí. En la que comentamos hoy el principal problema que le encuentro es que se muestra algo irregular e incluso inconsistente consigo misma llegando a la parte final, con un cambio de tono que hace que me haya sabido a poco visto su arranque.
Con un primer tercio bien trazado tras el planteamiento que comentaba antes, llena de ritmo, enérgica y con múltiples sorpresas, concebí muchas esperanzas de cara al final, creyendo que toda la película iba a ir en la misma linea. Pero ya durante parte de su tramo central parece no saber encontrar el ritmo adecuado perdiendo algo de intensidad, ya que por un lado los múltiples frentes que habían abierto hasta ese momento parece que no acaban de encajar del todo bien entre ellos (la historia de Tae Gun-ho, la de su socia Cha Ha-yeon o la de quienes la metieron en la cárcel), y por otro se alarga demasiado en ciertas escenas que poco aportan al conjunto.



La película intenta sorprendernos varias veces con revelaciones contundentes y algunos giros sorpresivos, y si bien se le tiene que reconocer que en parte logra su cometido al presentarnos ciertos hechos a lo largo del metraje que consiguen definir un poco a los personajes principales, permitirnos conocer al hijo de Tae Gun-ho e intentar darle un sentido a toda la historia, no todas ellas son igual de afortunadas, haciendo que tras una parte final decente aunque algo convencional, tengamos unos minutos a modo de cierre que se hacen largos y bastante cursis. Una lástima porque ese cambio de tono que sufre la película en lugar de darle fuerza al drama, que creo que es lo que se pretendía, a la mayoría de los espectadores les puede parecer demasiado artificiosa y algo ñoña, a mí me ha dado esa impresión.
Técnicamente no se le pueden reprochar demasiadas cosas, siendo muy competente en todos sus aspectos, también a nivel interpretativo cumple con lo que se le puede pedir para un thriller de estas características, por lo que se disfruta sin problemas como mera distracción.
Como tengo ganas de encontrar alguna película coreana destacable, voy a mirar que títulos están dando que hablar por esas tierras y enseguida que pueda os las comento.


domingo, 3 de junio de 2012

MUNDO FUTURO (1976)

Ya le tenía yo ganas a esta Futureworld (Aquí fuimos literales, titulándola Mundo Futuro), "secuela" de la notable Westworld, que evidentemente pasó aún más desapercibida que su original pero que poco a poco, parece que se le va reconociendo cierto mérito e incluso que bien podría haber funcionado como un único film, sin necesidad de la estela de la película previa.
Como suele ser habitual en este tipo de continuaciones cinematográficas (y sobre todo en Hollywood), los avispados productores siempre tratan de estirar un éxito comercial para seguir lucrándose con films de base similar y captando la atención de (como mínimo) el mismo público que con la primera, asegurándose además, de tener idéntico gancho (aquí Yul Brynner de nuevo como Gunslinger) y una historia acorde a su predecesora, para no "decepcionar" a los que se quedaron con ganas de "más de lo mismo".
En esta ocasión, tras el revuelo formado por los inusitados accidentes del parque temático DELOS (visto en Westworld, donde por un buen puñado de dólares al día, pasabas unas vacaciones en el mayor complejo turístico del mundo con diferentes ambientaciones históricas, tales como el western, la Roma Imperial o la Edad Media, acompañado de humanoides robóticos que hacían realidad todas tus fantasías), provocan que una famosa reportera de televisión y un polémico periodista intenten averiguar conjuntamente qué pasó con un trabajador del lugar, asesinado en circunstancias desconocidas.
Al llegar, descubren que la reapertura del lugar guarda algunos secretos que nadie parece querer desvelar, como si el control del inmenso parque (mucho mayor que el original) estuviera ya bajo la batuta únicamente de robots, sin la presencia de seres humanos al frente.
Con la ayuda de un noble trabajador del lugar y su robótico amigo Clark (en alusión a Clark Kent), nuestros protagonistas tratarán de averiguar los tejemanejes que se ocultan en DELOS, jugándose sus vidas para esclarecer los oscuros planes que allí se cuecen (no los desvelaré, pero me parecieron de lo más interesante).

Maqueta del renovado y ampliado DELOS

La película desafortunadamente carece del aspecto más notorio de la primera, su originalidad, pero sabe jugar hábilmente sus cartas y en ningún momento tenemos la sensación de que nos hayan tomado el pelo, sino que han sabido encontrar una forma lo suficientemente digna de seguir contándonos la historia de DELOS e incluso hacerla parecer diferente, interesante y por momentos, intrigante a los ojos del espectador más escéptico.
La pareja protagonista funciona bien, desprendiendo una extraña química cómica e incluso sexual, lo que en sus primeros encuentros parece imposible de pensar pero que a medida que avanza la trama va surgiendo sutilmente (¿seré yo?, o ¿existe algún tipo de paralelismo entre ellos y los personajes de Superman, Louis Lane y Clark Kent?). Sea como sea, el reportero metomentodo de gafitas Chuck Browning (interpretado por Peter Fonda, hijo de Henry Fonda y hermano de Jane Fonda) sale bien parado de su caracterización, pero su compañera de reparto, la televisiva Tracy Ballard (Blythe Danner) tiene el honor de protagonizar las mejores escenas del film, con duelo de "gunners" incluida y esa escena onírica-erótica con un anecdótico Yul Brynner.
La presentación del nuevo y futurista parque temático es sugerente, con nuevos "mundos" donde recrearse, como el centro espacial (rodado realmente en la NASA), o el mundo oriental (aún en preparación pero bastante presente en el film) y algunos juegos de entretenimiento muy peculiares, tales como el ajedrez holográfico o la máquina de boxeo a tamaño real, dos verdaderos "puntazos" tecnológicos.
A su vez, ciertos descuidos en la trama hacen tambalear nuestra percepción de la historia, garabateando personajes (el ganador del súper premio, Ron Thurlow, que le perdemos el rastro tras ese trío sexual), las evidentes sospechas que el lugar suscita o su excesiva lentitud al profundizar en el argumento, lo que nos desespera sin remedio.

¿Un trío con robots?....Ron lo rechaza....
El bueno de Clark, un operario fiel (pero tramposo al póker...)

Ridiculeces puntuales en el contexto tampoco ayudan mucho a la valoración final, ya sea por ofrecer unos samuráis de pacotilla en una escena para olvidar (al menos te echas unas risas), poquísimos momentos de acción conseguidos (pretende más de lo que alcanza) o cierto tono satírico en torno a altos mandos mundiales que no acaba de cuajar.
Si a esto le sumamos la efímera aparición de Yul Brynner en una única escena, (en la que fue la última secuencia de su carrera), como un mero reclamo publicitario y desaprovechando al máximo ese personaje (como se le echa de menos en esta parte...), tan solo nos queda aceptar que, dicha escena, donde él aparece en un sueño de Tracy, es cuanto menos que especial. Y explicaré por qué:
En un momento dado, la reportera se somete voluntariamente a una máquina que consigue registrar los sueños para poder contemplarlos en una pantalla más tarde (un momento acertado en mi opinión, algo metido con calzador, sí, pero resultón a fin de cuentas); pues bien, la figura del Gunslinger (o sea, Brynner) aparece como su salvador, su héroe (un poco como en Terminator, que en la secuela, el androide viene a salvarnos, y no a destruirnos), siendo la figura protectora sensual y sexual de la que ella carece y ansía en su vida. Un final elegante y merecido (aunque involuntariamente) para terminar la carrera de un actor de gran talla como Brynner.

Así pues, puedo decir que el film ofrece una de cal y otra de arena, que según sea nuestra actitud frente a ella, valoraremos en mayor o menor grado, aunque eso sí, sin duda todos coincidiremos que es inferior a su precursora.
FutureWorld nos da una mayor dosis de sexualidad, más humor, más ciencia ficción y quizás, un abanico de personajes más pintorescos que en WestWorld (además de ser precursora del 3D), pero se ve claramente empobrecida de ideas y con mucha menos alma que aquella, que además, acariciaba muy bien el western (aquí, ese espacio está abandonado, en favor de interiores menos estimulantes).
Mi conclusión del asunto es que, Mundo Futuro podría haber funcionado ella solita, sin ser forzosamente una secuela de ninguna otra, y que en obligada comparación con su anterior entrega, pierde la batalla por puntos, desprestigiándose indebidamente.
Un film bienintencionado, simpático y de fácil estructura lineal (seguimos a estos dos casi de la mano), pero que no logra transmitir su cometido con la fuerza necesaria, y mucho menos con la suficiente convicción de la que este tipo de propuestas debe alardear (su nivel técnico/estético no es nada del otro mundo).

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